Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

Raíces del modelo de seguridad colombiano de comienzos del siglo XXI, más conocido como la Política de Defensa y Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez

Roots of the Colombian security model of the beginning of the 21st century, better known as the Defense Policy and Democratic Security of the former president Álvaro Uribe Vélez

Raízes do modelo de segurança no início do século XXI colombiana, conhecida como a Política de Defesa e Segurança Democrática do ex-presidente Alvaro Uribe Velez

Elizabeth Aristizábal Gómez

RECIBIDO: 03-11-2016 APROBADO: 15-12-2016

Resumen

Resumen: En el artículo se exploran los conceptos de seguridad humana y seguridad nacional  para dar cuenta qué elementos de cada concepto fueron retomados por el modelo de seguridad implementado en Colombia durante las dos presidencias de Álvaro Uribe Vélez, 2002-2006 y 2006-2010. Para identificar el modelo de seguridad en Colombia y realizar la exploración, se retoma  la cartilla de Política de Defensa y Seguridad Democrática, donde se consignan los objetivos, medios y amenazas a la seguridad. Al final se demuestra que el modelo de seguridad democrática tienen en el papel elementos de ambos conceptos de seguridad y que el apellido de democrático no se cumple a cabalidad.

Palabras clave: seguridad, Doctrina de Seguridad Nacional,  seguridad humana, Colombia y Álvaro Uribe Vélez.

 

Introducción

El modelo de seguridad democrática ha sido desde su aparición en la campaña y tras la elección de Álvaro Uribe Vélez como presidente en el 2001, una importante política pública de gobierno que sigue marcado –cinco años después de que Uribe Vélez terminara su último mandato como presidente de Colombia– la agenda pública de los colombianos. Tal como lo muestra la victoria del “no”, por la mínima diferencia de 54 mil 894 votos, en el Plebiscito por la Paz de 2016 y la constitución del partido político Centro Democrático Nacional, liderado por el ahora Senador Álvaro Uribe Vélez, que cuenta con 39 congresistas. Sin embargo, tras este concepto se encuentra una de las grandes preocupaciones de la civilización occidental: la seguridad.

Al respecto, si bien Colombia vivencia un conflicto armado interno desde hace más de cincuenta años, sólo hasta la llegada del gobierno de Álvaro Uribe Vélez en agosto de 2002 se planteó una política de Estado que asumiera la seguridad como un objetivo central de este, con la consecuente cartilla de Política de Defensa y Seguridad Democrática, presentada en 2003, en la que demarca los objetivos y estrategias del modelo de seguridad. En ella confluyen las dos principales miradas latinoamericanas de la seguridad: la Doctrina de Seguridad Nacional y la seguridad humana.

En el siguiente artículo se muestra, primero y brevemente, el trasfondo histórico de la noción de seguridad; en una segunda parte se indican los autores y los criterios bajo los cuales fueron elegidos para determinar las características del modelo de seguridad colombiano a partir de la condensación en tres variables (enemigo o amenazas, objetivos y método) de la Doctrina de Seguridad Nacional y la seguridad humana; y, en la tercera parte, se analiza el modelo de seguridad colombiano bajo estas tres variables, comparando –por medio de unos cuadros– los elementos que el modelo toma de la Doctrina de Seguridad Nacional y la seguridad humana; al final se dan las conclusiones.

 

I

El concepto de seguridad en Occidente se remonta al tiempo de las civilizaciones griega y romana y se ve redefinido hasta la contemporaneidad, por las idas y venidas de la formación del Estado Moderno o Estado-Nación.

Cicerón y Lucrecio, quienes establecieron su primer origen, aludían a la seguridad como un estado mental filosófico y psicológico que significaba, en latín, securus, “sin” y cura, que quiere decir “sin preocupación”. Hobbes, propulsor del segundo origen, asoció la seguridad con la prevención de la guerra civil en un Estado autoritario.

Según Gunter[1] (2009), la seguridad durante la Edad Media consistió en el establecimiento y el mantenimiento de la paz junto al aseguramiento de las personas y los bienes como objetos de protección. A mediados del siglo XVII, la seguridad interna comenzó a diferenciarse de la seguridad externa. En los siglos XVII y XVIII la seguridad, como lo planteó Thomas Hobbes (1588-1679), empezó a ser entendida como la obligación principal del soberano del pueblo. En 1787, la constitución estadounidense vinculó por primera vez la libertad con la seguridad. Dos años más tarde, durante la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Revolución Francesa (1789), se estableció la seguridad como uno de los cuatro derechos humanos básicos. Para principios del siglo XIX se definió que en la seguridad interna y externa, el Estado era el actor principal o era fruto de una interacción entre el Estado y el ciudadano.

En el siglo XX, las preocupaciones sociales hacen surgir el concepto de Seguridad Social, orientado a subsanar la seguridad para todos y promoviendo estándares laborales de desarrollo y seguridad social. A mediados de siglo, en momentos de posguerra, EEUU concreta el concepto de seguridad americano más conocido como el Estado de Seguridad Nacional:

El concepto de “seguridad nacional” surgió como un concepto clave en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y se convirtió en un concepto fundamental durante la posguerra, cuando se desarrolló el sistema de seguridad norteamericano (Czempiel, 1966). En Estados Unidos [esta definición] de seguridad se usó para legitimar el gran cambio de pensamientos entre los años de entre-guerra y posguerra, que oscilaron desde una crítica fundamental al armamento militar en los años treinta, hasta la legitimación de una carrera armamentista y de militarización sin precedente, la cual se convirtió en la visión prevaleciente de las élites encargadas de las políticas internacionales (Gunter, 2009: 177).

 

A finales del siglo XX, la seguridad es redefinida por preocupaciones contemporáneas como la Seguridad Trasatlántica ─terrorismo- y el discurso científico −cambio climático. Además, el concepto en sí se ha ampliado gradualmente, tras el fortalecimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y las organizaciones internacionales (FAO) y (PNUD), desde puntos sectoriales como la seguridad ambiental, alimentaria, de salud, energética y de subsistencia. Gunter (2009) sintetiza los desafíos contemporáneos del concepto de seguridad desde el punto de vista militar y del individuo como ciudadano del mundo:

A pesar de que desde el siglo XVII “el actor” protagónico ha sido el Estado, no ha sido necesariamente “el objeto de referencia” principal de la seguridad. En cambio, “las personas” o “nuestro pueblo” se han visto amenazados en su supervivencia, aunque la manutención de ese Estado o régimen ha tenido un alto costo para dicho pueblo. Un importante debate en curso (Wiberg, 1987:340; Walker, 1990, 1993; Shaw, 1994) ha ido evolucionando desde finales de los ochenta: se discute si el Estado como objeto de referencia principal (“la seguridad nacional”) debería extenderse hacia la gente (individuos y la humanidad como lo propone “la seguridad humana”). Walker (1988) ha señalado la complejidad de redefinir la seguridad, al cambiar su eje del Estado a los “individuos” o “pueblos globales”... (Gunter, 2009:184-185).

 

II

Fueron tres los criterios bajo los cuales se eligieron los académicos que permiten identificar los elementos del modelo de seguridad democrática. El primer criterio tiene que ver con los momentos significativos que han influenciado el concepto o los conceptos de seguridad en Colombia. El segundo parte de la motivación por la que los autores escogidos hubieran estudiado el modelo de seguridad nacional de la Doctrina de Seguridad Nacional estadounidense, o el modelo de seguridad humana definido por la ONU. Finalmente, el tercer criterio tiene en cuenta que los autores escogidos igualmente hubieran analizado el modelo de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez a la luz de los conceptos de la seguridad nacional o de la seguridad humana.

Los momentos significativos son aquellas circunstancias en las que una sociedad vive una modificación o una acentuación de su cultura. Aquí se entiende por cultura la definición, abierta,  del antropólogo Clifford Geertz (1926-2006), quien indica que “la cultura denota un esquema históricamente transmitido de significaciones representadas en símbolos, un sistema de concepciones heredadas y expresadas en formas simbólicas por medios con los cuales los hombres comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus actitudes frente a la vida” (Geertz, 2003: 87).

Determinada noción de seguridad corresponde a una cultura concreta, en la cual un específico concepto de seguridad organiza y orienta el comportamiento de un individuo en situaciones en las que este requiere hacer uso de su visión de seguridad. La noción de seguridad que una sociedad tenga, como indica Geertz en su noción de cultura, procede de una civilización y de unos momentos históricos que han dado significado a la experiencia del individuo.

Para esta investigación, los momentos significativos en cuestión de seguridad fueron divididos en dos. Los primeros son aquellos acontecimientos de la civilización que han forjado los distintos conceptos y modelos de seguridad occidental. El segundo tipo de momento significativo son aquellas circunstancias que ha vivido Colombia y que han influenciado o modificado la manera en que vemos el mundo en términos de seguridad:

  1. Las concepciones de seguridad de la civilización occidental, que parten desde la sociedad griega clásica hasta nuestros días.
  2. Los momentos históricos que ha experimentado el país y que han forjado las políticas públicas con las cuales procede en aspectos de seguridad:
    1. El proceso de conformación de una Estado-Nación, mediado por los intereses en pugna de los poderes subnacionales.
    2. La Guerra Fría, con la división mundial de países comunistas versus capitalistas, junto con el surgimiento de las guerrillas y los paramilitares.
    3. El surgimiento de la ONU y el auge de organizaciones no gubernamentales que replantearon la concepción de seguridad, fundada por la Doctrina de Seguridad Nacional.
    4. El mercado de producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas y la guerra contra las drogas, amparada en una visión prohibicionista de su consumo y producción, además de las implicaciones del atentado del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y la guerra contra el terrorismo.

 

En la investigación, que dio como producto este artículo, se considera que por los momentos significativos anteriormente enunciados, la concepción colombiana de seguridad ha sido históricamente construida por dos visiones: la concepción militarista de seguridad, la Doctrina de Seguridad Nacional; y la concepción integral de la seguridad, la seguridad humana, ambas producidas a mediados del siglo XX en el contexto del surgimiento de la ONU, la Guerra Fría y la fragmentación de la Unión Soviética.

Ahora, si las concepciones de seguridad nacional y seguridad humana han dado significado a las acciones de la sociedad colombiana, es lógico que el modelo de seguridad democrática esté constituido por ellas. Los documentos del modelo colombiano y las políticas públicas empleadas por los dos periodos presidenciales de Álvaro Uribe muestran tal relación, tanto en las amenazas que identifica y los medios para lograr, efectivamente, la seguridad.

Francisco Leal Buitrago, Alejo Vargas Vásquez, Alejandro Arbeláez, Pablo Emilio Angarita, André-Noël Roth Deubel y Alfredo Rangel cumplen los tres criterios descritos. Con ellos se dará cuenta del proceso histórico colombiano, de sus políticas públicas en torno a la paz y la guerra, los modelos de seguridad –humana o nacional– y su relación con la Política de Defensa y Seguridad Democrática.

Alfredo Rangel y Alejandro Arbeláez hicieron parte del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, por lo cual conocen el sentido gubernamental al modelo de seguridad colombiano. El primero como asesor en el documento de la Política de Defensa y Seguridad Democrática y el segundo como Vice-Ministro de Defensa. Adicionalmente, creen en sus métodos y defienden sus logros. Pablo Emilio Angarita, ex director del Instituto Popular de Capacitación (IPC), activista defensor de los Derechos Humanos y de tendencia socialista, ha sido un acérrimo opositor al gobierno de Uribe y desde la academia ha sido partidario de una seguridad integral y humana. Francisco Leal Buitrago es director de la revista Análisis Político y reconocido analista de las Fuerzas Armadas. Ha revisado profundamente las implicaciones de la Doctrina de la Seguridad Nacional en las políticas públicas de seguridad, en cada uno de los gobiernos colombianos de mediados del siglo XX en adelante. Alejo Vargas es un estudioso de la seguridad que ha trabajado, en particular, el modelo de Seguridad Democrática de Centroamérica, con el cual ha comparado el utilizado por Álvaro Uribe Vélez, su relación con la Doctrina de Seguridad Nacional y el concepto de seguridad humana. Además, ha explorado la relación del modelo de seguridad con la guerra contra el terrorismo. André-Noël Roth, en su libro Discurso sin compromiso. La política pública de derechos humanos en Colombia (2006), hace un rastreo del discurso y las políticas públicas que acompañaron varios gobiernos de Colombia, incluyendo el de Álvaro Uribe Vélez.

 

Seguridad nacional

De acuerdo a Francisco Leal Buitrago, la Doctrina de Seguridad Nacional se posicionó en Colombia durante el Frente Nacional (1958-1974), cuando en la Guerra Fría Estados Unidos señaló al comunismo como la gran amenaza de los países capitalistas. Con ello, el tradicional concepto de seguridad y defensa de las fronteras −defensa de la soberanía– fue reemplazado por la guerra anti-comunista que “(...) se convirtió entonces en el medio para garantizar la seguridad (...)” (Leal, 2006: 30).

La Doctrina de Seguridad Nacional pasó por tres etapas en el contexto latinoamericano (Leal 2006: 30-50):

  • El viejo militarismo: los militares, por su papel en las guerras de Independencia y colaboración en la formación del Estado Nacional, equipararon el concepto de Nación con el concepto de Patria −relativo al poder territorial- y consolidaron en su imaginario la idea de que ellos eran las personas encargadas de salvaguardar la nación y su identidad.
  • Las influencias político-militares de EEUU: se adaptaron las estrategias de contención y guerra limitada estadounidenses al contexto latino y se firmaron tratados que legalizaron la doctrina.
  • La declinación: la doctrina redujo ostensiblemente su influencia tras el proceso de democratización en América Latina, el fin de la Guerra Fría, la desaparición de los grupos guerrilleros y la influencia del Comunismo a nivel mundial.

 

Sin embargo, el mercado de producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas llenó parcialmente este espacio, hasta que a partir del 11 de septiembre de 2001 las características de la noción de seguridad nacional reaparecieron bajo el rótulo de la guerra contra el terrorismo, en la cual EEUU retomó su papel protagónico en la lucha antiterrorista y en la defensa de las libertades democráticas.

En muchos países de Latinoamérica, la Doctrina se prestó para que los órganos castrenses establecieran dictaduras militares, como es el caso de los países del Cono Sur. Sin embargo, para países como Colombia y Venezuela, la incursión de esta doctrina fue fragmentada. Por varias razones Colombia no asimiló lo anterior a cabalidad.

En lo externo, no representaba un lugar relevante en la geopolítica estadounidense, puesto que tenían mayor valor estratégico los países del Cono Sur como Brasil, Chile y Argentina. En lo interno, jugaron un gran papel la profesionalización tardía de las Fuerzas Armadas, a la par que trascurría la violencia interna en el país y su subordinación a los gobiernos civiles desde los inicios del Frente Nacional. Allí fue justamente cuando los militares se empezaron a caracterizar por una tendencia hacia la “apoliticidad y no deliberancia” (Galindo, 2005:504).

Las FFMM colombianas, señala Leal (2011), han carecido históricamente de unas directrices civiles provenientes del gobierno de turno que definan su política militar. Durante la época de La Violencia, los militares asumieron una posición partidista que en el primer gobierno del Frente Nacional debió ser modificada. Fue así como Alberto Lleras Camargo (1906-1990) planteó la primera directriz civil colombiana que duró 32 años, hasta que en 1990 el presidente César Gaviria sustrajo esta responsabilidad de los órganos castrenses.

De acuerdo con Leal (2011), si bien esto permitió que los mandos militares de la década de los cincuenta tuvieran autonomía frente a los asuntos civiles y los partidos políticos, la política militar fue entorpeciéndose a medida que pasaba el tiempo y no era replanteada de acuerdo a las nuevas circunstancias sociales. Como consecuencia:

[...] los altos mandos asumieron en forma improvisada un diseño que no les correspondía, de acuerdo con las variadas percepciones de la situación de orden público. Las instituciones militares formularon una política general que se hizo explícita a través de expresiones anticomunistas, como producto de la combinación caprichosa de elementos como la tradición institucional, los conflictos del momento y la influencia proveniente de la concepción político-militar estadounidense y la Doctrina de Seguridad Nacional suramericana. No sólo hubo una ausencia de directrices políticas en el Estado que permitieran armonizar y unificar en cada etapa histórica el comportamiento militar, sino que se escamoteó la solución de los problemas sociales más acuciantes del país al darles tratamiento de orden público (Leal, 2011: 4).

 

De ahí que la concepción colombiana de seguridad y la definición de sus amenazas siempre hayan tenido un fuerte –y casi exclusivo– componente militar.

Aunque la Doctrina de Seguridad Nacional tuvo en común una serie de principios que “llevaron a considerar como manifestaciones subversivas a la mayor parte de los problema sociales” (Leal, 2003: 75), en cada país en que se propagó tuvo diferentes matices. “De ahí que la Doctrina no se sistematizara, [pero sí tuviera una serie] de manifestaciones claras, que sirven de base para definirla y entenderla” (Leal, 2003: 75).

De manera sintética el concepto de Seguridad Nacional es usado para:

[...] designar la defensa militar y la seguridad interna, frente a las amenazas de revolución, inestabilidad del capitalismo y capacidad destructora de los armamentos nucleares. El desarrollo de la visión contemporánea de seguridad nacional estuvo determinado por este origen e influenciado por la estrategia estadounidense de contención. La ideología del anticomunismo, propia de la Guerra Fría, le dio sentido, y la desconfianza entre las naciones le proporcionó su dinámica... La concepción de seguridad, a la que se le puede calificar hoy de tradicional, equipara la seguridad del Estado con la sociedad. Su objetivo es identificar las posibles amenazas al Estado provenientes del exterior, mediante hipótesis de guerra, es decir, se ubican los potenciales enemigos externos y se les anticipa un trato militar (Leal, 2006: 25-26).

 

Para Colombia, sin embargo, no operan asuntos como la “capacidad destructora de los armamentos nucleares” ni “[la ubicación de] los potenciales enemigos externos” (Leal, 2006: 25). Por las circunstancias del país, en una guerra que ya se extiende por más de medio siglo, las características de la noción de seguridad nacional se adaptaron a las condiciones políticas y sociales del país. A continuación se detallan las principales características de la Doctrina desarrolladas en América Latina:

  1. Del Estado: se considera que debe estar constituido por militares; a partir de la seguridad del Estado se garantiza la seguridad de la sociedad, y que para lograrlo hay que tener el control militar del Estado; debe sostener el orden jerárquico y las posturas hegemónicas, ya que la democracia sólo es posible en los Estados modernos, en donde el orden social; está basado en los valores de la civilización occidental, el cristianismo y la tradición; y se encuentran en peligro ante el comunismo.
  2. Del enemigo: se dividen los ciudadanos entre amigos y enemigos, se transforma al opositor político en enemigo interno, y se justifican así acciones estatales –incluso el terrorismo de Estado– en contravía de los Derechos Humanos. Este hecho “[...] logra no sólo identificar y destruir al enemigo actual, y disuadir a los enemigos potenciales, sino convencer al ciudadano común de que su seguridad personal es función inevitable y obligada de su incondicionalidad frente al régimen” (Leal, 2006: 53); se sustituye el enemigo externo por el enemigo interno, bajo la figura de los agentes del Comunismo, las guerrillas y, adicionalmente, “cualquier persona, grupo o institución nacional que tuviera ideas opuestas a las de los gobiernos militares” (Leal, 2006: 51); se da prioridad al componente psicológico de la guerra, con lo cual los sistemas de inteligencia se militarizan y policivizan y quedan por encima de las jerarquías y conductos regulares del Estado: “De este modo, los métodos psicológicos, como la persecución, el hostigamiento, la detención arbitraria, la tortura y la desaparición, fueron prioritarios en esta guerra irregular” (Leal, 2006: 48).
  3. De los militares: se considera la táctica de contra-insurgencia como una política fundamental para poner en práctica y elaborar la Doctrina de Seguridad; se permite la violación de los Derechos Humanos por parte de los organismos militares: “Con frecuencia y [...] sin que medie explicación alguna de por qué tales acciones se ubican dentro de una definición doctrinaria. La mayoría de las referencias a la Doctrina parten del supuesto conocimiento de su significado y rara vez se proporciona una aclaración adicional de lo que se entiende por este término” (Leal, 2006: 29); se permite que los militares dirijan la política militar, situación que llevó a que aquellos, en algunos países, se tomaran el poder y establecieran dictaduras; se consideran los problemas sociales como parte de la conspiración comunista; se presenta una “fantasiosa ideología de reaccionarismo totalitario”, en la cual los militares poseen el carácter de salvadores de la nación y “[...] consideran además que la Guerra Fría no es un episodio transitorio, sino un hecho fundamental y permanente de la historia, y que la guerra revolucionaria ó guerra limitada es una forma de agresión inventada por la Unión Soviética como medio para establecer el imperio comunista en el mundo” (Leal, 2006: 44).

 

En el caso colombiano, argumenta Leal (2006), el modelo tradicional sigue vigente. La calificación de las guerrillas como enemigo interno −objeto de aniquilación física– por parte de los militares prosigue, ya que “[...] concuerda con la política de Seguridad Democrática del gobierno de Álvaro Uribe, en la que se adoptó la vía bélica para enfrentar a las guerrillas y se eliminó el reconocimiento político como requisito para negociar la paz” (Leal, 2006:51-52).

Los más notorios lastres de la Doctrina de Seguridad Nacional presentes en el área militar en Colombia son el anticomunismo y el enemigo interno −actualmente referenciado como terrorismo o narco-terrorismo- y el espionaje como actividad de inteligencia militar (Leal, 2006).

Frente al concepto de seguridad, Alejo Vargas (2012) indicó que éste es inherente a la existencia humana y que de él depende la supervivencia del ser humano, al ser la formación del Estado-Nación una forma de organización social que da respuesta a esta necesidad. Además, apunta que con el concepto de Seguridad Nacional:

[...] la reflexión sobre el tema de la seguridad tendió a concentrarse de manera exclusiva en la seguridad de los Estados, bajo la denominación de seguridad nacional, olvidando que tan importante como lo anterior y si se quiere el aspecto central de la seguridad son las personas que fueron y son la base de dichos Estados (Vargas, 2012: 176).

 

Considera, además, que uno de los principales rezagos de la Doctrina de Seguridad Nacional fue creer que existía un enemigo global, llamado comunismo, que al interior de los países debía ser denominado como enemigo interno y, luego, eliminado, cuestión que

(...) causó gran daño [al conflicto armado colombiano] al situar en esa categoría a todas las expresiones de descontento social, al lado de los grupos alzados en armas contra el Estado. Es probable que un gran rezago de esa tesis se mantenga hoy día, cambiando las denominaciones. Seguramente, ahora se trata del nuevo enemigo global con expresiones en lo interno, el terrorismo o el narcoterrorismo –rezago esto de la llamada doctrina Bush (Vargas, 2010: 152).

 

La confluencia de ambos autores dio como resultado la siguiente tabla, en la cual se dividieron las características del concepto de Seguridad Nacional en tres partes: objetivos, enemigos o amenazas, y métodos. Los objetivos corresponden a lo que se espera conseguir en cuestión de seguridad; los enemigos o amenazas son aquellas personas, actividades u objetos que producen inseguridad; y los métodos son los medios mediante los cuales se esperan lograr los objetivos.

Como se señaló antes, la seguridad nacional tiene un casi exclusivo componente militar y de protección del status quo, que se despliega en sus objetivos, enemigos y métodos:

Tabla 1. Noción de seguridad nacional

Objetivos

Conseguir la seguridad del Estado para conseguir la seguridad de la sociedad y sus ciudadanos

Mantener un esquema de seguridad dirigido a proteger la libertad del individuo pero no la dimensión social, económica y humana del desarrollo sostenible

Dar a los problemas sociales un tratamiento de orden público

Continuar la lógica de la Guerra Fría mediante el conflicto Colombo-Venezolano

Dar vía libre a los gobiernos autoritarios

Proteger al Estado de las amenazas a su identidad: independencia, soberanía e integridad territorial

El área civil del Estado no definirá las directrices militares

Los militares encarnarán el carácter salvador de la nación y deberán conservar el orden social

Enemigos o amenazas

Como enemigo interno califica a las expresiones de descontento social o crítica al comportamiento del Estado

El enemigo interno: las guerrillas consideradas como narcoterroristas

Métodos

Uso de la guerra sucia como estrategia contrainsurgente: agentes para-institucionales

Espionaje como actividad de inteligencia militar por fuera de los cánones institucionales

Represión como mecanismo de control político y social

Negar la violación de los derechos humanos

Dar a los militares facultades policivas que no les corresponden

 

Seguridad humana

Fue el desprestigio de la Doctrina de Seguridad Nacional y el cambio de circunstancias mundiales –fin de la Guerra Fría y liberalización del comercio internacional, fortalecimiento de las ONG y el visto bueno internacional a los sistemas políticos democráticos– lo que permitió que se repensara el concepto de seguridad en términos integrales, en el cual la protección del ciudadano no proviene solamente de la seguridad del Estado y sus instituciones e infraestructura, sino de las diferentes esferas del ser humano.

Efectivamente, la caída de la Unión Soviética fue el momento cumbre del capitalismo sobre el comunismo. Los países denominados capitalistas pudieron despreocuparse por el enemigo comunista y comenzar a expandir sus mercados a distintas partes del mundo, lo que dio como resultado que la lógica amigo-enemigo de la seguridad nacional ya no tuviera coherencia y la guerra de contención fuera inconsecuente con un mundo demócrata y una economía globalizadora.

En ese sentido, las amenazas a los individuos, ante el fin de la Guerra Fría, cambiaron. Más allá de un posible ataque nuclear o una toma guerrillera por parte del comunismo, la sociedad estaba preocupada por las circunstancias lesivas de la vida cotidiana: “¿Tendrán suficiente para comer ellos y sus familias? ¿Perderán su empleo? ¿Estarán seguros sus barrios y calles respecto de la delincuencia? ¿Los torturará un Estado represivo? ¿Serán víctimas de violencia en razón de su sexo? ¿Serán objeto de persecución por su religión o su origen étnico?” (PNUD, 1994: 25).

A la par de esto, ocurrieron otros dos cambios importantes. El primero de ellos fue que los organismos internacionales, a partir de la Segunda Guerra Mundial, cobraron relevancia y legitimidad entre los países que tenían intereses en común o necesitaban resolver asuntos que dependían más allá de sus fronteras. Es decir, el mundo se encontraba en circunstancias en las cuales cualquier problema de un país podía afectar al resto. Por ejemplo, de igual manera que una plaga en los campos de arroz podía afectar los niveles de oferta de este producto y así la alimentación de muchas poblaciones, la seguridad se volvió un asunto interdependiente −capaz de afectar a muchas poblaciones al mismo tiempo-, universal −es relevante para cualquier persona estar libre de amenazas- y multidimensional −un problema de seguridad alimentaria puede llevar a que haya inconvenientes en la salud o amenazas a la seguridad personal– (Fernández, 2005: 32-33).

El segundo de ellos, fue la llegada de la tercera ola democratizadora, con la cual los países del este de Europa y los países del Sur y Centroamérica comenzaron a cambiar sus regímenes autoritarios por la democracia.

Estos cuatro cambios dieron cabida a que una organización internacional como la ONU haya planteado una definición sobre seguridad a la medida de las preocupaciones contemporáneas, dirigida a darle seguridad al ser humano en toda su integralidad, y complementando la defensa del individuo ante la violencia física, planteada por la Seguridad Nacional, con la tranquilidad de tener un empleo, atención médica, educación, vivienda, entre otros aspectos vitales.

Fue así que en 1994 el PNUD –un apéndice de la ONU que es el organismo por excelencia para resolver los conflictos entre los países– define en su informe anual el nuevo tipo de seguridad al que debían apuntar los países firmantes de los tratados internacionales.

El Informe sobre desarrollo humano de 1994, Nuevas dimensiones de la Seguridad Humana, planteó una primera definición del concepto mediante dos significados:

En primer lugar, significa seguridad contra amenazas crónicas como el hambre, la enfermedad y la represión. Y en segundo lugar, significa protección contra alteraciones súbitas y dolorosas de la vida cotidiana, ya sea en el hogar, en el empleo o en la comunidad. Dichas amenazas pueden existir en todos los niveles de ingreso y desarrollo de un país” (PNUD, 1994: 26).

 

En el 2003, la Comisión sobre Seguridad Humana de las Naciones Unidas redefinió el concepto de Seguridad Humana en el informe Human Security Now. En éste se indica que:

[...] la seguridad humana consiste en proteger la esencia vital de todas las vidas humanas de una forma que realce las libertades humanas y la plena realización del ser humano. Seguridad humana significa proteger las libertades fundamentales: libertades que constituyen la esencia de la vida. Significa proteger al ser humano contra las situaciones y las amenazas críticas (graves) y omnipresentes (generalizadas). Significa utilizar procesos que se basan en la fortaleza y las aspiraciones del ser humano. Significa la creación de sistemas políticos, sociales, medioambientales, económicos, militares y culturales que en su conjunto brinden al ser humano las piedras angulares de la supervivencia, los medios de vida y la dignidad (OCHA, 2003: 4).

 

Para el caso de Centroamérica, los países miembros de la Comisión Sudamericana de Paz desde 1990 se inquietaban por una seguridad alternativa que permitiera cambiar la vigente concepción de seguridad que “(...) se había convertido en un verdadero obstáculo para el logro pleno de la democracia y la vigencia de los derechos humanos” (Somavía & Insulza, 1990: 7).

Sus discusiones dieron vida al libro Seguridad Democrática Regional. Una concepción alternativa, que sentó las bases del modelo de Seguridad Democrática Regional centroamericano[2], cuyo objeto principal es “(...) asegurar el desarrollo con justicia social en el plano interior; profundizar la paz, la cooperación y la integración a nivel regional; y la autonomía e independencia a nivel internacional” (Somavía & Insulza, 1990: 323).

Partían de considerar que la seguridad de una nación no podía ser confundida con la seguridad militar; que la necesidad de los individuos era vivir en paz con los medios económicos, políticos y ambientales para existir dignamente; que en una sociedad democrática los individuos son la razón de ser de la seguridad de una nación; y que la Doctrina de Seguridad Nacional es su antítesis (Somavía & Insulza, 1990: 7-8). Además, señalaban que las causas de la inseguridad en América del Sur eran políticas y económicas, que a los conflictos sociales se les debía dar respuestas políticas y no militares, y que la responsabilidad frente al narcotráfico debía ser compartida.

Cinco años después, en 1995, los países centroamericanos firmaron el Tratado Marco de la Seguridad Democrática en Centroamérica. Con este tratado, pretendían reemplazar el concepto de Seguridad Nacional por uno más acorde con el fin de la Guerra Fría, la instauración de la democracia, la búsqueda de sociedades más equitativas y las reuniones de la Comisión Sudamericana de Paz (Vargas: 2007). De ahí surgió el modelo de seguridad democrática regional centroamericano, que permitió a los países suramericanos pensar en modelos de seguridad humanos para sus respectivos países.

La seguridad humana llegó a Colombia a partir de la firma de una serie de tratados internacionales en pro de los Derechos Humanos, posteriores a la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU en 1948. Posteriormente, de acuerdo con Roth (2006), el fin de la Guerra Fría y los procesos de desmovilización de grupos armados como el M-19 fueron momentos propicios para que en 1990 aflorara en las políticas públicas y en los ciudadanos del país el paradigma de los Derechos Humanos. Su política más clara fue la consolidación de la Constitución de 1991. Pese a esta consolidación, los sectores importantes de la clase política colombiana y los gobiernos Gavirista (1990-1994), Samperista (1994-1998), Pastranista (1998- 2002) y Uribista (2002-2010) fueron renuentes a priorizar los Derechos Humanos en el país, ya que priorizaron la implementación de estos en el conflicto armado y tuvieron “[...] una gran dificultad, incapacidad o ausencia de una seria voluntad para transformar los principales mandatos constitucionales en realidad tangible para los ciudadanos” (Roth, 2006: 156).

En general, estos gobiernos tendieron a diseñar e implementar políticas públicas sobre Derechos Humanos en momentos en que los medios de comunicación o los organismos internacionales visibilizaron los problemas más urgentes, por lo que pusieron su atención en los efectos principales del conflicto −secuestro, desplazamiento, etc.–, y relegaron para el posconflicto solucionar los efectos estructurales y colectivos −educación, salud- (Roth, 2006: 157).

Roth y Angarita han señalado, desde su perspectiva, las razones por las cuales el paradigma de los Derechos Humanos no ha funcionado totalmente, sino de manera parcial en los gobiernos colombianos. Para Roth:

(…) la institucionalización del problema de los derechos humanos se enfocó esencialmente desde la perspectiva del conflicto armado, de la lucha antisubversiva y de las garantías individuales, dejando durante la mayor parte del proceso en la sombra el componente de los derechos humanos relativos a los derechos económicos, sociales y culturales. Con frecuencia la reivindicación de estos derechos se asimilaba a una estrategia “subversiva”. A partir de este sesgo inicial, el paradigma y su programa de políticas en derechos humanos ha tendido a ser percibido por el Estado principalmente como una serie de acciones para el establecimiento de garantías relativas a los derechos políticos y civiles y a la regulación del conflicto armado (DIH), más que al desarrollo de temáticas sociales de alcance universal. Se trataba de alguna manera de limitar el desarrollo del nuevo paradigma en algunos tópicos (Roth, 2006: 116).

 

Pablo Emilio Angarita (2010), desde su conocimiento del conflicto urbano y los Derechos Humanos, indica que en el entorno político internacional existe una discusión sobre si la seguridad es un derecho humano y si éste es prerrequisito del resto de derechos. Esta discusión, subraya Angarita, también ha estado presente en Colombia, sobre todo durante los dos periodos presidenciales de Álvaro Uribe Vélez.

Según Angarita, en el modelo de Seguridad Democrática colombiano, el derecho a la seguridad antecede y es garantía del resto de Derechos Humanos, lo que califica como una visión “reduccionista”, que “[...] restringe solo a la posibilidad de que las personas o sus bienes económicos no sean afectados” (Angarita, 2011: 104), olvidando que la vida es en un sentido amplio el contexto mediante el cual los Derechos humanos se relacionan de una manera integral.

Para Angarita (2010), quien se basa en la definición construida por el jesuita Felipe MacGregor, la Seguridad Humana está basada filosóficamente en los postulados de los Derechos Humanos y en la complementariedad de sus partes:

[...] es ubicable dentro de una cadena de relaciones que incluye varios tipos, dentro de los cuales se encuentra, en primer lugar, la seguridad cultural, en la medida en que ésta depende de conocer las raíces del ser humano y su relación con los otros, así mismo depende la seguridad económica. Ambas le dan a los seres humanos su capacidad para relacionarse con los demás, especialmente en el mundo de la producción, que consiste no sólo en producir y acumular bienes, sino también en la adecuada distribución de los mismos. Dentro de la seguridad humana está la seguridad jurídica la cual está ligada y desprendida... de la seguridad social, entendida esta última, como aquella que emana del contrato social. Pero a su vez, no puede haber seguridad política que es la que orienta y rige a todas las demás, pues es con base en ésta que se expresa el elemento central del ser social o del ser político, es decir, la participación, que es la que define los asuntos del interés común y público (1997:222 ss), (Angarita, 2010: 36-37).

 

Es decir, en Colombia los dirigentes políticos y sociales no se han apropiado del concepto de Seguridad Humana más allá de su uso en términos legislativos y discursos políticos, por lo que no ha habido una implementación sistemática del concepto en políticas públicas y de los tratados internacionales en pro de los Derechos Humanos.

A continuación se sistematizan en una tabla los objetivos, amenazas o enemigos y métodos de la seguridad humana que ha concretado la ONU en sus informes sobre el desarrollo humano. No se puede aludir a una definición propiamente colombiana por las razones burocráticas anteriormente anunciadas:

Tabla 2. Concepto de seguridad humana

Objetivos

No fundamentar la seguridad humana en las nociones tradicionales de seguridad: soberanía territorial y poder militar

Cambiar el acento exclusivo de la seguridad territorial a un acento en la seguridad de la población

La seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y la dignidad humana

De la seguridad mediante los armamentos a la seguridad mediante el desarrollo humano sostenible

La seguridad humana es diferente al desarrollo humano, pues lo primero es la posibilidad de ejercer las opciones del desarrollo de forma segura y libre

La seguridad humana es una preocupación universal, sus componentes son interdependientes, es más fácil prevenirla que realizar una intervención posterior, está centrada en el ser humano

Lograr la libertad del miedo *

Lograr la libertad de la necesidad o de la miseria **

Lograr libertad para vivir con dignidad ***

Enemigos o amenazas

Derechos de primera generación: políticos y civiles

Seguridad política

Seguridad personal

Derechos de segunda generación: económicos, sociales y culturales

Seguridad económica

Seguridad alimentaria

Seguridad de la salud

Derechos de tercera generación: de los pueblos colectivos y del medio ambiente

Seguridad ambiental

Seguridad de la comunidad

Métodos

Protección: “de arriba hacia abajo”. Se sabe que hay amenazas que la gente no puede controlar como son los desastres naturales, las crisis financieras, conflictos, etc. Por lo que los Estados deben proveer protección ante estas situaciones

Empoderamiento: “de abajo hacia arriba”. Permiten que las personas diseñen su propio destino y creen soluciones para su propia seguridad humana.

 

III

El modelo de seguridad democrática

El modelo de la seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez es un modo de abordar la seguridad con el diagnóstico de una situación ante la cual se definen unas amenazas a la seguridad, unos objetivos que contiene lo que se espera lograr y unos métodos para alcanzarla.

Los borradores y discusiones que diseñaron el documento principal del modelo de seguridad fueron elaborados por Alfredo Rangel (Comisionado del gobierno), Andrés Soto (Ex-viceministro de Defensa), Sergio Jaramillo (ex-asesor del Ministerio de Comercio Exterior y la Cancillería) y Andrés Villamizar  (experto en temas de terrorismo), quienes se basaron en dos principios:

El primero, un concepto de seguridad democrática según el cual la restricción de algunos derechos ciudadanos podría ser la base para devolverles a futuro, a todos los ciudadanos sin excepción, la plenitud de las garantías coartadas por los violentos. El segundo presupuesto consistía en la recuperación del territorio mediante una acción integral y unificada entre la Fuerza Pública, los organismos de justicia y la población, y un concepto claro de Seguridad Democrática (Nullvalue, 2002).

 

Su documento principal fue presentado en el 2003 bajo el nombre de Política de Defensa y Seguridad Democrática. Como Francisco Leal Buitrago y el mismo documento lo afirma, éste ha sido el primer gobierno que ha asumido la política de seguridad como algo central en su agenda pública. Las evaluaciones al respecto sobre si lo hizo o no efectivamente desde un punto civil, disciernen de acuerdo al autor que se consulte.

Ahora bien, en dicho documento no se encuentra una definición clara de qué es seguridad. Mas sí se encuentran una serie de objetivos de la política y de aspectos importantes para su desarrollo que permiten señalar unas características. También dan cuenta de unas amenazas a la seguridad y unos métodos o, como ellos lo nombran, unos objetivos estratégicos que permitirán dar como resultado la seguridad denominada seguridad democrática.

Esta información es concretada en el siguiente cuadro, donde se detallan las características del concepto de seguridad en aspectos como ¿qué es seguridad?, ¿qué permite la seguridad?, posición del modelo de seguridad de Uribe frente a la Doctrina de Seguridad Nacional, la Fuerza Pública y el control territorial, la democracia, las instituciones y el imperio de la ley, unas amenazas, unos objetivos –que ellos llaman– estratégicos y los métodos:

 

Tabla 3. Modelo de seguridad democrática colombiano

Características

¿Qué es la seguridad?

La seguridad es el bien común por excelencia de la sociedad 

La seguridad no es la seguridad del Estado ni del ciudadano sino la protección del ciudadano y la democracia por parte del Estado con la cooperación de la sociedad 

La seguridad no es coerción: es la presencia permanente y efectiva de la autoridad democrática, producto de un esfuerzo colectivo de toda la sociedad

¿Qué permite la seguridad?

La seguridad es un requisito para la vigencia de las libertades y los DH 

La seguridad permite la integración de la comunidad y el empoderamiento de los ciudadanos, mediante la participación sin temor  

La seguridad garantiza el espacio para la discrepancia que es esencial para la democracia   

Las posibilidades de desarrollo económico están sujetas a un clima de seguridad que permita inversión, comercio y gasto de recursos a las comunidades que han sido tomadas por las organizaciones armadas ilegales  

Frente a la Doctrina de Seguridad Nacional

No hace suyas concepciones de la Seguridad Nacional   

No considera a grupos ideológicos y partidos políticos como enemigos internos

El Estado protege a todos por igual, de modo que puedan disfrutar sus derechos

La oposición será protegida 

Recupera la libertad sin limitar las libertades de los ciudadanos 

Fuerza Pública y control territorial

La fuerza pública actúa bajo el ordenamiento jurídico y la observancia de los DH

Solidaridad con la fuerza pública dentro del marco institucional

Los derechos humanos de los colombianos se ven amenazados por la incapacidad histórica del Estado de afirmar la autoridad de sus instituciones en todo el territorio y proteger a sus ciudadanos de los organizaciones armadas ilegales   

Para fortalecer el Estado de Derecho tiene que consolidarse el control estatal dentro de todo el territorio 

Lucha entre las soberanías de los Estado y la soberanía del terrorismo     

Los dirigentes civiles y la sociedad tienen responsabilidad en la seguridad, tarea que la fuerza pública sola no puede cumplir 

Democracia

No hay contradicción entre seguridad y democracia

El terrorismo es lo opuesto a la democracia 

Si se fortalecen las organizaciones democráticas no habrá vacíos de autoridad donde organizaciones ofrecen protección a la par que se lucran del narcotráfico

Pilares de la Seguridad democrática

Protección de los derechos de todos los ciudadanos sin discriminación

Protección de los valores, la pluralidad y las instituciones democráticas a partir de proteger a los disidentes y dirigentes políticos garantizando así la participación ciudadana 

Solidaridad y cooperación de toda la ciudadanía en la defensa de los valores democráticos mediante el Estado que garantiza los derechos y proporciona los mecanismos institucionales para la resolución de conflictos. Y unos ciudadanos que respetan y promueven los valores cívicos, son activos en lo público y defienden las libertades de todos    

Imperio de la ley e instituciones

La legitimidad de las instituciones depende de que se luche por igual a toda organización, grupo o persona que amenace la seguridad de los ciudadanos, las instituciones y la democracia    

Mientras exista impunidad y falta de respeto por la ley continuará las amenazas a la población, independiente de la negociación con las organizaciones armadas ilegales   

El imperio de la ley es garantía de desarrollo y prosperidad económica

La justicia pronta es menester para que no se privatice la seguridad  

Generosidad para quien desista de la vía violenta y oportunidad para que se reintegren a la sociedad  

Hay que distinguir entre el derecho a disentir y la conducta criminal

Objetivos estratégicos

Consolidación del control estatal del territorio

Recuperación gradual de la presencia de la Fuerza Pública en
todos los municipios

Incremento de la judicialización de delitos de alto impacto social

Extensión y fortalecimiento de la administración de justicia y de las
instituciones del Estado en las zonas en las cuales se ha fortalecido
el control estatal

Disminución de las denuncias por violación de los derechos
humanos

Eficiencia, transparencia y rendición de cuentas   

Obtención de un mayor impacto mediante la administración
óptima de los recursos

Generación de ahorro mediante la revisión de las estructuras
y los procesos administrativos

Desarrollo de mecanismos de transparencia y rendición de
cuentas

Mantenimiento de una capacidad disuasiva

Protección de las fronteras terrestres, marítimas y fluviales

Protección de la población

Desarticulación de las organizaciones terroristas

Reducción del secuestro y la extorsión

Reducción del homicidio

Prevención del desplazamiento forzoso y facilitación del retorno
de la población desplazada a sus lugares de origen

Reincorporación a la vida civil de las organizaciones, grupos o
individuos que desistan de la violencia

Eliminación del comercio de las drogas ilícitas

Interdicción aérea, marítima, fluvial y terrestre del tráfico de
drogas e insumos

Erradicación de los cultivos de coca y amapola

Desarticulación de las redes de narcotraficantes

Incautación de bienes y finanzas del narcotráfico

Amenazas

Terrorismo

El negocio de las drogas ilícitas

Las finanzas ilícitas

El tráfico de armas y municiones y explosivos

El secuestro y la extorsión

El homicidio

Métodos

Coordinar la acción del Estado frente a la seguridad

Presencia y consolidación de la fuerza pública en todo el territorio con el fortalecimiento de la inteligencia, las FFMM y la Policía Nacional y la participación ciudadana 

Extender y fortalecer la justicia y las instituciones en las zonas donde se ha conseguido el control estatal   

Disminuir las denuncias de violación de los DH por parte de las FFMM

Las instituciones serán eficaces, transparentes y rendirán cuentas   

Eliminar el comercio de drogas ilícitas, sus finanzas y las de las organizaciones terroristas 

Redes de cooperantes y programas de recompensa

Cooperación internacional contra el terrorismo, el narcotráfico y las organizaciones armadas ilegales

Reincorporar a la vida civil de quienes desistan de la violencia

Protección de las personas en situación de riesgo, víctimas del desplazamiento forzado, desmovilizados y niños combatientes.

Protección contra el terrorismo, el secuestro y la extorsión, el reclutamiento de niños y jóvenes

Protección de la infraestructura económica y la red vial

El Gobierno Nacional se encargará de divulgar al público información correspondiente a la política de seguridad

 

IV

Cruce de variables

El cruce entre el concepto de seguridad humana, el concepto de seguridad nacional y el modelo de seguridad democrática colombiano se dividirá en los siguientes puntos donde, por cada uno de ellos, se detallará la información contenida en la tabla y se concluirá qué de la seguridad nacional y de la seguridad humana posee el modelo colombiano:

  1. Se mirará la variable amenazas.
  2. Se cotejará la variable objetivos.
  3. Se analizará la variable métodos.
  4. Se indicará la posible lógica del modelo de seguridad democrática a la luz de los conceptos de seguridad nacional y seguridad humana.

 

Ahora como se propuso anteriormente, esta política es una mezcla entre los conceptos de seguridad predominantes en América Latina. Aunque de cierta manera no parezca lógico pues ambos se excluyen mutuamente y la cartilla señala su no relación con la seguridad nacional, el modelo de seguridad democrática en sus lineamientos deja espacio para cuestionar esto y su apelativo de democrática.

 

Las tres variables:

Amenazas

A mano izquierda del cuadro se encuentran las amenazas de la seguridad nacional, definidas como enemigos internos. A mano derecha se haya el concepto de seguridad humana y sus siete características que integran la primera, segunda y tercera generación de los derechos humanos.

Cada una de las amenazas a la seguridad fue ejemplificada en las casillas verticales que le siguen. Por ejemplo, en la seguridad humana una de las amenazas es la “seguridad ambiental” y uno de los objetos, personajes o situaciones que constituirían una amenaza a ésta son: la degradación ambiental, el agotamiento de los recursos naturales, los desastres naturales, etc.

Las amenazas correspondientes al modelo de seguridad fueron ubicadas en la tabla y escritas en color rojo y, adicionalmente, en la parte inferior de la tabla se marcó con una línea la ubicación de éstas.

Como muestra la tabla 4, las amenazas del modelo de seguridad democrática posee características de ambos conceptos. De la seguridad nacional toma a los narco-terroristas y guerrillas como enemigos internos y de la seguridad humana acapara la seguridad personal, dejando de lado el resto de amenazas.

Es decir, que el modelo colombiano frente al concepto de seguridad humana, se centra y prioriza la seguridad de los individuos en términos personales más no económicos, políticos, alimentarios, de comunidad, de salud o ambientales. Y frente al concepto de seguridad nacional sólo se diferencia en que no considera la oposición política y el descontento social como una amenaza. Por tanto, el modelo colombiano en sus amenazas no asume la seguridad en sus términos modernos donde los derechos humanos –no sólo de primera generación- sino de segunda y tercera son interdependientes y necesarios para alcanzar la seguridad del individuo. Y si bien se aparta del uso de la palabra “enemigo interno” y de considerar a la oposición como enemiga, el modelo es más cercano a una seguridad de carácter militar como la seguridad nacional.

 

Tabla 4

 

Objetivos

Por el espacio que ocupan, esta tabla fue dividida en dos. Primero se presentaran los objetivos de la seguridad nacional (taba 5) y luego los objetivos de la seguridad humana (tabla 6). Las coincidencias entre los objetivos de los conceptos de seguridad con el modelo de seguridad colombiano están escritos en rojo y señalados en la parte inferior de la tabla como tales.

Frente a la seguridad nacional, el modelo colombiano concuerda en algunas puntos con el concepto. Por ejemplo, dispone en sus objetivos que para conseguir la seguridad de los ciudadanos primero el Estado debe estar seguro frente al narcotráfico, al mismo tiempo que protege sus fronteras, fortalece su poder de fuerza y se consolida en los territorios recuperados por el poder estatal, lo que disminuye a la par las denuncias por violación de los derechos humanos al reducir las amenazas a la seguridad personal.

En consonancia con los objetivos que dispone la seguridad humana, el modelo considera que la transparencia estatal –la rendición de cuentas– es otra forma de dar seguridad desde el Estado. También, el modelo colombiano prioriza, como sugiere el concepto de seguridad humana, la prevención del desplazamiento forzoso. Lo que indica que el Estado piensa en medidas que vayan más allá del “actuar sobre” a “actuar antes de”.

Ante la libertad del miedo, el modelo colombiano alude a la seguridad personal ante aquellas situaciones del conflicto armado que ponen en riesgo la vida de los individuos. Con la libertad de la miseria, vuelve y juega el conflicto armado como factor que denota la construcción de un objetivo para alcanzar la seguridad. Y ante la libertad de vivir dignamente, no hay un objetivo específico que hable de la necesidad de empoderar al individuo de su destino.

Por la ubicación de los objetivos del modelo de seguridad democrática, se da cuenta que en cuestión de seguridad nacional, el modelo toma de este su preocupación por el control territorial y el monopolio de la fuerza del Estado y del concepto de seguridad humana, hace referencia  a los derechos humanos en cuanto el conflicto armado ser el detonante. 

Es decir, que si bien la cartilla enuncia continuamente a la población como componente principal y éste hace alusión al ser humano y no al Estado como objeto central de la seguridad, se sigue destacando el control territorial como elemento central de la seguridad y se continúa priorizando la libertad al miedo (la seguridad personal) sobre la libertad de la necesidad o la miseria y para vivir dignamente. Lo que señala que los problemas, la carencia de seguridad de un ciudadano, no proviene de aspectos fuera de los personales como son la garantía a no ser asesinado, secuestrado u extorsionado, así que, los objetivos del modelo de seguridad colombiano tienen un fuerte componente militar.

Por lo cual, no se puede señalar que son sinónimos la protección del ser humano en el marco de la seguridad humana de la ONU y la protección de la población en la seguridad democrática. La primera es de un corte integral, de la mezcla de aspectos del ser humano que posibilitan un desarrollo sostenible; y la segunda es de un corte militarista, centrada en el poder coercitivo del Estado y los factores del conflicto armado que ponen en riesgo la vida de los ciudadanos.

 

Tabla 5

 

Tabla 6

 

Métodos

Las coincidencias entre los métodos de los conceptos de seguridad con el modelo de seguridad colombiano están escritos en rojo y señalados en la parte inferior de la tabla 6 como tales.

Respecto a la seguridad nacional, el modelo de seguridad democrática tiene tres métodos que coinciden con éste: el uso de la guerra sucia mediante agentes para-institucionales, el espionaje como actividad de inteligencia y la negación de la violación de los derechos humanos.

Con la seguridad humana, el modelo de seguridad colombiano implementa tanto métodos desde el Estado como métodos para empoderar al individuo de su destino. Respecto a los métodos se evidencia que el modelo de seguridad democrática, en comparación con los métodos de la seguridad humana, sólo cuenta con dos formas para que surja seguridad de “abajo hacia arriba”. Ya sea mediante la red de cooperantes o el sistema de recompensas. También aparece el deber ciudadano de ser solidario con la fuerza pública, pero este método resulta ambiguo pues la cartilla de seguridad democrática no tiene una clara manera de ejecutarlo.

Mientras la seguridad proporcionada de “arriba hacia abajo” sí presenta varias alternativas que giran en torno a lo mismo señalado anteriormente: el fortalecimiento militar, su consolidación en el control territorial y de llevar las instituciones democráticas a estos sitios. Esto no quiere decir que en los métodos se esté hablando de llevar a cabo acciones propias de la seguridad nacional. Sin embargo, sí se adolece de ese componente humano que permitiría catalogarla como tal.

Tabla 7

 

V

Conclusiones

El cruce muestra que el modelo de seguridad democrática carece en sus lineamientos del aspecto integral de todos los derechos humanos y la priorización del individuo sobre el Estado, planteamientos propios de la seguridad humana, pues indica que con el control territorial y el monopolio de la fuerza, mediante el fortalecimiento del sistema judicial, las FFMM, la Policía Nacional, de la inteligencia y las finanzas del Estado, se logra la protección a la población. La seguridad entonces queda restringida a la seguridad personal.

El cruce de las tres variables de seguridad humana, seguridad nacional y seguridad democrática entre sí, denota que en términos generales la política de seguridad colombiana parte de considerar que las “organizaciones armadas ilegales” cubrieron el espacio que el Estado-Nación por medio de sus instituciones y su autoridad no llenó. Siendo por tanto menester del Estado, ocupar este espacio. Tarea que no sólo concierne a la fuerza pública, elemento mediante el cual se recupera el control del territorio, sino también a la población que debe cooperar y defender los valores democráticos[3].

De lo que se puede deducir que: la recuperación del territorio y el arribo de las instituciones a estos permite que los valores democráticos afloren y que eliminadas esas “organizaciones armadas ilegales” los ciudadanos pueden defender y empoderarse de las instituciones. Es decir, que resuelto el problema de seguridad –entendido como la ausencia de organizaciones que usurpan el lugar del Estado- puede estarse seguro y llevar a cabo las acciones económicas, sociales y políticas que son frenadas por estos grupos o personas. De ahí que, como lo señala su Ex- viceministro de Defensa, se genere un “círculo virtuoso de la Seguridad Democrática”.

A los ojos de la ONU, en correspondencia a las características del concepto de seguridad humana –tabla 2– la visión colombiana en sus lineamientos adolece de ese componente social integral que caracteriza el replanteamiento de la seguridad nacional. Y posee ciertos aspectos propios del concepto de Defensa Nacional, esenciales en la Doctrina de Seguridad Nacional. Cuyas características están ligadas a la formación de los Estados Nación, la defensa de la soberanía nacional y la identidad de esta nación que tuvo como enemigo al comunismo en el marco de la Guerra Fría; características que son al fin y al cabo lo que compone o define un Estado. De ahí que la defensa de la seguridad nacional se entienda como la defensa del Estado y no de los individuos que la componen.

 

Notas:

[1] El libro Reconceptualizar la Seguridad en el Siglo XXI propone un “mapeo conceptual” del uso del concepto de “seguridad” en distintos países, indicando que cualquier “mapeo conceptual debe reflejar el contexto específico en tiempo y espacio que influye en sus significados y en el uso de los conceptos” (Gunter, 2009:156).

[2] Antes de que surgiera la Política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, ya existía un modelo de seguridad caracterizado en su nombre como democrático. Cuyas semejanzas y diferencias con el modelo colombiano pueden ser encontradas en el artículo La especificidad colombiana: la seguridad democrática, donde Alejo Vargas compara el carácter democrático de cada modelo.


[3] Si bien, respecto a esto último, el modelo ofrece la política de recompensas y las redes de cooperantes como dos maneras mediante las cuales los ciudadanos pueden integrarse al plan de seguridad del Estado, el Gobierno asume que es deber del ciudadano creerle y apoyarle. Y no que el apoyo nace de la confianza y legitimidad que el Estado ha logrado construir con los habitantes del país.

 

Bibliografía:

André-Noël, R. (2006). Discurso sin compromiso. La política pública de derechos humanos en Colombia. Bogotá, Colombia: Ediciones Aurora.

Angarita, P. (2011). Seguridad democrática. Lo invisible de un régimen político y económico. Bogotá: Siglo del Hombre.

_____. (2010, septiembre), ¿Seguridad democrática o seguridad humana? Desde la Región, Número 52, pp. 33- 43.

Arbeláez, A. (2012). La política de seguridad democrática en Colombia. Análisis de su discurso, políticas y resultados  durante la administración Uribe. (Documento no publicado).

Galindo, C. (2005), De la Seguridad Nacional a la Seguridad Democrática: nuevos problemas, viejos esquemas. Estudios Socio-Jurídicos, Volumen 7, fascículo1, pp. 496 – 543.

Geertz, C. (2003). La interpretación de las culturas. Barcelona, España: Editorial Gedisa.

Gunter, H. (2009). Cuarteto Conceptual. En: Reconceptualizar la Seguridad en el Siglo XXI (pp. 173- 189). México: UNAM/CRIM/CEIICH/CCA-Senado de la República/ LX Legislatura-AFES/PRESS.

Insulza, J. & Somavia, J. (1990). Seguridad democrática regional: una concepción alternativa. Venezuela: Nueva Sociedad.

Leal, F. & Ladrón, D. (1990) Clientelismo: el sistema político y su expresión regional. Bogotá: Tercer Mundo.

Leal, F. (2003, junio), La Doctrina de Seguridad Nacional: materialización de la Guerra Fría en América del Sur. Revista de Estudios Sociales, Número 15, pp. 74- 87.

_____. (2006 A, mayo- agosto), La política de seguridad democrática: 2002-2005. Análisis Político, Número 57, pp. 3-30.

_____. (2006). La Doctrina de Seguridad Nacional en América Latina. En: La Inseguridad de la Seguridad. Colombia 1958- 2005 (pp. 25-55). Bogotá: Editorial Planeta.

_____. (2010 a, 1 de agosto). “Seguridad Democrática, su camisa de once varas”, en: Razón Pública, (en línea), disponible: http://www.razonpublica.com/index.php/ politica-y-gobierno-temas-27/1227-seguridad-democratica-su-camisa-de-once-varas.html Recuperado el 30 de noviembre de 2016.

_____. (2010, 18 de enero). “La Política de Seguridad Democrática”, en: Razón Pública, (en línea), disponible: http://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/693-la-polca-de-seguridad- democrca.html Recuperado el 30 de noviembre de 2016.

_____. (2011, septiembre-diciembre), Una visión de la seguridad en Colombia. Análisis Político, Volumen 24, Número 73, pp. 3-36. Madrid: IV Semana Iberoamericana sobre Paz, Seguridad y Defensa.

Nullvalue., s.d. (2002, 29 de diciembre). “La política de seguridad democrática”, en: El Tiempo, Bogotá, (en línea), disponible: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1372988 Recuperado el 30 de noviembre de 2016.

OCHA, (2003), “Human Security Now”, en: United Nations of Coordination of Humanitarian Affairs, (en línea), disponible: http://www.un.org/humansecurity/content/human-security-now

Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). (2009). Teoría y práctica de la seguridad humana. Aplicación del concepto de seguridad humana y el Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para la Seguridad de los Seres Humanos. Nueva York, Estados Unidos: Organización de las Naciones Unidas.

PNUD, (1994). “Informe sobre desarrollo humano de 1994, Nuevas dimensiones de la Seguridad Humana”, en: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, (en línea), disponible: http://hdr.undp.org/es/informes/mundial/idh1994/ Recuperado el 30 de noviembre de 2016.

Presidencia de la República de Colombia & Ministerio de Defensa Nacional (2003). Política de Defensa y Seguridad Democrática. Bogotá, Colombia.

Procuraduría General de la Nación (2009) Radicación No: IUS2009–57515IUCD2010-4-105231 (en línea).

Rangel, A. (2010). El éxito de la Seguridad Democrática. En: Política de Seguridad Democrática (pp. 1-97). Bogotá: Grupo Editorial Norma (Cara & Sello).

Uribe, A. (2001). “Manifiesto Democrático de los 100 puntos”, Ministerio de Educación, (en línea), disponible: http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-85269_archivo_pdf.pdf. Recuperado el 30 de noviembre de 2016.

Vargas, A. (2004, julio-agosto). El gobierno de Álvaro Uribe: proyecto y resultados. Políticas, estrategias y doctrinas. Nueva Sociedad, Número 192, (pp. 85-97). Vargas, A. (2006). La lucha contra el terrorismo en Colombia. En: Democracia y seguridad en Iberoamérica: los retos de la gobernabilidad. (pp. 445-467). Madrid: III Semana Iberoamericana sobre Paz, Seguridad y Defensa.

_____. (2007). La especificidad colombiana: la seguridad democrática. En: Seguridad humana y nuevas políticas de defensa en Iberoamérica. (pp.121-150).

_____. (2010). Seguridad democrática, conflicto interno armado y su regionalización. En: Seguridad en democracia: un reto a la violencia en América Latina (pp. 133-158). Buenos Aires: CLACSO.

_____. (2012). La seguridad regional y la utilización de bases colombianas por los Estados Unidos. En: El prisma de las seguridades en América Latina: escenarios regionales y locales. (pp. 173-192). Buenos Aires: CLACSO.

 

Cómo citar este artículo:

ARISTIZÁBAL GÓMEZ, Elizabeth, (2017) “Raíces del modelo de seguridad colombiano de comienzos del siglo XXI, más conocido como la Política de Defensa y Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 30, enero-marzo, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 30 de Marzo de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1427&catid=14&Itemid=31

Si deseas colaborar con nosotros, lee las indicaciones para publicar