Pacarina del Sur
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Capitalismo, guerra y sobreconsumo  (II)

Capitalism, war and overconsumption (II)

Capitalismo, guerra e consumo excessivo (II)

Guillermo Torres Carral

 

Capitulo  quinto. Armamentismo y sobreconsumo en el capitalismo contemporáneo

La economía política de la guerra

En este capítulo[1] se realiza una reflexión en torno a la relación de la guerra con la economía (de la que emerge la economía de guerra permanente) en el plano teórico, así como sus más graves consecuencias productivas, financieras y socioambientales desde el punto de vista de la economía política, para así poder comprender su conexión con la expansión del consumo improductivo, lo cual representa un factor fundamental en el funcionamiento del capitalismo contemporáneo, y que está detrás de la crisis sistémica actual.

Esta última no podrá ser remontada simplemente con más gasto público dirigido al rescate de las megaempresas y  bancos (a costa del bienestar social), ya que tiene su origen en los desequilibrios presentes entre los sectores básicos de la reproducción del capital global, los cuales tienen que ver con el consumismo y el armamentismo, que constituyen la clave del modelo de acumulación hegemónico.

Así, se analizan las interrelaciones entre la economía y la guerra, para destacar que las condiciones que posibilitaron que esta última  representase una pretendida solución a las crisis económicas y a los problemas del desarrollo económico y social, ya no existen más debido a límites sociales cuanto naturales. Así que la crisis actual y la erosión de las bases del crecimiento, demuestran los efectos perversos que traen consigo la economía de guerra y el sobreconsumo que le es consubstancial; bajo las nuevas condiciones del ciclo económico en el periodo de la Post Guerra Fría y en  la era de la globalización rampante.

Así pues, se busca relacionar el papel del mayor consumo improductivo con el armamentismo, lo que aporta elementos fundamentales para entender la dinámica  del capitalismo contemporáneo y sus impactos sociales y ambientales.

Finalmente, se discute cómo estos factores explican la interrelación del problema ambiental (y el cambio climático) con la crisis económica actual. Con todo ello se formula la pregunta inicial: ¿Es en la actualidad la economía de guerra  -y en consecuencia la guerra- una palanca del crecimiento económico y del bienestar social?

La metodología aquí empleada consistió en destacar la importancia de la guerra en la actualidad para comprender cómo surge la economía de guerra y cuáles son  sus implicaciones teórico-prácticas. Posteriormente se estudian los aportes de la economía política en este terreno y se explica el funcionamiento de la lógica de esta economía, así como las consecuencias negativas de esta forma de acumulación expresadas en la nueva crisis mundial.

La hipótesis general  consiste en que la guerra, lejos de coadyuvar a la prosperidad y el bienestar social, acelera la destrucción de la civilización y que el cambio tecnológico se finca en el armamentismo y en el sobreconsumo frenando, en cierta forma, los movimientos sociales. En consecuencia, las relaciones sociales de producción no han frenado las fuerzas productivas ahora destructivas.


Imagen 1. https://www.lindanieuws.nl  

 

Introducción. La guerra en la  economía

“Los únicos engranajes que el economista pone en movimiento son la avaricia y la guerra entre los avariciosos, la competencia” (Marx y Engels, 1973: 63).

La guerra es inherente al desarrollo del capitalismo (así como ha sido un fenómeno decisivo en la transformación de la historia de la humanidad (Sun Tzu, 1990; Luxemburgo, 1975)[2] en sus distintas etapas: desde la acumulación originaria, luego en la revolución industrial y, posteriormente, en el periodo imperialista (más ahora en la era de la globalización); y sus interacciones son múltiples y variadas. En la actualidad, éstas se han reforzado bajo el siguiente apotegma: la política como prolongación de la guerra; a diferencia del: “la guerra como prolongación de la política” (Clausevitz, en Lenin et al., 1979); ya que se trata de una sociedad sustentada en aquélla.

Como punto de partida puede afirmarse que las guerras permitieron sentar  las bases para la construcción del capitalismo a escala mundial,  porque  impulsaron la conformación  del mercado mundial sometiendo a todos los pueblos al dictado del ciclo del capital industrial. Sin embargo, las guerras de civilización continúan hasta el presente (“acumulación primitiva permanente”, Luxemburgo, 1966); por lo que el armamentismo  es fundamental para reproducir este modo de producción (o mejor dicho de destrucción).[3]

Entender lo anterior resulta fundamental cuando hoy en día las fuerzas productivas se han trastocado en fuerzas de la destrucción (Marx y Engels, 1972), a partir de su contradicción con las relaciones sociales de producción; y si bien esta realidad exhibe las fronteras económicas (la tasa de ganancia) y socioculturales (individualismo, patriotismo) de la sociedad moderna, también posibilita la expansión de las relaciones basadas en el monopolio. Por ello,  en estas circunstancias, es imprescindible alimentar la guerra y el armamentismo como motor del progreso capitalista, que asumen hoy en día la forma de la guerra contra el terrorismo y las drogas (delincuencia organizada) (Galindo, 2009); constituyendo un mecanismo de acumulación sin el cual el sistema económico y social no sería sostenible.

En retrospectiva, el ascenso del Estado Absolutista (Anderson, 1984) fue el vehículo para consolidar la emergencia de un sistema económico que tiene por naturaleza la expansión de los mercados, así como la profundización de las relaciones sociales de producción a su interior, mediante el cambio tecnológico (Lenin, 1972), lo que constituye el presupuesto fundamental de la economía mundial (Dussel, 2000; Wallerstein, 1998). Es por ello que el sistema colonial (y neocolonial) siempre requirió de una maquinaria bélica (y un sistema político correspondiente) fuerte para el sostenimiento del modo de producción que sustituyó al régimen feudal, el cual estaba fundado en lo local, y sin haberse aún conformado un ejército profesional.[4] Mientras que el nuevo régimen se rige por la realidad del mercado mundial y su expresión en las ideologías de la globalidad  (Brzezinsky 1998). Lo anterior desde luego en conexión con el movimiento que resulta de la creación y reproducción en escala ampliada del capital; basada en la reinversión del valor excedente creado por los trabajadores y revertido sobre ellos.

 

De la guerra a la economía de guerra

En la era industrial, el liberalismo fue el vehículo que  reforzó, pese a  la eliminación formal de las colonias,  la intervención extranjera (que pasó del aspecto militar a las inversiones directas e indirectas) en los países proclamados independientes, como un complemento de las guerras europeas y la pax británica (y desde luego, bajo la pax americana).

Posteriormente a la Primera Guerra Mundial, emerge el poder de los mercados financieros mundiales, donde compiten la City de Londres y Wall Street en Nueva York. En este escenario, la alianza anglosajona, de una parte y la derrota del experimento nacional-socialista alemán de la otra, posibilitaron que en esos años se sentaran las bases del poderío militar americano y soviético, y así convertir a la economía en una de guerra permanente (Melman, 1979: 145; Hitch y Mc Kean, 1970), en el factor que explica las tendencias en el largo plazo de la economía mundial; es decir, más allá de los ciclos económicos de corto plazo[5] o de las experiencias localizadas nacionalmente. Lo anterior corrobora que las guerras delimitan los distintos periodos históricos (las 2 Guerras Mundiales, Guerra Fría; guerra en Irak y Afganistán, etcétera).

Hoy en día, y bajo supremacía militar de EUA en el mundo, la economía es más que dependiente de la guerra (y viceversa) especialmente después de la guerra Fría, aún más luego del 11-09,  que es cuando surge un nuevo militarismo,[6] y en donde el declive de la economía estadounidense se presenta simultáneamente a un pretendido dominio militar del mundo[7]  y el control de los recursos naturales estratégicos (Klare, 2003:42), principalmente petróleo y gas (Klare: 2007: 48-49).

No obstante, la economía asociada a la guerra (que fue la causa de la caída de Roma) significó una pérdida que sólo el viejo, y ahora el nuevo colonialismo, pueden “compensar” a través del intercambio desigual (en sus variadas formas) y la transferencia de capitales de la periferia al centro (saqueo productivo, financiero y comercial, fincado en la exacción de sus recursos naturales). Esta práctica se renueva en el contexto de la era imperialista que tiene en el militarismo un eje primordial de la acumulación de capital. Y se refuerza bajo la americanización mundial.

Dentro de este entramado, el financiamiento de las guerras significa ser sumamente oneroso por sus efectos ecológico-sociales, aunque es indispensable para suministrar el dinero que posibilite la expansión del militarismo como dirección del crecimiento económico y del cambio tecnológico:

“United States colonial expansion, mixed with elements of corporate power, militarism and racism, has historically unfolded the veneer of enlighten rationality, with its ideals of social progress, modernity, democracy, and economic growth tied to advances in science and technology” (Boggs, 2004: 3).

 

Por lo tanto, las fuentes del financiamiento no podrían ser otras que el bolsillo del consumidor (especialmente el trabajador). De ahí el dilema: “fusiles o mantequilla”; si se producen más fusiles, se obtiene necesariamente menos mantequilla, y a la inversa. Por lo tanto, la lógica del financiamiento supone crecientes desigualdades sociales y la presencia de fuertes desequilibrios estructurales.[8]

En la coyuntura actual resulta claro que el sostenimiento de la maquinaria bélica de EUA, descansa en un sistema financiero global cuya eficacia disminuye a medida que crece principalmente la inestabilidad del dólar,[9] y a la par que se expanden los bonos del tesoro y los activos tóxicos (como son los fondos de cobertura y los derivados financieros cuya burbuja estalló en la crisis de 2008, junto al sector inmobiliario).

En consecuencia, una de las poderosas causas de la crisis actual es el gasto militar, como señaló Stiglitz (quien calcula): “de manera conservadora un costo total entre 3 y 5 billones de dólares, más otros  600 a 900 mil millones más en costos de incapacidad y salud de tropas que regresan de esas guerras. Estos gastos, y la forma en que se financiaron, contribuyeron a la debilidad macroeconómica de EUA, lo que empeoró su déficit fiscal y la deuda nutriendo así la crisis económica actual en el país invasor. Indica que el gasto directo del gobierno en esas guerras llega, hasta la fecha, a casi 2 billones, o 17 mil dólares por hogar estadounidense”.[10]

Por lo tanto, el problema entonces consiste en saber cómo afecta la estructura de la sociedad capitalista contemporánea (la cultura y el bienestar social), la existencia de un sector armamentista cada vez más estratégico y oneroso (Perlo, 1957; 1978) para la economía en su conjunto (principalmente de EUA) e impactante en la red de relaciones productivas, comerciales y financieras que involucran a todas las ramas y sectores de la economía (además de las político-ideológicas). Y ello desde la perspectiva del desarrollo económico de las potencias militaristas[11] y principalmente del imperio americano (Negri y Hardt, 2000), el cual está íntimamente relacionado con la inversión extranjera directa e indirecta, la apertura comercial, un complejo sistema de financiamiento y la intervención militar a nivel planetario; y ahora también con las políticas de combate al Cambio Climático diseñadas a partir del Protocolo de Kioto en 1997 y la Convención Marco de Naciones Unidas para el cambio climático (1998), reafirmadas en la Cumbre de Cancún, 2010, COP 16; y en donde este problema planetario es un efecto del elevado consumo de energía y sus consecuencias entrópicas (Rifkin y Howard, 1996; Galindo, 2009). Puede agregarse que tanto armamentismo como el sobreconsumo conducen a mayores problemas socioambientales.[12]


Imagen 2. http://palestinalibre.org   

 

La economía política de la guerra

En este apartado se analiza la economía de guerra desde la economía política, reconociendo que el fortalecimiento del complejo tecnológico militar estadounidense (igual que en otros países, como Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) es producto del despliegue de la relación profunda entre la economía, el armamentismo y la guerra; y en consecuencia, de la economía de guerra, que funciona en una “era de paz” (Truman dixit).

De esta forma, el conflicto bélico constituye un factor fundamental en la transformación del mundo moderno así como en la explicación de su decadencia. A la vez, sugiere una conexión cognitiva de enorme trascendencia para entender sus peculiaridades  traducidas en el proceso de globalización, entendido como una forma de dominio total del mundo.[13] Entonces, es necesario comprender que el capitalismo conforma una economía única, una economía-mundo (Wallerstein, 1998) que integra velozmente todos los rincones del planeta (Maestre, 1989), fincándose en una renovación ideológica del liberalismo (sin embargo, ahora más que nunca requiere de la intervención del Estado al servicio de las corporaciones, Klare, 2007: 42) lo que realmente en la práctica se niega por el hecho de que, en esta economía, se requiere forzosamente de subsidios y créditos otorgados (principalmente) a las grandes corporaciones trasnacionales, directa o indirectamente especializadas en el rubro militar, lo cual implica la negación de la (libre) competencia y fortalece el monopolio absoluto en estas esferas (y otras, caso transgénicos, biocombustibles, biomedicinas, etc.); así como supone el ejercicio de un mayor autoritarismo en el control de los pueblos, puesto que a mayor explotación y saqueo, se requiere de un mayor control y vigilancia sobre la sociedad  (Marx 7, 1985: 774), tal y como ocurre en el totalitarismo (Friederich, 1964).

Así pues, las guerras, han resultado ser un instrumento poderosísimo de globalización (económica y política)[14] y de fomento a la acumulación de capital a partir de los avances de la ciencia y del cambio tecnológico (y a la vez un fermento global en repudio e indignación). Sin embargo, el impacto de la guerra  en la economía y sociedad (Freud, en Marcuse, 1994) no es necesariamente positivo (Melman, 1977); contrario a la opinión del keynesianismo[15] y contemplando a la sociedad capitalista en su conjunto.

Desde luego que a nivel de la empresa corporativa y asociadas, la guerra representa un negocio fabuloso al nivel individual porque promueve la producción de artículos asociados a ella. Empero, económica y socialmente hablando, no se puede decir lo mismo, por significar, de un lado, enormes y crecientes costos y, del otro, una tendencia a la ruptura de la sociedad moderna, no sólo porque degrada el nivel y principalmente, la calidad de vida de la población mundial sino porque agudiza la destrucción de los ecosistemas y es el principal factor de emisiones de gases de efecto invernadero (EUA provoca el 25%); aunque también beneficia a la población del país ganador (y sectores internos), pero eso resulta  finalmente en una ilusión por ser un efecto pasajero y que finalmente es contraproducente; si se mira la economía en su conjunto y en sus variables fundamentales como es la tasa de inversión.[16] De ahí que, en el momento actual, no se haya podido revitalizar la economía estadounidense con las guerras contra Irak y Afganistán (y contra el mundo, a través de los nexos entre armas, drogas y delincuencia), sino todo lo contrario (Galindo, 2005). Además, las ventajas económicas y políticas pudieron haberse obtenido de otra manera, pero los crecientes costos y riesgos,[17] así como la conveniencia política en tiempos electorales, vuelven cada vez más actual la relación entre la guerra y la economía mundial como un todo, en particular la de EUA, como se puede apreciar en la crisis económica actual, en la que China ha denunciado la irresponsabilidad de dicho país al “no vivir dentro de sus posibilidades”.

 

El funcionamiento de la economía de guerra

Un elemento fundamental requerido para realizar el análisis de la relación de la guerra con la economía, es considerar los esquemas que desarrollados a partir de Quesnay, que se presentan  después (mejorados) como los esquemas de reproducción simple y ampliada de Marx (1971 II: 350-456), y que junto con otros aportes (Leontiev, Keynesianos), contribuyeron a la construcción del Sistema de Cuentas Nacionales (Kowalik, 1979:1059). Aunque, “El multiplicador del gasto de 100 unidades de armamento financiadas con 100 unidades de impuestos puede ser mayor de la unidad si se sigue el moderno sistema de contabilidad nacional en vez del sistema de contabilidad que Marx usa” (Desai, 1977: 142).

Para dar cuenta de cómo interviene el sector militar en la reproducción económica anual  de la sociedad, deben tomarse en cuenta las interacciones materiales y sociales entre los dos[18] sectores de la economía en la generación del producto total y su valor, así como considerar que el sector II se subdivide a su vez en un subsector que produce artículos de lujo y en otro que produce medios de vida necesarios.

Como se señaló arriba, el sector militar ha sido analizado como parte del subsector de artículos de lujo (Kidron, 1971). Sin embargo, en sentido estricto, los armamentos no pueden contemplarse como parte del subsector productor de artículos de lujo, en tanto que no entran al proceso de reproducción del capital social. Así pues, estos artículos no deben incluirse en el primer sector ni en el segundo. Ya que, como medios de destrucción, constituyen otra categoría especial del proceso de reproducción del capital, por lo que en realidad integran otro sector diferente a los anteriores (un tercero), y no constituyen medios de producción ni tampoco medios de consumo para la reproducción sino para la destrucción; aunque el valor generado en este sector también se descompone, al igual que los anteriores, en capital constante, capital variable y plusvalía. 

Este gasto armamentista[19] representa un impulso desmedido de  la acumulación de capital (Marx, 1976: 85). Sin embargo, dicha plusvalía se genera realmente deduciendo una parte de la plusvalía generada en los dos sectores (y transferida al tercero); De esta forma surge la economía de guerra permanente (Boggs, 2004: 23; Melman, 1979: 5).

No obstante, es evidente que el incremento del armamentismo y su requerida reproducción ampliada, que supone la reproducción ampliada de la guerra, requieren de un incremento desmedido de los artículos de lujo[20] (ya que el capitalismo no se finca en la abstinencia sino en el derroche); todo lo cual se traduce en otra posibilidad de crisis (aunque ésta se sitúa al  nivel de la reproducción simple (Marx II, 1971). Esto significa que la causa de la crisis no está sólo en la sobre producción del sector productor de medios de producción  (menos en el subconsumo, puesto que éste es característico a todas las sociedades de clase, basadas en la pobreza de las masas).

Así entonces, la relación entre mayor consumo y el armamentismo, también tiene que ver con la desproporcionalidad entre el subsector de medios de vida y de artículos de  artículos de lujo, cuando éste rebasa a aquél:

“Es un fenómeno completamente análogo a la realización de I (V+P) en II ©; con la diferencia de que en el segundo caso (IIb)V  sólo es realizable en una parte de (IIa)P, y (IIb)V, sólo puede refluir así en su forma de capital-dinero” (Marx II, 1971:364)


Imagen 3. http://www.ibtimes.co.uk   

Planteemos ahora dos hipótesis de trabajo para la mejor comprensión del asunto que aquí  nos ocupa. Aunque, en las dos, el ritmo de la acumulación lo marca el sector I, mediante un superávit del sector I y paralelamente un déficit del II (lo que, no excluye el sobreconsumo);[21] por cuanto que, en la reproducción ampliada, la ecuación de equilibrio intersectorial supone que el sector uno reinvierte más en su propio sector que en los otros. La otra hipótesis, que explicaría el capitalismo actual, es que crezca más el sector tres de la economía. Y esto es lo que verdaderamente ocurre porque, para que este último pueda funcionar, requiere que le vendan más los dos primeros sectores (y menos al interior de ellos). Esto implica que se destinen menos medios de producción y de consumo a realizarse en los dos sectores de la economía civil, a cambio de armas.

Puede decirse que, estamos inmersos en el caos de una reproducción ampliada negativa (Bujarin, 1974), la cual supone una deducción de riqueza -material y social- de los sectores productivos para su realización en el tercero  que es el destructivo (Melman, 1977); y que igualmente genera su propio excedente en armamentos (los cuales no todos emplea, ya que EUA es el primer país exportador de armas en el mundo; y entran por todos lados; narcos y delincuencia).

Además, el núcleo del crecimiento del primer sector proviene del tercero (mediante el acelerado cambio tecnológico),[22] y como no todos los productos de este último se destinan a la guerra, muchos van entrando poco a poco hacia el sector I (aunque sólo como artículos intermedios), principalmente, aunque también al II (video juegos, juegos de guerra, defensa personal, sicarios, etcétera).

Sin embargo, si bien desde el punto de vista de la incorporación de la alta tecnología, manda el sector militar, éste para garantizar su funcionamiento, depende de los otros sectores, por lo cual la verdadera acumulación siempre es la que ocurre como resultado del intercambio (y desequilibrio) entre el sector uno y dos, pues el tercero es resultado  de una deducción (en términos materiales y de valor) de los anteriores sectores (Bujarin, 1974; Melman, 1979); por mucho que pudiese impactarlos positivamente.

Esta reproducción ampliada negativa,[23] no es igual a cero-crecimiento. Al contrario, genera y presupone un crecimiento sostenido, apoyándose en el consumismo y en las aventuras del capital especulativo a escala mundial y que son  un acompañante de esta economía, así como del “capitalismo criminal” (Galindo, 2005).

Cuando se considera al artículo de guerra como un artículo más, sin parar mientes en su especificidad y su respectivo ciclo de la energía-materia, se le contempla sólo como una simple asignación monetaria (lo que es un revival del nominalismo),[24] despreciando el impacto que acarrea en el proceso de reproducción económica y ecológica. En ese caso, se minimizan los fundamentos bélicos de la crisis como núcleo de la comprensión del proceso de reproducción del capital social. Y es que los materiales empleados son destruidos permanentemente como valores de uso; e incluso aunque no se consuma el armamento, su carácter destructivo radica en que no puede reponerse materialmente pero tampoco reproducirse en términos de valor.

 

La reproducción ampliada del capitalismo contemporáneo armamentismo y el sobreconsumo

En el análisis económico (y político) del armamentismo,[25] sobre todo a nivel teórico, es necesario tomar en cuenta los esquemas de reproducción del capital social de Marx   (1971 II, 222) los cuales resultan ser sumamente útiles para realizar el objetivo de esta investigación, y desde una perspectiva crítica.

Igualmente, es necesario considerar a Rosa Luxemburgo quien ejerció una crítica positiva a dichos esquemas, y fue  pionera en este tema (Tarbuck, 1975).

Esta autora fue la primera en advertir un error[26] (que en realidad se debe a la borrosidad  de la exposición del tomo II de “El capital”  de Marx (1971) en los capítulos 20 y 21); ya que ahí se llega a situaciones contrarias a la realidad cómo es el hecho de que disminuya el consumo de los capitalistas, paralelamente al avance del proceso de acumulación.

Pero, ¿se trata realmente  de un error, de una contradicción o son ambas cosas?

Nosotros creemos que más bien es esto último. Sin embargo, por encima de todo, constituye una dificultad real por lo cual el error no es un tropiezo del autor, sino una expresión del funcionamiento concreto del capitalismo; en consecuencia, las políticas que alientan el sobre consumo, son coherentes con ello y, por lo tanto, ello nos ubica en una fase diferente de la economía capitalista.[27]

En su crítica, Luxemburgo (1966: 259) sostiene, de manera sucinta, que a medida que se renueva el proceso de reproducción de manera extendida, avanzando el cambio tecnológico (a través de cambios cualitativos en la composición orgánica del capital)  y suponiendo una misma tasa de explotación (lo cual es un recurso del método), se reduce el consumo en ambos sectores para posibilitar la acumulación, según los esquemas aludidos, llegándose al resultado de que se obtiene una subproducción de medios de producción y sobre producción de medios de vida. Hay que agregar que el mencionado error, si se analiza a fondo, en realidad indica que, como señala Marx en sus notas complementarias al capítulo 21 (1971 II: 435-465), constituye uno de los dos casos posibles analizados por el autor y que son inherentes al proceso de reproducción ampliada (que consideraba incluso mediante una tasa de acumulación constante).

Así entonces (en dichas Notas), la reversión de la plusvalía a un mayor capital invertido sólo puede verificarse reduciendo tal magnitud de la plusvalía generada en ambos sectores, deduciéndola del consumo (si se consume menos, se invierte más). Pero en ellos, esta deducción supone, pari passu, una reducción relativa[28] del consumo de los capitalistas del sector uno (lo que es lógico bajo los supuestos establecidos), pero también del sector dos; circunstancia que contradice la realidad (puesto que el capitalista es derrochador, no abstinente).

Esto se debe a que para que el sector dos pueda acumular, requiere de ir a la zaga del sector uno; y su ampliación sólo puede darse a costa de su respectiva plusvalía y del rezago relativo del consumo improductivo.

Sin embargo, cuando continúa el proceso de cambio técnico, en los ejemplos de Marx (1971 II: 457), el sector dos también crece pero disminuyendo el consumo individual relativamente e incluso ¡en términos absolutos!; para poder de esta manera realizar una mayor acumulación en dicho sector. De ahí pues que, para mantener la ecuación de equilibrio sustentada en la circunstancia de que el sector I crezca más (a través del superávit) que el II (con déficit), tuviera Marx que llegar a suponer (1971 II, 461), que el consumo disminuye para lograr la reinversión del capital (aunque se repone al final del año, pero ello supone  condiciones de reproducción simple, no de ampliada); al menos el de los capitalistas del sector dos. Esto lo retoma con especial nitidez Bulgakov, al establecer que: “el desarrollo de la producción aminora el consumo” (en Luxemburgo, 1966: 231).

De su lado, Keynes (1958) y Kalecki (1975) enfatizaron la variable del crecimiento del  consumo. Y aunque en el principio del multiplicador keynesiano se toma en cuenta básicamente al sector I (“bienes de capital”), no hay que olvidar que el primer autor menciona que, para generar mayor impacto en el empleo e ingreso, es menester partir de la propensión marginal al consumo como un factor dado; y que siendo más alta  ésta, mayor es el efecto multiplicador de la inversión,[29] lo que provoca mayor empleo (e ingreso); es decir, no basta para el crecimiento económico sostener la tasa de inversión, sino que es necesario aumentar paulatinamente el consumo, ya que es un presupuesto del multiplicador. Sin embargo, Keynes también establece la tendencia a la reducción relativa del consumo (y de la eficacia marginal del capital), que sin dejar de constatar su impacto positivo en el crecimiento económico, la entiende como una tendencia psicológica (1958: 115). Claro está que esta reducción se debe, más bien, al mayor dinamismo de la tasa de inversión.

Por su parte, Kalecki actualizó la idea de la reproducción en contexto de la mitad del siglo XX, al demostrar que el capitalista no sólo gana al invertir, sino al gastar.[30]

Puede concluirse señalando que la contradicción presente en los esquemas de reproducción de K. Marx (1971 II: 457), entre el crecimiento tecnológico y la reducción del consumo, demuestra que el incremento del consumo es una palanca de la acumulación de capital (aunque no en ese momento del siglo XIX). Sin embargo, el incremento al consumo de los capitalistas (y clases medias e incluso de la clase obrera)[31] no puede ser ilimitado y ahí entra la consideración, otra vez, del consumismo[32] como fenómeno que pone en riesgo la reproducción del capital social,[33] siendo esto cierto tanto en la obra de Marx como en la de Keynes y Kalecki (Robinson, 1975). Esto es, el mayor consumo supondría a la larga una menor tasa de acumulación y una menor formación bruta de capital fijo, lo cual no es ilógico puesto que las tasas de inversión y de consumo constituyen los determinantes del ingreso en Keynes (1958). Pero la tasa más dinámica y estratégica es la de inversión, pues ésta determina directamente el efecto multiplicador, (1958: 114), estando en los hechos estrechamente vinculada al cambio técnico; que también ocurre, en la órbita del consumo.

Por lo tanto: si se mantiene el incremento de la relación capital-trabajo (según neoclásicos), o de la composición orgánica del capital (según marxistas), el crecimiento del consumo en la misma proporción atentaría contra una reproducción extendida mediante una crisis de proporcionalidad.[34] Y es que, finalmente, la reducción del empleo de la fuerza de trabajo a consecuencia del cambio tecnológico, no puede compensarse suficientemente con más altas tasas de consumo y de crecimiento económico menores, ya que la contradicción principal no es entre la producción y el menor consumo (ni a la inversa) sino entre la producción social y su apropiación privada” (Lenin, 1970):

“En efecto: si explicamos las crisis por la imposibilidad de realizar los productos, por la contradicción entre producción y consumo, llegamos de ese modo a la negación de la realidad (…). Si derivamos la crisis de esta contradicción, tenemos que pensar que,  cuanto más se desarrolle, tanto más difícil encontrarle salida (…). Por el contrario si explicamos las crisis por la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter individual de la apropiación, reconocemos con ello la realidad. Con eso, reconocemos que cuanto más se desarrolla esta contradicción más fácil es encontrarle salida” (Lenin, 1970: 56).


Imagen 4. http://www.hispantv.com/   

 Y esto es más cierto si  se incorpora en el análisis el sector armamentista, que es en donde más se desarrolla la revolución tecnológica y arrastra consigo a los dos otros sectores, aunque lentamente, para no acelerar la caída de la tasa de ganancia (Desai, 1977).

El resultado de lo anterior es que cuando la tasa de consumo crece paralelamente a la tasa de inversión en capital fijo, pero en una mayor proporción que ésta, se alcanza un crecimiento elevado, empero a la larga el sobreconsumo consumo se vuelve insostenible e insustentable (e incompatible) frenando el proceso de reproducción y la tasa de acumulación (y aumentando la tasa de explotación, aun con menores tasas de ganancia), ya que ahonda los desequilibrios en el proceso de reproducción.

En ambos casos, con tasas mayores o incluso menores de consumo improductivo de los capitalistas, el resultado es que el crecimiento sostenido choca con cualquier posibilidad real de alcanzar un desarrollo sustentable, dado que en los dos casos mencionados se escenifican dos tipos de crisis. Esto es, suponiendo que el sector II tenga un déficit o bien un superávit de valor intercambiado (que es igual en el caso de la reproducción simple) con el sector I, a partir de la ecuación de equilibrio de intercambio intersectorial (V+P) I = (C) II.[35] Así, la crisis en sus extremos, se genera por una sobreacumulación y subconsumo (como fue el modelo soviético) o por una sobreacumulación e hiperconsumo (modelo americano), dependiendo de que la primera parte de la ecuación (V+P) I, que representa el consumo improductivo del sector I sea menor (primer caso) o mayor (segundo caso) que la reposición y acumulación de medios de producción [(C) II] en el sector dos, el cual necesita reponer éstos comprándoselos al sector uno y vendiéndole medios de consumo, que en el caso actual rebasan en términos de valor los medios de producción intercambiados con el sector uno.

 

Sobreconsumo y  armamentismo en la fase actual del capitalismo

La experiencia de fines del siglo XX hasta la fecha, muestra que en el capitalismo contemporáneo, la propensión al mayor consumo es inherente a él (Keynes, 1958), todo lo cual está de acuerdo con el principio keynesiano del multiplicador de inversión, acompañando elevadas tasas de empleo e ingreso como parte de un crecimiento sostenido después a la Segunda Guerra Mundial;[36] y también después, con el auge del sector privado (y la desregulación) que promueve el llamado neoliberalismo, especialmente en el periodo de Clinton en los noventas  (que fue la causa de la debacle a partir de Bush en la siguiente década).

Empero, para sustentar dicho incremento en el consumo, el proceso de reproducción  limita la inversión de capital productivo en los dos sectores básicos de la economía, a fin de que esta última no rebase a aquél.    

Todo lo anterior se ha sustentado en el crédito, más aun todo a raíz de la manipulación de la tasa de interés (planteada como solución a la crisis de 2007)  hacia abajo para estimular de esas manera la economía, correspondiendo a la idea del fin del capital improductivo según Keynes; pero generando burbujas financieras y sin evitar la insolvencia (ni la bancarrota). Y esto es lo que de hecho hace la FED (Woodward, 2001) para salvar al capitalismo.

Como se argumentó antes, las elevadas tasas de consumo no podrían existir si el cambio técnico creciera en la misma proporción (ya que debe crecer menos finalmente) que ellas. Puesto que de lo contrario, aparece la crisis por razones de desproporcionalidad, que es propia de un proceso de producción anárquico, aún dentro de la planeación estratégica corporativa; y el surgimiento de un Estado Global,[37] y que en parte es compensada -aunque nunca totalmente- por las prácticas del crédito al consumo (el empleo de la tarjeta de crédito al consumo, es uno de los principales negocios de la banca en México y Latinoamérica, ahora en graves dificultades por la morosidad en los pagos).

¿Pero qué ocurre cuando el progreso tecnológico es aislado relativamente al sector militar limitando su conexión con el sector civil, para de esa manera romper la dificultad derivada del comportamiento asimétrico de la tasa de inversión en relación al consumo?[38]

En ese caso, el crecimiento tecnológico relativamente menor, así como la menor obsolescencia del capital fijo en el sector civil, en relación con lo que sucede en el sector militar, y debido a una dosificación y gradualidad del cambio tecnológico (Boggs, 2004:3), permiten reducir relativamente las presiones del consumo con el fin de mantener la marcha hegemónica del sector uno sobre el dos  (y luego del tres sobre los dos primeros); y,  por lo tanto, ahora se posibilitará que las tasas de consumo crezcan sin verse sacrificada la acumulación; y por cierto periodo determinado, en aras de garantizar el crecimiento económico. Mientras que, en la reproducción en la misma escala (reproducción simple), esta restricción no existe pues se mantiene el crecimiento del consumo en la misma proporción o bien mayor, siempre y cuando aumente proporcionalmente el producto total. Además, hay que tener en cuenta que la diferencia entre la reproducción simple y ampliada es cualitativa más que cuantitativa (Marx, 1971 II: 450). Es decir, un mayor consumo no representa de por sí reproducción ampliada, lo cual sólo ocurre cuando se da en el contexto del equilibrio estructural entre los dos sectores de la economía, que supone a la vez un desequilibrio expresado en el superávit de medios de producción y un déficit de medios de consumo (que es un caso de la acumulación, no el único).

Recapitulando: es verdad que el sector militar limita al sector productivo, pero en cambio permite que la reproducción se desenvuelva con mayores tasas de consumo, que es lo que efectivamente ocurre en las economías avanzadas, no sólo porque no crece la composición orgánica del capital (en ambos sectores) en la misma proporción (creciendo más el consumo), sino por la existencia del aislamiento proteccionista del sector militar que, en términos prácticos, significa su fortalecimiento como un sector aparte, pero que garantiza su sostenibilidad en el tiempo (mas no de la economía en su conjunto), mediante un mayor gasto militar paralelo al mayor consumo y  a la mayor contribución fiscal (además del endeudamiento público que ahora alcanza una magnitud del 100% del PIB de EUA) de éste. Así entonces, el consumismo es indispensable  para la acumulación del sector militar y la misma economía de guerra.[39]

A ello hay que agregar el consumo de los obreros y capitalistas (V+P) del sector tres, el cual es subsidiado y respaldado por la demanda de medios de destrucción de los capitalistas,  que incrementan gradual y a saltos su consumo (esto significa que cuando se habla de sobreconsumo, es que se está añadiendo a la “canasta básica” de los capitalistas y obreros; armas para sobrevivir en la civilización).

La reproducción ampliada negativa sigue siendo concomitante al modelo consumista, aún bajo un esquema de crecimiento sostenido como el que se persigue en la economía de Estados Unidos (y se exporta como ideología al planeta entero); pero también al modelo monetarista que busca reducir la presión del consumo mediante el ahorro forzoso (lo que se traduce en México en incrementar los “cortos” monetarios que retiran diariamente de la circulación crecientes cantidades de dinero, a fin de financiar los gastos gubernamentales). Y por esta razón, se imponen a la población los llamados equilibrios macroeconómicos que sacrifican el crecimiento económico al control de la inflación; realizan transferencias masivas de recursos de la sociedad a los mega empresarios (inequidad fiscal); y destruyen el mercado interno a fin de consolidar la subordinación a la globalización neoliberal (y que incluye la sobrevaluación de la moneda mexicana respecto al dólar, lo cual incentiva las importaciones) y, asimismo, se acelera la devastación planetaria, mediante las guerras, industria militar, desechos radiactivos, etcétera.

 

Sólo así la economía de guerra permite hacer posible que el break through  tecnológico y energético sea compatible con un mayor consumo (privado o gubernamental).[40] Aunque aquí el límite está dado por el crecimiento sostenido, pues el incremento del consumo afecta finalmente a los obreros al afectar la relación capital-trabajo, obstaculizando la acumulación de capital. Es entonces un arma de doble filo.

A ello hay que agregar que el consumismo va de la mano con un mejor control de la población, y la mediación del Estado, como sucedió en los años del fascismo alemán; aún más ahora a través de la publicidad y el control mediático de la población. Ello le facilita la tarea a la guerra como fenómeno total. Así, ya no se necesita tanto de la propaganda militar; basta informarnos en detalle del consumo  a realizar y vivir una vida más “cómoda” o, como se dice, mas “civilizada”.  


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La nueva crisis mundial

Los cimientos de la nueva crisis mundial (2017) están establecidos por los mecanismos que explican el funcionamiento del capitalismo actual. Dentro de este panorama, resulta imprescindible aumentar el consumo privado (y público) para estimular la economía, lo cual se desenvuelve al través de un sistema de crédito fácil al consumo (vivienda, automóviles, etc.), que de igual manera condujo a la insolvencia de pagos. Sin embargo, debe decirse que, mientras en el pasado el consumo cercenaba la acumulación, en el presente constituye un factor que la impulsa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (con sus evidentes límites).

El neoliberalismo incluye entonces este fundamento desde Malthus (1973) (declaradamente proteccionista), pasando por el keynesianismo (ambos subconsumistas), quienes plantearon el problema desde la demanda efectiva y no desde el punto de vista del proceso de reproducción. Y no es que no tuvieran razón práctica,  la dificultad estriba en que lo explicaron como una disociación entre la oferta y la demanda globales; o como ahora por las llamadas fallas de mercado (Stiglitz, 2002). Aunque desde luego una característica del capitalismo contemporáneo es la superación del subconsumo, en tanto constituye éste un cuello de botella del crecimiento económico, ahora el sobreconsumo es un factor nada despreciable para caracterizar  la crisis.

Esto último desde luego ocurre al margen de un mayor o menor intervencionismo estatal, lo cual se destacó como respuesta a la crisis del 2008, a partir de la cual se erogaron cantidades astronómicas de dólares para rescatar y beneficiar a las empresas y bancos que habían tenido pérdidas inconmensurables (tanto en EUA como en la Unión Europea); y ahí sí, hasta los keynesianos son neoliberales.

Como se ha destacado antes, no se alcanza ver la existencia de la crisis más que como una falla del mercado, resultado de desequilibrios financieros (o  desajustes entre la oferta y demanda globales),  mas no como un producto de sus complejos problemas de la producción, distribución, circulación y consumo; así como en relación con una determinada apropiación de los recursos naturales,  y representa el desenlace de una era de prosperidad que choca con el interés del capital (destacando España e Italia),[41] además de que se elude  la función no reproductiva de los gastos militares.

Hay que reconocer que, al no producirse la recuperación económica que se refleje consistentemente en mayores empleos y bienestar social,[42] entonces la gente en Estados Unidos se pregunta para qué se fue a la guerra contra Irak y Afganistán. En realidad, lo que ocurrió sólo puede captarse en el desenlace resultado de la crisis financiera del 2008 y prolongada en el 2011, y sus consecuencias en la restructuración del capital industrial y financiero en el mundo. Las causas de esta crisis mundial, no pueden entenderse sin considerar el papel corrosivo que desempeñan las guerras en el plano económico-financiero (y desde luego ambiental); mediante el endeudamiento del gobierno de Estados Unidos y en la expansión de crédito barato que, como se observó recientemente, resultó sumamente riesgosa. Ello expresa la supeditación de Obama y asesores a la idea de que el consumo es la clave de la solución a la crisis; lo que es erróneo, puesto que esta crisis no es la clásica de sobreproducción, ya que incluso después de aplicarse las políticas fincadas en la expansión de la demanda o en el “ofertismo” (Reagan), expresa hoy más que nunca la anarquía de los mercados (alentada por la desregulación comercial y financiera, y el proteccionismo político-militar), con la particularidad de constituir una realidad económica donde el sobreconsumo agrava la sobreproducción de capital.

Esto significa que si el bienestar colectivo fuese algo dado, entonces la mayoría de la población, hubiese apoyado a los republicanos y Obama nunca hubiese aparecido; pero no ocurrió esto último. De esta forma, una vez más se pone a discusión la relación entre crecimiento económico y resultados electorales. Sin embargo, el problema de fondo no es el crecimiento  esperado, sino más bien los efectos a largo plazo de esta economía de guerra, que han provocado en gran medida no sólo la crisis económica mundial sino el colapso societal. Por último, no hay olvidar que, el factor que decidió el fin de la Guerra Fría, no fue la competencia en un escenario bélico sino más bien estuvo asociado a la insostenibilidad de la economía de guerra (como la soviética, Strauss, 1979) debido a la cada vez mayor proporción entre los gastos de guerra y su débil respaldo productivo y financiero. Esto significó, el triunfo del  keynesianismo improductivo, sobre el stalinismo productivista, que en la URSS se sostuvo en la burocracia estatal, mientras que en EUA en  empresas privadas; todo ello reflejado en el desequilibrio general de mercado, y los impactos  negativos en la población no se dejaron esperar.

 Además, no debe ignorarse la debilidad sistémica del dólar que radica en su falta de respaldo productivo, y en su sobrevaluación debido a una presunta confianza generada por la misma política basada en el Consenso de Washington (y en la corrupción); lo que ha permitido el flujo del crédito sin fin para realizar sus aventuras belicosas. No se olvide tampoco que ya hay otras monedas (el euro y el reimbi, la rupia) que han cobrado creciente importancia frente a la hegemonía al dólar (Jalife, 2008); y que a nivel de productividad estaba siendo superado EUA por la UE (antes de la crisis mundial), como previamente por Japón y posteriormente China y otros países asiáticos en distintos campos. Por ello, ya no puede sostenerse el patrón-dólar y la moneda estadounidense como la reserva dineraria mundial por excelencia, aunque se seguirá manteniendo debido a un interés económico estratégico de EUA a costa de los países sometidos a su control militar y sociopolítico (y cultural), tanto como por la dependencia mundial hacia la globalización americana, lo que le permite seguir emitiendo papel-dólar sin respaldo en la riqueza de ese país (e incluso incluyendo la red trasnacional de intereses asociados que permiten que ese país sea el primero en captación de inversión extranjera directa).

Hay que agregar que, en esta economía, está presente la paradoja que implica reducir la riqueza potencial aumentando en el corto plazo las ganancias. Esto lo entendieron destacadamente Rosa Luxemburgo (1966) y Nicolai Bujarin, (1974), pese a sus diferencias), como anteriormente Engels y Marx, entre muchos otros.


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Contradicciones en la reproducción ampliada del capitalismo contemporáneo.

“No defiendo los fondos  de cobertura –dijo Greenspan-, pero muchas de las cosas que realizan para obtener beneficios son actividades más bien de tipo arbitral, es decir comprar en un mercado para vender en otro, que tienden a refinar el sistema de fijación de precios en Estados Unidos y en todas partes; y este sistema de precios realmente excepcional y cada vez más sofisticado es una de las razones por las cuales el uso del capital en este país es tan eficiente. Por eso la productividad  que tenemos es la más elevada del mundo. Y nuestro nivel de vida, incuestionablemente, el más alto”  (Woodward, 2001: 309).

 

El modelo armamentista, improductivo y parasitario prevaleciente en la globalización negativa (Bauman, 2008; Livopetsky, 2001), se caracteriza por los siguientes aspectos:

  1. El consumo privado, (sin menospreciar el gubernamental), se constituye en una palanca primordial del comportamiento del capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial. Así mismo, es la base que ha permitido una demanda de medios de pago en permanente expansión, que mediante el sistema de crédito e impuestos al consumo, ha logrado el suministro de dinero que ha permitido la presencia y expansión de la economía bélica. Por ello, ambos factores (armamentismo y sobre consumo; además de la especulación financiera) se retroacumulan y han contribuido enormemente a generar la crisis actual (2007, 2011), en gran medida caracterizada por la subproducción de medios de producción (energía, materias primas, tecnología apropiada) y alimentos; así como sobreproducción de medios de consumo.
  2. Las crisis cíclicas (así como la general)[43] adquieren un nuevo carácter bajo las condiciones del cambio climático y la destrucción de los recursos naturales a escala planetaria. Por ello, actualmente, se trata de una crisis multidimensional y de civilización; sobre todo por la conexión entre la actual crisis económica con la de energía (Stern Report, 2007), medioambiental y alimentaria.
  3. El sostenimiento de las tasas de consumo (mediante el crédito barato, principalmente inmobiliario) en todos los sectores de la población, condujo a una situación más allá de las posibilidades de pago, por lo que el colapso de los mercados tiene como antecedente (y destino) este consumismo, que finalmente ha llevado a frenar la tasa de acumulación, especialmente por la imbricaciones con el sobreendeudamiento y su asociación con los activos financieros tóxicos; así como por la crisis fiscal.
  4. Lo anterior se ha visto acompañado de un crecimiento mayúsculo del subsector que produce artículos de lujo,[44] lo cual está vinculado a las nuevas tecnologías y que permitió su masificación, así como al agravamiento de la pobreza asociada al hiperconsumismo); más allá del crecimiento de la producción de medios de vida necesarios, especialmente de alimentos. De ahí que la subproducción acompañe a este proceso. Ello no obsta para entender que la causa de la crisis actual esté finalmente en la desvalorización del capital (que regula el curso de la producción y el ciclo del capital dinero; tanto como del capital ficticio).
  5. La producción armamentista rebasó cualquier pronóstico a favor de la acumulación de capital (Georgescu-Roegen, 1975). Genera por todos lados impactos negativos que se acumulan en contra de la sostenibilidad del capitalismo y de la población.
  6. Las actividades improductivas y parasitarias son los factores causantes más fuertes que precipitaron la crisis mundial, ya que,  si bien aumentó el consumo privado (y la falta de liquidez bancaria), éste incidió  menos en la reproducción social y más en la producción de armas.
  7. El colapso del crecimiento sostenido se refleja en el hecho de que, a mayor PIB, resultan mayores contradicciones, desequilibrios y distorsiones (como mayor pobreza y degradación ambiental).
  8. En cierta forma, esta crisis mundial representa el final del keynesianismo y monetarismo a la vez (independientemente de lo que tienen en común como ideologías del gran capital); así entonces, la crisis no se cura con las recetas estatistas, aunque tampoco desde luego con la privatización tout court.
  9. El consumo como un fin en sí mismo (independientemente de la satisfacción de las necesidades sociales), conduce a un proceso irresponsable y esclavizador en aras del crecimiento económico, así como al colapso ambiental (derivado de una alta huella ecológica y de carbono). Además, el mayor consumo propicia la crisis de desproporcionalidad, tanto como la crisis ambiental en la forma de crisis de energía; por lo cual la espiral descendente continuará hasta que se practique un consumo responsable y sustentable (desmaterialización del consumo), sin desmedro de un desarrollo económico y mediante la reversión de la economía bélica. Entonces el sobreconsumo está estrechamente vinculado a los procesos de sobreproducción del capital (que puede darse con déficit o con superávit del sector II, históricamente hablando).[45] Así pues, el mayor consumo improductivo paralelo a la expansión del armamentismo, aporta elementos fundamentales para entender la dinámica  del capitalismo contemporáneo. Y si bien entre ambos no habría más que relaciones de coincidencia, sin embargo, sus nexos  van mucho más allá, y es vital para comprender la lógica del núcleo vital de la economía mundial.
  10. Aunque a primera vista, a mayor gasto de guerra, mayor bienestar y desarrollo generados, lo que ocurre realmente es lo opuesto. Por ello, la guerra y la economía de guerra han sido soluciones pasajeras que a la larga erosionan la economía y, en la fase de la crisis climática, son el principal factor del efecto invernadero.

 

Conclusiones

El modelo de acumulación en funciones, que tiene su eje en el incremento del consumo improductivo como condición de la economía de guerra (y que no se limita a las empresas que producen armamentos), puede resumirse en las siguientes conclusiones: [46]

En primer lugar, la condición indispensable es que la capitalización de la plusvalía del sector uno, se destine relativamente más al consumo improductivo de los capitalistas, que a la acumulación de capital constante y variable en dicho sector. Ello se expresa en la ampliación del capital constante del sector II, y su concomitante incremento del  capital variable (independientemente al incremento del salario real, que es uno de los supuestos a considerar; además de constituir un hecho histórico constatable después de la Segunda Guerra Mundial).

Se trata del caso en el que II© es mayor que (V+P) I (aunque se requiere de ajustes para lograrse el intercambio intersectorial). Empero, el sector II acumula en función del sector I.

En segundo lugar: para la sostenibilidad del sector tres, productor de medios de destrucción, se requiere descontar un porcentaje  de la producción  de los dos sectores (medios de producción y de consumo), para poder de esta manera producir y realizar el producto de dicho sector. Ello se logra vendiéndose menos medios de producción y de consumo a su interior y entre los sectores reproductivos (I y II). Estos gastos militares son aplicados ex ante, por lo que dependen de razones políticas y de estrategias de seguridad nacional, no del mercado.

En tercero: el incremento del consumo de los capitalistas de ambos sectores (e incluso del tercero), es indispensable para disponer de los recursos materiales y de valor para incrementar la producción de medios de destrucción (comprando más medios de destrucción, y vendiéndose menos medios de producción y consumo al interior del sector uno y dos, respectivamente).

En cuarto lugar, el incremento de la plusvalía de ambos sectores destinada al consumo, debe ser mayor que el capital constante y variable invertido en el sector tres (que supone el  incremento del consumo de los capitalistas, aun sin armamentos). El resultado es que se intercambian más armas por medios de producción y de vida, como lógica de la reproducción ampliada de esta economía.

En quinto: de cualquier forma, se presenta una plusvalía sin realizar en el sector tercero; su realización sólo puede darse mediante la guerra real o imaginaria y simbólica (consumismo).

En sexto lugar; el cambio tecnológico coadyuva a que el capital supere transitoriamente sus dificultades mediante una mayor productividad del trabajo.

En séptimo: esta última se logra a costa de una reducción de la productividad natural de los ecosistemas.

En octavo lugar, el hiperconsumo y el armamentismo se alimentan mutuamente y ambos constituyen un papel fundamental de la crisis económica en EUA y en el mundo que es de sobreproducción y sobreconsumo simultáneamente.

En noveno: la cultura de la guerra (Boggs, 2004: 125), constituye la base del consumismo (made in USA).

Por último, y en décimo lugar: la crisis múltiple no puede entenderse sin el cambio climático y  la disputa por los recursos (Klare, 2003), es decir sin la guerra contra la naturaleza (Torres, 2006).

El resultado es que: 1. Si bien el hiperconsumo (así como el cambio tecnológico) han sido una solución frente a los movimientos sociales, la guerra los atiza (aunque tiene su base social precisamente en el consumismo). Por ello, tales tendencias sólo son convergentes hasta un punto, más allá del cual, y cada una por su lado, representan explicaciones fundamentales para comprender la crisis económica mundial actual; 2. El excedente[47] que se invierte en la industria militar se traduce a su vez en un excedente en la producción de armas; 3. El avance militar impulsa la economía mediante avances científicos y tecnológicos y una mayor demanda de medios de producción y de vida; 4. Ello no obsta para continuar con la transferencia de riqueza del sector civil al militar.

Por todo lo anterior, sólo podrá ser remontada la guerra como fenómeno total si  se acuerda mundialmente la moratoria a la depredación, pero se requiere de un cambio cultural y de dirección política. Finalmente, armas y consumismo son factores fundamentales de la crisis de civilización y la transición energética es insuficiente sin los requeridos cambios civilizatorios. 

 

Anexo. Esquema de reproducción ampliada del capital social basado en el armamentismo e hiperconsumo

El supuesto que aquí se maneja, es que el incremento del consumo privado en el proceso de reproducción del capital social, es la base de la economía de guerra; junto a los subsidios y créditos que posibilitan que los gastos de guerra suponen una reducción de los dos sectores productivos (medios de producción y de vida; sector I y II) de la economía capitalista, en términos materiales y de valor (aunque ello ocurre, ex ante, es decir, constituyen subsidios gubernamentales al margen del proceso de reproducción del capital global de la sociedad).

El que C (II) sea mayor que V+P (I), es el supuesto que indica una lógica en la que, si bien el sector I manda al II, sin embargo se presenta una sobreproducción de medios de consumo y un déficit de medios de producción (véase siguiente cuadro).

 

Explicación del ejemplo numérico

Año I:

El primer paso es reducir en 50 [capital constante (40) y variable (10) del sector I] para aumentar el consumo de los capitalistas del mismo sector; de esta manera, se ajustan las variables para realizar el intercambio de  V+P con C (II), que es de 1500 (siendo 1450 + 50, lo que ocurre en el sector I).

El segundo paso es la deducción del 5% del total del sector I y II, para constituir el sector III (275 en C, y 70 en V; respectivamente).

 

Año II:

La acumulación implica un incremento del consumo improductivo de los capitalistas del sector I (aun con la misma tasa de acumulación), en una magnitud de 5.  Y de esta forma, lograr que V+P (I) pueda intercambiarse en la misma magnitud que II (C). Esto es posible debido a una reducción de medios de producción en el sector uno (4  de capital constante y 1 de capital variable, respectivamente) y un aumento del consumo de éstos por los capitalistas (magnitud que se intercambia con los 5 de más que tiene II sobre V+P (I); (1490/1485) del sector I.

Ese incremento de 5 (que se cubren con el excedente de II sobre I), son medios de producción y de vida (4+1, respectivamente) que se destinan al sector III y que se intercambian por medios de destrucción. De esa forma, el sector III acumula dependiendo de la plusvalía de I y II (y desde luego de los salarios).

Puede agregarse que, una parte de la plusvalía del sector III, sólo se puede realizar mediante la guerra, y ésta le da gran impulso a la economía a través de jugosos contratos a las grandes corporaciones militares, aunque el crecimiento económico se finca en la reproducción ampliada negativa.

El dinero requerido para financiar esta economía proviene de fondos gubernamentales y de créditos (públicos y privados), lo que implica un fondo de reserva y amortización de los capitalistas de I y II. De esa forma, esta economía es fuente de la crisis desde el lado productivo y del financiero; además de que, de las rentas de los capitalistas [P (I)+P (II)], surgen los soportes del consumo a los gastos de guerra, como fuente del funcionamiento de este modelo de acumulación.

Resultado final: tanto el armamentismo como el sobreconsumo determinan los desequilibrios básicos en el proceso de reproducción ampliada del capitalismo contemporáneo y que se expresan en la crisis mundial y en la agudización de la problemática socioambiental.

Aquélla no sólo se explica por los desequilibrios en la reproducción del capital social aquí discutidos sino que  es  resultado  de la reducción de la tasa general de ganancia y de  la crisis financiera mundial.


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Conclusiones generales

En este libro se abordó la vinculación de tres grandes temas teórico-prácticos que marcan la dirección del proceso histórico en curso, el espíritu de nuestra época (zeitgeist): a) La guerra (y por lo tanto el armamentismo); b) El sobreconsumo (como expresión de la sobreproducción de capital); y c) El daño ocasionado a la naturaleza (que va más allá de la mera idea de la crisis ambiental), y en consecuencia el fenómeno del cambio climático que genera una serie de impactos eco-sociales indeseables y en gran medida irreversibles. Todo este entramado constituye un proceso  que afecta al capitalismo contemporáneo y el funcionamiento de sus leyes económicas, y por lo tanto el bienestar de la población (aparte del fenómeno bélico en sí y sus pérdidas inherentes).

Un resultado fundamental de las interacciones entre estos aspectos estudiados, es la transferencia de cuantiosos recursos materiales y humanos de la economía real para darle sustento a la economía de guerra. Esto desde luego erosiona la base de la organización económica y social de la economía mundial y fortalece la toma de decisiones de manera que refuerza el doble monopolio económico y político en la sociedad actual. Teniendo sin embargo un aspecto que puede presentarse como positivo, esto es, el cambio tecnológico incesante, pero se ha logrado ello a través de enormes costos económicos, sociales y ambientales que muy difícilmente deben sostenerse. Lo más grave es que los desequilibrios se pretenden resolver mediante cambios tecnológicos que paradójicamente debilitan material y moralmente a la sociedad al hacer más fuerte y oneroso el gasto armamentista; apareciendo cada día armas más peligrosas y potentes.

El impacto en los ecosistemas planetarios va resultando cada vez más preocupante, empero, esa situación se mantiene gracias al requerido sobre consumo anclado en cambios tecnológicos y en el marco del sometimiento de los movimientos sociales, así como del fortalecimiento exponencial de la cultura de la guerra y la violencia  (enraizadas en la revolución provocada por las nuevas tecnologías de la información y comunicación), cada vez más justificadas por la explosión mundial del fenómeno demográfico y migratorio, proceso que está crecientemente más enfrentado a la necesidad que tienen los países más avanzados de proteger sus fronteras nacionales frente a las poblaciones que huyen de la guerra, el conflicto social y los desastres ambientales, esto como resultado de una globalización que niega el desarrollo local y de los mercados internos de los países en aras del crecimiento de las principales economías, que no obstante se encuentran con bajo desempeño y estancamiento crónico; lo cual refuerza la desigualdad social en el ámbito de nuestras sociedades.

 

Notas:

[1] Elaborado en base al artículo publicado en la Revista Economía, Sociedad y Territorio, núm. 36 (Torres (2013).

[2] “La guerra se desarrolla antes que la paz” (Marx, 1974: 269).

[3]  “Cuanto más violentamente lleve a cabo el militarismo, tanto en el exterior como en el interior, el exterminio de capas no capitalistas, y cuanto más empeore la las condiciones de las capas trabajadoras, la historia diaria de la acumulación de capital en el escenario del mundo se irá transformando más y más en una cadena continuada de catástrofes y convulsiones políticas y sociales que, junto con las catástrofes económicas periódicas en forma de crisis, harán necesaria la rebelión de la clase obrera internacional contra la dominación capitalista,  aun antes de que haya tropezado económicamente con la barrera natural que se ha puesto ella misma” (Luxemburgo, 1966: 363).

[4] “El revolucionario sistema representado por el pueblo entero en armas quedo pronto limitado a un reclutamiento obligatorio (y después de la guerra franco prusiana)…el ejército se ha convertido en finalidad principal del Estado, ha llegado a ser un fin en sí mismo.” (Federico Engels, 1974:162 y 163).

[5] A ello hay que agregar los ciclos Kondratiev, que tienen un fundamento tecnológico.

[6]“Today the ethos of militarism-of conquest, domination and violence- permeates the American economy, political institutions, culture and of course foreign policy” (Boggs, 2004:3-4)

[7] “The United States has become the domain of a virulent militarism in defense of an expanding empire, the dynamic agency of a system of economic, political and military domination without parallel in the human history” (Boggs, 2004: 1).

[8] “While the Pentagon system functions as a stimulus of economic growth, such growth has been increasingly detrimental to the social infrastructure” (Boggs, 2004: 32).

[9]“La crisis del capitalismo financiero mundial como parte del centro del poder político global, en el fondo refleja la necesidad de reformular un nuevo orden económico mundial ante las dificultades del dólar y el fracaso de la “autorregulación de los mercados” (Barrios, 2012:1).

[10] “La guerra, parte de la vida cotidiana de los estadounidenses en la última década”, nota de David Brooks, periódico La Jornada, 8 de septiembre de 2011, p.24.

[11] “Ninguna de las grandes potencias mundiales es capaz de igualar a EU a la hora de desplegar su capacidad militar en la lucha por la protección de las materias primas de vital importancia” (Klare: 2008:45).

[12] Consisten en la sobreexplotación de recursos, agotamiento de las materias primas y generan residuos no degradables, así como la emisión de gases de efecto invernadero (Tobón, 2007).

[13]  “Los Estados Unidos están luchando por extender su dominio sobre la suma total de las cosas, por hacerse dueños íntegros y absolutos de la naturaleza, en todos sus aspectos (…) Ocupar el asiento de Dios, repetir sus hazañas, recrear y organizar un cosmos hecho por el hombre según las leyes humanas de los racional, lo eficiente y lo predecible; éste es el objetivo último de Estados Unidos (…) destruir todo lo primitivo, todo cuanto nace en desordenada profusión, o evoluciona a través de pacientes mutaciones”  Robert Junk, “Tomorrow is already here”, en Kwiatkowska e Issa (1997: 182).

[14] “References to such terms as “globalization”, war, terrorism, and world domination make sense only in the context of the massive resources, technology and armed might of the American superpower” (Boggs, 2004, 1).

[15] “La construcción de pirámides, los terremotos y hasta las guerras pueden servir para aumentar la riqueza, si la educación de nuestros estadistas en los principios de la economía clásica impide que se haga algo mejor” (…) Si la Tesorería  se pusiera a llenar botellas viejas con billetes de banco, los enterrara a profundidad conveniente en minas de carbón abandonadas, que luego cubrieran con escombros de la ciudad, y dejara a la iniciativa privada, de conformidad con los bien experimentados principios del laissez faire, el cuidado de desenterrar nuevamente los billetes (naturalmente obteniendo el derecho de hacerlo por medio de concesiones sobre e suelo donde se encuentran) no se necesitaría que hubiera más desocupación y, con ayuda de las repercusiones, el ingreso real de la comunidad y también  y también su riqueza  de capital probablemente rebasarían  en buena medida su nivel actual. Claro está que sería más sensato construir casas o algo semejante; pero si existen dificultades  políticas y prácticas para realizarlo, e procedimiento anterior sería mejor que no hacer nada” (Keynes, 1966: 129).

[16] La crisis actual es de desinversión productiva.

[17] “La más grave  agresión contra el medio ambiente proviene de una sola agencia: las fuerzas armadas de Estados Unidos. El aparato militar de EU es el principal generador de CO2” (Suárez, 2012).

[18] Desde la perspectiva de K. Marx y como conceptos fundamentales de la reproducción del capital total de la sociedad, distingue el sector uno, aquél que produce medios de producción, del sector dos, el cual produce medios de vida. Nada que ver con la clasificación de sector primario (minero y agropecuario), secundario (industrial) y terciario (servicios) que se refiere a los sectores de la economía desde el punto de vista de sus funciones físicas (obtención de la materia prima, su transformación y su consumo).

[19] En EUA alcanza alrededor del el 4.7 % del PIB  de 2007-2011(SIPRI, 2011).

[20] “Los productos de “lujo” que no se emplean ni como instrumentos de producción, ni como artículos de subsistencia, en la producción de otro, no son parte determinante del sistema” (Sraffa, 1966: 81).

[21]  “En términos absolutos crece el consumo de los obreros y de los capitalistas” (Tarbuck, 1975:20).

[22] “En la mayoría de los productos bélicos, el Estado como principal comprador, toma la iniciativa principal y las especificaciones corresponden al empleo que se desea hacer del producto, y el volumen de producción, los métodos y todo lo demás son consecuencias del mismo. En realidad es más adecuado concebir al sector de la industria bélica como logística económica que en función de la producción para el mercado” (…); “La innovación es importante. Pero apenas se puede afirmar que sea autónoma” (Kidron, 1971: 42 y  68).

[23]“No se trata aquí de reproducción ampliada, ni siquiera de reproducción simple; tenemos una subproducción creciente. Tal proceso se puede designar como reproducción negativa ampliada. Además,  la reproducción negativa ampliada avanza paralelamente a la acumulación de valores-papel” (Bujarin, 1974: 27). Igualmente: “Gran parte del producto anual que se consume como rédito y ya no ingresa al proceso productivo en calidad de medios de producción está compuesto por los productos más nefastos, que  satisfacen las pasiones, caprichos, etc., más deplorables. Este punto es de todo punto indiferente para la determinación del capital productivo, aunque naturalmente, al desarrollo de la riqueza se le aplicaría un freno si una parte desproporcionada se reprodujera de esta suerte, en lugar de convertirse nuevamente en medios de producción y de subsistencia que vuelven a entrar en la reproducción ora de mercancías ora de la capacidad laboral misma, en pocas palabras, en vez de consumirse productivamente” (Marx, 1976: 85).

[24] El nominalismo es una corriente filosófica que sustituye las cosas  por su nombre (Gambra, 1973)

[25] “El militarismo es también, en lo puramente económico, para el capital, un medio de primer orden para la realización de la plusvalía, esto es, un campo de acumulación”, Luxemburgo, (1966: 352). “Fue Rosa Luxemburgo quien primero vio la posibilidad de la producción bélica para la realización de la plusvalía y la absorción del capital excedente” (Tarbuck, 1975: 235).

[26]  Es decir una contradictio in adjecto (que a mayor acumulación menor consumo, el cual se deduce para aumentar el fondo de acumulación). La crítica de Luxemburgo a Marx se resume en: “Si se completa así el esquema, resultará que, incluso con este método de acumulación, habrá de surgir, cada año, un déficit creciente de medios de producción y un sobrante creciente de medios de consumo” (Luxemburgo, 1966: 257).

[27] “En la base existe un exceso inmanente (y permanente) del valor producido sobre el poder de compra creado por la misma producción “, Emmanuel (1978:99).

[28] “El supuesto: la relativa limitación progresiva de los capitalistas del sector I, debiera complementarse con otro supuesto: relativo aumento productivo del sector privado de los capitalistas del sector II.” Rosa Luxemburgo (1966: 259). Sin embargo, creía finalmente en el subconsumo: “el desplazamiento de una parte del poder de compra de la clase obrera al Estado, significa que la participación de la clase obrera en el consumo de las subsistencias, ha decrecido en la misma proporción” (1966: 355).

[29] “Hemos visto que cuanto mayor sea la propensión marginal a consumir, mayor será el multiplicador” (Keynes, 1958: 125).

[30] “Los trabajadores gastan lo que reciben y los capitalistas reciben lo que gastan.” (Kalecki en Robinson, 1975: 134).

[31] Sobre la “aristocracia obrera”, véase a Lenin en sus textos sobre el imperialismo; Asimismo, a Arghiri Emmanuel , Samir Amin, Christian Palloix y Charles Bettelheim en su discusión sobre el intercambio desigual (1971).

[32] El consumo visto como una pulsión del animal humano que conduce a la quiebra de las personas y del sistema económico; y fomenta la guerra de todos contra todos.

[33] Aparte de su impacto en la generación de gases de efecto invernadero y en el calentamiento global.

[34] Véase la crítica a Tugan-Baranowski  (Luxemburgo, 1966; Sweezy, 1972: 191); asimismo, “La contradicción interna trata de compensarse  por expansión del campo externo de la producción. Pero cuanto más se desarrolla la fuerza productiva, tanto más entra en conflicto con  a estrecha base en la cual se fundan las relaciones de consumo. Sobre esta base plena de contradicciones no es en modo alguno una contradicción el que el exceso de  capital esté ligado a un creciente exceso de población; pues aunque combinando ambos aumentaría el volumen del plusvalor producido, también aumentaría con ello la contradicción entre las condiciones  en las cuales se produce ese plusvalor, y las condiciones en las cuales se lo realiza” (Marx 5, 1985:314).

[35] Esta fórmula expresa las proporciones de intercambio de medios de producción por medios de vida y a la inversa, ello después de haberse realizado al interior la parte  producida en cada respectivo sector; esto es, el capital constante en el sector I, y el capital variable y la plusvalía, en el sector dos.

[36] “Resulta evidente que la prolongada prosperidad de EUA se ha visto favorecida hasta ahora…por la transferencia de fondos y por el persistente incremento neto del crédito al consumo” (…).

“En otras palabras, cuanto más gasta el Estado su dinero en objetos inútiles, en sentido de que no contribuyen al proceso de reproducción, tanto mejor se encuentra la economía capitalista que sufre las dolorosas consecuencias de falta de “contrapesos al ahorro” (p. 39). Sin embargo, El consumo personal bajo del  75 al 65 % de 1937-39 a 1954-56.” (Tsuru, 1970: 38 y 30).

[37] Para algunos más bien se trata de un conjunto de Estados Continentales (Barrios, 2012).

[38] Aunque en Keynes y Kalecki aumenta en un caso el ingreso y el empleo, y en el otro las ganancias, coinciden Marx y Keynes en este punto al destacar la preponderancia de la inversión sobre el consumo (Mattick, 1976).

[39] De ahí que sea necesario distinguir las industrias militares de toda una economía de guerra que tiene un impulso interno (las ligas con industrias no directamente militares y que abastecen de materias primas,  maquinaria y equipo; así como la difusión de la tecnología desde el sector militar) y con el externo, mediante las guerras.

[40] El consumo obrero puede subir pero siempre bajo la lógica de financiar la acumulación bélica con el capital variable de los dos sectores.

[41] La austeridad completa el cuadro de saqueo al pueblo como solución a la crisis actual.

[42] “(…) the war economy, as part of  its very logic, reproduces material decay, inequality and social disruption at the very moment it helps sustain a technologically advanced industrial order” (Boggs, 2004: 32).

[43]“La crisis de dinero, como una fase especial de toda crisis general de producción y de comercio, no debe confundirse, indudablemente, con esa modalidad especial de crisis a que se da también el nombre de crisis de dinero, pero que puede producirse también de un modo independiente, influyendo luego de rechazo sobre la industria y el comercio. Son estas crisis que tienen como centro de gravedad el capital-dinero y que, por tanto, se mueven directamente dentro de la órbita de los bancos, de la Bolsa y de la finanza.”  (Marx I, 1971:95).

[44] El sobreconsumo se fundamenta tanto en relación con el desequilibrio entre los dos subsectores del sector dos, como con el existente entre el uno y el dos; en el último caso implica un cierto beneficio para la clase obrera y en el primero al principio sólo mayor consumo de los capitalista, ya que no hay que olvidar que el consumo desmedido de medios de vida necesarios expresados en el salario es producto  de una realidad multideterminada, y verificada a través de la costumbre. Pero estas se adaptan al ciclo; por lo tanto, la prosperidad relativa de los trabajadores es la causa de toda crisis sistémica. La causa que reduce su explicación  a la sobreproducción, olvida que ésta es consecuencia de la sobreacumulación (que puede manifestarse como sobre consumo o como sobreproducción de capital) lo que ello incluye desde luego la sub-producción en el sector uno. Además la sobreproducción, es desde luego ahora una consecuencia de la naturaleza de la nueva crisis que se caracteriza porque el déficit del sector dos en relación al uno se ha trasformado en superávit; lo que es compatible con más gastos militares.

[45] Este es el error de Rosa Luxemburgo y Lenin. La primera por sobrevalorar la realización de la plusvalía, y el segundo por subestimarla.

[46] Los supuestos son: a) las mercancías se venden tendencialmente por su valor (a excepción del sector militar que vende siempre a precios de monopolio; b) el dinero en circulación es suficiente (incluyendo subsidios); c) el desgaste es igual a la reposición del capital fijo: d) tasa de plusvalía del cien por ciento; e) composición orgánica del capital constante; f) tasa de acumulación ligeramente a favor del consumo improductivo; g) el estado interviene a favor de la guerra mediante empréstitos y contratos con el sector privado; h) se cuenta con apoyo de la población y una cultura ad hoc.

[47] El problema de la realización de la plusvalía se ahonda,  problema que es inmanente en el capitalismo: ”El plustrabajo no se realiza totalmente, aunque más no sea porque con el constante cambio de magnitud del trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía dada, que se origina con el constante cambio de la fuerza productiva del trabajo, una parte de las mercancías ha de ser producida siempre en condiciones anormales, y vendida por debajo de su precio individual” (Marx 8, 1985: 1060.

 

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Cómo citar este artículo:

TORRES CARRAL, Guillermo, (2017) “Capitalismo, guerra y sobreconsumo (II)”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 34, enero-marzo, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 17 de Julio de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1583&catid=14

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