Miércoles 22 de Febrero de 2012

Editorial

Guerras fratricidas y aventuras neocoloniales en América Latina

as guerras fratricidas y las aventuras neocoloniales han estado a la orden del día en la historia contemporánea de América Latina. En cuanto a las primeras, los a veces difusos e imprecisos límites de las repúblicas latinoamericanas heredados del pasado colonial alimentaron conflictos limítrofes en la región, cuya detonación, en la mayoría de los casos, terminó expresando motivaciones sociales, económicas y políticas mucho más complejas. Sin duda el caso paradigmático en el siglo XX ha sido la desdichada guerra del Chaco, librada por Bolivia y Paraguay entre 1932 y 1935, que produjo terribles sufrimientos a dos pueblos hermanos. Este olvidado episodio de la historia sudamericana fue a posteriori resignificado en la memoria colectiva, e integrado en ambos países al discurso de la construcción de una nueva nacionalidad, pero su carácter fratricida no puede ser olvidado.

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El exilio en América Latina, nuevos casos y problemas

l exilio fue y es una realidad latinoamericana constante. Ha sido y es la experiencia de grandes figuras célebres de la región y también de miles y miles de desplazados desconocidos para la Historia con mayúsculas. De la misma manera, se ha manifestado como un instrumento de control político usado por gobiernos autoritarios para expulsar o forzar la salida de la disidencia política y de las voces críticas. Como instrumento político y como experiencia humana, el exilio ha atravesado la historia latinoamericana de los últimos dos siglos.

Sin embargo, la preocupación de las ciencias sociales por el tema es relativamente reciente. Si en Europa la preocupación por los exilios antifascista y republicano español lleva larga data, en América Latina, la investigación y la reflexión profesional sobre el tema han tenido un fuerte impulso al calor de los fenómenos de desplazamiento producidos por la última ola de dictaduras militares de los años 70 y 80 en el sur de la región. La envergadura de esos exilios, las marcas que han dejado en algunos países de acogida y las transformaciones políticas que aportaron a los procesos de democratización e inclusión de los derechos humanos en las agendas latinoamericanas han terminado por dar visibilidad política e intelectual a esas experiencias. En varios países ello ha sido también el resultado de luchas políticas y memoriales contra el silenciamiento de esas experiencias. En otros países donde la experiencia del exilio fue menos negada y menos vista como ilegítima –por ejemplo Brasil- los silencios han sido menores. En otros casos, como Bolivia, Perú o Paraguay, la profundidad del fenómeno y las preguntas sobre él están aún por plantearse; en algunos de esos países pareciera que los exilios son más conocidos por grandes hombres e intelectuales que por la experiencia de contingentes más amplios igualmente afectados y que remiten a experiencias de exilio que atraviesan buena parte del siglo XX.

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La claridad no es un señuelo: tengamos confianza “en el cauce, jamás en la corriente”

a ironía y el humor ofrecen un cuadro sin desperdicio de la crisis de las relaciones interamericanas en el escenario global. Oscar Ugarteche, prestigiado analista de la crisis hegemónica del capitalismo, en magistral síntesis, afirma: “Se decía de Estados Unidos que si le daba un estornudo, al mundo le daba pulmonía. La verdad es que la pulmonía de Estados Unidos le dio unos estornudos a América del Sur, agripó a la Cuenca del Caribe y, tras un breve dolor de cabeza, dejó a Asia intacta. En cambio, a las economías más maduras y articuladas entre sí les transmitió la pulmonía en pleno, primero al sistema financiero, luego al productivo y, tras los ajustes, al consumo y al gasto público.”

En el escenario latinoamericano, la crisis fue amenguada por el señuelo de su crecimiento en democracia, generando malestar en las capas medias y sectores subalternos por sus costos y orientaciones. Se tiene la certeza de que los servicios educativos y culturales -también los de salud– se mantienen a la baja y que las instituciones que cautelan la llamada “seguridad democrática” y la administración de justicia, siguen siendo represivos, corruptos e injustos. Los gobiernos de la mayoría de nuestros países, han incluido la educación y la cultura en sus agendas en función de los intereses corporativos y mercantiles. La precarización de la educación pública y del patrimonio cultural, continúan generando desigualdad y descontento, al igual que los celebrados sistemas de seguridad y control social que tienden a criminalizar a jóvenes, indígenas y movimientos sociales.

Un renacimiento del movimiento estudiantil e intelectual emerge en algunos de nuestros países, consciente de los agravios gubernamentales, a tal punto que amplios sectores de la sociedad civil les han brindado su adhesión y solidaridad. Los estudiantes chilenos han salido a las calles para rechazar las medidas del gobierno de Piñera que incentivan el lucro y la desigualdad educativa, y demandan, en palabras de Camila Vallejo, su dirigente: “mayor aumento del gasto social para la educación pública, una reestructuración integral del sistema de becas y ayudas estudiantiles y una mayor democratización de las instituciones tanto en su acceso como en su funcionamiento para considerar la participación de estudiantes y funcionarios". En México, muchos intelectuales y estudiantes, más allá de los medios académicos, han hecho suya la frase de orden del “Ya no más sangre”, y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha salido a las calles protestando contra la guerra del gobierno. Su líder, Javier de Sicilia, ha dicho : La guerra contra el narcotráfico es una manifestación de políticas y acuerdos internacionales que sitúan a México como el campo de batalla donde a los pobres de este país y Centroamérica les toca pagar una alta cuota de vidas humanas para que las drogas lleguen a su destino y consoliden grandes negocios. Frente a este escenario el Estado ha optado por una estrategia militar para enfrentar al crimen organizado y la protesta social privilegiando un proceso de militarización intensivo y extensivo de la seguridad pública no sólo por el amplio despliegue de las fuerzas militares en territorio nacional sino también por la creciente presencia de los mandos castrenses en la dirección de la policía civil.

Se puede discutir la conducción del movimiento, no su expresión del hartazgo popular. Los intelectuales y estudiantes ya saben que –al igual que otros sectores–, no son inmunes a los excesos de militares y sicarios, tampoco sus familias ni las Universidades. La generación ni-ni –ni estudian y ni trabajan– sigue siendo la principal víctima de la violencia ejercida por los poderes fácticos en México.

El crimen organizado no es ajeno al curso de las contiendas electorales en el hemisferio. La derrota presidencial de la mafia fujimorista por estrecho margen electoral, en un país en que el cartel de Sinaloa controla el 70 por ciento de la producción de cocaína, es una noticia alentadora, aunque se tengan que librar en el corto plazo, nuevas lides parlamentarias y extraparlamentarias. Ollanta Humala se inscribe, a pesar de sus vacilaciones y debilidades, en la corriente populista de Chávez, Lula, Morales, Correa, Mujica y Lugo. Las poblaciones regionales que le dieron su voto, le demandarán el cumplimiento de las promesas electorales de combatir la corrupción y la impunidad, mejorar los salarios e incrementar el gasto público en los servicios educativos, de salud y atención a sectores secularmente excluidos.

Otras sombras y luces son signadas por las iniciativas y los proyectos geopolíticos. A Los Estados Unidos le afecta más la emergencia de otras redes y espacios multilaterales (MERCOSUR, ALBA, UNASUR), preocupándole más que la llamada Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), la cual desfallece coyunturalmente. La crisis económica y política que agobia tanto a España y Portugal, en vísperas de la realización de su XXI cumbre en la capital del Paraguay, dará pobres resultados. En cambio, la postergación del evento constitutivo de la CELAC, considerando las adhesiones recibidas, sigue siendo viable y prometedora.

La Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) bajo su ideario fascista y neoliberal se ha movilizado a destiempo para minar el camino de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que ha puesto en cuestión la legitimidad y la existencia de la OEA. El “Bloque” del Pacífico, con la finalización del mandato de Alan García, ya no tendrá un aliado seguro en el Perú para apuntalar los intereses norteamericanos de sus respectivos TLC. La reciente adhesión de Costa Rica no altera el balance negativo sobre el futuro del “Bloque”. El “Bloque” ha obviado que en la cuenca del Pacífico, la correlación de fuerzas se inclina hacia Asia, en particular hacia China. En el Pacífico, se cultivan las principales contradicciones y antagonismos del mundo multipolar. Asistimos a una enconada disputa extractiva, comercial, naviera, portuaria e isleña: los recursos biodiversos, combustibles, minerales raros (samario, tulio, erbio, cerio, itrio, lantano, europio y neodimio).

La principal potencia del Norte, a pesar de los reveses sufridos, no escatima esfuerzos por recuperar su presencia en la región, vía la USAID y sus programas que articulan significativas mallas de ONGs dedicadas a la educación política, derechos humanos y reproductivos, seguridad y desarrollo sustentable. En México, la organización Vital Voices Global Partnership, fundada por Hillary Clinton, ha convocado a la construcción de la Red de Mujeres Empresarias de América Latina y el Caribe. Mucho más alarmante es la injerencia creciente de Visión Mundial, la mayor ONG global fundada en 1950 para cumplir un papel activo en el curso de la Guerra Fría. Su Oficina Regional para América Latina y el Caribe ha participado en la 41° Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), dedicada a temas de seguridad continental. Felizmente, la sociedad civil de Nuestra América no puede ser reducida a la suma de sus ONG’s, cualesquiera sean sus signos y posicionamientos. Tal como señalaría el poeta César Vallejo, tengamos confianza “en el anteojo, no en el ojo /en la escalera, nunca en el peldaño, […] en el cauce, jamás en la corriente…”

 

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Nuestra América-mundo y el átomo desbocado

n el curso de la Guerra Fría connotados intelectuales y artistas dejaron en sus obras huellas indelebles del ingreso del átomo en el imaginario social: David Alfaro Siqueiros, el muralista mexicano, representó la faz apocalíptica de la bomba atómica sin renunciar al principio-esperanza de un mundo mejor; el escritor uruguayo Mario Benedetti frente al “horror horroroso” que representaba, de sólo pensar en él,-escribía- “se me cae el lápiz de la mano”; el poeta chileno Pablo Neruda, sin dejar de llamar al rostro mortífero del átomo “diabólico fuego”, “espada del infierno”, mostró entusiasmo sobre su presunta antítesis, la de sus usos benéficos:

“Oh chispa loca, /Vuelve a tu mortaja, /Entiérrate en tus manos minerales, /vuelve a ser piedra ciega, /desoye a los bandidos, /colabora tú, /con la vida, /con la agricultura, /suplanta los motores, /eleva la energía, /fecunda los planetas.”

La firma del Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares en América Latina en Tlatelolco (1967), a pesar de las reservas del Brasil y de la renuencia de Cuba, pareció exorcizar el único fantasma de la energía nuclear y anunciar las bondades de los usos pacíficos en la región. Bajo su amparo, los reactores nucleares entraron en funcionamiento en Brasil, Argentina y México representando el 3.1 por ciento del consumo de energía continental y se preparaban para duplicarlo en el curso de la próxima década. Preocupan: la vida útil de los reactores, la incapacidad de eliminar los desechos tóxicos, los actuales niveles de seguridad. Los riesgos nucleares de nuestro tiempo exigen otro tratado continental.

Un nuevo horizonte de sentido y configuración simbólica se  afirma frente al átomo en tiempos de la crisis civilizatoria en desarrollo que nos toca vivir. Hemos comprendido que las catástrofes naturales no están desvinculadas del quehacer de los seres humanos, sea porque ellas nos revelan las carencias propias de los proyectos, programas e instituciones de prevención y emergencia gubernamentales o privados, sea porque las prácticas corporativas o estatales han incidido  negativamente con sus obras en su precipitación o agravamiento.

A un año de que se cumplan cuatro décadas de la crisis de los misiles con ojivas nucleares en Cuba bajo la amenaza de una mortífera Tercera Guerra Mundial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, se han reactualizado en nuestra región otros riesgos y fantasmas de la cuestión nuclear. En esta ocasión, los usos pacíficos de la energía atómica nos han suscitado consternación y alarma de manera parecida a los que se viven en otros continentes. Las certidumbres de las entidades gubernamentales y científicas en Brasil, Argentina y México acerca del futuro promisorio de los reactores nucleares como vía alternativa frente al encarecimiento de los hidrocarburos y su inevitable agotamiento, se han colapsado.

La catástrofe acaecida en los reactores de la planta nuclear de Fukushima en Japón a cargo de la empresa  privada TEPCO y su impacto en la atmósfera y en las aguas de Océano Pacífico, así como en la vida misma merecen ser evaluados. TEPCO en su gestión, según la agencia Reuters, incurrió en  prácticas de adulteración en sus informes acerca de los niveles de seguridad de sus reactores en más de una ocasión por lo que no se puede escudar en un evento natural, su propia manera de encarar la crisis de su planta ha sido cuestionada. No nos extraña, la British Petroleum, nos ha dejado un legado inolvidable, la contaminación del Caribe (Golfo de México) y su controvertida gestión frente a la crisis.

En América Latina, debemos investigar y discutir con seriedad, la gestión y carácter de las empresas estatales y privadas, unas y otras no son ajenas a las prácticas de corrupción y de irresponsable impacto ambiental y social. La elección de un  proyecto de futuro deseable de América Latina no puede quedar constreñida a lo que le ofertan neoliberales y neopopulistas. Soltemos a la imaginación, liberémosla de las jaulas de dos modelos precarios.

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Si el Mundo es ancho y ajeno. Hagámoslo nuestro

ngresamos al año 2011 con serias preocupaciones sobre el curso de los procesos de rebelión y protesta popular en los países con significativa presencia islámica. Egipto y Túnez son dos botones de un pliego mayor: el eventual cuestionamiento sobre el injerencismo de Estados Unidos en el Medio Oriente. Venezuela e Irán se espejean mutuamente. Israel incrementa sus presiones no sólo en los procesos de su entorno inmediato, sino también en América Latina, al ser conocedor de que Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador han reconocido al Estado Palestino, dejando abierta la posibilidad de que otros países sigan el mismo derrotero.

El Medio Oriente es una zona geoestratégica de primer orden en la estabilidad planetaria, por sus vías interoceánicas y sus recursos energéticos. Es rica en bienes culturales y sitios arqueológicos de primer rango. Mientras los fantasmas neocoloniales de la destrucción y el saqueo de los museos iraquíes  han sido evocados con inquietud, tras los intentos culturales depredatorios en Egipto, en América Latina, la privatización del patrimonio cultural --en clave neoliberal-- sigue avanzando.

La unidad del mundo aproxima a las regiones distantes mucho más que en otros tiempos. No es accidental que Obama haya reclamado al gobierno de Lugo, en nombre de los intereses norteamericanos, investigue la presencia de terroristas islámicos en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, velando sus reales intereses geoestratégicos en torno al agua.

El líquido elemento calienta tanto el panorama mundial como el combustible,  convergiendo en la redefinición geopolítica de los corredores biocéanicos. Como consecuencia del cambio climático, originado fundamentalmente por las industrias de los países desarrollados y ricos, se está agudizando un déficit de agua dulce y de alimentos incompatible con el crecimiento de la población mundial. Las movilizaciones ciudadanas por el agua en Bolivia en 2001 frenaron una iniciativa del Banco Mundial que favorecía a la transnacional Bechtel, mientras que en el Uruguay, las movilizaciones y  la reforma constitucional lograron revertir la maniobra del FMI de privatizar el agua. En el continente casi un diez por ciento de la población carece de acceso a una fuente de agua potable mejorada.

La corrupción en las altas esferas políticas, el narcotráfico y el crimen organizado se van incrementando en América Latina. Las elites gobernantes no solo hacen muy poco por controlarlo, sino que más bien son responsables de su expansión, al formar parte del mismo en muchas de sus ramificaciones. Son cómplices de la construcción política y mediática del miedo y de la expansión del mercado de la seguridad. La clase política gobernante se ha visto desnudada por la información del banco de datos del WikiLeaks --que ha ventilado Julian Paul Assange-- demostrando palmariamente que las redes del poder global tienen sello neocolonial.

Que la celebración del centenario del nacimiento de José María Arguedas, antropólogo y escritor latinoamericano propicie reflexión y esperanza en que los nuevos tiempos están por llegar.

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Pensar es servir: El caminar de la palabra

os puntos más álgidos de la problemática continental en la agenda actual no han merecido la debida atención de parte de nuestra intelectualidad crítica y solidaria.  La recolonización de Haití no puede ser disociada de otros signos alarmantes. La política exterior del Brasil deja mucho que desear: participa de la ocupación militar y de la controvertida convocatoria electoral, que deja fuera una amnistía política y el retorno de sus exiliados. Sin lugar a dudas, vivimos un tiempo en que la soberanía nacional se ha vuelto una gastada figura retórica  en las palabras de las élites dirigentes de varios países de la región. En la actual coyuntura hemos desatendido el debate sobre el curso de la crisis como si ésta hubiese sido plenamente exorcizada y solo tuviese ribetes económicos. En este concierto, vemos con preocupación que el FMI acaba de recuperar su presencia injerencista en la Argentina, mientras que el Brasil y México han incrementado sus cuotas al FMI para acoplarse mejor a su nuevo dictado, pasando a ocupar las posiciones 10 y 14 respectivamente, gracias al espacio dejado por la Unión Europea. Por otro lado, se acentúa el proceso de consolidación de una decena de bases militares norteamericanas en países de la región bajo la complicidad de los partidos en el gobierno. En el campo militar el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad sigue entrenando a nuestros militares en tópicos que son lesivos para los derechos humanos, la soberanía de los pueblos y sus accidentados y precarios procesos de democratización. La añeja Escuela de las Américas ha cambiado de nombre y actualizado su función neocolonial.

Los gobiernos de centro izquierda han resentido algunas sensibles bajas, evidenciando un giro hacia la derecha. En esa dirección se viene configurando un polo de asociaciones múltiples entre la vieja y nueva derecha regional en el poder (Chile, Colombia, Honduras, México, Perú) para apoyar a sus afines en países vecinos. Coadyuva a lo anterior, el cónclave del 18 de noviembre auspiciado por la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que convocó a una de las principales redes de la ultraderecha continental en aras de concertar medidas desestabilizadoras. Pero, sería un error, sólo proyectar la mirada sobre las relaciones interamericanas, los sectores neoconservadores europeos y asiáticos están también muy activos en la región, mucho más de lo que el sentido común sugiere. Las redes neoconservadoras se han globalizado tanto como los intereses del capital transnacional.

La intelectualidad crítica, advierte que el desencuentro entre la intelectualidad y los movimientos sociales ha persistido a lo largo del 2010. Por su lado, los agrupamientos políticos de izquierda como los movimientos sociales escindidos entre sí, han sido relevados, o frenados parcialmente por la marea onegeneísta. Sin embargo, se atisban algunos indicios de rectificación para 2011. Ningún camino queda clausurado. La historia sigue abierta.

El colectivo que ahora impulsa el desarrollo de la Pacarina del Sur ha redoblado sus esfuerzos para ir cubriendo gradualmente diversas problemáticas y urgencias de manera multidisciplinaria, entre urdimbres nacionales y continentales. La respuesta no se ha hecho esperar, nuestra comunidad de lectores ha crecido y sigue creciendo. Los mensajes que nos han remitido, todos, sin excepción,  convergen en reconocerle a la Pacarina del Sur la solvencia académica de su discurso; pero, sobre todo, su afirmación como un espacio cultural apropiado para la expresión del pensamiento crítico latinoamericano. Lo anterior, nos anima a persistir y seguir abriendo brecha, aspirando a lo que los Nasa - grupo étnico colombiano- llaman hacer “caminar la palabra”.

Un pensamiento crítico en su pluralidad no acepta la “naturalización” de la realidad contemporánea, la cuestiona teniendo como centro sus controversiales  e injustos impactos en la sociedad. Sin embargo, el lenguaje de los intelectuales utilizado para desbrozar críticamente la realidad, se ha vuelto cada día más hermético para los demás sectores de la sociedad. ¿Podemos revertir este aislamiento que no es sólo comunicacional de cara al siglo XXI? Y de fondo, responder a una pregunta ineludible enlazada a la anterior: pensamiento crítico latinoamericano ¿para qué? José Martí defendió la tesis de que pensar es servir a nuestros pueblos. Los debates de los años sesenta del siglo pasado,  dejaron por lo menos claridad sobre un punto: popularizar las ideas, las obras de arte, los conocimientos científicos, no suponen ni su vulgarización ni su caricaturización, sino la de contribuir en el desarrollo de la conciencia latinoamericana que tiene como aspiración suprema participar en la gesta histórica inconclusa: la liberación de nuestros pueblos.

Somos conscientes de que nos quedan muchos desafíos por atender, muchas tareas intelectuales por realizar y más de un proceso de rectificación del pensamiento crítico. Por todo ello, lo que convocamos a nuestros lectores y adherentes a sumarse a este emprendimiento que se reclama plural, pertinente y de plena actualidad.

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Segunda época

a Pacarina del Sur, con este nuevo número, cierra una etapa e inicia otra. La edición será trimestral y asume a partir de ahora, una gestión colectiva, acreditada por un reconocido y prestigiado consejo consultivo y un consejo editorial, ambos muy comprometidos con la problemática regional, su memoria y su futuro deseable. En concordancia con nuestra primera declaración, ratificamos nuestra adhesión a los cauces del pensamiento crítico comprometido con las causas justas en este continente, sin desobligarnos de las que demandan los pueblos en el escenario mundial.

A lo largo de este recorrido fundacional, nuestra revista, gracias a la entusiasta participación de sus colaboradores y lectores, se ha ganado un lugar en el espacio virtual. Las consultas abarcan casi 70 países y su número crece día a día. Va nuestro agradecimiento a todos los que han depositado su confianza o expectativas en este proyecto que ha probado ser viable y congruente.

América Latina vive los fastos del bicentenario de la Independencia en algunos países de la región, dando inicio a un ciclo conmemorativo que se proyectará hasta el 9 de diciembre de 2024, que conmemora la victoriosa batalla bolivariana que dio por concluida la dominación hispano-colonial, salvo en las Antillas. Reveses neoconservadores en Chile y en Honduras deberían preocuparnos, tanto como lo que sucede en Haití, no sólo por los costos diversos en la economía, la sociedad, la política y la cultura que han generado los embates de la naturaleza y el proyecto de ocupación militar, con la complicidad de la mayoría de nuestros países. El primer país en obtener su Independencia y ser solidario con los procesos de otros países de la región, a doscientos años, merece más atención de nuestra intelectualidad, de nuestros sectores democráticos. Menos silencios cómplices, menos distracciones-coartadas.

El próximo número, el cinco, estará en línea a finales de este accidentado año de 2010, que todavía dará que hablar. En su conjunto, las celebraciones oficiales dejan mucho que desear, se siguen escamoteando las grandes urgencias nacionales. Las juventudes de las capas medias y de otros sectores populares han sido despojadas de horizonte de futuro, de trabajo, de calidad de vida; vaya legado republicano. Persistimos en continuar por la senda urbanocéntrica, es decir, de la modelación de monstruópolis no sustentables, autoritarias, racistas e inequitativas, mientras que en el campo se renuncia a la soberanía alimentaria y a la defensa de la biodiversidad, a favor del impulso irresponsable a la difusión de los transgénicos, así como al despojo de los bienes comunitarios y la expulsión de las poblaciones originarias. Se borronea la memoria de los agravios a los pueblos amerindios para continuar con más de lo mismo en México, Chile y Argentina, haciendo profilaxis autoritaria y neoliberal análoga la que viene siendo cumplida en Paraguay, Colombia, Perú, Guatemala y otros países. Las poblaciones afroamericanas no son ajenas a agravios parecidos. Y la mayoría mestiza, la que coloreó a las clases subalternas, ya no se contenta con las retóricas de la mestizofilia nacional, anda urgida de otras propuestas de país y continente diverso, libertario y justo.

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Convocatoria

54 Congreso Internacional de Americanistas

Simposio 789: El movimiento internacional comunista y la izquierda latinoamericana: los partidarios, los aliados y los adversarios. El enfoque critico desde el siglo XXI. Construyendo diálogos en las Américas

Viena, Austria, 15 al 20 de julio de 2012

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Convocatoria

Simposio Estigmas y demonios de las izquierdas en América Latina:

Herejes, expulsos, espías y disidentes

La historia de las izquierdas presenta una problemática insuficientemente investigada y poco debatida, la de sus figuras indeseables, aquellas que fueron objeto de los estigmas propios de sus subculturas políticas, llámense anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas o guerrilleros. Esta omisión contrasta con las investigaciones realizadas sobre los procesos de estigmatización promovidos por los grupos de poder.

Universidad de Santiago de Chile, 7-10 de enero de 2013

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