Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Sebastián Salazar Bondy: el discurso desmitificador y modernizador de Lima la horrible (Homenaje al 480° aniversario de la fundación española de Lima)

Sebastián Salazar Bondy: the demystifying and modernizing discourse of Lima la horrible (Tribute to the 480th anniversary of the Spanish founding of Lima)

Sebastián Salazar Bondy: a desmistificação e modernização discurso de Lima la horrible (Homenagem aos 480 anos da fundação espanhola de Lima)

Rafael Ojeda [1]

Recibido: 04-11-2014 Aprobado: 23-11-2014

 

Lima: la ciudad del curaca, la ciudad de los reyes y la horrible ciudad 

Lima, la ciudad capital del Perú, cercana a cumplir su quinto centenario, cumple 480 años, y, desde el día de su fundación sobre los dominios del curaca del Rímac, Tauri Chusco, un lunes 18 de enero de 1535, ha experimentado una serie de dramáticos y substanciales cambios. Evolución que la ha llevado desde esa añeja y áurea imagen de “Arcadia colonial”, hasta presentarse como un conglomerado de estilos arquitectónicos y diseños urbanos provenientes de períodos históricos, escuelas y niveles socioeconómicos-culturales diversos, que al confluir en un mismo territorio ―el de la ciudad principal del Perú―, han ido determinando esa imagen contemporánea de metrópoli policéntrica, fragmentada, multicultural, informal y posmoderna que actualmente la caracteriza; con algunos matices globales en sus estructuras técnicas y financieras, pero también con extensos conglomerados urbanos premodernos y precarios caracterizados por el estilo de las poblaciones indigentes, en sus márgenes.



Imagen 1. Autor de la infografía: Rafael Moreno Yupanqui

De ahí que, las distintas pretensiones de recorrer la capital del Perú y los laberintos históricos de sus representaciones, han ido despertando históricamente, sentimientos encontrados; pues, en poco más de medio siglo, la aclamada “Ciudad jardín”, de entornos art Nouveau, de idílicos parques y jardines, característicos a nuestra república ―aunque desde sus inicios Fray Reginaldo de Lizárraga, había dicho que “no parece ciudad, sino un bosque, por las muchas huertas que la cercaban” (Miro Quesada 1994, 31)―, perdió definitivamente esa áurea imagen de “Arcadia colonial”, con la que cientos de viajeros europeos la habían representado, y que Bertolt Brecht refirió tardíamente como Lima la dorada para convertirse en Lima la horrible, de Sebastián Salazar Bondy. Una ciudad tradicional añorada aún con nostalgia por la sensibilidad criollo-tradicionalista de nuestros días.



Imagen 2. Francisco Pizarro fundando la ciudad de Lima en Perú. Óleo de Francisco González Gamarra

 

Las ciudades como realidades simbólico-discursivas

A parte de ser realidad geográfica localizable, como realidad urbana, estética y social concreta, las ciudades poseen una dimensión no concreta, una dimensión inmaterial que nos hace entenderlas también como realidades simbólico-discursivas, desde fenómenos identitarios, cuyas características tienden a perennizarse a partir de los mitos, leyendas, tradiciones y el conjunto de representaciones que, de alguna manera legitiman los juegos de poder y las asimetrías sociales, presentes en la ciudad, en su condición de entidad jerárquica y política. De ahí que las ciudades y todo su prestigio no solo son realidades localizables en un espacio físico determinado, sino también en espacios simbólicos, semantizados y resemantizados con el paso de los años y los tránsitos históricos. A partir de multiples cambios sociales, que han determinado la radical transformación de los discursos hegemónicos que habían solido sostenerlas, dándoles el carácter distintivo y la reputación histórica que poseen, al legitimar una narrativa ideológica, impuesta como “historia oficial”, y cuyo espacio simbólico ha sido llenado y sustentado por toda la literatura producida en torno a ella.

Con literatura, me refiero aquí a todas las representaciones textuales que se han hecho de la ciudad. Y en el caso de Lima, ciudad que históricamente fuera la capital colonial del imperio hispano, más importante de esta parte del continente, al incidir estas representaciones en su dimensión simbólica, es decir, en el discurso ideológico-colonial que ha sustentado todo su prestigio; a partir de la nostálgica idea de “Arcadia colonial”, como narrativa que ha servido para legitimar un sistema de dominación y expoliación “antinacional”, si consideramos el fundamento de lo limeño como un discurso hispanista e hispanizante; y por lo tanto excluyente de las aspiraciones de las mayorías no hispanas o hispanizadas que la habitan o habitaban. 



Imagen 3. Escudo de armas otorgado a nuestra ciudad, por los Reyes de España

Por lo que, es desde esa filiación socialista y sociologizante de Sebastián Salazar Bondy asume, desde el cual el discurso de Lima la horrible ―libro cuya primera edición se remonta a 1964, y que este año alcanza los cincuenta años―, se presenta como un aparato sociológicamente modernizador; en tanto prédica cultural y epistemológicamente modernizante, además de proyecto social y políticamente democratizador, en una sociedad que adolecía aún de abundantes resabios feudales y monarquizantes, que empezaban ya a recular, durante aquella época, ante la pulsión y urgencia político-social de incluir, en dicho espacio simbólico ―como proyecto político y de realismo social―, a sectores hasta entonces física, antropológica y culturalmente invisibilizados y postergados, en la ciudad; lo que le hacía, a Salazar Bondy, prefigurar un problema que solo dos décadas después, hacía 1984, dará origen a lo que José Matos Mar englobará como Desborde popular y crisis del Estado.

 

Lima como realidad histórica y multidimensional

Lima, además de haber sido presentada como realidad física, política, económica, social e histórica, es también una realidad psicológica, estética, y sobre todo, para lo que en este texto nos interesa, posee una dimensión simbólico-discursiva, que resulta ilustrativa para entender el esquema conceptual, las estructuras sociales y los modos de clasificación y dominio que le han dado todo su prestigio, a la hasta ahora legendaria Ciudad de los Reyes del Señor; pese a que desde hace medio siglo, viene experimentando un vaciamiento o trasvase de sentido, como condición lógica de su saturación y colapso. Y es desde ahí, desde donde se desprende que, es en el campo de las representaciones literarias, en el que, como en ningún otro campo, se ha manifestado con mayor intensidad los síntomas y sintomatologías de una enfermedad que, como suma de procesos de crisis y estabilizaciones, evidencian las principales tensiones y conflictos metropolitanos, que se debaten entre el discurso hegemónico de una Lima señorial, añorada por muchos como “Arcadia colonial”, y un discurso alternativo que extendería la historia de Lima, más haya del día de su  fundación, en 1535, año en el que Pizarro la fundara sobre los dominios del curaca Tauri Chusco, imagen que encarnaría las dimensiones de una ciudad no oficial, pero igual de histórica.

Es por ello que Lima, la otrora Ciudad de los reyes, ha venido experimentando, desde la fecha de su fundación, dichas tensiones. Sobre todo porque, desde el momento de su creación como ciudad capital del Perú, solo fue llamada Ciudad de los reyes, sobre todo en documentos oficiales, por cortesanos, funcionarios, juristas y eclesiásticos, hasta mediados del siglo XVII. En tanto los naturales de la zona, venían llamándola desde hacía mucho, con el nombre de Lima, acepción derivada del vocablo Rímac, que en lengua nativa significaba “hablar”, denominación popular de origen indígena, usada para referirse a dicho valle, que terminará imponiéndose sobre la pomposa denominación española.

Gilles Deleuze, en un texto llamado Crítica y clínica (1996), plantea la idea de que los escritores y artistas, suelen ser grandes sintomatólogos de los males sociales; pues, sus representaciones literarias, tienden a adquirir, sobre todo cuando marcan el inicio de una apostasía problemática y marginal, debido al poder de la tradición y el prestigio histórico que trata de negarla, una cualidad “clínica” y crítica de las sociedades y las ciudades que las albergan. Pues cuando son enfrentados al discurso colonial, hegemónico y elefantiásico, estos suelen adelantarse a algunos fenómenos urbanos, al instalarse en sus gérmenes.

De ahí que, cuando la narrativa de una ciudad viene legitimada por el canon de lo “oficial”, podemos establecer una línea literaria que, a lo largo de todos estos años, ha inventado, reproducido y consolidado la gloriosa imagen de Lima, como “Arcadia colonial”; edificando también esa dimensión legendaria, que a partir de sus mitos fundacionales ―como tradiciones limeñas―, fueron consolidando un sistema de dominación criollo, a partir de llenar, con imaginarios colectivos sectoriales, los relatos ausentes en el discurso histórico oficial de Lima, desde historias que han permitido sostener el andamiaje social y político que la ha caracterizado, alabándolas. Pero que, en solo cincuenta años, debido a las ficciones que solían sustentarla, se han enfrentado con un discurso disidente que apunta a la imagen de ciudad colapsada, sucia, caótica y crítica antes no visible.

 

La ciudad como campo de batalla

Es, a partir del análisis de la dimensión simbólica de la capital peruana ―perspectiva poco abordada en los estudios sociales existentes sobre ella―, que los discursos suelen adolecer de un historicismo crónico como genealógico, que luego de cincuenta años ―sin exasperaciones nacionalistas o “ciudadanistas” en este caso― podemos evaluar con más tranquilidad la actualidad crítica o no, del célebre ensayo de Sebastián Salazar Bondy: Lima la horrible. Libro publicado en 1964, y cuyo título, tomado de unos versos de César Moro, pasó a catalizar toda una tradición de discursos disidentes que apuntaron al espacio simbólico de la tres veces coronada ciudad de Lima. Como un espacio en el que reside todo lo que, en términos de Pierre Bourdieu, podemos reconocer como el “capital simbólico” y “capital cultural” (Bourdieu 1997) de la ciudad, es decir todo ese prestigio y distinción sustentado en su pasado histórico y colonial, que tienden a sostener una ideología señorial de dominación, pero enfrentado a los fantasmas aún insuperados, de la ciudad oculta, subterránea e intersticial de Lima, además de la de su desborde, producto de las masivas migraciones.

Por ello, quizá haya sido el eufónico nombre de Ciudad de los Reyes, el que ha ayudado a reforzar aquella deslumbrante imagen de “arcadia colonial” con la que fue representada Lima por incontables viajeros europeos. Una ciudad que, desde su configuración inicial que obedecía a un ordenamiento en forma de damero, pasó a ser una “ciudad amurallada” contra los ataques de los filibusteros, en 1685, poseyendo, por algún tiempo, la idílica idea de “Ciudad jardín”, de referencias urbanísticas anglosajonas, asumidas desde la utopía urbana de Ebenezer Howard. También llamada “ciudad legendaria”, por Jorge Guillermo Leguía (1989); imagen áurea que la acompañará hasta la primera mitad del siglo XX, época que implicó el tránsito y la clausura definitiva de la noción de ciudad tradicional ―celebrada aún por los coloniales gustos aristocráticos que siguieron a la Independencia. Desde una despedida ya prevista hacia 1921, en Una Lima que se va, por José Gálvez, ante el inicio de las demoliciones de los clásicos lugares de la vida antigua, y el comienzo avasallante de un proceso moderno de urbanización.



Imagen 4.

Así, la configuración de la ciudad contemporánea, convulsionada por el desborde popular, los vacíos políticos, la informalidad y la aparición de nuevos sujetos sociales; actores que le han dado a Lima, esa imagen actual de ciudad fragmentada, expansiva, multicultural, policéntrica, posmoderna y conurbana, está permitiendo marcar, desde entonces, toda una tradición de discursos disidentes escritos sobre la ciudad, pero que tendrían como eje o quiebre crítico el libro de Sebastián Salazar Bondy. 

Es por ello que, partiendo de la idea de Raúl Porras Barrenechea, que dijera que Lima es una ciudad impregnada de una “extraviada nostalgia”, Lima la horrible, se presente como un texto fundamental, en el que Salazar, desde su visión modernista, plantea un tema que será trascendental si deseamos desestructurar el andamiaje teórico criollocéntrico del discurso limeño. Identificando, desde sus estructuras de observación socializantes y marxistas, el sujeto principal de su desmontaje teórico, en una cuestión que pareciera replicar aquello de, hacia dónde mira el “ángel nuevo” de la historia benjaminiana, y el Ángelus novus de Paul Klee, al preguntar: “¿hacia donde miran nuestros ojos históricos? Y responderse: Miran al espejismo de una edad que no tuvo el carácter idílico que tendenciosamente se le había atribuido y que más bien se ordenó en función de rígidas castas y privilegios de fortuna y bienestar para algunos cuantos, en desmedro de todo el inmenso resto” (Salazar 1974, 12-13); pues la época colonial, idealizada como “Arcadia”, fue ocultando y legitimando la violencia simbólica de un estatus quo asimétrico, en el que las tensiones y fisuras sociales, además de los probables conflictos de clase “entre amos y siervos, extranjeros y aborígenes, potentados y miserables” (Loc. cit.), fueron ocultados tras la idea de recuperar el espejismo áureo de la colonia.



Imagen 5. Sebastián Salazar Bondy
Foto: Baldomero Pestana

Salazar ha escrito que los limeños vivimos “como si el porvenir y aún el presente carecieran de entidad” (Ibíd. 13), pues existimos saturados de un pasado que ha sido impuesto por quienes, desde su lugar de enunciación y estatus antropológico y social, “creyeron desentrañar el enigma de nuestro ser” (Loc. cit.). Sobre todo porque el pasado nos atrae en la medida de que continuamos alienados por él. Pasando a proponer que uno de los mayores responsables de que estas “dosis alucinógenas” hayan tenido éxito, que “el más afortunado fabricante del estupefaciente literario” ha sido Ricardo Palma y sus Tradiciones peruanas. Pero marcando también, a la vez, una tradición de apostasía al mito colonial que, de partir o iniciarse con Manuel González Prada, es continuado por José Carlos Mariátegui, y será terminado de definir por él.

Otro componente pasatista y conservador es, según Salazar Bondy, la idea de lo criollo y el criollismo; que, no obstante que durante los años de Emancipación tuvo una acepción ideológica subversiva, durante la República fue contrabandeando la fantasía de la “Arcadia colonial”, pasando implicar una suerte de nacionalismo limeño, que ha pretendido ser impuesto ideológicamente como verdadero nacionalismo a todo el país. Un criollismo “que por medio de sus valores negativos excita el sueño vano de la edad dorada de reyes, santos, tapadas, fantasmas, donjuanes y pícaros” (Salazar 1974, 35).

 

Lima la horrible, cincuenta años después

Tras medio siglo de la publicación de Lima la horrible, nos queda aún evaluar las implicancias que este libro pudo tener en el sustrato simbólico de nuestra capital, durante esos años. Pues para Salazar Bondy, este rótulo nos refería a una ciudad cuyos artificios arcádicos la continuaban sometiendo al sueño evocativo de la colonia; dándole un propósito antinacional a los idearios de sus nostálgicos defensores. Debido a que en su aparato mitológico-tradicionalista, se reverenciaban estilos y formas de vida españoles, que legitimaban ideológicamente un sistema de castas, que, en su dimensión simbólica, aún continuaba legitimando costumbres coloniales e hispanizantes. Por lo que, para Salazar Bondy, Lima no era horrible porque haya estado siendo agobiada por un desborde poblacional perturbador o por una afluencia o tendencia renovadora y modernizante que hiciera haciendo tabula rasa de la tradición y la vida antigua; sino que es horrible por esa visión nostálgica y pasatista, que solo ha servido para sustentar un discurso vaporoso de Lima, como Arcadia colonial.



Imagen 6

De ahí que la invocación de Sebastián Salazar Bondy, obedece a un deseo de modernización epistemológico y social, que buscaba acabar con la distribución oligárquica y neofeudal del poder en el Perú, configuración que tenía a Lima como centro de operaciones. Para, tras esto, pasar luego a un entorno metropolitano, democrático y moderno, en el que los ideales emancipatorios y socialistas permitieran ver, visibilizar y que se acepte que Lima, en poco más de cincuenta años, ha dejado de ser la simbólica “dorada Lima” referida tardíamente por Bertolt Brecht (1980, p. 88.)[2], para convertirse en una ciudad real, expansiva, afectada por la incompletitud y una interminable reconstrucción. Una imagen proteica y menos estable, que ha determinado esa nueva y profana idea de la ciudad, como un conglomerado moderno, intercultural y policéntrico que ahora posee, pero como una ciudad integral, cuya integralidad, que agrupa a los colectivos migrantes, podría resumir al Perú dentro de sus márgenes.

 

Las trampas modernas del modernismo

Luego de todos estos años, quizá estos primigenios anhelos modernizadores, también nos están enfrentando a una nueva trampa, no tan visible durante los años sesentas. Pero que ahora nos muestran aquella trampa modernista, ya entrevista por Robert Venturi, que escribiera con Scott Brown, que “La arquitectura moderna lo ha sido todo, menos tolerante” (2000, 22), pues esta, en sus afanes innovadores, prefirió cambiar el entorno existente a mejorar lo que había.

Es por ello que las nuevas propuestas urbanas en Lima, en su afán hipermodernizador, parecen obedecer a eso, a la intolerancia de lo capitalizable; subsumiéndonos en la actual trampa mercantilista o economicocéntrica de la modernidad y la globalización en la ciudad. Sobre todo porque las ilusiones y deseos de modernización, están haciendo que el ideal de desarrollo y progreso, asociado a la búsqueda de beneficio económico, esté produciendo una designificación de la ciudad, haciendo tabula rasa de sus semas y significantes históricos, debido a la depredación y el colapso de muchos espacios monumentales, que ven reducidas sus posibilidades visuales y museables. Algo que desde sus orígenes había tenido Lima.



Imagen 7. Foto diario El Comercio, Sábado 29 de septiembre del 2012

Es por ello que, ante la construcción indiscriminada de Shopping-mall center, o extravagantes supermercados, cuya fosforescencia está acabando con la posibilidad de alcanzar esa deseada armonía visual que la capital peruana necesita, una armonía distante del remedo excluyente y aristocratizante que como “Arcadia colonial” era atacada por Salazar Bondy, entendemos que el sueño de la ciudad no es el mismo para todos. Y que, para poder concebir a Lima, como ese espacio de significantes y posibilidades múltiples, a partir del abordaje crítico de su pasado, presente y futuro, debemos asumir que Lima la horrible, durante todo este tiempo ha funcionado como el mapeo inaugural e imprescindible de la cuestión.

Pues su ataque desmitificador a la idea señorial de Lima, como Arcadia colonial, abría un precedente que se fue imponiendo, hasta terminar por definir una actitud contemporánea hacia la ciudad, que pese a ser conflictivamente amada, no ha dejado de ser objeto de desprecios y denuestos. Imprimiendo así, un sello personal que, cincuenta años después, como antídoto desmitificador y canalizador de descontentos, continúa instalado aún entre nosotros.



Notas:

[1] Escritor peruano, periodista, especialista en comunicación social, investigación sociológica, crítica literaria, gestión cultural, curador de arte y director de montajes multimedia. Conocimientos en sociología, antropología, filosofía, literatura y arte. Ha participado como invitado en múltiples eventos nacionales e internacionales, y desde hace más de una década escribe en diversos diarios y revistas de actualidad política, social y cultural del Perú, América Latina y Europa.

[2] Del poema “Preguntas de un obrero que lee”. °

 

Bibliografía:

 Brecht, Bertolt (1980). Historias de almanaque. Madrid: Alianza Editorial.

° Bourdieu, Pierre (1997). Razones Prácticas. Barcelona: Anagrama.

° Deleuze, Gilles (1996). Crítica y clínica. Barcelona: Anagrama.

° Gálvez, José (1965). Una Lima que se va. Lima: Editorial Universitaria.

° Leguía, Jorge Guillermo (1989). Historia y biografía. Lima: Asociación Cultural Integración. 

° Miro Quesada, Aurelio (1994). Lima. Lima: P. L. Villanueva.

° Matos Mar, José (1984). Desborde popular y crisis del Estado. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.

° Salazar Bondy, Sebastián (1974). Lima la horrible. Lima: Peisa

° Venturi, Robert; Scott Brown, Denise (2000). Aprendiendo de las Vegas. Barcelona: Gustavo Gili.

 

Cómo citar este artículo:

OJEDA, Rafael, (2015) “Sebastián Salazar Bondy: el discurso desmitificador y modernizador de Lima la horrible (Homenaje al 480° aniversario de la fundación española de Lima)”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 22, enero-marzo, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 11 de Diciembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1081&catid=4

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