Pacarina del Sur
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José Almoina, intelectual republicano en el exilio: las revelaciones sobre el trujillismo en la palestra americana durante la guerra fría

Realizamos un breve acercamiento a la vida y obra del exiliado gallego José Almoina Mateos, cuyo tránsito por varios países de América Latina dejó importantes huellas.

Palabras clave: guerra fría, trujillismo, Dominicana, exilio

 

Entre todos los intelectuales republicanos españoles exiliados en nuestra América, José Almoina Mateos es unos de los menos conocidos a pesar de haber estado implicado como ninguno en el ojo de la tormenta de la guerra fría en esta parte del mundo. En fechas recientes varios estudiosos del tema del exilio republicano español, de las dictaduras sangrientas de la segunda post guerra mundial, le han mencionado. Pero quizás, sea una de las novelas del escritor hispano peruano Mario Vargas Llosa, La fiesta del chivo[2],  donde se ha llamado más la atención acerca de esta controvertida personalidad. Obra sobre la figura del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien dominara la escena política dominicana con mano férrea desde 1930 a 1961. Esta novela –que no parece haber complacido mucho a los lectores dominicanos– no solo llevó al escenario narrativo al exiliado gallego José Almoina, como ghost writer de la esposa del dictador, también saqueó sin mucho escrúpulo la obra de denuncia que Almoina publicó bajo seudónimo acerca de la dictadura que le acogió y le puso a trabajar.

¿Quién fue José Almoina Mateos? Los historiadores debíamos estar familiarizados con el nombre y apellidos de quien  fuera nada menos que el traductor de innumerables obras historiográficas, que enumeraremos más adelante - la colección fundada por Henri Berr, La Evolución de la Humanidad[3] -- publicadas por la editorial UTEHA. Fueron libros de cabecera en nuestros años universitarios.

El personaje que invocamos en esta ponencia, fue oriundo de Lugo, Galicia. Nació el 21 de junio de 1903, en los tiempos en que la monarquía española estaba anonadada por la pérdida de Cuba y Puerto Rico, las cuales habían pasado a girar de forma distinta en la órbita del imperialismo estadounidense. Su padre, José Almoina Vigil, fue un médico de mucho prestigio local y notable animador de actividades culturales.

De que Lugo tiene mucha y muy movida historia no cabe duda. Lo hemos visto de muy cerca. No es posible dar paso sin tropezar la vista con diversas huellas del quehacer antiguo o más reciente. Esta monumentaria impactante forma parte activa de la memoria histórica local. Desde luego, no todos sentimos por igual ante las evidencias del pasado. Hay quienes las ven sin mirarlas. No parece este el caso de Pepe Almoina. Las vicisitudes de la ciudad natal parecen irradiarse sobre la personalidad de José Almoina. No es posible nacer, crecer y desarrollar una mínima sensibilidad en una localidad, en una región con tan accidentada historia y permanecer ajeno a esa conciencia histórica acumulada en la vida cotidiana y en los textos educacionales. Lugo es la única ciudad del mundo en donde se conserva una muralla romana completa de 2 kilómetros.[4]

Curiosamente, teniendo madre y abuela de raíz cubana[5], la primera nacida en Remedios y la segunda en el actual Camagüey, y viviendo en la región de mayor movilidad migratoria – entre 1860 y 1970 de la provincia de Lugo salieron 368,130 emigrantes[6] -- Pepe no estuvo motivado, ni necesitado de emprender el camino trasatlántico. Aquel joven ni soñaba que un día tomaría la manida ruta marítima considerada por tantos gallegos y gallegas para caer en las tierras y aires del Caribe en donde nació su madre. Tenía otras inquietudes.El joven Almoina, [7] estudió el bachillerato en el Instituto de Lugo, el cual concluyó en el curso de 1922-23, poco después inició sus estudios de Filoso  fía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela terminándolos en 1930, en la especialidad de Historia.[8] El joven fue de esos profesionales formados en la prestigiada Universidad, con ideas avanzadas, que se opondrá a la emergencia del fascismo franquista.

Lo más probable es, que este ambiente estudiantil marcara en el joven universitario la huella de innumerables inquietudes. No sólo avivara su curiosidad intelectual por variadas direcciones, también despertara todo género de preocupaciones políticas y sociales, estéticas, filosóficas, como una base y preámbulo para su posterior alineación político ideológica con el socialismo. En la tendencia que inició el tipógrafo gallego Pablo Iglesias fundador del Partido Socialista Obrero Español a fines del siglo XIX.

El año 1931 es de singular importancia en la historia de la España contemporánea. El 14 de abril fue proclamada, en medio de un fuerte entusiasmo popular la vuelta de la República. La aspiración mayoritaria estaba por un cambio positivo. Como es sabido, esas condiciones de liberalización bastaron para desatar la iracundia y la más feroz oposición del clero y de las clases e instituciones conservadoras, harto conocidas por sus proyecciones atrabiliarias. No era nada nuevo en la historia del clericalismo ibérico. Hasta hoy día se repiten las mismas actitudes bajo maquillajes retóricos diferentes ante los cambios más pequeños por razonables y justos que estos parezcan. Las disidencias internas –como la posterior Teología de la Liberación– fueron ahogadas sin concesiones.

Esa experiencia áspera e inclemente fue experimentada en carne viva por los reformadores republicanos en la España entrada al siglo XX. En el caso de nuestro personaje le tocaría vivirla no toda en su Galicia natal sino en localidades castellanas vecinas. En 1931, Almoina fue nombrado funcionario de correos, oficial de 2ª en Zamora. Fue ratificado como inspector en 1932.[9] Investigaciones en curso desarrolladas por el profesor Fernando Muñiz Albiac,[10] quien ejerce el magisterio en el instituto de enseñanza secundaria León Felipe, de Benavente, nos lo revelan como el fundador del Partido Socialista en esa ciudad y su Casa del Pueblo. El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en esta ciudad. Al respecto añade en reciente entrevista:

“El nombre de José Almoina y el de su esposa, Pilar Fidalgo, siempre estarán relacionados con los primeros acontecimientos del alzamiento nacional, cárceles, intercambio y exilio. Hace unos años, el Centro de Estudios Benaventanos sacaba del olvido dos publicaciones de José Almoina con el pretexto de que eran obras en las que se resaltaban los valores históricos y artísticos de Benavente, con una publicación que aportaba unos pequeños apuntes de su biografía.”Datos de sumo interés son, en el estudio iniciado por el profesor Muñiz Albiac,  que desde los 25 años Almoina se había integrado a la masonería española.[11] Es bien sabido que a esa institución emergente bajo el influjo de la Revolución francesa se le tenía entonces como el gran coco de la iglesia oficial. Lo que no cabe duda es que se alineó ideológicamente bajo las banderas del creciente socialismo español. [12] El 16 de mayo de 1931, de acuerdo a las pesquisas realizadas por el profesor Muñiz Albiac, se fundó la Agrupación Local del PSOE en Benavente. A cargo de Almoina quedó la dirección, por algún tiempo, del periódico local El Pueblo. En 1933 es destinado a Alcaudete, Jaén, - donde nació su primera hija, Pilar, “como represalia por motivos políticos” y allí permaneció hasta la conformación del Frente Popular, en 1936. Ciertamente, la vida de los Almoina Fidalgo no era la de una bucólica existencia de provincia. La vida social y política de la península ibérica estaba alterada por los vientos modernizadores. La militancia en el PSOE le convocaba a una participación pública mayor. Tenía la preparación suficiente para hacerlo y le sobraban las ganas de sacar a su país del estancamiento y de los anacronismos. [13]El ambiente político español al comienzo de la cuarta década del siglo XX se agudizó a partir de la crisis de la monarquía. Entre 1917 y 1931 las convulsiones fueron sucesivas. Todos los puntos neurálgicos – obrero, campesino, regional, colonial, financiero – hacían ingobernable al reino. La dictadura cuasi fascista, encabezada por el general primo de Ribera, fracasó arrastrando en su caída a la monarquía y abriendo paso a la opción republicana. El joven Almoina puso todas sus simpatías y empeños en este giro histórico. La experiencia tropezó de inmediato con todos los sectores opuestos al más mínimo cambio en la anquilosada España, sectores todos muy poderosos, cerraban filas. La oposición, como suele ocurrir con estas feroces oposiciones conservadoras, derechistas, no se resignaba a jugar el papel de minoría. De ahí la conspiración golpista, las reacciones furibundas, la propaganda desaforada y demencial. Las páginas de la prensa de entonces recogen una pálida huella de los que se vertía en púlpitos y mentideros.

Por supuesto, a pesar de que no es mucha la información de la que todavía se dispone, en esa tormenta política el republicano socialista Almoina, tuvo cierto papel en la localidad benaventana. Allí estaba cuando estalló la asonada castrense.

Como es sabido, “la Guerra Civil española la desata un grupo de militares de alta graduación, encabezados por el general Mola, mencionado como el “Director”. Al fracasar la trama del golpe de Estado intentado el día 17 de Julio de 1936, no dudan en lanzar a las tropas que tenían a sus órdenes a luchar contra la España fiel al Gobierno. Dicen alzarse contra la conversión de España en una colonia rusa, cuando todavía no había ni siquiera embajador, pero ellos son los primeros en echarse en brazos de Italia y Alemania, en traer aviones, barcos y soldados extranjeros para emplearlos contra sus connacionales.”

El 18 de julio de 1936 el general Franco se sublevó en Marruecos. La insubordinación militar recibió la ayuda de Alemania e Italia para cruzar el estrecho y penetrar en el territorio español en dirección a la capital. La república organizó la resistencia al movimiento fascista. Tres años de desigual y sañuda pelea se levantarían por medio. Las potencias, con excepción de la Unión Soviética, se pronunciaron por un equivoco neutralismo. La no intervención le franqueó el paso a las potencias fascistas de Europa. Alemanes e italianos tuvieron en España campo experimental para sus nuevos armamentos y de ejercicio para la aviación. Fue una guerra devastadora, brutal, monstruosa. Si la Columna de Hierro anarquista sembró terror entre falangistas y clero, los escuadrones de Franco y sus conmilitones dejaron un rastro aun mayor de atrocidades. Desde un principio esa fue la directiva emanada del general Mola:“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo. (…)  Las vacilaciones no conducen más que al fracaso. Es necesario propagar una atmósfera de terror. Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”.[14] Bien que se aplicó tan drástica y demencial campaña terrorista y la familia Almoina estuvo entre las primeras en experimentarlo. Una idea parcial nos la ofrece un excepcional documento, breve y apresuradamente escrito por Pilar Fidalgo: Une jeune mère dans les prisons de Franco.[15] Desgarrador testimonios de siete meses de experiencias atroces durante los primeros meses de la asonada fascista. Su vida, si es que a semejantes condiciones se le puede llamar vida, como prisionera  en la cárcel de Zamora.[16]El alzamiento fascista con su correspondiente atmósfera de terror sorprende a José Almoina en Benavente, de donde sale camino de Astorga en taxi, para dirigirse con los mineros a Oviedo, donde se ha sublevado el general Aranda. Su esposa fue detenida por la Guardia Civil el 6 de octubre. Conducida a Zamora con la pequeña hija que acababa de nacer apenas días antes.[17] Almoina se oculta en las montañas de León, Villablino, en los primeros meses de la guerra y de allí pasa a Santander, donde se reúne con su esposa, quien sufrió la represión en la cárcel de Zamora hasta ser canjeada.  En el currículum vitae ya citado, confeccionado en México por Almoina están descritos los puestos que ocupó como funcionario del servicio exterior de la República:1937.- Secretario de Embajada, Cónsul, encargado del Consulado de España en Burdeos (Francia), de abril a julio de 1937.

1937-38.- Vice-Cónsul de España en Toulouse (Francia).1938-1939.- Vice-Cónsul de España en Marsella (Francia), hasta marzo de 1939.Los datos son bien expresivos de la encomienda asignada al gallego Almoina. El amotinamiento fascista, expandido con la ayuda de Hitler y de Musolinni, había generado un éxodo impresionante a la medida de sus avances. La actividad de los consulados españoles se complejizó y se h  izo gravemente intensa. En ese trasiego debe haberse encontrado ocupado Almoina en los aludidos puertos.La amarga derrota de la república trajo como corolario forzoso las desventuras de un exilio, que en aquellos momentos estaba plagado de incertidumbres. La guerra española traía entre bambalinas otra con diapasón mayor. Detrás de los Pirineos asechaban nuevas vicisitudes. Se calcula en medio millón el número de refugiados republicanos que entraron a Francia, con la tropa fascista de franquistas, italianos y alemanes sobre sus talones.[18]

Dos sentimientos apabullantes se derramaban sobre aquellos republicanos españoles que se enfrentaron casi solos al fenómeno fascista emergente. Los países llamados democráticos habían sido negativos. Bajo un  aparente neutralismo se había dejado manos libres a la intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista a favor de la reacción española antirrepublicana. Sólo la Unión Soviética y las Brigadas Internacionales, obligadas a evacuar la península habían ayudado con ardor contra la embestida golpista.Cuando tantas puertas se cerraban y surgía en el horizonte el tenebroso destino de los campos de concentración en Francia se hizo un claro en dos países de la América, México y República Dominicana,[19] emergían como una estación de descanso después de tan fatigoso batallar. En medio de tan desgraciados acontecimientos y de tan poca solidaridad, la interesada hospitalidad brindada por Trujillo despertó los consecuentes sentimientos de gratitud.Entre los refugiados españoles que fueron a Santo Domingo iba José Almoina y familia.  En el buque Flandre, zarparon del puerto francés de Saint-Nazaire, el 25 de octubre de 1939. Cargaba 273 refugiados españoles a bordo. [20]

Pocas horas antes del desembarco de la familia Almoina se le había tributado un apoteósico recibimiento a Trujillo con toda la parafernalia al uso. Entre los concurrentes al multitudinario desfile estuvieron los integrantes de la acrecida colonia española. El “generalísimo”, servido por el interinato presidencial de Jacinto Peynado, traía en cartera la luz verde del presidente estadounidense para la recepción de 500 familias de refugiados europeos.

A las 11 de la mañana del martes 7 de noviembre, bajo un fuerte y pertinaz aguacero, que no impidió la congregación de unas 2,000 personas atraídas po  r el impresionante camouflage del Flandre. El barco atracó cerca de varias embarcaciones que llevaban por nombres: Ramfis, General Trujillo, Julia. [21] Probablemente, Almoina no sabía cuan familiares y cercanos se habrían de hacer en el mediano plazo aquellos apelativos.

Vicente Llorens, afirma que la guerra civil española produjo una emigración sin precedentes en la Península y que ningún otro país de América acogió a tantos emigrados republicanos españoles como Santo Domingo. Imaginemos por un instante aquel panorama: en 1939, el país tenía una población de menos de 2 millones de habitantes y la capital apenas llegaba a los 100 mil. En ese espacio aldeano se concentraron más de 3,000 refugiados. El profesor Malagón en el artículo citado calcula entre 4,000 y 5,000 los inmigrados. Sumaban algo más de 1,000 los que fueron destinados a vivir en pueblos y colonias rurales del interior del país.[22]El numeroso grupo de profesionales fue convenientemente aprovechado tan pronto se pudo.

El arribo de los exiliados españoles vino como anillo al dedo para reforzar los centros de educación superior y especializada de República Dominicana. Julio Ortega Frier, a la sazón Rector de la Universidad de Santo Domingo, incorporó a varios a las faenas de la institución a su cargo. Otra de las instituciones a la cual vinieron a carenar los intelectuales hispanos fue la Escuela Diplomática y Consular, anexo académico a la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores. Este centro formativo, encargado de preparar, actualizar y especializar funcionarios del servicio exterior dominicano había sido creado en 1934. El cuerpo inicial de profesores de la flamante escuela estuvo integrado por el Lcdo. Francisco Álvarez, Subsecretario de Estado de Relaciones Exteriores quien fue el primer director, el Lcdo. Juan O. Velásquez, Subsecretario de Estado de Relaciones Exteriores, quien luego vino a ser el subsiguiente director, el historiador Emilio Rodríguez Demorizi, el Lic. Eduardo Matos Díaz,  Ambrosio Álvarez Aybar, el  Prof. Eusebio Hernández, y los refugiados, el Dr. Alfredo Matilla Jimeno, el Lcdo. José Almoina Mateo, el  Lcdo. Jesús de Galíndez.

Almoina fue profesor de la Escuela Diplomática y Consular de la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, entre 1940 y 1945. Almoina tuvo a su cargo un curso de historia universal. Aun se conserva el programa, por cierto muy detallado, de la historia antigua, como se  decía entonces, que desarrolló.[23]

Nuestro personaje también integró el claustro profesoral de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en el curso de 1944-1945 y el de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Santo Domingo, 1943.

Una pregunta se nos antoja fundamental aunque hasta ahora no hay indicios de respuesta precisa: ¿ en que momento los exiliados españoles republicanos refugiados en República Dominicana tomaron conciencia plena de la esencia criminal del régimen controlado por Trujillo? “Nosotros, decía Malagón en el capítulo citado, hablamos de la política nacional, pero eso sí anteponiendo siempre el agradecimiento que se tenía al “jefe” y al país”. [24]


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Por supuesto, trato de situar la cuestión haciendo caso omiso de una retrospección. Tengo en cuenta que los años de la segunda guerra mundial fueron marcados por el enfrentamiento al fascismo, como corriente ideológica y sistema organizacional de los mecanismos políticos y económicos. Es decir, en América se estaba imponiendo una inclinación al fortalecimiento de la democracia liberal como contrapartida a ciertos sectores filofascistas que no tardaron en mimetizarse. En ese plano común convergieron partidos liberales, socialistas y comunistas. El sistema político establecido en República Dominicana, luego de dos mandatos consecutivos de Trujillo, se había metamorfoseado, cuando se eligió un presidente despojado de poder en la figura de Jacinto Peynado. Eso dio el revestimiento mínimamente democrático para las necesidades del momento.

De acuerdo a sus filiaciones ideológicas los republicanos hispanos crearon sus órganos publicísticos. Los del Partido Socialista Obrero Español, como Almoina, en conjunción con los republicanos de la Junta de Liberación Española, fundaron el periódico Democracia que se sostuvo entre 1942 y 1945. DE inspiración comunista fueron Por la República y Rumbo. De carácter literario fueron Panorama, Ágora, Ozama, La Poesía Sorprendida. Además la prensa dominicana de mayor relieve, La Opinión, La Nación, El Listín Diario, La Información, estuvo disponible, como hemos podido comprobar con notable abundancia de escritos, para periodistas, poetas, analistas, críticos de arte, de la lejana península. La revista Hogar, fundada por Carmita Landestoy pasó a ser dirigida en 1940 por Roque Nieto Peña, quien dio cabida a colaboraciones de Almoina.

En octubre de 1942 el canciller Arturo Despradel le comunicó que Trujillo deseaba verlo. El general andaba buscando un tutor personal para su hijo predilecto, Ramfis. Un diplomático acreditado en Santo Domingo, le sugirió el nombre del gallego Almoina como el idóneo. Ciertamente, un hombre de sus conocimientos históricos y literarios, que manejaba varios idiomas como Almoina bien podía ser elegido para la tarea tan delicada de interesar por los estudios a un niño consentido de trece años.[25] “Acepté con gran simpatía aquel cargo que, a más de ampliar y honrar extraordinariamente mi labor docente, me proporcionaba la oportunidad de corresponder, aunque fuese de manera muy modesta, al gesto generosísimo de Trujillo para con los exiliados españoles que desde fines de 1939, disfrutamos la hospitalidad dominicana gracias a él”.[26] La infeliz vinculación del maestro gallego con el dictador dominicano dejó una huella lacerante y crónica en la conducta pública y privada del mismo. Lo que a los ojos de algunos pudo representar un privilegio, debe haber sido para el exiliado un descenso moral, un castigo excepcional. Cuando fue elegido tutor de Ramfis, provocando la envidia de los paniaguados del entorno dictatorial, se le sentó sobre una trampa explosiva. A Rafael Leónidas Trujillo no se le podía dar una negativa sin sufrir consecuencias personales y familiares. El maestro comenzó a compartir la cotidianeidad de la Estancia Ramfis, mansión de amplias recámaras, salones, comedores, biblioteca, alberca, teatro-cine, caballeriza.[27] Labor que compartía con otros profesores  en jornadas que empezaban a las siete de la mañana y concluían a las seis de la tarde.Desde luego, no pudo imaginar hasta donde podía conducir ese trato tan cercano, con la intimidad de tal personaje.[28] Las reacciones favorables producidas en el muchacho criado a toda leche y consentimientos, llevaron a Trujillo a aprovechar para sí la preparación y talentos del exiliado español. Lo elevó a posición de mayor precariedad al hacerlo Secretario Particular. De una situación de peligro pasó a otra aun mayor.

Emergió la zozobra, el miedo, por supuesto, al sentarse a la mesa con tan enigmático personaje. Miedo a sus preguntas, sus observaciones, su cercanía. Miedo reflejar en el semblante el poco gusto, mal gusto, disgusto, que provocaba una situación tan delicada. Asombro de los papeles y asuntos que pasaban por sus manos. Temor de provocar alguna diferencia, que a corto o a largo plazo pudiera revertirse en su contra. ¿En qué momento y cómo se presentó la crisis que marcó la ruptura con los aparentes benefactores del exilio español?

En medio de tales zozobras y las presiones de trabajo bien descritas en su obra, quizás como terapia alternativa, Almoina se dio tiempo para trabajar en sus inclinaciones intelectuales. Además de una columna los jueves, sus artículos sobre literatura en La Nación, publicó dos obras importantes: La biblioteca erasmista de Diego Méndez, Ciudad Trujillo, Montalvo / Publicaciones de la Universidad de Santo Domingo, 1945 y  Rumbos heterodoxos en México, 1947.

Almoina se dio maña para salir de tan angustiosa situación. En noviembre de 1947 se residenció en México con su familia. Al salir de la trampa trujillana, como la ha calificado un periodista, un sentimiento de responsabilidad y de preocupación se hizo dueño de la mente del gallego Almoina: advertir de la peligrosidad de Trujillo para la estabilidad regional. La siniestra trama injerencista que había conocido en las propias entrañas, debía ser denunciada, debía ser conocida por los pueblos y gobiernos que amenazaba. Apenas puso planta en México se dio a la tarea de confeccionar un largo informe. [29] Ese informe, calzado con su nombre, y el cargo recién abandonado, se hizo llegar a diversas cancillerías implicadas en los planes injerencistas de Trujillo. [30] En él se dan pelos y señales de sus acciones, nombres y apellidos de sus colaboradores y de los periodistas sobornados. Considero que esas informaciones influyeron en la política seguida por Cuba, Venezuela, Guatemala, hacia el régimen de Trujillo. Eran los países más amenazados por sus agentes y cómplices. El calado de estas revelaciones está aun por determinar, pero no cabe duda de su repercusión y las reacciones correspondientes.

Almoina creyó que la coyuntura internacional y la orientación de algunos gobiernos de la región como el mexicano, cubano, guatemalteco, venezolano y costarricense, favorecían una acción preventiva. El cálculo parecía adecuado.

Ningún republicano español exiliado en República Dominicana previamente, se había atrevido a denunciar al anómalo régimen de Trujillo. Almoina fue el primero que tuvo la osadía de enfrentarlo aunque la seguridad de su familia y la de los compatriotas aun radicados en tierra dominicana le forzaran a apelar al anonimato. Empero, ello no disminuye su valor. Asumió el riesgo. Otros republicanos que pasaron por análoga experiencia no dispusieron tiempo, energías y decisión a exponer las condiciones en que se hallaba sumido el pueblo dominicano. En lo que se refiere a las denuncias de origen nacional del trujillismo, que hasta entonces no habían sido pocas, la de Almoina-Bustamante, fueron de una extraordinaria importancia. Los especialistas la valorarán  como la exposición más formal y articulada de cuantas se habían hecho hasta ese momento. La metodología seguida partió:

“a)- La consideración de las condiciones personales de Trujillo, ya que siendo su gobierno monárquico-absolutista se comprenderá fácilmente que lo personal en todas sus formas (taras, costumbres, enfermedades, nexos familiares, vida íntima), tenga capital importancia para explicar las reacciones y determinaciones del gobierno hacia el exterior. En las determinaciones de la línea política sólo juega allí lo estrictamente personal sin que quepa responsabilidad alguna a ningún funcionario, pues todos ellos son simples lacayos sin librea, criados, siervos de la omnímoda voluntad del déspota.

b) – La exposición y análisis de una serie de acciones y hechos absolutamente comprobables que fueron sucediendo escalonadamente y siguiendo una línea premeditada y tan precisa en cuanto a la consecución de aquellos objetivos intervencionista que puede ser calificada de obsesiva.

c.- Reflejar los resultados y efectos que se produjeron como consecuencia de las mismas acciones y que casi no se precisara ser enunciados una vez que estas queden desveladas.” [31]

El fondo sicologista de su interpretación fue tratado aparte y se concentra en la descripción de  acciones llevadas a cabo durante los años 40 en orden geográfico y cronológico. Comienza por Venezuela en tiempos de Medina Angarita y las reacciones de Trujillo ante el establecimiento del gobierno provisional encabezado por Rómulo Betancourt tras el golpe militar apoyado por Acción Democrática. Fue reveladora la exposición de elementos que reunió Trujillo para enfrentar al régimen venezolano.

En el caso del epígrafe correspondiente a Cuba en tiempos de Grau, se divide en varios apartados: propaganda, movimiento obrero, movimiento diplomático y de elementos informativos, objetivos logrados por Trujillo con su falso apaciguamiento, compra de armamento y preparación de la sublevación contra Grau. Deja al descubierto todo el plan subversivo tramado desde mediados de 1945. Episodios de una guerra propagandística, de reveladoras complicidades y sobornos de personalidades militares, sindicales, periodísticas, que están pendientes de incorporar a este periodo de la historia cubana. Particularmente los servicios de Información y del Diario de la Marina y su editorialista Gastón Baquero.

En lo que respecta al siguiente, Estados Unidos, advierte de las formas cautas empleadas para desacreditar a funcionarios adversos, en tanto se compraba lisa y llanamente a otros elementos, como Avra Warren, Joseph Davies, al ex procurador Cummings,  los mayores generales Watson y Brett, el publicista John W. White, al médico del presidente Truman. Lo interesante del acápite lo constituyen las dificultades de Trujillo con el Departamento de Estado, especialmente con Spruille Braden, el gran opositor de Perón. Y el papel de Alejandro Sux en la agencia informativa en New York. En este pasaje también menciona los manejos del rumano Henry Helfant a quien se le proporcionaron fondos excepcionales y del húngaro Alexander Kóvacs, de vital importancia para lea industria armamentista dominicana.

En el epígrafe Colombia destacó la operación por convertir este país como un puente para atacar a Venezuela. El esfuerzo se concentró en r4evertir la atmósfera antitrujillista subvencionando el periódico La Razón con 6,000 dólares mensuales y empleando a periodistas corruptibles Juan Lozano y Lozano, Lisímaco Orellana (ecuatoriano), Devis Echandía, , José Antonio Osorio Lizarazu. Para atacar a Germán Arciniegas se sirvió de español González Blanco. Con respecto a México las revelaciones alcanzaban las subvenciones a Emilio Portes Gil, a numerosos reporteros y publicaciones Todo, Así, Hoy, Mañana, Tiempo, Excélsior, El Universal. Destaca importantes sumas para Félix Palavicini y José Vasconcelos, pero lo más importante era las gestiones para adquirir armas para su equipamiento bélico. Con respecto a la América Central era la alianza con Tiburcio Carías contra Guatemala. Por supuesto no podían faltar las precisiones con respecto a la política haitiana del régimen trujillista.

Para el final dejó el estudio de la personalidad de Trujillo y la situación política interna de República Dominicana. El retrato apunta hacia un hombre con taras, complejos y ambivalencias, manías que hacían de él un “enfermo mental”. Una mentalidad prelógica y primitiva, con lo cual se adentra en un tema controversial sobre el cual aun se debate.[32]

Almoina no debe haberse sentido muy satisfecho de la repercusión de su   Informe Confidencial. La coyuntura estaba cambiando a nivel internacional a favor de la sobrevivencia de Trujillo. Quiso ir un poco más allá y trascender sus revelaciones y acusaciones a mayor auditorio. De la semilla del Informe confidencial germinó un libro de combate frontal contra Trujillo, el cual tituló Una satrapía del Caribe, bajo el seudónimo de Gregorio Bustamante.[33] Para ello contó la invaluable y discreta cooperación de otro exiliado republicano, dispuesto a compartir los riesgos de esta acción peligrosa, Bartolomeu Costa Amic. Antes de esta obra no se había escrito una denuncia un alegato “tan articulado”, dice Manuel Núñez, y es mi criterio igual, tan fuerte al régimen constituido por Trujillo. [34] Estas actividades que bien podrían calificarse de revolucionarias, colocaron al exiliado en una condición de zozobra que se agigantó con los tiempos. En esa obra atacó con mayor virulencia, distorsionando ex profeso la escritura para evitar ser descubierto. Sacó a relucir nuevas interioridades. El aparato trujillista se dedicó a analizar la obra y desde entonces se puso en la mira. [35]

Hacia fines de los años 40 se hizo evidente que las potencias triunfadoras de la guerra contra el nazi fascismo –obviamente Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia – le habían perdonado la vida al régimen de Francisco Franco y al de Rafael Leónidas Trujillo quienes se presentaban como campeones de la cruzada contra el “peligro soviético”. Después de las revelaciones, con todo el fundamento testimonial que la amparó, como toda una catarsis de pensamiento y sentimiento, llegó lo inesperado, lo indeseado: la necesidad de revolverse en el lodo del cual creyó haber escapado. El lodo que lo hizo sentirse miserable e indigno hasta el fondo. En la calle estaba corriendo con atemorizante velocidad el rumor de que él era el autor de las duras denuncias, de las infamantes revelaciones que había suscrito un desconocido Gregorio Bustamante en el libro Una satrapía  en el Caribe. De nada habían servido las amañadas reiteraciones de lealtad trasmitidas al suspicaz y paranoico déspota. Ni tampoco los contactos calculados con la Primera Dama. Estaba en la mirilla. Al menos la cercanía que había tenido con los funcionarios adictos al trujillismo había servido para eso. Sabía que Trujillo no había dejado de estar al tanto de cualquier paso que diera su antiguo Secretario Particular. Había estado muy cerca y era sabedor de muchas cosas. Entre los cientos de personajes bajo su ojo estaba el gallego que tan de cerca de sus quehaceres estuvo durante unos años. Mucha documentación confidencial había pasado por las manos del lugués para descuidarlo un instante. La candela parece haber acercado tanto que Almoina entendió que debía hacer algo para ponerse a salvo y evitar que la familia pudiera ser afectada por las acciones crueles para castigar su osadía y la “infidelidad” al régimen que le había dado el dudoso privilegio de trabajar codo a codo con su máximo jerarca. Al parecer María Martínez le insinuó escribir un libro favorable a Trujillo: Yo fui secretario de Trujillo, impreso en Buenos Aires, en 1950.

Aunque Almoina adoptó un perfil público muy discreto, alejado del trasiego político activo, trabajó extraordinariamente en el ámbito cultural. Nada más grato que ganar el pan con aquellas ocupaciones que fueron deleitosas a pesar de lo mal remuneradas. Lamentablemente estas contribuciones numerosas no han sido suficientemente reconocidas. Merecen recordarse las siguientes: Introducción a Fray Juan de Zumárraga. Regla cristiana breve, México, 1951; Díaz Mirón: su poética, México, 1958; numerosísimas traducciones para la colección Evolución de la Humanidad de UTEHA. Trabajaba en una obra acerca de los orígenes de la danza, Terpsícore, inédita aun.

En varias ocasiones cambió de domicilio y alertó a las autoridades mexicanas del peligro que corría. En esas ocasiones la cancillería dominicana presionaba por localizarlo. Son reveladores los documentos vistos en el Archivo de Trujillo. [36] La situación se le hizo más difícil por la imprudencia de Galíndez de citarlo como el autor de Una satrapía en el Caribe. Trujillo le envió emisarios conminándolo a escribir una réplica a la tesis recién publicada del desaparecido Galíndez. Pero Almoina se negó. Ya debe haber estado exhausto, hastiado de tantos malabarismos o quizás confió en que las autoridades mexicanas pudieran protegerlo.

Esa rara situación en que se vio entrampado Almoina me ha hecho pensar mucho. Intento ponerme en su lugar y me sitúo en el momento heroico en que decidió enfrentarlo. La mañana del 4 de mayo de 1960 fue aciaga para el profesor Almoina. La plaga de espías a sueldo de Trujillo, locales, dominicanos y de otros parajes del Caribe lo habían vuelto a localizar. Un par de esbirros de origen cubano fueron los contratados para llevar a cabo el atentado letal.

Como es sabido el gobierno de Trujillo abrió de nuevo las puertas a las huestes criminales que habían sostenido el régimen de Batista, tal como lo habían hecho décadas atrás cuando Gerardo Machado fue derrocado, dejando tras el rastro de su fuga hacia Santo Domingo un reguero de muertes. Los aviones en que huyó Batista con una gran parte de la plana mayor de su régimen se dirigieron hacia el aeropuerto de Santo Domingo. De ese nido salieron los sicarios que mataron a Almoina, provocando un escándalo internacional que contribuyó a aislar aun más a tan sangriento régimen. La muerte fue su último aporte a la lucha contra tan nefanda tiranía.

 

Rescate de una personalidad significante.

En una reseña acerca del reciente libro de Xurxo Martínez Crespo, Galiza en Dominicana, Nicaragua, Panamá e Venezuela. Unha ollada fotográfica, con textos y fotografías que incluyen a José Almoina, el destacado periodista Ignacio Ramonet se refiere a Almoina como un “gallego tenebroso” que estuvo al servicio de Trujillo. Esta precipitada y nada justiciera calificación va acompañada de pocos datos precisos. Ella es reveladora de cómo es mal conocida la accidentada vida de este intelectual republicano. Si bien ha sido exaltada la trayectoria de Jesús de Galíndez en razón de su libro y su enigmática desaparición, pasando precipitadamente por su controvertida colaboración con el FBI, la existencia del gallego Almoina no ha sido aun debidamente estudiada y valorada. Su aporte cultural en República Domincana y México pende de rescate y evaluación. Lo que aquí hemos presentado pretende contribuir a la más justa y equilibrada consideración incluso la del propio Galíndez. El gallego José Almoina Mateos fue víctima del azar. Su cercanía a Trujillo no fue medio de poder y de lucro. Se zafó en cuanto pudo hacerlo para desplegar una riesgosa campaña de denuncias que finalmente lo condujo al martirio.

 


Notas:

[1] Instituto de Investigaciones Históricas. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo

[2] Mario Vargas Llosa, La Fiesta del Chivo, 1ª edición, Buenos Aires,  Editorial Alfaguara, 2000. La versión cinematográfica fue estrenada en el 2005, dirigida por su primo Luis Llosa y protagonizada por Isabella Rossellini, Paul Freeman, y Tomás Milián

[3] A Henri Berr, se debe primero la fundación de la Revue de Synthèse Historique y a partir de 1930, la edición y promoción de  la serie La evolución de la Humanidad, la cual fue continuada después de su muerte en 1954. Es en esta colección donde emerge la nueva escuela francesa de historia (Annales), encabezada por Marc Bloch y Lucien Febvre.

[4] Declarada Patrimonio cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2000.

[5] Ignacia Mateos Rodríguez, la madre, Lucrecia Rodríguez, la abuela.

[6] De 1901 a 1910: 31, 350; de 1911 a 1920: 34,807; de de 1921 a 1930: 36, 820. Datos tomados de J.C. Bermejo/ M. C. Pallares/J. M. Pérez/ E. Portela/ J. M. Vázquez/R. Villares, Historia de Galicia, 2ª. Edición, Madrid, Editorial Alhambra, 1981, p. 236.

[7] Después de la prematura muerte de su padreen 1914, la familia se trasladó a Ourense, al parecer al amparo de un tío. Ourense también se remonta a la dominación romana, que dio empleo a las aguas termales de Las Burgas, situadas en las márgenes del río Miño, sobre el cual se hizo un puente que aún comunica ambas partes de la ciudad.

[8] Currículum vitae, Archivo de la familia Almoina, folio 1. La búsqueda de su expediente ha sido negativa de modo que nos apoyamos en lo que sostiene su declaración.

[9] Nombramiento en el archivo particular en posesión de su hija Leticia Almoina Fidalgo, México DF.

[10] “El primer socialista. El profesor Fernando Muñiz Albiac recupera la figura del fundador del Partido Socialista en Benavente en la biografía de José Almoina”, I. Reguilón/Benavente, Zamora, El Norte de Castilla, 7 de diciembre de 2006.

[11] El 22 de enero ingresó en la logia masónica Lucus, no. 5, con el nombre de Deseo. En Vigo fue cofundador de la logia Vicus no. 8, en abril de 1929. En 1931 lo encontramos adscrito a la logia Triángulo Fraternidad Humana no. 75 de Viveiro. Xurxo Martínez Crespo, José Almoina. Pilar Fidalgo. Exilio. Dominicana. México, Galiza, Promocións Culturais Galegas S. A., 2009, p. 19.

[12] La fecha exacta y el lugar de su ingreso al PSOE están pendientes de precisión.

[13] De aquellos tiempos es su primer libro, Almoina, José, Monumentos históricos y artísticos de Benavente, 1935, reeditado en 2000.

[14] Citado por Julio Martín Casas y  Pedro Carvajal Urquijo, en El exilio español (1936-1978), prólogo de Alfonso Guerra, Barcelona, Editorial Planeta, 2002, p. 33.

[15] Madame Pilar Fidalgo, Une jeune mère dans les prisons de Franco, Editions des Archives Espagnoles, 7 Bd. Haussmann, Paris-9e. (Sin fecha en la portada, ilustrada con un dibujo de Pablo Picasso)

[16] En esos días fue el fusilamiento de Amparo Barayón, mujer del escritor Ramón J. Sénder, el gran novelista  que había ganado el Premio Nacional de Literatura en 1935 y escrito artículos en los periódicos revolucionarios. Amparo había nacido en Zamora, 1904. Su familia era propietaria del “Café Iberia”, que  al iniciarse la sublevación fue clausurado. Dos hermanos de Amparo, detenidos y “paseados”. El matrimonio Sénder-Barayón,  estaba en San Rafael, Sierra de Guadarrama. Sénder decidió pasar hacia Madrid por el monte. Encargó a su mujer quemara su archivo cuando pasara con los niños a Zamora, porque “en Zamora no pasa nunca nada”. La metieron en la cárcel con su hija Andreína, de siete meses a la cual, como Pilar aun debía dar el pecho. El 11 de Octubre de 1936, fue fusilada con otras dos mujeres, Juliana Luis García y Antonia Blanes Luis.

[17] Helena Almoina Fidalgo, nació el 16 de septiembre de 1936.

[18] Se ha calculado unas 400,000 personas las que salieron de España en aquellos momentos y unas 100,000 las que retornaron a enfrentar muerte, encarcelamiento y ostracismo.

[19] “Santo Domingo era, para la mayoría de los españoles liberales que se dirigían allí, un lugar desconocido, una isla en el mar Caribe que había sido parte de la América española, y sólo para aquellos que habían estudiado historia de América era el primer establecimiento de España en el Nuevo Mundo”. Javier Malagón, “El exilio en Santo Domingo (1939-1946), en El exilio de las Españas de 1939 en las Américas, J. M. Naharro-Calderón, (Coord.) Barcelona, Editorial Anthropos, 1991, p. 154.

[20] Como veremos más adelante la prensa dominicana manejó la cifra de 288 refugiados.

[21] “El trasatlántico Flandre trajo hoy para nuestro país 288 refugiados”, Ciudad Trujillo, La Opinión, 7 de noviembre de 1939. En la página 8 puede verse una foto de cundo el Flandre atracó allí por primera vez, obviamente sin el camouflage y la artillería que ahora ostentaba.

[22] “Os galegos do Caribe. Indagando nas vidas da Galicia americana.”,   Tomado de: http://www.xornalgalicia.com/,  “República Dominicana, a trampa de Trujillo

Na Repúblida Dominicana, o maior momento de presenza galega coincidíu cunha das peores ditaduras que sufríu Latinoamérica, a de Rafael Leónidas Trujillo, alcumado Chapita. Tras a Guerra Civil española, moi poucos países destiveron dispostos a acoller os refuxiados do bando republicano, prácticamente só México e a URSS.

E Dominicana, que no 1936 abriu completamente as súas portas ós españois vencidos e os xudeus que fuxían da Alemaña nazi. Mais o motivo distaba de ser humanitario. O que quería o ditador dominicano, Trujillo, era empregar os refuxiados para branquexar a raza.

Por alí pasaron o pintor Eugenio Granell, o intelectual Mosqueira Manso ou o escultor Francisco Vázquez Díaz, alcumado Compostela. O secretario persoal de Trujillo, José Almoina, era galego, ó igual que a súa principal espía en Venezuela, Julia Cerdeiros Ferreirós. Porén, a política represiva do ditador fixo que no 1940 a maioría dos emigranes marcharan a outros países.”

[23] José Almoina, Yo fui secretario de Trujillo, Buenos Aires, Editora y Distribuidora del Plata, 1950, p.9.

[24] Javier Malagón, “El exilio en Santo Domingo (1939-1946), en El exilio de las Españas de 1939 en las Américas, J. M. Naharro-Calderón, (Coord.) Barcelona, Editorial Anthropos, 1991, p. 158.

[25] Idiomas que dominaba: latín, griego, inglés, italiano, portugués y alemán. Currículum vital, Archivo particular de la familia Almoina, f. 1.

[26] Ibídem.

[27] Al respecto dice Almoina con curioso manejo de la descripción: “En una palabra: es una mansión completa, pero sin alardes, y toda ella se halla penetrada por el celo y la actividad directora de la Primera Dama”. Ibídem, p. 14.

[28] “Cuando comencé a tratarle estaba yo bien lejos de sospechar que iba a trabajar con él en uno de los periodos más difíciles y al mismo tiempo más interesante de su Administración”. Ibídem, p. 13.

[29] En mis investigaciones acerca de las relaciones de Venezuela y el Caribe como parte de mi proyecto de investigación en curso encontré este valioso documento de 91 páginas, mimeografiado, en el archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Casa Amarilla: Venezuela, Ministerio de Relaciones Exteriores, México, Exp. 587, año 1947. En el Archivo Histórico de Miraflores localicé dos ejemplares más.

[30] “La convicción de aquel peligro se fundamenta en hechos y testimonios de acciones que desbordan, con absoluta e irrebatible realidad, los límites geográfico-políticos de la República Dominicana. Todos ellos se dirigen a una acción intencionalmente intervencionista para suscitar en otras naciones soberanas de la cuenca del Caribe determinadas condiciones políticas, militares y sociales que permitan al gobierno monárquico de Trujillo trastornar, cambiar y orientar, con arreglo a su voluntad, la libre determinación de esos pueblos y la subsecuente y actual función de sus gobiernos”. Ibídem, p. 2.

[31] Ibídem, pp. 3 y 4.

[32] Véase Santiago Castro Ventura, Trujillo perversidad hereditaria, 2ª. Edición, Santo Domingo, RD. Editora Búho, 2007

[33] En ese mismo año salió una nueva obra incubada desde su estancia en Bordeaux: Almoina, José. La póstuma peripecia de Goya, México, Universidad Nacional Autónoma, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1949.

[34] Las denuncias más serias contra el trujillismo se sucedieron este orden: Ángel Miolán, La revolución social frente a la tiranía de Trujillo, México, 1938; de Juan Isidro Jiménes Grullón, La República Dominicana (Cuba, 1942) y Una Gestapo en América (Cuba, 1943); Luis F. Mejía, De Lilís a Trujillo, Caracas, Venezuela, 1944; Pericles Franco Ornés, La tragedia dominicana, Chile, 1946; Albert Hicks, Blood in the streets y Carmita Landestoy, Yo también acuso, Nueva York, 1946.

[35] Abundante información en Bernardo Vega, Almoina, Galíndez y otros crímenes de Trujillo en el extranjero, Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 2001.

[36] Hay varias comunicaciones de los años 1955 y 1956 que daremos a conocer en un trabajo más amplio.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

MORALES PÉREZ, Salvador E., (2012) “José Almoina, intelectual republicano en el exilio: las revelaciones sobre el trujillismo en la palestra americana durante la guerra fría”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 12, julio-septiembre, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 16 de Octubre de 2018.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=481&catid=4[/div2]

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