Pacarina del Sur
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La visión intelectual y científica antiindigenista y antianarquista en una revista argentina del siglo XIX

Intellectual and scientific anti-indigenista and anti-anarchist vision in a journal of the nineteenth century Argentina

Antiindigenista intelectual e científica e visão anti-anarquista em um jornal do século XIX Argentina

Martha Delfín Guillaumin

Recibido: 27-05-2016 Aprobado: 22-06-2016

 

En septiembre de 1878 fue publicada por primera vez la obra La conquista de quince mil leguas. Estudio sobre la traslación de la frontera sur de la República al río Negro, de Estanislao S. Zeballos,  que sirvió como puntal ideológico para que el Congreso argentino aprobara la llamada Campaña del desierto, es decir, la guerra contra los pueblos indígenas del sur de la República Argentina emprendida por el general Julio Argentino Roca para despojarlos de su territorio. Posteriormente, Zeballos seguiría escribiendo acerca de diversos caciques indios de la Pampa y la Patagonia, pero particularmente sería el fundador y director de la Revista de Derecho, Historia y Letras desde 1898 hasta su muerte en 1923.

A continuación ofrezco un breve apartado de mi escrito de tesis doctoral ¿Salvajes o marginados? La justificación ideológica de la  Campaña del desierto del general Julio A. Roca de 1879 en la obra de Estanislao S. Zeballos. En este texto se incluye información acerca de los artículos antiindigenistas y antianarquistas de Zeballos en dicha revista, y también aporto un contexto histórico con las siguientes referencias biográficas y editoriales sobre este personaje nacido en 1854 en Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina. De acuerdo con la descripción de Vicente Osvaldo Cutolo en su Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, Estanislao S. Zeballos:

era bueno y generoso, risueño y activo, con su flor en el ojal de la solapa, y su verbo copioso de desbordada fantasía. Su boca era bien formada, y el labio inferior se sostenía por un mentón recio, proporcionado, la mandíbula inferior arqueada, en contraste con la blancura del bigote y de las cejas. Su rostro tenía el rasgo saliente de su color y de sus ojos, de mirar brillante y agudísimo. Era proverbial su puntualidad de gentleman, caminaba con cierto taconeo, rápidamente y erguida la cabeza provista de cabello encanecido. Erudito, talentoso y poseedor de una gran cultura general brilló en todos los escenarios dentro y fuera del país.[1]

 

Sin embargo, la presunta bondad de Zeballos y su amplia generosidad no abarcaban a los indios argentinos ni a los anarquistas[2]; no obstante, su “desbordada fantasía” y su erudición sí le fueron útiles para escribir acerca de ellos a lo largo de su vida, ya fuera en los artículos periodísticos de la prensa, los libros con carácter científico, sus novelas históricas o en su carácter de editor y articulista de la Revista de Derecho, Historia y Letras.

 

Siglas empleadas:

AZL, “Archivo Estanislao S. Zeballos” del Complejo Museográfico “Enrique Udaondo”, Luján, Provincia de Buenos Aires, Argentina

RDHL, Revista de Derecho, Historia y Letras

 

V.1 Breve semblanza del contenido de la Revista.

Poll epístato érga. Kakös de epístato panta[3]

 

La Revista de Derecho, Historia y Letras fue publicada por primera vez a mediados de 1898 y apareció hasta diciembre de 1923, pocos meses después del deceso de Zeballos en Liverpool; así, la Revista llegó a alcanzar los 76 volúmenes. Zeballos se encargó de invitar a lo más granado de la intelectualidad argentina de aquel entonces para que participara en su Revista. En consecuencia, la Revista formaba parte de una red intelectual, ya que, como afirma Terán:

En cuanto al tipo de intelectual dominante, sigue siendo válida la caracterización de  David Viñas, que utilizó la definición de gentlemen escritores para referirse a estos miembros de la Generación del 80 para quienes la escritura se establecía como una continuidad de su posición sociopolítica. Vale asimismo la referencia de Halperin Donghi para contrastar este período cultural con el inmediatamente anterior: mientras que en este último el escenario estaba dominado por las voces de Sarmiento y Alberdi, en el 80 las intervenciones adoptaron un aire coral.[4]

 

Si bien es cierto que Zeballos pertenecía a esa Generación del 80 pero la aparición de su Revista es posterior (1898), de todos modos me parece válida la opinión de Terán porque precisamente Zeballos, a través de su Revista, intenta legitimarse en el campo intelectual, más allá de su posición sociopolítica en el tránsito del siglo XIX al XX. Es en esta época, cuando se crea la Revista, que se encuentran en plena ebullición las ideas y políticas en torno a las masas, las multitudes argentinas que se conforman, sobre todo, por los inmigrantes europeos recién llegados y los inmigrantes criollos[5] provenientes del campo que se han instalado en los centros urbanos o en las unidades de producción agropecuaria. También en ese entonces se evidenciaba la tensión entre la modernización y las reacciones tradicionalistas en el marco de las representaciones intelectuales:

Estas preocupaciones que la crisis del ´90 potenció (pero que en ningún momento predominaron sobre el clima de confianza final en el progreso) fueron respondidas desde matrices ideológicas diversas y algunas de ellas también renovadas, dentro de un período cultural caracterizado por una superposición de teorías y estéticas, donde convivían el romanticismo tardío con concepciones católicas y las novedades del socialismo y el anarquismo. En el estrato intelectual, el positivismo y el modernismo cultural resultaron los dos grandes cánones interpretativos de la nueva problemática.

Los más significativos militantes de la primera corriente fueron José María Ramos Mejía, Carlos Octavio Bunge y José Ingenieros, mientras que Florentino Ameghino (1854-1911) ejercerá una influencia que desborda el mundo académico y se instala como figura de apóstol laico en el imaginario de sectores sociales más amplios. A partir de coordenadas generales compartidas en torno al privilegiamiento de los “hechos” y la búsqueda de leyes objetivas, todos ellos seleccionaron orientaciones spencerianas y comteanas, apelando a la psicología de las masas o al darwinismo social, y a partir de esos parámetros construyeron diversas representaciones de la sociedad.[6]

 

Zeballos publicaba las reseñas a las novedades editoriales de estos intelectuales, por ejemplo, dedica un artículo a Las Multitudes Argentinas de José María Ramos Mejía, quien a su vez, había sido profesor de José Ingenieros. Éste escribe artículos para la Revista igual que Carlos Octavio Bunge, quien también fue discípulo de Zeballos. Florentino Ameghino se cartea con Zeballos y lo hace partícipe de su pleito con Francisco Moreno por las colecciones del Museo de La Plata.[7] Zeballos es un gentleman escritor que se codea con la intelectualidad de la época y esa es la razón por la cual se halla en tantos escenarios, ya sea como editor, como publicista, como político, como jurista, como ministro, como profesor o miembro de asociaciones internacionales de ciencia o de abogacía. Un verdadero “hombre-orquesta” como lo apodaran sus contemporáneos, según Giusti.

Por otra parte, Zeballos tiene un fuerte vínculo con los libreros de ese entonces, las principales imprentas de Buenos Aires se hacen cargo de la edición de la Revista. Eso se evidencia por las casas editoras que se ocuparon de la impresión de la  Revista durante su existencia. Cuando apareció por primera vez en junio de 1898 fue el editor Jacobo Peuser quien se hizo responsable de la publicación. En el Archivo de Luján se halla la correspondencia de los libreros con Zeballos y hay varias cartas de estas casas editoras. Pierre Dauphin y los señores Schenone Hnos. y Linari fueron otros de sus editores. Estos últimos, a través de una carta dirigida a Severo Vaccaro (el administrador de la Revista desde diciembre de 1915, encargado de llevar asuntos tales como la lista de suscriptores, conseguir el papel, hacerse cargo de la publicidad y los pagos), quien a su vez la reenvió a Zeballos, le comunicaron en marzo de 1923 que ya no se harían cargo de la edición de la Revista. En esta misma correspondencia del Archivo de Luján vienen varias misivas de Vaccaro dirigidas a Zeballos para informarle de la situación financiera de la Revista y por lo que dejan ver no era muy halagüeña, por ejemplo, en una de estas cartas, fechada el 20 de abril de 1920, le incluye un comentario sobre la venta de los ejemplares y dice:

Propaganda.- A pesar de todo lo que se ha hecho entre los 300 agentes con que cuenta “La Cultura Argentina”, entre los que figuran los principales libreros de la república, no se ha conseguido resultado; en primer lugar, porque dicen que es una revista cara, que la ofrecen y no se interesa el público, etc. etc.

En la capital, se dejaba a consignación en las principales librerías y no se conseguía colocar un solo número; no obstante la reciben y tienen a consignación las siguientes:

Jacobo Peuser

Librería Moderna

j. Lajoane

Juan Roldán

Balder Moen

Beutelspacher & Cía.

Arnoldo Moen

Prudent Hnos.

Jesús Menéndez[8]

 

Al parecer, y por lo que deja ver esta correspondencia, la Revista tenía varios problemas económicos, no obstante el subsidio recibido por parte del Gobierno; por ejemplo, suscriptores que no pagaban su cuota, suministro de papel, bodega, propaganda, ventas, entre otras cosas. La situación económica de la Revista no era buena y esa puede ser la razón de que Zeballos haya cambiado de editores en diversas ocasiones y de la ruina al final de su vida.[9] Existe una misiva de la Casa Jacobo Peuser del 30 de junio de 1911 en la que dice que “Si nos hemos tomado la libertad de recordarle la cancelación de su cuenta, ha sido en mérito al monto de la misma y al hecho de haber en ella algunas partidas de procedencia bastante lejanas, cuya cancelación nos hubiera gustado ver figurar en nuestros libros antes de cerrar nuestro balance anual; pero, nada más.”[10]

En otro orden de cosas, me gustaría comentar que los lectores de Zeballos quedaron registrados en listas como las que se conservan en el Archivo de Luján. En estos listados se aprecia que se trata de instituciones y de personajes del mundo de la política, del gobierno, particulares ilustres o intelectuales. Por ejemplo, en una lista de marzo de 1917 aparecen mencionados, entre muchos otros, estos suscriptores: Dr. José M. de Achaval, Dr. Marco A. Avellaneda, Manuel F. de Anchorena, Archivo General de la Nación, Rafael Alcorta, Biblioteca Facultad de Derecho, Biblioteca Rivadavia, Club del Progreso, Círculo Italiano, Colegio Nacional, H. Cámara de Diputados Secretaría, Comisión Municipal, Corte Suprema de la Nación, Facultad de Filosofía y Letras, Ignacio D. Irigoyen, Dr. Arturo Gramajo, Dr. Leopoldo Melo, Dr. Ernesto Quesada, Carlos Rodríguez Etchart, Dardo Rocha, Museo Mitre, Sociedad Rural Argentina, por mencionar sólo algunos. En el mismo listado aparecen los suscriptores en el extranjero, por ejemplo, la Library of Harvard University o la Library of Congress del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.[11]

También es común hallar cartas de los suscriptores o de los particulares y las diversas instituciones que solicitaban canjear o recibir la Revista. Por ejemplo, hay una carta de The Hispanic Society of America que en noviembre de 1917 pedía a Zeballos que aceptara el intercambio de su publicación por la de ellos, La Revue Hispanique y si les podían mandar una colección completa de la  Revista de Derecho, Historia y Letras.[12]

Por otra parte, quiero mencionar que entre los artículos pueden encontrarse reseñas o comentarios de libros; verbigracia, el escrito de L. Haradoc dedicado al último libro de Herbert Spencer y resumido en el tomo décimoséptimo (noviembre de 1903 a febrero de 1904) por J. Alfredo Ferreira como homenaje póstumo titulado “Herbert Spencer y el positivismo. A propósito de su último libro” Facts and Comments. En una nota a pie de página de ese artículo dice que Spencer era “la más alta inteligencia filosófica del siglo XIX” después de Augusto Comte. En ese mismo tomo viene incluido un artículo sobre un texto de José Ingegnieros [sic], “Simulación de la locura”. También uno titulado “Plan para la enseñanza del idioma castellano” de V. Mercaste.[13]

No es mi propósito ahondar sobre este último particular, me refiero a la manera como se pretendió dar una homologación a los ciudadanos argentinos de aquel entonces obligando a las masas a formar parte del mismo modelo civilizatorio, sólo queda la reflexión de que la Revista de Zeballos contenía ese discurso finisecular -todavía impregnado de positivismo pero ya inmerso en nuevas tendencias teóricas- en el tránsito al siglo XX, el de la cuestión nacional, el de la antropología criminal lombrosiana[14], el de la profilaxis social (psiquiatría, sanidad, higiene pública), el de la búsqueda de una nueva nacionalidad con propuestas como las de José Ingenieros y la “nueva raza argentina”, más blanca, más europea, formada “por el conjunto de variaciones sociales y psicológicas que la Naturaleza argentina imprime a las razas europeas adaptadas a su territorio”[15], el que la educación patriótica, la psicología social  y la praxis judicial conllevaban. Considero que esto, el incluir en su Revista este tipo de artículos, formaba parte de algo que a Zeballos le interesaba muy probablemnte, más allá de sus preocupaciones patrióticas, el que su publicación ayudara a “construir un fundamento simbólico estable en medio del proceso modernizador” puesto que, dice Terán, “por tratarse precisamente de una construcción simbólica, este emprendimiento ofreció un espacio de intervención y de legitimación para los intelectuales, en un momento en que no lo hallaban ni en un mercado todavía por crearse ni en un mecenazgo en vías de extinción.”[16]

 

V.2 El pensamiento antiindigenista de Estanislao S. Zeballos. La cuestión indígena luego de 1879 en los artículos de la Revista de Derecho, Historia y Letras. Los anarquistas, los nuevos bárbaros.

“Nuestra patria civilizada organiza policía que nos

cuida y justicia que nos ampara. Por eso no hay patria

más cariñosa, más linda que la República Argentina;

y debemos querer a nuestra patria como queremos

a la madre buena, al padre respetable, al amigo leal,

a la tierra más hermosa del mundo”

 

Manuel Carlés,

Catecismo de la Doctrina Patria,

Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina,

Patria y Orden, 1921[17]

 

“…el paria sin familia, sin hogar, sin religión y sin Patria,

surge asesino y desvastador, como antes el indio,

para incendiar campos, para asaltar estancias…”

 

Revista El Soldado Argentino,

editada por el ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO,

N° 13, año II, 2/I/22, en artículo

contra los huelguistas patagónicos[18]

 

En realidad no son muchos los artículos que Zeballos dedicó a la cuestión indígena en su Revista, por lo menos ya no sobre los indios salvajes, sino sobre algunas curiosidades de tipo arqueológico, lingüístico o etnográfico. Por ejemplo, en el número de la Revista correspondiente a los meses de marzo a junio de 1901 aparece el artículo “Condición jurídica del indio. Enrolamiento y servicio militar” escrito por Miguel Ángel Garmendia. Llama mi atención el hecho de que este personaje escribe a favor de los indígenas y critica los procedimientos crueles e innecesarios para someter e incorporar a los pueblos originarios argentinos, no sólo la experiencia habida con los del sur, sino con los del Chaco. Sostiene que el indígena argentino es una persona libre y ciudadana: “Bien que la condición jurídica del indio no sea un punto completamente aclarado, hay un aspecto de la cuestión definitivamente establecido, y es éste: el indio no solamente es un hombre libre, sino que también reviste el carácter de ciudadano argentino.” Algo asombroso, desde mi punto de vista, es el que se incluya un artículo tan aparentemente crítico del sistema en la Revista de Zeballos puesto que éste, en su momento, fue el publicista de Roca en su campaña genocida contra los pueblos originarios del sur argentino. Otro aspecto de este artículo que vale la pena de ser comentado es el de la opinión del autor sobre la soberanía de los pueblos indígenas, compara a cada momento con la situación de los pueblos originarios de los Estados Unidos de Norteamérica y entre otras cosas dice que:

Es dable discutir si, ante el derecho natural, el dominio de aquella puede establecerse legítimamente sobre tierras poseídas desde tiempo inmemorial por los indígenas, que las ocuparon como dueños y señores; podrá decirse que sólo por el derecho de conquista, que nosotros mismos hubimos de repudiar para emanciparnos de España, se llega al resultado del apoderamiento de las regiones ocupadas por las tribus y transmitidas de padres á hijos; pero lo cierto é indudable es que, en el hecho y en el derecho histórico, la soberanía nacional se extiende á todo el territorio comprendido dentro de los límites de la república, aunque se trate de aquellas comarcas salvajes, pues entre nosotros no se ha admitido la existencia de las tribus en la categoría de estados ó semi-estados, mientras que en Norte América las tribus siempre han sido tratadas como poseedoras de uan soberanía dependiente, como naciones aparte, auqne sometidas al gobierno general de la Unión. Allí se ha llegado á la conclusión de que si las tribus no pueden ser consideradas como naciones extranjeras en el riguroso sentido de la palabra, deben serlo como formando una sociedad política diferente, capaz de gobierno propio, aunque sometida al pupilaje de la nación, como o ha declarado la suprema corte federal, sin perjuicio de los derechos de los indios considerados individualmente. […] Nuestras tribus no ejercen soberanía sobre las tierras que ocupan, por más que sean sagrados é indiscutibles los derechos que los indios tienen individualmente sobre esas mismas tierras, derechos consagrados por la constitución y las leyes comunes, y que ellos pueden hacer valer contra cualquier acto de despojo ó violencia, ya provenga de un individuo, del gobierno de la nación ó de las provincias.[19]

 

Este cambio de mentalidad con respecto a la cuestión indígena puede homologarse -en el caso de Zeballos- con la reflexión que hace en torno a los indígenas tobas del Chaco. Como ya lo señalé, según Durán, Zeballos sufrió un cambio en su forma de analizar la cuestión indígena luego de su visita a las misiones franciscanas del Chaco hacia 1918. Pensaba que los indios tobas se podían integrar a la sociedad argentina puesto que eran proclives a ser redimidos merced a la educación y el trabajo. Lamentaba que éstos hubieran sido tan castigados para traer a inmigrantes que no resultaron lo que se esperaba de ellos, sobre todo los anarquistas, los huelguistas. A su regreso a Buenos Aires, cierta noche, mientras soñaba con los indios de Chaco despertó molesto por el claxon de un automovilista maleducado, entonces se puso a pensar en todo el dinero gastado durante tanto tiempo en las fronteras militares y los cientos de indios acuchillados, y los que aún vivían en ese momento “explotados y bárbaros en el Noreste argentino”, mientras a la Argentina llegaba una “inmigración costosa y a veces mala” según Zeballos, quien a su vez se cuestionaba: “¿hemos procedido con los indios como hombres civilizados?”[20]

Esta inmigración “costosa y a veces mala” era la conformada, sobre todo, por anarquistas, por aquellas personas que se convirtieron en el nuevo foco de interés de Zeballos. No es de extrañar que destinara varios de los artículos de su Revista a atacar a estos indeseables, a la canalla, el “populacho argentino”. Incluso, los llegó a comparar con la plebe de los Estados Unidos a la que denominaba “Negros, canalla”. Cuando comenta su encuentro con una persona negra de los Estados Unidos se refiere a ésta diciendo: “Nos dio la mano gruesa y negra con toda la sanfaçon de nuestros compadritos”. O también llegó a escribir en su diario de viaje a Estados Unidos: “Pero esa masa de gente impresiona desagradablemente. Es sucia, vulgar, obrera”. Como bien apunta David Viñas, esta forma de expresarse de la masa es idéntica a los que sostenía Federico Figueroa, en 1906, en el artículo aparecido en la Revista de Zeballos, “Las huelgas en la República Argentina y el modo de combatirlas”, y explica la aparición de artículos como el “Asesinato del jefe de Policía” en 1909.[21] Este último se refiere al discurso pronunciado en junio de 1916 por el vicealmirante Atilio S. Barilari, y que formó parte del homenaje dedicado al jefe de policía de la ciudad de Buenos Aires, Ramón L. Falcón, asesinado por “los procedimientos brutales del anarquismo desenfrenado”. El autor del artículo denominaba a los anarquistas como una “secta invisible, radicada en las más bajas y tenebrosas capas sociales.”[22]

Así, Zeballos no desaprovecha la ocasión para hablar mal de los anarquistas o de los huelguistas, que para el caso es lo mismo. En la Revista se encuentran artículos que expresan un rechazo absoluto a estos personajes, como el dedicado al asesinato de Sisi, Elizabeth de Baviera, esposa del emperador Francisco José de Austria. Este artículo, publicado en 1899, se llama “Persecución y castigo de anarquistas”, y se trata de la reproducción del informe de la Legación Argentina en los Estados Unidos de América escrito en Washington por Zeballos el 30 de julio de 1894:

El asesinato de la emperatriz de Austria-Hungría ha reabierto el debate universal sobre la persecución y castigo de los anarquistas. Aquel crimen ha indignado á la Humanidad. Ninguna persona más digna de respeto y de tierna simpatía pudo ser elegida para víctima del crimen. La Europa conmovida adoptará medios de defensa social y acaso pueda ser una de ellas la deportación de los anarquistas á colonias asiáticas, africanas y oceánicas. Los Estados Unidos de América empezaron la lucha en 1885 y fueron extremos y contundentes en ella. El documento que publica hoy la REVISTA DE DERECHO HISTORIA Y LETRAS es de actualidad y ha sido escrito de improviso por las razones dadas en el mismo, en medio de la lucha extraordinaria que en aquel país se desarrollaba. El sistema americano ha sido eficaz y se reduce á aplicar las leyes locales con inexorable energía. La Europa empieza á inclinarse al sistema.[23]

 

Luego, en septiembre de 1917, Zeballos escribe un artículo sobre el gobierno radical de aquel entonces y no desaprovecha la oportunidad para expresarse así de los huelguistas:

El gobierno amparó loa huelga del puerto en 1916 y luego la primera de los ferrocarriles con la noble esperanza, tal vez, de tranquilizar y de dominar benévolamente las agitaciones y exaltaciones obreras. El resultado ha sido negativo, porque los directores huelguistas han interpretado la actitud del gobierno como un acto de solidaridad y de estímulo contra el capital y contra la población inocente, que es víctima de estos sucesos. Los agitadores políticos socialistas comprendieron el error del Ejecutivo y han comunicado mayor intensidad a los tumultos obreros, haciéndolos degenerar en crímenes.[24]

 

O en otro artículo de marzo de 1920 escrito por Zeballos en  Mar del Plata, dedicado a homenajear póstumamente al poeta Rafael Obligado, vuelve al ataque contra el radicalismo y, de paso, contra la canalla popular:

Obligado es una gloria argentina, de América y del habla castellana, ya sancionada por las altas autoridades de sus letras. Ellas llorarán su muerte y consagrarán guirnaldas a su recuerdo. En este coro de universales condolencias solamente ha callado la voz que debió pronunciar la expresión más alta del sentimiento y de la cultura nacional: el Ministerio de Instrucción Pública.

Es una de las funestas y repetidas consecuencias de la ley electoral Sáenz Peña, que ha proscrito del gobierno argentino el Talento y el Saber, entregándolo a las imposiciones dinámicas del músculo y a la avidez de las entrañas.[25]

 

Este pasaje se parece a lo que Aristóteles pensaba de los siervos por naturaleza, es decir, la robustez de los siervos frente al talento de los patricios. En este caso, serían obreros por naturaleza.[26] Con este tipo de comentarios no es de extrañar que Zeballos formara parte de la Liga Patriótica Argentina durante los episodios funestos de las huelgas patagónicas a principios de la década de 1920. Recuérdese que también el perito Moreno se sumó a esta causa patriótica contra el proletariado subversivo.[27]

Volviendo al tema indigenista, más bien, antiindigenista de Zeballos, en la Revista de Derecho, Historia y Letras, como ya lo señalé, hay muy pocos artículos dedicados a esta temática, claro reflejo de que esta cuestión ya no formaba parte de las preocupaciones fundamentales de este autor. Entre estos escasos artículos hay un escrito, “La pampa treinta años antes”, aparecido en 1909; en realidad se trata de una carta de Zeballos enviada al coronel Nicolás Levalle el 5 de diciembre de 1879, durante su multicitado viaje al país de los araucanos. Es una simple remembranza: “La carta que publicamos es dirigida al coronel Levalle, escrita en un punto inmediato al actual pueblo General Acha, desde una región donde aun vivían restos dispersos de las tribus indígenas y donde hoy, en breve lapso de tiempo, una civilización vigorosa y próspera, apoyada en los ferrocarriles y en la industria, ocupa y transforma los campos.”  En la posdata de esta misiva se evidencia una vez más la referencia que Zeballos hace al Archivo de Salinas Grandes: “Hemos tomado parte de la correspondencia de Namuncurá en un médano. Hay una carta que parece de Ud. ó del coronel Teodoro García. Vá un carguero de dos barricas y un cajón con objetos de indios. Vale.”[28]

Otros artículos que he localizado en la Revista versan sobre cuestiones lingüísticas, acerca de curiosidades arqueológicas o históricas y/o disquisiciones de índole etnográfica; por ejemplo, “Derechos de los Indios y su protección. Ordenanzas del gobernador HERNANDARIAS DE SAAVEDRA dada el 12 de diciembre 1598 en el Libro del Cavildo-Años 1595 á 1599-Vol. 2 N° 27”, documento que Zeballos poseía como copia del Archivo de la Asunción del Paraguay y que conservaba en su biblioteca. Otro artículo sería el de “¿Existió la civilización calchaquí? Similitud íntima entre los antiguos habitantes del Tucumán y los del sud-oeste de los Estados Unidos del Norte. Influencia que pueden tener, en el curso de los estudios históricos de América, las ideas emitidas al respecto”  escrito en Lima en septiembre de 1905 por E. Larrabure y Unanue, lingüista, historiador y diplomático peruano y quien negaba rotundamente que la cultura calchaquí hubiera existido siquiera a no ser por su relación con el Tawantinsuyu y mucho menos que tuviera alguna relación con el sudoeste estadounidense.[29]  También hay un artículo de agosto de 1907 titulado “Sobre los indios araucanos. Apuntes tomados de un manuscrito inédito” prologado por Rodolfo R. Schuller, quien aclaraba que al encontrarse en el archivo de la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile “en busca de datos para una obra que, sobre la bibliografía del idioma araucano, tenemos en preparación, entre muchos otros documentos que desenterramos del polvo del olvido, dimos con esta corta relación del meritorio Fray Melchor Martínez [del convento de Chillán] sobre los indios araucanos”.[30] Otro escrito más que deseo citar es el del general Rafael Uribe Uribe sobre la “Reducción de salvajes. Memoria presentada al Gobierno de Colombia”, en el que proponía, según él, medios más civilizados, “de reducción metódica” para incorporar a los indígenas a la sociedad colombiana. Estos procedimientos incluirían a las colonias militares, a las misiones religiosas y a los cuerpos de intérpretes para:

Conquistar los dos tercios del territorio nacional, que no pueden poblarse por causa de los bárbaros que los dominan […] Adquirir 300,000 brazos para las industrias extractivas, pastoril y de transportes internos, ya que mientras no haya caminos racionales, son ellos los únicos que pueden explotarlas. Tornar productiva una masa tan considerable de población nacional, hoy ociosa, es por lo menos tan importante como traer brazos del extranjero. Esos brazos indígenas serán también los más propios para la defensa de nuestras fronteras y los más aptos como predecesores de la raza caucásica en comarcas tan fértiles como bravías […] Establecer la paz y seguridad de muchas poblaciones, y evitar así en lo futuro la efusión de sangre, gastos ingentes y riesgos de la soberanía; y […] Cumplir el deber humanitario impuesto por Cristo á todo pueblo civilizado delante de los pueblos bárbaros, en las siguientes sublimes palabras del Evangelio: […] id hacia aquellos que yacen sentados en las tinieblas y sombras de muerte, y dirigid sus pasos por las vías de la paz.

En nuestra condición de raza conquistadora, ya que arrebatamos el suelo al indio y que cada día vamos estrechándolo para lo más recóndito de las selvas, tenemos la obligación –si de veras somos cristianos,- de arrancarlos á la barbarie en que viven, para traerlos á la comunión de la fe, del trabajo y de la sociedad. De seguro que la Providencia no creó al indio para conservarle segregado del movimiento general del progreso humano, á que no es en forma alguna refractario, por más que hayamos hecho para tornárselo repulsivo.[31]

 

Hay otros artículos  que versan sobre temas vinculados con los pueblos originarios, por citar unos más: “Orígenes de la lengua araucana” de Pablo Patrón, quien sostenía que este idioma estaba emparentado con las lenguas asiáticas, con el sumerio.[32] El de Adán Quiroga, “Çupay-Mikilo y los hapiyñuños”, capítulo inédito de la “Mitología calchaquí”.[33] Por último, una referencia al texto “Lengua Fueguina Shelknam” del presbítero José María Beauboir, misionero saleciano de la Patagonia y Tierra del Fuego, escrito a mediados de 1915. Este sacerdote le había enviado una carta junto con el libro a Zeballos en mayo de ese año y éste, a su vez, le dirigió una misiva que luego incluye en el proemio del artículo, entre otras cosas le dice que:

Su libro tiene mérito histórico, geográfico, etnológico y lengüístico [sic], por el caudal de las observaciones personales que usted aporta.

No vacilo en creer que este es el vocabulario y estudio de lenguas fueguinas más completo que se conoce, pues usted ha procedido con el detenimiento y las precauciones requeridas, enriqueciendo el material científico con un material original y de la mayor importancia. Este método de trabajo y de averiguación es notable, y me recuerda el del sabio y virtuoso Padre Luis de Montoya entre los guaranís.

Cuando los fueguinos hayan desaparecido, lo que sucederá pronto por absorción o muerte, este libro quedará como un precioso epitafio histórico y científico.

Tengo la idea de que los fueguinos representan al hombre cuaternario de América, así como otras tribus del Chaco me parecen reliquias del mismo; y es muy digno de estudiar, sobre la base de los materiales que usted nos ofrece, si existen algunas analogías fundamentales entre los del sud y los del norte, que revelen la unidad de origen.

Le ruego que acepte mis agradecimientos y sinceras felicitaciones. E. S. Zeballos[34]

 

Desgraciadas palabras proféticas las de Zeballos en el caso de los indígenas Selk’nam de Tierra del Fuego. Puedo suponer que estos escritos son una evidencia de la mirada etnocéntrica con la que se construyera el discurso dominante sobre los indígenas en Argentina: curiosidad científica, exotismo, primitivismo, fanatismo religioso y, sobre todo, control social, político, cultural y económico sobre los sobrevivientes de los pueblos originarios.

Como ya lo he comentado, Zeballos murió arruinado, sus bienes fueron subastados y su hijo se vio obligado a no publicar más la Revista de Derecho, Historia y Letras. En diciembre de 1923 escribía:

Con el presente número cesa la publicación de esta REVISTA, que fundara y dirigiera mi señor padre, durante veinticinco años, con grandes pérdidas, cuyo origen no creo oportuno mencionar.

Me veo en la necesidad de tomar esta resolución, por las dificultades que se han suscitado.

Pero si es posible, la “Comisión de Homenaje” a su memoria la reeditará en segunda época, transformándola en órgano oficial de ella bajo la dirección de su presidente. E. M. Zeballos.[35]

 

 

Notas:

[1] Vicente Osvaldo Cutolo, Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930), Buenos Aires, Editorial ELCHE, 1985, pp.797-798.

[2] Seguramente Zeballos se refiere, cuando habla de “inmigración costosa y mala”, a los europeos ácratas que arribaron a Argentina en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, los cuales eran vistos como personas indeseables, “la escoria de Europa”. De hecho, en la Revista de Derecho, Historia y Letras le dedica algunos artículos al tema de las huelgas y de los obreros anarquistas, a quienes considera indeseables.

No se debe olvidar, según informa Osvaldo Bayer, que Zeballos, al igual que el perito Francisco P. Moreno, formó parte de la Liga Patriótica Argentina, cuyo lema era “Patria y Orden”, que a principios de la década de 1920 hostigó a los huelguistas de la Patagonia bajo el pretexto de hacer respetar “a la ley, el principio de autoridad y el orden social”, particularmente, el adoptar “las medidas necesarias para que los elementos de la Liga puedan agruparse en organizaciones vecinales que cooperen a la acción represiva de todo movimiento de carácter anarquista.” La Patagonia rebelde I. Los bandoleros, Argentina, Grupo Editorial Planeta/Booket, 2004, nota 34, pp. 263-264.

Si atendemos el contenido de los versos de Kaváfis: ¿Y qué vamos a hacer sin bárbaros? Esa gente era una especie de solución, los nuevos bárbaros en la Argentina de 1920 serían los ácratas indeseables, los nuevos subversivos.

[3] “Aunque supo muchas cosas, mas todas las supo mal”. Verso del Margites, poema satírico que se atribuye a Homero. En Alberto Herr Solé, Ángel María Garibay Kintana o la confrontación de los orígenes, México, El Colegio Mexiquense-Instituto Mexiquense de Cultura, 1992, p. 49.

[4] Oscar Terán, “Ideas e intelectuales en la Argentina, 1880-1980”, pp. 13-95, en Ideas en el siglo. Intelectuales y cultura en el siglo XX latinoamericano, Oscar Terán (coordinador), Argentina, Fundación OSDE-Siglo XXI Editores Argentina, 2004, p. 14.

[5] Por criollo se entiende en Argentina a la gente oriunda, a la gente de la tierra.

[6] Oscar Terán, “El pensamiento finisecular (1880-1916)”, pp. 327-363, en Nueva Historia Argentina. El Progreso, la modernización y sus límites (1880-1916), tomo V, dirección del tomo Mirta Zaida Lobato, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, p. 330.

[7] Esto no aparece en la RDHL, sino en las cartas que se hallan en la correspondencia personal de Zeballos en el AZL.

[8] Revista de Derecho, Historia y Letras, Caja 112, AZL.

Otro aspecto que vale la pena destacar es el de los impresores, también a través de ellos se opera un tráfico de bienes simbólicos que le dan significación a tales coincidencias circulatorias.

Sobre los libreros en la Ciudad de Buenos Aires, véase a Alejandro Eujanián, “La cultura: público, autores y editores”, pp. 545-605, en Nueva Historia Argentina. Liberalismo, Estado y orden burgués (1852-1880), Marta Bonaudo, dirección del tomo, Buenos Aires (impreso en España), Editorial Sudamericana, 1999, pp. 562-563

[9] Según Juan Guillermo Durán, Zeballos no administró bien su fortuna por desempeñar múltiples cargos en la esfera académica y política y eso lo distrajo. Zeballos costeaba de su peculio sus obras (emprendimientos) científicas y culturales de su autoría, además de “la constante colaboración prestada al  desarrollo de diferentes obras relacionadas con la beneficencia pública, las cuales pusieron de manifiesto sus acendrados ideales filantrópicos, como se decía en la época.”, Namuncurá y Zeballos. El Archivo del Cacicazgo de Salinas Grandes (1870-1880), Argentina, Universidad Católica Argentina-Bouquet Editores, 2006, p. 66.

[10] Revista de Derecho, Historia y Letras, Caja 112, AZL.

[11] Revista de Derecho, Historia y Letras, Caja 112, AZL.

[12] Revista de Derecho, Historia y Letras, Caja 112, AZL.

[13] RDHL, tomo decimoséptimo, noviembre de 1903 a febrero de 1904.

[14] Sobre la antropología criminal lombrosiana véase la introducción y el primer capítulo del libro de Eugenia Scarzanella, Ni gringos ni indios. Inmigración, criminalidad y racismo en la Argentina, 1890-1940, 1ª edición, Argentina, Universidad Nacional de Quilmes, 2003.

[15] José Ingenieros, “Sociología argentina” apud Oscar Terán, “El pensamiento finisecular (1880-1916)”, pp. 327-363, en Nueva Historia Argentina. El Progreso, la modernización y sus límites (1880-1916), tomo V, dirección del tomo Mirta Zaida Lobato, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, pp. 344-345.

[16] Oscar Terán, “Ideas e intelectuales en la Argentina, 1880-1980” en Ideas en el siglo. Intelectuales y cultura en el siglo XX latinoamericano, Op. Cit., p. 17.

[17] Osvaldo Bayer, La Patagonia rebelde II. La masacre, 1ª edición, Buenos Aires, Booket, 2004, p. 11.

[18] Ibid., p. 393.

[19] RDHL, T. IX, marzo a junio de 1901, p. 57.

[20] Estanislao S. Zeballos, Soñando con los Indios del Chaco, 1918, p. 35, citado por Durán en su estudio preliminar al libro de Zeballos, Episodios en los territorios del sur (1879), estudio preliminar, edición y notas de Juan Guillermo Durán, Argentina, El Elefante Blanco, 2004, p. 124, nota 134.

[21] David Viñas, De Sarmiento a Dios. Viajeros argentinos a USA, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1998, pp. 148-149.

[22] RDHL, tomo sexagésimo, mayo a agosto de 1918, p. 387. Sobre este personaje, véase a Osvaldo Bayer, La Patagonia rebelde, Op. Cit.

[23] RDHL, año I, tomo II, año 1899, p. 449. Nótese que se trata de un escrito de 1894.

[24] RDHL, tomo 58, septiembre a diciembre de 1917, p. 267.

[25] RDHL, tomo 65, enero a abril de 1920, p. 560.

[26] “La naturaleza muestra su intención al hacer diferentes los cuerpos de los libres y los de los esclavos; los de éstos, vigorosos para las necesidades prácticas; y los de aquéllos, erguidos e inútiles para estos quehaceres, pero útiles para la vida política.”, Aristóteles, Política, libro I,  apud  Antonello Gerbi, La disputa del nuevo mundo. Historia de una polémica, 1750-1900, México, FCE, 1982, p. 87.

[27] Sobre estas huelgas véase a Osvaldo Bayer, La Patagonia rebelde, Op. Cit.

[28] RDHL, año XII, tomo XXXIV, 1909, p. 616 y p. 618.

[29] RDHL, año IX, tomo XXIII, enero de 1906.

[30] RDHL, año X, tomo XXVIII, octubre de 1907. Lo señalado entre corchetes es mío.

[31] RDHL, año X, tomo XXVIII, octubre de 1907, pp. 227-228.

[32] RDHL, tomo IX, marzo a junio de 1901.

[33] RDHL, año I, tomo II, 1898.

[34] RDHL, tomo LI, mayo a agosto de 1915, pp. 287-289. Lo señalado en negrita es mío.

[35] RDHL, Buenos Aires, año XXV, tomo LXXVI, p. 612.

 

Cómo citar este artículo:

DELFÍN GUILLAUMIN, Martha, (2016) “La visión intelectual y científica antiindigenista y antianarquista en una revista argentina del siglo XIX”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 28, julio-septiembre, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 28 de Septiembre de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1343&catid=5

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