Pacarina del Sur
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Juan Pablo Chang Navarro en el testimonio de Jorge Turner

Jorge Turner es natural de Panamá. Desde 1969 reside en México, llegó en calidad de desterrado. Actualmente se dedica al periodismo, es maestro en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, y un destacado y veterano militante internacionalista. Es autor de “Juan Pablo Chang, un revolucionario latinoamericano”, publicado en la revista Tricontinental, num. 32 en 1968, en La Habana, Cuba, así como de varios ensayos y libros sobre Panamá y América Latina.

Palabras clave: Chang Navarro, Turner, Perú, Bolivia

 

¿Cómo conoció a Juan Pablo Chang?

Yo he vivido muchos años acá en México, dónde he estado durante varias etapas de mi vida. La década de los 50 corresponde a otra etapa de mi estancia en este país. Fue por el 53 ó 54 cuando conocí a Juan Pablo Chang. No sólo lo conocí a él, sino que conocí a buena parte de las figuras del destierro latinoamericano de aquel entonces, que vivían en México. Los primeros años de la década de los cincuenta son de dictaduras en América Latina y, por consiguiente, de desterrados. Recuerdo algunos desterrados de aquel entonces. De la dictadura de Fulgencio Bautista, antes de que viniera Fidel Castro, al doctor Raúl Roa, quien fue director de la revista Humanismo,[i] de la dictadura de Pérez Jiménez, a los hermanos Machado[ii], al poeta Carlos Augusto León[iii]; y de la dictadura de Odría, a desterrados apristas y desterrados comunistas. Entre los desterrados peruanos Juan Pablo resaltaba entre ellos. Tengo muy presente que durante nuestras pláticas me dijo que había militado en el aprismo y que cuando vino a México ya era un hombre de militancia comunista.

 

¿Sabe mayores detalles de esa conversión de Juan Pablo del aprismo al marxismo, a qué se debió, en qué circunstancias?

Entiendo que su cambio de posición no obedeció a la sugerencia de las lecturas, si no a experiencias muy concretas y prácticas. Cuando la rebelión de la Marina Peruana contra el gobierno de turno, para favorecer la causa y la posibilidad de toma del poder del aprismo, el líder del aprismo, Víctor Raúl Haya de la Torre, asumió una postura de desautorización de esa rebelión. Esa fue una razón que llevó a Juan Pablo a meditar seriamente en la posibilidad de buscar una tolda política que se ajustara más a su ser revolucionario y a su deseo de hacer la revolución en América Latina. Esta fue la causa primordial cuando vino a México. Había en él una conciencia muy clara de que el aprismo de aquel entonces se entendía muy bien con el imperialismo norteamericano.

Entre los muchos enjuiciamientos que nosotros compartíamos desde aquel tiempo, se encontraba la postura de que la internacionalización del Canal de Panamá, uno de los puntos fundamentales del programa original del aprismo era un planteamiento incorrecto. Víctor Raúl Haya de la Torre en el fondo proponía, con semejante opinión el estado nacional. Desde los años cincuenta teníamos muy precisos los derechos de Panamá a su soberanía y a un canal panameño que impulsara el desarrollo de América Latina y que contribuyera a enlazar eficientemente el comercio marítimo internacional.

 

Según tengo entendido, usted y él y otros latinoamericanos se reunían en tertulias. ¿Nos podría decir de qué conversaban en ellas?

Teníamos tertulias y no sólo tertulias, sino reuniones formales y sumamente serias de intercambio de experiencias, como hacen todos los hombres con vocación política. El tema principal casi siempre giraba alrededor de la revolución latinoamericana y de las posibilidades que esa revolución tenía en cada uno de nuestros países. A veces soñábamos muy lejos y otras veces nuestra visión era puramente pragmática. Nuestras reuniones frecuentemente no tenían un carácter secreto, si no que, repito, eran reuniones de intercambio de experiencias y de valoración del ángulo desde el cual cada quien analizaba los problemas; teníamos discusiones con los apristas y con los comunistas tendientes a concretar plataformas para la actividad política a largo plazo, no solo para salir del momento dictatorial, sino para lograr regímenes que pudieran enfrentarse al imperialismo y mejorar el nivel de vida de nuestros pueblos latinoamericanos.

 

¿Quiénes formaban el grupo, quiénes se reunían, recuerda algunos nombres?

Bueno, de los peruanos los recuerdo a todos. El grupo más compacto se daba entre los peruanos de militancia comunista o de simpatía con el comunismo y los apristas más rebeldes y críticos a la dirección de su partido. Entre los apristas se encontraba Luis de la Puente Uceda, que fue consecuente con su vida hasta el final, pues después muere, con las armas en la mano, en las montañas peruanas. También estaba Juan Pablo Chang, quien era militante comunista sumamente profundo en sus convicciones. Por otro lado, estaba Genaro Carnero Checa, que había vivido en otras ocasiones en México y que, por su edad, era una especie de decano del grupo peruano. Asimismo, se encontraban dos poetas de gran valía: Juan Gonzalo Rose y Gustavo Valcárcel. De nuestras reuniones también participaban el hoy destacadísimo novelista, Manuel Scorza, con menor militancia, más absorbido por sus inquietudes literarias, y los periodistas Jorge Raygada, de gran simpatía personal, y Mario Puga.

 

¿Cómo recuerda usted a Juan Pablo como amigo, como persona y como militante?

Lo recuerdo siempre como un gran amigo y como una persona bondadosa y amable, a pesar de lo cual, o quizá por este mismo, era muy firme en sus convicciones. Era un militante ciento por ciento y hombre de lecturas que se constreñían, en un alto porcentaje, a la lectura política marxista, con poco tiempo para los entretenimientos. O sea que era un hombre dedicado a la militancia y a la organización política. Estaba muy lejos de su ánimo el dogmatismo, era comprensivo frente a los problemas de los demás y mantenía una actitud unitaria hasta donde fuera posible.

 

¿Qué lecturas recuerda usted que él haya señalado que fueran sus libros de cabecera, como se podría decir?

Como todo peruano de izquierda era mariateguista y leía la obra de Mariátegui, pero era consciente de que a Mariátegui había que actualizarlo, o sea que la mejor manera de ser mariateguista, era ser marxista leninista de su tiempo, del tiempo de Juan Pablo Chang y no del tiempo de Mariátegui. Además, leía los libros de Marx y Engels, de preferencia. En esa época él tenía una gran ilusión con la antropología y también leía muchas obras relacionadas con el tema. Después la vida y su voluntad revolucionaria lo llevan por otro lado, pero en aquel entonces él pensaba que la antropología era muy importante para reforzar su bagaje teórico.

 

¿Sabe cómo fue que Juan Pablo se conectó con el Che Guevara?

Cuando hace un rato me réferi a los desterrados omití a los desterrados que vinieron de Guatemala, guatemaltecos y algunos latinoamericanos que vivían en Guatemala. El año de 1954, en que cae el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, concluyendo así el periodo de diez años que los guatemaltecos progresistas llaman de la “primavera democrática”, resulta el año en que Juan Pablo es expulsado de México, a raíz de la visita del presidente Dwight Eisenhower a este país. Las detenciones preventivas de los revolucionarios con motivo de visitas de esta naturaleza se practicaban antes. En aquel entonces yo no tenía las relaciones con funcionarios públicos que tengo ahora y, por lo tanto, a pesar de mis gestiones, no llegué a saber a qué obedeció la expulsión de Juan Pablo de México, siendo que su detención era pura mente precautoria y que él no violó las condiciones del asilo. Yo no recuerdo con exactitud si cuando el Che vino de Guatemala ya Juan Pablo había sido expulsado de México destino a París. Si el hecho ocurrió antes de que vinieran el Che y los guatemaltecos con seguridad fue que donde se conocieron el Che y Juan Pablo. De haber sido expulsado Juan Pablo antes del viaje del Che, entonces fijo se conocieron en La Habana, el triunfo de la Revolución Cubana.

Los revolucionarios somos una familia que rápidamente se conoce entre sí. Había mil puentes para que el Che y Juan Pablo se conocieran. La primera época del Che, Hilda Gadea, era de nacionalidad peruana y amiga de Juan Pablo. Doña Laura de Albizu Campos, la esposa del más grande prócer puertorriqueño y cuya figura maternal y cariñosa unificada al exilio de aquel tiempo, y que fue atendida por el Che Guevara, aquí en México, de alguna enfermedad, también era de nacionalidad peruana y amigo de Chang. Además Juan Pablo era hombre de un mundo de relaciones amistosas. Que él quien muchos años más tarde, en Europa, me presentó al francés Regis Debray y al argentino William Cooke.[iv] Lo que sí recuerdo mejor fueron las entrevistas del Che Guevara con Raygada y la idea que en aquel tiempo tenia el Che de que toda columna guerrillera importante debía llevar un poeta consigo. Algo así como lo que pensó el rebelde Espartaco antes de Cristo. De ahí que en algún momento pensó en llevarse al poeta Juan Gonzalo Rose al desembarco en Cuba. Pero eso es harina de otro costal.

 

¿Sabía, ya posteriormente, que Juan Pablo estaba en el grupo armado del Che? ¿Lo intuía?

Con certeza no sabía eso. La última vez que lo vi fue a principios de 1966 en la conferencia de la Tricontinental, en La Habana. Juan Pablo, como todo verdadero revolucionario, no contaba lo que no debía contar ni a la persona de su mayor confianza. Yo sí sabía que él tenía un espíritu y una disposición a desarrollar una actividad revolucionaria en un escalón más alto que el de simple militante de masa. En esa ocasión, la víspera de mi salida de La Habana, me citó con el carácter de urgencia para pedirme un servicio. Habíamos empezado a hablar y apenas si me había comunicado que se encontraba comprometido con el movimiento armado de su patria cuando un hecho imprevisto interrumpió la conversación que ya no se reanudaría. Fue la última vez que lo vi. Yo estaba seguro que no dijo lo que dijo para darse importancia, si no que me iba a encomendar una tarea, desgraciada o afortunadamente no ocurrió así. Pero en aquel momento no pude suponer que estuviera vinculado, o que fuera a vincularse al Che Guevara, en un plan guerrillero que comprendería a varias naciones suramericanas. Por eso me impresionó tanto cuando me enteré por los periódicos de su caída junto al Che Guevara en Bolivia en octubre de 1967.

 

¿A raíz de qué Juan Pablo se retira del Partido Comunista Peruano e ingresa en el Ejército de Liberación Nacional?

Algo hablamos de su retiro del Partido Comunista, aunque no tengo el asunto muy preciso. Él, al parecer, no le daba mucha importancia al hecho. Es fácil concluir que él sentía la necesidad de enfrascarse en una actividad más a tono con sus sentimientos y sus propósitos vitales. Si la organización comunista no estaba de lleno comprometida en esta actividad, pues él se separa para estar en completa libertad de dedicarse a organizar la lucha armada.

 

En un articulo suyo aparecido en la revista Tricontinental de noviembre de 1968, usted señala que Juan Pablo Chang no era el combatiente más apto para la guerrilla rural, ¿en qué se basa cuando señala eso?

Juan Pablo Chang era un militante revolucionario ciento por ciento. Eso no quiere decir que fuera un “all around”. Ningún ser humano es bueno en todo. Él era muy corto de vista y era un hombre de ciudad, no un campesino. Su “hábitat” no era el campo. Sus limitaciones para moverse en el monte están patentes en los diarios de Pombo y otros guerrilleros cubanos que sobrevivieron a la experiencia de Bolivia. Hacia el final de la guerrilla, Juan Pablo había perdido los lentes y no veía absolutamente nada de noche. Andaba a tientas. Para superar el problema, él agarraba un cordelito por un extremo y un guerrillero lo halaba por el otro durante las marchas nocturnas.

Juan Pablo era heroico, pero no se solazaba con la idea de serlo. Y, por supuesto que era enemigo del histrionismo e incapaz de intentar realizar descabelladamente lo que estaba fuera de sus posibilidades. Como ahora se sabe, él estaba entre los coordinadores de un plan maestro que comprendía las guerrillas de varios países, inclusive del Perú. Ciertos imponderables lo encerraron en Bolivia y lo abocaron a la guerrilla boliviana. Y él asumió su papel, hasta las últimas consecuencias, según se presentaron las circunstancias. Seguramente él sabía muy bien en qué actividad podía rendir más, de acuerdo con sus facultades, pero no por ello iba a rehusar hacer guerrilla rural, visto que era una persona dispuesta a los mayores sacrificios en pro de sus creencias, si las circunstancias le imponían hacer, guerrilla rural. No demerita a Juan Pablo el hecho de que no haya sido el hombre más calificado para hacer guerrillera rural. Juan Pablo fue un gran hombre por la consecuencia entre su prédica y su acción y por su vocación de sacrificio. En vida fue un gran peruano y un gran ciudadano de la patria grande latinoamericana que amaba al mundo entero. Cuando lo expulsaron de México a París estuvo en esta ciudad cooperando con los revolucionarios africanos, especialmente con los angoleños y con los mozambiqueños. Recuerdo que era íntimo amigo de Marcelino dos Santos[v], hoy vicepresidente de Mozambique.

 

¿Cómo Juan Pablo conoció a la colombiana Irene Valencia, su compañera?

Se conocieron en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. En los primeros años de la década de los cincuenta, Juan Pablo era un hombre preocupado por la antropología y estudiante de la Escuela Nacional de Antropología e Irene, por su parte, es egresada de esta Escuela.

Allí se conocieron y allí tuvieron su noviazgo. Ella fue una persona que se activó mucho para evitar que Juan Pablo fuera expulsado de México y que colaboró con él, digamos, en actividades de solidaridad, ya que ella no era propiamente revolucionaria, si no gente de buenos sentimientos y de simpatía por los revolucionarios.

 

¿Después que lo deportaron de México, volvió a ver a Irene?

Parece que ya no se vieron más y después ella hizo su vida normal con otra persona.

 

¿Quisiera señalar algo más sobre el itinerario revolucionario de Juan Pablo Chang?

Muchas cosas se me vienen a la cabeza, pero preferiría consultar primero algunas fechas. Sólo agregaré que cuando evoco aquella época de los cincuenta en México me nace la satisfacción vanidosa de que yo, con múltiples errores a cuestas en mi vida capté meridianamente en aquel tiempo la autenticidad de Juan Pablo Chang y de Luis de la Puente Uceda.

 


[i] La revista Humanismo fue fundada por Mario Puga, intelectual peruano exiliado en México a fines de 1948 tras el golpe de estado del general Manuel A. Odría. La revista Humanismo, en su primera etapa, entre julio de 1952 y junio de 1954 estuvo dirigida por Puga. En ella, colaboraron otros exiliados peruanos como el antropólogo Carlos Incháustegui. A partir de la segunda mitad de 1954 la conducción de la revista pasó a manos del intelectual cubano Raúl Roa.

[ii] Gustavo Machado, comunista venezolano, vivió una nueva etapa de sus exilios entre los años de 1952 a 1958, bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.  parte del cual es vivido en México. Eduardo, su hermano rompió con el Partido Comunista de su país en 1948, pasando a integrar con Luis Miquilena el Partido Revolucionario del Proletariado (PRP), conocidos como «machamiquis» o «comunistas negros».

[iii] Poeta, ensayista y crítico venezolano. Estudió historia y geografía en el Instituto Pedagógico de Caracas. Activista político, por sus ideas de izquierda sufrió prisión  durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y luego el destierro en México. Obras: Pasos Vivientes (1940), Los Nombres de la Vida (1947).

[iv] William Cooke (1920-1968) militó en las filas de la Unión Cívico Radical. Formó parte de la corriente disidente de esta agrupación populista que dio origen a FORJA, deudora parcial del pensamiento político antiimperialista de Haya de la Torre. En 1946 militó en las filas del peronismo y lo representa en el Congreso. Fue un duro crítico del burocratismo sindical inclinándose a la emergente izquierda peronista que saluda a la Revolución Cubana. La visita de Cooke a Cuba en 1960 y su entrevista con Fidel Castro y el Che Guevara signó ideológicamente el último tramo de su existencia.

[v] Marcelino dos Santos (1929), ingeniero, sociólogo y poeta mozambiqueño, uno de los fundadores del FRELIMO. Fue dirigente de la Casa de los Estudiantes del Imperio y en 1953 asistió al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (Bucarest, Rumania). Se exilió en Francia donde participó en el Primer Congreso de Escritores y Artistas Negros en 1956, y se vinculó a revolucionarios de otros países del Tercer Mundo. A su retorno a África, participó en la fundación del FRELIMO en 1962 y en 1964, en la declaración de Guerra contra el colonialismo portugués.

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