Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Pacarina del Sur

La polémica entre Eugenio Fernández Granell, la AGEAR y el Grupo Saker-ti: Desencuentros ideológicos durante la “primavera democrática” guatemalteca[1]

El artículo aborda la polémica entre el pintor surrealista gallego Eugenio Fernández Granell –conocido como Eugenio F. Granell–, la Asociación Guatemalteca de Estudiantes y Artistas Revolucionarios Asociación –AGEAR– y el Grupo Saker-ti de Escritores y Artistas Revolucionarios durante el gobierno de Juan José Arévalo en Guatemala a partir del análisis de la correspondencia que Fernández Granell mantuvo entre 1943 y 1955 con sus compañeros del POUM y con su mentor André Breton, contextualizada con otros materiales de época o referentes a los hechos políticos y culturales que marcaron su estancia en Guatemala entre1946 y 1950 y la lucha ideológica que la acompañó. Una lucha que trascendía los límites del país y que estaba enmarcada no sólo en la confrontación internacional entre trotskistas y comunistas, sino también en la de la Guerra Fría que terminó por producir la intervención norteamericana en este país centroamericano en junio de 1954.

Palabras clave: Eugenio Fernández Granell, AGEAR, Saker-ti, trostkismo, stalinisno, Guatemala, Guerra fría

 

La polémica entre el pintor surrealista gallego Eugenio Fernández Granell –conocido como Eugenio F. Granell–, la Asociación Guatemalteca de Estudiantes y Artistas Revolucionarios Asociación –AGEAR– y el Grupo Saker-ti (“amanecer” en idioma kakchiquel) de Escritores y Artistas Revolucionarios muestra cómo en una coyuntura política se puede tener la razón en evaluar un proceder político que se manifiesta en el mediano plazo y no necesariamente tenerla en la interpretación de una coyuntura política, o sea, en el tiempo corto. Equivocarse al englobar en un mismo paquete a personas que, haciendo alianzas por razones de interés nacional, no necesariamente actuaban de acuerdo con el proceder estalinista que él denunciaba como inherente a los sakertianos y terminar apoyándose en quienes sí eran anticomunistas, no por ser opositores precisamente del estalinismo, sino de cualquier manifestación de la ideología socialista. Como se verá, el análisis de la correspondencia que Fernández Granell mantuvo entre 1943 y 1955 con sus compañeros del POUM y con su mentor André Breton permite contextualizar los hechos políticos y culturales que marcaron su estancia en Guatemala y la lucha ideológica que la acompañó. Una lucha que trascendía los límites del país y que estaba enmarcada no sólo en la confrontación internacional entre trotskistas y comunistas, sino también en la de la Guerra Fría. Una lectura epistolar que lleva, por tanto, a matizar el discurso del artista sobre “la pesadilla guatemalteca” al poner en contextoel papel de sus actores y de sus experiencias nacionales, pues es imposible obviar el contraste generacional, tanto a nivel ideológico como vivencial, entre aquellos españoles marcados por la experiencia y derrota de una guerra civil que resultó ser un parteaguas en la historia mundial y los jóvenes guatemaltecos, inmersos en el entusiasmo de la revolución octubrina que derrocó la dictadura del general Jorge Ubico y que pronto fue víctima del intervencionismo norteamericano.

Definitivamente, Fernández Granell tuvo razón en hacer sonar la alarma sobre el peso que iba adquiriendo en el grupo de jóvenes intelectuales y artistas del grupo Saker-ti la impronta del “realismo socialista” en torno a la creación intelectual y artística, pero se equivocó en centrar sus ataques en contra del canciller guatemalteco Enrique Muñoz Meany y del escritor Luis Cardoza y Aragón, que si bien eran en gran medida los mentores intelectuales de los sakertianos, tuvieron un contrapeso interno en la figura del líder del grupo, Huberto Alvarado Arellano, quien pronto destacaría como uno de los dirigentes comunistas guatemaltecos de mayor entrega y ortodoxia.

Para Fernández Granell el estalinismo era una realidad política y artística, realidad que había vivido en carne propia y en la de sus compañeros de partido durante la guerra civil española, pero para los jóvenes del Saker-ti, menores que él en más de 10 años y viviendo lejos de Europa, tal realidad resultaba algo abstracto. Para ellos, la realidad resultaba ser la lucha política en contra de la oligarquía liberal y cafetalera que había sido derrotada durante la Revolución de 1944 luego de estar en el poder por más de setenta años y contra los intereses imperialistas de los Estados Unidos, representados por la United Fruit Company. Una realidad que para Fernández Granell, resultaba abstracta en la medida en que sus energías estaban puestas en producir su arte y en lograr su subsistencia como exilado republicano. De ahí el divorcio que se produjo. Para él los jóvenes eran simplemente estalinistas y estaban manipulados por estalinistas; para ellos, Fernández Granell, era un cuasi franquista, aliado de quienes adversaban la lucha del gobierno revolucionario encabezado por Árbenz.

Eugenio Fernández Granell llegó a Guatemala marcado políticamente por las duras experiencias de la guerra civil española: la derrota de la República, la persecución estalinista en contra del Partido Obrero de Unidad Marxista –POUM– al cual pertenecía y el exilio en Francia y la República Dominicana. También llegó marcado plásticamente por su adscripción al surrealismo a raíz de que conoció en 1941 a André Breton durante su estancia en la isla caribeña. Guatemala llevaba entonces año y medio de gobierno democrático, luego de que la Revolución de Octubre de 1944 hubiese puesto punto final a catorce años de dictadura ubiquista. En el país habría de integrarse a la Asociación Guatemalteca de Estudiantes y Artistas Revolucionarios –AGEAR– y trabajar fundamentalmente como artista y crítico de arte en dependencias del Estado guatemalteco, a la vez que realizaba actividades comerciales con otros refugiados españoles, especialmente con su compañero de partido, el editor Bartolomeu Costa-Amic. Asimismo, de forma temporal, trabajó para la representación del Gobierno republicano español en el exilio. Guatemala había reconocido al gobierno de la República Española en diciembre del cuarenta y cuatro, y Fernández Granell pasó a trabajar como agregado de prensa de ésta durante 1947 y parte de 1948,[2] lo que le implicó vivir las disputas ideológicas y políticas entre los diversos actores del exilio.

Su estancia guatemalteca le conllevó enfrentarse en el ámbito plástico al surgimiento de una nueva asociación de artistas y escritores, el Grupo Saker-ti, aparecido a finales de 1946, algunos de cuyos principales miembros se decantaron por las posiciones del realismo socialista, provocando en Fernández Granell una reacción adversa, que pronto expresó en las páginas de la prensa guatemalteca. En esa lucha ideológica que asumió a partir de definirse como “antistalinista de profesión”, no parece haber reparado en considerar la situación general de la revolución guatemalteca de creciente enfrentamiento con el imperialismo estadounidense ni la oposición interna a los planes reformistas del presidente Juan José Arévalo con intentos de golpe de Estado. De esa manera, como él mismo lo explica en la correspondencia que analizaremos, no midió las consecuencias de sus gestos políticos, los cuales lo llevaron a cerrarse espacios gubernamentales y, finalmente, a verse obligado a abandonar el país en el contexto del sonado fracaso del golpe de estado del coronel Francisco Javier Arana, que se saldó con su muerte y que le abrió la puerta a la presidencia a Jacobo Árbenz Guzmán. Su amigo y presidente de la AGEAR, Mario Rubio Alvarado, era un aranista convencido e intentó conformar un partido que lanzase la candidatura del entonces jefe de las Fuerzas Armadas.

En su lucha, Fernández Granell, se quedó solo, pues sus compañeros de exilio guatemalteco, trotskistas y socialistas, no lo siguieron, apostando por las posibilidades personales y políticas de la experiencia revolucionaria guatemalteca. A su vez, el pequeño grupo de artistas y escritores que lo apoyó terminó por situarse abiertamente en contra del gobierno de Árbenz, abandonando uno a uno el país. El más prominente de ellos, el escritor Mario Monteforte Toledo, diría más tarde: “el error más grave de mi vida fue alejarme de Árbenz.”

En el enfrentamiento el pintor gallego también atacó por “estalinistas” a Luis Cardoza y Aragón y a Enrique Muñoz Meany, que si bien eran de formación marxista, nunca fueron comunistas. Su posición era la de unidad de las izquierdas para que los gobiernos revolucionarios guatemaltecos pudiesen llevar a cabo sus transformaciones y subsistiesen al acoso de la administración norteamericana en pleno inicio de la Guerra Fría. Cardoza y Aragón había sido de los primeros escritores latinoamericanos en reaccionar en contra de los planteamientos del realismo socialista en el arte y la escritura, y lo hizo el año de 1936 en una célebre polémica con el escritor y militante comunista mexicano Juan de la Cabada. A propósito de una exposición organizada por la Liga de Escritores y Artistas revolucionarios –LEAR–le señalaba a éste que “debía de tender a movilizar todo el pensamiento joven de América hacia la izquierda y esto no puede lograrse sino con una exigencia inevitable de calidad en sus manifestaciones…”.[3] Luego, lo fue por haber incluido en su importante ensayo sobre el muralismo mexicano, La nube y el reloj (México, UNAM, 1940) algunos juicios plásticos de Trotsky.[4] En Guatemala, el ataque de los comunistas a las ideas estéticas del escritor sólo se daría a partir de 1951, año en que se produjo lo que Carlos Navarrete ha calificado como “la crítica colectiva del Saker-ti”. A raíz de la publicación del cuaderno colectivo 12 poemas dedicado a Cardoza y Aragón, el secretario general del Partido Comunista, José Manuel Fortuny, consideró su contenido demasiado individualista, siendo convocados los autores a una sesión de autocrítica en la escuela de cuadros “Jacobo Sánchez”.[5] Finalmente, ésta quedó plasmada en forma de manifiesto con la publicación del ensayo de Huberto Alvarado Por un Arte Nacional, Democrático y Realista (Guatemala, Ediciones Saker-ti, 1953), en el que Cardoza y Aragón ya no fue mencionado como mentor.[6] Luego de la caída del régimen de Árbenz en 1954, el escritor guatemalteco fue el intelectual más crítico con la actuación de los comunistas publicando La revolución Guatemalteca (México, Cuadernos Americanos, 1955).

Por su parte, Muñoz Meany fue el principal aliado guatemalteco de la República Española en el exilio. Terminó por renunciar como Ministro de Relaciones Exteriores en agosto de 1948 al oponerse a que el gobierno arevalista expulsase del país a los intelectuales y políticos ligados al fallido golpe de estado del coronel Arana. Si bien sabía que el enemigo no era el Partido Comunista de Guatemala –PCG–, sino los opositores nacionales e internacionales a la experiencia reformista que encabezaba el presidente Arévalo, la cual a la larga habría de provocar la intervención de los Estados Unidos en el país y el surgimiento de Guatemala como laboratorio de la doctrina de Seguridad Nacional a raíz de la caída del presidente Árbenz, su posición era la de mantener la legalidad del régimen y su dimensión democrática.

Luego de este necesario marco introductorio, se ha ce oportuno presentar primero una síntesis de la polémica entre Fernández Granell y quienes lo apoyaron en contra del Grupo Saker-ti, la cual ha sido tratada principalmente por el pintor y crítico de arte guatemalteco Roberto Cabrera Padilla y por el ex sakertiano Carlos Navarrete, para luego hacerlo con el contenido –acompañado de las explicaciones históricas necesarias y de testimonios de otros actores del período– de los libros Correspondencia con sus camaradas del P.O.U.M. (1936-1999) (Santiago de Compostela, Fundación Eugenio Granell, 2009) y Los Granell de André Breton. Sueños de amistad. Pintura y obra sobre papel. Epistolario (Madrid, Guillermo de Osma Galería, 2010). A su vez, este año ha aparecido el maravilloso ensayo crítico de Fernández Granell, Arte y artistas en Guatemala (Madrid, Ollero y Ramos Editores S. L.), basado en las pruebas de la edición de 1949 hechas por la Editorial El Libro de Guatemala, “Colección Contemporáneos”.

La tónica narrativa y los temas tratados en él dejan ver que la obra fue terminada mucho antes de que diese inicio la polémica con el Grupo Saker-ti, del cual sorprendentemente no hace mención alguna ni de su principal exponente plástico, el pintor Jacobo Rodríguez Padilla, a pesar de su peso en el mundo artístico guatemalteco durante esos años. En ella, el artista gallego señala su rotundo rechazo a “llevar el arte a las masas” en la medida de que se trata más bien de “llevar las masas hacia el arte”, alabando el esfuerzo de la AGEAR por montar exposiciones para los obreros, como había sido el caso de la expuesta en la Confederación General de Trabajadores –CGT– liderada por Víctor Manuel Gutiérrez, quien sería uno de los fundadores del Partido Guatemalteco del Trabajo en septiembre de 1949. En ella expusieron los jóvenes pintores Mario Alvarado Rubio, Miguel Alzamora Méndez, Valentín Abascal y Miguel Marsicovétere a quienes Fernández Granell dedicó un artículo en el periódico Mediodía.[7] Al mismo tiempo, en la obra no dejó de hacer un retrato extraordinario de aquellos intelectuales que lo habían marcado durante esos tres años de residencia en Guatemala. Entre sus colegas de la AGEAR, escribió sobre los pintores Santiago Velasco (argentino) y Mario Rubio Alvarado, los escritores Villagrán Amaya, Mario Monteforte Toledo, Eunice Odio (costarricense) y Alberto Ordóñez Argüello (nicaragüense), así como sobre el músico Andrés Archila y los intelectuales de una generación mayor: el pintor Carlos Mérida y los escritores Miguel Ángel Asturias y Luis Cardoza y Aragón, entre otros.

De este último recordaba que lo había leído en París, en el ensayo que el escritor antigüeño hizo de Mérida en 1927, subrayando que “no podía sospechar entonces que un día habría de conocer al pintor, al poeta y a su tierra”; una tierra a la que había llegado por azares del destierro. Tanto Cardoza y Aragón como él sabían de qué se trataba el exilio. Y si bien lo señalaba de “tomar a veces el fusil social”, que “acaba siempre por abrasar las manos”, apuntaba que el escritor guatemalteco formó parte desde los años veinte del movimiento surrealista. Por ello, se le hacía difícil entender que hubiese ido en 1946 a la Unión Soviética como embajador de Guatemala, donde se perseguía a los surrealistas y se anatemizaba a los artistas.

Fernández Granell había salido de España fastidiado de combinar las tareas políticas con el arte durante la guerra civil y ello lo expresó refiriéndose a su gran amigo Mario Monteforte Toledo,[8] quien era un buen ejemplo del “hombre oscilante entre el arte y la política”, “sufría ese doble tirón”, siendo la “política un remedo de la creación”. Para Fernández Granell, la “política es el refugio último de los fracasados.” Cuando aborda la semblanza de Miguel Ángel Asturias, enviado como agregado cultural de Guatemala a Argentina en 1947, reflexiona sobre la necesidad de tomar en cuenta que las “versiones oficiales, fatuas siempre, destilan superficial credulidad”. Y, en seguida, agregaba de forma trágicamente premonitoria para este país centroamericano “Cuando regrese a las tierras altas de su pueblo habrá cambiado totalmente la suerte de los suyos”. En 1954 Asturias, como la mayor parte de los personajes aquí mencionados, tomarían el camino del exilio.[9]

 

La polémica con el Grupo Saker-ti

A la polémica entre Fernández Granelll y el Grupo Saker-ti la precedió unos meses antes la que sostuvo Clemente Marroquín Rojas con Cardoza y Aragón en las páginas de La Hora y, tangencialmente, en las de El Imparcial. La derecha de oposición y, aún la arevalista, no le perdonaba al escritor guatemalteco el papel jugado como constituyente a favor de las reivindicaciones obreras, la adquisición del 1 de Mayo como Día de los Trabajadores, su puesto de embajador en la Unión Soviética, su presencia oficial junto a Muñoz Meany en Colombia durante el “bogotazo” y, finalmente, la aparición de su libro Retorno al Futuro (México, Letras de México, 1948), en el que plasmaba su mirada sobre la experiencia socialista. En éste, desde el título hasta el contenido, Cardoza y Aragón se afirmaba como un escritor surrealista que hacía una interpretación de la crisis de la posguerra en vísperas de la Guerra Fría y el papel que jugaba en ella la Unión Soviética, sin por ello dejar de criticar la camisa de fuerza que significaba el realismo socialista para la creación y las libertades.  “Son difíciles de entender –escribió- el mal ambiente y los juicios a que han sido sometidos ciertos artistas y escritores marginados por la academia: Pasternak, la Ajmatova, Mandelstam... Nombres desconocidos, imposibles en las bibliotecas que frecuentábamos.” De inmediato, Marroquín Rojas emprendió una campaña contra el libro en una serie de artículos intitulados “Retornando al futuro”.[10]

Ya en una carta a César Brañas, encargado de la página cultural de El Imparcial, Cardoza y Aragón le advertía el 26 de mayo de 1947: “En mes y medio más espero tener listo para todos los editores este libro, que me ocasionará insultos, elogios, pero sobre todo molestias e incomprensión. […] Sé que hay un ambiente de gran violencia en los periódicos de Guatemala…[11]Como ya lo ha señalado Carlos Navarrete, los dos mencionados periódicos estaban controlados por la derecha guatemalteca, aunque la presencia de Brañas en este último permitía espacios de respuesta a quienes se identificaban con la izquierda ideológica.[12]


Seguidamente, a inicios del año cuarenta y ocho, Marroquín Rojas se dio a la tarea desde las páginas de La Hora de ridiculizar (bajo el pseudónimo de David Goliat) la pintura de Carlos Mérida expuesta por primera vez en Guatemala luego de que éste se radicase en México a finales de la década de 1910. El verdadero objeto de la crítica era el gobierno de Arévalo por haber permitido y publicitado la muestra y, de paso, la Revista de Guatemala, cuya carátula había sido diseñada por el afamado pintor y, por extensión, al propio Cardoza y Aragón. En ella, éste intervino una vez y recibió el apoyo de Raúl Leiva y del Grupo Saker-ti en dos intervenciones. El resto de los escritos fueron de parte de Marroquín Rojas y sus seguidores. Por parte de La Hora se involucró Mario Alvarado Rubio, presidente de la AGEAR y del Sindicato de Trabajadores del Pensamiento, con un artículo publicado el 6  de septiembre.[13]La polémica habría de durar del 25 de abril al 28 de septiembre.

En ese contexto se dio a finales de ese año de 1948, el debate entablado por Fernández Granell y el equipo de La Hora en contra de la iniciativa sakertiana de celebrar un congreso de intelectuales y artistas.Por Eunice Odio sabemos que el tiempo que transcurrió entre la carta que Fernández Granell envió al secretario de la AGEAR manifestando su oposición a que se realizase el Primer Congreso de Intelectuales y Artistas de Guatemala y su publicación en la prensa fue de dos meses y medio. Por ello, la polémica tuvo dos etapas: la interna y la pública. A la propuesta del Grupo Saker-ti de llevar a cabo un encuentro de artistas e intelectuales para estudiar los problemas más inmediatos de la cultura y el arte en el país, la respuesta de la AGEAR fue afirmativa. Ello desencadenó la oposición interna del artista gallego, quien en una carta a Alvarado Rubio,[14] fechada el 26 de diciembre de 1948, le decía lo siguiente:

“Estimado compañero, Creo que los intentos solapados del comunismo por influir  en la vida artística y cultural, son mucho más peligrosos que los que generalmente se supone…Creo que la AGEAR ha dado un mal paso, al creer conveniente participar, siquiera sea a título de observadora, en los preparativos del congreso que el viajero polaco o el arzobispo de turno recibieron la orden de preparar en Guatemala… Una organización de intelectuales y artistas está hoy en la obligación de declarar públicamente su fe democrática y repudiar, al mismo tiempo, toda tendencia totalitaria, sea esta fascista o comunista…”[15]

De esa forma, desde finales de 1948 hasta mediados de marzo de 1949, en el seno de la AGEAR se debatió si el planteamiento de Fernández Granell era calumnioso de la iniciativa del grupo rival y, en concreto, del gobierno arevalista. Dos hechos pesaron en que al final la carta fuese dada a conocer en el principal periódico del país, El Imparcial: el apoyo que recibió de Alvarado Rubio y los esfuerzos que el propio pintor gallego hizo por pasar a la batalla pública en contra de quienes consideraba eran en Guatemala “stalinistas”. Entre ellos la publicación de dos importantes artículos de crítica al realismo socialista y al estalinismo en general en la revista Agear: “El surrealismo y la libertad”, aparecido en el número 1 de diciembre de 1948 y “Oscuridad a medio día: un libro apasionante de Arthur Koestler”, en el número 2, de enero de 1949.[16]Así, la carta en cuestión sería publicada el 17 de marzo de 1948 con el título de “El patíbulo de la cultura comunista”. En ella Fernández Granell se quejaba de que lo habían tachando de “agente franquista” en algunos medios privados y cuestionaba la validez del “realismo socialista” que buscaba implantar en Guatemala el expansionismo ideológico soviético en materia artística vía el Grupo Saker-ti. Sin embargo, su texto, parece influido del discurso anticomunista de la emergente la naciente Guerra Fría, que en Guatemala habría de tener un campo de experimentación. En 1948, Huberto Alvarado Arellano, secretario general de los sakertianos había publicado el manifiesto Siete afirmaciones en el que, la cuarta de ellas, sostenía que “el arte puede llenar su función cuando refleja situaciones de la vida social”.[17]

El Grupo Saker-ti respondió al pintor y a la AGEAR publicando en el mismo periódico la declaración intitulada “Hacia un Congreso de Intelectuales. Respuesta del Grupo Saker-ti”, sindicándolos de atacar el sistema democrático guatemalteco y de caer en actitudes entreguistas. A ésta, Fernández Granell contestó con el escrito “Shakespeare antes que Stalin.[18] A propósito de las cartas de Raúl Leiva y el Saker-ti”. Leiva, quien era miembro de la AGEAR y que, es de suponer, defendió en el seno de su organización la colaboración institucional para que se realizase dicho congreso de intelectuales y artistas, publicó en el Diario de Centro América una carta abierta cuestionando la posición del pintor surrealista. Ésta empezaba con la pregunta: “¿Son comunistas, para usted, estos jóvenes y honestos guatemaltecos señor Granell? ¿Puede probarlo?”, para en seguida cuestionarlo sobre dos puntos de su vida política-artística. El haber dirigido en Santo Domingo la revista La Poesía Sorprendida, en la que colaboraba el escritor guatemalteco Mario Monteforte Toledo junto a varios escritores de renombre internacional, cuya aparición se vio cuestionada cuando uno de sus números fue dedicado al dictador Trujillo por parte de varios de los redactores dominicanos. En pocas palabras, si bien consideraba al pintor gallego un “verdadero artista”, lo acusaba de no poder hablar con probidad en cuestión de cultura, libertad y arte. Por tales azarosas conclusiones, Eunice Odio le respondería a Leiva diciéndole que faltaba a la verdad en la medida en que sabía que Fernández Granell no había participado en dicho número ni en los siguientes de la revista de marras. Finalmente, considera mezquino que Leiva lo acusase de que, “como buen español, le interesa el dinero y la política”, actitud que le había permitido que en Guatemala “acapare a un mismo tiempo varios puestos.” La poeta costarricense consideraba que nadie podía poner en duda el trabajo desinteresado de Fernández Granell en promocionar el arte en el país, tanto en el seno de la AGEAR como en ámbitos culturales públicos guatemaltecos, y si bien era cierto que trabajaba en entidades estatales como la Escuela de Bellas Artes, el Departamento de Censura de Espectáculos, la Radio Nacional TGW y, asimismo, colaboraba en las revistas Viento Nuevo, Revista del Maestro y Revista de Guatemala, el salario acumulado no era mucho (alrededor de 320 quetzales) y, sobre todo, dependía de la regularidad de los pagos. Por lo demás, era un republicano sin tacha, pues había cubierto con eficacia el puesto de agregado de prensa de la legación de la República, al punto que había sido felicitado por el presidente Álvaro de Albornoz y, además, bastaba con ver la tónica de sus artículos antifranquistas sobre España.[19]

Raúl Leiva terminó por renunciar a la AGEAR, luego de publicar en El Imparcial un segundo artículo –con el cual se puso punto final a la polémica- intitulado “Granell, ideólogo del Trangayismo”,[20] haciendo el paralelismo ideológico del pintor surrealista con uno de los golpistas fracasados en contra del régimen de Arévalo, al que acusaba de comunista. Por su parte, Eunice Odio intervendría una segunda vez defendiendo a su amigo con el artículo “La gratitud mal entendida o Stalin abajo ninguno”, luego de que Fernández Granell respondiese a los sakertianos con un segundo artículo intitulado “Shakeaspeare antes que Stalin. A propósito de las cartas de Raúl Leiva y Saker-ti”.

Más allá de la polémica intelectual, la situación de enfrentamiento tenía como trasfondo asociativo el hecho de que los jóvenes artistas guatemaltecos tenían una doble militancia en la AGEAR y el Grupo Saker-ti, la cual se iba decantando a favor de la segunda asociación cultural.

 

La correspondencia sobre Guatemala

Para un mejor seguimiento, ésta ha sido dividida por año, las citas textuales de la misma han sido puestas en itálicas, seguidas de la fuente y la página y, se les ha agregado, entre corchetes datos sobre los nombres de los personajes o instituciones citadas.

 

1943 y 1945

El 26 de enero de 1943, Eugenio Fernández Granell, quien vivía exilado desde 1941 en Ciudad Trujillo, República Dominicana, le contestó la carta a Bartolomeu Costa-Amic en la que éste le proponía trasladarse a México, donde él poseía una empresa editorial de cierta importancia. Para entonces, Fernández Granell, quien había nacido en la Coruña el 28 de noviembre de 1912, vivía con Amparo Segarra Vicente, nacida en Valencia en 1925 y la hija de ambos, Natalia, quien tenía dos años, pues había visto la luz en La Dominicana el 28 de febrero de 1941.(Correspondencia, 86) Dos años después, mes por mes, Costa-Amic volvió a insistir, pidiéndole los datos completos de su filiación para poder empezar los trámites mexicanos (Correspondencia, 90-91) El 29 de enero de 1945, el pintor gallego le envió las informaciones requeridas. (Correspondencia, 91-92) y el 21 de marzo, Costa-Amic le informó, que ya los ha entregado al Comité de Ayuda que el POUM tenía la capital mexicana. (Correspondencia, 93)

 

1946

El tiempo pasó sin que los Fernández Segarra se moviesen de la isla caribeña hasta que, el 12 de noviembre de 1946, Costa-Amic le escribió nuevamente diciéndole que estaba sorprendido de saberlo en Guatemala, lo que facilitaría su traslado a México. Para ello, el impresor había garantizado ante las autoridades mexicanas que, como comerciante o industrial que era, estaba respaldado por un capital de 100,000 pesos y podía garantizar la estancia de él y su familia. Se trataba de la firma Editorial Bartolomé Costa-Amic, S. de R. L., con locales en la calle República de El Salvador, 56. Le prometía encontrarle trabajo en una editorial sólida, como la de González Porto. (Correspondencia, 96-97) Un mes después, Fernández Granell aún no le respondía, a pesar de haberle mandado la carta anterior a la Pensión “Asturias”, situada en la 6 Avenida y 9 Calle de la ciudad de Guatemala. Asimismo, Costa-Amic le había enviado una visa de turista que podía retirar en el consulado mexicano en esa ciudad y un contacto en la persona del joven Alberto Ordóñez Argüello.[21](Correspondencia, 97)

La decisión de radicar en Guatemala, Fernández Granell la tomó por la actividad artística que en esos momentos se desarrollaba en la capital de este país. Durante su visita había presenciado un certamen de pintura y escultura realizado en la sede sindical Confederación General de Trabajadores –CGT– en colaboración con la AGEAR, cuyo principal premio lo había obtenido el maestro Humberto Garavito Suasnavar.[22] Al mes siguiente, expuso sus obras el joven pintor Roberto Ossaye[23] y, en diciembre, lo hacía Fernández Granell. De esa forma, regresó brevemente a La Dominicana para preparar su traslado al país centroamericano.[24]

Más detalles del traslado le dio Fernández Granell a André Breton en una carta fechada el 12 de diciembre. Le indicaba que hacía casi dos meses que se encontraba en el país centroamericano y que el 10 de diciembre había inaugurado su exposición personal en la Sala Británica para la “cual el amigo Benjamin Péret[25] ha tenido a bien escribirme el prólogo del catálogo con el que acompaño esta carta”. (Los Granell, 94-95). La exposición duró abierta diez días y contempló una obra ya marcadamente surrealista, realizada durante los años de estancia en la isla. Por su parte, Bretón le respondió el 12 de enero de 1947 invitándolo a participar en la exposición Internacional del Surrealismo que tendría lugar en París en la primavera de ese año.(Los Granell, 95-99)

 

1947

Fernández Granell informó a Costa-Amic el 10 de abril de 1947que no había tomado la oportunidad de ir a México porque estaba escaso de recursos, con lo cual había aceptado entrar a trabajar en el periódico Mediodía, con un sueldo de 150 quetzales mensuales. Lo malo era que el periódico había cerrado a finales del mes de febrero de ese año, pues siendo oficial, el gobierno de Arévalo había hecho un gesto para calmar a la oposición de derecha, que se molestó por el contenido de sus páginas editoriales. En esta situación de penuria, le prometía viajar a México durante el mes de mayo. (Correspondencia, 98)

Como era de esperar, en Guatemala entró en contacto con la AGEAR, fundada a finales del año de 1944 a raíz de la Revolución del 20 de Octubre, siendo la mayoría de sus miembros maestros y estudiantes de la Escuela de Bellas Artes. Asimismo, la conformaban escritores, periodistas y músicos. Sin embargo, varios de los miembros de la AGEAR, como los pintores Jacobo Rodríguez Padilla, Arturo Martínez, Guillermo Grajeda Mena y Juan Antonio Franco, pasaron a ser miembros a su vez del Grupo Saker-ti, fundado por el profesor Huberto Alvarado Arellano a finales de ese año cuarenta y seis.[26] La doble militancia se habría de dar por un tiempo, pues las orientaciones plásticas y políticas de ambas asociaciones culturales no tardarían de enfrentarlas. Mientras la AGEAR realizaba su esfuerzo asociativo en la ciudad de Guatemala, pronto el Grupo Saker-ti se orientó a realizar exposiciones en los departamentos (Quetzaltenango, Sololá, Cobán). Asimismo, desde el año de cuarenta seis, éste sacó a luz la revista Saker-ti, con textos de sus miembros escritores y con carátulas hechas por Rodríguez Padilla. En el seno de este grupo se fue estructurando un pensamiento comunista, mientras que en la AGEAR se reunían aquellos intelectuales de pensamiento liberal, socialdemócrata o marxista que se oponían al mismo.

Ese año, Fernández Granell expuso 52 óleos en la Oficina de Turismo de Guatemala y envió varios de ellos a la exposición colectiva Le Surréalisme, que tuvo lugar en la Galería Maeght de París, organizada por André Breton y Marcel Duchamp. De esa forma, comenzó a participar activamente en el movimiento surrealista internacional.[27] Para mientras, el Grupo Saker-ti había ampliado sus actividades editoriales con la publicación de las obras de sus miembros, siendo la primera de ellas el poemario Sombras de Sol de Huberto Alvarado, publicado ese año de cuarenta y siete.

 

1948

El 5 de enero de 1948, Costa-Amic le hizo llegar un cheque por 110.000 quetzales para que enviase por el correo aéreo de la empresa TACA el libro de Derechos Aduaneros, que el pintor gallego había prometido. Aquél, por su parte, estaba poniendo fin a las pruebas de El Correo Literario, que pronto le remitiría.(Correspondencia, 98-99) Fue el inicio de la colaboración comercial entre ambos miembros del POUM en Guatemala. Poco después, su antiguo compañero Juan Andrade,[28] quien en agosto de 1944 había sido liberado de un campo de concentración francés luego de cuatro años y medio de encierro y quien para entonces trabajaba en las Ediciones Hispano-Americanas de París –fundadas por Amadeo Robles Beltrán–,[29] le envió a Fernández Granell una carta con fecha 21 de marzo de 1948, en la que le indicaba que lo venía buscando desde entonces, sin resultados. Por unas declaraciones de André Breton a Le Figaro, quien lo consideraba como la gran “revelación de la pintura moderna”, le había informado que el pintor gallego residía en la República Dominicana. Sin embargo, hacía pocos días que había leído un artículo suyo en el suplemento de El Nacional de México comprendiendo que para entonces ya residía en Guatemala. La carta era para una toma de contacto, a la vez que le pedía que enviase fotografías de sus obras y, así, poder promoverlo en Francia. En París, los miembros del POUM mantenían un pequeño grupo, entre los que, además de Robles, estaba Ignacio Iglesias.[30] Los dos le mandaban saludos.(Correspondencia, 99-100).

Costa-Amic le escribió a Fernández Granell que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social –IGSS–, el cual venía de ser fundado el 2 de enero, estaba interesado en comprarle la imprenta y trasladarla a este país. Le había respondido a los dirigentes guatemaltecos que estaba de acuerdo, pero que tenía que indemnizar a sus trabajadores, aunque lo mejor sería que tanto la imprenta como él y sus operarios fuesen a trabajar a Guatemala, así el taller estaría “completo”. De lo contrario, la indemnización ascendería a 25,000 pesos mexicanos. La compra la haría la embajada mexicana a nombre del Gobierno guatemalteco con la supervisión del funcionario Carlos H. Ruiz, quien era Jefe de Divulgación y Relaciones Públicas de la institución.[31] Tan sólo le pedía al IGSS oficializara el pedido por escrito. Finalmente, Costa-Amic le señalaba a Fernández Granell que tenía mucho interés en trasladarse a Guatemala y que, juntos, pusieran un comercio con el dinero recibido, pensando que en este país sería más fácil triunfar profesionalmente que en México. Enviaba los saludos de los compañeros Narcís Molins i Fábrega,[32] miembro del comité ejecutivo del POUM y el cartelista Alfons Vilà,[33] quien todo indica estaba de visita en el país vecino. (Correspondencia, 101-102).

El 9 de mayo, Andrade le informó a Fernández Granell que ya tenía en sus manos las fotografías y catálogos de sus obras, las que Robles, un conocedor de arte moderno, consideraba que “no está mal”. Por su parte, Jacques Hérold,[34] quien era un partidario intransigente del surrealismo, consideraba que Fernández Granell aún no hacía obra en los marcos totales de esa corriente artística, por lo que no dejó de criticarlo, aunque aceptaba que su arte era bueno. Desde Guatemala, el pintor gallego había aprovechado para enviar algunos libros y revistas editadas en el país con el fin de que fuesen expuestas en las librerías parisinas. Interesado en la Revista de Guatemala editada por Luis Cardoza y Aragón[35] desde 1945, Andrade pedía que pusieran en la solapa de la misma que su distribución en Francia la haría Ediciones Hispano-Americanas. Asimismo, le decía que estaba interesado en publicar un artículo en dicha revista. Por su parte, Fernández Granell le había informado que los visitaría el poeta guatemalteco Víctor Villagrán Amaya y lo estaban esperando. (Correspondencia, 102-107) Éste había peleado con el Ejército de la Francia Libre y, a su vuelta a Guatemala en 1947, había empezado a editar la “Colección Contemporáneos”, con la antología Poetas de Guatemala.

La operación de la venta de la imprenta de Costa-Amic al gobierno guatemalteco se cerró en el mismo mes de mayo. Por ello le informaba a Fernández Granell en carta fechada el 20 de junio de ese año, que estaba trasladándose al país vecino, lo que le ocupaba todo el tiempo. La decisión la había tomado porque había sentido el “gusanillo de la emoción, que me ha despertado verdaderas ganas de traspasar la frontera.” Máxime que tenía noticias de que el país era bello, con buen clima y gente amable. Las condiciones logradas eran óptimas, pues se trasladaba con un equipo de cuatro operarios y con un salario mensual de 300.00 quetzales. Su contrato sería como Jefe de Talleres del Centro Editorial del Gobierno de Guatemala y debía de empezar a partir del 15 de julio de ese año. Paralelamente, como tenía en bodega en el Distrito Federal entre 60,000 a 70,000 libros, estaba pensando llevar a Guatemala 60 ejemplares de cada título y ponerlos a la venta. En México ya había puesto punto final a la edición de la novela Entre la piedra y la cruz del guatemalteco Mario Monteforte Toledo y a dos libros de poemas de Villagrán Amaya, Los elementos terrestres y Libro de horas. Asimismo, estaba en lista la obra Introducción a un proceso educativo funcional de Manuel Luis Escamilla. (Correspondencia, 107-109)[36]

El 18 de junio de ese año de cuarenta y ocho, Fernández Granell escribió una carta a Breton señalándole que desde enero del año anterior le había escrito varias sin obtener respuesta. Le preguntaba si todos los cuadros que había remitido a París para la exposición internacional surrealista habían llegado o si algunos de ellos, se habían quedado en New York. Tampoco había recibido el catálogo, por lo que le rogaba se lo enviase. En ese momento venía de terminar la traducción del prefacio que Breton le había hecho al catálogo de la exposición de Jacques Hérold en Chahiers de Art, con el fin de poder publicarlo. Asimismo, le informa que desde su llegada a Guatemala “se ha podido realizar entre los artistas jóvenes de aquí un trabajo excelente. Hay dos escultores y dos pintores cuyo trabajo me parece está llamado a tener el mayor interés”. “Ahora tratamos (desde hace mucho tiempo y por fin logramos nuestro objetivo) de sacar una revista”. Se trataba del primer volumen de Agear. Como se ha mencionado, en éste, el pintor gallego había publicado el artículo “El Surrealismo y la Libertad”. (Los Granell, 100-101). En esos años, Fernández Granell también colaboró con las revistas Plástica, Revista de Guatemala, Saker-ti, Viento Nuevo y Revista del Maestro, esta última del Ministerio de Educación Pública.

Desde París, Andrade le escribió molesto a Ferández Granell por su silencio y le informaba en una carta fechada el 20 de julio, que lo había contactado el Grupo Saker-ti para que distribuyese sus obras. Asimismo, había recibido un lote de 25 ejemplares del libro Poetas de Guatemala que le había remitido Villagrán Amaya. De paso, le adjuntaba una carta para que se la entregase a “los muchachos del Saker-ti” y acusaba de recibida la noticia que, para entonces, ya se encontraban en Guatemala dos amigos comunes, el miembro del Partido Socialista Obrero español –PSOE–, Mariano Redondo[37] y su esposa Paz Muiño. (Correspondencia, 109-110)

En ese período, la Asociación de Profesores y Estudiantes de la Escuela de Bellas Artes –APEBA–decidió realizar una exposición en la ciudad de Guatemala con las obras de pintura y escultura de sus integrantes. Como Fernández Granell era profesor de la misma, participó junto al pintor guatemalteco Max Saravia Gual –sobrino de Jaime Sabartés, el secretario de Picasso, quien había vivido en Guatemala entre 1904 y 1927– y el pintor cubano Eduardo Abela, embajador de su país en Guatemala. Por lo estudiantes participaron los pintores Rodríguez Padilla, Roberto Ossaye, González Goyri, entre otros. Para entonces, ya era considerable la influencia que el escritor Luis Cardoza y Aragón ejercía sobre los primeros, haciendo que creciese el número de su integrantes. Como se ha señalado, ello provocó que el periodista Clemente Marroquín Rojas,[38] uno de los principales ideólogos del anticomunismo en Guatemala y director del diario La Hora, los atacase públicamente como los “cardos de Cardoza” y denunciase la influencia comunista que consideraba ejercía en la juventud.[39] Cardoza y Aragón ya estaba en Francia como embajador de Guatemala, luego de sustituir al también escritor Enrique Muñoz Meany[40] en septiembre del cuarenta y ocho, quien pasó a ocupar la cartera de Relaciones Exteriores. El Grupo Saker-ti le contestó a Marroquín Rojas en el campo pagado “Los cardocianos defienden a su mentor”, publicado en La Hora el 31 de agosto. Marroquín Rojas contratacó en ese mismo número con el artículo “Los sakertianos y Cardoza”, en el que los definía como “bobalicones”. El ambiente de denuncia periodística de las actividades “comunistas” en el país iba in crescendo.

En una nota dirigida a Fernández Granell, Costa-Amic le indicaba que había llegado a Guatemala el 28 de agosto por la aerolínea TACA, acompañado de su esposa Araceli y de su hija, y que estaba hospedado en la Pensión “Asturias”, para que lo buscase.(Correspondencia, 110) Seguidamente, ambos decidieron conformar una sociedad como distribuidores en Guatemala de libros editados en México por las editoriales Leyenda, EDIAPOSA y Salgari. (2009, 112-113) Asimismo, escribieron a la República Dominicana ofreciéndose a distribuir libros de Cultural S. A. Para entonces, además de ser profesor de la Escuela de Bellas Artes, Fernández Granell era miembro de la Junta de Censura de Espectáculos, ambos cargos dependientes del Ministerio de Educación guatemalteco.(Correspondencia, 113-114) Por su parte, desde Francia, Andrade les mandó títulos en francés sobre arte y literatura para que los colocasen en las librerías guatemaltecas. Entre ellos, obras de Gide, Camus, Apollinaire y Henry Miller. (Correspondencia, 115-116).

 

1949

El 16 de enero de 1949, Andrade le volvió a escribir a Fernández Granell para informarle que ha recibido ejemplares de las novelas Anaité y Entre la piedra y la cruz de Monteforte Toledo, las cuales le parecía que, con algunas correcciones, podían ser traducidas al francés, pues el año anterior había tenido mucho éxito la versión francesa de El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría.[41]Hay en él un extraordinario novelista”, comentaba del guatemalteco. Asimismo, le indicaba que había recibido los números 5 y 6 de la revista Saker-ti, laque califica como una “revista simpática de jóvenes.” Sin embargo, seguía sin recibir los números de la Revista de Guatemala.(Correspondencia, 116-120). A inicios de ese año, Costa-Amic había regresado a México en viaje de negocios, donde permanecería un buen tiempo. Desde allí mandó libros para surtir las librerías guatemaltecas “Cosmos”, “Tuncho Granados”, “Proa” y “La lectura”. (Correspondencia, 125-126)

En otra carta de fecha 16 de febrero, le informaba a Fernández Granell que el pedido hecho por el escritor David Vela, director del diario El Imparcial, el más importante del país, ya estaba encargado y él mismo lo llevaría a su regreso a Guatemala. Para entonces, su esposa Araceli había puesto en la ciudad de Guatemala un local de modas, que se llamaba "Alta Costura Araceli” y que estaba situada en la 6ª. Avenida, la más comercial de la ciudad de Guatemala. (Correspondencia, 126-127) El negocio lo hacía en sociedad con Amparo, la esposa del pintor gallego.

El 6 de marzo, Andrade le contestó una carta a Fernández Granell en la que hacía referencia a varios puntos tratados. Para entonces, el joven pintor de la AGEAR y del Grupo Saker-ti, Arturo Martínez, quien era alumno de éste en la Escuela de Bellas Artes, había llegado a París con una beca, entablando amistad con el librero, quien lo presentó a André Breton. “A éste –comentaba Andrade– le produjeron una excelente impresión sus telas y fue el propio Breton el que le animó a hacer una exposición”. Las había mostrado en el Salón “Mirador”, propiedad de unos refugiados catalanes, que venía de abrirse en la Place Vendôm. Sin embargo, le parecía que Martínez tenía que trabajar mucho ese año y tener un buen material para una “exposición en serio”. Asimismo, le informaba que Breton había preguntado por él.(Correspondencia, 127-131)Originario de Quetzaltenango, Martínez, no sólo le había abierto las puertas de su ciudad a los sakertianos, sino que había ganado en 1946 el primer premio del concurso organizado por la APEBA, repitiendo honores en los dos años siguientes. En enero de 1949 había partido hacia París becado por el gobierno guatemalteco, como más tarde lo haría con sus contemporáneos Adalberto y Eduardo de León y Jacobo Rodríguez Padilla.

En la misma carta, Andrade le informaba a Fernández Granell que había recibido el primer número de la revista Agear y el primer número de la revista Correo literario, editada esta última por Costa-Amic en México. Sobre la primera, criticaba que el tipo de imprenta era muy grande, que la sección denominada “Premios Centroamericanos” tenía un “aire de periódico provinciano”, debiéndose mejorar en general la confección de la misma. Asimismo, reflexionaba que, para entonces, ninguno de los periódicos guatemaltecos tenía un corresponsal en la capital francesa, proponiéndose serlo él. Enviaría material sobre los hechos políticos franceses, la vida literaria y teatral, etc. Dos crónicas semanales, remitidas por avión. Se daría por satisfecho si le pagaban 75 dólares semanales. En cuanto a Costa Amic, Andrade se quejaba de que no le había contestado ninguna de sus cartas, a pesar de que le proponía distribuir en París los libros editados en México. (Correspondencia, 127-131)

Finalmente, le comentaba a Fernández Granell que, a partir de lo que éste le refería en su correspondencia, en Guatemala no parecía ser diferente la influencia que el estalinismo tenía en los medios intelectuales chilenos. Esto a pesar de que en Francia “ya muchos intelectuales están de ‘vuelta’ del stalinismo, ahí parece que no hayan comprendido todavía lo que significa este fenómeno monstruoso.” Por ello, lo instaba a buscar en los países centroamericanos personas afines, con las cuales emprender una labor para llegar a crear un “movimiento hispanoamericano de intelectuales de carácter revolucionario, pero francamente antistalinista”. Recomendaba ser amplio, a partir de unos cuantos conceptos generales, para no caer en el sectarismo que caracterizaba a los comunistas. Además, habría de crearse un órgano, que no podía ser Agear por las características de su grupo de redacción. Sin embargo, esta revista podría ser receptora de las noticias y material político que Andrade y sus colegas mandarían desde París. Por ejemplo, ejemplares del periódico Combat.(Correspondencia, 127-131)

El 19 de marzo de ese año de cuarenta y nueve, Fernández Granell le escribió a Costa-Amic, quien aún permanecía en México, preguntándole si el disidente ucraniano Víctor Kravchenko, autor del libro de memorias I Chose Freedom en el que relataba el proceso de colectivización y la situación de los campos de reeducación soviéticos, ya había salido para Guatemala. Lo hacía porque el Teatro “Capitol” estaba apartado en la capital guatemalteca para que éste se presentase y los anuncios de su llegada estaban publicándose. Además, le comentaba el caso de un campesino español de apellido Torres, compañero del POUM, que dudaba si tomar un empleo en fincas guatemaltecas de la Costa Sur o dedicarse a manejar la guillotina del taller editorial que dirigía Cost-Amic. (Correspondencia, 132-133).

El 12 de abril, por su lado, Andrade le informó a Fernández Granell desde París, que el día 30 de ese mes se celebraría en el Velódromo de Invierno un mitin internacional de intelectuales en “contra la guerra, los dos bloques y el imperialismo”. Estaba organizado por Sartre, Camus, Breton y el ex dirigente trotskista francés David Rousset,[42] quienes ya habían realizado un primer acto en la Sala Pleyel. Por ello había que lograr la adhesión internacional, movilizando a intelectuales, artistas, escritores de todos los países. La idea era encaminar la celebración de una gran Conferencia Mundial con el propósito de organizar un bloque que hiciese contrapeso al que tenían los comunistas. Quedaba poco tiempo, máxime que el mitin estaba organizado por intelectuales poco prácticos, por lo que le pedía que actuase rápidamente. Se trataba de que la AGEAR escribiese una carta dirigida a la Comisión organizadora del acto en el Velódromo de invierno adhiriéndose a éste y a toda manifestación a favor de esta iniciativa. Dicha carta de adhesión, Fernández Granell debía de remitírsela a Andrade, quien era el encargado de todo lo referente a América Latina.[43]Asimismo, le indicaba que sería oportuno que Monteforte Toledo, como presidente del Congreso de Guatemala, mandase individualmente su adhesión al mitin, lo cual le podía servir para entrar en “relaciones directas con todos los mejores escritores franceses”.(Correspondencia, 135-136)

Fernández Granell le contestó de inmediato ese mes de abril informándole de sus gestiones. No sólo había logrado que el manifiesto los firmasen varias personalidades de la AGEAR, como el músico Andrés Archila, el escultor Adalberto de León, los pintores Alberto Aguilar Chacón, Miguel Alzamora, Santiago Velasco,[44] Mario Alvarado Rubio y el propio pintor gallego, los escritores Eunice Odio (costarricense),[45] José Luis Cifuentes, Gilberto Zea Avelar, Daniel Armas y Mario Monteforte Toledo, sino que éste último partiría como delegado guatemalteco. Unos días antes habían salido “los delegados comunistoides de aquí [José Mauel] Fortuny[46] y [Víctor Manuel] Gutiérrez[47] al Congreso Mundial de Intelectuales a celebrarse en Polonia, siendo el primero líder del Partido de Acción Revolucionaria –PAR–, opuesto al de Monteforte Toledo, el Frente Popular Libertador –FPL. Ambos partidos, se encontraban entonces en el seno de la alianza que sostenía al presidente Arévalo, pero enfrentados por las estrechas vinculaciones del segundo con las organizaciones sindicales y por la ideología comunista de algunos de sus integrantes. De esa forma, opinaba Fernández Granell, Monteforte Toledo podría ser el representante del movimiento para toda Centroamérica. Y, en tono de confidencia, agregaba. “(Debo decirte que hace año y medio, tanto éste como muchos otros intelectuales y artistas eran del todo procomunistas. Fue necesaria una labor diaria, continua, multiplicada, para lograr estos resultados que espero sean sólo el comienzo de cosas muchísimo más importantes)”. Para concluir: “Hay que obrar con mucho tino con M.[onteforte]. Sobre todo, no dando carácter partidista a la posición antistalinista y haciendo en todo instante que este se apoye en sólidas razones intelectuales, etc. Contra el politicismo exacerbado de los comunistas, esta táctica deberá ser sobre todo fundamental para Hispanoamérica.”(Correspondencia, 136-138)

Pero la noticia más importante en esta larga carta de Fernández Granell era que los miembros del Grupo Saker-ti habían tenido que renunciar a realizar el Primer Congreso de Intelectuales y Artistas Guatemaltecos. “Les deshice el congreso –apuntaba–, que iba a tener una gran repercusión, al poner en evidencia su carácter comunista. Esto los tiene furiosos contra mí. El Saker-ti, [Raúl] Leiva[48] y otros de manera visible, pero mucho más ocultos convenientemente (el PAR, funcionarios destacados, el Ministro del Exterior [Muñoz Meany], etc.), desataron contra mí una furiosa campaña, ayudados por la nutrida fauna stalinista hispana, cobijada en el redil de la llamada Casa de la República [Española]”.(Correspondencia, 136-138)  De esta última frase se deduce que para abril del cuarenta y ocho, Fernández Granell ya había abandonado el cargo en la representación republicana, enfrentado a los otros miembros de la misma.

En su autobiografía realizada en 1968, el pintor Rodríguez Padilla, uno de los pilares del Saker-ti, escribió al respecto del frustrado Congreso: “Al mismo tiempo estábamos encarando la posibilidad de realizar un congreso de intelectuales, donde cada quien expusiera su posición; para nosotros esto fue muy hermoso. Entonces, Fernández Granell, que había venido mostrando su tendencia antiprogresista, habló de este congreso como del ‘degollamiento de la cultura’; él quería ser muy ingenioso en su labor de ridiculizarnos y boicotearnos…[49]

Fernández Granell continuó señalando en esa carta a Andrade de abril de 1949 que “los primeros efectos ya se hicieron sentir. Perdí varias colaboraciones con las que completaba mis indispensables ingresos mensuales… Además, en julio perderé el empleo en el gobierno (100 dólares mensuales), que es mi mayor ingreso mensual.” Seguidamente, le confiaba que había cometido el error de no aceptar un puesto de profesor en el Colegio Americano y le pedía que un sólido grupo de intelectuales que viviesen en París hiciese una carta de adhesión a su persona, señalando la injusta persecución por parte del estalinismo en Guatemala, el sólo hecho de expresar su “condición democrática, antifascista y anticomunista.”(Correspondencia, 136-138)

Paralelamente, sobre Monteforte Toledo opinaba que, a pesar de que éste sabía el peso político de los comunistas guatemaltecos, suposición como presidente del Congreso de la República hacía que no le interesase en propagar en el extranjero el enorme auge de aquéllos en el país y que, por tanto, no impidiese que a él lo expulsaran de Guatemala. Era importante, entonces, que le remitiese toda la información sobre el acto a celebrarse en Velódromo de Invierno para poder contrarrestar la propaganda de sus enemigos y, así, que el escritor guatemalteco pudiese entrar en contacto directo con los editores de la revista Babel, editada por Samuel Glusberg primero en Buenos Aires y, después en Santiago de Chile.[50](Correspondencia, 136-138)

El 2 de mayo de ese año de cuarenta y nueve, con amargura, Fernández Granell le escribió a Andrade comentando el hecho que, al final, Monteforte Toledo había desistido de ir al acto de París a pesar de haber obtenido el permiso gubernamental para viajar. Aunque pareciese extraño, a los ojos del pintor gallego no lo era, en la medida en que si bien el político e intelectual guatemalteco deseaba entrar en relación con los grandes escritores franceses, le temía a “-y mucho- a la oposición stalinista”. De esa forma, se contentaba en proclamar en privado que era anticomunista. Tal actitud había hecho que los otros compañeros guatemaltecos de la iniciativa se hubiesen desinflado. Además, Fernández Granell le había pedido personalmente a Monteforte Toledo que revelara públicamente los intríngulis de su persecución política oficial en Guatemala, pero que éste le había pedido que no lo hiciera con el fin de “conjurar una catástrofe nacional que provocarían mis revelaciones”. Él se ocuparía de arreglarlo tomando en cuenta su puesto de presidente del Congreso, pero terminó por no hacer nada, al punto que él había perdido su colaboración en la revista oficial Viento Nuevo, “que dirige un stalinista” [Miguel Ángel Vásquez],[51]y el programa en la radio nacional que daba semanalmente sobre temas de arte. De ahí, que desde las esferas oficiales era donde se fraguaba la campaña de aislamiento de quienes –como él– se oponían públicamente al estalinismo. La única persona que había salido en su defensa en la prensa era la poeta Eunice Odio, pues el mismo Costa-Amic y Mariano Redondo, “escondieron la cabeza como avestruz”.

Desde que había dado la lucha, Costa-Amic no habían puesto más un pie en su casa, lo mismo que Salvador Marbán de la Peña,[52]un bonzo socialista”, perteneciente a “la vieja vanguardia del reformismo español.” A su juicio, Costa-Amic era víctima de sus compromisos institucionales, pero  Redondo sí lo había decepcionado. Por su parte, Marbán de la Peña tenía lazos muy fuertes con la Casa de la República, teniendo relaciones con el representante de Claudio Sánchez Albornoz[53] y asistiendo a los conciertos promovidos por el Saker-ti. En parte, según él, resultaba ser la reproducción del ambiente de colaboración entre republicanos que en México habían fomentado Jordi Arquer i Saltor,[54] [¿] March y Pompeu Audiver.[55] No sabía aún si sería expulsado de Guatemala, por lo que le pedía que todo material del POUM mejor se lo enviase a la casa del pintor guatemalteco Alberto Zamudio Aceituno,[56] quien era miembro de la AGEAR. (Correspondencia, 139-142)

La versión dada por Rodríguez Padilla sobre la ruptura entre el Saker-ti y la AGEAR y el papel jugado por Fernández Granell es la siguiente: “La AGEAR había estado casi en receso después de haber sacado un número de la revista ‘más reaccionaria de América’, según palabras de Cardoza y Aragón, entabló con nosotros una polémica fuertísima hasta que se llegó al rompimiento total… Al final, terminamos comparando a Fernández Granell con [Gustavo Adolfo] Trangay chafarote que se sublevó, robó dinero en Retalhuleu, diciendo que iba a botar al gobierno de Arévalo…, los argumentos que el militarote y F. Granell usaban eran muy similares. La AGEAR salió en defensa de este último y, como te digo, se llegó al rompimiento total. Los que pertenecíamos a la AGEAR y al Saker-ti al mismo tiempo, renunciamos a la primera tajantemente. Raúl Leiva tuvo una actitud muy digna mandando a volar a la AGEAR y tomando nuestra defensa; Granell lo atacó llamándolo ‘el poeta fiscal’. El Congreso no llegó a realizarse, pero todo esto que te digo sirvió para desenmascarar a F. Granell y para señalar la línea de inconsistencia política de la AGEAR, pues como ves, ya se vislumbraba la división entre la gente que quería tomar partido y los que preferían espera los acontecimientos… Se decía que [Francisco Javier] Arana era el preferido de los gringos…[57]

Trangay se había alzado en armas en contra del gobierno de Arévalo tomando la ciudad de Malacatán el 6 de abril de 1949, para luego replegarse hacia la montaña en las faldas del volcán Tajumulco, frontera con México. Allí moriría en un enfrentamiento con tropas de ejército guatemalteco una semana después. De hecho, ese año el gobierno de Arévalo tuvo que enfrentar otro intento del golpe de estado por parte del jefe de las Fuerzas Armadas de Guatemala, el coronel Arana, los días 18 y 19 de julio, y que concluyeron con la muerte de éste. El balance fue de 65 víctimas, entre fallecidos y heridos. El propio Monteforte Toledo, junto a José Santa Cruz Noriega, escribió una reseña de los mismos en el folleto Una democracia a prueba de fuego (Guatemala, Departamento de Publicidad de la Presidencia, 1949), conscientes de que la revolución guatemalteca peligraba.[58]Durante dicho alzamiento, varios miembros del Saker-ti pelearon defendiendo el palacio Nacional del ataque de los alzados, entre ellos Carlos Navarrete.[59]

A pesar del distanciamiento, Costa-Amic –quien se encontraba en la ciudad de México– le hizo llegar a Fernández Granell el 9 de mayo unos libros para distribuir en las librerías guatemaltecas a la vez que le remitía el ejemplar de Campos de Concentración que le había dedicado el propio Narcís Molins i Fábrega. Era una obra con textos líricos sobre las vivencias de sus cuatro años y medio de cautiverio con dibujos de Josep Bartoli i Guiu.[60] (Correspondencia, 142) Por esa época apareció editado por el Ministerio de Educación Pública de Guatemala el libro de cuentos de Monteforte Toledo La cueva sin quietud, ilustrado por Eduardo Abella y Eugenio Fernández Granell y varios pintores guatemaltecos.

Por su parte, el 27 de mayo, Fernández Granell le escribió a Breton para informarle sobre su situación política a raíz de la polémica con el Grupo Saker-ti y su enfrentamiento con el canciller Enrique Muñoz Meany, del cual dio detalles varios años después, pero que sin duda fue inoportuno y precipitó su caída desgracia en los ámbitos intelectuales, sobre todo a nivelo oficial. Le señalaba al escritor francés que la “persecución fue de un carácter casi inesperado. Hubo instantes en que parecían dictados por una dictadura poderosa. Durante dos meses he tenido que pelearme yo solo contra fantasmas y las agrupaciones –multiplicadas aquí por todos lados– que se reproducían día a día. En contraste con el aumento de los enemigos, era bastante penoso ver la espantosa disminución de amigos.” Atribuía ello al miedo y a la cobardía que los estalinistas sabían manejar hasta “por control remoto.” Solo Eunice Odio lo había defendido al publicar un artículo en El Imparcial el 12 de abril titulado “Dos actitudes ante la tiranía”. En este defendía a Fernández Granell señalando que era trotskysta y que desde la guerra civil española era perseguido por los estalinistas. La razón de todo ello, concluía el pintor gallego, era que “cometí el error de impedirles hacer un congreso intelectual, que debería de haber tenido una gran repercusión, dado que es aquí donde tienen su cuartel general en toda América Central. Por eso me han quitado la mitad de mis posibilidades de poder vivir.” Por el momento se ocupaba con un grupo de amigos –como le había pedido Andrade– de ver la “conveniencia de publicar un folleto que podría ser la voz de los artistas en intelectuales independientes de izquierda” (Los Granell, 105-108), el cual no llegó a salir. Sin embargo, en el curso del mes de mayo denunció sus despidos en las páginas de El Imparcial publicando el alegato “De cómo un congreso comunista de intelectuales se convierte en una patraña policiaca”.[61] Al trabajar para dependencias del Estado guatemalteco, en especial del Ministerio de Educación Pública, el boicot de Fernández Granell al congreso de intelectuales propuesto por el Grupo Saker-ti pero apadrinado por importantes funcionarios de gobierno a los que tachaba de comunistas–entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores Enrique Muñoz Meany–, terminó por cerrarle las puertas laborales, como lo comentaría años más tarde.

El 5 de julio, Andrade le respondió desde París la carta en la que su amigo le informaba de los últimos sucesos de Guatemala. De ella se desprende que él tampoco había logrado una carta de apoyo de parte de los intelectuales franceses, por motivos de “rencillas y puñeterías entre ellos que son muy difíciles de superar.” Esa era la ventaja que tenían los comunistas, le comentaba. Sin embargo, lo animaba a pensar que, en unos meses, “todos estarán convencidos en Guatemala que tenía Ud. Razón y no habrá que lamentar más que lo que económicamente le hayan perjudicado.” La mala noticia venía de España, en donde había sido capturado su hermano Julio Fernández Granell, cerca de la frontera y con documentación falsa, y trasladado a Madrid. Si las autoridades franquistas descubrían quién era, se complicarían las cosas, pues recientemente había sido descubierta la organización ilegal del POUM allí. Tampoco le debía extrañar la reacción del joven pintor Arturo Martínez en no apoyarlo, en la medida en que estaba en París bajo la influencia de Luis Cardoza y Aragón, para entonces embajador en Francia. Lo grave era que un grupo de amigos lo estaban presionando para que “cambiase el estilo de su pintura y pintase para el pueblo.” Martínez le había pedido a Andrade que le permitiese leer todos los artículos de la prensa guatemalteca donde se había desarrollado la polémica entre el pintor gallego, la AGEAR y el Grupo Saker-ti y los comunistas. (Correspondencia, 142-146)

En esas condiciones, con el apoyo de sus colegas, Fernández Granell presentó durante el mes de junio una muestra individual en la Escuela de Bellas Artes de Guatemala, estando la introducción del catálogo a cargo del acuarelista Alberto Aguilar Chacón, profesor de la misma, quien a su vez escribió en El Imparcial el artículo “El Surrealismo y la pintura de E. F. Granell”. En éste afirmaba que el soporte del arte surrealista era enteramente “metafísico” e “indiferente a una idea de progreso”. De esa forma, según él, el pintor gallego abordaba la pintura desde una “comarca de irrealidad”, armada con nociones poéticas y elementos psicológicos.[62] Poco después, la muestra fue presentada en la Universidad de Puerto Rico por el mismo Fernández Granell, volviendo luego a Guatemala. (Los Granell, 125)[63]Allí realizó los primeros contactos para un eventual cambio de residencia.

Ante la información de que pronto llegarían nuevos becados a París por el gobierno guatemalteco, el escultor Adalberto de León Soto[64] y el escritor Enrique Juárez Toledo,[65] el primero de la AGEAR y el segundo del Saker-ti, Andrade dijo que no tendría la delicadeza que había tenido con Martínez, sino que les hablaría “claramente contra los chinos.” Asimismo, se había enterado que había pasado por Guatemala el dirigente comunista español Mariano Gómez Fernández,[66] quien venía de publicar en Buenos Aires un libro sobre el romanticismo, según leía en la crítica publicada en la revista Agear. Por su parte, remitía un artículo para que se publicase en ésta y otro para la revista que Fernández Granell pensaba fundar en Guatemala con el título Isla. Andrade volvía a insistir en que le gustaría lograr obtener el puesto de corresponsal de algún diario guatemalteco y le agradecía de antemano a Fernández Granell que le hubiese enviado a su esposa María Teresa varias telas indígenas guatemaltecas.(Correspondencia, 142-146)

El 3 de octubre, desde París, Breton le respondió a Fernández Granell dándole explicaciones de por qué no había funcionado el apoyo de los intelectuales franceses y europeos a su persona. Le decía que, al recibir su telegrama pidiendo solidaridad con su causa, a él le había parecido oportuno empezar por recoger información en las embajadas sobre la situación en Guatemala, pues le parecía que “antes de lanzar cualquier protesta pública debía estar claramente informado de lo que había ocurrido y de quién le amenazaba. Lo malo es que he recopilado muy poca información. Cierto que quizá no hubiera sido difícil obtenerla dirigiéndome directamente a Cardoza y Aragón, que teóricamente mantiene buenas relaciones conmigo, pero he considerado esta gestión inoportuna y peligrosa”. Por dos veces, con Péret habían hablado de qué hacer por él, pero haciéndolo sin causar daño a su persona. Además, los dos telegramas que había recibido de él y de Odio “eran tan confusos, que no encontrábamos ninguna manera para responderle, sin mayor perjuicio. De ningún modo piense en este caso en desidia o inercia: nada sería menos cierto y puedo decirle que nos hemos preocupado a diario de usted. Pero no me arrepiento, incluso hoy, de haber aplazado la intervención en la forma en que nos pedía darle”.(Los Granell,108). A partir de este momento no existe en esta doble correspondencia más cartas escritas por Fernández Granell desde Guatemala, pues en octubre de ese año de cuarenta y nueve tomó la decisión de asilarse, abandonando Guatemala en los primeros días de 1950.

 

1950

En Guatemala, dos de sus amigos escribieron artículos en la prensa despidiéndolo. El primero de ellos, Mario Alvarado Rubio, quien en “Adiós a Fernández Granell” publicado en El Imparcial el 4 de enero de 1950, le decía: “Durante su permanencia en la extinta AGEAR, siempre fue de los primeros en aportar su decidido apoyo a todas las gestiones y actividades artísticas que se efectuaban. Su espíritu amplio y su carácter inquebrantable nunca fallaron en las medidas que se tomaban, oponiéndose francamente a las que consideraba inoportunas y viciadas…”[67] Más cauto, Mario Monteforte Toledo dedicó una nota a la partida del pintor en la sección dedicada a la artes de la Revista del Maestro de abril de ese año en la que hacía énfasis en su papel de maestro de arte, a la vez que insinuaba el carácter polémico de su actuación política. En ella comentó: “El discutido artista realizó en Guatemala una labor de primerísimo orden, guiando con su experiencia a los pintores nuevos y abriendo los horizontes de la plástica contemporánea a los estudiantes de artes.”[68]

Aunque la correspondencia que aquí se presenta no habla del asunto, antes de salir de Guatemala Fernández Granell tuvo en sus manos las pruebas de su obra Arte y artistas en Guatemala, que debía de ser publicada por la Editorial El Libro de Guatemala, en la “Colección Contemporáneos”. Esta editorial y colección la había empezado Víctor Villagrán Amaya en 1946 con la publicación de la antología Poetas de Guatemala, aparecida al año siguiente. Le seguirían en 1947 Pequeño álbum de Guatemala, impreso en los Talleres campos y, luego, 1948 las novelas Anaité y Entre la piedra y la cruz de Monteforte Toledo, con la variante que la primera había sido impresa igualmente en Guatemala, pero la segunda –posiblemente por incapacidad editorial– lo había sido en México por Costa-Amic, pero con los créditos de la editorial guatemalteca. Ese mismo año salieron también a la luz las obras de Augusto Liuti, Antesala del cielo y Balandro en tierra de Humberto Hernández Cobos. En 1949 apareció el poemario de Werner Ovalle López, Tiempo conquistado y Arte y artistas en Guatemala de nuestro personaje. Seguiría en 1950 la novela Viento Fuerte de Asturias, siembre como un volumen de la “Colección Contemporáneos”, pero editada ya por Ministerio de Educación Pública. Todo indica, pues, que Villagrán Amaya terminó por ceder los derechos al gobierno. Para entonces ya trabajaba en dicho ministerio, teniendo una oficina en el Palacio Nacional, como lo recuerda el pintor gallego en su semblanza del escrito quetzalteco.

Según la Fundación E. F. Granell, la escasez de Arte y artistas de Guatemalase debe a que fue confiscada por los comunistas. Así lo da a entender también la Biblioteca Virtual ‘Miguel de Cervantes’ en el ensayo “La inventiva surrealista de E. F. Granell”, el que subraya que de éste “existe un solo ejemplar, que tiene Granell, siendo víctima el libro de la persecución política”. Por su parte, los editores españoles de la edición de 2012 indican que los ejemplares estaban “pendientes todavía de su distribución, [y] fueron seguramente destruidos debido a la conocida filiación trotkista del pintor,” dando a entender que fue obra del “recién fundado Partido Guatemalteco del Trabajo, de orientación estalinista”. Aunque se contradicen cuando agregan que han podido publicar la obra a partir de “una ‘capillas’ del libro que pudo salvar en su huida a Puerto Rico”. Es decir estaban en pliegos impresos, plegados y alzados, sólo para corregir errores muy graves.[69]

Por la revista Viento Nuevo de julio de 1948 sabemos que el manuscrito ya estaba entregado para ser impreso y que debía de ser el volumen número 21 de la “Colección Guatemala”. Para entonces ésta había publicado entre finales de 1946 y principios de 1948 10 volúmenes y anuncia tener en prensas otros 11, de los cuales el libro de Fernández Granell era el último.[70] Ello explica por qué las pruebas estaban listas en el segundo semestre de 1949.

Entonces, la explicación más plausible de por qué no circuló la obra de Fernández Granell es porque ya no fueron impresos la cantidad de ejemplares pensados ni encuadernados luego de haberse asilado el artista a finales de 1949. Es decir, ya sea desde altas esferas del gobierno o el propio director de la Tipografía Nacional, se tomó la decisión de cancelar la edición salvándose las galeras que le habían dado a Fernández Granell antes de acudir a la embajada de Bélgica. La obra estaba siendo editada en el ínterin en que Villagrán Amaya le cedió, vía Costa-Amic, los derechos de la “Colección Contemporáneos” al Ministerio de Educación. Se ve difícil que, como jefe de talleres de la editorial gubernamental, Costa-Amic tuviese algo que ver en ello ni pudo evitarlo. Ni Muñoz Meany ni Cardoza y Aragón pudieron ser los que dieron la orden de parar el proceso de edición del libro, pues el primero estaba en Canadá y el segundo en Francia. Los comunistas, difícilmente, porque no eran quienes mandaban en la Tipografía Nacional de Guatemala, menos siendo Costa-Amic el jefe de Talleres Si fue algún alto funcionario del gobierno de Arévalo, como medida de retorsión por haberse exilado, los principales sospechosos vendrían a ser el Ministro de Educación, Raúl Osegueda Palala[71] o el entonces director de la Tipografía nacional, Alfonso Estrada Ricci.[72]Los dos, personas de confianza del presidente Arévalo. La respuesta la podríamos encontrar revisando los archivos de Costa-Amic, el fondo Muñoz Meany en la Biblioteca “César Brañas” o el propio fondo de Mario Monteforte Toledo en la fundación que lleva su nombre. Tarea a seguir.

 

1952

La correspondencia entre Fernández Granell y Breton se reanudó hasta febrero de 1952, pero sólo conocemos una segunda carta del pintor gallego fechada el 5 de abril, en la que le recordaba al escritor francés los momentos angustiosos de “la pesadilla de Guatemala”, al punto que cuando dejaron el país en avión, “creíamos salir de la tumba.” Dos años después, le escribía para darle detalles de la situación política que había vivido. “La misma noche en que fueron a buscarme, en un ‘jeep’, armados de ametralladoras, me encontraba escondido en la casa en casa de un amigo médico, el Dr. Antonio Valle, ahora en Estados Unidos. Desde allí pasé a la casa del Ministro de Bélgica.” Luego, gracias al embajador  italiano había sabido que el Ministro de Salud de Arévalo, el doctor Bernardo Aldana Santolino,[73] había informado que “algo me iba a pasar.”

¿Quién envió a ese jeep con soldados o policías para capturar a Fenández Granell? Es obvio que Muñoz Meany, no. Ya había caído en desgracia con Arévalo y el gobierno de éste empezaba a girar a la derecha para disminuir las presiones internas y externas. Los comunistas venían de constituirse clandestinamente en partido debido a que, si bien el presidente Arévalo los toleraba, siempre se opuso que se convirtiesen en partido legal. ¿Fue orden de Jacobo Árbenz como Ministro de la Defensa y enemigo acérrimo del asesinado coronel Arana? Si fuese así, sería porque consideró que el pintor gallego era muy allegado a devotos partidarios del desaparecido jefe de las Fuerzas Armadas. Otro tema a esclarecer en la medida en que en la correspondencia con sus compañeros del POUM y con Breton, Fernández Granell no hace ninguna alusión a los sucesos golpistas del 18 y 19 de julio de 1949 ni a la muerte de su líder, que conmovieron al régimen de Arévalo .

Nuestro personaje continuó narrando en su misiva del 5 de abril del cincuenta y dos la suerte que habían corrido quienes habían sido sus principales amigos en la AGEAR después de 1950, considerando que se debía a que la reacción de los comunistas era implacable. Mario Alvarado Rubio había tenido que huir por ser líder de los estudiantes universitarios anticomunistas que actuaban en contra del gobierno de Árbenz y se encontraba en México. Mario Monteforte Toledo, quien le había dado el aviso que se ocultase en octubre de 1949, “cuando me fueron a buscar a casa para matarme”, también se había trasladado a ese país. Eunice Odio, quien le había cablegrafiado al escritor francés para señalarle que se encontraba asilado en la embajada belga, se hallaba en Cuba. Pero, “lo peor fue lo que ocurrió a nuestro más querido amigo, el joven pintor Alzamora Méndez, ante cuyo gran talento no se contuvieron: lo asesinaron bárbaramente, destrozándole el cráneo a balazos.”

Rodríguez Padilla relata así la muerte de Alzamora Méndez: “…acababa de casarse con Mirtala; ¿quién, en ese momento tan feliz para ellos, iba a imaginarse el final doloroso que Alzamora iba a tener. ¡Otro de nuestros muertos vos Stellita! Era una pareja muy feliz.”[74] En 1968, exilado en México, el pintor sakertiano recordaba a los artistas muertos trágicamente en ese período: Ossay había fallecido prematuramente de enfermedad el 8 de junio de 1954; Arturo Martínez había muerto en un accidente aéreo el 24 de mayo de 1956 y su cuñado, Adalberto de León Soto, se había suicidado en París el 14 de junio de 1957. Hasta ahora no existe ninguna prueba de que Alzamora Méndez haya sido asesinado por el régimen arbencista, sino más bien que su muerte fue provocada por una casualidad mientras residía en la localidad de Santa Elena Barillas, próxima a la capital, en donde pintaba dos murales en la escuela de la localidad.[75] Casado con Mirtala Barillas, nieta del expresidente Manuel Lisandro Barillas, el padre de ésta poseía en herencia una finca de café y, en un altercado con un trabajador, éste le disparó con la mala fortuna que fue al pintor a quien la bala mató.[76]

Por su parte, Eunice Odio, quien se había trasladado de Costa Rica a Guatemala después de 1944, nacionalizándose, luego de divorciarse de Enrique Coto Conde, miembro del comunista Partido Vanguardia Popular, prefirió salir del país a raíz del triunfo presidencial de Árbenz. Tanto Monteforte Toledo como Alvarado Rubio se volvieron importantes opositores a éste. En 1951, el reputado escritor guatemalteco renunció al Frente Popular Libertador, que sostenía la candidatura arbencista a la presidencia de la República y se trasladó a México. Allí vivió hasta los primeros meses de 1954, enseñando literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. De regreso en Guatemala, no salió al exilio a raíz de la intervención norteamericana, aunque sí fue encarcelado como tantos otros funcionarios de los dos gobiernos revolucionarios. En 1955 fundó y dirigió el semanario Lunes, que se convirtió luego en el diario Hoy, en el que empezó a criticar a Carlos Castillo Armas, lo que a la larga le significó salir nuevamente exilado en el curso de 1956, radicándose por mucho años en el país vecino. En cuanto a Alvarado Rubio, regresó a Guatemala con el triunfo de Castillo Armas, siendo nombrado director de la Escuela de Bellas Artes en 1957 con el fin de sustituir al pintor Alberto Zamudio Aceituno, quien había sido nombrado en enero de 1955 como interventor de la escuela a raíz de su clausura por el gobierno castilloarmista en julio de 1954.

Las informaciones que le daba Fernández Granell en carta de 11 de abril, Bretón las respondió reafirmando la imposibilidad que había tenido para defenderlo con eficacia desde París. Le contaba que se había acercado a algunos diplomáticos destacados en Francia para pedirles apoyo, pero “sin estar seguros de si cumplirían las promesas que nos hacían.” Terminaba pidiéndole que le diera más detalles de su vida en Puerto Rico y le informara hasta dónde había llegado pictóricamente. (Los Granell, 117) En la carta que Fernández Granell le había enviado, le informó que, por fortuna, meses antes de salir de Guatemala había viajado a la isla de Puerto Rico, lo que le “valió para obtener un contrato de la Universidad.” (Los Granell, 110).

Paralelamente, un día después de esta larga carta informativa a Breton, Fernández Granell escribió desde Río Piedras a su compañero Andrade sin relatar estos hechos, pues ya lo había hecho antes. Le preguntaba si su esposa María Teresa había recibido la tela indígena guatemalteca que Amparo le había remitido con el traductor panameño Vicente Quintero. Asimismo, le informaba que le había enviado correspondencia con el escritor español residente en la isla, Francisco Ayala García-Duarte,[77] pero éste no había traído su respuesta. (Correspondencia, 151-153)

Andrade le respondió el 25 de abril, tocando enfadado el tema de su frustrada relación personal con Arturo Martínez: “El pintorcillo Martínez quedó con nosotros finalmente como un guarro, seguramente por influencia de sus compatriotas stalinianos de París, y principalmente de Cardoza”,  en la medida en que la “dominación staliniana sobre Guatemala iba afirmándose.” Finalmente, éste había dejado de visitarlos y partió de Francia sin despedirse. Le confirmaba que Ayala los había visitado, dándoles noticia suyas en Puerto Rico, pero al mismo tiempo lo criticaba por estar más interesado en “ver si hacía negocios” que en la amistad y la acción política. (Correspondencia, 155-159)

El 23 de agosto, Andrade le preguntó a Fernández Granell si Miguel Ángel Asturias “¿…el autor del Señor Presidente, les hace también el juego a los stalinianos en Guatemala?”. Se lo inquiría porque tenía relación con el escritor guatemalteco, quien era agregado cultural de la embajada de Guatemala en la capital francesa, pero el haber visto que publicaba un artículo en el “semanario de los intelectuales stalinianos Lettres Françaises, me escama ya un poco.” Le interesaba que le diera información sobre él para poder juzgar. En 1946, Costa-Amic había hecho en México la primera edición de la célebre novela de Asturias. De igual manera, inquiría sobre si Monteforte Toledo seguía en Guatemala y si había claudicado ante los comunistas. (Correspondencia, 169-173)

 

1953

Un año después, en una carta de 5 de octubre de 1953, Andrade interrogaba de nuevo al pintor gallego sobre el paradero de Arturo Martínez, indignado de que no se hubiese despedido de ellos después de haberlo tratado como a un hijo. “Creo que el canalla de Cardoza [y Aragón] lo asustó diciéndole que podía correr peligro en Guatemala tratándose con nosotros”, concluía. (Correspondencia, 177-178) Fernández Granell respondió a esas preguntas en una larga misiva, fechada en Río Piedras el 12 de octubre, dando nuevos detalles de lo sucedido en Guatemala, cuyos párrafos principales vale la pena reproducir, pues aclaran los detalles de su actuación personal:

Creía haberle hablado de [Enrique Muñoz]Meany. Este fue el hombre detrás de la mampara, cuando mi polémica guatemalteca con los stalinistas. Todo vino por un incomprensible error de su parte. Ocurrió así: la Casa de la República española –un nido de sinvergüenzas, tacaños y stalinistas– quería sacar un quincenario. Obtuvo la ayuda de Meany. Me propusieron dirigirlo. Acepté. Me llamó a su despacho Muñoz Meany. Fui al ministerio [de Relaciones Exteriores]. Me dio abundante material de propaganda stalinista. Entre otras cosas, en el primer número debía de salir la reproducción de un artículo aparecido en Norte (una publicación neoyorquina desaparecida), sobre la fabulosa ayuda rusa a España. Así, los comerciantes stalinizados de la Casa de España pagarían la mitad, el Ministerio la otra mitad, para que saliese el modesto quincenario. Cometí la imprudencia de negarme a lo que Meany me proponía, aduciendo las razones. Quería que, conjuntamente, pero con el mismo tono rusófilo, se acompañase la acción del periódico con la de cierta campaña radical. Le dije que yo no podía asumir dicha dirección bajo tales condiciones, ‘dado que yo era anticomunista’. Dio un brinco, pegó un puñetazo en su despacho del Ministerio (tan pequeño como era, estiró el brazo señalándome la puerta), y me dijo: ‘Tampoco yo soy comunista’. Lo malo es que lo era. Poco después me mandó a decir por [Santiago] Pallarès (un miserable stalinista español, desertor y comerciante cazador de dotes que representaba al gobierno de la República, -ignoro si continúa),[78] que si no me callaba, ‘me vería arrastrando la barriga por las calles de Guatemala’. Le dije al emisario que le dijese a Meany, de mi parte, que no me callaba, y que el iba a verse arrastrando su barriga era él.”(Correspondencia, 179-189)

Seguidamente, Fernández Granell afirmaba que [Muñoz] “Meany planteó entonces por dos veces en un Consejo de Ministros, mi expulsión del país. Los votos se empataron. Arévalo –el presidente– dijo las dos veces la palabra final...: ‘Que  era ridículo acusarme de agente de Franco y Trujillo’ y que me quedaba allí quien. Más tarde, aprovechando la revolución contra Arana–caudillo de un movimiento liberal democrático, una especie de general radicalsocialista, al que asesinaron junto a otros creo mil–[79] el mismo Meany perpetró ‘¡asearme!’ Monteforte Toledo apareció en casa una noche de tiros, acompañado –como España– con milicianos con naranjeros diciéndome que me iban a matar. Me aconsejó que huyese”. Su mujer y su hija se refugiaron en la embajada de Italia, mientras él lo hacía en la de Bélgica. Luego los tres se trasladaron a la de Brasil, permaneciendo en ella dos meses antes de salir a inicios de 1950 hacia ese país y, luego, seguir vía el Congo belga hacia Europa con el fin de pedir asilo en Puerto Rico.(Correspondencia, 179-189)

Indudablemente, el coronel Arana no era de ideología radical socialista y su movimiento era liberal democrático desde una perspectiva anticomunista, como resulta exagerada la cifra que el pintor da de las bajas ocurridas en el intento de golpe de estado. Pero donde los hechos confirman lo contrario a lo deducido por Fernández Granell, tomando en cuenta que él se asiló hasta inicios del mes de noviembre, es lo que arguye sobre el papel de Muñoz Meany en su persecución. Éste llevaba tres meses fuera del gobierno y de Guatemala, pues al renunciar marchó por motivos de salud hacia a Canadá. Como se ha dicho, a raíz del fallido golpe de Estado y la muerte de Arana, el gabinete entero presentó su renuncia al presidente Arévalo el 10 de agosto[80] debido a la discusión en su seno en torno a la decisión de la mayoría del Consejo de Ministros de expatriar a un grupo connotado de militares, intelectuales y periodistas, incluidos los redactores y directores de El Imparcial y Nuestro Diario[que quedaron clausurados], así como dos diputados de la oposición que eran afines a los golpistas, a cuya cabeza estaba Mario Méndez Montenegro, hasta hacía poco Ministro del Interior. Sin embargo, Relaciones Exteriores les había concedido a todos salvoconductos el 3 de agosto.[81]Arévalo sólo aceptó la renuncia de tres de los ministros, entre ellos la del canciller Muñoz Meany, quien declaró que confiaba en que el presidente mantendría la “línea política internacional que ha seguido Guatemala a partir de la revolución de Octubre de 1944” y que su renuncia no se debía a razones de política exterior, “sino por motivos de política interna, que a su debido tiempo se conocerán”.[82] De inmediato el Grupo Saker-ti dirigió una carta al renunciante en la que lo felicitaba por labor hecha a la cabeza de la cancillería y dejaba ver que su renuncia se debía a “que su postura fue orientada por principios de hondo contenido cívico y democrático”.[83] Desde las páginas de La Hora, Marroquín Rojas habría de dedicar dos editoriales seguidas sobre las causas de la renuncia de Muñoz Meany. En la primera, de forma sibilina, apuntaba que se decía “que el cambio de colaboradores del presidente de la república, integrantes de su gabinete, no implica propósito de revisión de los postulados revolucionarios”, pero que quien lo subrayase fuese el hasta entonces Ministro de Relaciones Exteriores, lo “dicho cobra mayor énfasis”.[84] En la segunda, el líder de la derecha develaba el verdadero contenido de la discusión en el seno del Consejo de Ministros: “En los últimos acontecimientos hemos visto que Muñoz Meany se terció la escopeta de la defensa constitucional. Naturalmente, él no disparó ni un tiro, pero simbólicamente fue un defensor heroico de la legalidad…[85]

La renuncia tendría al excanciller en el congelador político por un año, pues sería hasta agosto de 1950 que sustituyó a Cardoza y Aragón como embajador de Guatemala en Francia, regresando el segundo a México. De esa forma, Arévalo lo mandó al exilio dorado, donde murió al año siguiente. Sin embargo, a raíz de los sucesos de julio de 1949, se prendieron los focos rojos en el exilio español. Primero, el escritor y ex presidente Rodolfo Llopis Ferrandis envió un mensaje personal desde París felicitando a Muñoz Meany por la conjura del golpe de estado y, seguido, a nombre del Gobierno español en el exilio, el diputado de Izquierda Republicana Manuel Torres Campaña lo hizo extensivo al gobierno guatemalteco.[86]El sustituto de Muñoz Meany era Ismael González Arévalo, quien hasta entonces fungía como embajador en Washington. En carta de Cardoza y Aragón a Muñoz Meany de 10 agosto de 1950 confirmaba desde la sede parisina el retroceso de la diplomacia guatemalteca con respecto a permitir que republicanos españoles emigrasen a Guatemala: “DE LOS ESPAÑOLES DE PORTUGAL, NADA DE NADA. Ese asunto quedará pendiente para ti, y ojalá puedas arreglarlo. No llegan instrucciones. ¡Ni una palabra!”[87]

Como se ha visto, la muerte de Arana se dio el 19 de julio de 1949 y el refugio de Fernández Granell en la embajada de Bélgica tres meses y medio después. Meses de radicalización de la situación social guatemalteca luego de que la intentona de Arana, la más difícil que el presidente Arévalo tuvo que enfrentar, tensionó los ánimos entre sus partidarios y sus opositores al ser el hombre fuerte de Washington en Guatemala. Un pequeño sector de la izquierda guatemalteca se radicalizó y el 28 de septiembre de ese año fundó en la clandestinidad el Partido Comunista de Guatemala, que en 1952 pasó a denominarse Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT–. Entre sus fundadores estaban sólo dos sakertianos Huberto Alvarado Arellano y Jacobo Rodríguez Padilla, resultando electo como su secretario general, José Manuel Fortuny. Poco antes, del 5 al 10 de ese mes, Alvarado Arellano y Rodríguez Padilla, acompañados de Edmundo Palma, Roberto Paz y Paz, Carlos Navarrete y Edelberto Torres Rivas habían asistido como delegados del Grupo Saker-ti al Congreso Continental por la Paz, celebrado en la ciudad de México. Por la dirigencia comunista fueron Fortuny, Bernardo Alvarado Monzón y el líder sindical José Alberto Cardoza. Tanto Muñoz Meany como Cardoza y Aragón enviaron su adhesión al Congreso, que contaba con el apoyo del expresidente Lázaro Cárdenas. El primero rechazó asumir la presidencia del mismo.

Lo que estaba en juego en todo esta coyuntura era la propia estabilidad del régimen arevalista, lo cual explica en parte porqué Monteforte Toledo, Costa-Amic y Redondo se echaron para atrás ante el pedidos desde París hechos por Andrade a Fernández Granell de que radicalizase el discurso y la acciones en contra de los comunistas o de quienes pensaba lo eran. Esta actitud lo llevó a trasladar el enfrentamiento ideológico con el Grupo Saker-ti a las esferas gubernamentales guatemaltecas. Sobre Cardoza y Aragón la opinión de Fernández Granell en esta carta fue la siguiente:

Es evidente que Cardoza –quien me testimoniaba enorme amistad y dedicaba todos sus libros a más de regalarme otros- es el mayor responsable del envenenamiento de la juventud de allá. Tras Martínez, quien ni a mí mismo volvió a escribirme ni una palabra y a quien en realidad yo le había conseguido la beca para París -hablando con Arévalo, el ministro de Educación y el propio [Muñoz] Meany- se fueron a París una especie de escritor, Juárez Toledo, y una especie de escultor, Adalberto de León… A ambos les conseguí yo las becas (esta vez prescindiendo de Meany y ayudándome Monteforte [Toledo], a la sazón vicepresidente, por ser presidente de la cámara). Tan pronto tuvieron los pasajes en el bolsillo, estos tipos que habían frecuentado mi amistad y mi casa, se unieron a las huestes de Meany. (En estas cosas de ayuda a becarios estoy como gato escaldado). Hace poco salió un libro en Guatemala.[88]Todavía me infaman, sin nombrarme más que como ‘un pintor pseudosurrealista…, etc.”(Correspondencia, 179-189)

Finalmente, sobre el autor del Señor Presidente, consideraba lo siguiente:

Miguel Ángel Asturias es apolítico. O era, al menos. Estuvo en Chile, con cargo semejante. No sería nada difícil que allá, bajo la atmósfera de la rana Neruda, haya sentido el agradable tufo del incienso stalinista. Esta gente sabe cómo emocionar a los vanidosos. No sé si Asturias lo es. Probablemente no. (O tal vez sí, no sé). Fui muy amigo suyo. Cuando lo conocí, era un alcohólico crónico. Luego, sometido a un tratamiento por estas altitudes muy frecuente, abandonó su práctica. Me dijeron que, más tarde, haberla reanudado en Chile y Argentina. Es lo que suele ocurrir. Pero, puesto ahí por el actual gobierno de Guatemala [el de Árbenz], sería sumamente raro, casi inexplicable, que no se amoldase a la doctrina comunistoide imperante…” (Correspondencia, 179-189)

El 4 de diciembre de ese mismo año de cincuenta y tres, Andrade le reprochó a Fernández Granell no haberle informado en detalle sobre los sucesos en Guatemala, pues hubiera podido hacer algo desde allí en la medida en que, renunciado Muñoz Meany como Ministro de Relaciones Exteriores, había terminado por ser trasladado una vez más como embajador de Guatemala en Francia.

El tal [Muñoz] Meany -escribía Andrade- se presentaba aquí como un suave liberal burgués. De haberlo sabido, le hubiéramos descubierto en las reuniones que intervino. Nunca hablé personalmente con él, le vi únicamente intervenir en dos reuniones de refugiados españoles. Lo que hubiera sido importante para nosotros hubiera sido saber a tiempo lo del tal Pallarès, representante del llamado gobierno español en Guatemala. Hubiéramos colocado a dicho ‘gobierno’ ante sus responsabilidades. De todas maneras voy todavía a enterarme si Pallarès sigue llamándose allí representante español, y entonces lo acusaremos como lo que es.”(Correspondencia, 191-195)Para entonces, el diplomático guatemalteco llevaba más de dos años y medio muerto.

Como Ministro de Relaciones Exteriores de la Junta Revolucionaria conformada después del 20 de Octubre de 1944, Muñoz Meany había sido uno de los principales impulsadores del reconocimiento de la República Española en el exilio. Durante su primera estancia como embajador guatemalteco en París, redobló los contactos con el gobierno español en el exilio, instalado en la capital francesa desde febrero de 1946 y presidido por José Giralt. A su vez, como representante de Guatemala ante la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, celebrada en París en octubre de 1948, intervino oficialmente para salvarle la vida a un grupo de republicanos encarcelados en Galicia a petición del Bloque Republicano Nacional Gallego. Luego, siendo ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Arévalo entre 1947 y 1949, respaldó el proyecto de asilo para 55 familias republicanas que estaban refugiadas en Portugal con la colaboración de Cardoza y Aragón, proyecto que –como se ha dicho– fue frenado por González Arévalo.[89] El 14 de abril de 1950, Muñoz Meany fue el orador principal en el acto celebrado en el Instituto de Señoritas Belén dirigido por Solà de Sellerès en conmemoración del XIX Aniversario de la República con  la conferencia “Caso de conciencia para las democracias: España.”[90] Más tarde, el 19 de febrero de 1951, recibió en la embajada guatemalteca en París al vicepresidente español en el exilio, Fernando Valera, a raíz de que René Pleven asumió la presidencia francesa y sugirió a Jacobo Árbenz, recién electo presidente de Guatemala, que hubiese una representación oficial republicana en su toma de posición, siendo los representantes el presidente de Álvaro de Albornoz, el general José Miaja y Francisco Giner de los Ríos.[91]

Por último, sobre el abandono que Fernández Granell había sufrido de parte de Redondo, en la carta del 4 de diciembre de ese año, Andrade le comentaba que de seguro lo había hecho “para no comprometerse”. No le extrañaba, pues cuando éste había llegado a Guatemala, él había escrito una carta y, luego, ya no había sabido nada. Su suegro, Manuel Muiño, un “viejo bonzo de la UGT [Unión General de Trabajadores] española”, le había dicho que éste se defendía bien en Guatemala. (Correspondencia, 191-195). Asimismo, le informaba que Víctor Alba,[92] quien vivía en México, había pasado por Guatemala en algún momento antes de la caída del gobierno arbencista.

 

1955

Alba escribió a Fernández Granell el 20 de mayo de 1955, indicándole que en Guatemala le habían hablado de él y que se había alegrado de volverlo a contactar después de tantos años, lo que fue posible gracias a Julián Gorkin.(Correspondencia, 215)[93]

 

1959

No será hasta el 27 de enero de 1959 que el pintor gallego decidió retomar el contacto con Bartolomeu Costa-Amic, quien había salido expulsado de Guatemala a raíz de la caída de Árbenz. El pintor gallego le preguntaba desde Puerto Rico cuánto le costaría publicar en su editorial una obra parecida ala que venía de editarle al periodista guatemalteco David Vela,Un personaje sin novela(México, Editorial Costa-Amic, 1958).(Correspondencia, 271-272) Éste le contestó en una carta fechada el 3 de marzo diciéndole que le había dado mucho gusto recibir letras de él y que sólo había esperado recibir el anunciado manuscrito de su La novela del Indio Tupinamba, la cual había leído de un tirón y le había entusiasmado, pues la consideraba una verdadera “pachanga literaria”. Pachanga por lo jocoso de la trama y, literaria, por su concisión y gran riqueza de vocabulario. Le proponía editársela con su nuevo socio, Fidel Miró,[94] uno de los dirigentes de la Confederación Nacional del Trabajo –CNT– española, con la condición de que Fernández Granell le garantizase la compra de 200 de los ejemplares, dejándole el mercado de Puerto Rico y Miró encargándose de distribuirla por Latinoamérica. De paso, le contaba que había contraído matrimonio en Guatemala –luego de separase de Araceli- con una “muchacha chapina”, con la que había procreado tres hijos, hija de un sastre de apellido Leonardo, de origen italiano, al que llamaban “El Mago de la Moda. Además, había dejado la otra hija en Guatemala. Con respecto a cómo le había ido luego de la partida de Fernández Granell, le señalaba que “muy bien y feliz.”

Tenía una finca denominada El Molino de la Pólvora, precisamente debajo de la finca de los Toriello [se refiere a Guillermo, ministro de Relaciones Exteriores de Árbenz] y de los franceses a quienes tú dabas lecciones de pintura (se me olvido el nombre [Jacob])… La finca en cuestión tenía una magnífica piscina con nacimientos de agua, muchísimos árboles frutales (mandarina y naranja sobre todo); además organicé una granja, con 350 gallinas, doce vacas, toro, caballos, micos, venados, etc. En fin, una especie de paraíso; y lo tenía como a 41/2 kms. del taller. Invertí en ella mucho dinero (todo el que tenía disponible) y obtuve una prioridad para su compra; pero la cosa de Castillo Armas me lo mandó todo al diablo. Sin bien no tenía porqué esconderme ni asilarme, como no lo hice durante los primeros días, sí que al tercero, ya a las 9 de la noche, vi llegar tres jeeps militares y, por precaución, decidí irme monte arriba. De momento no me fue posible regresar, ya que dejaron guardias, aduciendo que buscaban las armas, etc. Total, que fue una confusión, entre D. Edelberto Torres [Espinosa][95] (director titular de la Editorial) y yo que era el jefe de talleres. Cuando se aclaró el asunto, ya estaba asilado, y después de muchos líos que pasaron en la Capital, decidí ya no salir si no era para México….. Y así lo hice, a los dos meses justo de asilado en la Embajada de Ecuador. Aquí he tenido que volver a empezar, y no me ha ido mal, ya que he montado buenos talleres de imprenta en que, al presente, he editado ya unos 200 títulos”. (Correspondencia, 272-274)

Finalmente, sobre su labor editorial en Guatemala durante el período de Árbenz (1951-1954), Costa-Amic la resumía así:

En Guatemala, en los últimos años, hice muy buena labor, casi por mi cuenta, ya que creé, sin fondos del Ministerio, la Biblioteca de Cultura Popular 20 de octubre, que dejé en el volumen 50 publicado, y otros diez títulos para entrar en prensa. Llegué a tener -cosa que la gente no creía- cinco mil suscriptores; claro que eran libros de 15 cvs. dequetzal [15 cvs. de dólar]. Hasta que en México tercié en una discusión iniciada por El Imparcial, sobre autores, editoriales, lectores, etc. pudieron comprobar todo lo que les decía en un artículo, sobre dicha cantidad de lectores-suscriptores, ya que dejé las cosas en estado de perfectísimo control. Pasado tiempo de mi salida, oficialmente me invitaron a regresar, pero después de todo, pensé que a las primeras de cambio venía otro lío, y que de una vez debía estabilizarme en México, donde puedo trabajar a mis anchas, con muy buenas perspectivas.”(Correspondencia272-274).[96]

Tanto la AGEAR como el Grupo Sarke-ti nacieron como asociaciones de intelectuales y artistas al calor de los postulados de la Revolución del 20 de Octubre de 1944, que derrocó a la dictadura ubiquista y permitió la elección de un gobierno democrático encabezado por Juan José Arévalo. Ambas organizaciones se definieron como arevalistas. Entre ellas hubo mediaciones temáticas en materia intelectual, puentes políticos y partidarios, redes sociales artísticas compartidas. Una y otra asumieron el legado antifascista, pero la lucha por el control político  del frente arevalista, así como la recepción guatemalteca de la Guerra Fría, le fue dando  otro carácter a la relación entre ambas asociaciones. Así se dio el enfrentamiento ideológico en torno a los posibles sucesores del presidente Arévalo, los coroneles Francisco Javier Arana, Jefe de las Fuerzas Armadas y candidato del sector conservador y, Jacobo Árbenz Guzmán, Ministro de la defensa, candidato de las izquierdas. Tal enfrentamiento se vio reforzado con el intento de golpe de estado de los partidarios de aranismo en julio de 1949 y por la inmediata constitución del Partido Comunista de Guatemala dos meses después. Amboshechos marcaron el asilo de Fernández Granell, la disolución de la AGEAR y el auge del Grupo Sakert-ti, que luego se vio favorecido por el triunfo arbencista en las elecciones presidenciales de 1951. De paso, este último coadyuvó a mejorar las condiciones de trabajo y de expresión legal de los republicanos españoles establecidos en Guatemala. El derrocamiento del gobierno de Árbenz en junio de 1954, a raíz de la intervención del Departamento de Estado y de la United Fruit Company, marcaría un alto a tal experiencia.

Como se ha visto, en el intercambio de cartas con sus camaradas del POUM y con André Breton no hay una sola palabra de Fernández Granell que se refiera a este evento importante de la Guerra fría. Por su parte, Costa-Amic se limitó a definirla como “la cosa de Castillo Armas”, dejando la sensación al lector que su condición de exilado no incluyó –más allá de su excelente ejercicio profesional– un compromiso político directo con el fallido proceso revolucionario guatemalteco. Paralelamente, se constata que los políticos y los jóvenes revolucionarios guatemaltecos no tenían la formación ni los elementos y estragos que éste causó en la contienda civil española y entre los partidarios del socialismo en general.

 


Notas:

[1] Agradezco el apoyo documental que me brindaron el licenciado Lucas Omar Monteflores, la licenciada Arely Mendoza, directora de la Biblioteca “César Brañas” de la USAC y a las licenciadas Thelma Porres y María Elena Casellas de CIRMA en Guatemala. Al embajador Mario Esquivel Tovar por sus orientaciones en torno a la relación entre Fernández Granell y la poeta costarricense Eunice Odio. A Ricardo Melgar Bao y a Rosa Torras Conangla por sus atinados comentarios al texto.

[2] Eunice Odio. 1949. “Polémica entre artistas. Dos actitudes frente a una tiranía”, El Imparcial, 12 de abril.

[3] Véanse todos los artículos que incluyó esta polémica en Memoria, 38. México, CEMOS, enero de 1992, 41-47.

[4]Navarrete, Carlos. 2002. Luis Cardoza y Aragón y el Grupo Saker-ti. Guatemala. CEUR/USAC,  102.

[5] Ibid., 21

[6] Ibid., 29.

[7] Eugenio Fernández Granell. 1946. “cuatro pintores en la CGT: Alvarado, Abascal, Alzamora y Marsicovétere” en Mediodía, Guatemala, 25 de noviembre.

[8] Escritor y periodista. Uno de los grandes novelistas guatemaltecos.  Había vivido parte de la década del 30 y hasta el triunfo de la Revolución de 1944 en México. Regresó a Guatemala a inicios de 1945 y pasó a militar en el Frente Popular Libertador por el cual fue electo diputado. Entre 1947 y 1948 fungió como presidente del Congreso de la República. La íntima amistad de Fernández Granell con Monteforte Toledo ha sido evocada por Natalia Fernández Segarra en un una entrevista que concedió a la prensa guatemalteca cuando en Guatemala se expuso una muestra internacional del pintor surrealista gallego el año de 2004. En ella, señaló que había sido compañera de juegos y clase de Carmen Monteforte, la hija del escritor guatemalteco. Marta Sandoval. 2004. “Cultura”, El Periódico, Guatemala, 19 de enero. En esta entrevista da la versión de que en octubre de 1946 iban para México, cuando el avión tocó Guatemala y, flechados por el país, la familia decidió quedarse.

[9] Fernández Granell, Eugenio. 2011. Arte y artistas de Guatemala. Madrid, Ollero y Ramos Editores S. L., 175.

[10] La Hora, Guatemala, 22 de septiembre de 1948 y ss.

[11]Taracena Arriola, Arturo, Julio Pinto Soria y Arely Mendoza. 2004. El placer de corresponder. Correspondencia entre Cardoza y Aragón, Muñoz Meany y Arriola (1945-1951). Guatemala, Editorial Universitaria USAC.Arturo Taracena Arriola, 100-103.

[12] Navarrete, Carlos. 2002, 20.

[13] Ibid., 33-64.

[14] Había entrado a la Escuela de Bellas Artes. Luego sería periodista y se graduaría de abogado. Trabajaba en el periódico La Hora, de Marroquín Rojas y era director de la revista Plástica.

[15] Eunice Odio. 1999. “Polémica entre artistas. Dos actitudes frente a una tiranía”, Obras Completas, San José de C. R., Editorial Universidad Central de Costa Rica, 57, nota 1. En ella el licenciado Mario Esquivel Tovar, quien realizó la investigación documental en Guatemala, hace referencia al libro de Fernández Granell. 1949. Arte y artistas en Guatemala. Guatemala, Editorial El Libro de Guatemala, “Colección Contemporáneos”.

[16]Eugenio Fernández Granell. 1948. “El surrealismo y la libertad”, Agear, No. 1, Guatemala, diciembre, 5-9 y 1949. “Oscuridad a medio día: un libro apasionante de Arthur Koestler”, Agear No. 2, Guatemala, enero de 1949, 8-9.

[17] Alvarado Arellano manifestó su abierta adhesión al realismo socialista en 1953 en la obra Por un arte nacional, democrático y realista. Guatemala, Ediciones Saker-ti.

[18] Eugenio Fernández Granell. 1949. “Shakespeare antes que Stalin” en El Imparcial, Guatemala, 28 de marzo.

[19] Eunice Odio. 1999, 56-62.

[20] Raúl Leiva. “Granell, ideólogo del Trangayismo”, El Imparcial, 22 de abril de 1949.

[21] En el original escrito Ordóñez Orquello.

[22] Maestro de un grupo de pintores naturalistas nacidos en las primeras décadas del siglo XX. Ver: 1946. "Gran premio en pintura a Garavito. Otros vencedores en el certamen", Guatemala, El Imparcial, 19 de octubre y "Muy concurrida la galería pictórica guatemalteca", El Imparcial, Guatemala, 21 de octubre.

[23] 1946."Arte de Roberto Ossaye en 50 cuadros. Transformación en su técnica, mejores realizaciones al óleo", El Imparcial, Guatemala, 15 de noviembre y Alberto Aguilar Chacón.1946. "En la Academia de Bellas Artes. Exposición de Roberto Ossaye", El Imparcial, 16 de noviembre.

[24] Eugenio Fernández Granell, 2003. Madrid SEACEX/Ministerio de Asuntos Exteriores, 125.

[25] Poeta francés y uno de los máximos exponentes del movimiento surrealista. Conoció a Fernández Granell en Barcelona durante la guerra civil.

[26] Inicialmente profesor de carrera

[27] Eugenio Fernández Granell, 2003, 125.

[28] Uno de los miembros del Comité Ejecutivo del POUM durante la guerra civil y redactor del periódico La Batalla. Al final de la guerra se trasladó a Francia, donde fue detenido en 1940, siendo liberado en agosto de 1944. A partir de ese momento, se dedicó a la reestructurar el partido.

[29] Durante la guerra civil española combatió en el frente de Aragón y, luego, organizó una radio del POUM. En París trabajaba con Andrade en la restructuración del partido.

[30] Participó en la insurrección de Asturias en 1934 y, luego, se trasladó a Barcelona, en donde pasó a colaborar con Andreu Nin. Desde 1936 formó parte del equipo de redactores de La Batalla. En el exilio francés pasó a ser miembro de la dirección del partido, pero fue detenido en 1941 y desterrado al campo de concentración de Dachau, Alemania, donde recobró la libertad al término de la Segunda Guerra. Se reintegró a la dirección partidaria.

[31] En 1945 era secretario general de la Universidad Popular de Guatemala y, en esa calidad, fue en 1946 el animador de la exposición de Martínez presentada en dicha universidad con el apoyo de la directora del Instituto Normal Central para Señoritas y la AGEAR. La directora era la educadora catalana Maria Solà de Sellarès, quien luego de exilarse en Francia, se trasladó con su marido (Enrique) y dos hijos a Guatemala, donde dirigió esta Escuela por varios años. Fue, además, impulsadora de la actividad teatral del período revolucionario guatemalteco y profesora en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos. En junio de 1954 salió de Guatemala para radicarse en México. Véase: [1946]. La Universidad Popular presenta 27 pinturas de Arturo Martínez: primer premio APEBA / con la cooperación de la Oficina de Turismo y la AGEAR; animador de la exposición, Carlos H. Ruiz. Guatemala, Universidad Popular y Carlos H. Ruiz. 1947Primera exposición circulante al aire libre. Guatemala, AGEAR.

[32] Periodista de profesión, redactor en jefe de La Batalla. Cuando se fundó en septiembre de 1935 el POUM, pasó a ser miembro de su comité ejecutivo. A finales de 1937 se trasladó a París para denunciar la represión de los comunistas en contra del movimiento trotskista español. En 1940 logró salir de Francia y trasladarse a México junto a Víctor Serge, organizando la solidaridad con los militantes del POUM.

[33] Seudónimo de Juan Bautista Acher, quien también se hacía llamar “Shum”. Cartelista. Trabajó en París en la revista Mondey entró en contacto con Víctor Serge. A raíz de la guerra civil se exiló en enero de 1940 en Santo Domingo y, luego, en México.

[34] Pintor, grafista y escultor surrealista francés.

[35] Escritor y periodista. Opuesto a la dictadura ubiquista pasó a vivir en México en 1932, donde colaboró con El Nacional. Con el triunfo de la revolución de 1944 regresó a Guatemala. En 1945 fundó la Revista de Guatemala. Fue electo diputado durante el gobierno de Arévalo; embajador de Guatemala ante la Unión Soviética, Chile y Francia. Organizó la Casa de la Cultura y el Movimiento Guatemalteco por la Paz.

[36] Educador salvadoreño y licenciado en Ciencias Biológicas y Químicas.

[37]Hijo del dirigente del Partido Socialista Obrero Español Cayetano Redondo Aceña. Participó en la guerra civil como miembro de los cuerpos de carabineros. Capturado en 1939, estuvo preso hasta 1943. A finales de 1944 tuvo que huir a Francia, donde se casó con Paz Muiño, hija de Manuel Muiño Arroyo, secretario de la Comisión Ejecutiva de la Unión General de Trabajadores –UGT–. En 1947 se trasladó a Guatemala y estableció una empresa de importación y exportación de medicinas y actuó como taquígrafo del Congreso de la República. Al ser derrocado Árbenz fue detenido y tres meses después expulsado a Venezuela.

[38] Abogado, opositor estudiantil al dictador Estrada Cabrera en 1920, año en que fundó La Hora. En 1930 tuvo que salir al exilio mexicano por oponerse a la candidatura del general Jorge Ubico y regresó al país con el triunfo de la Revolución de Octubre. Fue diputado a la Asamblea Constituyente de 1944-45. Pasó a ser opositor del gobierno de Arévalo y, luego del de Árbenz. Uno de los ideólogos del anticomunismo guatemalteco.

[39] Jacobo Rodríguez Padilla. 1972. “Juan Jacobo Rodríguez Padilla” en Stella de la Luz Quán Rossell. Guatemala: una cultura de la ignominia. (Siete biografías y una entrevista. Tesis de Maestra en Ciencias Antropológicas. México, ENAH, pp. 424-431.

[40] Abogado y escritor. Ministro de Relaciones Exteriores en 1944-45 y 47-49. Embajador en Francia en 1945-47 y 1949-1951. Representante de Guatemala ante la ONU.

[41] La traducción de las obras de Monteforte Toledo al francés se daría más tarde: En 1958. Entre la pierre et la croix, traducido por Michel Reboux, París, Gallimard (Colección Croix du Sud) y, en 1963, Une manière de mourir, traducido por Jean-François Reille, París, Gallimard (Colección Croix du Sud).

[42] Resistente francés. antiguo deportado, quien hasta 1945 militó en las filas trotskistas. En Francia estaba a la cabeza de la “affaire” Kravchenko y la denuncia de los campos de concentración estalinianos.

[43] Andrade acompañó en fechas muy tempranas a Andrés Nin en la  edición y seguimiento de las redes de la oposición trotskista en América Latina. Para ello, empezaron publicando boletín a mimeógrafo y, luego, optaron por editar la revista Comunismo entre 1931 y 1934. Asimismo, este tuvo  un papel destacado en el debate sobre China, paradigma de la revolución cominternista hasta abril de 1927. Mariátegui, le publicó un artículo  en la revista Amauta, que recogía ecos del debate sobre China.

[44] Pintor y escenógrafo argentino. Se radicó en Guatemala a inicios de la década de 1940 y se incorporó a la docencia de la Escuela de Bellas Artes. También fue docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos.

[45] Escritora costarricense. Se trasladó a Guatemala en 1944 y, dos años después, ganó el Premio Centroamericano de Poesía con la obra Elementos terrestres.

[46] Periodista de profesión. Cofundador del Frente Popular Libertador en julio de 1944, secretario de la Asamblea Constituyente de 1944 a 1945. Diputado y secretario del Congreso y secretario general del Partido de Acción Revolucionaria. Fundador y primer secretario del Partido Comunista de Guatemala en septiembre de 1948.

[47] Dirigente magisterial. Cofundador del Partido Vanguardia Nacional en julio de 1944: Secretario general del Sindicato de trabajadores de la Educación de Guatemala –STEG– y de la Confederación de Trabajadores de Guatemala –CGTG– desde 1945. Fundador del Partido Comunista de Guatemala en septiembre de 1948.

[48]Periodista y escritor. Fundó en 1941 la revista Acento, órgano de la asociación “Generación del 40”, junto a los escritores Fedro Guillén y Otto Raúl González y al abogado católico José García Bauer. En 1944 fue uno de los fundadores de la AGEAR. Principal colaborador  de Cardoza y Aragón en la Revista de Guatemala y periodista de El Imparcial. Fundador del Partido Vanguardia Nacional en julio de 1944.

[49] Jacobo Rodríguez Padilla, 1972, p. 439.

[50] Verdadero nombre de Enrique Espinoza. Nació en Rusia. Emigró con su familia a Argentina en 1905, radicándose posteriormente en Chile.Conocido intelectual trotskista argentino, vinculado también a la revista Clave editada en México.

[51] Escritor y periodista. Se inició a los diez y ocho años como secretario de Miguel Ángel Asturias. El 19 de octubre de 1945 ganó el primer premio del Certamen Centroamericano de Poesía. En 1949 sustituyó como director de Viento Nuevo al periodista Federico Hernández de León. Era miembro del Grupo Saker-ti

[52] Su apellido verdadero era Marbán Santos. Había llegado de Francia a donde llegó después de la guerra. Allí formó parte del Comité del Grupo Socialista de París que reagrupó a los exilados y, sobre todo, a quienes regresaban de los campos de concentración. En 1948 se trasladó a Guatemala y pasó a ser el representante de la Editorial “González Porto” en Guatemala. Asimismo, colaboró con el gobierno de guatemalteco en aspectos de cooperativismo.

[53] Se refiere a Alfonso Rodríguez Muñoz, cónsul general de la República Española ante el gobierno de Arévalo. Propietario de la Imprenta “Iberia” y, luego, en 1951, accionista del periódico Prensa Libre. El consulado funcionaba en el mismo local de la casa de la República Española, en el segundo piso de la librería Amos & Anderson, en la 10 Calle entre 6ª. Y 7ª. Avenidas de la zona 1.El Encargado de Negocios era Salvador Echeverría Brañas, quien llegó a México en enero 1938 como cónsul de España, cargo que ocupó hasta el 21 de junio de 1939.

[54] Proclamada la Segunda República Española fue uno de los fundadores del Bloque Obrero y Campesino –BOC– y, luego, del POUM. Durante la guerra civil fue uno de los organizadores y jefes de la columna poumista en el frente Aragón. En 1939 se exiló en Francia y, luego, pasó a México, donde actuaba como dirigente del POUM.

[55] Grabador catalán exilado en México, que trabajaba con Costa-Amic. No se ha podido identificar al personaje apellidado March.

[56] Contador público. Crítico de arte de El Imparcial.

[57] Jacobo Rodríguez Padilla. 1972, 439-440.

[58] Arturo Taracena Arriola, Julio Pinto Soria y Arely Mendoza. 2004, 166-169.

[59] Jacobo Rodríguez Padilla. 1972, 442.

[60] Pintor, escenógrafo y dibujante. Entre 1934 ayudó a formar el Sindicat de Dibuixants de Catalunya, afiliado a la UGT, el cual dirigió en 1936. Al final de la guerra pasó a Francia, donde fue recluido en un campo de concentración. Detenido por la Gestapo, fue enviado a Dachau, Alemania, pero saltó del tren que lo conducía. Después de un largo periplo, llegó a México.

[61] Eugenio Fernández Granell. 1949. “De cómo un congreso comunista de intelectuales se convierte en una patraña policiaca” en El Imparcial, Guatemala, 15 de mayo.

[62] Alberto Aguilar Chacón. 1949. “El Surrealismo y la pintura de E. F. Granell”, El Imparcial, Guatemala, 21 de junio.

[63] Eugenio Fernández Granell, 2003, 125.

[64]. Escultor. Cuñado de Jacobo Rodríguez Padilla.

[65] Periodista. miembro de la Generación del 40 y del Grupo Acento.

[66] Abogado y escritor. Colaborador de la revista Manantial. Militante del partido Comunista español. Luego de la guerra civil, con el pseudónimo de Jaime Espinar, publicó Argelès-sur-Mer (Campo de concentración para españoles).El Romanticismo fue publicado en Buenos Aires en 1947.

[67] Mario Alvarado Rubio. 1950. “Adiós a Fernández Granell”, El Imparcial, Guatemala, 4 de enero.

[68] Mario Monteforte Toledo. 1950. “Sección Arte y Letras de Guatemala”, Revista del Maestro, Año V, Nos. 17-18, Guatemala, abril-diciembre.

[69] Fernández Granell, Eugenio. 2011. Arte y artistas de Guatemala. Madrid, Ollero y Ramos Editores S. L., contraportada.

[70] 1948. “Ediciones de ‘El Libro de Guatemala’”, Viento Nuevo, No. 2, Guatemala, julio, 33.

[71] Doctor en Filosofía. Secretario Privado de la Presidencia bajo Juan José Arévalo (1947-1949) y, seguidamente ministro de Educación Pública.

[72] Maestro. Diputado por Sololá para integrar la Constituyente en 1944-45 y, seguidamente, cónsul en New Orleans. Asumió el cargo de director de la Tipografía el 8 de diciembre de 1947.

[73] Médico y cirujano.

[74] Jacobo Rodríguez Padilla.1974, 428.

[75]Asociación de Amigos del País. 2004. “Alzamora Méndez, Miguel” Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala, Guatemala, Asociación de Amigos del País/Fundación para la Cultura y el Desarrollo, 108.

[76] Información proporcionada por Olga Arriola de Geng, Guatemala, 20 de abril de 2012.

[77] Abogado y escritor. Fungió como letrado de las Cortes desde que se proclamó la Segunda República. El estallido de la guerra civil lo tomó dando conferencias en Latinoamérica. De regreso pasó a ser funcionario del Ministerio de Estado. Se exiló en Buenos Aires, donde vivió diez años trabajando con la revista Sur y la Editorial Losada. A inicios de la década de 1950 se traslado a Puerto Rico para trabajar en la Universidad como profesor de la Facultad de Derecho. Allí fundó la revista La Torre.

[78] Casado con Angélica, una heredera de la familia de emigrantes italianos Bounafina. Después de 1954 se radicaron largo tiempo en México.

[79] Las personas fallecidas de ambos lados durante los sucesos del 18 y 19 de julio, a demás de Arana y su chofer, fueron aproximadamente en número de 62. Véase: 1949. “Lista de la bajas reportadas por la Cruz Roja Guatemalteca”, Diario de Centro América, Guatemala, 20 de julio.

[80] 1949. “Renuncia global de los miembros del Gabinete”, Diario de Centro América, Guatemala, 11 de agosto.

[81] 1949. “Personas que se encuentran asiladas”, Diario de Centro América, Guatemala, 22 de julio y “Relaciones Exteriores concede salvoconductos”, Diario de Centro América, Guatemala, 3 de agosto.

[82] 1949. “Declaraciones del Licenciado Muñoz Meany”, Diario de Centro América, Guatemala, 17 de agosto y “Muñoz Meany Confirma que su Renuncia se Aceptará”, El Imparcial, Guatemala, 17 de agosto.

[83] 1949. “Carta del grupo Saker-ti al Lic. Muñoz Meany”, Diario de Centro América, 27 de agosto.

[84] 1949. “El nuevo Gabinete del Presidente Arévalo”, La Hora, Guatemala, 29 de agosto.

[85] 1949. “Enrique Muñoz Meany”, La Hora, Guatemala, 31 de agosto.

[86]1949. “Carta de Rodolfo Llopis al Lic. Enrique Muñoz Meany”, Diario de Centro América, Guatemala, 10 de agosto y “Felicitación al Gobierno envía un diputado español”, Diario de Centro América, 17 de agosto.

[87] Arturo Taracena Arriola, Julio Pinto Soria y Arely Mendoza. 2004, 222-223.

[88] Me ha sido imposible identificar este libro.

[89] Luis Luján Muñoz. 1994. “La Revolución del 20 de Octubre de 1944 y los republicanos españoles en Guatemala”, Encuentro, 14, Guatemala, Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica, septiembre-diciembre, 45y José Cal Montoya.Enrique Muñoz Meany y el exilio republicano español (1944-1951): primera lectura a su correspondencia personal. Guatemala, IIHAA-USAC, 2011, 11-13.

[90] Enrique Muñoz Meany. 1950. El hombre en la encrucijada. Guatemala, Tipografía Nacional. Esta obra fue editada por Costa-Amic y recogía sus discursos a favor de la República Española, la creación del Estado de Israel y en contra de los gobiernos de Batista y Trujillo. Su discurso pronunciado en Guatemala fue reproducido en París por el gobierno republicano: Homenaje de Guatemala a la República Española. Discurso pronunciado por el Exmo. Sr. D. Enrique Muñoz Meany, Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, el 14 de abril de 1950. Paris, Imprimerie S. P. I. 1950.

[91] Arturo Taracena Arriola, Julio Pinto Soria y Arely Mendoza. 2004, 330-333

[92] Pseudónimo de Pére Pagès i Elies. Periodista y escritor. Afiliado al BOC, luego pasó a militar en el POUM. Durante la guerra civil fue director de La Batalla. Al final de la guerra civil fue capturado por los franquistas, pasando seis años en la cárcel de Alicante. Al salir libre se trasladó a Francia donde fue colaborador de Albert Camus en el periódico Combat. En 1947 se trasladó a México.

[93] Pseudónimo de Julián Gómez García. Periodista. Dirigente del Partido Comunista Español y, luego del BOC y del POUM. Durante la guerra civil trabajó y dirigió La Batalla. Salió exilado hacia Francia, pero en 1940 se trasladó a México para convertirse en colaborador de Víctor Serge y rehacer el trabajo trotskista internacional. Con Marceau Pivert y Paul Chevalier publicó en 1944 Los problemas del socialismo en nuestro tiempo. Trasladado de nuevo a París en 1948, se dedicó a denunciar la labor del estalinismo. Él fue quien identificó al asesino de Trotsky en México, Ramón Mercader, hasta entonces identificado como Frank Jackson-Monard.

[94] Fidel Miró Solanes. Miembro de la CNT y de las FAI. Durante el final de la guerra trabajó en el Ministerio de Educación. Pasó a Francia y de allí se embarcó hacia la república Dominicana y, luego, a México.

[95] Maestro y escritor. Había sido expulsado de Guatemala en julio de 1944 por ser uno de los fundadores del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Guatemala –STEG–. A su regreso fue cofundador y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos. A la caída de Árbenz fue encarcelado por seis meses y, luego deportado, a México.

[96] Véase: Diario de Centro América, 22 de febrero de 1951 y 5 de diciembre de 1952); Diario de la Mañana, 19 de febrero de 1952, El Imparcial, 28 de junio de 1952 y 15 de enero de 1954 y 21 de octubre de 1955), Nuestro Diario, 12 de julio de 1952 y La Hora, 9 de enero de 1957). Véase: Teresa Férriz Roure. 2001. La Edición catalana en México. El Colegio de Jalisco/Generalitat de Catalunya/Orfeó Català de Mexic.

 

Bibliografía:

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  • Navarrete, Carlos. 2002. Luis Cardoza y Aragón y el Grupo Saker-ti. Guatemala. CEUR/USAC.
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Imágenes:

  • Cena del Grupo Saker-ti en honor de Luis Cardoza y Aragón, Guatemala, 1950. Archivo de Jacobo Rodríguez Padilla.
  • Eugenio Fernández Granell, Guatemala 1950. Los Granell de André Breton. Sueños de amistad. Madrid, Guillermo de Osma Galería, 33.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

TARACENA ARRIOLA, Arturo, (2012) “La polémica entre Eugenio Fernández Granell, la AGEAR y el Grupo Saker-ti: Desencuentros ideológicos durante la “primavera democrática” guatemalteca”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 12, julio-septiembre, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 13 de Diciembre de 2018.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=483&catid=5[/div2]

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