Pacarina del Sur
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Entre bárbaros y civilizados, los derechos humanos en el norte de México. Siglo XIX

Between barbarians and civilized, human rights in northern Mexico. 19th century

Entre bárbaros e civilizados, os direitos humanos no norte do México. Século XIX

Jorge Chávez Chávez[1]

RECIBIDO: 13-09-2016 APROBADO: 09-11-2016

Resumen

Resumen: En torno al tema de los derechos humanos en el norte de México durante el siglo XIX, en este presente artículo se pretende analizarlos desde dos puntos de vista, desde los establecidos en las constituciones mexicanas expedidas durante ese siglo y como fueron retomados en su frontera norte por los mexicanos asentados en esta región, enfrentada a la imposición de leyes y otras reglas de colonización después de establecerse la nueva línea divisoria en 1848, a raíz de perder la guerra contra los Estados Unidos. Y de cómo los resintieron los grupos indígenas asentados en esta zona, ahora frente a dos proyectos civilizatorios, el mexicano y el estadounidense, que buscaban terminar con su modo de vida, adquirido durante la etapa del dominio colonial español.

Palabras clave: derechos humanos, constituciones, frontera norte, colonización, mexicanos, estadounidenses, bárbaros, apaches, comanches.

 

Introducción

Si bien es cierto que durante el siglo XIX, en particular en América Latina, Europa y los Estados Unidos, se van a registrar una serie de cambios vinculados con los derechos humanos, donde destacan las independencias de los países coloniales en América y el Caribe, en demanda del reconocimiento de sus derechos, por ese entonces, del hombre, ante el dominio colonial europeo, como su igualdad frente al español peninsular en la Nueva España y otras colonias bajo el dominio de España, expresados a  través de la legislación de sus demandas, en las constituciones que dieron para regularizar la vida civil y política de las nacientes repúblicas de la América hispana, cimentadas en los principios del pensamiento liberal, donde se daba por terminada la distinción de castas y se abolía la esclavitud (Portugal 1761, Estados Unidos comienza en los estados norteños entre 1789 y 1830, y el cono sur hasta 1860. Mientras que España quedo prohibida entre 1865 y 1872, en el Reino Unido de la Gran Bretaña en 1834 y en Francia hasta 1848).[2] En ese siglo también comienzan a demandarse en Europa la reivindicación de los derechos sociales a raíz de la Revolución Industrial y la propuesta de extensión del sufragio al voto femenino, y ya para finalizar este siglo Jean Henri Dunant, promovió en 1863 la creación del Comité Internacional de la Cruz Roja, marcando los principios en defensa del Derecho Internacional Humanitario.[3]

En México, el cura Hidalgo lanzó un edicto para abolir la esclavitud y protestar por la discriminación de los llamados españoles americanos (criollos) frente a los españoles peninsulares en 1810,[4] al señalar en el periódico que surgió durante su movimiento, El despertador americano,

El trato con los españoles ha corrompido en parte la integridad de sus costumbres. Son en el día rencorosos, vengativos, usurpadores, maliciosos, y están dominados de otras pasiones que antes no conocían [...]. Por haber maltratado a los indios, somos ahora los españoles indios de los demás europeos. Para ellos cavamos nuestras minas, para ellos conducimos a Cádiz nuestros tesoros [...]. Desdichados aquellos que, oprimiendo al indio, hacen padecer a toda la nación.[5]

 

Proceso que culminó al independizarse México de la Corona española en 1821, gracias a la unión de las fuerzas del ejército realista al mando de Agustín de Iturbide y los insurgentes encabezados por Vicente Guerrero, e intereses comunes de ambos bandos.[6] Durante el México independiente, comienzan a plantearse la libertad y derechos de los ciudadanos, así como limitar el poder civil y militar a nivel constitucional. Recordemos que en México se expidieron una serie de constituciones posteriores a la de Cádiz y que inician durante el periodo insurgente, las de 1812 y 13, la de1822 durante el imperio de Iturbide y las propuestas por liberales y conservadores, entre 1824 y 1857. Sin embargo, el siglo XIX mexicano, va a estar marcado por una serie de pugnas internas para definir el tipo país anhelado por las élites en el poder, principalmente aglutinadas en los bandos liberal, conservador y monárquico,[7] lo que implicó dos intentos por regresar al régimen de monarquía liberal, una serie de enfrentamientos armados entre conservadores y liberales, hasta restituirse la República, pasando por tres “longevos” mandatos, siendo estos, los de Antonio López de Santa Ana, Benito Juárez y Porfirio Díaz, regulados bajo los principios del liberalismo económico.

El bando llamado liberal, luchó por incorporase al mercado mundial como exportador de materia prima. Mientras que el conservador, procuró mantener las costumbres heredadas durante la última etapa colonial y solo entrar al mercado mundial hasta consolidar una industria que pudiera competir con la europea. Por su parte, el bando pro monárquico trató de regresar al régimen establecido durante el período de los borbones, por cierto, época en la cual se construye la identidad criolla frente a la peninsular, reforzada por el rescate y apropiación del pasado prehispánico muerto, -recordemos el libro de Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México escrita en 1780-,[8] para enfrentarlo al greco-latino, identificado en Europa como su “mundo antiguo”. Esto es, lo hicieron para diferenciar su origen del español peninsular, reclamando y justificando su derecho a gobernar el territorio que comprendía la Nueva España, por el hecho de haber nacido en América y “contar” con una herencia cultural diferente a la europea, al apropiarse del mundo mesoamericano muerto y sustentada en las corrientes del pensamiento ilustrado y los principios del capitalismo y el liberalismo económico; antecedente de la construcción de la identidad nacional mexicana durante el siglo XIX.[9] Al respecto, baste referir lo dicho por Mariano Otero, quien para 1840 expresó la necesidad de fortalecer una clase media donde se cimentara el desarrollo de la nación, dado que a esta pertenecían los profesionistas, los pequeños y medianos comerciantes y propietarios de tierras, o quienes contaban con alguna industria,[10] debido a que “en México no hay ni ha podido haber eso que llaman espíritu nacional, porque no hay nación”.[11]

Con la derrota del proyecto de nación del bando conservador, entre otras razones, por la intolerancia religiosa al permitir solo la entrada de colonos católicos, la falta de vías de comunicación para transportar maquinaria pesada a diversas partes de la república para instalar fábricas, debido a las pocas vías de comunicación y por tener el territorio mexicano una geografía accidentada y diversa, y con una población étnica y culturalmente diversa, lo que permitió la construcción de culturas regionales frente a la nacional mexicana, dio paso al triunfo del proyecto liberal, enfocado a la exportación de materia prima y la colonización extranjera para “mejorar la raza mexicana” en detrimento de la indígena,[12] el cual se ve manifiesto en la Constitución Mexicana de 1857 y consolidado durante el periodo histórico clasificado como la República Restaurada (1867-1877). Proyecto de nación cuya finalidad era consolidar una república moderna, que contara con un solo tipo de población predominantemente blanca, regida por una economía de corte capitalista, el cual fue impuesto a pesar de contar con una serie de diferencias sustanciales, entre otras, no poder constituirse como una sola nación racial y culturalmente homogénea, al contar una sociedad pluriétnica y multicultural, sin una definición clara de sus clases sociales.[13]

Estas luchas van a registrar continuidad con el antiguo régimen colonial español y cambios significativos en su frontera política y cultural situada al norte de la república a raíz de la guerra contra los Estados Unidos, espacio geográfico-histórico-cultural dentro del cual se ubica este estudio, debido a la limitada comunicación con la ciudad de México donde se encontraban asentados los poderes de la unión, como el continuar realizándose tratados de paz con indígenas considerados insurrectos, o rebeldes, portadores de las llamadas culturas del desierto, tipificados bajo la categoría colonial de indios bárbaros, del mismo modo que lo hicieron durante el periodo gobernado por los borbones,[14] al continuar existiendo territorios bajo control de estos indígenas, casi hasta finales del siglo XIX, la merma de las misiones, encargadas de evangelizarlos, ya fuera por ataques de enemigos, su limitada población nativa, por enfermedades, o abandono.[15] También, por la constate amenaza del expansionismo estadounidense, aunado al paulatino deterioro de los presidios y sus fuerzas presidiales, las que solo duraron hasta finalizada la guerra contra los “vecinos” del norte,[16] curiosamente, cuando los militares ocupaban puestos importantes en la nueva república,[17] lo permitió se incrementara las incursiones de los “bárbaros” desde principios del movimiento de independencia, al distraer estas tropas encargadas de negociar la paz y mantener vigilada la frontera, para perseguir insurgentes y con la independencia de Texas en 1835, que dio paso al incremento de incursiones de filibusteros, tejanos y esclavistas, a territorio mexicano, asaltando poblaciones norteñas. Ataques cuyo registro podemos encontrar en las Memorias de Guerra presentadas por los ministros de Guerra al Congreso de la Unión, al menos entre 1835 y 1888, cuando dieron por terminada la guerra contra los apaches y la pérdida de lo que ahora se conoce como el Suroeste estadounidense (American Southwest), después de 1848, territorio donde convivieron y se enfrentaron mexicanos, estadounidenses, e indios sublevados, rebeldes, bárbaros, o salvajes, entre otras categorías coloniales más, donde destacan los apaches y comanches.

Mapa 1. Territorio perdido por México durante la guerra contra Estados Unidos.
Mapa 1. Territorio perdido por México durante la guerra contra Estados Unidos.
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Los mexicanos

Como lo he venido señalando, con el triunfo del Ejército Trigarante en 1821 se consuma la independencia de México. Finalizado este proceso que duró once años, los herederos del poder español se van a enfrascar en una serie de propuestas de nación acordes a sus intereses de grupo, que los van a enfrentar en cruentas luchas armadas para acceder al poder, e imponer su forma de gobierno. Iban estos, desde convertir al antiguo territorio de la Nueva España en una monarquía liberal, pasando por una república central, hasta finalmente, quedar instituida como república federal, de corte liberal,[18] regida por una economía capitalista y con pretensiones de constituirse en un Estado-nación moderno, social, cultural y racialmente homogéneo.[19]

Imagen 1. Nebel, Carl (1836). Voyage pittoresque et archéologique dans la partie la plus intéressante du Mexique.
Imagen 1. Nebel, Carl (1836). Voyage pittoresque et archéologique dans la partie la plus intéressante du Mexique.
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Para consolidarlo, era necesario incorporar a la población indígena al desarrollo nacional por representar, tanto sus propiedades comunales como su fuerza de trabajo, un valor requerido para la construcción de la nueva nación, siempre y cuando sus propiedades se privatizaran, su fuerza de trabajo quedara libre de ataduras comunales y aceptaran su colonización convirtiéndose en mexicanos, mediante el abandono de sus antiguas costumbres y su forma de vida asumida desde el periodo colonial español. Sobre todo, conquistar y colonizar los territorios fuera del control de las autoridades mexicanas situados en sus fronteras norte y sur. Para ello, en el norte de la República era necesario acabar con la vida nómada de los indígenas más reacios a la colonización, al preferir seguir comerciando el producto de sus correrías, establecer tratados de paz y negociar la libertad de mexicanos cautivos con las autoridades civiles y militares, del mismo modo que lo habían hecho con los españoles, o con comerciantes ingleses y franceses, entre otros más.

Del mismo modo que declararon la igualdad política de los antiguos súbditos indios de España -afirmó Weber-, algunos de los países recién independizados también extendieron la medida a los indios que España nunca había conquistado y a territorios que […] nunca llegó a controlar.[20]

 

Era una práctica comercial y política del periodo de la Ilustración durante el mandato de los borbones, la que perduró hasta mediados del siglo antepasado, para evitar enfrentamientos armados con las tribus que mantenían bajo su control territorios en el antiguo septentrión novohispano.[21] En el Plan de Iguala [22], el apartado donde se elimina cualquier tipo de distinción entre sus habitantes, en su Sección V. De las facultades del Congreso general, art. 50, se aprueba,Arreglar el comercio con las naciones extranjeras, y entre los diferentes estados de la federación y tribus de los indios”. Sin duda se debe a su lejanía con el centro y el poco conocimiento que de este vasto territorio tenían las autoridades mexicanas. Se aprecia en la Constitución de 1824, donde ni siquiera estaban bien definidos los vastos territorios situados en su frontera norte.

Artículo 7º.- Los estados de la federación son por ahora los siguientes: […] el interno de Occidente, compuesto de las provincias de Sonora y Sinaloa; el interno de Oriente, compuesto de las provincias de Coahuila, Nuevo-León y los Tejas; el interno del Norte, compuesto de las provincias Chihuahua, Durango, y Nuevo México […]. Las Californias […] serán por ahora territorios de la federación, sujetos inmediatamente a los supremos poderes de ella.[23]

 

Los derechos humanos reconocidos en México después de su independencia política de la Corona española, siempre y cuando cumplieran dentro de lo establecido para obtener su ciudadanía mexicana, quedaron estatuidos en los primeros 30 artículos de la Constitución de 1857, reforzados por la serie de leyes de Reforma expedidas entre 1855 y 1863, durante los gobiernos de Juan ÁlvarezIgnacio Comonfort y Benito Juárez.  De acuerdo Charles A. Hale, “en el meollo de la idea liberal estaba el individuo libre, no coartado por ningún gobierno o corporación, e igual a sus semejantes bajo la ley”. Para los liberales mexicanos, “la libertad individual sólo podía materializarse en una sociedad reemplazando las entidades corporativas tradicionales -Iglesia, ejército, gremios y comunidades indígenas-, por un régimen de uniformidad ante la ley”, aunado a un ideal de progreso social y desarrollo económico. Para ellos, “el interés individual se basaba en la propiedad y el derecho a ésta no era sino la extensión del individuo a la vida misma”. Conjeturaron que, si liberaban la propiedad de las restricciones impuestas por las corporaciones, monopolios, o el gobierno, “florecerían la iniciativa individual, la división natural del trabajo y el intercambio libre entre personas y países”, que “en última instancia”, llevaría al “aumento general de la riqueza”.[24]

Para el norte de México, cabe recordar que les quedó esa vieja consigna colonial que rezaba: “acato, pero no obedezco”, ante los mandatos del Rey en el Septentrión novohispano. En su la Constitución de 1857, en su Título Quinto (de los estados de la federación), artículo 111, estableció que los estados fronterizos no podían en ningún caso, “Art. I. Celebrar alianza, tratado o coalición con otro estado, ni con potencias extranjeras. Exceptuándose la coalición que pueden celebrar con los Estados Fronterizos para la guerra ofensiva o defensiva contra los bárbaros”. Mientras que la Constitución del estado de Chihuahua del mismo año, en su Título Cuarto (del poder ejecutivo), Art. 78 (prerrogativas del gobernador), inciso XI, indicaba, el “Coligarse con los estados fronterizos para hacer la guerra contra los bárbaros, según las bases que le diere el gobierno del Estado”. Esto implicaba que los indígenas sublevados quedaban al margen de los derechos establecidos a nivel constitucional al ser considerados enemigos de la nación y que lo establecido en las constituciones, nacional y estatal, podía pasarse por alto con tal de someter, o mantenerlos pacificados, a los “bárbaros” que incursionaban para atacar poblaciones de mexicanos en esta zona fronteriza. Razón por la cual, eran considerados sus principales enemigos.

Sin importar la derrota sufrida en la guerra contra los “vecinos del norte”, las constates incursiones de tejanos, filibusteros y esclavistas, aliados con prófugos mexicanos, los “bárbaros” continuaron siendo el enemigo por  excelencia a tal grado, que el 12 de mayo de 1882, las autoridades mexicanas celebraron un tratado con autoridades estadounidenses, donde se autorizaba el paso recíproco de tropas a sus territorios en persecución de indios fugados de las reservaciones norteamericanas y que estuvieran cometiendo depredaciones en ambos lados de la frontera.[25] Con esto quedaba manifiesto, que tanto apaches como comanches habían dejado de ser considerados mexicanos, amparándose en el artículo XI del tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, en la cual las autoridades estadounidenses se comprometieron a frenar los ataques de “las tribus salvajes” a territorio mexicano, por haber pasado a formar parte del suyo”;[26] las que se incrementaron al no mantener ningún tipo de control sobre ellas, dejando a los habitantes de ambos lados de la frontera sin ningún tipo de protección.

 

Los estadounidenses

John H. Elliot en su libro, Imperios del mundo Atlántico,[27] en su primera parte (“La ocupación”), comienza explicando los contrastes y puntos de semejanza entre la forma de colonizar de los ingleses y otros europeos que llegaron a Norteamérica (suizos, holandeses, franceses, esclavos africanos, católicos y protestantes, entre los principales), que llegaron a las trece colonias, en América del norte,[28] que en un principio se asumieron como plantadores al formar Virginia, con la realizada por Hernán Cortés en tierras que, por derecho de conquista, bautizaron como la Nueva España, así como las diferencias entre la evangelización forzada de los misioneros católicos a toda la población indígena y el acercamiento individual a Dios por parte de los protestantes y puritanos, que al no aceptarlo era porque estaban bajo control del demonio. Esto nos permite tener una mejor comprensión sobre el origen de los colonos que llegaron a la frontera norte de México y se asentaron en el actual sudoeste de los Estados Unidos -antiguo Septentrión novohispano-, así como de su proceder, tanto con los nativos como con los mexicanos.

Imagen 2. Inmigrantes europeos en América del norte. Siglo XIX
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Su colonización estuvo estrechamente ligada a la cosmovisión protestante del mundo, en específico, cuando explican a los colonos ingleses el origen sobre la merma de la población nativa en Norteamérica, principalmente provocada por las epidemias que ellos mismos trajeron del Viejo Mundo. Al respecto, baste referir lo dicho por Bruce Johansen y Roberto Maestras en, Wasi’chu. El genocidio de los primeros norteamericanos:

John Cotton [líder puritano de la primera Iglesia en Boston, entre 1633-52,][29] interpretó como un acto de Dios una epidemia de viruela que causó gran mortandad entre los indios de esta región [ubicada en territorio de los actuales estados de Minnesota, Wisconsin, Iowa y Dakota, EUA], reduciéndolos de diez mil a sólo mil habitantes. Según el razonamiento de Cotton, Dios había limpiado el bosque de sus habitantes originales para hacerle lugar al pueblo escogido.[30]

 

Desde el siglo XVII, los ingleses y sus descendientes, también consideraron que estas tierras fronterizas estaban “bajo el dominio satánico”,[31] semejante a lo reportado a por Andrés Pérez de Rivas a sus superiores en España, para justificar su permanencia entre los yaquis con el fin de evangelizarlos.[32] Su hábitat fue considerado desierto (desertus), o de “naturaleza salvaje”, por no estar bajo control del colonizador estadounidense, o caucásico como actualmente se clasifican. Es por ello que lo describieron como un lugar, o terreno abandonado, despoblado y sin edificios, cultivos, sin gente, un “mar de arena”, solo conveniente para la vida nómada.[33]  Interpretación que mantuvieron quienes colonizaron Texas, aun después de proclamar su independencia, entre 1835-36 y por los posteriores que se aventuraron a conquistar y colonizar el “viejo oeste” durante la guerra contra México (de 1846 a 1848), cosmovisión que podemos apreciar a través de diversos medios, tales como: la correspondencia de los colonizadores ingleses, en diarios de viajeros, o en las novelas de cautivos que describen su cautiverio entre los “salvajes” y por la ayuda que Dios para soportar su martirio, entre los más representativos. Concerniente a esta visión, tenemos lo escrito por Stephen Austin, en una carta dirigida a J.L. Woodbury, el 6 de julio de 1829 (The Austin Papers, 1928: 227):

[…] cuando ingresé a Texas entre 1821-1822 con los primeros inmigrantes, la idea de formar una colonia en este remoto wilderness entre tribus de indios no civilizados fue ridiculizada por mis mejores amigos y calificada como impracticable”.[34]

 

Dicho de otro modo, al igual que los colonizadores españoles, e ingleses, dentro de su proyecto civilizatorio estaba contemplado someter a los indígenas, a los supuestos indios salvajes, o paganos, conquistándolos y sometiéndolos a un proceso de evangelización por parte de los pastores protestantes y las autoridades que los acampanaron en esta empresa. Si no aceptaba su colonización, no descartaron hacerles la guerra hasta someterlos, tal como lo refiere el famoso “apachólogo” Donald E. Worcester, en su libro, Los apaches, águilas del sudoeste.[35] Actividad, cabe mencionarlo, que las autoridades españolas delegaron a colonos, soldados presidiales y los comisionados por el virrey para expandir sus fronteras en el septentrión, al tiempo que conservarlas, encargándoles a los misioneros, convertirlos al catolicismo, para, según lo indicaron, “retroceder el pecado, mediante la conversión de los caídos en garras del demonio”.[36]

Para los colonos estadounidenses en estas tierras, el inmenso territorio que comprende el actual Suroeste (o American Southwest) “un dominio de fuerzas satánicas”, cuyas manifestaciones aparecían incluso en los animales. Al respecto escribió John T. Hughes -quien participara en la guerra contra México con las tropas al mando de Alexander William Doniphan, para después convertirse en coronel confederado-, que “la cabeza del búfalo se parece tan nítidamente a la idea que somos capaces de concebir acerca del diablo”.[37] El búfalo, animal que los nativos de esta región le daban múltiples usos -consumo de carne, curtido de la piel, etc.-, también pasó a representar ese “mundo salvaje” al no estar bajo su control. Visión colonizadora reforzada por su política expansionista, sostuvo que si el valle de El Paso fuera cultivado por una “enérgica población americana”, “[…] reportaría diez veces más vino y frutas que las que se producían en ese momento”. Además, “Si el conjunto de influencias y protección de nuestras Instituciones Republicanas […]”, afirmó Hughes, “[…] fueran extendidas a toda el área, una población americana, poseedora de sentimientos Americanos y anglo parlante, crecería rápidamente [...]”.[38]

Este expansionismo, manifiesto desde la anexión de la Florida,[39] aunado al pensamiento puritano,[40] ubicaron este territorio dentro del wilderness (como también lo expresara Frederick J. Turner, durante la segunda mitad del siglo XIX),[41] o desierto en el sentido bíblico. Es decir, vinculado a la “maldición mítica de Caín”, la de “vagar sobre la faz de la tierra”.[42] Por extensión, sus habitantes, los nómadas, estaban condenados a deambular al margen de la civilización, que, de acuerdo a lo referido por Andrés Pérez de Ribas,[43] representaban el anti-edén al que fue lanzado el hombre después del pecado original. Es decir, su hábitat lo concibieron como un espacio moral y simbólico, al conjeturar que estaban “bajo control del demonio”. Justificación más que suficiente para colonizar, tanto sus tierras como a sus nativos; y de paso a los mexicanos que quedaron del lado “gringo”. Un modo de civilizar semejante al de sus predecesores, con la salvedad que no eran católicos y la aceptación del Dios cristiano se asumía de manera individual.

Dijeron lo mismo cuando llegaron a Nuevo México, donde no solo supusieron que los indios eran “instrumento de malicia de Satanás”, sino que los mexicanos tenían poca capacidad para aceptar su civilización.[44] Dicho en palabras de Philip St. George Cooke, miembro del ejército estadunidense: “¿Cuándo será ese pueblo [mexicano] capaz de autogobernarse -capable of self-government-? ¿Podrá haber gobierno territorial por treinta años y el lenguaje no cambiará más rápido que el color de los ciudadanos?”.[45] Esto es, consideró que sería lento el proceso para que aprendieran sus costumbres, su democracia y hasta su modo de vestir, para ser como ellos y así poder formar parte de los Estados Unidos, pero finalmente, su propósito también fue colonizar, pero bajo sus condiciones.

 

Los “bárbaros”

Inmersos en este proceso colonial, los indígenas asentados en la frontera territorial y cultura México-estadounidense, quedaron entre dos proyectos civilizatorios diferentes, cada uno estableciendo a nivel constitucional, quienes podían ser sus ciudadanos, donde solo tenían cabida los bárbaros,[46] cuando abandonaran su forma de vida y asumieran la occidental. Para ambos proyectos era necesario que se incorporaran, ya fuera a la nacionalidad mexicana, o a la estadounidense, lo que implicaba debían aceptar la cosmovisión cristiana del mundo, católica o puritana, reforzado por la asimilación de valores occidentales a través de la educación cívico-religiosa y aprendiendo un oficio para ser incorporados como mano de obra y en casos extremos, barajando como esclavos. Esto es, debían pasar por un proceso educativo- religioso, al tiempo que privatizar su propiedad territorial, abandonar sus costumbres y forma de vida mediante la asimilación y aceptación valores requeridos para ser ciudadanos, regidos bajo los principios del pensamiento liberal que contemplaba el ser individual y la propiedad privada.

Imagen 4. Compañía “A” de exploradores apaches (1880’s)
Imagen 4. Compañía “A” de exploradores apaches (1880’s).
https://apacheria.es/

Apaches y comanches sortearon la evangelización y su colonización de diversas formas, asimilando lo que les fuera necesario para sobrevivir, como el intercambiar con comerciantes europeos el producto de sus correrías, a negociar la paz con colonos y autoridades, o hacer la guerra utilizando armas de fuego, hasta ser finalmente sometidos y conferidos a reservaciones en el sur de los Estados Unidos, donde medianamente podían conservar parte de sus costumbres, según Edward C, Curtis,[47] célebre autor de la colección fotográfica El indio norteamericano, que influenciado por la tradición etnográfica estadounidense de la época de William J. McGee, John Powell y por el particularismo de Franz boas, retrató lo que llamó “mundo primitivo”, quien consideró era el único sitio para conservar ese “legendario oeste americano” que con el avance de la frontera civilizatoria estadounidense (o euroamericana), sobre el wilderness, “estaba a punto de desaparecer”. Dicho en términos de Frederick J. Turner, por vivir en el “borde exterior de la ola, el punto de contacto entre la barbarie y la civilización”.[48]

Guillaume Boccara,[49] sostuvo que estos indios, “evolucionaban en diversos espacios fronterizos y sacaban un feliz provecho de los antagonismos que se producían entre potencias europeas, al igual que de las tensiones que existían incluso dentro de los espacios coloniales hispano-criollos”. También dijo, que desde principios de la Colonia española, e inglesa, los jumanos ya habían adoptado el uso del caballo y el rifle, así como la “cultura del comercio” y que trasmitieron a los apaches, vía las guerras que contra ellos sostuvieron durante el siglo XVI, al unírseles una parte de su tribu. Esto nos permite apreciar que, a pesar de la represión en su contra, quizá debido a que contaban con una cultura y organización más simple en comparación a la que tuvieron los pueblos mesoamericanos quienes ya contaban con Estado, pudieron permitió asimilar con mayor facilidad elementos culturales de los grupos con quienes entraron en contacto para su beneficio y utilizarlo para frenar el embate colonial, tales como, como el usar indistintamente el arco y la flecha, al mismo tiempo que el rifle, en sus correrías a poblados mexicanos.

Dentro de este proceso de supervivencia, se encuentra la gente que tuvieron cautiva y que utilizaron para negociar su liberación. Desde principios de la colonización de las fronteras novohispanas, se sabía que acostumbraban realizar esta actividad las tribus más fuertes. Worcester las ubicó dentro de su forma de hacer la guerra, al decir que, “[…] si se capturaban a enemigos adultos con vida, se entregaban a los familiares femeninos del guerrero para que lo torturasen y matasen”.[50] Mientras que, si eran niños, o mujeres, los asimilaban.

Por su parte, los españoles hicieron caso omiso las Leyes de Indias que prohibían la esclavitud de los indios, capturando apaches para después venderlos, ya fuera como esclavos, o sirvientes. Para el año de 1673, el rey ordenó fueran liberados. No obstante, esa orden fue ignorada por las autoridades asentadas en el norte.[51] Esto sirvió de acicate para que los apaches se aliaran con otros grupos con el objeto de enfrentar a las autoridades coloniales. Una de las más conocidas, fue la sublevación organizada por los indios pueblo, encabezada por Popé en 1680, contra autoridades militares y religiosas de Santa Fe, Nuevo México, lo que facilitó el mestizaje entre nativos.

[…] eran -dijo Weber-, por lo general mezclas de pueblos que no se consideraban así mismos como su único grupo, pese a que así los imaginaran quienes eran ajenos a ellos. Como ocurre comúnmente, las etiquetas étnicas sugieren un sentido falso de pureza o continuidad étnica. La gente se conocía y se mezclaba, se volvía bilingüe o políglota, y entraba y salía de los grupos étnicos.[52]

 

Como en toda película de vaqueros, el escenario de la guerra fue por mucho tiempo el eje central de sus relaciones. Espacio donde se dio el intercambio de elementos culturales y de cautivos, con los colonizadores. En las campañas realizadas contra los bárbaros se trató de rescatar colonos bajo cautiverio. Se calcula que entre 1680 a 1720, periodo durante el cual se dio la pacificación de los indios pueblo, de acuerdo a Fernando Operé, “se intensificó el número de españoles cautivos entre los indios cabezas, jojocomes, cocoyones y acoclames”. Eran hombres, mujeres y niños, los que podían ser, desde asesinados, tratados como esclavos, o llegar a formar parte de alguna familia de nativos.[53]

Los comanches hacen su aparición durante el tiempo en que Diego de Vargas Luján Ponce de León,[54]  comienza a recuperar Nuevo México a la muerte de Popé en 1692 y la convierte en centro comercial, con armas adquiridas de los franceses. De acuerdo a Weber, el 14 de diciembre de 1786 Carlos III permitió el uso de dinero para la liberación de “cristianos esclavizados en las Filipinas, el norte de la Nueva España, Chile y el virreinato del Río de la Plata”, lugares donde la Corona española consideró era mayor el “tráfico de cristianos”.[55]

Entre 1771 y 1776, el gobierno de Felipe de Barri informó que durante este lapso murieron 1763 personas debido a escaramuzas de indios, quedando 155 bajo su cautiverio. Para el periodo 1776-1783, Teodoro de Croix, “[…] implementó una política de recuperación de cautivos con rescates y trueques. Impuso la obligatoriedad de rescatar cautivos en manos de los indios, y animó a las comunidades de genízaros de Sierra Blanca y Sonora a que liberaran a los apaches, a su vez, que estos tenían cautivos”.[56]

De este modo, el cautiverio se convirtió en un negocio lucrativo. “Comanches, apaches, utes, navajos y kiowas, vivieron en parte del robo y el rescate”, siendo inferior el número de varones vivos, en comparación con el de mujeres y niños. Estos últimos, al igual que los indios evangelizados, muchos llegaron a identificarse, e integrarse a la cultura de quienes los tuvieron bajo cautiverio. En particular, las mujeres, que después de haber tenido hijos con sus captores, sintieron ser marginadas, o criticadas al regresar a sus pueblos, más las pertenecientes a las élites sociales, que aquellas de los estratos más bajos, donde “tenían menos honor que perder que en las capas altas de la sociedad” novohispana.[57]  Al respecto tenemos lo referido en 1778, por un grupo de oficiales de alto rango reunidos en Chihuahua para definir la nueva política de las Provincias Internas,

El gran número de cautivos […] se adapta con facilidad a la vida apache [y] en la guerra son peores que los mismos apaches, pues los cautivos les sirven como guías y realizan acciones más malvadas que los bárbaros.[58]

 

Aunado a esto, se encontraban los comerciantes que se adentraban a territorios indios con fines de lucro, o de los que llegaban con la intención de iniciar una nueva vida.[59]

Resultado del cautiverio, son los “genízaros”,[60] que para la España del siglo XVIII significaba “español hijo de un extranjero”, pero la gente de Nuevo México utilizó esta palabra para referirse a los destribalizados. Muchos vivían en comunidades. Algunos se aliaron con agricultores y colonos, otros con “indios independientes” de sus tribus. Baste mencionar, que las autoridades de Nuevo México les otorgaron tierras en comunidades limítrofes con la frontera india para que formaran un cordón de pueblos que los defendieran de los ataques de navajos, utes, comanches y apaches.[61]

A raíz del proceso de Independencia en México, las tropas presidiales fueron obligadas a descuidar su principal actividad, mantener a los “bárbaros” en paz. Ministros de Guerra, ya durante el México independiente, consideraron un error ponerlas a perseguir insurgentes, pues provocó se distrajeran de sus actividades. Razón por la cual se debilitaron las fronteras.  En la Memoria de Guerra que presentó al Congreso Nacional el 9 de diciembre de 1846, Juan Nepomuceno Almonte, dijo que este suceso provocó el levantamiento de los “bárbaros”, quienes “[…] llegaron a conocer muy bien el manejo de todas las armas para hacer la guerra con mejor éxito para ellos y más estragos para nuestros estados internos”.[62] Levantamiento que devino en las famosas “contratas de sangre”, o pagos hasta de 200 pesos por indios capturados en pie de guerra vivos y 150 muertos, lo que recrudeció este enfrentamiento,[63] referidas por Julius Fröbel en su diario de viaje.

El gobierno [mexicano] ha fijado una elevada recompensa por cada piel roja que se capture o mate. Da 200 dólares por cada indio adulto, vivo o muerto. Para el primer caso deben presentarse la cabellera y las orejas de la víctima. Una india viva vale 250 dólares; por un muchacho vivo se da la misma cantidad, y si muere 100 dólares.[64]

 

Como ya lo había mencionado, con la compra de la Mesilla, sin importar lo señalado en el artículo XI del Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, donde los Estados Unidos se comprometieron a frenar los ataques de “las tribus salvajes” a territorio mexicano, por haber pasado a formar parte del suyo,[65] las incursiones de apaches y comanches a territorio mexicano se incrementaron al no mantener ningún tipo de control las autoridades estadounidenses; muchas, cabe destacar, provocadas por comerciantes, más conocidos por el nombre de “comancheros”, o por ganaderos tejanos, para adquirir el producto de sus correrías, sin importar lo estipulado en este tratado, lo que provocó  se fuera debilitando la eficacia del ejército en esta región, a pesar de existir restricciones legales para negociar con productos de las correrías de “indios rebeldes” en territorio mexicano.

A ningún habitante de los Estados Unidos será lícito -señala el tratado-, bajo ningún pretexto, comprar o adquirir cautivo alguno, mexicano o extranjero, residente en México, apresado por los indios habitantes en territorios de cualquiera de las dos Repúblicas, ni los caballos, mulas, ganados, o cualquier otro género de cosas que hayan robado dentro del territorio mexicano (ni en fin venderles o ministrarles bajo cualquier título armas de fuego o municiones).[66]

 

La guerra contra el bárbaro que se dio por terminada a fines del siglo XIX, con la captura de Gerónimo y otros “capitancillos” apaches, no frenó el mestizaje entre los indígenas de esta ardiente frontera. Weber afirmó, que también “los navajos, atapascanos de origen apache, parecen haber absorbido algunos paiutes, e indios pueblo que se convirtieron en navajos”, aunque desde el siglo XVIII, “muchas comunidades de indios habían asimilado a africanos y europeos individuales, así como algunos aspectos de sus culturas y parte de genes: racial, pero no culturalmente, muchos de los indios eran, como los españoles, mestizos”.[67]

Imagen 5. George Catlin, “Comanches” (1835). Smithsonian American Art Museum online database
Imagen 5. George Catlin, “Comanches” (1835). Smithsonian American Art Museum online database: https://commons.wikimedia.org

 

Conclusiones

Lo expresado en este artículo, nos lleva a varias posibles conclusiones. Resulta difícil hablar de derechos humanos, o derechos del hombre, de acuerdo al discurso decimonónico, en México, a pesar de estar establecidos y definidos en las constituciones escritas entre finales de la colonia española y durante el siglo XIX, sobre todo en regiones de frontera, donde confluyen varios actores que asumen y luchan por imponer, o mantener, sus proyectos civilizatorios, sino solo paliativos como los tratados de paz con los indios en pie de guerra, para mantener tranquila la región. Estos derechos, cabe mencionarlo, solo fueron reconocidos para contaban con una profesión, una propiedad, o un comercio, excluyendo a su población indígena mientras continuaran con sus propiedades y organización colonial, o se mantuvieran en pie de guerra como sucedió con los apaches y comanches. Otra, con el arribo de colonos provenientes de Estados Unidos que provocaron la independencia de Texas y después de finalizada la guerra, se fueron asentando en tierras de Nuevo México, California y Arizona, donde no solo quedaron marginados de los derechos concedidos a ciudadanos estadounidenses, al no frenar las incursiones de los “bárbaros”, a quienes fueron relegando en reservaciones bajo control de autoridades militares y civiles, sino su preocupación por enseñar a los mexicanos que se quedaron del otro lado de la frontera, la forma de vida y cultura estadounidense, cambiándoles  incluso, hasta su forma de vestir.

Al quedar en vilo los llamados indios bárbaros entre dos frentes, donde destacan apaches y comanches por su tenaz resistencia a la colonización, que incluso obligó al congreso de los Estados Unidos dejar al albedrío, tanto a mexicanos como a sus colonos, frenar los continuos ataques de apaches, evadiendo lo establecido en el artículo XI del tratado de Guadalupe-Hidalgo, donde se comprometieron a controlarlos al pasar a formar parte de su territorio, lo que aprovecharon las autoridades mexicanas al considerar sus ataques, como de indios extranjeros.

Otro de los factores que también se deben tomar en cuenta durante este proceso, son, el mestizaje y su impacto en la población fronteriza como consecuencia del cautiverio, tanto de indios por parte de los colonos para venderlos en calidad de esclavos, o dejarlos como sirvientes, como de colonos por parte de los indios, a los que utilizaron para recibir recompensas por su liberación, incorporarlos a su forma de vida, o tenerlos de esclavos. Hechos que incrementan la complejidad para establecer qué se puede entender por derechos humanos en zonas de frontera, aunado a la prolongada guerra contra el bárbaro, el salvaje, el indio insurrecto, rebelde, bravo, entre otras categorías más, lo sirvió para formar diversos grupos, mexicanos y angloamericanos fronterizos, genízaros, enfrentamientos entre indos aliados con rebeldes (apaches contra comanches), aculturados, mestizos de indios con colonos, entre ellos, o con esclavos negros prófugos procedentes del sur de los Estados Unidos, lo que dio paso a estar sujetos a incursiones filibusteras, de esclavistas y tejanos a territorio mexicano, lo que permitió se construyeran diversas culturas regionales a raíz de estos encuentros y desencuentros.

Imagen 6. Collage de apaches. Fines siglo XIX, principios del siglo XX
Imagen 6. Collage de apaches. Fines siglo XIX, principios del siglo XX. https://commons.wikimedia.org

 

Notas:

[1] Profesor-investigador jubilado por la UACJ. Doctor en Antropología por la UNAM. Licenciatura y maestría con mención honorífica, por la ENAH-México. Investigador en el CIESAS (1980-1992). Otros trabajos, profesor de H/S/M en la ENAH y en el Departamento de Antropología, INI Pátzcuaro, Michoacán (1983). Publicaciones (1988-2016): 3 libros en la UACJ, El Colegio de Chihuahua y Alemania (Aproximación al estudio de una cultura regional asentada en territorio de las antiguas Nueva Vizcaya y Nuevo México. Alemania, Editorial Académica Española), con temas sobre indigenismo y cultura regional en el norte de México. 3 libros en coordinación sobre Antropología del Desierto y frontera norte de México. 12 capítulos de libro publicados por la UACJ, INAH, CONACYT, UNAM, Plaza y Valdés, Milenio, UNED-Cambridge, donde destaca, “Barbarism and identities imposed on the natives of the northern mexican border. Nineteenth Century”, 2014, Changes, conflicts and ideologies in contemporary hispanic culture. UNED-Cambridge Scholars Publishing, England-Santander, Spain, pp. 364-386 y 30 artículos en diversas revistas, nacionales e internacionales. “Los apaches en el imaginario mexicano”, Reflexiones marginales (Dossier) UNAM, 2016. http://reflexionesmarginales.com/3.0/los-apaches-del-imaginario-mexicano/.

[2] Sobre la abolición de la esclavitud en América Latina, resulta interesante el estudio realizado para Perú, por Melgar Bao, Ricardo y González Martínez, José Luis (2007). Los combates por la identidad. Resistencia cultural afroperuana. México, Ed. Dabar.

[3] Ver, Historia de los derechos humanos en el siglo XIX, http://www.amnistiacatalunya.org/edu/es/historia/inf-s19.html. Consulta: 12 de mayo del 2017.

[4]Ver, “Decreto de Miguel Hidalgo y Costilla contra la esclavitud, las gabelas y el uso del papel sellado, del 6 de diciembre de 1810”, en 500 años de México en documentos. Fuente: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1810_115/Decreto_de_Miguel_Hidalgo_y_Costilla_contra_la_esc_1183.shtml. Fecha de consulta: 20 de mayo del 2017.

 [5] Despertador Americano, 17 de enero de 1811. De este periódico sólo se editaron once números, entre el 20 de enero de 1810 y el 17 de enero de 1811. Su director fue Francisco Severo Maldonado. Para mayor información, consúltese A. Pompa y Pompa, A. 1964. El Despertador Americano. México, INAH Historia, XII, 93 p. Para ver los periódicos del Despertador americano, consultar, http://www.antorcha.net/index/hemeroteca/despertador/despertador.html. 20 mayo 2017.

[6] Sobre este tema consultar, Benson, Nettie Lee (1955).  La Diputación Provincial y el Federalismo Mexicano. México, El Colegio de México, 237pp., Calderón de la Barca, Marquesa (1995). La Vida en México. México, Bouret. Reyes Heroles, Jesús. El Liberalismo en México (2002) México. FCE, 3 vol. y Tornel y Mendivil, José María (1852). Breve Reseña Histórica de los Acontecimientos Más Notables de la Nación Mexicana Desde el Año de 1821 Hasta Nuestros Días, México, Imp. Cumplido, 424 pp. Guerra, Francisco Xavier (1993). La independencia de México y las revoluciones hispánicas, https://es.scribd.com/document/104846380/Guerra-F-X-La-Independencia-de-Mexico-y-Las-Revoluciones-Hispanicas. “Acta de Independencia de México”. En AGN. Fuente: http://www.pbase.com/osita/actaindep. 20 mayo 2017.

[7] Para mayor información sobre estos proyectos nacionales, ver: Urías Hermosillo, Margarita (1979). "México y los proyectos nacionales, 1821-1857", Nexos, agosto, núm. 20, pp. 31-41. También, el libro (2004), Historia General de México. Versión 2000. México, Colmex, pp. 489-705 y de Bethel, Leslie (Ed.), (1991). Historia de América Latina. Barcelona, vols. 5-6, y Hammett, Brian R.  (1992), “La formación del Estado mexicano en la primera época liberal, 1812-1867. AHILA. Cuaderno 1. 5. En,   file:///F:/1992-2014,%20UACJ,%20Humanidades/Cursos%20LH/HM%204,%20Jochavez/HMIV,%20Lecturas%202010/12,%20Brian%20R%20Hammett,%20La%20formación%20del%20estado%20mexicano%20en%20la%20primera%20época%20liberal.pdf. 20 mayo 2017.

[8] Ver, Clavijero, Francisco Javier (2014). Historia antigua de México. México, Ed. Porrúa (12ª edición).

[9] Existen varios estudios sobre este tema, entre ellos, los de Alberro, Solange (1992). Del gachupín al criollo. O de cómo los españoles dejaron de serlo. México, Colmex (Jornadas 122), López Cámara, Francisco (1977). La génesis de la conciencia liberal en México. México, UNAM, Brading, David (1983). Los orígenes del nacionalismo mexicano. México, Era, Lafaye, Jacques (1985). Quetzalcóatl y Guadalupe. México, FCE y el de Guerra, François-Xavier (1988). México: del Antiguo Régimen a la Revolución. México, FCE, 2 vols.

[10] Cf. Otero, Mariano (1842). Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana, México, Imp. de Ignacio Cumplido, p 57.

[11] Loc. en Guerra, México…, p, 193.

[12] Cf. Chávez Chávez, Jorge (2003). Los indios en la formación de la identidad nacional mexicana. México, UACJ, pp. 31-64 y el apartado documental, “Colonización: la forma más directa de acercarlos a la civilización”, pp. 143-150.

[13] Ver Guerra, op. cit., capítulo, “Pueblo moderno y sociedad tradicional”, vol. 2, pp. 183-194.

[14] Francisco García Conde, siendo gobernador del estado de Chihuahua en el año de 1842, realizó un tratado con las parcialidades apaches al norte del estado, donde indicó: “Los tratados de paz que acabamos de celebrar, son en efecto los mismos que celebró el gobierno español, que produjeron tan buenos resultados y que hubieran civilizado á los indios si hubiéramos sido más cautos y vigilantes. Si en algo se distinguen es en que son menos gravosos, porque no contando hoy con los recursos pecuniarios que se tenían entonces, y estando resueltos á cumplir fielmente nuestras promesas, hemos pactado por debilidad ó por condescendencia, pues si tratando con los apaches como de nación á nación por la independencia que han conservado, fue preciso garantizarles las adquisiciones que hicieron en la guerra, ni se ha hecho más que lo que era imposible excusar, ni se han omitido las precauciones indispensables para impedir que á la sombra de ellas hagan otras claramente ilegítimas desde la publicación de los tratados.” Cf. García Conde, Francisco (1842). Diario del Gobierno de la República Mexicana. 23 de septiembre de 1842, núm. 2 649, tomo XXIV, p. 213-216. El subrayado en negritas es mío.

[15] Sobre el deterioro de las misiones, ver Weber, David J. (1988). La frontera norte de México, 1821-1846. El sudoeste norteamericano en su época mexicana. México, FCE, pp. 81-110. En el capítulo III, “El colapso de las misiones”, indicó, que a pesar de ser esta una institución clave para la expansión de la frontera septentrional novohispana, a fines del XVIII comenzó su declinación, colapsándose por completo durante el México independiente. Entre otras causas, por haber privado a los misioneros del control de las tierras de la misión.

[16] En relación a la caída de los presidios como lugares de refugio y para realizar y tratados de paz con los indios rebeldes, ver Weber, La frontera…, en específico, revisar el capítulo VI. “Desmoronamiento de presidios, ciudadanos-soldados y el fracaso del puño de hierro”, pp. 156-175.

[17] Cf. Weber, La frontera…, pp. 17-19.

[18] De acuerdo Hale, Charles A (1991). La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX. México, Vuelta, pp. 16-17, “En el meollo de la idea liberal estaba el individuo libre, no coartado por ningún gobierno o corporación, e igual a sus semejantes bajo la ley” y contar con propiedad privada.

[19] Al respecto ver, Linch, Jonh (1991). “Los orígenes de la independencia en Hispanoamérica”, en Historia de América Latina. La independencia. España, Cambridge University Press-Critica, vol. 5, pp. 1-40, Anna, Timothy (1991). “La independencia en México y América Central”, en Historia…, vol. 5, pp. 41-74 y Bazant, Jan (1991), “México”, en Historia…, vol. 6, pp. 107-143.

[20] Weber, David J. (2009). “Escribiendo a través de fronteras. Los españoles y sus salvajes en la era de la Ilustración”, en De la barbarie al orgullo nacional. Indígenas, diversidad cultural y exclusión. Siglos XVI al XIX. México, UNAM, p. 103.

[21] “Constitución de 1824”, en Constituciones hispanoamericanas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, http://www.cervantesvirtual.com/obra/constitucion-de-1824--0/. Fecha consulta: 15 de marzo del 2017.

[22] Plan de Iguala, 24 de febrero de 1821, art. 12°, “Todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción, alguna de europeos, africanos ni indios, son ciudadanos de esta monarquía con opción a todo empleo, según su mérito y virtudes”. Tomado del Mexicano Independiente. Núm. 2. Publicado en Iguala, el 17 de marzo de 1821. Biblioteca Mínima Mexicana. México: 1955, pp. 99-102. Edición digital de Marina Herbst. Proyecto Ensayo Hispánico, http://www.ensayistas.org/identidad/contenido/politica/const/mx/iguala.htm. 1997-2011. Fecha consulta: 15 de marzo del 2017.

[23] “Acta Constitutiva de la Federación, del 31 de enero de 1824”. En Constituciones…, http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12160549730145940765213/p0000001.htm#I_1. Fecha consulta: 30 de marzo del 2017.

[24] Hale, La transformación…, pp. 16-17.

[25] Cf. Naranjo, Francisco (1884), Memoria que el Secretario de Estado y del Despacho de Guerra y Marina presenta al Congreso de la Unión.... México, Tipografía y Litografía de "La época”, Ignacio Haro y Cía., T. I, p. 96.

[26] “Artículo XI. En atención de que en una gran parte de los territorios que por el presente Tratado van a quedar para lo futuro dentro de los límites de los Estados Unidos, se halla actualmente ocupada por tribus salvajes que han de estar en adelante bajo la exclusiva autoridad de los Estados Unidos, y cuyas incursiones sobre los distritos mexicanos serían en extremos perjudiciales; está solemnemente convenido que el mismo Gobierno contendrá las indicadas incursiones por medio de la fuerza, siempre que así sea necesario; y cuando no pudiere prevenirlas castigará y escarmentará a los invasores, exigiéndoles además la debida reparación: todo del mismo modo y con la misma diligencia y energía con que obraría, si las incursiones se hubiesen meditado o ejecutado sobre territorios suyos o contra sus propios ciudadanos”. Tratado de Guadalupe Hidalgo, México, 1848, http://es.wikisource.org/wiki/Tratado_de_Guadalupe_Hidalgo.

[27] Elliot, John H. (2006). Imperios del mundo Atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830). España, Taurus, pp. 27-188.

[28] Cf, Elliot, Imperios…, capítulo, “La Corona y los colonizadores”, pp. 189-238. También, resulta interesante el libro de Asimov, Isaac (1973). La formación de América del Norte. España, Alianza editorial, cuando se refiera a la formación de las trece colonias, pp. 56-129.

[29]John Cotton, (born Dec. 4, 1585, DerbyDerbyshire, Eng.—died Dec. 23, 1652, Boston, Mass. [U.S.]), influential New England Puritan leader who served principally as “teacher” of the First Church of Boston (1633–52) after escaping the persecution of Nonconformists by the Church of England.” En, Encyclopaedia Britannica, https://www.britannica.com/biography/John-Cotton. Fecha revisión: 29 de marzo del 2017.

[30] Johansen, Bruce y Maestras, Roberto (1979). Wasi’chu. El genocidio de los primeros norteamericanos. México, FCE, p. 20.

[31] Rajchenberg, Enrique y Héau-Lambert, C.  (2009). “¿Wilderness vs. desierto? Representaciones del septentrión mexicano en el siglo XIX”, en Norteamérica. Año 4, número 2, julio-diciembre, p. 18.

[32] Cf. Rozat, Guy. (2004). “Desiertos de rocas y del alma. Un acercamiento antropológico a la crónica de Pérez de Ribas”, pp. 315-322 y Zene, Cosimo, (2004). “Travesía en el desierto. Las experiencias de la humanidad en el diálogo con Dios”, en Desierto…, pp. 45-68.

[33] Cf. Rajchenberg y Héau-Lambert, op. cit., pp. 16-17.

[34] Loc. Rajchenberg y Héau-Lambert, op. cit., p. 17.

[35] Worcester, Donald E. (2012) Los apaches. Águilas del sudoeste. Barcelona, Ed. Península, pp. 85-263.

[36] Ibíd, p. 19.

[37] “John T. Hughes (July 25, 1817-August 11, 1862) was a colonel in the Missouri State Guard and Confederate Army during the American Civil War. He might also have been a brigadier general at the time of his death but documentation of the appointment is lacking”, https://en.wikipedia.org/wiki/John_T._Hughes. Fecha consulta: 29 de marzo 2017.

[38] Cf. Rajchenberg y Héau-Lambert, op. cit., p. 20.

[39] Tratado Onis-Adamis, o tratado de transcontinentalidad de 1819, donde se fija la línea divisoria entre el Virreinato de la Nueva España y los Estados Unidos. Loc. en, http://www.fuenterrebollo.com/Rif/adams-onis.html. Fecha consulta: 27 de mayo del 2017 y sobre Joel Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México, promotor del expansionismo estadounidense, Iturriaga, José E. (1988). México en el congreso de los Estados Unidos. México, FCE, Vázquez, Josefina Zoraida (1992). México frente a Estados Unidos. México, FCE, pp.31-128, pp. 32 63.

[40] Sobre el pensamiento puritano en estados Unidos, ver, Vázquez, México…, pp. 17-31 y Aranda B., Gilberto (2005). “Puritanismo y Radicalismo Religioso en Estados Unidos: del Mayflower a la “Mayoría Moral”, en Hoja de ruta. http://hojaderuta.org/imagenes/Identidad_y_Fundamentalismo_Protestante.pdf. Fecha consulta: 27 de mayo del 2017.

[41] Ver Turner, Frederick J. (1987). “El significado de frontera en la historia americana”, en Secuencia, núm. 7, enero-abril, pp. 187-206. Fue presentada por la American Historical Association y Worlds Columbian Exposition, en Chicago, Illinois, 1893. Publicada un año después por, Proceedings of the State Historical Society of Wisconsin, dentro del Annual Report of the American Historical Association, e incorporada en 1921 como el primer capítulo de su libro, The Frontier in American History.

[42] Cf. Fernández de Rota, José A. (2004). “Los paisajes del desierto”, en Rafael Pérez-Taylor y H. Salas, eds., Desierto y Fronteras. El norte de México y otros contextos culturales. México. UNAM-IIA-Plaza y Valdés, 2004, pp. 21-36.

[43] Rozat Dupeyron, Guy, (2004). “Desiertos de rocas y del alma. Un acercamiento antropológico a la crónica de Pérez de Ribas”, en Desierto y fronteras…, pp. 315-322.

[44]  Cf. Rajchenberg, op. cit., p. 20.

[45] Cf. Ibid, p. 21.

[46] Weber, David J. (2007). Bárbaros. Los españoles y sus salvajes en la era de la Ilustración. Barcelona. Ed. Crítica, p. 34. Mencionó que, “el habla popular de los españoles de finales del siglo XVIII usaba los términos “salvajes”, “bravos” y “gentiles” de manera indistinta, para describir a los amerindios que vivían más allá de la cristiandad”.

[47] Cf. Edward S. Curtis`s (2007). “The North American Indian” Photographic images, The Library of Congress, http://memory.loc.gor/ammem/award98/ ienhtml/curthome.html.

[48] Turner. “Significado…”, op. cit., p. 188.

[49] Boccara, Guillaume (CNRS-CERMA) (2001). “Mundos nuevos en las fronteras del Nuevo Mundo. Relectura de los procesos coloniales de etnogénesis, etnificación y mestizaje en tiempos de globalización”, en Nuevo Mundo, Mundos Nuevos Mundos, E-review UMR 8565.

[50] Worcester, op. cit., p. 26.

[51] Ibid., p. 29.

[52] Weber, Bárbaros…, p. 35.

[53] Cf. Operé, Fernando (2001). Historias de la frontera. El cautiverio en la América hispánica. México: FCE, pp. 182-183.

[54] Diego de Vargas Luján Ponce de León. Fue gobernador del territorio de Nuevo México, entre 1690 y 1704. Reconquistó el territorio en 1692, después de ser derrotada la rebelión encabezada por Popé en 1680. Cf. Wikipedia, 2012, http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_de_Vargas. Por su parte, Operé, op. cit., p. 181, menciona que, con la pacificación hecha por Vargas, retornaron algunos colonos que se habían refugiado en el sur de El Paso. Sobre la recuperación de Santa Fe, Martín González comenta, que “tras más de una década de intentos de reconquista, por fin en 1693 el gobernador Diego de Vargas sentó de nuevo los reales del dominio español en Santa Fe. En ese año, se autorizó la erección de un segundo presidio nuevomexicano precisamente en la capital provincial de Santa Fe. Al estar muy lejano a otros presidios, éste fue autorizado para tener una mayor fuerza sobre las armas: 80 soldados”. González de la Vara, Martín (2003).Cómo sobrevivir a tiempos difíciles: los presidios nuevomexicanos en el siglo XIX”, en XI Encuentro de Historiadores de México, Estados Unidos y Canadá, 1-4 de octubre, Monterrey, Nuevo León. http://www.google.com/search?q=cache:K1PW5ToTjUkJ:mezcal.colmex.mx/historiadores/ponencias/92.pdf+mart%C3%ADn+gonz%C3%A1lez+de+la+vara,+nuevo+m%C3%A9xico&hl=es, p. 3. Fecha de consulta: 30 de junio del 2005.

[55] Cf. Weber, Bárbaros…, p. 336.

[56] Cf. Operé, op. cit., p. 184.

[57] Cf. Ibid., p 30. También, Weber, Bárbaros…, pp. 336-337.

[58] Weber, Bárbaros…, p. 338.

[59] Ibid., p. 343.

[60] Su nombre proviene del grupo élite del ejército turco otomano, “jenízaros”, formado por esclavos, prisioneros de guerra y niños cristianos secuestrados que se habían vuelto musulmanes. Cf. Weber, Bárbaros…, p. 356.

[61] Cf. Weber, Bárbaros…, pp. 355-356.

[62] CF. Almonte, Juan Nepomuceno, (1846). Memoria del ministerio de estado y del despacho de Guerra y Marina del gobierno supremo de la República Mexicana, leída al Augusto Congreso Nacional el día 9 de diciembre de 1846 por el general Almonte. México, Imprenta de Torres, pp. 33-34.

[63] CF. Worcester, op. cit., pp. 67-68. Cabe destacar, que en el libro de Waters, Frank (1994). Héroes indios del recuerdo. Barcelona, Hesperus-Juan José Olañeta, ed., cuando menciona que después de ser derrotado Pontiac (jefe otawa) por los ingleses en 1764, al apoyar a los franceses, permitió se abriera el fértil valle de Ohio a la colonización, “Pensilvania ofrecía recompensas de 150 dólares por cada indio de más de diez años capturado; 134 dólares por cada cabellera de indio muerto: 130 por cada mujer capturada o niño menor de diez años; y 50 dólares por la cabellera de cada mujer asesinada.” (pp. 63-64). Mención que repite cuando se refiere al jefe shawne, llamado Tecumseh, cuando en 1765 comenzaron a llegar más blancos a Ohio, “Indiana había ofrecido una recompensa de cincuenta dólares por cada cabellera india y los cazadores de recompensas mataban a muchos indios.” (p. 63). Datos que nos indican el origen de esas contratas que se dieron en Chihuahua a mediados del siglo XIX. También ver, Álvarez, Salvador (1991). “James Kirker: el aventurero irlandés”, Chihuahua: Las épocas y los hombres. México, Gob. Edo. de Chihuahua- UACJ-Meridiano, 107.

[64] Cf. Fröbel, Julius (1978). Siete años de viaje en Centro América, norte de México y lejano Oeste de los Estados Unidos. Traducción Luciano Cuadra. Introducción Dr. Jaime Incer Barquero. Nicaragua: Fondo de Promoción Cultural-Banco de América. Serie viajeros, n. 2, p. XVI. Publicado por Richard Bentley en Londres, 1859, libro II, cap. X, p. 216.

[65] Ver art, XI de este tratado en cita 19.

[66] Tratado, Artículo XI.

[67] Cf. Weber, op. cit., pp. 35-36.

 

Cómo citar este artículo:

CHÁVEZ CHÁVEZ, Jorge, (2017) “Entre bárbaros y civilizados, los derechos humanos en el norte de México. Siglo XIX”, Pacarina del Sur [En línea], año 8, núm. 32, julio-septiembre, 2017. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 21 de Noviembre de 2017.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1494&catid=6

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