Pacarina del Sur
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El proceso de etnogénesis del Pueblo Originario Huarpe en la región de Cuyo, Argentina

El presente artículo reflexiona, a partir del caso del pueblo originario Huarpe, en la región de Cuyo, Argentina acerca del significado e identidad indígena a la luz de los nuevos mestizajes.

Palabras clave: Argentina, indígena, identidad, mestizaje

 

Vida Huarpe
Ellos viven de su tierra de sus chivos y cabras,
con los que hurgan en el desierto para conseguir pastos.
"No es que sea nuestra: nosotros somos parte de ella" [2]

 


Manifestación neo-huarpe[1]

La primera vez que escuché un vocablo del idioma huarpe fue en Mendoza en noviembre de 1987, era el de Guaymallén, nombre del departamento municipal en donde fuimos a vivir con mi esposo cuando nos trasladamos a esa hermosa  ciudad argentina. Fue entonces que mi marido me dijo que así se llamó un cacique huarpe de la época en la que llegaron los conquistadores españoles a mediados del siglo XVI a la región de Cuyo en donde se ubica esa ciudad, y que, de hecho, su canal principal se llama igual, es decir, Canal Guaymallén. Y es que Mendoza está llena de acequias y canales, algo muy interesante que sólo lo he vuelto a ver en Parras, Coahuila, que también es tierra de vinos, ricos dulces y conservas como esta urbe mendocina. Más adelante empecé a saber más acerca de este pueblo originario cuando consulté diversas obras de autores como Juan Draghi Lucero, Carlos Rusconi, Salvador Canals Frau, Catalina Teresa Michieli o Rosario Prieto. Entonces pensé que ya no había huarpes, hice caso de lo que decían los libros y de lo que creía ver, una sociedad mestiza, es decir, la mezcla de algo de sangre indígena y europea. Sin embargo, esta errónea información cambió al leer hacia el 2008 el texto de Boccara en el que habla de la etnogénesis huarpe y eso hizo que me diera cuenta de que este pueblo originario existe actualmente y sigue siendo parte importante de la región cuyana a la que pertenecen Mendoza, San Luis y San Juan en donde se ubican sus descendientes.

Hacia 1989 hice mi tesis de licenciatura en Etnohistoria sobre Mendoza en el período colonial, en particular me interesaron los movimientos de resistencia indígena contra los españoles, sobre todo de los puelches y los pehuenches del sur de esa provincia, pero tuve que revisar la historia de los huarpes para entender varias cuestiones sobre cómo se asentaron los conquistadores españoles en lo que fuera un territorio habitado por indios agricultores de tiempo completo que, incluso, habían formado parte en la fase final  del Tawantinsuyu. Eso me hizo entender el por qué de las acequias y canales que hicieron de Mendoza un micro oasis desde la época prehispánica. Claro, el nombre de Mendoza se lo dieron los españoles en 1561, pero los huarpes fueron los que ya habían irrigado ese territorio con el sistema de canalización del agua del río que bajaba de la Cordillera de los Andes y lo habían perfeccionado con la presencia de los incas sesenta años antes de que llegaran los invasores europeos.

En ese proceso de investigación leí varias veces que los huarpes eran enviados como indios de mita en colleras, como si fueran esclavos o presidiarios, a las minas de La Serena en Chile[3]; así que los obligaban a cruzar la Cordillera de los Andes encadenados entre sí, de esta forma, si uno de ellos moría por el frío o como consecuencia de los malos tratos, cortaban su muñeca y dejaban su cuerpo en el lugar cordillerano donde había fallecido de tal forma que sus restos serían comidos por los cóndores seguramente. Autores como Michieli nos hablan de la aparente desaparición de este pueblo indígena por los referidos malos tratos recibidos de los españoles o la huida a otros sitios para alejarse del abuso por parte de los encomenderos:

Los indígenas que se resistían a ser llevados a Chile huían a las zonas marginales a los valles centrales donde la inaccesibilidad del terreno les permitía un refugio más o menos seguro. La zona elegida en forma preferencial fue el complejo lagunero de Guanacache, ubicado al sudeste de San Juan y noreste de Mendoza, donde una serie de islas e islotes entre lagunas permitía el ocultamiento efectivo y la supervivencia por medio de los recursos alimenticios propios de ese ambiente tan particular. Es por eso que a partir de principios del siglo XVII, al despoblamiento de los valles centrales sigue un aumento de la población aborigen de estas áreas marginales de la distribución de los huarpes, especialmente en la zona de Guanacache.[4]

En el texto de Canals Frau es donde pude ver las fotografías que este autor tomó en la década de 1950 y precisamente una de ellas muestra a una mujer huarpe cargando un niño pequeño y con su nena al lado. Esta fotografía es de su visita a las Lagunas de Guanacache y dice que son “los últimos huarpes”.


“Los últimos huarpes. Mujer de Guanacache con sus hijos”[5]

Otra cosa que llamó mi atención es que durante los años que viví en Mendoza, 1987-1990, y en mis posteriores visitas, en la Secretaría de Turismo se podía conseguir artesanía local “inspirada” en lo que antes hacían los huarpes. De hecho, compré un par de bellos objetos. Uno de ellos era una canastita muy linda a la que le coloqué unas varitas con semilla de retama para adornarla. Algo también tradicional en Mendoza es el rico patay, el pan de algarrobo de origen huarpe.


Canastita mendocina, foto casera de la autora

Un autor que me parece muy importante es Carlos Martínez Sarasola que en su obra Nuestros paisanos los indios, publicada por primera vez en 1992, nos dice que los huarpes que habitaban en las lagunas de Guanacache, “en el límite entre las actuales provincias de San Juan, San Luis y Mendoza” fueron llamados tradicionalmente “huarpes laguneros” o “huarpes de Guanacache”. Otro dato interesante que proporciona es que en 1973 la provincia de Mendoza no aparece incluida en las que tienen comunidades indígenas en Argentina según el Servicio Nacional de Asuntos Indígenas del Ministerio de Bienestar Social.[6] Esto es lo que me hizo reflexionar cuando al leer a Guillaume Boccara, éste refiere que los descendientes de los huarpes están realizando un movimiento de etnogénesis para reivindicar su presencia indígena ante la sociedad argentina contemporánea. ¿Hay huarpes o no hay? Esa sería la pregunta y el haber leído a Boccara junto con los artículos periodísticos cuyanos recientes me ha ayudado a contestarla: sí, sí hay huarpes, conocidos ahora como neo-huarpes.


Comunidades indígenas argentinas, 1973,
Carlos Martínez Sarasola, Nuestros paisanos los indios

Pero vale aclarar qué es la etnogénesis. Los sobrevivientes de un proceso de invisibilización determinan restablecer sus derechos socioculturales, políticos y económicos reivindicando sus raíces indígenas con orgullo y firmeza. Guillaume Boccara denomina como etnogénesis a las “adaptaciones y resistencias creadoras de transformaciones que trascienden a menudo las conciencias individuales”. A su vez, este autor afirma que: “Por lo tanto no es una casualidad si reaparecen, en el contexto actual de pan-indianismo y de globalización, entidades étnicas que muchos pensaban desaparecidas para siempre”. Así, hace mención de pueblos originarios que se suponía extinguidos desde hace mucho tiempo, como los huarpes en las provincias de San Juan y Mendoza, y que ahora han reaparecido y se han convertido en comunidades neo-huarpes que “pretenden situarse en la continuidad aborigen de Cuyo”; asimismo, explica cómo “algunos grupos mapuches argentinos, aunque aculturados desde un punto de vista antropológico tradicional, reivindican con vigor su identidad indígena.”[7]


Artesanía neo-huarpe[8]

¿Son indígenas aunque ya no hablan el idioma huarpe y se han mestizado? Yo considero que sí son indígenas, neo-huarpes como los denomina Boccara. ¿Por qué se da este proceso de etnogénesis en diversos países de Latino América? Creo que una de las razones más fuertes la dio el movimiento neo zapatista indígena en Chiapas en enero de 1992, luego del cual los pueblos originarios latinoamericanos  empezaron a obtener mejores resultados en sus demandas, específicamente con leyes políticas y económicas que los reconocían cabalmente como parte del conglomerado ciudadano. Es así como empezaron a surgir los procesos de etnogénesis entre los descendientes de diversos pueblos indígenas  para reivindicar su origen y su cultura porque antes se pensaba oficialmente que ya habían desaparecido físicamente. En este sentido, vale la pena comentar que los huarpes no desaparecieron físicamente, se mestizaron y dejaron de hablar su lengua originaria. En consecuencia, resulta pertinente el preguntarse si el ser mestizo hace que uno ya no pueda reivindicar su origen indígena. Yo pienso que sí pueden hacerlo, es decir, ser mestizo y reconocer las raíces del pueblo originario del que provienen hace que salgan de la invisibilización de que fueron objeto en las políticas estatales que impusieron esa idea en el imaginario colectivo a través de la historia oficial. En el libro de Martínez Sarasola se puede ver la mención que hace de estos pueblos mestizados descendientes de los indígenas en diversas partes de la República Argentina. Porque si nos aferráramos a la idea de que los neo-huarpes, por ser mestizos, no tienen derecho a ser reconocidos como descendientes de los pueblos indígenas:

 

Entonces ese problema lo tendrían los neo-selk’nam de Tierra del Fuego, quienes ya no son indígenas “puros”, sino mestizos que orgullosamente manifiestan que descienden de este pueblo originario. ¿Podría darse esto como pretexto para hacer desaparecer a un grupo indígena y restarle todos sus derechos en ese sentido?, ¿no importan sus costumbres, sus creencias mágico religiosas, su artesanía, su vestimenta, su gastronomía, entre otros elementos sociopolíticos, económicos y culturales vinculados con sus raíces? ¿Qué ocurre con sus propiedades comunitarias, con la relación con su tierra aunque se les señale como mestizos o ya no hablen su idioma como ocurre con los descendientes de los pirindas [o de los huarpes]?[9]


Doctrina en lengua huarpe Millcayac del padre Valdivia, siglo XVII[10]

Afortunadamente se empieza a observar el cambio en el criterio de considerar a estos comúnmente llamados “puesteros” como descendientes legales de los huarpes, es decir, como neo-huarpes. Por siglos han cuidado de los chivos en sus puestos, especie de corrales en la montaña, y por eso se les llama de esa manera, pero generalmente los mendocinos citadinos los miran con cierto desprecio. Habría que recordar que fue un puestero el que halló a los sobrevivientes de los Andes. Los miembros del grupo que salió en busca de ayuda pensaban que caminaban hacia Chile, mientras que en realidad se encontraron todo el tiempo en territorio mendocino, por cierto, no olvidemos que en esa provincia se localiza el Aconcagua.

Acababan de decretar el formal reconocimiento a los Huarpes de la propiedad comunitaria de 106.000 hectáreas (en realidad 126.000, pero hay en la cuenta espacios públicos). Y ese mismo día se puso en marcha el proceso de expropiación de otras 660.000, que también serán reconocidas en título a las otras comunidades Huarpes (es propiedad comunitaria, no individual: no podrán vender, ceder ni transferir).

No es tarea simple esta última: hay más de 750 títulos de propiedad -buena parte de orígenes difusos e historias dudosas- en esa inmensa extensión del desierto lavallino. Serán expropiados "a valor fiscal, más el 30%", según las previsiones.

Y hubo ecos al noreste de Lavalle, allá, entre Asunción y la costa del río San Juan o bordeando el Desaguadero: en total, hay unos 600 puestos, pero en la comunidad reconocida son unas 120 familias puesteras (en ese noreste viven unos 2.500 pobladores, la mayoría de estirpe indígena, a lo ancho de 9.000 km2).

Jaque lagrimeó ese día. El asunto viene de lejos: de la resolución de la OIT (1989), que reconoció mundialmente los derechos de las estirpes aborígenes; de la reforma de nuestra Constitución en 1994, que reconoció la preexistencia étnica y cultural de nuestros aborígenes ("Ellos ya estaban cuando vinimos", digo); la Ley 6.920, que sancionó en 2001 esta reparación histórica y dispuso el proceso de titularización de las tierras. Imaginé ese día, que firmábamos el decreto los hijos de los que vinieron del otro lado del Ande o de los barcos.[11]

Por medio del movimiento de etnogénesis los neo-huarpes cuyanos desean recuperar su categoría sociopolítica como descendientes de un importante pueblo indígena. En este sentido, para finalizar este escrito me parece oportuno citar un fragmento del artículo “Réquiem para el aborigen americano” del antropólogo social Diego Escolar de la Universidad Nacional de Cuyo aparecido en el diario mendocino Los Andes el 6 de mayo del 2010, que entre otras cosas nos dice que:

Las leyes y reformas constitucionales sobre derechos indígenas promulgadas en la Argentina y otros países durante los últimos 30 años no son una reciente maniobra especulativa, sino el corolario de luchas llevadas a cabo por pueblos indígenas de todo el mundo.

Es cierto que estas normas fueron manipuladas por algunos actores (perjudicando a los indígenas) en base a intereses políticos y pecuniarios. Pero ni más ni menos que otras leyes, movimientos sociales y por qué no, teorías científicas o supuestas "verdades" reveladas.

Dichas leyes coadyuvaron a la defensa de derechos y la visibilización de identidades indígenas relegadas, así como el efecto contrario había sido en parte generado por la ausencia de un cuerpo legal sobre derechos indígenas desde inicios del período independiente.

[…] Se asiste a una renovada presión que afecta los territorios indígenas y campesinos por parte de los sectores de la economía actualmente más dinámicos y poderosos, como la producción de soja transgénica, la minería metalífera a cielo abierto, la explotación petrolera y las inversiones o especulaciones nacionales y extranjeras en el mercado de tierras.

[…] Los laguneros o puesteros de Guanacache no han forzado la realidad: la han hecho. Sus demandas históricas son muy específicas, no para lograr una dádiva, un plan social o una vivienda, sino la seguridad jurídica y el reconocimiento efectivo de los derechos colectivos sobre las duras tierras donde han vivido y donde desean seguir viviendo, con dignidad, junto a su historia, paisajes y los restos de sus ancestros.[12]


Puesteros neo-huarpes[13]

 


[1]http://www.google.com.mx/imgres?hl=es&biw=1024&bih=654&gbv=2&tbm=isch&tbnid=maWUaXyyCHF4DM:&imgrefurl=http://pueblos-originarios argetnina.wikispaces.com/Huarpes&docid=igJmryiLeWK8RM&imgurl=http://pueblos-originarios-argetnina.wikispaces.com/file/view/huarpes-pueblo-1.jpg/179979597/huarpes-pueblo-1.jpg&w=300&h=212&ei=p46kT_SgAsLUgAfss7HoAQ&zoom=1&iact=hc&vpx=709&vpy=135&dur=3543&hovh=169&hovw=240&tx=181&ty=118&sig=101386369203116998319&page=3&tbnh=139&tbnw=151&start=37&ndsp=20&ved=1t:429,r:14,s:37,i:209 (Consultado el 4 de mayo de 2012).

[2] Gabriel Bustos Herrera, “Ya estaban aquí cuando llegamos”, Los Andes, 25 de abril de 2010, http://www.losandes.com.ar/notas/2010/4/25/opinion-486020.asp (Consultado el 17 de junio de 2012).

[3] Catalina Teresa Michieli, “El despoblamiento indígena y la situación de las ciudades de Cuyo a principios del siglo XVII: dos nuevos documentos”, Publicaciones 16, San Juan (Argentina), Universidad Nacional de San Juan, 1988, pp. 4-5.

[4] Ibid., p. 16.

[5] Salvador Canals Frau, Poblaciones indígenas de la Argentina (su origen, su pasado, su presente), Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 1953.

[6] Carlos Martínez Sarasola, Nuestros paisanos los indios. Vida, historia y destino de las comunidades indígenas en la Argentina, Argentina, Colección Memoria Argentina, Emecé Editores, 2005, p. 68y p. 403.

[7] Guillaume Boccara, “Colonización, resistencia y etnogénesis en las fronteras americanas”, en Colonización, resistencia y mestizaje en las Américas (siglos XVI-XX), Guillaume Boccara (editor), Ecuador, Ediciones Abya-Yala-Instituto Francés de Estudios Andinos IFEA, 2002, pp. 71-72.

[8] Gabriel Bustos Herrera, “Ya estaban aquí cuando llegamos”, Los Andes, 25 de abril de 2010, http://www.losandes.com.ar/notas/2010/4/25/opinion-486020.asp (Consultado el 17 de junio de 2012).

[9] Martha Delfín Guillaumin, “Los pirindas de Michoacán: ¿inicio de un proceso de etnogénesis?”, Revista Cuicuilco, Nueva Época, volumen 18, Número 50, enero-abril de 2011, ENAH-INAH, México, p. 147.

[10] Salvador Canals Frau, “La lengua de los huarpes de Mendoza”, Mendoza, 1942.

[11] Gabriel Bustos Herrera, “Ya estaban aquí cuando llegamos”, Los Andes, 25 de abril de 2010, http://www.losandes.com.ar/notas/2010/4/25/opinion-486020.asp (Consultado el 17 de junio de 2012).

[12] http://www.losandes.com.ar/notas/2010/5/6/opinion-487995.asp (Consultado el 4 de junio de 2012)

[13] Idem.

 

[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

DELFÍN GUILLAUMIN, Martha, (2012) “El proceso de etnogénesis del Pueblo Originario Huarpe en la región de Cuyo, Argentina”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 12, julio-septiembre, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 28 de Septiembre de 2020.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=490&catid=6[/div2]

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