Pacarina del Sur
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La Ciudad de México y la absorción territorial de los pueblos originarios vecinos

The City of Mexico and territorial absorption of neighboring native peoples

A Cidade de México e territorial absorção dos povos indígenas vizinhos

Martha Eugenia Delfín Guillaumin

Recibido: 05-06-2013; Aprobado: 21-06-2013

Introducción

La Ciudad de México en el posclásico tardío fue la antigua Tenochtitlan, hasta que  Hernán Cortés, el jefe militar de los españoles, luego de conquistar a los miembros de la Triple Alianza en agosto de 1521, decidió convertirla en la capital del territorio de la Nueva España dando inicio al período colonial mexicano. Mientras la antigua ciudad mexica era destruida para edificar los nuevos edificios gubernamentales, eclesiásticos y civiles de los vecinos españoles, Cortés se trasladó a Coyoacán para residir junto con su mujer indígena, doña Marina Malíntzin, mejor conocida como la Malinche.

Tenochtitlan, ciudad capital del imperio mexica era un huey altépetl[1] que a su alrededor tenía varios pueblos indígenas a los que había sometido y estaban bajo su dominio cuando inició la invasión de conquista española en 1519.

Aunque altépetl se ha traducido también por <pueblo de indios>, tanto el concepto como la realidad con él designada eran mucho más amplios y complejos que lo que la simple expresión castellana indica, aunque la expresión puede ser entendida también como <localidad> o <población>. Pero el altépetl o <pueblo de indios> no fue una <localidad> o una <población>, sino una realidad socio-política, un <ayuntamiento>, un <concejo> autónomo, un <señorío>, con una personalidad jurídica y su territorio, que seguirá existiendo en la época virreinal, con sus cabeceras y sus diversas poblaciones, vecindades y localidades. (González Fernández, 2004: 34)

La refundación de la Ciudad de México por los españoles, según informa José Ángel Campos Salgado, sobre los restos de los monumentos prehispánicos de acuerdo a la traza del alarife Alonso García Bravo, “relegó en principio a los habitantes indígenas a la periferia dentro de la que se encontraba Moyotlán, sin embargo el crecimiento paulatino de la población obligó a ir ganando terreno sobre estas zonas, forzando a los indígenas a ocupar áreas sobre los antiguos lagos (principalmente al norte y oriente de la ciudad)”. (Campos Salgado, 2005: 53) Si esto aconteció en los primeros años de la conquista española, luego de 1521, en las inmediaciones de lo que actualmente se conoce como el Centro Histórico de la Ciudad de México, ¿qué podría pensarse de lo ocurrido ante el avance urbanístico de esta metrópoli a lo largo de los siglos XIX y XX con relación a los pueblos originarios invadidos y transformados en delegaciones o barrios?, ¿se ha convertido en una invisibilización social de dichos pueblos originarios que antaño la rodeaban?

El mapa de la ciudad de México-Temixtitan atribuido a Cortés y publicado en Nuremberg en 1524, de claro propósito estratégico-militar, puede considerarse como el primer documento cartográfico de estilo europeo que se haya elaborado en el territorio nacional. Además de representar a la ciudad mexica, traza también el contorno del Golfo de México, con las principales corrientes que en él desembocan. Ya que Cortés y sus huestes no habían explorado todavía el litoral representado, obviamente estaban copiándolo de otra fuente. La cartografía y el territorio nacional. Una breve retrospectiva, p. 29, INEGI, http://www.inegi.gob.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/integracion/especiales/infogeo/geo1w.pdf  (Consultado el 1° de febrero de 2013).
El mapa de la ciudad de México-Temixtitan atribuido a Cortés y publicado en Nuremberg en 1524, de claro propósito estratégico-militar, puede considerarse como el primer documento cartográfico de estilo europeo que se haya elaborado en el territorio nacional. Además de representar a la ciudad mexica, traza también el contorno del Golfo de México, con las principales corrientes que en él desembocan. Ya que Cortés y sus huestes no habían explorado todavía el litoral representado, obviamente estaban copiándolo de otra fuente. La cartografía y el territorio nacional. Una breve retrospectiva, p. 29, INEGI, http://www.inegi.gob.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/integracion/especiales/infogeo/geo1w.pdf  (Consultado el 1° de febrero de 2013).

En un principio habría que recordar que actualmente se prefiere entre muchos especialistas el término de pueblos originarios en vez del de pueblos indígenas, sin embargo, para este trabajo utilizaré los dos conceptos como sinónimos. Según Carlos Montemayor, apoyándose en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo:

La identificación de los pueblos indígenas en este convenio parte, pues, de tres principales hechos. Primero, que los pueblos indígenas son descendientes de los habitantes originales de los territorios que hoy pertenecen a los estados modernos; segundo, que poseen en su totalidad o en parte ciertas instituciones políticas, económicas, sociales y culturales; tercero, que es fundamental su conciencia de asumirse como pueblos indígenas. (Montemayor, 2008: 157)

Mapa de San Agustín de las Cuevas mostrando los pueblos y barrios aledaños de San Marcos, El Calvario, Santa Úrsula Xitla, San Pedro Mártir, entre otros. Hoy en día la iglesia principal se encuentra en el centro histórico de la Delegación Tlalpan, 1537. (Ramo Tierras, vol. 2999, exp. 15, f. 7, Archivo General de la Nación, en adelante AGN)
Mapa de San Agustín de las Cuevas mostrando los pueblos y barrios aledaños de San Marcos, El Calvario, Santa Úrsula Xitla, San Pedro Mártir, entre otros. Hoy en día la iglesia principal se encuentra en el centro histórico de la Delegación Tlalpan, 1537. (Ramo Tierras, vol. 2999, exp. 15, f. 7, Archivo General de la Nación, en adelante AGN)

Los pueblos indígenas que desde la época precolombina rodeaban a Tenochtitlan, hoy Ciudad de México, fueron absorbidos con la expansión urbanística de la metrópoli. Esto explica la razón por la cual el Gobierno del Distrito Federal a través de sus delegaciones políticas, que algunas de ellas antes eran municipios, procura llevar un seguimiento sobre la extensión de tierra que ocupan y a qué se decían sus habitantes. El antropólogo Andrés Medina Hernández, especialista del tema de estudio de los pueblos originarios de la Ciudad de México, analiza la manera como en el siglo XX se dio este proceso de despojo e invasión de las tierras comunales de estos pobladores:

El populismo gubernamental de los años setenta habría de tener otra faceta que golpearía a las comunidades inmersas en el desarrollo urbano, tal es la promoción y legalización de las invasiones de tierras comunales por parte de dirigentes políticos que movilizan a grandes contingentes de familias pauperizadas y migrantes; esto convierte las tierras comunales en suelo urbano de mayor valor y abre paso a las grandes inmobiliarias que pronto negocian con los dirigentes, pero también crea una base social que es canalizada por organizaciones y partidos políticos, como es el caso del Frente Popular Francisco Villa, entre otros.

Asimismo, como respuesta a los diferentes problemas planteados por el crecimiento urbano se desarrolla, en esos años, un programa de grandes obras viales y construcciones monumentales inscritas en la orientación populista gubernamental, pero que afectan desastrosamente a los pueblos antiguos, como sucede, por ejemplo, con la partición y destrucción de Tacubaya, Mixcoac, La Piedad, Tlacoquemécatl y otros pueblos, con la realización de vías rápidas, como el viaducto Miguel Alemán y el anillo periférico. Por otro lado, la construcción del estadio Azteca, de la zona de hospitales en Huipulco, del colegio militar y del club de golf México deja sin sus tierras de cultivo a los pueblos de Santa Úrsula Coapa y San Pedro Mártir, entre otros afectados en la delegación de Tlalpan. (Medina Hernández, 2007: 34)

 

El Valle de México, su zona lacustre y los pueblos originarios

El Valle de México se ha visto transformado por la acción del hombre, no sólo por los fenómenos naturales. Algo importante ha sido la desecación de sus zonas lacustres lo que ha derivado en el cambio de vida de los pobladores de esta vasta región del país. Ya Alfonso Reyes describía notablemente esta transformación por la casi completa desaparición de sus lagos, ríos y canales en su Visión de Anáhuac:

Es la desecación de los lagos como un pequeño drama con sus héroes y su fondo escénico. Ruiz de Alarcón lo había presentido vagamente en su comedia de El semejante a sí mismo. A la vista de numeroso cortejo, presidido por Virrey y Arzobispo, se abren las esclusas: las inmensas aguas entran cabalgando por los tajos. Ése, el escenario. Y el enredo, las intrigas de Alonso Arias y los dictámenes adversos de Adrián Boot, el holandés suficiente; hasta que las rejas de la prisión se cierran tras Enrico Martín, que alza su nivel con mano segura.

Semejante al espíritu de sus desastres, el agua vengativa espiaba de cerca a la ciudad; turbaba los sueños de aquel pueblo gracioso y cruel, barriendo sus piedras florecidas; acechaba, con ojo azul, sus torres valientes.

Cuando los creadores del desierto acaban su obra, irrumpe el espanto social. (Reyes, 1983:11)

San Gerónimo y Coyoacán, 1554(Tierras, vol. 3501, exp. 8, f. 1, AGN)
San Gerónimo y Coyoacán, 1554(Tierras, vol. 3501, exp. 8, f. 1, AGN)

Los altepetl prehispánicos del Altiplano Mexicano, los señoríos, fueron desapareciendo poco a poco a lo largo del período colonial, sin embargo, muchos de los pueblos indígenas fundados con el reconocimiento de la Corona española durante el siglo XVI y que eran una continuación de los antiguos poblados, los asentamientos indígenas prehispánicos, es decir, de los tecpan –casa de mayorazgo- y de los calpulli-tlaxilacalli  -barrio, estancia, pago-, se mantuvieron en los alrededores de la Ciudad de México hasta el siglo XIX y parte del XX. Luego de la Revolución Mexicana los ejidos y las tierras comunales que habían sufrido los embates de las reformas liberales de la segunda mitad del siglo XIX que desamortizaron los bienes de las poblaciones indígenas, fueron recuperados por el común de estos pobladores y amparados con el artículo 27 de la Constitución Mexicana. Sin embargo, durante el sexenio neoliberal salinista, 1988-1994, se modificó dicho artículo y se privatizaron los ejidos.

A finales del siglo XX, las reformas constitucionales al artículo 27, es decir, el término del proceso llamado Reforma Agraria, fue presentado como un signo de justicia y no como un procedimiento para acelerar la descomposición del ejido y propiciar el nacimiento de nuevos latifundios que compitieran a nivel internacional bajo las nuevas reglas del comercio. Como en el pasado, la resistencia indígena se manifestó también con las armas pocos años después de consumada esa modernización de la tierra, surgieron movimientos guerrilleros en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y en tres o cuatro estados más de la República, todos caracterizados por la pobreza extrema de su población indígena. (Montemayor, 2008: 129)

Río Mixcóac, Churubusco, San Ángel, Coyoacán, 1721. (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)
Río Mixcóac, Churubusco, San Ángel, Coyoacán, 1721. (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)

Mora Vázquez  comenta que desde la época prehispánica hasta nuestros días, el espacio geográfico de la cuenca de México es sede de una gran diversidad de asentamientos humanos, específicamente se refiere a grupos predominantemente otomíes, tepanecas y diferentes grupos nahuas que desde hace aproximadamente 22,000 años, hacia el año 1,000 a. de n.e., formaron numerosos sitios en la región; además de Tlapacoyan, Cuauhtlalpan, Coatepec, Xalistoc y Tepetlaoztoc, época en la que se desarrolló la agricultura, creció la población, se intensificó el comercio interregional y se vio incrementada la colonización de la zona septentrional de la cuenca. Asimismo reflexiona que:

Parte de la memoria histórica se constituye con los hechos que dan cuenta de las transformaciones sufridas en su territorio, a partir de la segunda década del siglo XX. Después de que se consolidó la Revolución de 1910, la Reforma Agraria logró fraccionar las grandes haciendas propietarias de grandes extensiones de tierra cultivable, para conformar el ejido de los pueblos y, en ciertos casos, restituyó la propiedad comunal para usufructo de sus habitantes. Estas circunstancias favorecieron por algún tiempo la producción agrícola en beneficio de sus pobladores, hasta el momento de la venta y expropiación de parcelas y predios para la construcción de infraestructura urbana […] los pueblos de Ixtacalco perdieron el abasto de agua para sus tierras de cultivo así como el ingreso económico que obtenían de los visitantes que llegaron por el canal de La Viga los domingos y los días festivos: la avenida de los Insurgentes dividió pueblos y barrios localizados a su paso por diferentes delegaciones. El periférico fraccionó el pueblo de Tizapán, en Álvaro Obregón. (Mora Vázquez, 2008: 27)

Plano del Colegio de Santa Ana de los carmelitas descalzos del pueblo de San Jacinto Tenanitla, hoy San Ángel, jurisdicción de Coyoacán, 1684. En la actualidad el frente del templo y exconvento se ubica en el cruce de Avenida Revolución y calle de La Paz, Coyoacán. En la parte de atrás, en donde estaban los árboles de frutos -como peras, perones y manzanas- y las hortalizas, ahora se encuentran las avenidas Insurgentes, Miguel Ángel de Quevedo, y la calle empedrada del Paseo del Río de la Magdalena que atraviesa la colonia Chimalistac. (Archivo General de Indias, ES.41091.AGI/26.17//MP-MEXICO,762)
Plano del Colegio de Santa Ana de los carmelitas descalzos del pueblo de San Jacinto Tenanitla, hoy San Ángel, jurisdicción de Coyoacán, 1684. En la actualidad el frente del templo y exconvento se ubica en el cruce de Avenida Revolución y calle de La Paz, Coyoacán. En la parte de atrás, en donde estaban los árboles de frutos -como peras, perones y manzanas- y las hortalizas, ahora se encuentran las avenidas Insurgentes, Miguel Ángel de Quevedo, y la calle empedrada del Paseo del Río de la Magdalena que atraviesa la colonia Chimalistac. (Archivo General de Indias, ES.41091.AGI/26.17//MP-MEXICO,762)

En 1532, el utopista Vasco de Quiroga fundó el pueblo hospital indígena de Santa Fe, cercano a la ciudad de México en el camino hacia Toluca. Actualmente poca gente se entera que atrás del moderno núcleo urbano de Santa Fe se halla ese poblado que, incluso, hacia 1910, llegó a albergar una importante fábrica de pólvora. En las últimas décadas del siglo XX se cubrió la zona llena de minas de arena y de basurales en los alrededores de dicha población de Santa Fe para construir una moderna zona habitacional, universitaria y de negocios con altos edificios. Las delegaciones políticas limítrofes en esta región  son las de Cuajimalpa, de Álvaro Obregón y Miguel Hidalgo. Dentro de estas delegaciones se encuentran varios de los pueblos indígenas prehispánicos-coloniales como Tacubaya o los que conforman a la citada Delegación de Cuajimalpa de Morelos. El vocablo Cuajimalpa es de origen náhuatl, Cuauhximalpan, de Cuauhximalli, acepilladuras de madera, y pan, locativo, voz que significa aserradero.

Los tepanecas, aliados con los otomíes, se asentaron en la región boscosa de Cuajimalpa en la primera mitad del siglo XIV, en 1342. El Señorío de Azcapotzalco los controló política y administrativamente por cerca de 100 años hasta 1447. En ese año los pueblos indígenas situados en el Valle de México se rebelan y consiguen integrarse a la Triple Alianza, que formaban Texcoco, Tenochtitlán y Tacuba, para liberarse del yugo tepaneca; posteriormente, sus tropas derrotan en Huixquilucan a las de Azcapotzalco.

Códice Techialoyan de Cuajimalpa, siglo XVII. (Ramo Tierras, Volumen 3684, exp. 2, fojas 1-27, AGN )
Códice Techialoyan de Cuajimalpa, siglo XVII. (Ramo Tierras, Volumen 3684, exp. 2, fojas 1-27, AGN )

Al consumarse la conquista española, Hernán Cortés fundó pueblos en la zona como el de Santa Rosa y el de Santa Lucía, pero dio mayor importancia a otros que ya existían, tales como Cuauhximalpan, Chimalpa y Acopilco, agregándoles un nombre español junto con el indígena; también aseguró el tránsito de sus hombres a lo largo del camino México-Toluca y de paso hizo que prosperaran sus asentamientos agrícolas y ganaderos. Cuajimalpa formó parte del Marquesado del Valle, eso explica que en 1534, Cortés otorgara tierras a los pueblos de la región como San Lorenzo Acopilco, San Mateo Tlaltenango, San Pablo Chima y San Pedro Cuauhximalpa. En 1821, luego de la Independencia de México, Cuajimalpa fue considerada como Municipio hasta el año 1928, ya que a partir del 1° de enero de 1929 se convirtió en una Delegación del Distrito Federal. Fue en 1970 que se le denominó Cuajimalpa de Morelos.[2]

Un altepetl importante prehispánico fue Tlacopan, mejor conocido como Tacuba. Formó parte de la Triple Alianza junto con Texcoco y Tenochtitlan. Allí fue en donde Hernán Cortés lloró su derrota, el 30 de junio  de 1520, bajo el árbol de ahuehuete llamado de la noche triste en el barrio de Popotla.

Los franciscanos establecieron su convento en Tacuba y su templo se erigió bajo la advocación de San Gabriel Arcángel. En 1632 existían en Tacuba 60 haciendas y 200 vecinos labradores y, casi a fines del siglo XVIII, contenía a 28 pueblos y 12 barrios. El río de los Remedios fue vital para el desarrollo de estas comunidades. […] Los indígenas se dedicaban a la tala de árboles en Monte Alto y Huixquilucan; así como a la extracción de piedras en la cantera; o como peones, pulqueros o arrieros en las haciendas. Para 1794 Tacuba era “una llanura hermosa, fértil y sana, [que tenía] en su jurisdicción 45 pueblos y barrios, entre ellos uno en que está el Colegio de San Joaquín de carmelitas descalzos…”.[3]

Mapa de Tacubaya, Cuajimalpa, Santa Fe, 1721 (Gamiño, 1994)
Mapa de Tacubaya, Cuajimalpa, Santa Fe, 1721 (Gamiño, 1994)

Otro pueblo originario fue Tacubaya, que estuvo habitado por gentes provenientes de Teotihuacán, posteriormente por chichimecas-culhuaques, seguidos de tepanecas, otomíes y mexicas. Luego de la conquista española formó parte del Marquesado del Valle de Hernán Cortés y del Corregimiento de Coyoacán. Si bien era un pueblo que dependía políticamente de la república de indios novohispana con sus gobernadores caciques y demás miembros indígenas del cabildo, desde un principio fue invadido por los españoles que construyeron molinos de trigo o tuvieron estancias ganaderas y haciendas agrícolas, incluso con olivares. En las haciendas de españoles y caciques indígenas se llegó a hacer aceite de oliva. Los españoles y criollos tuvieron en Tacubaya sus casas de recreo.

Luego de la guerra de Independencia continuó por un tiempo esta tradición de descanso dominical y por eso los jardines de las casas de Tacubaya tenían fama por su hermosura, un ejemplo de ello sería lo que ahora es llamado Parque Lira. En el siglo XIX fue convertido en municipio. Sucesos importantes como el asesinato del pintor Daniel Thomas Egerton y doña Inés Edward, su mujer, con 9 meses de embarazo, el 27 de abril de 1842 hicieron que las personas acomodadas ya no simpatizaran tanto con la idea de ir a Tacubaya a pasar sus fines de semana. Otro acontecimiento terrible fue el crimen cometido por el llamado tigre de Tacubaya, Leonardo Márquez, el 11 de abril de 1859, durante la Guerra de Reforma, por lo que a esas víctimas se les recuerda como los mártires de Tacubaya. Antonio López de Santa Anna, conocido como “el cometa de Tacubaya” porque cada vez que tenía problemas y salía de la ciudad de México, se alojaba por temporadas en la casa de descanso de los arzobispos en, en cuyos jardines, por cierto, es donde ahora se encuentra la Preparatoria N° 4 de la UNAM y a fines del siglo XIX estuvo por un tiempo el observatorio nacional. Ahora en ese edificio colonial que fuera la casa de descanso del arzobispado, entre otras oficinas, como el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, se encuentra la Mapoteca Manuel Orozco y Berra. (Delfín Guillaumin, 2012)

Pueblos de San Andrés, Chimalcoyoc, San Pedro Mártir, Xucalco, Ajusco, Petlacalco, Hacienda de Batiño, Rancho de Sabino, 1722. (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)
Pueblos de San Andrés, Chimalcoyoc, San Pedro Mártir, Xucalco, Ajusco, Petlacalco, Hacienda de Batiño, Rancho de Sabino, 1722. (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)

Santo Tomás y San Miguel Ajusco forman parte de la Delegación Tlalpan. Son dos poblados indígenas que fueron muy importantes durante el período prehispánico. Se encuentran en los límites del Distrito Federal con el Estado de México y, desafortunadamente, al parecer, desde hace bastante tiempo se están suscitando litigios entre los agricultores de la zona por cuestiones de límites en los linderos comunales y ejidales.

La disputa entre estas comunidades por mil 509 hectáreas de tierra es similar a otras en el país. Se remonta a la época colonial cuando los españoles asignaban la misma tierra a pueblos vecinos para que pelearan entre ellos. Situados en la cordillera montañosa que divide al Distrito Federal y al estado de México, los dos pueblos tienen un origen indígena. Sus antepasados participaron juntos en la guerra de independencia, combatieron a los invasores norteamericanos y lucharon con Emiliano Zapata. Hoy, a pesar de sus diferencias, también comparten enemigos comunes: los viejos caciques priístas (y los de nuevo signo) que han vendido sus tierras y talado sus bosques; la expansión urbana que amenaza sus montes y a sus comunidades; las políticas que han destruido su economía campesina y el medio ambiente; los grupos empresariales que ambicionan sus tierras; y la ineptitud y corrupción de las autoridades encargadas de atender sus problemas. Ambas viven procesos de recuperación de su vida comunitaria y enfrentan a los gobiernos locales. (Ramírez Cuevas , 2003)

Mapa del Cerro Grande de Ajusco,
Mapa del Cerro Grande de Ajusco, "Tierras de la hacienda de San Nicolás Mipulco y del rancho de San Isidro del Arenal, Ajusco, 1792" (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)

En este sentido, Amos Megged proporciona esta valiosa información sobre los poblados del Ajusco y sus colindancias a lo largo del tiempo:

Los modernos pueblos vecinos de Santo Tomás y San Miguel Ajusco están localizados en lo alto de la sierra Ajusco-Chichinauhtzín, a sólo 10 km al sureste de la ciudad de México. A mediados del siglo XV, el tiempo de las grandes conquistas de Axayacatl en el vecino valle de Toluca (1476-1478), Axoxpan colindaba al suroeste con Huitzilahuac, una dependencia de Yautepec en Cuauhnáhuac. Al este colindaba con Malacatepec Momoxco (Milpa Alta), al noreste con Xochimilco y su chinampa, y al oeste con Xalatlauhco (Nepinta-Tuhi, en Matlatzinca, valle de Toluca), una dependencia de Tlacopan. Con base en un sondeo de los límites de su territorio mencionados en el título de Ajusco que realicé con las autoridades locales municipales en agosto del 2007, llegué a la conclusión que su asentamiento original bien pudo haberse extendido desde las pendientes del monte Axoxco (o Pelado, 3.600 msnm) al noreste hasta el sureste alrededor del monte Metzontepec. En la época colonial, el pueblo de Santo Tomás Ajusco colindaba al noreste con el altépetl de Coyoacán, al sur con Huitzilac, al este con Xochimilco y Milpa Alta (Malacatepec Momoxco), y al oeste con Xalatlaco. (Megged, 2010: 108)

Collage formado con las imágenes del texto de Amos Megged,
Collage formado con las imágenes del texto de Amos Megged, "El relato de memoria de los axoxpanecas (posclásico tardío a 1610 DC)"

De acuerdo con lo anterior, los límites territoriales del Ajusco se daban desde antaño con Xochimilco y Milpa Alta. En consecuencia, vale mencionar lo que nos informa Iván Gomezcésar Hernández acerca de Milpa Alta. Ésta actualmente es una de las dieciséis Delegaciones Políticas del Distrito Federal y está integrada por doce pueblos originarios. De ellos, Villa Milpa Alta, San Pedro Atocpan, San Pablo Oztotepec, San Lorenzo Tlacoyucan, Santa Ana Tlacotenco, San Jerónimo Miacatlán, San Francisco Tecoxpa, San Juan Tepenahuac y San Agustín Ohtenco conforman la Confederación de los Nueve Pueblos. Se incluyen a San Antonio Tecómitl, más ligado culturalmente a la vecina Delegación de Tláhuac, así como San Bartolomé Xicomulco y San Salvador Cuauhtenco, que pertenecieron hasta principios del siglo XX a la actual Delegación de Xochimilco. Este autor supone que:

…las poblaciones afectadas por el crecimiento de la Ciudad de México lejos de desaparecer, al ser “modernizadas”, despliegan una compleja estrategia de supervivencia que les permite reproducirse e incidir en la vida política y cultural de la ciudad. Esto no ha sido apreciado por la densa herencia colonial euro centrista que domina la cultura de la ciudad y por una condición metropolitana que ha sido acentuada con los efectos del proceso de globalización. Sin embargo, este mismo proceso ha abierto espacios para su reconocimiento, así como también el impacto del movimiento de los pueblos indios, particularmente el producido por el neo-zapatismo chiapaneco que emerge en 1994 con un discurso que reivindica la raíz mesoamericana de la nación mexicana. (Gomezcésar Hernández, 2004: 53 y 158)

Resulta pertinente incluir la información que Medina Hernández proporciona acerca del vínculo que se da a través de las peregrinaciones religiosas y celebraciones entre los pueblos originarios de la Ciudad de México y de éstos con poblados de otras entidades federativas. Así, al Ajusco llega, desde fines del mes de abril o principios de mayo, el venerado Señor de los Milagros “procedente de Acopilco, en Cuajimalpa, para durante dos meses y medio ir de casa en casa, permaneciendo un día en cada una, lo que ocasiona un ambiente festivo, para luego continuar por Topilejo. La imagen tiene como punto de partida el pueblo de San Juan Nuevo, en Michoacán.” Asimismo, señala este autor que el Niñopa, el Niño Dios itinerante de Xochimilco, visita las casas todos los días, pero no pernocta en ellas. El Niñopa es solicitado “tanto por los vecinos de esta delegación como por otros pueblos de los alrededores, celebrando su visita con música, comida, bebida y rezos diversos.” (Medina Hernández, 2007: 34)

Por otra parte, Andrés Medina Hernández en su escrito hace referencia al trabajo de investigación de los antropólogos sociales Laura Amalia Aréchiga Jurado y Alejandro García Rueda titulado Santiago Zapotitlán: identidad y tradición. Dinámica cultural de un pueblo cuitlahuaca, en el que se resalta la relación de respeto entre el poblado de Los Reyes, Coyoacán y el de Zapotitlán, Tláhuac en el culto ofrecido a otro santo peregrino, el Señor de las Misericordias.

Este culto tiene como referencia una historia según la cual la imagen era llevada a Zapotitlán, pero en el camino los encargados se detuvieron en Los Reyes para descansar, cuando la quisieron mover se hizo tan pesada que tuvo que quedarse y ser venerada allí. Esto ha generado una relación muy ritualizada entre los dos pueblos; así, en el miércoles de la tercera semana de la cuaresma los habitantes de Zapotitlán van a hacer la fiesta a Los Reyes, ofreciendo comida en el atrio de la iglesia. Pero por otro lado, los de Los Reyes, ante el peligro de ser despojados de la sagrada imagen, han regalado una réplica a los de Zapotitlán, a la que llaman “El chaparrito”. Ésta recorre las casas de los vecinos de Zapotitlán en dos ciclos, uno que va del miércoles de ceniza a la tercera semana de la cuaresma, cuando es llevado a Los Reyes, y el otro abarca de junio a septiembre, para luego instalarse en la iglesia de Zapotitlán. (Medina Hernández, 2007: 34).

Por su antiguo sistema de canales y riqueza biológica, Xochimilco es considerado hoy Patrimonio de la Humanidad. Foto de la década de 1930. (González Vilchis, 2011)
Por su antiguo sistema de canales y riqueza biológica, Xochimilco es considerado hoy Patrimonio de la Humanidad. Foto de la década de 1930. (González Vilchis, 2011)

Si bien Xochimilco fue reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1987, a lo largo del siglo XX sufrió las consecuencias de la desecación de los lagos de Texcoco y Zumpango,  del entubamiento de los ríos que llegaban a sus lagos como el San Buenaventura o el río Parres-Santiago, el agotamiento de los ojos de agua, es decir, manantiales y también por el terrible proceso de desforestación. Según informa Oscar Alatriste Guzmán, la Delegación de Xochimilco es sumamente importante por diversas razones, en particular, por la chinampería. Actualmente, comenta este autor,  la ordenación del espacio urbano se ha visto afectada en casi todos los pueblos y barrios de Xochimilco. Así, en la estructura territorial lacustre de la delegación que es de tipo suburbana y rural hoy en día:

…el visitante puede observar las chinampas que son, sin lugar a dudas, el último testimonio vivo de una forma de producción que alimentó e hizo prosperar a vastos grupos humanos en los periodos prehispánicos, colonial y republicano; y como los pobladores originarios continúan organizando algunas prácticas productivas y sociales que aún lo distinguen y que permiten hablar de la persistencia de costumbres cotidianas en los pueblos chinamperos. Las chinampas significan para los habitantes locales parte de sus creencias, costumbres, relaciones sociales, etc., que los diferencian. Esto es lo que ha permitido que las chinampas se conserven y que en esta segunda mitad del siglo se estén recuperando.

[…] Con respecto a los mercados, precisamente uno de los atractivos de Xochimilco es su céntrico mercado donde se puede adquirir verdura fresca, comida hecha, plantas de ornato, etc. En particular, para adquirir una gran variedad de flores, árboles frutales, plantas, tierra negra y de hoja, macetas de diferentes figuras y materiales, maceteros y muchos otros objetos para decoración de jardines, es imprescindible visitar alguno de sus múltiples viveros, como lo es el denominado Madreselva o el de Cuemanco. Aunado a los atractivos descritos, Xochimilco también cuenta con áreas boscosas, un ejemplo de esto son los bosques de San Luis Tlaxialtemalco y el de Nativitas. (Alatriste Guzmán, 2005: 135 y 138)

Acerca de San Francisco Tlaltenco, un pueblo antaño lacustre, en el que ahora sus habitantes sufren los cambios en su entorno por la presencia de fábricas, nuevos vecinos procedentes de otras localidades que no comparten sus costumbres pueblerinas,  y la construcción reciente de la línea 12 del tren subterráneo, se sabe que:

Ni siquiera hace falta excavar en el ejido de Tlaltenco, Tláhuac, para encontrar vasijas, piedras talladas, huesos fosilizados y figurillas prehispánicas a menos de un kilómetro de donde el Gobierno del Distrito Federal pretende instalar la terminal de la Línea 12 del Metro.
Crónica visitó a Leonardo Jiménez, ejidatario y propietario de un pequeño establo en ese poblado, él cada que saca a pastar sus vacas encuentra figuras como “expansores de orejas” o vasijas deterioradas por el paso del tiempo, aunque lo que más le gusta es su colección de hojillas de obsidiana de las que tiene cerca de 100 diferentes y de distintos tamaños.[4]

Tlaltenco está avecindado con Tláhuac, poblado muy importante desde la época prehispánica. Andrés Medina Hernández realiza un excelente trabajo antropológico acerca de las fiestas y rituales de las comunidades de Tláhuac. Así, nos informa lo siguiente:

Hasta donde llegan nuestros datos actualmente, en San Francisco Tlaltenco, San Pedro Tláhuac, Santa Catarina Yecahuízotl, San Nicolás Tetelco y San Andrés Mizquic, hay sólo una fiesta patronal; aunque en algunos de ellos, como son San Pedro, Santa Catarina, San Andrés y el ya mencionado San Juan, la organización social original, por lo menos del periodo colonial, estaba basada en cuatro barrios. La expresión cosmovisiva de esta organización se advierte en el atrio de la iglesia de Yecahuízotl, en el que en cada esquina se sitúa una capilla para cada barrio, con lo que se marca la concepción cuadripartita del mundo, la que define los cuatro rumbos fundamentales del universo. De todos ellos sólo Santa Catarina conserva su organización original, pues en los otros se han añadido otros barrios a lo largo del tiempo. (Medina Hernández, 2004: 172-173)

Mixquic, Xochimilco, Ayotzingo y Chalco, 1579. (Tierras, vol. 67, exp. 2, f. 1, AGN)
Mixquic, Xochimilco, Ayotzingo y Chalco, 1579. (Tierras, vol. 67, exp. 2, f. 1, AGN)

Por su parte, Mancilla Castañeda nos informa sobre el rito ofrecido a los difuntos en San Andrés Mixquic, pueblo también vecino de Tláhuac, y que es famoso por sus celebraciones religiosas del 1° y 2 de noviembre en que se honra a los difuntos infantes y mayores:

Cada año las ánimas de los muertos que reposan en las tumbas que rodean la parroquia del pueblo, reciben de la divinidad un día de asueto y sus deudos se aprestan a hacerles agradable su estancia terrenal; para lo cual, prepararan una serie de ceremonias típicas que datan de mucho tiempo atrás; con pétalos de flor de cempasuchitl con el que adornan las tumbas, así mismo, se colocaran dos o más velas. Al comenzar a parpadear la tarde, se encienden las velas y el copal hasta formar una nube pardusca que envuelve el camposanto; entonces, es cuando los vivos elevan sus plegarias y con el humo del copal Dios acoge sus sinceras oraciones". Ésta es la primera noticia periodística que se publicó en los principales diarios matutinos de la Ciudad de México, de la celebración y alumbramiento de tumbas en el panteón que se encuentra ubicado alrededor de la parroquia del Pueblo de San Andrés Mixquic (La prensa, 4-nov.-1958). (Mancilla Castañeda, 2003)

Otra particularidad de Mixquic es su patrimonio gastronómico; éste conserva mucho de lo prehispánico combinado en una suave mescolanza de sabores, aromas e ingredientes con lo añadido durante la etapa colonial española. En este sentido, nos informa Torres Cadena que:

En San Andrés Mixquic hay personas que todavía elaboran “el verdecito”, platillo que algunos de sus pobladores cuentan que se preparaba para el rey Moctezuma I. Este guiso se podía elaborar con carne de armadillo, tortuga o codorniz, chile, tomate, flor de calabaza, chilacayotes tiernos y elote. Las cantidades adecuadas de carne eran dos tortugas medianas, la mitad de un armadillo o un trozo de carne de venado, fritas con grasa de jabalí. Ahora se ha sustituido por carne de cerdo o pollo y se han incorporado otros ingredientes como la cebolla, el ajo, las habas verdes, el aceite vegetal o de cártamo. (Torres Cadena, 2003: 2)

Marcador de juego de pelota tallado en piedra volcánica
Marcador de juego de pelota tallado en piedra volcánica "ubicado en el atrio principal de la iglesia del pueblo de Tláhuac"

Sobre los elementos que conforman el patrimonio histórico y cultural de los poblados de la Delegación de Tláhuac se sabe que los dominicos fueron los encargados de evangelizar esa región y que el templo convento de San Pedro Apóstol con relieves en su parte exterior de estilo mudéjar es del siglo XVII. Dentro de la Delegación Tláhuac fluyen cuatro canales, a saber, el Atecuyuac, el Amecameca, el de Chalco y el Guadalupano, éstos dos últimos llegan a ser un fuerte atractivo turístico. Hay otros canales menos grandes que forman parte del sistema de riego de la zona agrícola de los vecinos de esa Delegación.

El tráfico de canoas durante decenas de años [en Tláhuac] fue el transporte único no solamente de personas entre pueblos y ciudades, sino también de verduras, granos, carbón, leña, madera, materiales para la construcción, tela y toda clase de mercaderías, inclusive de algunas que venían de oriente vía Acapulco-Chalco y de ese lugar hacia la metrópoli.[5]

Sin embargo, a pesar de contar con este patrimonio cultural, los integrantes del Núcleo Ejidal de San Pedro Tláhuac manifiestan su inconformidad y preocupación por el conflicto y despojo del que han sido víctimas desde 1996 a la fecha por parte de los Comisariados Ejidales sosteniendo que:

Dichos Comisariados Ejidales han abusado de su “mandato” emitiendo constancias de propiedad inválidas, además de adjudicarse cuatro lotes por integrante; han vendido lotes; se han enriquecido de forma ilícita y lo más grave es que han permitido que grupos de “invasores” los despojen de sus tierras, generando un clima de violencia e inseguridad en la comunidad.

Se pide procedan jurídicamente contra los responsables directos e indirectos de los fraudes de los que han sido víctimas por parte de los Comisariados Ejidales desde 1996 a la fecha, a quienes acusamos de enriquecimiento ilícito.[6]

Pasando a cosas más gratas, también se puede hablar sobre Tláhuac y su excelente tradición gastronómica que conforma su cultura culinaria. Así es como se puede apreciar la manera en la que se conservan sus elementos culturales y se dan a conocer a quienes lo visitan:

En Tláhuac se puede disfrutar de la comida tradicional mexicana aderezada con los productos que se producen en la región, como el huauzontle, la flor de calabaza, los quelites, las verdolagas, quintoniles, romeros, hongos seta y huitlacoche. El caldo de xoconoztle y los tlapiques (especie de tamal elaborado a base de pequeños trozos de pescado como los charales o carpa, y tripas de pato, pollo, o médula, aunque originalmente el tlapique era de rana o ajolote).

De la cocina tradicional de Tláhuac es también el michmole, hecho con pescado y aderezado con hierbas como epazote y la lengua de la vaca, el mole de metate, el chichicuilote aderezado con nopalitos y xoconoztle, tamales de fríjol cocidos, atole de pinole al que se le agrega piloncillo, canela y anís, atole de maíz remojado, escamoles y, desde luego, tortillas de maíz hechas a mano, el dulce de calabaza, quesos de leche de cabra.[7]

Litografía de Casimiro Castro de 1855 en la que se aprecia el pueblo y puente de Iztacalco, y el Canal de la Viga (Aguirre Botello, 2000)
Litografía de Casimiro Castro de 1855 en la que se aprecia el pueblo y puente de Iztacalco, y el Canal de la Viga (Aguirre Botello, 2000)

En el caso de Iztacalco sucede algo terriblemente distinto puesto que en la primera mitad del siglo XX dejó de ser un pueblo chinampero productor de chícharo, rábano, lechuga, betabel, nabo, amapola, flor de clemolito, alelí de color lila, blanco o roja. Se aprovechaban como alimento a las ranas, los ajolotes, las tortugas, las carpas, además de los patos, los gansos y las gallinas. Ahora sus canales, zanjas y chinampas se han cubierto de escombros y asfalto para ser convertidos en calles.

Algunos habitantes de Ixtacalco como don Juan Manuel Chaparro, se han preocupado por conocer la historia antigua de nuestra ciudad y de las chinampas mismas: “Netzahualcóyotl hizo un dique para separar las aguas saladas de las dulces, fue cuando comenzaron a florecer las chinampas en Tenochtitlan y en los demás puntos que los aztecas llamaban chinampecas, que vienen desde Nezahualcongo, la Magdalena Mixiuhcan, Santa Anita Zacatlalmanco, Iztacalco, La Magdalena Tlazompa, Nexquipa que es San Juanico y Mexicaltzingo, era una cadena, un collar de islitas que comunicaban al Cerro de la Estrella con Tenochtitlan. Allí se desarrollaban las chinampas realmente cuando llegaron los españoles.

Mexicalzingo, Churubusco, Tetepilco, Iztapalapa y Culhuacán, 1747, (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)
Mexicalzingo, Churubusco, Tetepilco, Iztapalapa y Culhuacán, 1747, (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)

A las chinampas le sembraban ahuejotes, árboles que enraízan muy profundo para anclarlas al limo o sea al fondo del lago. Cada temporada la hacían más gruesa y más rica la chinampa, y era un sistema muy productivo debido al clima, la lluvia, la riqueza de la tierra con la que se formaban. En ellas se podía cultivar todo el año, comenzaban a sembrar en una punta e iban cosechando en otra. Hasta tres o cuatro cosechas daba una milpa ya fuera de maíz, calabaza, chile, jitomate, frijol, tomate; con la llegada de los españoles ellos trajeron ya otras plantas. También se cultivaban muchas flores, yo considero que los antepasados, al igual que nosotros ¿no? nos gustaban mucho las flores. Ya durante el tiempo del virreinato Iztacalco se distinguía por sus cultivos de flores, entre otras la amapola que era sembrada para que en la temporada de fiestas se ofrendaran sus pétalos al paso de las imágenes, surgiendo así la fiesta llamada Mártires de las amapolas, exclusiva de Iztacalco. Ya después llegaron los chinos y la comenzaron a trabajar como droga y el gobierno la prohibió. Pero siempre, las flores se daban mucho aquí como el cincel, la espuela de caballero. (Tavares López, 2006: pp. 20-21)

Detalle del mapa. Terreno ubicado al centro, rodeado al este por dos poblados, el cerro de Iztapalapa junto al camino a Culhuacán, al sur varios sitios, al oeste la calzada de México y al norte San Andrés cercano a San Juanico. Trazado para mostrar ante la Real Audiencia el lugar marcado con la letra (E) que corresponde al sitio que piden los naturales de Mexicalzingo por encontrarse dentro del perímetro del pueblo. (
Detalle del mapa. Terreno ubicado al centro, rodeado al este por dos poblados, el cerro de Iztapalapa junto al camino a Culhuacán, al sur varios sitios, al oeste la calzada de México y al norte San Andrés cercano a San Juanico. Trazado para mostrar ante la Real Audiencia el lugar marcado con la letra (E) que corresponde al sitio que piden los naturales de Mexicalzingo por encontrarse dentro del perímetro del pueblo. ("Mexicalzingo, Churubusco, Tetepilco, Iztapalapa y Culhuacán, mapa realizado por Ildefonso de Iniesta Vejarano, 1747", Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN)

Fotografía de una peregrinación del Pueblo de San Andrés Tetepilco a la Basílica de Guadalupe, fecha desconocida. Se aprecia al fondo la parroquia y el arco del portal (San Andrés Tetepilco, 2009)
Fotografía de una peregrinación del Pueblo de San Andrés Tetepilco a la Basílica de Guadalupe, fecha desconocida. Se aprecia al fondo la parroquia y el arco del portal (San Andrés Tetepilco, 2009)

 

Conclusiones

María Teresa Romero Tovar informa que las luchas relativamente recientes por el reconocimiento de la propiedad comunal de la tierra, por el uso del suelo y los recursos naturales, forman parte de los ejes que han permitido la retroalimentación de la identidad frente al desmedido crecimiento de la ciudad. Sostiene que si bien desde la época colonial inicia un proceso de pérdida de tierras para la población originaria del país, en la ciudad este proceso se intensifica a partir de la segunda mitad del siglo XX. Los recursos naturales, como el agua y la madera de los bosques, son reclamados por una ciudad que crece incontroladamente hasta arrebatar las tierras de cultivo de los antiguos pueblos para ser utilizadas como espacios habitacionales. De esta forma, a lo largo de todo este proceso, la respuesta de los pueblos ha sido la lucha legal y, en ocasiones física, por sus propiedades comunales. En los últimos 50 años, los procesos de defensa han derivado en situaciones tan extremas como la desaparición de los pueblos, como el caso de San Simón Tolnahuac en la Delegación Cuauhtémoc, o el fortalecimiento de las identidades comunitarias y, junto a ello, el robustecimiento de sus tradiciones religiosas comunitarias como ha sucedido en el pueblo de Los Reyes, Coyoacán, sostiene esta autora. (Romero Tovar,  2009: 51 y 58)

Constituido desde tiempos remotos como un barrio de la población prehispánica de Mixcóac, comenta Tavares López  que Santa Cruz Atoyac se sitúa actualmente en la parte sur de la Delegación Benito Juárez. Dependía del señorío de Coyoacán y posteriormente alcanzó la categoría de pueblo. De acuerdo con el documento o manuscrito Memoria de la renta que se recogía y quien la daba, de mediados del siglo XVI, los vendedores de cáscaras de encinos de Atoyac o “Lugar de Manantial o Río” pagaban dos tomines (24 granos), mientras que los cacahuateros daban tres tomines (36 granos), señala este autor.

Según don Francisco Fernández del Castillo, en el tianguis de Coyoacán los mercaderes de lana de Atoyac pagaban medio real. Dos siglos después, el terreno triangular formado por las avenidas División del Norte, Universidad y el antiguo camino a Santa Cruz (hoy Miguel Laurent) constituía el ejido de Santa Cruz que perduró hasta 1929. Al hacer las excavaciones para los cimientos de su templo, los franciscanos encontraron un ídolo de piedra cantera, el cual según don Ángel María Garibay, fue transformado en la cruz atrial que hoy podemos admirar. (Tavares López, 1999: 37)

Plano de 1810 mostrando la iglesia parroquial de Culhuacán y la acequia de Los Reyes (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, “Culhuacán, Mexicalzingo, 19 de febrero de 1810, AGN)
Plano de 1810 mostrando la iglesia parroquial de Culhuacán y la acequia de Los Reyes (Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, “Culhuacán, Mexicalzingo, 19 de febrero de 1810, AGN)

Dentro de este proceso de desaparición- fortalecimiento de las identidades comunitarias entre los habitantes miembros de los pueblos originarios de la actual Ciudad de México, tenemos manifestaciones de reclamo como la de Rómulo Ortiz, vecino de Xoco, quien dice: “Yo francamente no estoy de acuerdo en que le quiten el nombre de pueblo, porque pus me gusta el nombre de pueblo de Xoco y ya no… ya es colonia Xoco… Lo que sí había eran unas huertas con mucha fruta… en aquel tiempo ponían zanjas para la división de los terrenos, entonces aquí había mucho tejocote, ni quien lo quería; tejocotes para comer y para cenar… dondequiera había tejocotes…” (Tavares López, 1999: 48) Otro vecino, Jorge Moreno Collado, comenta cómo ha observado la transformación de este antiguo barrio/hacienda de Xoco:

Fuimos testigos durante los últimos años de los 70 y principios de los 80, de la irrupción de la gran Ciudad sobre el pueblo de Xoco. Vimos cómo se generó una demanda de compra de los terrenos de los pobladores, quienes decidieron aceptar las condiciones benéficas ofrecidas por Bancomer y la Sociedad Mexicana de Autores y Compositores.

A la fecha hay lugares, vecindades del pueblo de Xoco en donde la gente corre peligro de que se incendien sus casas debido a la gran telaraña de alambres eléctricos que hay en la entrada de esas vecindades.

No es fácil conservar la tradición urbana de los pueblos en una delegación tan céntrica como la Benito Juárez, una zona que se ha vuelto verdaderamente comercial, de gran actividad económica y modernidad. Estos vestigios tradicionales de México están permanentemente en riesgo.

[…] La fisonomía de Xoco no solamente cambió por la llegada de Bancomer, sino también por las unidades habitacionales que se construyeron, la Cineteca Nacional y otros inmuebles… realmente queda poco de lo original de Xoco. Hubo el intento frustrado de convertir el cementerio de Xoco en estacionamiento y parque a la vez, y que los restos de las tumbas quedaran en criptas, haciendo una rotonda; fue un proyecto que no funcionó porque todos los pobladores de Xoco se opusieron. (Tavares López, 1999: 54-55)

Xoco y Mixcóac, collage armado con las imágenes del texto de Edgar Tavares López et al., Historia Oral de los Barrios y Pueblos de la Ciudad de México. Delegación Benito Juárez.
Xoco y Mixcóac, collage armado con las imágenes del texto de Edgar Tavares López et al., Historia Oral de los Barrios y Pueblos de la Ciudad de México. Delegación Benito Juárez.

A manera de cierre conclusivo, quisiera sumar a todo lo anteriormente reflexionado y citado a lo largo de este escrito que trata sobre la invisibilización social de los pueblos originarios de la capital del país, la mención acerca de la presencia de miembros de diversas comunidades indígenas que se han trasladado en épocas recientes a radicar en la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades de vida. Estas personas originalmente formaban parte de pueblos originarios indígenas de varias entidades de la República Mexicana, como los mazahuas del Estado de México, los zapotecas de Oaxaca o los p’urhépechas michoacanos. Ahora viven en esta mega urbe de más de 20 millones de habitantes en su zona metropolitana. Una muestra más de la destrucción de los hábitats tradicionales por el avance de la modernidad, el desarrollo y el proceso de urbanización en el país.

Pueblos de Mexicalzingo, Tetepilco, Iztapalapa,  Culhuacán y Churubusco, 1753
Pueblos de Mexicalzingo, Tetepilco, Iztapalapa,  Culhuacán y Churubusco, 1753", productor Ildefonso de Iniesta Vejarano, agrimensor. Instituciones Coloniales, Colecciones, Mapas, Planos e Ilustraciones 280, AGN.



Notas:

[1] Los españoles les llamaron señoríos a los altépetl. En este caso sería un gran señorío. Véase: Mª Elena Bernal García y Ángel Julián García Zambrano, “El altepetl colonial y sus antecedentes prehispánicos: contexto teórico-historiográfico”, pp. 31-113, en Federico Fernández Christlieb y Ángel Julián García Zambrano, coordinadores, Territorialidad y paisaje en el altepetl del siglo XVI, México, FCE-IG-UNAM, 2006.

[2] Historia de Cuajimalpa de Morelos, editor,

http://www.cuajimalpa.df.gob.mx/index.php?option=com_k2&view=item&layout=item&id=36&Itemid=585 (Consultado el 1° de febrero de 2013).

[3] “Tacuba”, http://www.mexicodesconocido.com.mx/tacuba.html (Consultado el 3 de febrero de 2013).

[4] Museo Cuitláhuac. Arte de Raíz: Tláhuac: Sitio oficial del primer Museo Regional Comunitario del Distrito Federal

http://www.cuitlahuac.org/article.php?sid=40 (Consultado el 31 de enero de 2013).

[6] Vídeo Conferencia de Prensa: Exige Núcleo Ejidal de San Pedro Tláhuac la Intervención de Autoridades Judiciales por despojo de tierras (Segunda Parte),  http://cencos.org/print/29684 (Consultado el 31 de enero de 2013).

[7] Enciclopedia de los Municipios y Delegaciones de México. Delegación del Distrito Federal. Tláhuac,

http://www.e-local.gob.mx/work/templates/enciclo/EMM09DF/delegaciones/09011a.html (Consultado el 31 de enero de 2013).

 

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http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/ImageServlet?accion=41&txt_id_imagen=1&txt_rotar=0&txt_contraste=0&txt_zoom=10&appOrigen=&cabecera=N

(Fecha de consulta 1º de junio de 2013).

 

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Cómo citar este artículo:

DELFÍN GUILLAUMIN, Martha Eugenia, (2013) “La Ciudad de México y la absorción territorial de los pueblos originarios vecinos”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 16, julio-septiembre, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Lunes, 28 de Septiembre de 2020.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=768&catid=6

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