Pacarina del Sur
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Narrativa de la Post-dictadura argentina. Cuando la ficción se apodera del presente

Narrative of the Argentine Post-dictatorship. When fiction takes over the present

Narrativa da pós-ditadura argentina. Quando a ficção assume o presente

Andrea Candia Gajá

Universidad Nacional Autónoma de México

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Recibido: 07-02-2020
Aceptado: 20-04-2020

 

 

El 24 de marzo de 1976 con la destitución de la presidenta Isabel Martínez y la ocupación de facto del poder por parte de las Fuerzas Armadas, la sociedad argentina ingresó en un período de aplicación sistemática del terrorismo de Estado contra las organizaciones populares. Secuestros, desapariciones, asesinatos, torturas y el exilio de miles de intelectuales y luchadores sociales fueron algunas de las consecuencias generadas por el régimen dictatorial.

La dictadura se mantuvo hasta 1983, cuando una situación social, económica y política insostenible aunada a la presión internacional y a las consecuencias negativas de la derrota en Malvinas, dejaron como única salida al régimen la convocatoria a elecciones. El proceso electoral favoreció al Partido de la Unión Cívica Radical representado por Raúl Alfonsín devolviendo la democracia a la sociedad argentina el 10 de diciembre de ese año.

Después de siete años de férrea dictadura militar, el tejido social se enfrentó a las consecuencias que dejó un régimen marcado por la intención de borrar a toda una generación de la historia argentina. Y como suele ocurrir en muchos actos de resistencia, las manifestaciones culturales empezaron a tener una presencia significativa en el espacio social. Literatura, teatro, cine, entre otras, se llenaron de expresiones de denuncia y representaciones testimoniales que mostraban la censura y represión del periodo dictatorial.

El proceso de reunificación de una sociedad que durante años vivió fracturada entre desaparecidos, censura, violencia y distintos tipos de exilios[1] quedó representado en una súbita proliferación de textos testimoniales, ficciones y muestras culturales que inundaron el espacio público. Algunos trabajos literarios de época comenzaron a cuestionar, por ejemplo, los errores de la lucha armada, así como el desenlace y la efectividad de episodios como la contraofensiva ejecutada por la organización Montoneros en 1979, que consistió en el regreso de un grupo de militantes en un momento en el cual la represión estatal ya había diezmado gravemente a esa agrupación político-militar.

El ejercicio de la rememoración de los años de lucha y desarraigo que el espacio literario brindó a los ex-militantes dio inicio al replanteamiento de un pasado imborrable, vigente y, en ocasiones, duramente confrontativo. Como afirma la ensayista y crítica literaria Beatriz Sarlo, en su libro Tiempo Pasado, “el regreso del pasado no es siempre un momento liberador del recuerdo, sino un advenimiento, una captura del presente. Proponerse no recordar es como proponerse no percibir un olor, porque el recuerdo, como el olor, asalta, incluso cuando no es convocado” (Sarlo, 2006, pág. 9).

En esta exhumación de los restos de la historia, se enfrentaron voces que permitieron empezar a replantear la interpelación entre distintas miradas de la memoria, con el propósito de construir un caleidoscopio que muestre los pliegues de las historias que conformaron y que siguen constituyendo la realidad de un país que continúa en elaboración del duelo de un pasado que no debe ser olvidado y que, como afirma Sarlo, se hace presente.


Imagen 1. www.amazon.com

 

Hijos de los setenta

El acto de desenterrar el pasado no estuvo limitado únicamente a quienes formaron parte activa de la resistencia a la opresión. El desenlace de los años de dictadura resultó en el protagonismo de una generación de hijos que conformaron su identidad a partir de la clandestinidad y el exilio al que debieron acompañar a sus padres o bien, desde la permanente ausencia de éstos.[2]

Fue así como creció una generación que abrió el espacio a la crítica a partir del distanciamiento con quienes los precedieron. Son, como lo afirman Carolina Arenes y Astrid Pikielny en su libro Hijos de los 70 “hijos e hijas de hombres y mujeres que estuvieron relacionados de algún modo con la violencia política de los años 70…Hijos que defienden lo actuado por sus padres. Hijos que los cuestionan y toman distancia” (Arenes & Pikielny, 2016, pág. 9).

Dicha generación ha crecido en medio de la necesidad del recuerdo y el deseo del olvido; entre fluctuaciones de reivindicación y enojo, de compromiso militante y apatía ciudadana, de ruptura y resistencia.

Existe un quiebre con la generación que militó en la década del setenta, que se presenta a partir de una evidente cuestión temporal. Los hijos asumen que su postura frente a los hechos no es la misma que la que tuvieron sus padres. Reconocen que ellos no son los protagonistas de los movimientos de oposición a la dictadura, pero dejan ver las consecuencias que dichos acontecimientos tuvieron en sus vidas personales. Existe un distanciamiento con la generación anterior que no implica necesariamente rechazo, sino que mayoritariamente convoca al reconocimiento e incluso, en algunos casos, a la reivindicación.

La resistencia se representa a través de la lucha contra el olvido, un enfrentamiento mediante el cual, desde recursos culturales, los hijos han sabido remarcar la importancia de combatir la desmemoria. Como lo afirma la historiadora uruguaya Silvia Dutrénit, los hechos ocurridos durante la dictadura

son experiencias que históricamente suelen afectar a varias generaciones tanto por constituir un hecho que cuando se produce afecta al involucrado directo, a sus padres y a sus hijos, dando lugar a un hecho multigeneracional, sino también porque de manera habitual desembocan en una transmisión generacional. Aún más cuando las circunstancias cargan con desaparecidos y ejecutados como saldo de la represión y la violencia políticas (Dutrénit, 2013, pág. 208).

 

En esta realidad, conviven distintas memorias que se mezclan entre las calles de un país que procura cerrar heridas. Hijos de exiliados, de desaparecidos, de militares se cruzan en un espacio común; en un tiempo que es presente, pero también es pasado, y que ha dado pie a la formulación de nuevas preguntas que retan a la historia y, sobre todo, confrontan a la generación anterior con propuestas discursivas que en su momento fueron muy complicadas de abordar.

La nueva generación no teme en mostrar las tensiones que le representa el compromiso militante. Se muestra displicente, desafiante y, en lo que podría considerarse como un ejercicio de distanciamiento frente a los temas a tratar, utiliza la ficción y la ironía para abordar nuevas interrogantes y embestir a sus predecesores.

Estos actores sociales responden a cuestionamientos suscitados de sus propias circunstancias de vida, dialogan con su realidad y cuestionan acciones que incidieron directamente en ellos.

 

La Narrativa de la post-dictadura

De esta manera, al igual que lo hizo la generación anterior, encuentran en la literatura -y en otras manifestaciones culturales- la forma de abordar las problemáticas y arrojarlas al campo del análisis.

Surge así, lo que podríamos denominar como la corriente de la literatura de la post-dictadura en la que algunos de los hijos de los militantes se han apoderado del espacio cultural para transportar a la ficción, la realidad de una sociedad acompañada de sombras y ausencias. Tal es el caso, por ejemplo, de Mariana Eva Pérez (1977) y Félix Bruzzone (1976) (hijos de padres desaparecidos) y Laura Alcoba (1968) (hija de exiliados), tres escritores que han cobrado notoriedad en el espacio literario argentino utilizando el ejercicio narrativo y la ficción como espacios de reflexión de la vida en la post-dictadura. Desde sus textos, han dejado ver las complejidades de vivir siendo hijos de…, los asegunes de la herencia militante y las vicisitudes de la construcción y reestructuración de la memoria familiar.

La distancia temporal, les ha permitido constituirse como ese puente de conocimiento entre la experiencia militante de sus padres en los setenta, la desaparición y la vida rodeada de ausencias que dejó como resultado la dictadura, y el desafío de la reconstrucción después de lo vivido.

De esta forma, la narrativa de post-dictadura, y más específicamente la narrativa de hijos[3], se presenta como el vínculo entre tiempos que conviven y conversan de manera simultánea reconciliando el pasado con las vivencias actuales y cuestionando las formas de acción del presente.

¿Qué temas desarrolla esta corriente literaria, o desde qué perspectivas los retoma?

Podría argumentarse que la temática de estos escritores no presenta novedades respecto a la generación anterior. Suponer que los temas a tratar sean completamente nuevos hablaría sobre una historia concluida. Sin embargo, el planteamiento que los nuevos textos aporta, permite analizar los procesos sociales a partir de miradas innovadoras que ofrecen cuestionamientos y reflexiones que más allá de explicar el proceso dictatorial, nos hablan sobre una sociedad que continúa en combate con sus fantasmas.

La ausencia de los familiares y amigos desaparecidos es uno de los puntos centrales, y tal vez, el más importante de estos relatos. No solamente desde la perspectiva personal, sino como un elemento de identificación social.

El investigador Gabriel Gatti en su artículo Las narrativas del detenido-desaparecido (o de los problemas de la representación ante las catástrofes sociales) afirma que:

La desaparición forzada de personas es un fenómeno que afecta a la identidad y al sentido: ataca al edificio de las identidades, cuyas bases dinamita; somete al lenguaje a uno de sus límites, obligándolo a situarse en el lugar en el que las cosas se disocian de las palabras que las nombran. Por eso la figura del detenido-desaparecido es, en muchos planos, una figura difícil de pensar y de vivir. Habla de individuos sometidos a un régimen de invisibilidad, de hechos negados, de cuerpos borrados, de cosas improbables, de construcción de espacios de excepción (Gatti, 2006, pág. 28).


Imagen 2. www.goodreads.com

En el caso de la novela Los Topos (2008), de Félix Bruzzone, por ejemplo, un protagonista sin nombre define las bases de la construcción identitaria. La ausencia de nombre se presenta como un ejercicio dual entre la condena de ser nadie, y la posibilidad de ser todos. El protagonista se define a través de lo inconcluso, lo imperfecto y del incansable impulso de búsqueda.

Nos encontramos, en este caso, frente a un texto que habla acerca de un presente derivado de un pasado complejo envuelto en ausencias e incertidumbres que determinan la confusa relación del protagonista con el entorno, sus fantasmas y la construcción de una identidad rota[4] e incompleta.

El protagonista se reconoce a través de las ausencias; se mira a partir del vacío. Se comprende como un ser inconcluso que no termina de construirse o bien, que se constituye desde un conjunto de piezas dispersas. Explicarse a sí mismo implica evocar a los otros -los ausentes- y señalar lo que hace falta, aquello que no está. Es a partir de la desaparición de sus padres que logra percibirse a él mismo como un sujeto definido por las ausencias y la sensación de abandono.

Algo similar ocurre en el caso de la novela Diario de una princesa montonera. 110% verdad (2012), de Mariana Eva Pérez. La protagonista de este texto también narra desde una primera persona, de la cual nunca conocemos su nombre y, a partir de un enfoque sumamente irónico, su vinculación con las ausencias. Colocando al lector en un confuso juego de interpretación entre datos verídicos, ficción y sarcasmo Pérez plantea, a través de su protagonista, el complejo proceso de crecer bajo la espera de la llegada de esas ausencias que figuran como eternas sombras.

De igual forma, busca constantemente anécdotas e imágenes que la acerquen a sus padres para consolidar su identidad y lazos de pertenencia.

El impulso por la búsqueda es otro de los elementos que se perciben en esta narrativa. Para los protagonistas de las ficciones que componen estos relatos no hay sentido de sí mismos sin el factor del deseo del hallazgo el cual se encuentra íntimamente relacionado con las desapariciones. ¿A quién se busca? ¿Realmente se espera encontrar algo o la exploración es simplemente el motor para caminar?

Como lo explica Teresa Basile, en su libro Infancias: la narrativa argentina de HIJOS en el caso de Bruzzone como de muchos otros escritores pertenecientes a la literatura de hijos, “la búsqueda se vuelve una matriz estilística y un principio constructivo de la estructura narrativa” (Basile, 2019, pág. 154). Dicha estructura narrativa permite ir más allá del sentido de búsqueda que los personajes llevan a cabo para encontrar restos del pasado. El ejercicio de la exploración se constituye, en realidad, como un deseo de construcción de la identidad propia a partir de las ausencias.

En Los Topos (2008), se busca a una madre y a un padre desaparecidos; se busca la posibilidad de un hermano; a la pareja y a un posible hijo.

En el caso de Diario de una princesa montonera (2012), la protagonista construye gran parte de su sentido de vida alrededor del constante ejercicio del deseo del hallazgo. Busca información sobre sus padres y sobre el hermano nacido en cautiverio.

Los niños apropiados son otro de los ejes temáticos que construyen estas nuevas narrativas. La protagonista propuesta por Mariana Eva Pérez, emprende un arduo trabajo para dar con su hermano nacido en cautiverio. El encuentro rompe con el romanticismo y plantea otras realidades posibles cuando la relación entre ellos se torna mucho más complicada de lo que se podría haber pensado. ¿Realmente para todos, la verdad libera?

La herencia militante acompaña la ficción de estos escritores. Los protagonistas de sus relatos se debaten entre el deber de continuar la militancia o asimilar cierto rechazo o imposibilidad de ejercer la misma. Los episodios en los que narran sus múltiples acercamientos a organizaciones como H.I.J.O.S. permiten comprender la necesidad de encontrar grupos de pertenencia, así como los desacuerdos y diferencias que se generan dentro de éstos.

Tanto el protagonista de Los Topos (2008), como la protagonista de la Princesa Montonera (2012), describen varios acercamientos y distanciamientos a las organizaciones de Derechos Humanos. En ese vaivén lidian entre el deseo de continuar el trabajo iniciado por sus padres durante los años de resistencia a la dictadura, y la imposibilidad de encontrar, aún ahí, el verdadero espacio de pertenencia. Se confrontan entre la necesidad de hacer justicia y rendir homenaje a sus predecesores, y aceptar que, en ocasiones, aunque la causa sea la misma, las formas de ejercer la resistencia son distintas. En una postura más crítica llegan a señalar, incluso, las condiciones exageradamente sectarias que pueden surgir dentro de dichas agrupaciones.

La producción literaria de Laura Alcoba, a través de su novela La casa de los conejos (2008) y posteriormente con El azul de las abejas (2014), muestra la experiencia de vivir la clandestinidad y el exilio para una menor y cómo, la lectura y escritura, se constituyen como elementos clave en la reconfiguración identitaria.


Imagen 3. www.amazon.com

En el primer título mencionado, Alcoba relata la vida de una niña de siete años que aprende a vivir en la clandestinidad, a presenciar e interpretar lo que ve, incluso a seleccionar y depurar información. Una casa de imprenta disfrazada de criadero de conejos se convierte en el espacio del cual, como si se tratara de una militante adulta, la pequeña será expulsada a vivir un exilio que, con el paso del tiempo, la transformará en una extranjera en su propio país.

La protagonista, que al igual que los otros dos títulos mencionados, narra en primera persona, comienza a ser otra y se deja ver como una niña forzada a vivir una vida de adulta. Conoce la militancia de sus padres, el nombre de la organización a la que pertenecen y, hasta donde la inocencia de una menor de edad le permite, comprende el desafío del compromiso ideológico y militante de los mayores que la rodean.

El papel de los abuelos se manifiesta de manera clara en la narrativa de hijos no solo como la figura que acompaña a los nietos sino como un pilar en la educación de los mismos. Los tiempos de ausencia intermitente de los padres son suplantados por el protagonismo de los abuelos quienes, a pesar de no comulgar en ciertas ocasiones con la militancia de sus hijos, se introducen en la tormentosa dinámica de la estrategia, la clandestinidad y la persecución. En la novela La casa de los conejos (2008), la autora narra su vida entre las casas de sus abuelos, quienes la llevaban a calles y esquinas predeterminadas donde se encontraría con su madre, o bien, quienes la acompañaban a la prisión para hacer las visitas a su papá que se encontraba detenido. Por su parte, Bruzzone y Pérez permiten apreciar la dinámica familiar en hogares donde la ausencia de los padres es suplantada por el papel de los abuelos que deben comenzar a cumplir con el rol de los progenitores.

En el caso de El azul de las abejas (2014), la protagonista pasa de vivir una vida intermitente, cambiante, poblada de claroscuros y oculta en Argentina, a habitar un país en donde el idioma se convierte en el primer obstáculo a superar cuando la protagonista llega a vivir a Francia con su madre exiliada.

A pesar de que no todos los hijos del exilio tuvieron la barrera del idioma como primer encuentro, el reajuste del castellano a las exigencias de un nuevo espacio cultural, representó el equivalente a replantearse los códigos culturales y comprender que, a pesar de referirse en la misma lengua, se hablaba distinto.

La clandestinidad y la persecución, incluso la militancia indirecta, habían cambiado la percepción de la niña, sin embargo, sería el exilio lo que la transformaría para siempre.

Aunque no necesariamente de manera literal, aspectos que fueron narrados, sobre todo, en los textos testimoniales, son retomados desde la ficción por esta nueva corriente literaria.

Temas como los centros clandestinos de detención y su dinámica represiva dan un giro para ser repensados, desde la ficción, por la generación de hijos de la militancia. Se apoderan de circunstancias y emociones que, a través de personajes imaginarios, abordan e intervienen estos espacios del horror.

La presencia de los campos clandestinos de detención en la narrativa de Los Topos (2008) es constante no sólo en referencia literal sino también de manera figurada a través de los ejercicios de violencia a los que se ven sometidos los personajes que componen el relato.


Imagen 4. www.politicargentina.com

 

Los otros hijos

A pesar de que en este artículo nos hemos enfocado en la producción literaria realizada por los hijos de los militantes de los setenta, es importante mencionar, que no son los únicos que han dejado rastro en su literatura sobre la dinámica social de una generación que ha vivido bajo las consecuencias derivadas de la dictadura cívico-militar.

El caso de las escritoras Samanta Schweblin (1978) y Mariana Enriquez (1973) así como de autores como Demián Verduga (1974), permite ver cómo la narrativa queda inevitablemente empapada por temas que, en distinta medida, rodean el día a día de la sociedad argentina.

Hablando específicamente de Schweblin y Enriquez, autoras que se han consagrado en la línea de la literatura fantástica, cuentan con algunos textos como En la Estepa, cuento que forma parte de la colección que lleva por título Pájaros en la boca (2008) de Samanta Schweblin y Cuando hablábamos con los muertos (2013) del libro con el mismo título de Mariana Enriquez.

Personajes y situaciones que no vemos determinan la dinámica de sus relatos; lo que no escuchamos tiene, sin embargo, voz propia. Es decir que aquello o aquellos que faltan, explican lo que sucede. Hay un nexo permanente entre las ausencias y las presencias, los diálogos y los silencios.

En el caso de ambos relatos, el no estar se presenta como el elemento que detona la búsqueda de lo deseado; la posesión de aquello que no se conoce. Hay algo o alguien que hacen falta y existe una necesidad de relacionarse y convivir con ello. La ausencia es, a su vez, una presencia permanente en el relato; una especie de silueta sin dueño.

En la Estepa (2008), nos muestra una pareja que busca desesperadamente algo o a alguien a quien el lector jamás llega a conocer. El motor de vida parece ser la obsesión por encontrar lo que aparentemente hace falta.

Cuando hablábamos con los muertos (2013) de Mariana Enriquez presenta la figura de la ausencia no solamente como una representación constante sino como el elemento que forja el sentido de pertenencia en una comunidad. Lo que mantendrá a un grupo de amigas unido será el factor común de convivir con la idea de alguien, con una figuración, con la incertidumbre sobre el paradero de quien no está.

La efigie del desaparecido se muestra, en ambos casos y haciendo alusión a los textos de Bruzzone y Pérez mencionados anteriormente, como ese vínculo de pertenencia, pero también como un elemento de quiebre social; como un antes y un después en los mecanismos para relacionarse.

Los protagonistas de muchos de los textos de la narrativa de post-dictadura –independientemente de las historias personales de los autores- se sitúan en espacios rodeados de ausencias en donde la ficción y realidad se sobreponen una a la otra.

Estos textos hacen de la búsqueda el sentido de vida. Existe una tensión permanente en el acto de indagar. Dicho ejercicio, en ocasiones, pareciera ser más poderoso que el deseo del hallazgo de lo que se espera encontrar. La búsqueda se convierte en la rutina, en la única certeza y no sólo como el medio para obtener un fin, sino más bien como el anclaje a la realidad y la razón de ser de los protagonistas de los relatos.

Es así como gran parte de los textos producidos en este tiempo conversan con determinadas imágenes colectivas reelaborándolas, cuestionándolas y resignificándolas.

Esta narrativa se construye a partir del abordaje de temas que plantean la reconfiguración de un pasado que sigue vigente. La escritura de post-dictadura pretende efectuar una relectura del ayer (la dictadura) desde una nueva mirada; la presente.

Sus personajes les permiten interactuar con su historia a partir de una postura crítica en la que el juego ficcional, la confrontación y la ironía proporcionan las herramientas para abordar temáticas que durante mucho tiempo fueron asuntos tabú. Este uso de la ficción permite establecer un vínculo irreverente y desafiante que invita a pensar la actualidad social, política y cultural de Argentina desde una perspectiva crítica que reivindica el pasado, restituye lo actuado, y en ocasiones reprocha la lucha, y coloca sobre la mesa de debate las problemáticas de una realidad compleja y en constante búsqueda de sanación.

La escritura de post-dictadura se presenta como una narrativa que incomoda, cuestiona e induce a situar la mirada en una generación que, desde la provocación y la reivindicación de sus propuestas, ejerce una manera particular de luchar contra el olvido.

 

Notas:

[1] Se vivieron básicamente dos tipos de exilio: el exilio interior, que consistió en un constante cambio de residencia e identidad dentro del territorio argentino; y el exilio que provocó la migración de muchos perseguidos políticos hacia otros países.

[2] La generación de hijos de la década del setenta no se encuentra únicamente marcada por quienes vivieron con sus padres el exilio o la desaparición de éstos, sino también por los hijos de los perpetradores, algunos de los cuales hoy, de igual manera, se enfrentan a procesos de asimilación y reconciliación con sus progenitores.

[3] Teresa Basile en su libro Infancias. La narrativa argentina de HIJOS, denomina como literatura de HIJOS a los textos escritos por ‘hijos de’ militantes de los setenta. A pesar de usar la palabra en mayúsculas, elimina los puntos entre cada letra para evitar que se confunda con la organización H.I.J.O.S. (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio).

[4] Teresa Basile, acuña el concepto identidad rota a la compleja construcción identitaria que presentan tanto los personajes de las novelas de HIJOS (como ella lo usa), como los hijos de en la vida cotidiana.

 

Referencias bibliográficas:

  • Arenes, C., & Pikielny, A. (Edits.). (2016). Hijos de los 70. Historias de la generación que heredó la tragedia argentina. Buenos Aires: Sudamericana.
  • Basile, T. (2019). Infancias: La narrativa argentina de HIJOS. Buenos Aires: Editorial Universitaria Villa María.
  • Dutrénit, S. (2013). La marca del exilio y la represión en la "segunda generación". Historia y Grafía, 21(41), 205-241. Obtenido de http://www.revistahistoriaygrafia.com.mx/index.php/HyG/article/view/60
  • Gatti, G. (2006). Las narrativas del detenido-desaparecido (o de los problemas de la representación ante las catástrofes sociales). CONfines de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, 2(4), 27-38. Recuperado el 21 de enero de 2020, de https://confines.mty.itesm.mx/articulos4/GGatti.pdf
  • Sarlo, B. (2006). Tiempo Pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión. México: Siglo Veintiuno Editores.

 

Cómo citar este artículo:

CANDIA GAJÁ, Andrea, (2020) “Narrativa de la Post-dictadura argentina. Cuando la ficción se apodera del presente”, Pacarina del Sur [En línea], año 11, núm. 43, abril-junio, 2020. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 28 de Octubre de 2020.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1882&catid=8

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