Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
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Yaquis y Magonistas: una alianza indígena y popular en la Revolución Mexicana

A cien años de la revolución mexicana, nuestra historiografía sobre el tema deja en el olvido a dos entidades que contribuyeron al desarrollo de una revolución popular en las regiones: el movimiento anarquista y los distintos pueblos indígenas que participaron en la revolución con una marcada autonomía política. Este texto pretende reconstruir la alianza entre los indígenas yaquis y los magonistas en el estado de Sonora entre 1906 y 1914. Se analizaran los orígenes, sus alcances y los resultados de esta Alianza.

 

 

A cien años de la revolución mexicana, nuestra historiografía sobre el tema deja en el olvido a dos entidades que contribuyeron al desarrollo de una revolución popular en las regiones: el movimiento anarquista y los distintos pueblos indígenas que participaron en la revolución con una marcada autonomía política. Este texto pretende reconstruir la alianza entre los indígenas yaquis y los magonistas en el estado de Sonora entre 1906 y 1914. Se analizaran los orígenes, sus alcances y los resultados de esta Alianza.

Sobre la cuestión yaqui se ha escrito abundantemente y se ha constituido en la memoria histórica la idea de que el pueblo yaqui fue uno de los etnias que durante el Porfirismo sufrieron un etnocidio que los llevo casi a su exterminio y su anulación política, sin embargo las fuentes históricas contradicen este discurso que oculta una activa resistencia que los elevo como el sector social y popular más importante en los años revolucionarios y posrevolucionarios en la región. De igual forma al magonismo se le ha mantenido en el olvido y si acoso se le menciona como el grupo precursor de la revolución maderista de 1910. La historiografía crítica estará en deuda con estos dos sectores revolucionarios participantes en este importante proceso de nuestra historia, si no contribuye con la reconstitución de una memoria histórica que asuma la importancia política de estos dos grupos y desmitifique su papel en la historia de México.

 

Más allá de la deportación: la red rebelde indígena

La Guerra del Yaqui iniciada en 1884 por la administración porfirista, que ambicionó la posesión del territorio indígena para iniciar un proyecto de colonización con inmigrantes extranjeros,  se prolongó hasta la primera década del siglo XX. Tras la muerte de los dos principales lideres indígenas José María Leyva alías Cajeme (1887) y Juan Maldonado Waswechia alías Tetabiate (1901) que se opusieron al proyecto colonizador, la lucha de resistencia indígena se transformó en una guerra de guerrillas al abandonar la guerra regular por el sucesor político y militar Juan José Sibalaume, que mantuvo la lucha por la territorialidad, la autonomía política y el desarrollo propio, a partir del acatamiento a la ley yaqui.[2]

La batalla de Mazocoba, donde perdió la vida Tetabiate,  el 18 de enero de 1901 marcó una trasformación profunda en los enfrentamientos y el cambio de las estrategias de resistencia de los yaquis. En esta batalla el ejército mexicano, comandado por el General Lorenzo Torres (destacado oligarca, político porfirista, gobernador del estado y participante en las operaciones de la toma del pueblo de Tomochic en Chihuahua), derrotó al ejército regular yaqui en este punto de la Sierra del Bacatete. El gobierno mexicano opto por la deportación hacia Yucatán de los prisioneros hechos en campaña, grupo constituido principalmente por mujeres, niños y ancianos, previa recomendación del coronel Ángel García Peña, encargado de la Comisión Geográfica y Exploradora, para dar solución final a la cuestión yaqui.

A pesar de la derrota del Mazocoba la guerra de resistencia de los yaquis aún no terminaba, aunque el dictador Porfirio Díaz anunció el final de la Guerra del Yaqui ante el Congreso de la Unión, los yaquis respondieron a la deportación con la intensificación de las operaciones militares en todo el estado y en la frontera con los Estados Unidos.

Este crecimiento se dio a partir de la constitución de una red indígena rebelde en todo el estado y en algunas ciudades estadounidenses al proporcionar refugio, alimentos, armas y municiones a la guerrilla. La red se origino a partir del avance del ejército mexicano al territorio tradicional yaqui en los últimos años del siglo XIX, que dio lugar a una migración de familias y grupos de trabajadores yaquis hacia el norte, lo cuáles se fueron asentando en todo el territorio de Sonora y en algunos pueblos estadounidenses de frontera, principalmente en ranchos y minerales. Con la política gubernamental de deportaciones este proceso migratorio se agudizó y la migración hacia el norte se elevó.[3]

Para 1906 la red rebelde indígena se encontraba fortalecida y no sólo constituyo un apoyo militar a la resistencia indígena, fortaleció el sentido de pertenencia étnica. Su identidad adquirió nuevos valores que reprodujeron una nueva cultura yaqui que cimentó la insurgencia de una nueva forma de vida migrante. Se puede hablar de la reproducción de una nueva resistencia cultural que se mantuvo a lo largo del estado de Sonora y en las ciudades fronterizas de Arizona.

La red se expresó de distintas formas que hoy podemos conocer por diferentes documentos, entre ellos las actas de los interrogatorios a yaquis  tras ser arrestados y deportados a territorio mexicano por el gobierno estadounidense en colaboración con el servicio secreto porfirista, en uno de estos interrogatorios el indígena yaqui Francisco Matus declaró:

... que hace más de un año que se fue al Tucson, que en Tucson trabajaba en un campo del ferrocarril... que un yaqui llamado Javier que vive en el Mezquital es el jefe encargado de nombrar comisiones que vengan a Sonora a pelear... que últimamente llegaron a la casa de Javier 20 yaquis que iban de aquí (Sonora)... que casi todos los que trabajan por allá (Tucson) están bien armados y se vienen de en cuando en cuando a pelear.[4]

Así mismo Ricardo Johnson, del servicio consular mexicano en Arizona, informó al Secretario de Relaciones Exteriores, Enrique Clay Creel Cuilty que regularmente los yaquis rebeldes iban a Arizona, donde había una colonia de ellos trabajando, para recoger armas, parque y dinero.[5] Se referían a la colonia del mineral de Bisbee, donde compraban armas y municiones con el objetivo de proseguir la resistencia en territorio sonorense.[6] Los testimonios dan cuenta de la colaboración y participación directa de las comunidades radicadas en Arizona en la insurrección, con el fin de mantener la insurgencia indígena.

Ante las constantes denuncias del gobierno mexicano el gobernador de Arizona, Joseph Henry Kibbey, ordenó a todos los "sheriff’s" del estado evitar el rearme yaqui. Con el mismo objeto, se decretó una prohibición general para la venta de armas a todo yaqui, bajo la pena de ir a prisión por violar leyes estatales.[7]

Por su parte el gobernador de Sonora extendió una carta de identidad a los indígenas que trabajaban en ranchos, haciendas y ciudades, para así identificar a los indígenas rebeldes y evitar que estos se confundieran con los trabajadores y peones de la misma etnia. El objetivo era destruir los lazos y puentes de la red establecida en todo el estado e impedir que las comisiones rebeldes transitaran y se internaran en Arizona.

A pesar de estas disposiciones en territorio mexicano y estadounidense no se consiguió desarticular la red tejida, los rebeldes consiguieron suministros con traficantes de armas y con distintos grupos indígenas, como los pápagos que conseguían pertrechos en Phoenix, Tucson y Yuma.[8] Los mormones asentados en colonias ubicadas en el noroeste del Estado de Chihuahua ayudaban a los yaquis a transportar los pertrechos a territorio mexicano por la sierra que divide Sonora y Chihuahua.[9]

El apoyo de los distintos sectores de la sociedad fronteriza también tuvo representantes en el periodismo estadounidense. Desde la ciudad de Tucson en Arizona se escribieron notas de apoyo a la resistencia yaqui. Sin embargo dos notas, editadas en la ciudad californiana de San Francisco, despertaron la preocupación del Gobierno mexicano. La primera afirmaba la simpatía del pueblo estadounidense por la lucha yaqui, debido al convencimiento general de que “el gobierno mexicano no reconocía los derechos de estos indígenas”. El artículo expresó: “que no sería extraño que algunos norteamericanos manifestarán su ayuda”[10] Un segundo artículo destacaba que el gobierno mexicano sólo emprendía guerras de exterminio contra los yaquis, en las que mujeres y niños se habían encontrado en un sinnúmero de carnicerías. Afirmaba, además, que aún no se vislumbraba una solución para este conflicto.[11]

El gobierno estadounidense intentó frenar los esfuerzos solidarios hacia los yaquis por medio del procurador Benton Dick, de Tucson, quien se propuso sancionar la venta de armas a indígenas en territorio de Estados Unidos como hecho criminal. Finalmente sólo se prohibió en Arizona.[12] Con esta prohibición la red se extendió al estado vecino de California.[13]

La red rebelde permitió extender la lucha armada de resistencia, frenar las deportaciones, alcanzar una superioridad militar al contar con rifles Winchester[14] y en general la red mantuvo el soporte material y humano necesario para continuar la resistencia indígena.  Al entretejer la red los yaquis integraron a su movimiento de resistencia nuevos elementos ideológicos y prácticas políticas de otros sujetos sociales y políticos que formaron el movimiento antiporfiristas y anticapitalista asentado en la frontera entre México y los Estados Unidos. Entre estos se encontraba el movimiento magonista que daba su firme y franco apoyo a la causa yaqui.

 

El acercamiento

Los primeros tratos entre yaquis y magonistas se dieron en 1903 cuando Ricardo Flores Magón, aún en México, delegó a Adolfo de la Huerta, en ese entonces magonista, para que los yaquis formaran parte de las acciones revolucionarias y así lograr la restitución de su territorialidad.[15] De la Huerta se entrevistó con Fernando Palomares, indígena mayo cercano a los Flores Magón, quien se comprometió a difundir la idea entre la comunidad yoreme.[16]

Con la publicación del Programa del Partido Liberal Mexicano que comenzó a circular el primero de julio de 1906, la Junta del PLM se dispuso a llevarlo a cabo a través de una insurrección armada que derrocará la dictadura porfirista. Entre los puntos más importantes destacaron las propuestas de reforma constitucional para instalar un gobierno democrático, la proposición de educación pública y laica, el establecimiento de los derechos básicos para los trabajadores del campo y la ciudad y el derecho a la tierra cultivable para todo mexicano. Dentro de sus puntos generales se incluyó la protección al indígena y la restitución de los territorios usurpados a los yaquis.[17]

 

 

El núcleo principal de la dirección magonista se reunió en El Paso Texas el 2 de septiembre de 1906 con la intención de iniciar el levantamiento de 44 grupos armados en el país. En Sonora el magonismo se propuso armar a todos los trabajadores de Cananea, confiscar las armas de la Cananea Consolidated Cooper Company, apoderarse de las aduanas de Agua Prieta y Nogales, y conferenciar con los líderes militares de la tribu yaqui para su integración a la insurrección.[18]

Sin embargo,  el servicio secreto porfirista descubrió el plan y el gobierno encarceló a centenares de miembros del Partido Liberal Mexicano. Sólo se realizaron ataques aislados como los de Ciudad Jiménez en Coahuila  y Acayucan en Veracruz. En los meses siguientes, los esfuerzos de la Junta del PLM estuvieron dirigidos a reestructurar la prensa del partido y su distribución.[19]

El movimiento revolucionario magonista empezó a reorganizar otra insurrección antiporfirista en todo el país a principios de 1907. En junio se publicó el periódico Revolución, en Los Ángeles, California, y la Junta nombró a Práxedis Gilberto Guerrero delegado especial, con el objeto de activar los trabajos del próximo levantamiento en México.[20]

En esta nueva insurrección, que se iniciaría a finales del mes de junio de 1908, se pretendió que el estado de Sonora, al igual que el de Chihuahua, fuera uno de los escenarios más importantes donde se mostrara una respuesta popular favorable al alzamiento. En 1908, como en la insurrección de 1906, el país quedo dividido en zonas en las que estaban distribuidos sesenta y cuatro grupos armados, cada uno con sus jefes.

En Sonora, el impulso revolucionario se basaría en la ejemplar resistencia y protesta tanto de los yaquis como de los trabajadores de Cananea. Los magonistas iniciaron su trabajo organizador en territorio sonorense bajo la coordinación de tres hombres designados por la Junta: el líder de la huelga de Cananea, Manuel Macario Diéguez; el organizador de la red rebelde en Arizona, el yaqui Javier Huitimea, y Pedro Ramírez Caule. A partir de los primeros días de mayo el vicecónsul mexicano en Naco, Arizona, avisó que se encontraban en el mineral de Bisbee "mexicanos e indios rebeldes de la tribu yaqui" con la intención de ayudar a estos últimos en Sonora.[21]

Los núcleos revolucionarios fueron armados y visitados por representantes de la Junta del PLM, como Eugenio Alzate y José Inés Salazar que recorrieron clandestinamente el estado de Sonora ayudados por la red indígena rebelde establecida años atrás. Pronto se mostró la necesidad de un representante especial que ayudara a Javier Huitimea  a asegurar un acercamiento más estrecho entre la tribu yaqui y la Junta Organizadora. Esta responsabilidad recayó en el conocido indígena mayo Fernando Palomares que había sido agente distribuidor de los periódicos “El Hijo del Ahuizote” y “Excélsior” en el noroeste del país.[22]

Palomares trabajó en la tienda de raya de Cananea y participó activamente en la huelga que, al ser derrotada, lo obligó a buscar refugio en Saint Louis, Missouri, donde actuó como propagandista del PLM en aquella región. En 1908 se encontraba editando el semanario “Libertad y Trabajo” en Los Ángeles, California, cuando fue nombrado representante especial. A finales de mayo se dirigió a la frontera “con instrucciones de la Junta del Partido Liberal para enlazarse con los grupos de Sonora y Sinaloa, donde conocía muy bien el terreno y disfrutaba de la confianza de las tribus mayo y yaqui.”[23]

En este período "Revolución" fue el órgano periodístico del PLM en sustitución de Regeneración. Está nueva publicación fue el vínculo con los grupos armados y el medio donde se expresaron y trasmitieron las ideas orientadoras del movimiento revolucionario. La prensa magonista llegó a un número indeterminado de trabajadores yaquis que laboraron en obrajes, ranchos, minerales y en el ferrocarril, en donde los trabajadores e indígenas que sabían leer realizaban lecturas colectivas.[24]

Para alentar la inclusión de los yaquis en la próxima insurrección y por mérito propio, la Junta Organizadora del PLM otorgó al yaqui, Javier Huitimea, el nombramiento de Teniente Coronel del “Ejército Libertario del Norte” en una carta firmada por Enrique Flores Magón y Práxedis Gilberto Guerrero.[25] Javier Huitimea recibió instrucciones precisas desde el 15 de enero de 1908 cuando Práxedis Guerrero le pidió que hiciera todo lo posible para sublevar a los indígenas mayos y pimas. Por otra parte le solicitó entregar una carta a los yaquis, en la misiva se explicaba que los liberales buscaban la unión de fuerzas militares y políticas en la región para asegurar mayores posibilidades de derrotar al porfirismo, con la intención  de lograr y realizar “las demandas sociales de todos”.[26]

En abril el magonista Manuel Sarabia cayó preso en la ciudad de Tucson y reveló información sobre la relación existente con los yaquis. Esta fue publicada en el periódico "The Herald" de la misma ciudad:

 

JAILS FULL OF REVOLUTIONISTS

 

Yaquis to help

Manuel Sarabia, a member of the St. Louis junta, which promulgated the "program" of de revolutionary party; now in jail at Tucson, made a statement acting in conjunction with the yaquis Indians in Sonora.

"The Yaquis" he declarated, "are struggling for a common cause with the revolutionists. They have been trodden upon and shot down for no cause whatever and it is freedom an honor they are fighting for vice president Corral, governor Torres, governor Izabal and other official are responsible for he yaqui troubles. They took the lands of the yaquis and them called upon the Mexican government to give them troops to exterminate them. If the revolutionists can keep up they struggle for another three months their ranks will be swelled to such proportion that the Díaz autocracy will not be able to over come it".[27]

El 24 de junio de 1908 Fernando Palomares escribió desde Batamotal, Sonora las siguientes líneas a Ricardo Flores Magón, presidente de la Junta:

Hoy llegué á este pueblo ... doy de albricias por encontrarme ya entre nuestra gente, que espero secundará sus órdenes de rebelarse.

He usado de muchas precauciones, por todo el camino y ahora me cuido mas hasta que sé de él grito, entonces ya no habrá mas necesidad de usar otros nombres, ni hablar en secreto nuestros fines...

Mañana de mañanita salgo para la sierra del Bacatete, y con la rapidez posible me pondré en campaña de acuerdo con mis compañeros los indios mayos y ... los indios yaquis.

Supe por una señora que le lava al capitán de la guarnición de Batamotal que el día 1º de julio se va a emprender la campaña sin cuartel contra la raza yaqui, ya para entonces irán los porfiristas por lana y saldrán trasquilados.

Indio Mayo F.P.

P.D. Agradezco infinito a la honorable Junta por la confianza que depositó en mi; y juro ... hacer todo lo que este en mi parte para hacer triunfar el programa que dió al pueblo mexicano en San Luis Mo. El 1º de julio de 1906.

Fernando Palomarez. [28]

En una carta de Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique le señalaba que todo estaba listo para el 24 de junio, días antes “se le avisaría a Caule... para que invadiera Sonora por el noroeste, mientras que Huitimea... y su gente revolucionaba en el centro...”.[29] Sin embargo, los planes hechos por la Junta fueron descubiertos al requisar la carta desde la cárcel de los Ángeles, misma que reveló nombres y planes para la insurrección.

El Gobierno Federal obtuvo más información sobre los preparativos insurrecciónales el 23 de junio, cuando “la policía invadió la casa de Prisciliano G. Silva, que funcionaba como un centro coordinador de la rebelión, confiscando armamento y numerosos documentos entre los que figuraban datos sobre la insurrección”.[30]

Con esta información, el gobierno mexicano y estadounidense detuvo y encarceló a muchos militantes y la insurrección fue anulada en toda la República. Sólo se efectuaron algunos levantamientos como el de Viescas y Las Vacas en Coahuila y Palomas en Chihuahua.[31]

En Sonora, el gobierno estatal dio a conocer los planes militares y denunció la conexión que los yaquis rebeldes entablaron con el movimiento magonista. Esto le permitió seguir y capturar a Javier Huitimea en Nacozari, al intentar llegar a la frontera.[32] El 15 de octubre el juez de Distrito del Estado de Sonora condenó a Javier Huitimea a ocho años de prisión por su vinculación con el magonismo y su participación en los preparativos para levantar a la tribu Yaqui.[33] Fue enviado a la prisión de San Juan de Ulúa  en Veracruz donde murió.[34] Fernando Palomares logró escapar hacia los EE.UU. y se puso nuevamente en contacto con la Junta.

Las relaciones germinaron a pesar de estos sucesos. Huitimea y Palomares vincularon a la Junta del PLM con Sibalaume, jefe militar de uno de los grupos armados más importantes de la tribu yaqui. Enrique Flores Magón se refirió a este acercamiento de la siguiente manera:

Hice un pacto de alianza con los yaquis comandados por... Sibalaume. Estos Fieros guerreros ardían por vengar las imperdonables matanzas de sus parientes que se habían opuesto a su confiscación de sus tierras. Y tenían rencor a causa del exilio de otros, cautivos en los campos de henequén de Yucatán y en las plantaciones de tabaco en Valle Nacional. Así, estaban abrumadoramente felices de enrolarse bajo la bandera del Partido Liberal.[35]

 

La alianza yaqui magonista

Cuando las acciones revolucionarias maderistas iniciaron en Sonora, el pueblo yaqui estaba dividido en dos facciones, los “Torocoyoris”, o “militaristas” que ingresaron a las fuerzas militares estatales a partir del acuerdo de Pitahaya firmado con el gobierno el 4 de enero de 1909, sus principales representantes fueron Luis Buli, Lino Morales, José Amarillas y Francisco Urbalejo,[36] que años más tarde fueron importantes generales del ejército de Álvaro Obregón. Contrarios a estos estaban los “Kaujomes” o “broncos”, que continuaron la insurrección indígena por el derecho a su territorialidad, su sistema social y de gobierno, sus representantes fueron José Sibalaume, Luis Espinoza, Ignacio Mori, Luis Matus y José Gómez.

A los yaquis Kaujomes se les sometió a una severa represión y se buscó su deportación total y definitiva, de acuerdo a las declaraciones gubernamentales, pues sostenían que las acciones militares de esta fracción yaqui entorpecían el desarrollo y el progreso de las principales industrias que constituían la riqueza y el bienestar del Estado.[37]

Por su parte, el movimiento magonismo en este período se presento  abiertamente como un movimiento revolucionario y radical de carácter anarquista. Ricardo Flores Magón sugirió la estrategia a seguir en una Carta a Práxedis G. Guerreo:

“Debemos dar la tierras al pueblo en el curso de la revolución; de ese modo no se engañara después a los pobres. No hay un solo gobierno que pueda beneficiar al pueblo contra los intereses de la burguesía. Esto lo saben ustedes muy bien como anarquistas y, por lo mismo no tengo necesidad de demostrarlo con razonamientos o ejemplos. Debemos también dar posesión al pueblo de las fábricas, las minas, etc. Para no echarnos encima la nación entera, debemos seguir la misma táctica que hemos ensayado con tanto éxito: nos seguiremos llamando liberales en el curso de la revolución, pero en realidad iremos propagando la anarquía y ejecutando acatos anárquicos.”[38]

En agosto de 1910 los magonistas entablaron negociaciones con los yaquis Kaujomes con la finalidad de pactar una alianza militar y política. El diálogo tuvo como tema esencial la participación de estos en la insurrección general magonista programada para el 16 de septiembre de 1910. Sin embargo, la insurrección se postergó a petición de los maderistas, tras la entrevista de José María Maytorena con la Dirección del PLM. Los no reeleccionistas buscaron un primer acuerdo para coordinar las acciones de las dos fuerzas revolucionarias en contra del régimen dictatorial.[39] El compromiso estableció la aceptación del programa del Partido Liberal Mexicano de 1906 por parte de los maderistas. Más tarde Madero objetó la oferta, debido a que elementos moderados de su movimiento se negaron a pactar. Para los magonistas el hecho arrojó la definición política de los no reeleccionistas.[40]

 

 

El proceso dañó a la organización interna. La Junta envió agentes clandestinos a los distintos grupos armados del PLM en el país con instrucciones de suspender y trasladar el levantamiento al primero de enero de 1911. Fernando Palomares se dirigió a Sonora para avisar a los grupos de los cambios.[41]

Los magonistas se insurreccionaron el primero de enero de 1911 en los estados de Sonora, Oaxaca, Morelos, Tlaxcala, Veracruz, Durango y Baja California.[42] No obstante en Sonora los yaquis retrasaron su participación debido a sus contactos con el maderismo. Francisco I. Madero les planteó su integración a la insurrección maderista a cambio de la restitución de sus tierras tradicionales, de forma individual, tras derrotar al porfirismo. Los yaquis rebeldes desecharon la posibilidad de integrarse a las fuerzas maderistas de la región después de varias conversaciones y pláticas. Para ellos la posesión y la recuperación de la tierra eran paralelas a la lucha contra el porfirismo, y para los maderistas se entregaría la tierra después del derrocamiento de la dictadura porfirista. No hubo acuerdo.

Los yaquis rebeldes aceptaron una alianza con el magonismo. La coalición se formalizó y de inmediato se ayudó a armar y municionar a la guerrilla Kaujome, su campamento se estableció en el pueblo de Cócorit con un número de mil efectivos que inmediatamente abrieron campaña.[43] Los grupos magonistas paralelamente desarrollaron una intensiva propaganda armada en pro de la revolución social en el distrito sonorense de Moctezuma.[44]

Una carta de Ricardo Flores Magón a Julio Mancillas nos muestra el punto clave por el cual los yaquis entablaron una alianza con el P.L.M., pues Magón les aconsejó tomar posesión de la tierra durante la insurrección y permanecer armados en defensa de su comunidad.[45] Los yaquis conocían esta posición desde hacía mucho tiempo, y secundaron la idea. Aquí estuvo uno de las convergencias entre ambos agrupaciones.

El acuerdo político-militar se vigorizó con la firma del tratado de Ciudad Juárez entre Madero y el gobierno porfirista el 21 de mayo.  El pacto definió la victoria a favor de los maderistas. Los yaquis y magonistas consideraron que no habría ningún cambio sustancial en el régimen con el triunfo de Madero. Los yaquis Kaujomes basaron su opinión en la inconsecuencia política que Madero demostró durante las pláticas para pactar una posible colaboración. La propuesta maderista de hacer un reparto de tierras individuales, como en su momento lo hicieron los porfiristas, no fue suficiente para atraer a los yaquis. Mientras que los magonistas argumentaron que las condiciones sociales y económicas en el país seguirían igual, porque el maderismo sólo representaba un cambio de personajes en el poder. La lucha continuaría para alcanzar los objetivos acordados en la alianza bajo un programa expropiador y de Revolución Social.

La alianza político y militar entre yaquis y magonistas, reactivó la red de apoyo que años antes los yaquis rebeldes constituyeron a lo largo de Sonora y en poblaciones fronterizas estadounidenses. Las acciones que se emprendieron desde los Estados Unidos fueron varias. Por ejemplo, el yaqui Juan José Palma, delegado especial de la Junta del P.L.M. en Phoenix, se encargó de internar armas y guerrilleros hacia los campamentos rebeldes en Sonora, así como combatientes pimas y pápagos armados y montados.[46] Lo que reafirmo la cooperación y el reconocimiento de los distintos pueblos indígenas de la zona hacia los yaquis rebeldes, pues los yaquis representaban la constancia de la lucha por la tierra y el derecho a autogobernarse de los distintos pueblos indígenas sonorenses.

Otro ejemplo fueron las acciones comandadas por Juan José Chávez, delegado especial del P.L.M. en Liberty, Arizona, que entró a finales de agosto de 1911 con un contingente yaqui armado que operó en el pueblo de Cócorit bajo las órdenes de la coalición.[47]

La alianza efectúo una ofensiva masiva en todo el territorio sonorense en septiembre de 1911. Las operaciones se concentraron en una campaña de propaganda revolucionaria y en la toma de la frontera. El periódico “El Imparcial”, presento las acciones como un complot en contra del gobierno maderista preparado por los agentes del magonismo y las fuerzas yaquis.[48] El mismo diario dio cuenta de la toma del cuartel de Pitahaya por los yaquis, “en número de 500… colocando en el portal una bandera roja, como desafiando a las fuerzas federales”,[49] La acción mostró la utilización que los yaquis hicieron de los símbolos magonistas. Pero además la zona fue liberada al simbolizar la traición de los yaquis Torocoyoris que se rindieron en 1909 al gobierno estatal y que ahora pertenecían a las fuerzas maderistas del estado.

Por su parte las partidas magonistas atacaron las ciudades fronterizas de Agua Prieta, Cabora, Nogales y Cananea el 15 de septiembre, la ofensiva logró tomar temporalmente estas ciudades hasta octubre;[50] las acciones y enfrentamientos más violentos se dieron en Nogales y Agua Prieta, por ser los dos puestos aduanales más importantes. Las actividades revolucionarias de este período fueron orientadas por el Manifiesto del PLM del 23 septiembre de 1911, que sustituyó el programa del 1° de julio de 1906. En este documento se plasmó el anarquismo que el magonismo defendió como praxis política y programa de Revolución Social.  En el Manifiesto, la Junta del PLM llamó a eliminar la propiedad privada, el gobierno y la Iglesia para dejar florecer la libre iniciativa y asociación de los individuos, pues esas instituciones apuntalaban el capitalismo y el sistema político autoritario que marginaba y empobrecía a la población mexicana. La Junta aconsejaba expropiar la tierra, las fábricas, los talleres, las minas, los transportes y los almacenes para organizar la producción de forma colectiva.

Rosendo Dóreme recibió instrucciones de Ricardo Flores Magón para que las indicaciones del manifiesto fueran consideradas por los grupos armados de Chihuahua, Sonora y Sinaloa.  Las instrucciones urgían a los revolucionarios a reforzar las operaciones militares para obtener la supremacía en los tres estados. En la epístola se designó al mismo Dóreme como delegado en jefe de las tres entidades, a Efrén Franco proveedor en jefe y a Fernando Palomares coordinador de todas las fuerzas en la región.[51] El nombramiento de Palomares demostró una vez más la importancia del vínculo entre los yaquis y el PLM.

Fernando Palomares era un conocedor de la tribu yaqui y de la situación en la entidad, en una coyuntura donde una comisión yaqui salió a la capital de la República para negociar un acuerdo político con Francisco I. Madero. Los magonistas respetaron la decisión de la comunidad para negociar, pero su posición era contraria y se manifestó en un artículo titulado “EL Yori Madero”. En sus líneas Ricardo Flores Magón realizó una férrea crítica a la política del nuevo presidente en torno a la cuestión yaqui y la incapacidad del maderismo para resolver la cuestión de la restitución de las tierras al pueblo yoreme. Para los magonistas, la propuesta maderista perseguía obtener el apoyo de la comunidad yaqui durante el movimiento armado, pero no tenía intención alguna de cumplir luego de acceder al poder político del país.[52]

La alianza conservó una actividad constante y un perfil claramente anarquista y de resistencia indígena a principios de 1912. No sólo en la dirección del PLM, sino en la mayoría de sus elementos, como lo muestra la siguiente carta de Teodoro M. Gaitán a José Hernández:

Phoenix, enero 12 de 1912

... Si es un buen movimiento el que tengo que meter á Sonora, el primer grupo será de 50 ó más y el segundo talvez de tres mil ó más que serán los yaquesitos (yaquis), tal vez para el último de este mes estará listo para lanzarse...

Compañero estamos convencidos de todos nuestros compañeros, que como usted, me he encontrado los más buenos defensores del proletariado y de la idea, y que sólo de ese modo llegaremos á conquistar pan, tierra y libertad para todos, que espero que en todo tiempo sabrá hacer triunfar las ideas libertarias...[53]

Los magonistas con esta praxis política iniciaron una nueva ofensiva en todo el noroeste del país para establecer un territorio comunista y autónomo en Baja California, que serviría como punto de partida para proseguir una insurrección general en toda la República,[54] en ella estaban comprometidos los indígenas que vivían en la península como los kiliwa, kumiai, paipai y cucupá.

Los grupos armados de Sonora y Sinaloa permanecieron activos y en alerta. En una primera etapa serían el bloque militar para contener los ataques gubernamentales contra Baja California desde las costas de los dos estados. En una segunda etapa proseguirían la insurrección.

Para coordinar y planificar las acciones militares en Sonora se efectuó una reunión a principios del mes de febrero en la ciudad de Phoenix, Arizona. En ella se decidió integrar elementos nuevos al grupo coordinador del noroeste para impulsar las importantes tareas en Sonora. Los miembros designados fueron tres. El indígena yaqui Juan Montero, apodado el magonista por yaquis y gobierno, ingresó a territorio sonorense por la sierra ubicada entre Nogales y Naco a finales de febrero,[55] Arcadio Gutiérrez, ingresó a Sonora a finales de febrero y R. Velarde, escondido al momento de su designación en la Reservación de los indígenas apaches localizada en Guadalupe, cerca de La Meza, Arizona, en espera de cruzar la frontera para dirigirse a los campamentos rebeldes sonorenses.[56]

El gobierno estatal, orientado por el gobernador José María Maytorena, fomentó tres operaciones dirigidas a atenuar la alianza tras conocer sus movimientos. Como primera medida se endureció la vigilancia en la frontera para detectar a los grupos magonistas e indígenas rebeldes provenientes de Arizona;[57] en segundo lugar se impulsó un tratado de paz con los yaquis rebeldes que se sujetó a una tregua a mediados del año[58] y como tercer punto se lanzó una campaña amplia y decidida contra los grupos armados magonistas en los distritos fronterizos del estado.

Sin embargo los esfuerzos de neutralización no tuvieron el impacto deseado. Las incursiones yaquis continuaron todo el año en los distritos de Hermosillo, Ures, Guaymas, en la Sierra del Bacatete, en la Colorada, La Misa, San Marcial, entre otros, de acuerdo a los informes de los presidentes distritales y municipales enviados al gobernador y encargado militar de las operaciones.[59] Los yaquis negociaron con las autoridades maderistas sin abandonar las armas. Un telegrama de la Cámara Nacional de Comercio, sección Guaymas, muestra las condiciones en las que se encontraba el estado y la injerencia de la comunidad yaqui rebelde a finales de 1912:

Guaymas, Nov. 18 de 1912

Señor Presidente de la República. México, D. F.

Esta Cámara Nacional Comercio en representación comerciantes, industriales, agricultores. Etc. Radicado este distrito Guaymas, haciéndonos eco justísimos deseos sociedad y pueblo Sonora, respetuosamente suplicamos, usted dictar medidas eficaces reprimir pronto y enérgicamente bandolerismo yaqui que esta causando desgracias enormes estas regiones...

El presidente, G. Zaragoza.   El secretario, L. M. Agago. [60]

 

 

Los logros de la alianza indígena y popular

En 1913 la alianza inició un nuevo tipo de campaña, por medio de movilizaciones pacíficas para lograr la devolución de los ocho pueblos tradicionales de los yaquis. Las autoridades militares y civiles yoremes se reunían para lograr una amplia convocatoria entre sus comunidades, a las que llamaban a concentrase en los linderos de los pueblos a primera hora de la mañana. Al reunirse un número suficiente, los yaquis se dirigían al centro de la población para manifestarse y exigir la devolución de su pueblo.[61] Como respuesta a esta estrategia yaqui, el gobierno estatal ordenó al jefe de la plaza militar de cada pueblo armar a los vecinos para su defensa. Esta respuesta produjo que las tomas pacíficas derivaran en enfrentamientos armados. Este fue el caso del pueblo de Torín el 1° de septiembre de 1913. Los enfrentamientos empezaron cuando un grupo de yaquis, encabezados por Juan Montero, el magonista, entró a las primeras calles de Torím y fueron atacados por los pobladores, al contestar la agresión se inició el enfrentamiento armado entre las dos partes. Las acciones dejaron un saldo de heridos y muertos de los dos bandos y la aprensión de Juan Montero en manos de las fuerzas del coronel Benjamín G. Hill, después escaparía de la cárcel.[62]

Debido a estos acontecimientos, el grupo promotor de la toma pacífica lanzó un manifiesto dirigido a la comunidad del Río Yaqui en el que justificó sus acciones:

A LOS HABITANTES DEL RÍO YAQUI

Hacemos saber: Que según las conferencias habidas con diferentes enviados del Gobierno del Estado hemos manifestado que nuestros deseos y necesidades son las siguientes:

1/°. Después de haber sido expulsados de nuestros pueblos la necesidad nos obliga á comer de lo que hallemos o podamos hallar; así es que todo reclamo por animales y cereales que en nuestros pueblos habitados por el hombre recojan para nuestro uso y alimento común será hecho nulo á los que estén posesionados de nuestras tierras y se dicen dueños de haciendas.

2/°. Tomando en consideración que hay muchos habitantes que desean salir de esta región por temor de nosotros; pueden hacerlo y para ello ya hemos tratado con el representante del Gobierno del estado encargado de tratar con nosotros, que se les proporcione todos los medios posibles á dichas familias, para que tomen el camino que á bien tengan. Nosotros no somos hostiles á nadie sin que para nosotros tengan esta muy mal fundado.

3/°. Nuestra lucha se reduce únicamente á reconquistar nuestros derechos y nuestras tierras arrebatadas por la fuerza bruta y para ello cooperamos con los demás hermanos de la República que están haciendo el mismo esfuerzo de recuperar dichos derechos y castigar a los caciques del pueblo humilde y productor.

DADO POR LA TRIBU YAQUI,

Firman los Generales. Luis Espinosa, Luis Matos, Ignacio Mori y José Gómez

LIBERTAD Y TIERRAS.

Cócorit Agosto 20 de 1913.[63]

En este documento la comunidad yaqui fijó su posición política y justificó las “depredaciones” de las que eran acusados. Para ellos la situación referida era el resultado de la usurpación de sus tierras y pueblos por parte de los hacendados y del gobierno estatal. Con lo que fueron despojados de sus medios de subsistencia. Un punto central del manifiesto expresa los motivos fundamentales de las luchas yaquis; reconquistar derechos y tierra. La expresión derechos y tierra puede entenderse como un conjunto de aspiraciones que incluyen tradiciones, territorialidad y organización política, aspiraciones que compartían con movimientos como el zapatismo. Por medio de personajes como Francisco Chiapa, agente revolucionario zapatista, se establecieron relaciones y acuerdos entre yaquis y movimientos revolucionarios que, como el zapatista, hacia el fin de 1912, se encontraban luchando con los campesinos e indígenas por la tierras.[64] Estos vínculos con movimientos como el magonista y el zapatista afirmaron la importancia de la lucha autonómica yaqui en el contexto revolucionario nacional.

La alianza política y militar entre yaquis y magonistas logró su mayor fortalecimiento en 1914. El principal resultado fue la continuidad de la lucha por la autonomía política yaqui. En este año lograron posesionarse permanentemente de los pueblos de Bácum, Pótam, Cócorit y Torím, y preservar el goce de los bosques, aguas y montañas cercanas a estas poblaciones.[65] Para confrontar el éxito de la alianza, el Gobierno Federal emprendió una gran ofensiva para recuperar los cuatro pueblos en manos de los indígenas. Los rebeldes derrotaron la embestida y se concentraron en la reconstrucción social y económica de los pueblos recuperados. A este esfuerzo se les unieron los magonistas de Sonora, lo que deja entrever la existencia de esta fuerza en la región más allá del año de 1908, como lo afirma la historiografía sobre el tema.[66]

La profundidad del acuerdo político y militar entre los yaquis y el PLM se expresa en la siguiente carta:

A los miembros del Partido Liberal Mexicano: Salud.

Sirvan estas líneas para manifestaros nuestra simpatía por los esfuerzos que hacéis por ayudarnos a sacudir el yugo de nuestros opresores, contra quienes hemos venido sosteniendo una guerra desigual desde hace más de cuarenta años.

Con la mano puesta en el corazón, os invitamos a venir a este campamento, donde seréis recibidos con los brazos abiertos por nuestros hermanos de miseria.

No tenemos palabras con qué manifestar nuestro reconocimiento por los sacrificios que hacéis por nosotros, y esperamos que siempre estaréis dispuestos a tendernos la mano, hasta que el capitalismo haya desaparecido de esta región del Yaqui y la bandera roja de Tierra y Libertad no tenga ya enemigos que combatir.

Recibid los saludos de toda la tribu Yaqui y un fraternal abrazo de vuestros compañeros por Tierra y Libertad.

En representación de la tribu Yaqui firman: Luis Espinoza, Juan José Sibalaume, Luis Matus, Juan José Gómez, Ignacio Mori.

El representante de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano en la región del Yaqui: Juan F, Montero.

Cuartel General de la tribu en Torocopobampo, Río Yaqui, Sonora, Julio 15 de 1914.[67]

La presencia de Juan Montero en la región yaqui, muestra la influencia anarquista en la zona, pero más allá de la injerencia política del PLM, el documento refleja las relaciones de amistad y colaboración entre estos grupos.

Para  los magonistas la lucha de resistencia yoreme fue un ejemplo a seguir para la conquista de la libertad y de los derechos populares, mientras criticaban a los trabajadores organizados en la Casa del Obrero Mundial por firmar en 1914 un pacto con el gobierno de Venustiano Carranza, que los integró a los llamados Batallones Rojos Obreros del Ejército Federal que combatieron a indígenas y campesinos.

Ricardo Flores Magón analizó en un artículo la coyuntura por la que atravesó la lucha magonista y social en Sonora en este año. En su diagnóstico afirmó que la alianza generó más resultados que fracasos. Así lo expresó cuando se refirió a los yaquis:

...nuestros abnegados compañeros están trabajando los campos, pues son agricultores por excelencia y así como se ve hambre y dolor en los territorios ocupados por los carrancistas, en el territorio del que se han apoderado los Yaquis hay abundancia y libertad. Cada Yaqui es un guerrero, pero al mismo tiempo es un trabajador, y en las campiñas hermosísimas del Yaqui podría inspirarse algún poeta revolucionario al contemplar a los habitantes con el fusil terciado a la espalda, fecundando la tierra con su trabajo honrado y libre.

Cuentan con víveres en abundancia tomados de todas partes, así es que mientras se llega el momento de levantar la cosecha de su trabajo actual, no hay temores de que carezcan de nada…

Sin embargo, señaló:

…Si el Partido Liberal Mexicano pierde el terreno conquistado en la región del Yaqui, esa derrota, como otras más deberán ser atribuida no tanto a la fuerza de la burguesía, cuanto a la indiferencia y al egoísmo de los proletarios, y la actitud criminal de los que erigidos en directores de la opinión, en moldeadores de un nuevo modo de pensar y obrar, que en vez de hacer esfuerzos por crear una mente favorable a la desesperada lucha del proletariado mexicano contra sus opresores, guardan cobarde silencio o se entregan a la tarea antilibertaria de engendrar y fomentar dudas. (En clara referencia de la “anarquista” Casa del Obrero Mundial y los anarquistas europeos) [68]

Concluyó su texto exhortando el apoyo hacia la lucha yaqui:

Excitamos a todos nuestros compañeros a que se preocupen por la suerte de los buenos que arriesgándolo todo, se encuentran frente a frente con el enemigo. Esos luchadores necesitan algo mejor que un aplauso, que por sincero que sea, no es más que ruido. Esos luchadores necesitan armas y parque en abundancia y literatura revolucionaria profusamente distribuida y todo eso no se consigue con aplausos o brindando en las cantinas a la salud de los héroes del proletariado, sino con dinero contante y sonante. [69]

Ricardo Flores Magón, al recordar el ataque hecho por algunos grupos y figuras del anarquismo europeo al PLM en 1912, hizo una fraternal invitación a Juan Grave, Enrrico Malatesta y “otros intelectuales”, que dudaron de las tendencias del magonismo y la Revolución Social mexicana, para que fueran al cuartel general de la tribu en Tocoropobampo.  Los apremiaba a hacer un viaje por la extensa comarca, con la intención de que observaran en los indígenas yaquis “lo que necesitaban para no menospreciar a un movimiento generoso de hombres sencillos que aspiraban a vivir una vida libre”.[70]

La convocatoria demostró el lugar central que tuvo la lucha armada de los yaquis en el desarrollo de la revolución social del PLM. Para Ricardo Flores Magón, la lucha de los yaquis fue uno de los mayores ejemplos de los esfuerzos que se hicieron en México para lograr un cambio social profundo, y explicó a los anarquistas e intelectuales europeos las principales lecciones de la lucha yaqui:

… Ahí aprenderán que pueblos sencillos, pero dispuestos a ser libres y felices a cualquier costo, no han necesitado largos años de aprendizaje en liceos y universidades, ni saber lo que es boycot, sabotaje y huelga general, para tomar el rifle y tomar posesión por el hierro y por el fuego de la riqueza social acaparada por unos cuantos bandidos.

Ahí aprenderán esos filósofos que es preferible organizar a los trabajadores para la lucha armada contra el capital, el gobierno y el clero, que pasarse lustros y lustros clamando rebeldías dentro de las cuatro paredes de un salón.

Sin duda que es más peligroso organizar a los trabajadores para la lucha armada contra sus tres enemigos: el capital, la autoridad y la iglesia....

Enviamos un fuerte abrazo a nuestros queridos hermanos Yaquis; así es como deben obrar todos los trabajadores que quieran ser libres de verdad.

Adelante, hermanos Yaquis.[71]

Los yaquis, por su parte, explicaron las razones de su acercamiento en un Manifiesto a la Nación enviado a la redacción de Regeneración en septiembre de 1914. En la primera parte de dicho manifiesto agradecieron a la Junta por su apoyo a la campaña que emprendieron en 1913 para recuperar los ocho pueblos tradicionales. En el mismo, los yaquis expusieron y justificaron su participación en las luchas del ejército constitucionalista contra el huertismo en Sonora, en la medida en que dicha cooperación bélica fue útil para mantener su fortaleza militar en la región y así poder defender una mayor autonomía.

La colaboración entre los yaquis y los constitucionalistas se rompió pronto, porque:

... mas nada hacían por ayudarnos a desterrar de la región del yaqui al sinnúmero de ricos y explotadores de toda clase que están ocupando nuestras tierras... nos rehusamos a seguir adelante en la campaña, hasta no ver expulsados de nuestra tierra a los ricos, soldados, a los policías, a los jueces, a los alcaldes, a todo lo que estorba.... Decidimos a continuar por nuestra propia cuenta.[72]

El manifiesto muestra que la participación de los yaquis en la revolución tuvo siempre objetivos específicos y una dinámica independiente. En el fondo, esta dinámica les permitió mantener una organización militar propia, defender su cultura, sus costumbres y una organización política autónoma que les consintió perfilar paulatinamente un proyecto político autonómico, que les permitió integrarse a la sociedad nacional sin debilitar sus intereses y derechos.

El manifiesto concluye con un llamado a los “hermanos yaquis”, en referencia  a los Torocoyoris, a abandonar las filas de José María Maytorena, y a desconfiar de los gobiernos, con un lenguaje muy cercano al magonista:

... en lugar de estarse matándose por Maytorena o cualquier otro verdugo se vengan aquí a luchar, por sus pueblos, por sus tierras y por su raza amenazada de exterminio por los ricos y los gobiernos. De lo contrario, hermanos que no estáis con nosotros y que confías en que un gobierno os ara felices, no conseguiréis otra cosa que alargar la lucha, porque nunca existirá un gobierno que nos de la felicidad, pues la felicidad ha de ser obra de nosotros mismos...

Los pobres debemos estar con los pobres, en estas guerras contra los ricos y los gobiernos.

TIERRA Y LIBERTAD

Dado en el campamento de la tribu yaqui en Sonora, en el 16 de Agosto de 1914

La alianza con los magonistas durante la Revolución Mexicana fortaleció la dinámica autónoma entre los yaquis y reforzó la confianza en la justeza de sus demandas, que coincidieron con las de otros grupos que participaron en el proceso revolucionario. Podemos afirmar que el proceso vivido entre 1906 y 1914 fortaleció a los indígenas yaquis, condujo a recuperar seis de los ocho pueblos tradicionales y consolidó a los yaquis como un sector social fuerte que desarrollo sus propias estrategias políticas en el régimen posrevolucionario, hasta conquistar legalmente una considerable parte de su territorio tradicional en el gobierno de Lázaro Cárdenas, que los llevo a ser uno de los pueblos indígenas que aún luchan por mantener su régimen de autonomía y sus derechos culturales.

En 1931 el socialista estadounidense Carleton Beals publicó Mexican mase, libro de reflexiones y experiencias sobre su andar por el país a partir de 1918, en el afirma que “toda la revolución de 1910-1928 giró sobre el pivote yaqui”, pues el “el problema vital del nuevo nacionalismo es la reconciliación con los históricos nacionalismos locales. Destruyendo los pequeños muros a la larga vendrá a destruirse lo mejor que existe en México”.[73]

 

Bibliografía

Fondos

Campaña contra los yaquis.  Archivo Histórico General del Estado de Sonora (AHGES)

Ramo Revolución Mexicana. Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada de la Secretaria de Relaciones (AHDGE-SRE)

Ramo Tribu Yaqui.  Archivo Histórico General del Estado de Sonora (AHGES)

Fondo Manuel González Ramírez. Archivo General de la Nación (FMGR-AGN)

Fondo Reservado. Hemeroteca Nacional. (FRHN)

Fondo Reservado. Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada – Secretaria de Hacienda y Crédito Público  (FRBMLT-SHCP)

 

Libros

Abad de Santillán, Diego. Historia de la revolución mexicana. Frente de Afirmación Hispanista. México, 1992.

Abad de Santillán, Diego. Ricardo Flores Magón: el apóstol de la Revolución Social Mexicana. Secretaria del Trabajo y Previsión Social. México, 1986.

Beals, Carleton. Mexican mase, J.B. Lippincott Company. Philadelphia. 1931

Bernal, Nicolás T.  Memorias. CEHSMO. México, 1982.

De la Huerta, Adolfo. Memorias de Don Adolfo de la Huerta: Según su propio dictado. Trascripción y comentarios del Lic. Roberto Guzmán Esparza. Edición  facsimilar. INEHRM. México. 2003.

Flores Magón , Ricardo. Epistolario y textos de Ricardo Flores Magón. Prólogo y notas de Manuel González Ramírez. FCE. México, 1976.

Flores Magón, Ricardo, Epistolario y textos. FCE-CREA. México. 1984.

Hernández Padilla,  Salvador, El magonismo. Historia de una pasión libertaria. Era. México, 1984

Kaplan, Samuel. Combatimos la tiranía, conversaciones con Enrique Flores Magón. INEHRM. México, 1950.

Martínez Núñez, Eugenio. La vida heroica de Práxides G. Guerrero. INEHRM. México, 1960. p 127.

Spicer, Edward H. Los yaquis, historia de una cultura. UNAM. México, 1994.

Torres Parés, Javier La revolución sin frontera. Ediciones hispánicas-UNAM. México, 1990. p. 57

 

Hemerografía

Padilla Ramos, Raquel y Tonella Trelles, Ma. Del Carmen. La guerra del yaqui a través de la prensa arizonense. XXII Simposio de Historia y Antropología de Sonora. IIH-UNISON. Hermosillo, México. 1998.

 


[1] Profesor del Colegio de Estudios Latinoamericanos. Facultad de Filosofía y Letras. UNAM

[2] “La ley yaqui, tal como ellos la entendían, era el sistema de orden social que había sido originalmente santificado en el momento de la fundación de los Ocho Pueblos y que requería para su mantenimiento toda la organización de los Ocho Pueblos yaquis con sus gobernadores, su iglesia y demás autoridades tal como se había desarrollado en el siglo XIX”. Edward H. Spicer. Los yaquis, historia de una cultura. UNAM. México, 1994. p. 287.

[3] Una serie de telegramas del año de 1900 muestra que las acciones guerrilleras de los yaquis nunca dejaron de existir. Volumen 1552-Campaña contra los yaquis.  Archivo Histórico General del Estado de Sonora (AHGES). Así mismo en un telegrama del 13 de oct. de 1900, dirigido al gobierno del estado por el comisario de la policía de "La colorada", describe el proceso de diseminación de los yaquis por ranchos y haciendas de esa región; volumen 1553-Campaña contra los yaquis del AHGES.

[4] Declaración de Francisco Matus tomada de una serie de confesiones contenida en el volumen 1881, expediente 13, del AHGES

[5] Carta del cónsul mexicano en Tucson al Gral. Luis E. Torres y oficio mandado al Srio. de gobernación Creel contenidos en el volumen L-E-2250 del Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada de la Secretaria de Relaciones Exteriores (AHDGE-SRE)

[6] Expediente: “Persecución de indios prófugos”. Tomo 9 del Ramo Tribu Yaqui. AHGES.

[7] Nota titulada: "The sale of arms to yaqui indians", del periódico The Arizona Republican, contenida en el volumen 2077 del AHGES.

[8] Oficio de Arturo M. Elías, cónsul de Tucson, al Srio. de Relaciones Exteriores. Febrero 10 de 1906; en el volumen L-2250 del AHDGE-SRE.

[9] Despacho del cónsul Arturo M. Elías a la S.R.E, tomo L-E-2250 del AHDGE-SER.

[10] Reseña del artículo "La simpatía de los Americanos por los indios yaquis", hecha por el capitán norteamericano Goodrich al cónsul mexicano en San Francisco, Cal. Tomo L-E-2250, AHDGE-SRE

[11] Reseña de un articulo publicado en San Francisco California contenida en una carta del cónsul de San francisco a la S.R.E. Tomo L-E-2250, AHDGE-SRE

[12] Las acciones de Benton Dick se encuentran en un articulo publicado en The Citisen de la ciudad de Tucson año de 1906 contenidos en un oficio enviado por el cónsul mexicano Arturo M. Elías a la S.R.E., en el tomo L-E-2250, del AHDGE-SRE

[13] Oficio del cónsul de Yuma para la S.R.E. En el volumen L-E-2250 del AHDGE-SRE

[14] Raquel Padilla Ramos y Ma. Del Carmen Tonella Trelles. La guerra del yaqui a través de la prensa arizonense. XXII Simposio de Historia y Antropología de Sonora. IIH-UNISON. Hermosillo, México. 1998. p. 174.

[15] Memorias de Don Adolfo de la Huerta: Según su propio dictado. Trascripción y comentarios del Lic. Roberto Guzmán Esparza. Edición  facsimilar. INEHRM. México. 2003. P. 11

[16] Nicolás T. Bernal. Memorias. CEHSMO. México, 1982. pp. 88-89.

[17] Programa del Partido Liberal Mexicano del 1° de julio de 1906. Contenido en el volumen L-E-820 del AHDGE-SRE. Foja 79, renumerada con el número 93.

[18] Documento enviado desde Estados Unidos a la Secretaria de Relaciones Exteriores. Septiembre de 1906. En el Volumen L-E-2250 del AHDGE-SRE y Reporte del Cónsul de Tucson, Arturo M. Elías, para al Srio. de Relaciones Exteriores. 15 de septiembre de 1906. Contenido en el volumen L-E-820 del AHDGE-SRE.

[19] Javier Torres Parés. La revolución sin frontera. Ediciones hispánicas-UNAM. México, 1990. p. 57

[20] Salvador Hernández Padilla. El Magonismo. Historia de una pasión libertaria. Era, México. 1984. 124

[21] Despacho enviado por el Gral. en Jefe de la primera zona militar a la S.R.E., contenido en el volumen L-E-2250 del AHDGE-SRE.

[22] Diego Abad de Santillán. Historia de la revolución mexicana. Frente de afirmación hispanista. México, 1992.  p. 437

[23] Diego Abad de Santillán. Ibídem  p. 460.

[24] El mismo Palomares se encargo no solo de repartir Regeneración, sino que además distribuyo documentos y manifiestos magonistas en las comunidades yaquis. Carta de Fernando Palomares a Ricardo Flores Magón. Buena Vista Sonora, Río Yaqui. Junio 29 de 1908. Volumen L-E-821. foja 100. AHDGE-SRE. Y Diego Abad de Santillán. Ibídem. p. 262. “Regeneración se difundió como pudo por el territorio mexicano, recurriendo a los más variados procedimientos y era esperada ansiosamente hasta en las más humildes rancherías, donde era leída por los que sabían leer en medio de grupos atentos y entusiastas”.

[25] Carta de Enrique Flores Magón y Práxides G. Guerrero a Javier Huitimea. St. Louis Missouri. 5 de abril de 1908, volumen 48. p. 6  del Fondo Manuel González Ramírez-Archivo General de la Nación (FMGR-AGN)

[26] Carta de Práxides G. Guerrero a Javier Huitimea. 15 de enero de 1908. Vol. 47. pp. 205-208 del FMGR-AGN.

[27] "JAILS FULL OF REVOLUTIONISTS", artículo publicado en el periódico The Herald. Tucson, Arizona. 7 de abril de 1908. Vol. L-E-821, f. 56 del AHDGE-SRE.

[28] Carta escrita por Fernando Palomares para Ricardo Flores Magón el 24 de junio de 1908 desde Batamotal Sonora. L-E-821. f. 135 del AHDGE-SRE.

[29] Carta escrita el 7 y 8 de junio de 1908 por Ricardo Flores Magón a su hermano Enrique. Localizada en el volumen L-E-821 del AHDGE-SRE. Decomisada por la policía y publicada en los periódicos oficiales de la ciudad de México: La Patria y El País.

[30] Javier Torres Parés. La revolución sin frontera. Op Cít. p. 62

[31] Diego Abad de Santillán. Historia de la revolución mexicana. Frente de afirmación hispanista. México, 1992.  pp. 463-474

[32] Oficio del gobierno de Sonora a la SRE, localizado en el volumen L-E-821, foja 203, del AHDGE-SRE.

[33] Epistolario y textos de Ricardo Flores Magón. Prólogo y notas de Manuel González Ramírez. FCE. México, 1976. p. 11

[34] Eugenio Martínez Núñez. La vida heroica de Práxides G. Guerrero. INEHRM. México, 1960. p 127.

[35] Samuel Kaplan. Combatimos la tiranía, conversaciones con Enrique Flores Magón. INEHRM. México, 1950. p. 197.

[36] Documento enviado al Srio. de Gobernación, enero 7 de 1909; Pitahaya, Sonora. Volumen 2424 del AHGES.

[37] Circular del gobierno del estado de Sonora, diciembre 14 de 1908. En el legajo 2 del volumen 2316, AHGES.

[38] Carta de Ricardo Flores Magón para Práxedis G. Guerrero y Enrique Flores Magón. 13 de junio de 1908. Los Ángeles, California. Ricardo Flores Magón, Epistolario y textos. FCE-CREA. México. 1984. pp. 202-209

[39] Nicolás T. Bernal. Memorias. CEHSMO. México, 1982. pp. 26

[40] Diego Abad de Santillán. Ricardo Flores Magón: el apóstol de la Revolución Social Mexicana. Secretaria del Trabajo y Previsión Social. México, 1986. pp.81-82

[41] Nicolás T. Bernal. Ibídem. Pp. 27-28.

[42] Diego Abad de Santillán. Ricardo Flores Magón: el apóstol de la Revolución Social Mexicana. Op. Cít. P. 86

[43] De un documento emitido por el gobierno del Estado para la Secretaria de Gobernación. Junio 3 de 1911. Tomo 2760 de AHGES.

[44] Oficio del Prefecto del Distrito de Moctezuma dirigido al Gobernador del Estado de Sonora. 19 de Junio de 1911. Tomo 2766 del AHGES.

[45] Carta dirigida por Ricardo Flores Magón a Julio Mancillas. Los Ángeles, Cal. , Mayo 27 de 1911. Tomo L-E-844, Revolución Mexicana, del Archivo Histórico Diplomático Genaro Estrada de la Secretaria de Relaciones Exteriores. (AHDGE-SRE)

[46] De un reporte dirigido desde Phoenix al Srío. de Relaciones Exteriores. Phoenix, Arizona. 9 de Agosto de 1911. AHDGE-SRE. Tomo L-E-844, Revolución Mexicana.

[47] Informe del cónsul de México en Phoenix al secretario del despacho de Relaciones Exteriores. Phoenix, Arizona. 29 de Agosto de 1911. AHDGE-SRE. Tomo L-E-844, Revolución Mexicana.

[48] El Imparcial. En su edición del primero de septiembre de 1911, primera plana. Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional. (FRHN)

[49] El Imparcial. En su edición del 2 de septiembre de 1911, página 4. Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional. (FRHN)

[50] De las relaciones e investigaciones enviadas desde Phoenix al subsecretario encargado del despacho de Relaciones Exteriores. Phoenix, Arizona. 7 de octubre de 1911. AHDGE-SRE. Tomo L-E-851, Revolución Mexicana.

[51] Carta de Ricardo Flores Magón A Rosendo Dorame. Los Ángeles, California. 19 de noviembre de 1911. Tomo L-E-844. del AHDGE-SRE.

[52] Artículo: “El Yori Madero”. Regeneración, núm. 65. Sábado 25 de noviembre de 1911. FRBMLT-SHCP

[53] Carta de Teodoro M. Gaítan a José Hernández. Phoenix, Arizona. Enero 12 de 1912. Tomo L-E-844 del AHDGE-SRE. Seguramente eran trescientos yaquis, pudo cometerse un error de trascripción por el servicio consular de la SRE.

[54] Entiéndase aquí Comunista, como comunismo anárquico. Carta de Ricardo Flores Magón a Trinidad N. Córdova. 23 de Febrero de 1912. Tomo L-E-844 del AHDGE-SRE. Sin embargo esta no tuvo éxito, corrió con la misma suerte de la iniciada en Enero de 1911

[55] Informe del exmagonista e infiltrado Julio Mancillas a la Secretaria de Relaciones Exteriores. 15 Febrero de 1912. Tomo L-E-844 del AHDGE-SRE.

[56] Informe del consulado en Phoenix para el secretario de Relaciones Exteriores. 27 de febrero de 1912. Tomo L-E-844 del AHDGE-SRE.

[57] De un telegrama del Vicegobernador de Sonora dirigido al Coronel Emilio Kosterlitsk. Hermosillo, 2 de febrero de 1912. Tomo 2785-Campaña contra el yaqui, del AHGES.

[58] Carta del comisionado para la Paz Gral. B. J. Viljoen al Presidente Francisco I. Madero. En el volumen 65 del Fondo Manuel González Ramírez del Archivo General de la Nación. (FMGR-AGN)

[59] Estos informes pueden ser leídos en gran cantidad en el tomo 2766-Campaña contra el yaqui del AHGES.

[60] Telegrama de la Cámara Nacional de Comercio de Sonora al Presidente de la República. 18 de noviembre de 1912. En el tomo 2766-Campaña contra el yaqui del AHGES.

[61] Informe de la prefectura de Guaymas al Gobernador del Estado. 6 de septiembre de 1913. Tomo 2950-Campaña del Yaqui del AHGES.

[62] Ibídem.

[63] Manifiesto a los habitantes del Río Yaqui. Agosto 20 de 1913. Tomo 3389, segunda parte, del AHGES.

[64] Carta de José María Maytorena al Srio. de Gobernación  Jesús Flores Magón sobre documentos originales de las relaciones entre zapatistas y yaquis. Volumen 86, p 107 del FMGR-AGN.

[65] “La revolución Social en Sonora”. Regeneración. No. 177. 21 de febrero de 1914. En el FRBMLT-SHCP.

[66] Me refiero en particular a la obra de Alfonso Torúa Cienfuegos, El magonismo en Sonora. 1906-1908: historia de una persecución,Sonora, Universidad de Sonora, 2003, 190 pp.

[67] Carta publicada en Regeneración. No 119. 22 de agosto de 1914. FRBMLT-SHCP.

[68] Artículo: “La bandera roja en Sonora”. Regeneración. No 119. 22 de agosto de 1914. FRBMLT-SHCP.

[69] Ibídem

[70] “La Revolución social en Sonora”. Regeneración. No. 177. 21 de febrero de 1914. En el FRBMLT-SHCP.

[71] “La Revolución social en Sonora”. Regeneración. Ibídem.

[72] Manifiesto enviado en una carta de Luis Espinoza para la redacción de Regeneración. Publicada en su edición del Sábado 12 de septiembre de 1914. No. 200. Primera Plana. FRBMLT-SHCP.

[73] Carleton Beals. Mexican mase, J.B. Lippincott Company. Philadelphia. 1931. pp. 177 y 187

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