Viernes, 1 de Agosto de 2014
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ISSN: 2007–2309
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“Roja y negra bandera nos cobija..."
Los colores y el lenguaje cromático de los emblemas revolucionarios

Aunque la intención del presente trabajo no es profundizar en el lenguaje cromático, daremos una aproximación histórica a lo que representan determinados colores en los protagonistas de procesos revolucionarios en el orbe. Está comprobado que el color tiene una influencia en el estado de ánimo del ser humano; de hecho, la fotosíntesis de las plantas a las reacciones de los animales, el estado de ánimo de las personas y el discernimiento de todo lo que constituye el espacio vital son fenómenos naturales básicos cuyo motor es la energía luminosa.

Palabras clave: color, pictografía, anarquismo, socialismo, revolución

 

“Roja y negra bandera nos cobija/ patria libre, vencer o morir”. Con estas frases culmina el Himno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), una consigna de la geográficamente lejana Nicaragua, pero cercanamente humanista pero trunco proceso revolucionario de 1979 en el país centroamericano.

Si las transformaciones sociales produjeran cambios pictóricos en la geografía y las consciencias, es muy posible que los países del llamado Tercer Mundo asumirían los colores rojo y negro.

 

Histórica tríada

Estudios lingüísticos demuestran que, aunque el número de palabras utilizadas para denominar los colores varía de una lengua a otra, algunos pueblos parecen conocer únicamente dos colores: blanco y negro; otros identifican con palabras sólo tres: blanco, negro y rojo, hasta llegar a la amplia gama de vocablos para designar los colores existentes en los dialectos con raíz indoeuropea. Sin embargo, la secuencia de identificación de los colores es siempre la misma: en primer lugar se identifica siempre el blanco, seguido por el negro y el rojo, en tercer lugar.

La tríada negro-blanco-rojo aparece frecuentemente en distintas formas de decoración sobre la piel en los pueblos primitivos; estos colores servían para distinguir a los personajes centrales de las ceremonias. La oposición negro-blanco para representar la antítesis entre el bien y el mal, así como el rojo utilizado para asustar, fue utilizada en cuentos y fábulas tradicionales.

Esta tríada es usada frecuentemente en diversos rituales para simbolizar el pasaje de un estado a otro: nacimiento, boda, bautismo, funerales. En las culturas orientales, el rojo denota autoridad, poder, salud y buena suerte, así como para purgar la maldad. En estas ideas hay un trasfondo religioso y filosófico compartido parcialmente por las sociedades de occidente; mientras en la  antigüedad se usaba una pulsera roja de coral como amuleto para proteger al niño de las enfermedades. En Sudamérica aún se mantiene la creencia de que una cinta roja en la muñeca del bebé, sacará las influencias negativas (maldad, envidia, enfermedad) que él atrae por su fragilidad y belleza.

En la iconografía cristiana el negro y el rojo simbolizan el mal (el diablo, el infierno). Aunque también el rojo adquiere valores positivos como la caridad, al ser la sangre derramada por Cristo para la salvación del mundo. En las imágenes de la Virgen María, el celeste de su manto caracteriza su asunción al cielo; el blanco su virginidad y el rojo, la virtud de la caridad.

El poder de la alquimia también se manifestaba por el color, especialmente por el negro, el blanco y el rojo. Esta tríada cromática también tuvo un lugar privilegiado en la heráldica, estableciéndose normativas con argumentos muy poco rigurosos y contradictorios. A fines del siglo XIV, un escritor heráldico inglés consideraba que el rojo era equidistante del negro y del blanco –aunque no explicaba por qué-, y era el color más apropiado para los príncipes, al simbolizar la valentía. Durante el siglo XIX se desarrolló una interpretación más psicológica de la simbología del color. La Tabla sinóptica de Humbert de Superville (1770-1844), compuesta en 1827, caracteriza al rojo como violento y expansivo, al blanco como el estado de equilibrio, calma y claridad, y al negro como la convergencia, concentración y solemnidad.

Precisamente esas connotaciones fueron dadas por el francés Marie-Henri Beyle (1783- 1842) quien, bajo el seudónimo de Stendhal, publicó en 1831 la novela Rojo y negro (Le Rouge et le Noir). Aunque el título alude a los colores de los uniformes del ejército (rojo) y de los sacerdotes (negro), Stendhal hace una visión crítica de la sociedad de su momento. El personaje, Julien Sorel, es hijo de un carpintero que busca salir de la pobreza y ascender de condición social pese a su juventud, diciendo a los demás lo que quieren oír y haciendo lo que desean ver que hace. Julien trata de participar en la vida de la alta sociedad, pero los nobles le desprecian por su origen humilde. Por un lado Julien ambiciona elevarse en la sociedad, pero por otro le asquea la hipocresía y la mediocridad de la burguesía de Paris.  No resulta descabellado relacionar el  origen de los colores aludidos por Stendhal y el carácter contestatario de su obra.

 

El color de la lucha

Las luchas por las transformaciones sociales no escapan del lenguaje cromático; es evidente que el rojo denota identidad de los movimientos comunistas y revolucionarios del mundo, así como la posición internacionalista de la misma. Hasta nuestros días se sigue denominando "rojos" a los seguidores de los partidos de izquierda, aunque algunos de éstos ya hayan desechado sus tendencias revolucionarias.

Haciendo historia, diremos que la República de Florencia, otrora fiel aliada a la Santa Sede, se opuso decididamente al Papa Gregorio XI (1336-1378), responsable del regreso de la sede pontificia de la ciudad francesa de Aviñón hacia Roma. Los florentinos exhibían una roja bandera con la palabra “Libertad” impresa con letras de oro; de esta manera instaban al pueblo a la insurrección contra los legados pontificios.

Para 1768, la bandera roja era portada por los obreros británicos, como símbolo durante la huelga de marinos y para diferenciarse de sus patrones. 1780 fue el año en que 100 mil trabajadores de Londres marcharon a incendiar la prisión de Newgate; el liderato multirracial portó el rojo estandarte al grito de "fuera con todas las prisiones", por ser la clase trabajadora la más frecuentemente encarcelada.

 

Jacobinos, girondinos y la Revolución Francesa

Si en medio de la Revolución Francesa (1789-1794), la bandera roja se dejaba ver, en 1848 aparecía espontáneamente en las barricadas de París y por toda Europa revolucionaria. En la Asamblea Nacional gala existían sectores burgueses y coincidentes en la lucha contra el rey y la nobleza; ambos buscaban imponer los principios liberales, aunque distanciados con respecto a sus intereses y los medios para lograr sus objetivos.

Los girondinos, llamados así por proceder de la zona sur de Francia llamada La Gironda, eran empresarios y grandes comerciantes que integraban la gran burguesía, de tendencia moderada, contaban con el apoyo de las provincias y consideraban prudente hallar un acuerdo con la monarquía y la nobleza, limitando el poder real, aunque sin permitir el derecho a voto a las clases pobres, que no pagaban impuestos. La razón era el temor a perder sus privilegios por obra de los movimientos populares que habían alcanzado gran prestigio.

Por su parte, los jacobinos -nombre proveniente de sus reuniones en el convento de la orden de los jacobinos- estaban respaldados por el Consejo y el pueblo de París;  principalmente integrado por profesionales y modestos propietarios que querían abolir definitivamente la monarquía y proclamar una República Democrática, con derecho a voto para todas las clases sociales.

Mientras los girondinos deliberantes se colocaban al lado derecho de la Asamblea, los jacobinos lo hacían a la izquierda, proviniendo así la posterior división entre partidos de derecha y de izquierda, según sean conservadores en su accionar político o propongan medidas tendientes a cambios profundos.

Los girondinos se consagraron triunfantes en octubre de 1791, cuando la Asamblea, por poseer mayoría entre sus miembros, sancionó la primera Constitución, que imponía una monarquía parlamentaria, donde los miembros del Parlamento serían elegidos por las clases adineradas. El Rey continuaba en el poder con límites en sus atribuciones. Sin embargo, esta situación varió sustancialmente entre 1792 y 1794, cuando los jacobinos, con ayuda de los sans culottes (trabajadores urbanos), tomaron el poder el impusieron el terror.

Liderados por Maximilien Robespierre (1758-1794) y Georges Jacques Danton (1759-1794), crearon tribunales populares que juzgaron y condenaron a muerte a opositores de la revolución, como al Rey Luis XVI, a la Reyna María Antonieta, sacerdotes y miembros de la nobleza; todos ellos fueron guillotinados, aunque luego, los propios líderes revolucionarios corrieron la misma suerte al ser acusados y condenados por aspirar a una dictadura personal.

Respecto a la bandera nacional de Francia, ésta data de los primeros días de la Revolución francesa. En julio de 1789, poco antes de la toma de La Bastilla y en medio de la intensa agitación se forma una milicia que decide lucir una divisa roja y azul, distintivo de la ciudad de París. El 17 de julio, cuando Luis XVI se dirige a París para reconocer a la nueva Guardia Nacional, luce la escarapela bicolor a la que el marqués de Lafayette (1757-1834), el comandante de la Guardia, parece haber añadido el blanco de los monárquicos legitimistas.

Bandera de Francia

En el período revolucionario de 1848, el gobierno provisional adoptó la bandera tricolor, aunque el pueblo prefería enarbolar en las barricadas el pabellón rojo, para marcar la fuerza de su rebelión. Habría que esperar la III República para que los tres colores generen el consenso de la nación.

Durante la Comuna de París (Primer Estado proletario que tomó el poder de la capital francesa, entre el 18 de Marzo y el 28 de Mayo de 1871) los trabajadores ocuparon la ciudad flameando la bandera roja de la clase trabajadora y como símbolo de emancipación.

Para 1892, el rojo pendón dirigía las marchas por el Día del Trabajo; el 1ro de mayo era celebrado con la bandera roja en toda Europa, Australia, América del Sur, Cuba y Japón, aunque también forma parte de la tradición socialdemócrata; en 1889 y con el objetivo de ganar a las masas, el recién formado Partido Laborista de Gran Bretaña escribió una canción sobre la bandera roja, que se convirtió en el himno del Partido. Una de las estrofas dice: "La bandera del pueblo es profundamente roja, un manto de nuestros mártires muertos…la sangre de su corazón pintó toda su mano".

La expresión bandera roja ha sido utilizada también en canciones o marchas conmemorativas de diversos partidos o movimientos socialistas; así se observa en el caso del Partido Comunista Italiano, organización en actual proceso de reconstrucción, cuyo himno se denominaba precisamente Bandera Roja (Bandiera Rossa en italiano): "En pie trabajadores, sus cadenas de esclavitud desaparecerán bajo la bandera escarlata".

Bandera de la URSS


Reacciones psicológicas

Comenzando el siglo XXI, todavía resulta común ver banderas rojas sobreimpresas con los nombres o emblemas de partidos, movimientos, organizaciones o sindicatos; estas son con frecuencia vistas en protestas, manifestaciones y marchas. Del mismo modo, ondear una bandera roja es un eufemismo para la incitación en tauromaquia, y el rojo es el color del desafío tanto como también un símbolo de la sangre de la clase trabajadora.

"La amenaza roja", la "China roja”, en contraposición con la “China nacionalista” o “China libre”, fueron algunas expresiones acuñadas por los países capitalistas, durante la Guerra Fría, teniendo como principal referencia la bandera de la Unión Soviética. También es evidente que la identificación del color con el comunismo fue motivado por los propios aludidos. Octubre Rojo, Bandera Roja, Estrella Roja, Ejército Rojo, Guardia Roja, Sol Rojo y en nuestro país: Patria Roja,  Pucka LLacta (“Tierra Roja”, “Pueblo Rojo” o “Patria Roja” en quechua), así como Rincón Rojo y Búho Rojo, denotan una ideología en común.

Psicológicamente, el rojo se asocia fuertemente con el calor, de tal manera que es posible sentirse más acalorado en un ambiente pintado de rojo, aunque objetivamente su temperatura no haya variado. Estudios médicos demuestran que el rojo provoca efectos físicos muy determinados como el aumento de la presión sanguínea, aceleramiento del ritmo cardio-respiratorio, incremento de la tensión intraocular, de manera que en algunas personas puede provocar dolores de cabeza.[2]

En publicidad, el rojo hace resaltar los perfiles y atrae la mirada. La utilización de ese color en los envases resulta eficaz al generar el efecto ilusorio de avanzar hacia el comprador, atraer la atención y provocar una afirmación positiva acerca del producto. Crea un ambiente de actividad y de energía, a la vez que es intensamente emotivo y atractivo para todas las edades y sexos.

El rojo también denota peligro y advertencia; en la época cavernaria, la visión de la sangre fresca era un aviso que ponía en guardia a los habitantes. También se identifica con la lucha, el amor y la pasión, pudiendo observar la moda femenina de pintarse de rojo vivo los labios, algo que proviene de tiempos ancestrales y que provocaban y provocan el deseo sexual. En la iglesia católica, el rojo se sigue reservando para las vestiduras de los más altos dignatarios, excluido el Papa.

Centrándonos en el motivo del artículo, según los patrones culturales de las sociedades occidentales, el rojo denota la cólera y agresividad, igualmente relacionándose con la guerra y la sangre. Al planeta Marte se le denomina el "planeta rojo" no por su superficie (que es amarillo-anaranjado), sino por su asociación con Marte, el dios romano de la guerra.

Pero las culturas en el mundo interpretan el rojo de distinta manera. En China es el color de las bodas y representa buena suerte, aunque también se le identifica con los celos. En la India  representa la caballerosidad. También es posible que sea el color con más implicaciones nacionalistas, y es que figura en un mayor número de banderas de países del mundo.

 

Bandera blanca

Si consideráramos que el color blanco es el más puro de todos, representando socialmente a la pureza, concluiríamos con que es el color más protector de todos, aportando paz y confort, aliviando la sensación de desespero y de shock emocional, ayudando a limpiar y aclarar las emociones, los pensamientos y el espíritu.

Políticamente el color blanco está asociado al movimiento monárquico. Proveniente del  Pabellón real de Francia, el blanco simbolizaba a lo divino y a Dios, por lo que Luis XIII de Francia cambió el pabellón azul con las tres flores de lis por el blanco. En contraposición la bandera tricolor (azul, blanca y roja) se convirtió en la insignia de la Revolución francesa, tanto en 1789, como en las sucesivas revoluciones de principios del siglo XIX.

En nuestra región, Uruguay presenta las connotaciones políticas más marcadas con el tradicional Partido Nacional, fundado en 1836, llamado comúnmente Partido Blanco e ideológicamente de tendencia centroderechista.

Tras la Revolución Rusa, de octubre de 1917, se produjo una guerra civil entre el ejército rojo y los denominados blancos que englobaba a los monárquicos, que defendían el zarismo junto a otros reaccionarios contra el bolchevismo. También se dio una situación similar entre rojos y blancos en la Guerra Civil finlandesa.

Internacionalmente, la bandera blanca es un símbolo de protección, de tregua o “alto el fuego”, para negociar. Una bandera blanca significa que el negociador que se aproxima no va armado, en un intento de rendirse o comunicarse con el adversario. Su uso con esos fines está incluido y reconocido por la Convención de Ginebra.

La primera vez que se mencionó el uso de una bandera blanca para rendirse fue en el año 109 A.C. cuando en el Imperio Romano, el historiador Comelius Tacitus (c. 55-120) mencionó una bandera blanca de rendición. Antes, los soldados Romanos se indicaban su rendición alzando sus escudos por encima de sus cabezas.

 

¿Antibandera?

Desde finales del siglo XIX, el color negro ha sido asociado con la anarquía; algunos investigadores señalan que la oscuridad en la bandera representaría la propensión anarquista a levantar barricadas y a su vocación internacionalista. Mientras las banderas coloridas identifican, generalmente a las naciones, una simple bandera negra sería una “antibandera”. Hay quienes interpretan esa “antibandera” como una negación a toda ideología, filosofía, culto, tradición (que suelen tener símbolos), bajo cuyos rótulos y símbolos se esclaviza al ser humano.

Contrariamente a lo que se piensa, los anarquistas nunca se dieron el trabajo de discutir en congresos ni convenciones la aprobación de un pabellón que exprese su filosofía de vida, ni su denominación de “anarquistas”, ya que ésta se usó desde el siglo XIII para designar a los desobedientes del rey de Francia Philippe de Bel (1268- 1314).

Una de las primeras propuestas de comunidades socialistas fueron los falansterios, teorizadas por el socialista utópico francés Charles Fourier (1772- 1837). Aquellas comunidades rurales autosuficientes, creadas por acción voluntaria de sus miembros y que serían la base de la transformación social, adoptaron como emblema la bandera con los colores del arco iris. Ello a recomendación de la escritora y activista Flora Tristán (1803-1844), quien la vio por primera vez en el Perú, y es que la "Huancha Cuchi" representaba la hermandad y fecundidad del imperio inca.

La bandera negra ya era popular durante la Comuna de París; los albañiles de la ciudad de Reims la llevaban con el lema: “trabajo o muerte”. El año siguiente, los Cannuts (obreros de la industria de la ciudad de Lyon, protestaron contra los patrones y extendieron la seda negra con el emblema: "vivir trabajando o morir combatiendo".

Aunque la bandera roja durante la Comuna de París ya fue descrita, el escritor francés Jules Valtes (1832- 1885) propuso el cambio por la bandera negra, al ser “más radical y triste”. Por su parte, la revolucionaria Luisa Michel (¿?-1905) defendió la idea del negro pendón y en 1882, durante un aniversario más de la Comuna dijo: “¡no más banderas rojas pintadas en la sangre de nuestros soldados! Yo ondearé la bandera negra que toma el luto de nuestros muertos y nuestros dolores”.  Ya en 1883, cuando Francia vivió una intensa agitación social, fue que el anarquismo adoptó la bandera negra definitivamente.

Bandera negra del anarquismo

Encerrada en un círculo es una popular versión creada por Per Bylund

La historia señala que el 9 de marzo de 1883 la bandera negra se hizo ver de manera "oficial" durante una manifestación organizada por el sindicato de carpinteros de Francia, siendo la dirigente anarquista Louise Michel (1830- 1905)  la primera en enarbolar por primera vez una bandera improvisada hecha con una falda vieja negra atada al palo de una escoba. Esta fue la defensa de la bandera negra que ella hizo durante su proceso:

"Hay algo más importante en este proceso que arrancar algunos trozos de pan. Se trata de la idea que perseguimos, de las teorías anarquistas que ellos quieren por todos los medios condenar (…) ¡Ah!, ciertamente, señor abogado general, a usted le resulta extraño que una mujer ose defender la bandera negra. ¿Por qué hemos resguardado la manifestación bajo la bandera negra? Porque esta bandera es la de las huelgas e indica que el obrero no tiene pan. (…) El pueblo muere de hambre, pues bien, yo he cogido la bandera negra y me he ido a decir que el pueblo no tenía trabajo y no comida. Este es mi crimen, júzguenlo como quieran.”[3]

La canción anarquista más popular y adquirida como himno, no alude al negro sino al rojo. El coro original de Hijos del Pueblo, compuesto en 1885,  dice: “Rojo pendón, no más sufrir, / la explotación ha de sucumbir. / Levántate, pueblo leal, / al grito de revolución social....”

Aparentemente este himno es obra de un director de banda militar establecido en la ciudad española de Barcelona, quien se presentó a la Sección de Música Revolucionaria del primer certamen socialista organizado por el Centro de Amigos de Reus, perteneciente a la Primera Internacional.

Mientras una bandera blanca simboliza rendición o tregua frente una fuerza superior, la bandera negra puede ser lo contrario. Sin embargo, algunos de los primeros anarquistas se identificaron con la bandera roja, al provenir de la tradición del socialismo. La historia señala que con la escisión final entre marxistas y anarquistas, estos últimos adoptaron la bandera negra como símbolo para diferenciarse del "socialismo de Estado" representado por los primeros.

Durante la Revolución Rusa (1917), las fuerzas anarquistas de Néstor Makhno (1889- 1934) eran conocidas popularmente como el “Ejército Negro”; lucharon bajo el símbolo de la bandera negra con algo de éxito hasta que fueron vencidos por el Ejército Rojo.

Hubo un primer intento de traer el anarquismo a México, por parte del inglés Robert Owen (1771-1858), en el año de 1824, en el Estado mexicano de Texas, pero fracasaron las gestiones con el gobierno mexicano, para hacer en dicho Estado el escenario de su utopía y de su sociedad perfecta.

En el Estado brasilero de Paraná, los anarquistas italianos que fundaron la  colonia Cecilia, entre 1890 y 1894, izaron en la cúspide de un árbol la bandera negra, como el símbolo de la experiencia libertaria.

Pero en América latina, donde mayor influencia e irradiación adquirió el anarquismo fue en Argentina; es allí donde existió la única organización obrera que autocalificada de anarquista: la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), fundada en 1901 y adherida al anarquismo en 1905.

De otro lado, el revolucionario mexicano Emiliano Zapata (1879-1919), quien combatió en la guerra civil de su país, en la década de 1910, usó una bandera negra con una calavera con huesos, la Virgen María y el lema: "Tierra y Libertad".

Una de las banderas en la Revolución Mexicana

 

Dos colores para una sola lucha

Los habitantes del antiguo Egipto llamaban a su país Kemet, traducido como “tierra negra” debido a la  fertilidad generada por los limos negros depositados tras las crecidas anuales del río Nilo; todo ello en contraposición al desheret o "la tierra roja", que caracteriza al árido desierto, a los países extranjeros (por oposición a Egipto) y al Dios Seth, representante de la muerte. No por nada, en sepulturas subterráneas de aquella cultura se han encontrado papiros con antiguas escrituras en colores negro y rojo.

“Color de sangre tiene el fuego, / color negro tiene el volcán. / Colores rojo y negro tiene/ nuestra bandera triunfal.”, es la letra de la Internacional Anarquista, uno de los himnos ácratas más interpretados por la Federación Anarquista Ibérica (FAI), durante la Guerra Civil Española (1936-1939), aunque la organización ya contaba con el rojinegro distintivo desde su fundación, en 1927. Tenemos otro ejemplo claro: “Viva la FAI y la CNT/ luchemos hermanos/ contra los tiranos/ y los requetés/ Rojo pendón, / negro color, / luchemos hermanos/ aunque en la batalla/ debamos morir.”

La bandera rojinegra de los anarcosindicalistas

Las interpretaciones más frecuentes aluden a que la bandera rojinegra une el negro del anarquismo con el rojo del sindicalismo o movimiento obrero; normalmente los colores están cosidos en diagonal, aunque las primeras banderas lo estaban de forma horizontal.

El poeta chileno Pablo Neruda (1904- 1973) narra algunas particularidades observadas durante su experiencia española, en medio de la Guerra Civil: “Los anarquistas habían pintado tranvías y autobuses, la mitad roja y la mitad amarilla. Con sus largas melenas y barbas, collares y pulseras de balas, protagonizaban el carnaval agónico de España. Vi a varios de ellos calzando zapatos emblemáticos, la mitad de cuero rojo y la otra de cuero negro, cuya confección debía haber costado muchísimo trabajo a los zapateros.”[4]

En Costa Rica el rojo y negro fueron utilizados por el Centro de Estudios Germinal, organización anarquista fundada en 1912. Aunque hay usos anteriores de banderas que conjugaban ambos colores en Italia y México, la popularización definitiva vino cuando la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de España tomó el distintivo como enseña del anarcosindicalismo, en la década de 1920.

Hasta hoy la bandera rojinegra es uno de los símbolos más populares del anarquismo en algunos sitios y ya no se limita a representar el anarcosindicalismo en exclusiva, sino que también es usada por anarcopunks, anarcocomunistas, anarcomutualistas, etc.

De manera opuesta, la extrema derecha utilizó aquellos colores como distintivo; recordemos que la bandera nazi es roja y en un círculo blanco se enmarca la esvástica negra. Del mismo modo, los Camisas negras (en italiano, camicie nere), nombre dado a los miembros del Escuadrón de Acción paramilitar fundado en la Italia fascista de Benito Mussolini (1883-1945); también mencionemos a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS),  al Partido político español de ideología nacional-sindicalista, fundado en 1931 y que en 1934 se uniera a la Falange Española.

Pero vale aclarar que, mientras la simbología anarquista le da a ambos colores una significación por sí mismos (los colores como emblemas), los nazis los utilizan como instrumentos visuales. Por su parte, los falangistas trataron de vender la idea de organización obrera y popular para convencer así a los sectores menos ideologizados de la izquierda a pasarse a la derecha.

Podemos mencionar un film dramático o de ficción que trata de reflejar la participación de la resistencia falangista en el Madrid republicano durante la contienda civil: Rojo y Negro, dirigido por Carlos Arévalo (n. 1942) a finales de 1941 y principios de 1942.

Acerca de este film, el historiador de cine Carlos Fernández Cuenca (1904-1977) lo considera como “de auténtica concepción falangista que se ha realizado, desde la alusión en el título de los colores de la bandera de la Falange Española hasta la declarada filiación de la protagonista y de sus camaradas a los ideales y a las conductas que la acción exalta.”

Sin embargo, encuentra ilógico el prefacio: “Creemos que Rojo y Negro está inspirada en un buen deseo: pero su exposición es tan difusa, que se presta a consecuencias indudablemente desacertadas. ‘Rojo de sangre y negro de rencor’ dice el prefacio presentación de la película.”

La simbología se pone una vez más de manifiesto en “Gallo rojo”, canción de la guerra civil española, también conocida como “Los dos gallos” y en donde se aprecia una clara contradicción cromática: “Cuando canta el gallo negro/ es que ya se acaba el día/ Si cantara el gallo rojo/ otro gallo cantaría (…) Gallo negro, gallo negro/ Gallo negro, te lo advierto/ no se rinde un gallo rojo/ mas que cuando está ya muerto”.

El pendón rojinegro también posee una connotación de lucha para la justicia social en el Estado norteamericano de California, al ser la bandera de la United Farm Workers (UFW) “Campesinos Unidos del Mundo”, que en 1962 escogiera César Chávez (1927-1993), un campesino de origen mexicano que luchó incansablemente hasta su muerte por los derechos sindicales de los trabajadores en esa localidad.

Para el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, el color rojo significa libertad y la sangre derramada en la lucha por la revolución de hombres y mujeres; mientras que el negro, es el luto guardado por todos los revolucionarios muertos en la guerra contra la explotación.

Ejército de Liberación Nacional

Colombia

“Roja y negra bandera nos cobija / patria libre vencer o morir” dice el himno del  Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Recordemos que el legendario revolucionario nicaragüense Augusto César Sandino (1895-1934), lideró la resistencia de su país contra la invasión norteamericana enarbolando la bandera roja y negra de los movimientos anarcosindicalistas internacionales que conoció durante su exilio en México. En uno de sus relatos, con fecha del 4 de agosto de 1932, Sandino es más que elocuente cuando afirma: “Nuestra columna segoviana la integraban ahora 800 hombres de caballería muy bien equipados y nuestro pabellón rojo y negro, majestuoso, se levantaba en aquellas agrestes y frías colinas.”

Frente Sandinista de Liberación

Nacional. Nicaragua

Posteriormente le siguieron el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR de Chile y más recientemente el Frente Zapatista de Liberación Nacional FZLN de México entre otros.

Movimiento de Izquierda Revolucionaria

Chile

 

Ejército Zapatista de Liberación

Nacional. México

Mientras algunos Estados socialistas todavía poseen banderas mayoritariamente rojas, como Vietnam, la República Popular Democrática de Corea y China (mantiene su connotación revolucionaria con las cinco estrellas amarillas que simbolizan la unidad del pueblo bajo la dirección del Partido Comunista), a inicios de la década de 1990, Albania y Mongolia quitaron la estrella de sus respectivos pabellones. Otros Estados y territorios de gobiernos no socialistas también mantienen banderas rojas por razones históricas. “Tu rojo y negro pabellón /bandera es de gloria/ que en toda victoria/ es tu inspiración...”, es la letra del himno de la provincia puertorriqueña de Ponce, que corrobora ello.

Bandera de China

Por su parte, el negro en la bandera de Angola, representa el continente Africano y el rojo, la sangre derramada durante la lucha por la independencia. El símbolo del centro es en color amarillo y se compone de una rueda dentada que alude a los trabajadores industriales, el machete a los campesinos agricultores y la estrella al progreso y la solidaridad internacional. Todo ello es reminiscencia de la hoz y el martillo, y basada en la bandera del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA).

Bandera de Angola

 

Fidel Castro y la inspiración rojinegra

Este binomio cromático también fue adoptado en Cuba por el Movimiento 26 de Julio, llamado así en conmemoración al asalto al Cuartel Moncada, ubicado en la ciudad de Santiago de Cuba y en donde en 1953 se intentó dar fin a la dictadura de Fulgencio Batista (1901-1973). Sobre esto, el escritor peruano Dante Castro (n. 1959) señala que las revistas cubanas de 1959 daban fe que tras la entrada del Ejército rebelde en la Habana, muchos guerrilleros, consecuentes con sus credos, iban a presentarles ofrendas y rendirles culto a sus diversos Orishas o divinidades de procedencia africana. Entre estas se encontraban Changó, quien gobierna los relámpagos, los truenos, el fuego, los tambores y la danza; además de Elegba o Eleggua, dueño de los caminos y puertas en el mundo. Para  ambos casos, los feligreses disponían de collares rojo y negro o blanco y negro, codificando así  su naturaleza contradictoria.

Movimiento 26 de Julio.

Cuba

Pero la rojinegra bandera tiene en Cuba un origen muy anterior a la lucha comandada por el comandante Fidel Castro (1926), y que tiene relación con la presencia anarquista en la isla. La concepción socio liberal del pensador José Martí (1853-1895) le permitió tender un puente entre la lucha independentista y las organizaciones de obreros cubanos, poderosamente influidas por las ideas ácratas e emigrados a Estados Unidos, a partir de la crisis económica mundial de 1857. Ya en 1888 se publicaba en la isla el periódico anarquista El Productor.

Entre los líderes más importantes del anarquismo cubano estuvo Enrique Roig San Martín (1843-1899), quien se comprometió con la causa de la emancipación nacional, y es que el Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí en 1892 poseía una concepción descentralizada y estatutos propios de la democracia directa, compatibles con los hábitos organizativos anarquistas.

En la guerra de 1895 numerosos anarquistas tomaron parte en la lucha armada, entre ellos Armando André (1872-1925); en enero de 1896 se constituye en París el Comité Francés de Cuba Libre, compuesto principalmente por ácratas franceses. En este contexto se crea en 1899 La Liga General de Trabajadores Cubanos, la más importante agrupación de aquel período, entre cuyos fundadores se encontraba numerosos obreros anarquistas.

Carlos Baliño (1848-1926), un activo anarquista dentro de los trabajadores del tabaco en el Estado norteamericano de Florida, terminó fundando la Agrupación Comunista de La Habana, el 18 de marzo de 1923.

Durante la lucha contra el régimen de Batista; cientos de ácratas sufrieron persecución, tortura, muerte y exilio por su participación en acciones de protesta, incluso armadas, contra la dictadura. Durante el ataque al Cuartel Moncada murió el anarquista Boris Luis Santa Coloma (1926-1953). De igual manera las guerrillas en la zona oriental contarían con la participación de Gilberto Liman y Luis Linsuaín. Como si fuera poco, la lucha urbana contó con el local de la Asociación Libertaria de La Habana como centro de reuniones conspirativas tanto para el Movimiento 26 de Julio como el Directorio Revolucionario.

Si bien se dice que la idea de Fidel, de exhibir el bicolor emblema viene de grupos anarcosindicalistas de la ciudad mexicana de Tampico, cuando organizaba el desembarco del yate Granma, influencia cubana no faltaba, y es que el dirigente del Movimiento 26 de Julio, Frank País (1934-1957),  quien antes de conocer a Fidel en Santiago de Cuba, ya era dirigente estudiantil y fundador de Acción Revolucionaria de Oriente (ARO).

El hecho concreto es que la bandera rojinegra aparece de un presupuesto social. “Cuando pregunto por su origen me parlotean frases eclesiásticas de que ‘el negro por el luto’... y muchas tonterías más que no acepto para un estandarte que hiciera triunfar una revolución socialista”, aclaraba Cecilia Hart Santamaría (1962- 2008).

Al mismo tiempo señala que el emblema del 26 de julio anunció el surgimiento de un partido político muy alejado del Partido Socialista Popular “que nunca, tal cual los partidos satélites de aquel Moscú, pudo entender por donde andaba el mundo, y mucho menos lograría hacer triunfar una revolución socialista”.[5]

 

El Perú y la cosmovisión andina

En la cultura andina, todo lo que es rojo por naturaleza significa vitalidad, fuerza y medicina; su uso es excepcional: sólo para la guerra o el matrimonio. Los ponchos rojos pertenecen en exclusiva a los mayores de 50 años, a varones que han ocupado puestos relevantes en su comunidad y alcanzado madurez y sabiduría. También puede ser usado por los jóvenes desde los 15 años, solamente en época de guerra, por lo que -según los estudiosos del tema- esta indumentaria es temida y las familias prefieren no tenerla.

Actualmente en Bolivia, los denominados Ponchos Rojos son reservistas del ejército de ese país, que conforman una milicia armada establecida para defender la integridad territorial; generalmente éstos provienen de la región Colla.

El rojo es un color sagrado para los campesinos; connota que un ayllu está en emergencia.[6] Hoy, los collas no dejan de lado su preparación por la posible llegada de un enfrentamiento civil y regional con matices racistas.

Históricamente los Ponchos rojos son una expresión clara de rebeldía, al engrosar las filas del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK) como “embrión de una lucha revolucionaria” durante los años 80 y 90 del siglo pasado, y dentro del proyecto político de reconstituir el territorio aymara del Jach’a Uma Suyu (el Gran Omasuyos, el territorio del agua) que se extiende hasta Perú y el norte de Chile.

 

Rojinegro huayruro

El rojinegro tampoco se escapa de la historia del proletariado peruano y la milenaria cultura andina. De fuerte contenido mítico religioso, el huayruro es uno de esos elementos esenciales que jamás debe faltar en ceremonias y ritos en el Ande.

Originaria de la Amazonía y zonas tropicales a lo largo del continente, ésta semilla que tiene como particularidad, ser roja con un punto negro que cubre un tercio de su superficie, ha sido considerada desde el tiempo de los Incas como un amuleto de la buena suerte y la riqueza.

Semillas de huayruro

Cuando el huayruro es de color enteramente rojo, refiere energía femenina (hembra). Cuando comparte el color rojo con el negro, expresa energía masculina (macho). Pero a su vez el huayruro de dos colores simboliza dualidad, que es el principio de las cosas. Ambos colores son sagrados, según la sabiduría heredada. En la cosmovisión el negro es el color de la eternidad y pertenece al reino de Pachakamaq, el gran espíritu que insufla y da vida a todo cuanto existe.

 

Etapa republicana

Resulta difícil precisar el momento en que el rojo pendón fue exhibido como emblema de la clase trabajadora peruana; sin embargo, existen algunas aproximaciones. El impacto de la Comuna de París, de 1871, repercutió en el Perú al ser la  primera tentativa de organización de un gobierno proletario.

En 1883 ocurrió en Piura la llamada rebelión de los chalacos. El escritor Hildebrando Castro Pozo (1890-1945),  anota  en El Yanaconaje en las Haciendas Piuranas lo siguiente: “Ya hace algunos años, ‘1883’ cuando ciertos hacendados extendieron el dominio de sus fundos hacia tierras de comunidades, en lo que fueron apoyados por las autoridades políticas y judiciales del Departamento; los comuneros de Frías y Santo Domingo, capitaneados por los de la Comunidad de Chalaco, se sublevaron protestando de lo que ellos llamaron, ‘parcialidad injusta a favor de los blancos’. Avanzaron en son de guerra hasta la Capital del Departamento, que tomaron sin resistencia; y cuando las autoridades quisieron rescatarla, hubo que hacerlo a sangre y fuego, y tomando las calles palmo a palmo...”.[7]

Por su parte, el historiador Juan José Vega (1932-2003) señaló que se fusiló a aproximadamente doscientas personas  que tomaron Piura al grito de ¡Comuna! ¡Comuna¡. “Es probable que existan algunos vínculos anarquistas en estos conflictos étnicos y clasistas”, aseguró Vega.

Para corroborar esto, el poeta Teodoro Garcés Negrón (1897-1981), en los versos de su romance Los Seminario de Piura, pinta lo acontecido con inaudito realismo:  “En el año ochenta y tres / Se vinieron los chalacos/ Y vivando la comuna/ Más de ochocientos serranos,/ Entraron a sangre y fuego/ Y pisotearon los muertos/ Sus caballos desbocados./ Junto al jefe Domador/ Estaba Juan Seminario./ Se peleaba por la tierra/ En aquellos días trágicos/ Cuando por primera vez/ Ondeó la bandera roja/ En esta América hispana...”

De otro lado, la bandera roja fue vista por primera vez en las calles de provincia ayacuchana de Huanta, a finales de 1896 cuando se produjo la rebelión de los pobladores de Iquicha por el llamado “impuesto de la sal”; en aquella oportunidad, un grupo de “montoneros” azuzó  a aproximadamente dos mil campesinos para tomar el estanco de ese producto, hasta que una División Expedicionaria venida de Lima venció a los rebeldes y dispuso el fusilamiento de varios de sus comandantes.

Hacia 1870 ya se detectan militantes criticando al Estado y al capital en el Perú, pero no es hasta 1904 en que asomarán los primeros grupos decididamente organizados y bajo la dirección ideológica de Manuel González Prada (1844- 1918). En ese año se forma la Unión de Panaderos con clara influencia anarquista, convocándose la primera huelga en el puerto del Callao.

Para 1909 la bandera roja era redimida por los anarquistas en el mundo, prueba de ello lo da el propio González Prada: “Se congregan hoy para recordar a los buenos luchadores que señalaron el camino y para reconocerse, estrechar las filas, cambiar ideas y acelerar el advenimiento de un gran día rojo. Y decimos rojo, pues no incurrimos en la ingenuidad o simpleza de imaginarnos que la humanidad ha de redimirse por un acuerdo amigable entre los ricos y los pobres, entre el patrón y el obrero, entre la soga del verdugo y el cuello del ahorcado”.[8]

Pero la cosmovisión andina también imbuyó a quienes en 1980 iniciaron su llamada “Guerra Popular”. Provistos de un carácter mesiánico y eventualmente contradiciendo las leyes del materialismo dialéctico, los seguidores del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso (PCP- SL) utilizaron como referencia la cultura andina.

Bandera del PCP- SL

Para el PCP-SL el rojo y negro fueron colores incompatibles entre sí, por lo que la mayor parte de la documentación interna publicada a inicios de la década de 1980, estaba impresa con tinta roja, representando así lo que sería una nueva sociedad que llegará tras establecimiento de la República Popular de Nueva Democracia; del mismo modo, los textos impresos con letras negras describirían el viejo orden a desterrar en la nueva sociedad peruana.

 

Apreciaciones finales

En los nuevos entornos comunicativos y virtuales en los que el hombre se desenvuelve, el uso del color impacta con mayor fuerza en los sentidos, previamente a cualquier reflexión sobre el mensaje. Esto representa una gran ventaja cuando la competencia y lo efímero de las comunicaciones son una constante. La persuasión retórica (en este caso el color) sólo es útil cuando hay más de una voz, precisamente en las comunidades en las cuales es posible el disenso y puede desarrollarse la multiplicidad de opiniones. Por eso, la retórica nace en el contexto democrático de la Grecia clásica, como método para imponer un argumento.

En el subconsciente de los seres humanos, los colores identifican lo bueno o lo malo; la vida o la muerte; el peligro o la vitalidad; la alegría o la depresión; lo claro o lo enigmático; la seducción o el veneno; el sexo o la muerte. Ello va de la mano con el contexto cultural, el género persuasivo, el emisor del mensaje y el destinatario; por ello, el uso del rojo, negro y blanco en imágenes del diablo o del vampiro Drácula difieren de los alegres payasos, el bueno de Papá Noel y los sacerdotes.

No se trata de una utilización arbitraria del color, sino de la apropiación de los tributos negativos del otro para absorberlos y neutralizarlos. Aunque se sepa que estas figuras son benefactoras, conservan su ambivalencia.

Debe quedar claro que la combinación del rojo con el negro no denota identidad entre los comunistas, sino que es adoptado por aquellos movimientos revolucionarios que van más allá del inmovilismo de algunos partidos comunistas burocráticos y sí cumplen con la tarea estratégica  de la revolución, principalmente de la liberación nacional camino al socialismo.

La adopción de la bandera rojinegra por casi todos los movimientos de liberación nacional en América Latina obedece a que se suscriben a la tradición del Movimiento 26 de Julio de Cuba, como lo mencionamos anteriormente.

Finalmente, aunque la última parte del emblema musical sandinista nos sirvió de referencia inicial para este trabajo, la consciencia y el accionar de los pueblos tendrán la última palabra ya que en gustos y colores no han escrito los autores.

 


Notas:

[1] Estudió periodismo y se licenció en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Actualmente se dedica a la investigación y a la docencia universitaria. Es autor de los siguientes libros: Voces de la octava noche. Cuentos y poesía (1998), ¡¿Hasta Cuándo?!: la prensa peruana en el fin del fujimorato (2001), Síntesis histórica y clasista de las comunicaciones en el Perú (2002), Retablos de Ayacucho: testimonio de violencia (2003), Felipe de los pobres: vida y obra en tiempos de luchas y cambios sociales (2007), Mariátegui y la música de su tiempo: cuatro ensayos históricos sobre la influencia musical en el Amauta (2008). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] Milko A. GARCÍA TORRES (2007). Curso práctico de diseño gráfico. Madrid: Génesis S.A.

[3] Texto de la Defensa de Louise MICHEL, pronunciado el 22 de junio de 1883, ante la Cour d’Assise del Sena en Ecrits sur l’anarchisme Paris: Seghers (1964).

[4] Pablo NERUDA (1972). Confieso que he vivido, Capítulo 6: “Salí a buscar caídos”.

[5] Celia HART (2006). “El Moncada y los verdaderos comunistas” en: El Militante (voz socialista de los trabajadores y la juventud), La Habana, junio.

[6] El ayllu es un sistema organizativo que prevalece desde la época incaica en suelo altiplánico. Un territorio donde predomina la propiedad y producción comunitarias de la tierra y que puede abarcar una o varias comunidades campesinas.

[7] Sigisfredo BURNEO SÁNCHEZ (2007). Presencia de lo popular en la obra literaria de Víctor Borrero. Piura: Sietevientos.

[8] Manuel GONZÁLEZ PRADA (1975). “Primero de mayo (1909)” en: Antología Biblioteca Peruana. Lima.

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