¿Cómo es la complejidad de América Latina?

Una reflexión de antropología y complejidad

Carlos Eduardo Maldonado[1]

Este texto estudia cómo es la complejidad de América Latina, en el contexto de las ciencias de la complejidad. Destacando la historia y la cultura, los problemas de conocimiento, vida y medioambiente natural –en el sentido más amplio e incluyente- constituyen los ejes referenciales de los temas y problemas considerados. La caracterización que adopta este texto de complejidad es la de complejidad como no-linealidad. Se justifica esta escogencia y se ilustran las formas de entenderla. Nuestra complejidad constituye, a todas luces, una magnífica oportunidad: la de la historia, la de la vida.

Palabras clave: No-linealidad, Europa, medioambiente, naturaleza, megadiversidad, vida

 

I

América Latina: la imposible, al decir de un texto desafortunado de Marx en la Enciclopedia Britannica (en la que incluye también a Norteamérica). La expoliada y con las venas abiertas, de acuerdo con E. Galeano. La indígena y mestiza, si se opta por Mariátegui. En fin, la mil veces calificada. Latinoamérica emite, de acuerdo con datos de la UNESCO alrededor de 200.000 bits por día al mundo, y recibe en cambio más de 2’000.000 de bits diarios – aunque las cifras pueden ser bastante más altas. Y sin embargo, lo más sorprendente es el hecho de que, dado quizás a su enorme volumen, es desconocida para nosotros mismos – con la excepción acaso, de notables intelectuales, científicos y artistas, pero no así para la generalidad de nuestras sociedades.

Las contribuciones de América Latina a la historia de la cultura humana incluyen: la filosofía latinoamericana, la teología de la liberación, magníficas obras en las artes plásticas pero también en las escénicas; de manera definitiva, en la literatura con nombres propios, incluidos algunos premios Nobel en ciencia (la mayoría de los cuales han logrado este reconocimiento trabajando por fuera de Nuestra América). La Tabla I aporta la lista de todos los premios Nobel que ha ganado América Latina hasta el momento:

Tabla I: Los premios Nobel latinoamericanos hasta la fecha

PAÍS

PREMIO NOBEL

AÑO

ARGENTINA

  1. Carlos Saavedra
  2. Bernardo Houssay
  3. Luis Leloir
  4. Adolfo Pérez Esquivel
  5. César Misltein

 

Paz

Medicina

Química

Paz

Medicina

 

1936

1947

1970

1980

1984

COLOMBIA

Gabriel García Márquez

 

Literatura

 

1982

COSTA RICA

Oscar Arias

 

Paz

 

1987

CHILE

  1. Gabriela Mistral
  2. Pablo Neruda

 

Literatura

Literatura

 

1945

1971

GUATEMALA

  1. Miguel Ángel Asturias
  2. Rigoberta Menchú

 

Literatura

Paz

 

1967

1992

MÉXICO

  1. Alfonso García Robles
  2. Octavio Paz
  3. Mario Molina P.

 

Paz

Literatura

Química

 

1982

1990

1995

VENEZUELA

Baruj Benacerraf

 

Medicina

 

1980

Fuente: Elaboración propia

 

La música latinoamericana –desde la popular hasta la clásica pasando por música experimental y autóctona- tiene un espacio propio en la escala internacional. Y con toda seguridad, la cocina –en especial la mexicana, la peruana, del Brasil y del Caribe- se encuentra en los primeros renglones del buen sabor mundial, la diversidad y la calidad.

Pero, de manera definitiva, quizás la más importante contribución del Continente a la humanidad estriba en poseer y cuidar la diversidad de la vida. Dos países, Brasil y Colombia, son los dos principales países megadiversos; es decir, aquellos que poseen diversidad biológica, cultural y genética.  Pero México y Costa  Rica, Ecuador y Perú, notablemente, no se quedan atrás.

Mientras que Europa goza de una magnífica diversidad cultural compuesta por pequeños países en un continente que, de acuerdo con la afortunada expresión de J. Barzun, es tan sólo una península que se cree un continente –Europa es en realidad la península de Asia-, la mayor desgracia de América Latina no consiste en su vecino del norte, sino en el tamaño descomunal de la mayoría de sus países. Pues ello ha implicado centralismo excesivo, aislamiento y desconocimiento recíproco por parte de las sociedades y pueblos de nuestra Latinoamérica.

 

II

Una cuestión breve: el nombre. Que somos latinoamericanos es el triunfo de la cultura francesa –que crea y despliega por el mundo la cultura latina, que abarca desde Rumania hasta América Latina, pasando por ejemplo por Francia, Italia y la península ibérica. Por el contrario, que somos iberoamericanos es la propuesta española (principalmente) y portuguesa, que quiere excluir las referencias a Francia y más allá, y condensarla en la península ibérica y los países que van desde la Patagonia hasta México.

Pero, ¿hemos sido preguntados alguna vez acerca del nombre que quisiéramos o podríamos tener? En este sentido, América Latina quiere designar un pasado común lingüístico y, acaso, de tradición histórica a partir del Descubrimiento y la Conquista. Sin embargo, en sentido estricto, no existe una América Latina indiferenciada. (Europa se diferencia a sí misma. Nadie en Europa asume sin más ser europeo, sino: francés, italiano, danés o alemán, por ejemplo). Análogamente a como Asia y “los asiáticos” no existen, ni tampoco África y “los africanos”, asimismo no existe, strictu sensu, América Latina y “los latinoamericanos”. Más bien, para decirlo en términos clásicos, es la historia de lo común y lo diverso a la vez. El nombre tiene, en rigor, un valor mucho más deíctico (= indicativo) que de significación.

Esta, reitero, es una cuestión de nombres. Que a veces son importantes.

 

III

La complejidad de un fenómeno se caracteriza por las transiciones orden-desorden y, contrariamente a lo que podría creerse a primera vista, el énfasis no se encuentra en el orden ni tampoco en el desorden, sino en las transiciones. En el lenguaje técnico de la complejidad esto se designa como equilibrios puntuados, o también como equilibrios dinámicos. De esta suerte, la historia de Latinoamérica ha sido la de una eterna promesa – acaso aún incumplida. Por ejemplo la promesa de procesos de independencia que nunca terminaron de configurarse y sus potencialidades fueron cooptadas en otras direcciones. O la voz de los pueblos aborígenes que por razones de fe fueron eliminadas o acalladas de mil maneras. Latinoamérica se mueve en medio de turbulencias y fluctuaciones que son, lo hemos descubierto gracias a las ciencias de la complejidad, generadoras de vida. Al fin y al cabo la vida es un fenómeno esencialmente asimétrico que se caracteriza por equilibrios dinámicos, ruptura y composición de simetrías, exploración incesante de nuevas posibilidades con todo y los riesgos que ello implica. Sin más dilaciones: la complejidad de Nuestra América no es otra cosa que las posibilidades de vida misma hacia delante, en el tiempo. De vida humana, pero con ella también de toda forma de vida posible, conocida y por conocer (life-as-it-could-be).

Decir que América Latina es una realidad compleja significa reconocer no tanto que se caracteriza por fluctuaciones y turbulencias, inestabilidades y caos, cuanto que, principalmente, por posibilidades, irreversibilidad, no-linealidad. Esta es la tesis que quiero explorar con este texto. De esta suerte, no se trata de considerar si nuestra América es compleja, sino, en qué sentido lo es y qué implica su complejidad.

Ahora bien, cuando se habla de complejidad, la primera observación que hay que hacer es que el término (“complejidad”) en absoluto debe ser asimilado a algo “difícil”, “complicado”, y demás. Por el contrario, la complejidad la entiendo aquí en el sentido de las ciencias de la complejidad. Por consiguiente, se trata de comprender a América Latina como un fenómeno de complejidad creciente no-lineal. Esto es, un sistema complejo no puede explicarse a partir de lo anterior o inferior, sino en función de su dinámica y bifurcaciones. Más exactamente, se trata de un fenómeno que no es compresible – en el sentido de A. Turing. En otras palabras, la historia es ciertamente un referente ineludible, pero nunca puede ser ya tomado más como condicionante único y ni siquiera principal para la dinámica de nuestro continente. Por el contrario, es el estado actual y sobre todo las potencialidades y posibilidades las que determinan los grados de libertad de las sociedades, pueblos e individuos de Latinoamérica. La no-linealidad hace referencia al hecho de que existen más de una solución a a los problemas y, por consiguiente, más de una posibilidad en la historia de nuestra América, hacia delante.

La complejidad de un fenómeno consiste, de manera puntual, en los grados de libertad del sistema. Esto equivale a decir que a mayores grados de libertad mayor complejidad e, inversamente, a menores grados de libertad menor complejidad. Así las cosas, ¿cómo es la complejidad de América Latina?

 

IV

El español, el idioma más extendido en el continente, es un idioma importante en las humanidades en el mundo entero. Pero no así –no todavía- en ciencia y en filosofía, terrenos en los que el español sigue siendo hasta la fecha, un idioma secundario; si bien caben esperanzas hacia el futuro. En ciencia se presenta la ambigüedad de que mientras vivimos –amamos, pensamos, soñamos- en español, debemos escribir en inglés si queremos alcanzar niveles de impacto mundiales e incluso, personalmente o en términos de la adscripción a una Universidad y demás, ser incluidos en los diversos rankings. En filosofía no sucede algo distinto, con la salvedad mencionada de la filosofía latinoamericana. De todos los campos del conocimiento, los latinoamericanistas en general representan la avanzada más destacada en la ampliación del español a otros escenarios académicos y científicos.

Como sucede en muchas ocasiones en la historia de la humanidad, la economía e incluso el poderío militar, son importantes para designar la importancia de un país. En este sentido, Brasil potencia emergente en el grupo de los BRIC, puede situar al portugués en las primeras filas de la cultura y la riqueza idiomática. Pero no es necesario ni inevitable que el poder económico y militar lleven siempre la voz cantante. Justamente, Latinoamérica puede constituirse en un ejemplo al respecto. Por decir lo menos: me refiero a la comprensión de la economía en otros términos – por ejemplo atendiendo a la biodiversidad, a la economía del conocimiento, en fin, por ejemplo, a la soberanía alimentaria.

Occidente está cansado. Esta queja se escucha desde Musil, Husserl y Freud a comienzos del siglo XX hasta los más destacados pensadores y científicos europeos actuales. En otras palabras, el modelo eurocéntrico, que incluye a los Estados Unidos y Japón, está agotado – y a todas luces lucha por pervivir, pues carece de esperanzas. No en vano señalaba en otro contexto con agudeza H. Arendt: el fenómeno político por excelencia es el nacimiento. Pues bien, Europa padece desde hace ya varios lustros tasas de nacimiento inferiores a cero. Europa, como Japón y Estados Unidos son sociedades de senescencia.  Su lenguaje, sus actitudes y acciones son propias de los ancianos. En contraste, la principal fortaleza de Nuestra América es su juventud. Y como apuntaba a su manera Hegel, los jóvenes se sienten naturalmente inclinados a cambiar el mundo. Sólo que cuando se dan cuenta que no lo pueden hacer, continua el mismo Hegel, se vuelven hipocondríacos: que es efectivamente el caso de la vieja Europa.

Una expresión –una: no la más inquietante, como la presentan los grandes medios de comunicación- de este cansancio es la crisis en marcha de la eurozona, y los ritmos paquidérmicos de la situación en Estados Unidos y Japón. Sin embargo, el tema no es aquí la crisis ni Europa, sino, la complejidad de América Latina. Pues bien, la complejidad de nuestro continente estriba exactamente en sus posibilidades.

 

V

En efecto, la complejidad –esto es, las ciencias de la complejidad- son ciencia acerca de lo posible – no tanto ya, ciencia de lo real. Pero, hay que advertir que no se trata, en absoluto, de futurología ni estudios de futuro en cualquier sentido. Técnicamente, se trata de modelamiento y simulación. Pero en realidad es ciencia cuyo pilar es la imaginación y el estudio del movimiento súbito, imprevisto e irreversible, los espacios de fase, las transiciones de fase, los estados críticos. Así, la complejidad de América Latina hace referencia a las posibilidades de nuestra América.

Ahora bien, las posibilidades dependen, en general, de tres planos: a) las posibilidades propias, b) las posibilidades que emergen a partir de los comportamientos y dinámicas de sistemas externos, y c) el papel de la contingencia. Pues bien, a) las posibilidades propias hacen referencia a las propias capacidades que se crean en términos de proyectos a todos los niveles –local, regional, nacional y continental- tanto de cómo de las acciones que acompañan a estos proyectos; b) las posibilidades que surgen de los sistemas externos se refieren a las oportunidades que podemos tener dadas las debilidades y crisis de los centros hegemónicos. Hay que decirlo abiertamente: crisis como el consumo de drogas, la crisis financiera, la insostenibilidad, la escasez de recursos naturales, la crisis del sistema de seguridad social, y otras, no son crisis nuestras. Ciertamente, en contextos de globalización pueden afectarnos, como es el caso en verdad, aun cuando no con la misma intensidad que a ellos. Sin desconocer los llamados de una ética planetaria, es preciso reconocer que tenemos posibilidades que emergen de las circunstancias de la(s) metrópolis.

Para América Latina, la crisis financiera mundial en marcha constituye, a todas luces, una oportunidad. Sólo que, el lenguaje y el precio de esta oportunidad tiene connotaciones y alcances claramente políticos. Se trata, por ejemplo, de la oportunidad de renegociar la deuda externa. O la valorización de los recursos naturales (mercados de CO2, por ejemplo).  O políticas proteccionistas del capital humano, social e intelectual propio dada la tendencia de muchos europeos a buscar mejores condiciones de vida y de trabajo en nuestros países. En este sentido, por ejemplo, Brasil podría ser un ejemplo a partir de la política reciente de acuerdo con la cual se declara –análogamente a Canadá y Australia- un país de fronteras abiertas y acogida a extranjeros, pero con la condición de que sean altamente calificados. Una oportunidad es la de cobrar voz propia ante los grandes escenarios internacionales (Naciones Unidas y en general organismos multilaterales, por ejemplo). En fin, incluso una oportunidad para un mejor conocimiento real entre nuestras sociedades y pueblos.

En fin, c) la contingencia es el más sutil de todos los factores de la complejidad de un sistema. Por decirlo de alguna manera con Heráclito, el Oscuro de Éfeso: “Sólo quien espera lo inesperado hallará”.  La economía se refiere a la contingencia como el “costo oportunidad”. Y por definición, no es susceptible de planeación, programación o estrategia. Por el contrario, consiste, literalmente, en la capacidad para adaptarse a la circunstancia y aprovechar el momento. Como nos enseña la teoría de la evolución, éste es el rasgo más dramático de la vida y de él depende, en última instancia, la supervivencia de un individuo y una especie.

 

VI

La complejidad de América Latina estriba en su diversidad cultural y en sus muy numerosas prácticas locales, algo de lo que la antropología puede muy bien dar cuenta, así como la micro-historia. Si algo, de lejos, representa América Latina para la humanidad es un gran reservorio: sociolingüístico, de conocimientos ancestrales y no tradicionales, de buenas prácticas y conocimientos locales, de sabiduría ancestral no escrita, por ejemplo. Es cierto que somos la mayor reserva de la humanidad en términos de biodiversidad. Pero es igualmente verdadero que incluso por encima de la riqueza natural, la verdadera potencialidad descansa en los conocimientos no tradicionales – aunados a lo mejor de la ciencia, la tecnología y la ciencia actual, naturalmente. (Sólo la China, la India y América Latina contienen esta posibilidad).

Uno de los baluartes mayores de nuestra América son, sin duda alguna, las medicinas alternativas, no-convencionales y autóctonas, y con ellas, en general los saberes y conocimientos ancestrales – no escritos en su inmensa mayoría. No hay que olvidar, por ejemplo, que una de las fuentes de una de glas lógicas no-clásicas, la lógica paraconsistente, se inspira en los trabajos de F. Miró Quesada a partir de sus estudios sobre las lenguas aymara y quechua. Esta lógica está siendo empleada para los estudios más avanzados en el mundo acerca de cuestiones altamente técnicas como la hipercomputación biológica; es decir, el estudio de cómo los sistemas vivos procesan información – para vivir.

En verdad, la identificación con la naturaleza, y con ella y a través suyo, con el cosmos en general, que es lo que significan en verdad los saberes no-convencionales, le otorga a la aventura humana una matiz magníficamente diferente a aquella que ha sido heredada y transmitida a partir de la tradición judeo-cristiana. Así, en otras palabras, la complejidad de nuestro continente consiste en más y mejor conocimiento aunado intrínsecamente a la recuperación, estudio y vivencia de nuestras propias tradiciones, que están aun allí, interpelándonos sin que las hayamos aprendido a escuchar enteramente.

Estos reconocimientos han sido avanzados por notables antropólogos de Nuestra América. Sin embargo, la antropología es una ciencia políticamente incorrecta, y por su parte las ciencias de la complejidad se encuentran lejos de ser ciencia normal en el sentido de F. Romero (Argentina) y constituyen, por el contrario, manifiestamente, una revolución científica (T. Kuhn). Con seguridad, el objeto de la antropología ya no es lo extraño y lo exótico, lo salvaje y lo autóctono: sino, mejor aún, en el contexto del reconocimiento de la complejidad del mundo que vivimos –en el sentido de las ciencias de la complejidad- la interface entre experiencias comunes, saberes tácitos, conocimientos sedimentados y prácticas vivas y en transición.

 

VII

Ahora bien, sí existe un contraste cuando se ha vivido –o por lo menos viajado un largo tiempo- por Europa y Estados Unidos, por ejemplo. Es el hecho de que “las cosas” sí funcionan allá. Los horarios del transporte público, la presencia de reglas claras de juego en prácticamente todas las actividades del mundo cotidiano, en fin, un claro sentido de ética pública – en el sentido más amplio pero fuerte de la palabra. Es eso que la conciencia común llama espontáneamente “desarrollo”.  Sin embargo, países como Brasil, Chile y México, por ejemplo, ya alcanzan estos niveles de seguridad cotidiana, y no precisamente en el sentido militar de la palabra. Razonablemente, cabe esperar que en los demás países del continente estas prácticas sean posibles.

Como quiera que sea, la racionalidad de la política, la legitimidad de las instituciones, la calidad de la vida y su dignidad, en fin si se quiere, el desarrollo, son fenómenos que se contrastan (= verifican, falsean) en la vida cotidiana. La cotidianeidad –esa categoría descubierta originariamente por la fenomenología de E. Husserl, pero proyectada más allá de la filosofía a la historia gracias a la Escuela de los Anales- constituye la piedra de toque de la verdad de un sistema social, de un sistema jurídico, en fin, de un sistema de educación, si se prefiere.

En otras palabras, lo importante no es lo que un gobierno dice o hace, sino cómo viven las personas con lo que dice o hace el gobierno. Y si la vida de los individuos en comunidad no mejora, se enriquece, se llena de posibilidades, con mayor y mejor calidad de vida y dignidad, el gobierno y el sistema político pierden legitimidad y sentido.

 

VIII

La complejidad de América Latina estriba en su diversidad y, un rasgo importante, en su tamaño. Se trata de la diversidad natural, cultural, idiomática, genética, etc., de un lado. Y de otro, del tamaño enorme de sus países –con la excepción de los países de América Central y las Guayanas-. El Caribe presenta la mayor riqueza de lenguas occidentales, mientras que el Continente cuenta con la mayor diversidad de lenguas aborígenes. América Latina heredó la división entre sus países y no ha sabido superarla. Prevalece el concepto moderno y eurocéntrico de Estado-nación, desconociendo las verdades de la etnografía, de la antropología social y cultural, la genética incluso, en fin, de la ecología –en tanto que interface entre naturaleza y sociedad.

La geografía constituye, manifiestamente, otro rasgo distintivo de nuestra América. Sin duda alguna, Latinoamérica representa el mayor reservorio mundial en aguas submarinas, incluso aún mayor que Canadá. Notablemente cabe destacar el acuífero Guaraní, y las aguas dulces entre Colombia, Venezuela y Brasil. El gráfico I ilustra los principales reservorios de agua dulce en América Latina, sin lugar a dudas y de lejos, las principales reservas mundiales del agua potable. No en vano, como se ha dicho muchas veces, la tercera guerra mundial será por los recursos naturales y muy específicamente por el agua. Suponiendo que la tercera guerra mundial tenga lugar, desde luego.

Gráfico I: Principales de fuentes de agua dulce en América del Sur.
Gráfico I: Principales de fuentes de agua dulce en América del Sur.

Fuente: www.americaeconomia.com

El punto es que la gestión de esta riqueza hídrica constituye uno de los principales desafíos al mismo tiempo de los gobiernos y de las sociedades de Latinoamérica. Sobre lo cual, desde hace ya algún tiempo, se vienen imponiendo enormes presiones de intereses privados y gubernamentales foráneos.

 

IX

Ahora bien, desde el punto de vista de la geografía física América Latina se define por las relaciones, estructuras y dinámica entre la Placa de Cocos, la Placa de Nazca, la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana. La cordillera de los Andes y las montañas de Centroamérica, en particular Guatemala, México y Nicaragua, producen numerosos volcanes activos. El verdadero desafío en este plano consiste en la falla de San Andrés. Los tiempos geológicos y naturales son, particularmente para la escala de tiempo humana, esencialmente impredecibles. Este es un escenario propicio para la contingencia y la aleatoriedad. Indudablemente, el factor decisivo de esta complejidad consiste en las direcciones de desplazamientos de la placas.

Pues bien, la responsabilidad de los gobiernos consiste, ante este panorama de eventuales desastres naturales producidos por movimientos sísmicos, en prever todas las medidas necesarias conducentes a reducir el impacto de un evento de gran magnitud. En este punto, preocupaciones de orden al mismo tiempo político, científico, administrativo, ético y ecológico, por ejemplo, confluyen y se refuerzan positivamente.

Gráfico II: Las Placas Geológicas de América Latina en el panorama mundial.
Gráfico II: Las Placas Geológicas de América Latina en el panorama mundial.

Fuente: www.peceman.wordpress.com

El gráfico II presenta una imagen de las placas geológicas con las flechas de desplazamientos de las placas mundiales. A toda vista, América Latina representa la región mundial de mayor sensibilidad y por tanto complejidad en este plano.

 

Como quiera que sea, la complejidad de América Latina pasa también por factores globales, tales como el clima. Los microclimas no pueden aislarse por completo de las variaciones del clima a escala planetaria. Numerosos tornados asolan con mayor frecuencia e intensidad al Caribe y afectan a Centroamérica. Suramérica se ve asolada con regularidad por las variaciones de los fenómenos del Niño y de la Niña. El hueco en la capa de ozono afecta cada vez más a Chile y la Patagonia. Y a nivel regional, la depredación de la selva amazónica traerá con seguridad efectos catastróficos a escala planetaria. Esto para mencionar los casos más generales.

El clima es un tema que ha venido siendo estudiado de manera sistemática desde hace poco tiempo. Pero el clima, como en general los fenómenos naturales, implican aprender a pensar en escalas de tiempo de largo plazo  y no ya en escalas de tiempo efectistas como son las políticas públicas. Así, la ciencia de punta logra una armonía con la sabiduría ancestral en este punto, a saber: en la importancia de pensar a largo plazo; y consiguientemente de aprender a vivir con densidades temporales magníficas. Y de todas, sin duda, la más importante es la del tiempo –o tiempos- de la naturaleza. Basta con una mirada a la arqueología, por ejemplo, para lograr este doble encuentro. Pero otras puertas se encuentran también abiertas del lado de la paleobiología y la paleontología, por ejemplo.

 

X

Como quiera que sea, América Latina constituye ante todo una esperanza: la esperanza de una alternativa a la historia de la civilización occidental – si se quiere, una esperanza al modelo económico dominante, en fin, un espacio alternativo a las crisis que produce Europa y Estados Unidos y que están viviendo. No es inevitable que vivamos su historia. Nosotros tenemos varias, muchas historias propias, y muchas historias por vivir. Nuestra América es, hoy por hoy, un refugio, lo cual es legítimo. México ha sido siempre el mejor ejemplo de remanso para refugiarse de guerras, dictaduras y crisis. Otros países lo han sido en menor medida, igualmente, en el pasado.

Si la marca de calidad de la naturaleza es la diversidad, ésta representa la marca más clara de la complejidad, y por tanto, de la riqueza de Latinoamérica. Diversidad con respecto a la historia cada vez más simplificada por unificada de la civilización Occidental. Somos parte de Occidente, es cierto. Pero no somos únicamente occidentales. Este es un tema social y científico a la vez, y puede, adicionalmente, constituirse como un motivo de orgullo.

Del lado de la base de la sociedad, notablemente, se trata, por ejemplo, de cobrar un tono propio en la voz que le habla al mundo. Ello pasa por el idioma, desde luego. Y por los lenguajes corporales, tan propios nuestros. La idiosincrasia de una raza universal –por sus mezclas, la llamaba Vasconcelos: raza mestiza. Que es una señal de robustez genética y biológica, por lo demás.



[1] Profesor Titular. Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Bibliografía:

  • Barzun, J., (2001). From Dawn to Decadence: 500 Years of Western Cultural Life. 1500 to the Present. New York: Harper Perennial.
  • Maldonado, C. E., (2009). “Complejidad de los sistemas sociales: un reto para las ciencias sociales”, en: Cinta Moebio 36:146-157; http://www.moebio.uchile.cl/36/maldonado.html
  • Pérez-Taylor, R., (2002). Antropología y complejidad. Barcelona: Gedisa.
  • Reynoso, C., (2006). Complejidad y caos. Una exploración antropológica. Buenos Aires: Editorial SB.
  • Toledo, V. M., y Barrersa-Bassols, N., (2008). La barrera biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Barcelona: Icaria.

 

Cómo citar este artículo:

MALDONADO, Carlos Eduardo, (2012) “¿Cómo es la complejidad de América Latina? Una reflexión de antropología y complejidad”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 13, octubre-diciembre, 2012. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Miércoles, 30 de Noviembre de 2022.
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