Transpensar para la infancia: las traducciones de José Martí

Transthinking for the childhood: José Martí translations

Transpensar para crianças: a tradução do José Martí

Ma. del Rocío García Rey

RECIBIDO: 20-09-2013; ACEPTADO: 01-10-2013

 

En este trabajo observaremos las maneras en que los códigos literarios y extraliterarios se hacen presentes en“Los dos príncipes”, Los dos ruiseñores” y “Meñique”, textos que José Martí tradujo y adaptó para su revista infantil La Edad de Oro, publicada en 1889.

Fernández Retamar afirma: “[…] Martí se toma las libertades que considera necesarias a fin de dar adecuada casa española a los materiales.”[1] Estas libertades serán parte de las acciones nombradas por el propio poeta como transpensar e impensar.

El autor, antes de editar la revista infantil, escribió acerca del significado de la traducción. La sentencia que ha trascendido es aquella escrita apropósito de “Mes fils”, de Victor Hugo.

Dificultades graves. Traducir es transcribir de un idioma a otro. Yo creo más, yo creo que traducir es transpensar; pero cuando Victor Hugo piensa, y se traduce a Victor Hugo, traducir es pensar como él, impensar, pensar en él. —Caso grave, —el deber del traductor es conservar su propio idioma, y aquí es imposible, aquí es torpe, aquí es profanar. Victor Hugo no escribe en francés: no puede traducírsele en español. Victor Hugo escribe en Victor Hugo: ¡qué cosa tan difícil traducirlo![2]

La traducción no es sólo verter palabras de un idioma a otro; es un acto de recreación análoga del escrito original. El pensamiento se traslada del texto primario al texto re-creado. La adaptación debe ofrecer una obra estéticamente lograda, pues “la literatura es necedad si no es belleza.”[3] El hecho estético no es constreñido a la forma, en tanto, la belleza habría de ser concomitante con el acto axiológico que implica escribir. Por ello “el autor […] rompiendo las convenciones de los relatos tradicionales, desliza en la ficción buenas dosis de valores aleccionadores que invitan a conducirse por la vida con rectitud, buen criterio e inteligencia.”[4]

La hermandad literaria contribuiría a que fuera producida la belleza y armonía del mundo, pero ¿cómo volverse hermanos si desconocíamos los textos de allende mundo? ¿Cómo devenir “hombres de veras y madres de mañana” si creemos que nuestra aldea es el mundo? El deber del hombre de La Edad de Oro era mostrar cómo había sido constituida la historia de la humanidad, por ello escribió para los pequeños lectores: “[…] Les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora.”[5]

Para el poeta, la historia del orbe hubiera sido incompleta sin los cuentos y poemas una y otra región. Almendros ha señalado:

No traduce tan sólo Martí el cuento de Andersen, sigue y respeta fielmente el asunto, pero traduce y adapta; es decir modifica del cuento los datos y elementos que halla al paso, y cuenta a su gusto y a su manera. [6]

Es importante considerar que la acción de “transpensar”pasó por el filtro de una escritura modernista. Fue la impronta de la musicalidad unida al quehacer deontológico la que dio un nuevo cariz a las obras traducidas.

La anécdota de los textos ajenos era respetada, no así el desarrollo y la manera de contarlas. En el caso de la Ilíada, por ejemplo, Almendros dice: “[…] La Ilíada no (es) ya resumida, sino contada por él.” El acto de transpensar se desdobla en un acto de transleer, en tanto “la lectura no es mera transmisión unívoca del escritor al lector, sino que es, en su íntimo y dinámico sentido, creación constante y propia del que la lee.”[7] Luego entonces, para estudiar a nuestro autor como traductor, hay que mirarlo primero como un gran lector. La preocupación por escribir una literatura propia era indisoluble a su quehacer de ávido lector, cuya faena era contribuir a la independencia literaria de América.

Porque tenemos alardes y vaguidos de Literatura propia, y materia prima de ella, y notas sueltas y vibrantes y poderosísimas -más no esencia que expresar en ellas. Ni habrá literatura Hispano Americana hasta que no haya –Hispano América. [8]

            Trabajar para formar a los futuros hombres de Nuestra América significaba, entre otras acciones, ofrecerle a los niños un bagaje relacionado con las lecturas de una y otra tierra, puesto que: “El abono se puede traer de otras partes pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo.”[9]

“[En la traducción] Lo que está en juego es el mecanismo de la interpretación”[10], señala Steiner; sin embargo un siglo antes, Martí ya era consciente de ello, por tal motivo los trabajos traducidos no se reducían a una burda copia del original, pues: “La imitación servil extravía, en economía, como en literatura y en política.”[11]

Conviene detenernos en las recomendaciones dadas a María Mantilla, en 1895, para hacer una traducción:

Ve, pues, el cuidado con el que hay que traducir para que la traducción pueda entenderse y resulte elegante, - y para que el libro no quede, como tantos libros traducidos, en la misma lengua en que estaba.

La traducción ha de ser natural, para que parezca como si el libro hubiese sido escrito en la lengua a la que lo traduces […]es bueno que al mismo tiempo que traduzcas […]leas un libro escrito en castellano útil y sencillo para que tengas en el oído y en el pensamiento la lengua en que escribes. […]Yo quise escribir así en La Edad de Oro; para que los niños me entendiesen, y el lenguaje tuviera sentido y música. [12]

La adaptación y la traducción como expresiones intertextuales al tiempo que son lingüísticas responden también a las pautas culturales en las que están inmersos los autores – traductores. Por ello podemos decir que los nuevos textos resultan “ser también la estructura del espacio social en que su propio autor está situado.”[13] Al respecto suscribimos  lo señalado por Schulman:

Las traducciones deben releerse como trans/textos -es decir, creaciones originalmente de otros escritores, las cuales sin embargo mediante el vehículo de la traducción se trans/forman y se injertan en los códigos expresivos del arte literario, los conceptos morales, y la función combativa de la literatura martiana.[14]

Esta afirmación podemos sostenerla al considerar que en el caso de “The prince is dead”, de la norteamericana Helen Hunt, Martí añade la contraparte del dolor de los reyes por la pérdida del hijo. Así, la versión del cubano se titula  “Los dos príncipes”. El segundo príncipe muerto está representado por un niño pastor. Tal agregación y re-escritura se entiende, en tanto el poeta había expresado: “Traducir es estudiar, analizar, ahondar.”[15] En efecto lo que hizo fue escudriñar en el dolor producido por la muerte del hijo. Para el poeta será necesario develar la otredad. Los otros son los pastores pobres  no por ello, ajenos al dolor que produce la pérdida de un vástago.

La escritura de “Los dos príncipes” tiene como base versos de ocho y nueve sílabas. La musicalidad se mantiene a lo largo del escrito. El poema, vuelto romance, es presentado en dos columnas, como si el autor hubiera pretendido que los niños hicieran una lectura paralela del texto, lo que representaría observar a través de las imágenes desplegadas, lo sucedido en dos mundos opuestos: el de la monarquía y el de los pastores.

El palacio está de luto                              En los álamos del monte

Y en el trono llora el rey,                         Tiene su casa el pastor:

Y la reina está llorando                            La pastora está diciendo

Donde no la puedan ver:                          ¿Por qué tiene luz el sol?[16]

En el poema de Hunt el universo del luto se reduce al Palacio y a los reyes ¿Pero qué habría más allá de estos lugares suntuosos? ¿Cómo se viviría el dolor por la ausencia del hijo niño? Martí ofrece como respuesta la diégesis en la que participan los habitantes humildes. Es por el contraste creado entre los rituales suntuosos y los populares que el escritor tuvo toda la razón al anunciar su poema como: “Idea de la poetisa norteamericana Helen Hunt Jackson”, ya que el concepto primario está sólo en la muerte del príncipe; mientras el poeta presenta vis a vis el dolor que hermana a reyes y a pastores.

El realismo, la economía de imágenes descriptivas y la musicalidad, aunadas al tema proyectan el imaginario social del poeta sobre un texto pensado para niños. La presencia del padre, el dolor de las madres en medio de la naturaleza (laureles, pájaros, caballos, monte) son parte del sistema icónico que sostiene al romance. Con base en esta aseveración podemos plantear que en Martí, transpensar e impensar fueron acciones dobles, pues no sólo se situó en el pensamiento de Hunt y en el de los otros autores, también lo hizo en el entramado social que él miraba y percibía como desigual. No es casual que los dos niños sean príncipes. 

Luego entonces los trans/textos son discursos atravesados por la brega axiológica del autor que los convierte en un escrito translinguistico.

 

LOS DOS RUISEÑORES

La traducción de “El ruiseñor”, de Andersen, muestra que una de las principales tareas de nuestro escritor era -además de difundir en nuestras tierras americanas, la literatura poco conocida en aquel momento- adaptar de manera didáctica, hechos como la presencia de un emperador extranjero “y que manda matar a los súbditos que quieren pensar.”[17]

En la traducción que la editorial Anaya hace del cuento de Andersen, no está presente ninguna alusión a la prohibición para pensar. En esta versión, la historia se lleva a cabo, en efecto, en China como en la traducción de Martí, pero el título es sólo “El ruiseñor”. Veamos el inicio de ambas traducciones:

 

VERSIÓN DE MARTÍ

EN CHINA vive la gente en millones, como si fuera una familia que no acabase de crecer, y no se gobierna por sí, como hacen los pueblos de hombres, sino que tienen de gobernante a un emperador, y creen que es hijo del cielo, porque nunca lo ven sino como si fuera el sol […]Lo triste es que el emperador venga de fuera, dicen los chinos y nos coma nuestra comida, y nos mande matar porque queremos pensar y comer, y nos trate como a su perros y como a sus lacayos. [18]

 

VERSIÓN DE LA EDITORIAL ANAYA

Ya sabéis que en China el emperador es chino, y chinos son también todos los que están con él. De esta historia hace muchos años, pero precisamente por eso vale la pena oírla, pues podría olvidarse.[19]

Es posible observar las adiciones que el Maestro hace al texto: la principal está relacionada con la doble caracterización del emperador, al principio parece autoritario, extranjero y poderoso. Pero conforme el cuento avanza, el traductor nos informa que gracias al gobernante hay escuelas de bordados. Para redondear esta caracterización escribe: “[…] Cuando los tártaros bravos entraron a China, y quisieron mandar en la tierra, salió montado a caballo de su palacio […] y hasta que no echó al último tártaro de su tierra no se bajó de su silla.”[20]

Tal agregado antitético, no es menor si consideramos que en el escritor, la libertad es el punto medular en sus textos. El significante de la libertad es la independencia, acción por la que parece bregar el emperador.

 Es el afán libertario e independentista el que lo lleva a escribir para los niños las diferentes formas en que puede presentarse el sometimiento y la ausencia de libertad. La madre Belleza, como él la llamó, se hallaba en la faena por mostrar su convencimiento por la emancipación.

De esta manera para traducir era indispensable no sólo impensar, sino transpensar social y políticamente, esto permitiría reflejar “las condiciones múltiples y confusas de esta época, condensadas, desprosadas, ameduladas […],”[21] características para él de la ausencia de una literatura propia.

La falta de un corpus literario en Nuestra América, debía ser resarcida mediante la escritura de una literatura infantil. Ello no impedía que nuestro autor reescribiera cuentos como “El ruiseñor”, “El príncipe muerto” o “Meñique”, en tanto eran textos en los cuales hallaba, como punto básico, las ideas que a él le parecían fundamentales para la formación de los niños americanos.

Ideas son fuerzas madres, que van y vienen, y se encarnan y se informan, y, siendo en sí las mismas, allá esplenden como soles en las inteligencias levantadas, aquí iluminan con luz pálida en los ingenios suaves y tranquilos. Pero son ideas, y verdad, y fuerzas, y grandezas, y allí donde las hallo, yo me hallo; allí donde me admiran, yo las siento; y si se concentran todas ideas altas en una nevadísima cabeza, o soy su hijo o soy su hermano, pero en aquella cabeza vivo yo.[22]

Las ideas como punto de creación se revelan como ideologemas en las traducciones, es decir, Martí traduce, recompone y adapta de acuerdo a su horizonte ideológico, marcado por su férrea crítica a los regímenes tiranos, y a su pleno convencimiento de que la libertad debía abarcar la vida en general. En ese orden de ideas “El ruiseñor” y “Meñique”, son cuentos altamente emblemáticos en torno a las libertades y al cuestionamiento del poder.

En el caso de “Los dos ruiseñores”, el ave es símbolo de salvación. Su canto era dirigido a los pobres pescadores a quienes les producía un gozo estético y emocional. El viraje que hace Martí se halla en que (a diferencia de la versión de Anaya, en la que el emperador lee por sí mismo lo que ha sido escrito del ruiseñor en libros y poemas) es dilatada la narración acerca de la lectura y los libros, en este sentido, no es menor la sentencia en boca del emperador:

¿Qué ruiseñor es este, dijo que yo nunca he oído hablar de él? ¡Parece que en los libros se aprende algo! Y esa gente de mi palacio de porcelana, que me dice todos los días que yo no tengo nada que aprender.[23]

En la versión de Anaya leemos que muchos viajeros escribieron en torno al ruiseñor, pero no hay alusión al emperador como lector. En este caso, como en el del poema de Hunt, no es menor el título que el cubano eligió para su versión libre. Si para Andersen bastó el título “El ruiseñor”, para nuestro escritor, fue indispensable mostrar desde el principio la presencia de las dos aves, por ello elige el título: “Los dos ruiseñores.” Esta elección reiteramos, no es menor, pues representa una clara oposición entre técnica y naturaleza, es decir entre el ruiseñor artificial y el natural. La naturaleza cura, sensibiliza y provee de salud.

-Tú me pagaste ya, emperador, cuando te hice llorar con mi canto: las lágrimas que arrancan a las almas de los hombres son el único premio digno del pájaro cantor. Duerme emperador, duerme, yo cantaré para ti.

Y con sus trinos y arpegios se fue durmiendo el enfermo en un sueño de salud. Cuando despertó, entraba el sol como oro vivo, por la ventana.[24]

 

MEÑIQUE

El cubano tradujo, para La Edad de Oro, dos textos del francés Édouard René Lefebvre de Laboulaye (1811-1883): “El camarón encantado” y “Pulgarcito”. Nos ceñiremos al segundo, cuyo título original es “Poucinet”, titulado por Martí, como “Meñique”. El cuento aparece en el número uno de la revista, y a diferencia de los otros títulos aquí trabajados, éste mantiene mayor cercanía con el original.

      El poeta, como hemos mencionado, traducía obras con las que sentía cercanía en cuanto a los temas y sus autores, y en el caso de Laboulaye es clara esta aproximación si consideramos que Martí compartió con el francés, la escritura de textos políticos. Laboulaye era, además, liberal, lo que expresó defendiendo las causas libertarias. No extraña, así, que haya escrito el Prólogo para la Reforma de las islas de Cuba y Puerto Rico, de Porfirio Valente Cuevas. Estos datos quedan perfectamente emparentados con el aserto de nuestro autor, acerca de la traducción:

No traduce bien, sino aquel que, por un señalado favor de la naturaleza, tiene el don de reproducir en la mente, la época en que el autor traducido escribió y la vida íntima del autor, aquel que tiene los mismos tamaños y gustos del escritor a quien traduce.[25]

            Se comprende, entonces, que Poucinet haya sido elegido, en tanto que el eje de la historia es la confrontación de un ser pequeño e inteligente, con un rey caprichoso y que se niega a cumplir lo prometido.

            Poucinet apareció en el libro Contes bleus. Es señalado por su autor como un cuento finlandés. El relato está dividido en siete partes, en tanto que en la traducción de Martí, son sólo seis. Laboulaye presenta al personaje de la siguiente manera:

Jean était pétri de malice et blanc comme une femme, mais si petit qu’il se serait caché dans les grands bottes de son père, aussi il avait on sur nommé Poucinet. [26]

Martí presenta al personaje con las palabras que siguen:

Juancito era lindo como una mujer, y más ligero que un resorte, pero tan chiquitín que se podía esconder en una bota de su padre. Nadie le decía Juan, sino Meñique.[27]

            En la traducción hay dos cambios desde el inicio, la primera es que Juan no es un travieso malicioso, como lo presenta Laboulaye. En la versión del poeta desaparece Pulgarcito (Poucinet) y aparece Meñique, como representación de lo más pequeño y en apariencia, también, de lo más frágil.

Debido a que nuestro autor es proclive a una literatura apegada a la realidad y no a una de fantasía almibarada, anuncia el relato, de la siguiente forma: “Del francés Laboulaye. Cuento de magia donde se relata la historia del sabichoso meñique, y se ve que el saber vale más que la fuerza.”[28] El componente mágico no opacaría el didactismo presente en la historia. En la presentación de su revista es posible mirar lo que afirmamos: “Les hablaremos de todo lo que sucede en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra.”[29]

            En la versión del francés y en la del Maestro, el protagonista, gracias a su audacia, halla tres elementos mágicos que le permitirán resolver la situación a lo largo del cuento. El pequeño personaje no se deja amedrentar por sus hermanos quienes critican sus ganas de conocer lo que le rodea.

- Grandísimo pretencioso. –dijo Pablo.- ¡que en todo quiere meter la nariz! ¿No sabes que los manantiales salen de la tierra?

-Yo voy a ver de dónde sale esta agua.” Contesta intrépidamente, Meñique.

En la versión original la respuesta que Poucinet da a sus hermanos siempre es: “[…] Je suis curieux de voir qui se passe là haut.”[30]

El cuento narra la historia de tres hermanos que debido a la pobreza y, por exhorto de su padre, abandonan su terruño para buscar mejor suerte. Se enteran de que en un extraño reino, el monarca ofrece una recompensa a quien logre derribar un gran árbol que mantiene en penumbras el castillo, y consiga, además, hacer que el reino tenga agua. Este es el asunto que logra resolver el “sabichoso Meñique”, pese a la incredulidad, tanto de sus hermanos Pedro y Pablo, del rey, e incluso del gigante a quien también debe enfrentar., Lo consigue debido a su intrepidez y curiosidad, pues halla los tres objetos mágicos que lo ayudan a derribar el árbol y a dotar de agua al reino: un hacha, un pico y una cáscara de nuez; objetos encantados que durante mucho tiempo habían esperado a la persona aguerrida que los hallara. Tanto en la versión francesa como en la de Martí, el encuentro entre Meñique y las herramientas, se da mediante un diálogo, idéntico.

-          Bonjour, madame de la Pioche, dit Poucinet; Ça ne vous ennuie pas d´être là toute seule à creuser ce vieux rocher?

-          Il ya longues années que je t´attend, mon fils, répondit la pioche.[31]

 

VERSIÓN DE MARTÍ

-          Buenos días, señor pico, - dijo Meñique; - ¿no está cansado de picar tan solito en esa roca vieja?

-          Hace muchos años, hijo mío, que estoy esperando por ti,- respondió el pico.

Meñique representa, la valentía, pero también es el pequeño letrado quien, gracias a esta condición enfrenta al rey dándole una lección ética.

-¡Quítenme a ese enano de ahí! – dijo el rey,- ¡y si no se quiere quitar, córtenle las orejas!

-Señor rey, tu palabra es sagrada. La palabra de un hombre es ley, señor rey. Yo tengo derecho por tu cartel a probar mi fortuna.

Ya tendrás tiempo de cortarme las orejas si no corto el árbol.[32]

Meñique es el extranjero, pequeño y culto, que además se atreve a comunicar, en forma de sentencia, el valor de la palabra. Aunado a ello, es importante señalar lo mencionado por Herrera Moreno[33], el poeta elimina las alusiones religiosas y las adulaciones al rey. En efecto, en Meñique no está presente “su majestad”, como en “Poucinet”.

Pardon, Majesté! dit Poucinet, un roi n´a que sa parole; j´ ai le droit d´essayer;  il sera toujours temps de me couper les oreilles quand je n´ aurait pas réussi.[34]

El personaje devino héroe que demuestra, efectivamente, “que el saber vale más que la fuerza”. De esta manera sus cualidades de pensador y conocedor de las palabras, resplandecen frente a la ausencia de valores en el rey, quien como todos los monarcas “es caprichoso y no quería cumplir lo que prometió”, y en el gigante voraz, a quien le “cansa pensar”.

El heroísmo de nuestro personaje consiste en dotar de agua y luz a un reino: lo salva de la muerte. Asimismo conmueve con sus palabras, de tal manera que éstas son publicadas en el diario de la corte. Meñique es un “hombre de talento”, no de fuerza ni de violencia.

Estas cualidades hacen que gane el cariño de la princesa, y cuando es nombrado marqués. “Con su bondad y cortesía ganó el cariño de su mujer y de la corte entera.”

Con Meñique, nuestro autor les presentaba a los niños las pautas para un buen gobierno; éste quedaba representado por antonomasia en el pequeño personaje, quien se hace querer por toda la población, en tanto hombre bueno. “Y dicen que mandó tan bien que sus vasallos nunca quisieron más rey que Meñique, que no tenía gusto sino cuando su pueblo estaba contento.” [35]

Los medios mágicos se desvanecen y el arte de hablar y de gobernar, ganan terreno, gracias a Meñique, en aquel extraño país, que como la Cuba de Martí, aún vivía bajo el dominio de la figura del “rey caprichoso.”   

Con este recorrido, podemos decir que el Maestro echó a andar, sin anteojeras, su proyecto de literatura infantil. Ello permitió que fungiera, como escritor y difusor de textos que abonarían el bagaje de lecturas para los niños de Nuestra América.

De lo anterior podemos inferir dos objetivos perseguidos por Martí en su ejercicio de traducción:

a)      Trabajar para que en el devenir cultural de América, el idioma español fuera valorado como una marca de identidad. Tal identidad quedaría afianzada en tanto el español fuera depurado de aquellos elementos “que no se acomodan a la índole de nuestra lengua harto bella.”[36]

b)      Contribuir a la conformación de una literatura infantil para América Latina.



Notas:

[1] Roberto Fernández Retamar, “Introducción” en José Martí, La Edad de Oro, México, F.C.E., 1994, p. 20.

[2] José Martí, “Traducir «Mes fils»”. Versión PDF, p. 2. La reproducción tiene la siguiente nota:

 Ambos textos están tomados del tomo 20 de: José Martí, Obras completas. Edición

crítica, realizadas por el Centro de Estudios Martianos en La Habana, actualmente en proceso de impresión y para presentarse en la Feria del Libro de La Habana en 2011.

http://www.cervantesvirtual.com/obra/traducir-mes-fils/  Fecha de acceso 20 de abril de 2013.

[3] Ibídem.

[4]José Ismael Gutiérrez, “José Martí y la traducción de cuentos para niños: Tradición y originalidad”, Versión PDF, p.33.

http://www.academia.edu/1575228/_Jose_Marti_y_la_traduccion_de_cuentos_para_ninos_tradicion_y_originalidad. Fecha de acceso 5 de mayo de 2013.

[5] José Martí, “A los niños que lean la Edad de Oro”, en La Edad de Oro,  La Habana, Ediciones Cubanas / Centro de Estudios Martianos, 2011, p.9.

[6] Herminio Almendros, A propósito de “La Edad de Oro” de José Martí. Notas sobre literatura infantil, Cuba, Universidad de Oriente /Departamento de Extensión y Relaciones Culturales, 1956, p.95.

[7] Ibídem. p, 98.

[8] José Martí, “Notas” en Cuadernos de Trabajo, Tomo II, Cuba, Casa de las Américas, p. 1688.

[9] “Presentación” en José Martí,  La Edad de Oro, op. cit. p.5.

[10] George Steiner, Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, México, F.C.E. p. 27.

[11] José Martí, “La polémica económica”, publicado en  Revista Universal. México, Septiembre 23 de 1876. Tomo 6. Páginas 334 a 337, reproducido en  La página de José Martí, en
http://www.jose-marti.org/...marti/.../polemicaeconomica/lapolemicaeconomica0...

Fecha de acceso 19 de abril 2013. 

[12] José Martí, Cartas a María Mantilla, Cuba, Centro de Estudios Martianos / Editorial Gente Nueva, 1982, pp.72-73. Negritas mías.

[13] Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo intelectual. ANAGRAMA, España, 2011, (Col. Argumentos), p. 14.

[14] Iván Schulman “Transtextualización y socialización fictivas. Misterio y Ramona”, en Anuario del Centro de Estudios Martianos, No. 13, p. 289, citado por Lourdes Arencibia Rodríguez, “Las categorías "impensar/transpensar" en la reflexión de José Martí sobre la traducción literaria”. Versión PDF, p.145. http://www.ojs.uo.edu.cu/index.php/stgo/article/download/14599307/454‎. Fecha de acceso 4 de abril 2013.

[15] José Martí, “Traducir «Mes Fils»”, op. cit. p.3.

[16] José Martí, “Los dos príncipes”, en La Edad de Oro, op. cit. p. 87.

[17] José Martí, “Los dos ruiseñores”, en La Edad de Oro, op. cit. p. 215.

[18] Ibídem

[19] Hans Christian Andersen, “El ruiseñor”, en Los mejores cuentos de nuestra vida, España, Edit. Anaya, p. 161. No se consigna nombre del traductor.

[20] José Martí, “Los dos ruiseñores”, op. cit. p.216.

[21] José Martí, “Notas”, op. cit. p. 1688.

[22]  José Martí, “Traducir «Mes Fils»”, op. cit. p. 1.

[23] José Martí, “Los dos ruiseñores”, op. cit. p. 217

[24] Ibidem, p. 224.

[25] Citado por Alejandro Herrera Moreno, “Meñique, algo más que una traducción”, en Los Jóvenes hablan de José Martí, Cuba, Edit. Ciencias Sociales, 1985 (Ediciones Políticas). Version PDF, p. 96. http://laedaddeorodejosemarti.com/Laboulaye_Marti.pdf. Fecha de acceso 13 de mayo de 2013.

[26] Édouard Laboulaye, Contes bleus, quatrième édition, Paris, Charpentier, Libraire Éditeur, 1869, p.99.

[27] José Martí, “Meñique”, en La Edad de Oro”, op. cit. p. 19.

[28] Ibídem

[29] José Martí, “A los niños que lean La Edad de Oro”, op. cit. p. 9.

[30] Édourd Laboulaye, op. cit. p. 101.

[31] Laboulaye, op. cit. p. 106.

[32] José Martí, “Meñique”, op. cit. p. 24.

[33] Alejandro Herrera Moreno, op. cit. p.98.

[34] Édouard Laboulaye, op. cit. p.104.

[35] José Martí, “Meñique”, op. cit. p. 35.

[36] José Martí, “Notas” en Cuadernos de Trabajo, op. cit. p. 1688.

 

Bibliografía:

Textos de José Martí

-“Traducir «Mes fils»”. Versión PDF. http://www.cervantesvirtual.com/obra/traducir-mes-fils/  Fecha de acceso 20 de abril de 2013.

-Cuadernos de Trabajo, Tomo II, Cuba, Casa de las Américas, p. 1688 José Martí,

-La Edad de Oro, Ediciones Cubanas/ Centro de Estudios Martianos. 2011.

-“La polémica económica”, publicado en  Revista Universal. México, Septiembre 23 de 1876. Tomo 6. Páginas 334 a 337, reproducido en  La página de José Martí, en
http://www.jose-marti.org/...marti/.../polemicaeconomica/lapolemicaeconomica0... Fecha de acceso 19 de abril 2013. 

-Cartas a María Mantilla, Cuba, Centro de Estudios Martianos / Editorial Gente   Nueva, 1982.

 

 Otras  referencias

-Almendros, Herminio A propósito de “La Edad de Oro” de José Martí. Notas sobre literatura infantil, Cuba, Universidad de Oriente /Departamento de Extensión y Relaciones Culturales, 1956.

- ANAYA Los mejores cuentos de nuestra vida, España, Edit. Anaya, 2001.

- Arencibia Rodríguez, Lourdes,  Las categorías "impensar/transpensar" en la reflexión de José   Martí sobre la traducción literaria. Versión PDF.

http://www.ojs.uo.edu.cu/index.php/stgo/article/download/14599307/454‎. Fecha de acceso 4 de abril 2013.

- Bourdieu, Pierre Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo intelectual. ANAGRAMA, España, 2011, (Col. Argumentos).

- Fernández Retamar, Roberto “Introducción” en José Martí, La Edad de Oro, México, F.C.E., 1994.

- Gutiérrez, José IsmaelJosé Martí y la traducción de cuentos para niños: Tradición y originalidad”, Versión PDF.

http://www.academia.edu/1575228/_Jose_Marti_y_la_traduccion_de_cuentos_para_ninos_tradicion_y_originalidad. Fecha de acceso 5 de mayo de 2013.

- Laboulaye, Édouard Contes bleus, quatrième édition, Paris, Charpentier, Libraire Éditeur, 1869.

 -Steiner, George, Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción, México, F.C.E.

 

Cómo citar este artículo:

GARCÍA REY, Ma. del Rocío, (2013) “Transpensar para la infancia: las traducciones de José Martí”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 17, octubre-diciembre, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Miércoles, 30 de Noviembre de 2022.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=818&catid=14