Pacarina del Sur
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Un danés en la Nueva España: Jacobo Daciano, tal vez el primer antropólogo aplicado

Hace algunos años encontré una escueta noticia acerca de un tal Jacobo Daciano que había llegado a la Nueva España en el siglo XVI, junto con Tata Vasco, Vasco de Quiroga, franciscano también, con quien había trabajado en Michoacán, fundando pueblos indígenas y cristianizando a los pobres. Al principio se pensaba que Jacobo Daciano se llamaba así porque era de Dacia, la parte de los Balcanes que es hoy Rumania y Bulgaria, pero después llegó la noticia de que no era de Dacia, sino de Dania, o sea Dinamarca. Este artículo rescata la memoria del que podría considerarse el primer antropólogo aplicado.

Palabras clave: exilio, Nueva España, antropología, evangelización, Michoacán

 

Introducción: El exilio

Es difícil captar la lógica de la migración, pues una cosa es la intención original - ¿porqué emigra la gente de su tierra?, ¿cuáles eran sus intenciones originales?, ¿cuáles eran sus planes originales? Y ¿cuáles eran sus sueños o sus utopías originales? – y otra cosa es la elusiva realidad - ¿en qué situación termina uno?

Mi propia situación es una apta ilustración de esta paradoja del destino, a dos niveles. Primero antes de salir de Dinamarca en 1977 trabajaba en un proyecto del gobierno de Dinamarca de integración de refugiados políticos, muchos de ellos de América Latina, del cono sur. Hay un gran hecho que domina el destino de todos los refugiados políticos: que no fueron ellos que decidieron salirse de su propio país y establecerse en otro país, con mucha frecuencia un país desconocido con el cual no tenían relación alguna. Este gran hecho viene a menudo a determinar la actitud del refugiado al país que lo recibe y le da un mínimo de seguridad que no tenía en su propio país.

No quiero mencionar nombres, pero tengo aquí en México a un conocido del cono sur, lo conocí en Dinamarca hace muchos años como refugiado político y lo volví a ver aquí en México, vive en Oaxaca. Al gobierno de Dinamarca, que técnicamente lo trataba bien, le puede parecer raro que para nada quiere a Dinamarca, más bien odia a Dinamarca, pero tomando en cuenta su situación de refugiado político es comprensible: de repente se encontraba en un país, sin haberlo querido, un país que no conocía y cuya lengua y costumbres no entendía, y donde ni siquiera había chimichurri

Como en otros asuntos, el tiempo y los ritmos de la vida vienen a imprimirle su sello a la situación de los refugiados políticos. Como antropólogos estudiamos el proceso de socialización, que es un proceso lento y largo que nos viene a producir nuestra idea de un mundo normal y una vida normal, diferente de cada uno. Los refugiados políticos tienen detrás de sí una experiencia vivida de una infancia en su propio país, donde aprendieron su lengua materna, sus costumbres y sus hábitos. En su nuevo país sigue la vida, los refugiados políticos tienen hijos e hijas, que repiten las experiencias de sus padres de socialización, solamente en otro país, y salen con una personalidad radicalmente distinta de la de sus padres. Sin importar la lealtad de los refugiados políticos con su país de origen – su patria – la patria de sus niños viene siendo otro, el país donde les tocó crecer, lo que a veces crea una enorme tensión. Después de los gorilas en el cono sur he visto, con el proceso más o menos imperfecto de democratización, tres casos trágicos en los cuales refugiados han regresado a su patria, en dos casos de Chile y en el tercer caso de Brasil, con sueños de encontrar su anterior vida, pero donde han encontrado un país totalmente cambiado y donde los niños que habían crecido en Dinamarca no se hallaban a gusto. En los tres casos han tenido que regresar a Dinamarca.

Yo no soy refugiado político, si soy algo podemos llamarme refugiado cultural. Con los refugiados políticos comparto el hecho de vivir en un país que no es “mío”, un país extraño. Todavía, después de treinta años, siento ocasionalmente que el español no es mi lengua materna y que la cultura mexicana no es mi cultura. Como dicen algunos psicoanalistas, infancia es destino, un destino que en términos generales se refugia en lo inconsciente, más allá de nuestro control. Una vez dije a un amigo mío, un antropólogo mexicano, que estaba muy feliz aquí en México, pues solamente extrañaba dos cosas: el pan dulce de Dinamarca, que los gringos han intentado copiar, con muy limitado éxito, y el fútbol danés, pues, sin afán de ofender, el fútbol mexicano no es gran cosa. Y escribiendo mis artículos en mi nueva lengua materna, el español, siento que nunca he tenido una infancia aquí en México. Pero a diferencia de los refugiados políticos, nadie me ha obligado a venir a vivir en México y en cualquier momento he podido regresar a Dinamarca.

En efecto, pienso poco en Dinamarca, y solamente muy de vez en cuando tropiezo con noticias e informaciones de Dinamarca, estoy al tanto de las actividades de antropólogos daneses que tienen que ver con México, que vienen aquí a hacer trabajo de campo, dar conferencias, participar en congresos, etc.

 

Fray Jacobo Daciano: Vida y milagros.

Edmund Leach, un irreverente antropólogo británico, opina que la antropología se mueve en modas, igual que las faldas de las mujeres y los trajes de los hombres, y parece que la situación es similar entre historiadores, pues Jacobo Daciano se ha vuelto moda. Pero tan reciente es el descubrimiento de nuestro fraile, o tan lenta es la difusión de las modas, que la muy oficial Enciclopedia de México, cuya más reciente edición lleva la fecha de 1988 (en numerales romanos, que son más impresionantes) no tiene noticias de Jacobo Daciano.

Una primera ficha podemos sacar de uno de los libros acerca de Jacobo Daciano que recientemente han salido: “tan pronto como llegó a Michoacán fue destinado al occidente de dicha provincia para desplegar su celo entre los indios de esa tierra. Aprendió la lengua tarasca, convirtió a muchos naturales, destruyó ídolos, construyó iglesias y conventos, fundó “pueblos” y, finalmente, como amigo querido y respetado por los indios, murió en el convento de Tarecuato hacia 1566 o 1567, donde fue sepultado”[2].


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Sin embargo, Jacobo Daciano no estaba completamente desconocido, por lo menos lo conocían algunos especialistas, y ya en su obra de primera importancia acerca de “la conquista espiritual” señala Robert Ricard que “en fecha que no podemos precisar, pero ha de oscilar entre 1550 y 1553, un franciscano, de Dinamarca, conocido por el nombre de fray Jacobo Daciano quien ya había tomado la iniciativa de dar la comunión a los indios de Michoacán, con admirable clarividencia trató de demostrar que la Iglesia en México no estaba fundada como es debido, puesto que no tenía un solo sacerdote indígena. Algunos ya habían pensado en formar sacerdotes indígenas, pero nadie había tenido la osadía de sentar tan nítidamente una tesis demasiado revolucionaria para la época y principalmente para el medio. Los textos son mudos, o casi, al respecto. Pero no se necesita mucho esfuerzo para imaginar el estupor que hizo nacer tal afirmación de Daciano. Ya estaríamos suponiendo que los domínicos y el clero secular alzaran la voz airadamente. No hubo tal; quien se irguió contra ella fue un franciscano, un fanciscano amante del partido indio, un profesor e Tlatelolco, nada menos que el mismísimo Juan de Gaona , que echó sobre sus hombros el cargo de refutar la tesis de Daciano”[3].

Jacobo Daciano era hijo natural del rey de Dinamarca[4], en los últimos momentos del catolicismo en Dinamarca – la fecha emblemática de la “reforma” luterana en Dinamarca es 1536 – y como hijo natural se le proporcionó una carrera en la iglesia católica, y llegó a ser abad del monasterio franciscano en Malmö, ahora una ciudad sueca, en aquel entonces la parte sureña de Suecia formaba parte de Dinamarca – pero en tiempos de una reforma anticatólica un abad franciscano no era objeto de gran popularidad, así que Jacobo optó por el refugio en España donde, en su calidad de miembros de la familia real de Dinamarca, era un lejano pariente de Carlos V, a quien fue presentado, y en su calidad de franciscano pertenecía al entorno de los líderes de esta orden, y a través de su contacto con Vasco de Quiroga fue mandado a la Nueva España, más precisamente a Michoacán, donde se desempeñó a partir de 1542 como misionero.

Hasta hace poco tiempo era cierto que no sabíamos mucho acerca de la infancia y la juventud de Jacobo Daciano, pero hoy tengo la impresión que la etapa danesa de su vida es mejor conocida que su estancia en el Nuevo Mundo, en Michoacán, principalmente gracias a la investigación de Jorgen Nybo Rasmussen, que escribe acerca del inicio de su investigación que “se podría pensar, sin más, que sería fácil establecer con toda precisión su identidad, pues las familias de reyes y príncipes son, desde tiempos muy remotos, las más exactamente descritas y las mejor conocidas. Y es que la condición familiar determinaba no sólo la herencia de las riquezas, sino también los derechos políticos. La genealogía de los príncipes es ciertamente uno de los temas más antiguos de la historiografía. Ahora bien, en los relatos que los historiadores daneses hacen sobre los Oldenburgos – la familia que desde 1448 reinó en Dinamarca – no aparece el franciscano fray Jacobo Daciano; es más, no aparece ningún Jacobo. Es probable que los historiadores mexicanos en el transcurso del tiempo se hayan dirigido a sus colegas daneses para saber quién fue Jacobo Daciano, y que no hayan recibido respuesta alguna”[5].

Dinamarca es un país pequeño – es exactamente del tamaño de Michoacán, de 50,000 km cuadrados (si no incluimos a Gronlandia, con sus 36,000 habitantes, más focas y osos polares, pues mide lo mismo que México: 2 millones de km cuadrados), y con una población de cinco millones de almas – y su historia es más enredada todavía, pues incluye una serie de ducados y condados en la parte sur, por la frontera con Alemania. Jorgen Nybo Rasmussen ha dividido lo que llama “la tradición danesa”[6] en cinco partes: la tradición propiamente danesa, la tradición sajona, la tradición oldenburga, la tradición mexicana y la tradición mecklenburga.

La tradición danesa, que se basa en las historias escritas por los historiadores Hans Svaning (1503-1584), Peder Olsen, el historiador de los franciscanos daneses y el carmelita Poul Helgesen, nos cuenta en resumen así: “en la historia oficial se enumeran tres hijos: 1) Christian que llegó a ser rey, segundo de este nombre, nacido el 1º. O el 2 de julio de 1481 y muerto el 25 de enero de 1559, 2) Isabel, nacida en 1485, casada con el príncipe elector de Brandenburgo, y muerta el 11 de junio de 1555 y 3) Francisco, nacido el 15 de junio de 1497 y muerto el 1º. De abril de 1511”[7], no encontramos a ningún Jacobo Daciano, ni siquiera a un Jacobo.

En la tradición sajona, cuya relevancia se debe al hecho de que Cristina, la reina del rey Juan, era hija del príncipe elector Ernesto de Meisen y cuyo principal historiador era un tal Georg Spalatin, anterior capellán y secretario de Federico el Sabio: “Spalatin afirma que los reyes Juan y cristina tuvieron cinco hijos. Además de los tres que también aparecen en las fuentes danesas: Cristian, Isabel y Francisco, Spalatin menciona a otros dos, muertos en la niñez: Ernesto y Juan”[8], vamos avanzando, pero todavía no hay ningún Jacobo.

El principal historiador de la tradición oldenburga, de la familia real de Dinamarca, fue Herman Hamelmman, que terminó su manuscrito de la Crónica de Oldenburgo pero, ya que al regente el conde Juan VII no le gustó el texto, debido a unas cuestiones de división de la herencia del condado, un empleado del conde, un tal Anton Hering, “corrigió” el manuscrito, y la falsificación no fue detectado hasta en 1940. En la versión original restaurada señala Hamelmman que “su esposa (del rey Juan) le dio dos hijos y una hija, esto es Cristian o Cristiern, nacido el 2 de julio de 1481, en Nieburgo (nombre alemán de la ciudad danesa Nyborg), Francisco, muerto en la juventus, y la doncella Isabel, que fue casada con el príncipe elector Joaquín I de Brandenburgo en 1500. Según una antigua crónica sajona el rey Juan tuvo otros dos hijos, que se habrían llamado Juan y Jacobo, de los cuales no sé nada”[9], ya avanzamos, aunque poco. Concluye Nybo Rasmussen acerca de la crónica oldenburga que, “si a más de esto se pueden presentar otras fuentes que confirmen la tesis de que en la familia real danesa de entonces había un hijo llamado Jacobo, el todo constituirá, junto con los indicios arriba analizados, la prueba concluyente de la veracidad de dicha nota, y por consiguiente, la demostración definitiva de la existencia del príncipe Jacobo”[10].

Acerca de la tradición mexicana, que se basa principalmente en las obras de Francisco Gonzaga, Ministro general de la Orden Franciscana, Diego Muñoz y Gerónimo Mendieta, y a la cual volveremos escribe Nybo Rasmussen que “cualquiera que sea la opinión que uno se firme de este relato de su vida, no deja de ser extraño que no haya despertado interés entre los historiadores daneses, en especial si se toma en cuenta que la obra en la que fue escrita se publicó hace 400 años”[11] y “concluyendo, se puede decir que el hijo de los reyes de Dinamarca, Jacobo, de quien escribieron Hamelmann y Gonzaga, debe ser una y la misma persona”[12].

Llegamos finalmente a la tradición mecklenburga, que “nos ha llevado a la conclusión de que Jacobo llevó el apellido Gottorpius para manifestar que, siendo el hermano menor de Christian II, tenía derecho hereditario a la parte de Gottorp en los ducados de Schleswig-Holstein. El trasfondo de ello fue la lucha dinástica y confesional entre dos ramas de la familia Oldenburgo en tiemps de la reforma, lucha en la que se comprometió también el principado de Mecklenburgo. Así queda confirmada con una certeza tan grande como lo permite la interpretación de las fuentes históricas, la identidad de Jacobo de Gottorpio como príncipe danés, identidad que ya claramente señalaban las tradiciones oldenburga y mexicana”[13].

Por su origen y posición en la sociedad, tanto la eclesiástica como la secular, se le ofreció al joven Jacobo Daciano una sólida educación, con conocimientos de varias lenguas, lo que en aquel entonces tal vez no era tan difícil, pues, como dice un viejo chiste danés “el rey hablaba latín con su cura, francés con su chef, alemán con su reina y danés con su perro”.

Pero nuestro fraile se ha hecho famoso, tardíamente pero sí con solidez, y en el Bajío se creó “el 17 de marzo de 2004 según escritura 2667/1 ante la fe del Notario Público 33 de Querétaro, Licenciado Luis de Jesús Pérez Esquivel” el Centro de Derechos Humanos Fray Jacobo Daciano, curiosamente con sede en Querétaro y no en Michoacán, y bajo la coordinación del Dr. Bernardo Romero Vázquez, “en su calidad de coordinador general”.

Su fama, sin embargo, no pertenece a los círculos más abiertos y centrales, pues, “fray Jacobo se arraigó en el corazón de comunidades indígenas apartadas del centro del poder clerical y civil de México y de Pátzcuaro-Valladolid. Su recuerdo pervive hasta el día de hoy, pero en pueblos humildes como Tzintzuntzan, Zacapu o Tarecuato. Además, exceptuados los nobles cronistas franciscanos, y aún estos con reservas, ni el Obispado de Michoacán ni su propia Orden Franciscana quisieran, por siglos, recordarlo”[14].

Y todo el mundo quiere adoptar al fraile danés, incluyendo la Real Embajada de Dinamarca, que lo ha incluido en una breve hoja acerca de “Personajes daneses en la historia de México”; es breve, pues parece que la real embajada de Dinamarca reconoce como “personajes” solamente a tres: aparte de Jacobo Daciano también al antropólogo Frans Blom y al Barón Henrik Eggers, “un noble danés que estaba al servicio del imperio mexicano”, lo que a distancia suena bien, solamente que a una inspección un poco más detenida se da uno cuenta de que el mencionado “imperio mexicano” no fue el de Iturbide, sino el breve y pasajero imperio impuesto por los poderes europeos, de Maximiliano y Carlota, un imperio que terminó con la ejecución en 1867 de Maxililiano, junto con Mejía y …, en el Cerro de las Campanas en Querétaro, un fusilamiento del cual surgió el México independiente y republicano, cuyos sucesores son hoy, supuestamente, los gobiernos legal y legítimamente elegidos.

Hasta la reina de Dinamarca ha venido a visitar al fraile danés: el 23 de junio de 2008 hizo la reina Margarita II de Dinamarca, según el Sol de Zamora “el reino más antiguo del mundo”. Pero no fue una visita silenciosa, pues “en un hecho histórico para esta población y para el Estado, la reina Margarita II de Dinamarca y el príncipe consorte Henrik visitaron Tarecuato acompañados de Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México, y Leonel Godoy Rangel, gobernador de Michoacán, en el marco de la visita de Estado de Los monarcas daneses a tierras mexicanas”.

Y abundan de repente los detalles de su vida: “Veacruz, verano de 1542. Del navío La Trinidad proveniente de Sevilla, baja un grupo de franciscanos, entre ellos el Provincial de Dacia”[15]. Así que Jacobo Daciano sería uno de los 5.418 misioneros que en el siglo XVI llegaron a América, lo que evidentemente quiere decir a América Latina[16].

Como Jacobo fue expulsado de Dinamarca, ha sido adoptado por la iglesia católica, en particular por los franciscanos: “Jacobo fue de la casa real de Dinamarca, tercer hijo del rey Hans y la reina Christine y hermano menor del rey Christian II y que había renunciado a toda aspiración política al ingresar a la orden franciscana. Renuncia que fue reafirmada cuando su hermano tuvo que negar su existencia al convertirse en rey de Suecia. Al triunfar la Reforma Protestante en Dinamarca y ser destronado Christian II, el incógnito príncipe pasó a España donde se entrevistó con el emperador Carlos V, quien era cuñado de su hermano, el rey derrocado. El fraile danés le solicitó al monarca universal licencia para venir como evangelizador al Nuevo Mundo. Pasó de Sevilla a Veracruz en la primavera 1542. Destinado a Michoacán, aprendió la lengua tarasca, evangelizó la tierra, fundó pueblos y se distinguió por su sabiduría y su amor a los naturales. Fray Jacobo fue uno de los grandes impulsores del surgimiento de una iglesia indiana prohijada por los franciscanos en México. Que de hecho, el danés fue el más radical en sus intentos de fundarla que sus hermanos de la Provincia del Santo Evangelio, lo obligaron a retractarse. No obstante lo anterior, Fray Jacobo siguió administrando la eucaristía a los indígenas en Michoacán hasta el momento”.

Grande fue la reputación de Jacobo Daciano, y se dice que el 21 de septiembre de 1558 predijo la muerte del emperador Carlos V y celebró sus exequias en la iglesia en Tarecuato.

 


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El encuentro de dos mundos y dos iglesias

De múltiples maneras, los tiempos de Jacobo Daciano eran tiempos de un encuentro entre diversos mundos. Por un lado, a partir de 1492 se habían unido el llamado Viejo Mundo con un Nuevo Mundo, dos mundos sumamente asimétricos, también de muchas maneras. El viejo mundo era un mundo conocido, porque se conocía desde los escritos sagrados, la escolia, antes que ningún otro la Biblia.

No solamente el mundo, sino hasta Dinamarca estaba incendiada por los conflictos religiosos, en los cuales Jacobo Daciano participó plenamente: “En solo cuatro años, de 1528 a 1532, fueron cerrados nada menos que quince de los veintiséis conventos franciscanos que había entonces en Dinamarca. Los franciscanos redactaron una minuciosa relación de estos acontecimientos, la llamada Crónica de la expulsión. Fue escrita en su mayor parte por fray Jacob Johansen, que hacía 1533 tenía el cargo de socius del Ministro provincial de la provincia franciscana de Dacia, Rasmus Clausen Ulf, y todo indica que este Jacob no era otro sino el que más tarde se llamaría fray Jacobo Daciano en México”[17].

El encuentro entre un viejo mundo y un nuevo mundo se manifiesta también de muchas maneras en Dinamarca, se siente en la intranquilidad política y religiosa. El rey Juan (en danés Hans) muere en Aalborg (una de las ciudades más importantes de Dinamarca, en la parte occidental del país) en 1513 y será enterrado en la iglesia, y será sucedido por su hijo Christian, que será el rey Christian II, el último rey católico del país[18]. Pero Juan ya había sentido que los tiempos no eran seguros (tal vez algo así como el caso de México hoy, con más de 60,000 muertos en cinco años), y ha hecho todo lo posible para asegurar la sucesión en su hijo. Ya cuando Christian tenía seis años, su padre Juan había hecho que el consejo del reino lo consagrara como el futuro rey, es decir su sucesor, confirmada en una carta con fecha del 16 de mayo de 1487, luego de lo cual viajaba Juan con su hijo pidiendo la firma de todos los consejos regionales y locales. Pero el rey Juan tenía aparentemente sus dudas, pues en 1497 su hijo Christian sería consagrado por segunda vez, y en 1512, un año antes de su muerte vuelve Juan a llevar a cabo la consagración de su hijo como heredero del trono.

Y Juan tenía razón, le sucede Christian como planeado, adquiriendo el título real de Christian II, pero su gobierno será cualquier cosa menos seguro y tranquilo, finalmente será destronado en 1523, después de solamente diez años en el trono. Christian (ahora sin título real) pasará la mayor parte de su vida como prisionero en un castillo en el sur de Dinamarca, y en 1546 renuncia a su demanda al trono para pasar los últimos años de su vida en una especie de arresto domiciliario en otra ciudad danesa, considerado ya como un ciudadano importante, pero común y corriente. Faltaría tal vez mencionar que el conflicto se debía a las diferencias entre la fe católica y la nueva fe luterana: Christian II sería sucedido por su tío Federico I, el primer rey protestante (luterano) de Dinamarca.

Todo el tiempo estuvo en el fondo del conflicto la cuestión de la religión, lo que se mostraba de mil maneras.

Pero el Nuevo Mundo y el Viejo eran diferentes también en el sentido de que la Iglesia Católica en el Viejo Mundo se encontraba en franco proceso de putrefacción moral, como se atestigua en el proceso de los franciscanos, mientras que el Nuevo Mundo era un mundo inocente donde todavía no se habían podrido las instituciones eclesiásticas, donde cabría una utopía.

Pero de manera extraordinaria, en el destino de Jacobo Daciano se ve otra dicotomía, una dicotomía que tendría escasa presencia en la parte española del Nuevo Mundo: Jacobo Daciano era hijo de la reforma (la reformación, como dicen en Dinamarca) que había contrapuesto la Iglesia Católica y la naciente iglesia protestante, en el caso de Dinamarca la iglesia luterana.

Aquí es interesante ver de qué manera la historiografía comprometida, si no vendida, viene a crear una imagen del proceso histórico que es la conquista y la temprana colonia.

Recuerdo de la escuela en Dinamarca, cómo me enseñaron de la reforma: que una iglesia católica corrupta había sido vencida por una iglesia protestante dedicada a erradicar la corrupción en la vida religiosa – exactamente como los frailes europeos se habían dedicado a erradicar la idolatría entre los indígenas en la Nueva España – los naturales o la gente sin razón. Describe un historiador danés más moderno y reciente, y además con conocimiento y simpatía por la historiografía española y latinoamericana, que “los historiadores de Dinamarca y Suecia que durante los siguientes sexenios escribieron sobre estos grandes cambios estaban, de alguna forma, al servicio directo de los reyes. Se empeñaron en demostrar que los acontecimientos ocurridos habían sido el triunfo de la justicia y del verdadero cristianismo sobre unos políticos incapaces y sobre una Iglesia Católica que consideraban irremediablemente corrupta por el abuso del poder, la ignorancia y la superstición. Todo lo que no cuadraba con esta imagen preconcebida fue callado o tergiversado”[19]. Estos fueron mis conocimientos adquiridos en la escuela, y para un danés es chocante leer la historia de una posición 180º diferente, la historia escrita por un sacerdote católico como el Padre José Romero Vargas de Zacapu, igual que, me imagino, es chocante para un sacerdote o tan solo un católico mexicano, leer las opiniones no católicas que circulan en otras partes del mundo como el pan de cada día.

 

El catolicismo popular y la iglesia católica

El viejo mundo se encontraba en crisis, no solamente una crisis económica y política, sino más bien moral, religiosa y existencial, lo que se refleja en la separación de la iglesia católica de los cristianos que formarían las diversas iglesias protestantes: luteranos, calvinos, etc., sin mencionar a los cátaros y albigenses. En efecto, el descubrimiento del nuevo mundo llega a revelar las limitaciones del método escolástico, pues este método que se fundamenta en las referencias a las escrituras sagradas, las escolia, es excelente para llegar a confirmar el conocimiento de cosas ya conocidas, pero no sirve en el encuentro con cosas nuevas y desconocidas, como todas las cosas que se descubrieron en el nuevo mundo. En lo científico, las limitaciones del método escolástico coincide con el conocido desarrollo del método científico, tanto en la astronomía como en la física – con los trabajos de Copérnico, Kepler, Galilei y un poco más tarde Descartes – y la unificación de las teorías de las estructuras del cielo y de las sublunares, un desarrollo que ya había empezado con el desarrollo de los barcos y la navegación, un desarrollo que hacía posible la navegación transatlántica, que todavía en aquellos tiempos no se sabía que era transatlántico, pues se suponía que al otro lado del mar océano hubiera nada más un abismo. La dominación de Europa se ve discretamente en uno de los tratados de la nueva filosofía científica, la obra Novum Organum Scientiarum de Francias Bacon, de 1520, donde inicia alabando la iniciativa, el talento y la creatividad de los pensadores europeos, llamando la atención a tres inventos de ellos: la brújula, la imprenta y la pólvora – inventos que, ciertamente, no son europeos, sino respectivamente de los árabes y de los chinos.

El punto de partida del movimiento de la reforma, que redujo la amplitud y la influencia de la iglesia católica y creó las iglesias protestantes, era el hecho de que la vieja fe se encontraba en un estado de escándalo y una crisis de credibilidad. Y un personaje central pero muy complejo en esta situación de crisis era el Santo Tomás Moro, religioso, filósofo y político británico, que llegó a ser canciller bajo el famoso rey mujeriego Enrique VIII, para después oponerse a los fundamentos de la iglesia anglicana, ser encarcelado y ejecutado, por el mismo rey Enrique VIII. La obra capital que nos ha dejado Tomás Moro es su libro Utopía, que es en realidad una mezcla realista y constructiva de fundamentalismo cristiano y comunista, una receta precisa y realista de cómo construir una sociedad recta y justa, radicalmente diferente de la sociedad europea de sus tiempos de renacimiento.

Con las obras del etnohistoriador norteamericano John L. Phelan sabemos que los misioneros franciscanos llegaron a lo que sería la Nueva España a partir de 1524 con el libro de Tomás Moro bajo el brazo y con la tarea nada abstracta de crear un nuevo mundo, en lugar del mundo moralmente podrido que habían dejado atrás, el viejo mundo, Europa. Lo que Robert Ricard ha llamado “la conquista espiritual” fue realmente un doble conquista, que llevaba en sí su propio fracaso espiritual.

El éxito fue lo que Pedro Carrasco ha bautizado “el catolicismo popular”, que es un movimiento, o más bien un proceso, muy amplio de sincretismo, donde los elementos de la fe de los pueblos originarios de antes de la llegada de los españoles serán al mismo tiempo absorbidos por la nueva fe, el cristianismo, reformulados y reinterpretados. El resultado es una religión que ni el propio Vaticano reconoce.

Pedro Carrasco presenta así “el catolicismo popular”: ”el catolicismo, la religión del Estado, también era la religión de la comunidad local, y el sacerdote era sostenido por el pueblo con la aprobación del Estado. Pero una parte de la religión era peculiar a la cultura local: los ritos no organizados ligados a las actividades tecnológicas y al ciclo de vida, así como lo que llamamos catolicismo popular, principalmente el culto a los santos. Varios funcionarios que patrocinaban y organizaban las fiestas del culto estaban estrechamente relacionados con el gobierno local. Se atendía al financiamiento del culto mediante los beneficios de la propiedad comunal dedicado a los gastos religiosos: o con contribuciones de todos los vecinos, o mediante patrocinios individuales”[20].

Como ejemplo de este nuevo sincretismo y su influencia es relevante mencionar que el santo más importante y más poderoso en la región al sur de Comitán es San Caralampio. Hay en la región un buen número de aldeas que son nombrados por su santo, San Caralampio, un santo que es absolutamente desconocido en el Vaticano. El nuevo sincretismo se ve claramente en San Juan Chamula, donde San Juan Bautista corresponde al viejo dios del sol de los mayas, Santa María es la diosa de la luna, y Jesú Cristo es un santo menor.


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El mismo sincretismo vemos con cristalina claridad y con variabilidad camaleónica en la institución conocida como el sistema de cargos, una institución que se encuentra en prácticamente todos los rincones de la república.

Pero lo más importante en este aspecto de la conquista  espiritual es que este catolicismo popular se relaciona íntimamente con los consejos de Tomás Moro en su Utopía – y es tal vez no una sorpresa que toda esta obra utópica de los franciscanos fue perseguida y prohibida para dar lugar al otro aspecto de la conquista espiritual, el establecimiento de la iglesia católica basada en los obispos y las diócesis, sujetas a la corona española y el virrey y fundadas en el diezmo.

La cristianización de los indios de la Nueva España y la extirpación de los ídolos fue, hasta cierto grado, un éxito, pero se inscribe en un doble fracaso. Si seguimos la lógica de Eric Wolf, la fuente del desarrollo de la joven colonia la tenemos que buscar en la crisis económica que azotó al mundo en el siglo XVII: “si España hubiera logrado proseguir su desarrollo en todas partes a la vez, Mesoamérica hubiera podido realizar en el siglo XVI una síntesis nueva y vital. Pero la depresión del siglo XVII puso fin a los sueños utópicos, y la pesadilla de bancarrota se volvió realidad”[21]. Y de esta crisis económica del siglo XVII, “surgieron dos nuevos modelos de integración: l a hacienda, o sea la propiedad territorial privada del colono, y la comunidad estrechamente unida del campesino indio, la república de indios, como se le denominaba a menudo en los expedientes coloniales”. Con el nacimiento de estos gemelos, uno español, el otro indígena, tenemos una radical separación de la colonia en dos república, la república de los españoles y la república de los indios, esta última compuesta por comunidades, pues “la unidad básica de la nueva vida india iba a ser la comunidad, no el individuo”, y “el centro motriz de este tipo de entidad es su sistema político-religioso”, una institución que es mejor conocida bajo el nombre del sistema de cargos, y que es el vehículo del catolicismo popular.

Este sistema de cargos ha sido descrito así: “El típico sistema de cargos “consiste en un número de oficios que están claramente definidos como tales y que se turnan entre los miembros de la comunidad quienes asumen un oficio por un período corto de tiempo después de lo cual se retiran a su vida normal por un largo período de tiempo. Los oficios están ordenados jerárquicamente y el sistema de cargos comprende a todos - o a casi todos - los miembros de la comunidad. Los cargueros no reciben pago alguno durante su período de servicio, por el contrario, muy a menudo el cargo significa un costo considerable en tiempo de trabajo perdido y en gastos en dinero en efectivo, pero como compensación el cargo confiere al responsable un gran prestigio en la comunidad. El sistema de cargos comprende dos jerarquías separadas, una política y una religiosa, pero las dos jerarquías están íntimamente relacionadas, y después de haber asumido los cargos más importantes del sistema un miembro de la comunidad es considerado como pasado o principal"[22]. En especial he tratado al sistema de cargos en la comunidad indígena donde hice la investigación para mi tesis doctoral, San Francisco Oxtotilpan en el centro de la república[23].

Y la interpretación antropológica de la institución la encontramos en el paradigma de cargos, que por razones tan arraigadas como cuestionables ha sido dividido en tres aspectos: un aspecto económico, uno político y uno religioso o ideológico – y que lo podemos caracterizar como sigue, de una manera taquigráfica: se postula que esta institución tiene la función económica de nivelar la riqueza (y la pobreza) en la comunidad indígena y políticamente de asegurar la democracia en la misma comunidad, mientras que podemos dividir su aspecto religioso e ideológico en cuatro postulados: define a la comunidad, es decir produce la identidad étnica y comunitaria, define las fronteras de la comunidad, define los canales legítimos de comunicación entre la comunidad y las autoridades eclesiásticas y políticas del sistema nacional, y finalmente es una institución conservadora que se opone a cualquier cambio en la comunidad[24].

Peter Gerhard ha señalado que la distribución de las comunidades indígenas no ha cambiado entre 1611, el momento final de las dos olas de congregaciones en la Nueva España, y el día de hoy[25], pero aún dentro de este esquema general encontramos tantas variaciones que recientemente se ha descubierto que el “típico sistema de cargos” no es típico en todas partes, lo es realmente tan solo en el Sureste, en el Estado de México encontramos tres importantes diferencias: La participación de los miembros de la comunidad en el sistema de cargos no es tan amplia como se lo postula en los casos “clásicos en Chiapas, los gastos relacionados con la ocupación de los cargos no son sufragados por una sola persona, sino por toda una red de compadres y comadres, y la articulación de la jerarquía religiosa y política no es tan sencilla como en los casos clásicos en el Sureste[26].

De igual manera, en Michoacán, donde trabajaba Jacobo Daciano y que estaba bajo la influencia directa no solamente de los franciscanos, sino de los franciscanos de Vasco de Quiroga, encontramos también una comunidad que se distingue de la comunidad campesina indígena del Sureste.

 

Fay Jacobo Daciano como antropólogo aplicado

Siguiendo la lógica de un antropólogo británico, que nunca estuvo en México ni en la Nueva España, que yo sepa - - Jacobo Daciano casi estaba predestinado a ser antropólogo, y como tal lo podemos considerar, pues"durante muchos años  los más importantes antropólogos en Inglaterra habían venido del continente o de las colonias, de regiones donde el cambio o la renovación de la sociedad enfoca la atención hacia los elementos que crean una sociedad. Aún la mayor parte de los antropólogos nacidos en Inglaterra tenían, hasta hace poco tiempo, alguna relación con el extranjero, o eran escoceses, galeses, irlandeses o judíos. Tal vez la sociedad inglesa ha sido demasiado homogénea y estable - me atrevería tal vez a decir demasiado acomodada y autocomplacente - para que sus miembros pudieran convertirse en pensadores empíricos de la vida social"[27]. La vida de Jacobo Daciano fue, en todos sentidos, todo lo contrario de una vida tranquila y sedentaria, llegó a cubrir tres sociedades muy diferentes en dos continentes, así que según la lógica de Max Gluckman cumplía todas las condiciones para volverse antropólogo.

Las ciencias son curiosas, en varios momentos se ha postulado que los conocimientos científicos sean universales y no tengan fronteras, y sin embargo las diversas disciplinas tienden a portarse de maneras tan desiguales en diferentes países que sorprende. Tengo la impresión de que en el Perú, donde estudio exactamente la pequeña comunidad que produjeron Vasco de Quiroga y Jacobo Daciano, esta comunidad está más estudiada por los abogados que por los antropólogos, y si nos dirigimos al estudio de las actividades de Jacobo Daciano y su producto, la comunidad campesina e indígena, tengo la impresión que sus actividades han sido estudiadas muy poco por los antropólogos, y mucho más por los teólogos y los historiadores. En efecto, no conozco una buena descripción y evaluación de la obra de Jacobo Daciano hecha por un antropólogo, y lamento que las limitaciones del presente trabajo son tales que merece el título de “preámbulo” o algo por el estilo.

Podemos intentar definir a los antroólogos y luego ver si Jacobo Daciano satisface la definición.

En la opinión de Malinowski, toda antropología es antropología aplicada, y si no es aplicada es una pérdida de tiempo, en lo que estoy de acuerdo, y es evidente que la antropología de Jacobo Daciano es aplicada.

Tarecuato

Zacapu

Refieren las crónicas que allá por el año 1548, Fray Jacobo Daciano caminaba de Cherán rumbo a la encomienda de Zacapu, acompañado de una comitiva de indígenas. Les anocheció en el bosque, muy cerca del lago y acamparon allí. Al amanecer, Fray Jacobo Daciano llamó a todos y les dijo que era voluntad de Dios que en ese lugar se construyera una iglesia; los indios desmontaron el sitio, abrieron cimientos y se tiró el cordel para iniciar la construcción. Después trazaron calles, ubicando la plaza, el tianguis y la casa real. Así nació lo que ahora es la ciudad de Zacapu. Ello debió ocurrir el 29 de junio de 1548, ya que Zacapu fue encomendada al patrocinio del Apóstol San Pedro y por muchos años se usó el nombre de ese asnto para designar la parte de la ciudad donde se encuentra el templo parroquial, dedicado ahora a Señora Santa Ana.

Coeneo

Santiago Angahuan

Tingüindin

Tzintzuntzan

Jiquilpan

“En 1552, el Concilio de Lima prohibe ordenar sacerdotes a indios, mestizos y mulatos, prohibición que será ratificada por el Concilio de México en 1555. Para evitar un nuevo cisma dentro de la iglesia, Fray Jacobo se retracta y se recluye en el Convento de Zintzuntzan. Pasa los últimos años de su vida en Tarecuato, donde muere en 1566 o 1567”[28].

 

Las andanzas de Jacobo Daciano[29]

En seguida se presenta una especie de itinerario de Jacobo Daciano, del día de su llegada al Nuevo Mundo, en 1542, hasta su fallecimiento en Michoacán, en 1566.

1542                Bajo el título de “el provincial de Dacia” viaja fray Jacobo de marzo a agosto en barco, con otros nueve franciscanos de Sevilla a Vera Cruz en la Nueva España

1542                El 14 de agosto inicia Jacobo fray Jacobo el viaje a pie a Tenochtitlán, o la Ciudad de México. Aquí se une con sus cofrades y empieza a aprender náhuatl.

1542    Fray Jacobo empieza en el otoño, o el año siguiente, su labor misionera. Ra´pido aprende la lengua tarasca.

1542    De acuerdo a una tradición local funda fray Jacobo y el ocho de diciembre el pueblo Coeneo al norte del Lago de Pátzcuaro.

1543    Fray Jacobo llega a Tarecuato y construye el monasterio y la iglesia allá

1546    Se interpreta un milagro como confirmación de la impartición muy liberal del sacramento del altar a los indígenas tarasco

1548    Fray Jacobo funda el monasterio de Santa Ana y el pueblo de Zacapu.

1552    Junto con el custodio del monasterio franciscano de San Pedro y San Pablo en Michoacán y Nueva Galicia firma (en su calidad de consejal) una carta que, en dos versiones, será enviada al emperador Carlos V. La carta trata de los problemas relacionados con la misión, en particular la escacés de sacerdotes.

1551-1552                  El concilio de Lima prohíbe la consagración de indígenas, mestizos y mulatos

1553    El escrito polémico Antídota, del primero de mayo, de fray Juan de Gaona, dirigido contra el Libro en latín de fray Jacobo, en el cual este había sostenido que fuera herejía en principio negarles la consagración de sacerdotes a los indígenas. El libro de fray Jacobo en español, Declamación del Pueblo Bárbaro de los Indios, acerca del mismo tema, es probablemente de la misma fecha.

1553    La discusión de este problema probablemente se llevó a cabo en un capítulo en la provincia franciscana mexicana “Santo Evangelio”. Fray Jacobo es declarado perdedor y se le condena a un castigo eclesiástico.

1554-1557      De acuerdo al posterior cronista Espinosa, en este trienio dirige fray Jacobo, en calidad de encargado, el custodio de Michoacán y Jalisco.

1555    El concilio de México se adhiere a la prohibición de sacerdotes indígenas y otros no europeos, enunciada en el concilio de Lima.

1557?  En el capítulo provincial de los franciscanos en Huejotzingo, este año o el siguiente, conoce fray Jacobo Daciano al historiador Gerónimo de Mendieta.

1558    A invitación del arzobispo Montúfar aprueba Jacobo Daciano, en su calidad de guardián del monasterio de Tzintzuntzan, el 21 de julio el catequismo en lengua tarasca Thesoro espiritual en lengua de Mechuacán de su cofrade Maturino Gilbertis.

1558    El 21 de septiembre celebra Jacobo Daciano una misa por el emperador Carlos V el día de su muerte, siendo todavía guardián en Tzintzuntzan.

1559    Fray Jacobo Daciano aprueba el 15 de junio el Diálogo de Doctrina Cristiana en lengua tarasca de su cofrade Maturino Gilbertis.

1562 ca.          Los sacerdotes del obispo Vasco de Quiroga agreden el monastrio franciscano en Pátzacuaro rompe la pila de bautizo y expulsa al fray Jacobo Daciano.

1565    La entidad de San Pedro y San Pablo en Michoacán, hasta este momento custodio es elevado a ser una provincia franciscana independiente.

1566 (1567?)Fray Jacobo el danés muere el 29 de octubre en el monastrio de Tarecuato con fama de ser santo. El será enterrado allá, pero no se sabe exactamente el lugar.

 

Conclusiones: Las condiciones para ser un antropólogo sin compromiso

En conclusión podemos decir que Jacobo Daciano fue no solamente un antropólogo aplicado, sino también un antropólogo radical, a diferencia de Vasco de Quiroga.

Podemos decir que la infancia y la juventud de Jacobo Daciano ya están bien conocidas, y también que sus andanzas y labores en México son razonablemente bien estudiados y conocidos, pero casi exclusivamente desde un punto de vista teológico, de sus labores prácticas, las comunidades que supuestamente fundó y dirigió, sabemos muy poco.

De manera que aquí hay un campo bastante virgen para un antropólogo o etnohistoriador que tenga ganas de arruinar su vista trabajando en los archivos, pero con perspectivas de una beca para hacer un trabajo complementario en Dinamarca y posiblemente con los franciscanos en España.

 


Notas:

[1] Antropólogo Social de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, Doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Metropolitana Iztapalapa, México D. F., Profesor-Investigador de la División de Postgrado de Antropología Social, Escuela Nacional de Antropología e Historia (INAH-ENAH).

[2] Más adelante se discutirá el acta de nacimiento de Jacobo Daciano.

[3] Ricard, 2004: 347.

[4] Ídem.

[5] Rasmussun, 1992: 107.

[6] Ibid: 117-200.

[7] Ibid: 117.

[8] Ibid: 128.

[9] Ibid: 132, que hace referencia a la Crónica Oldenburga, en alemán, de 1599.

[10] Ibid: 145.

[11] Ibid: 149-150.

[12] Ibid: 168.

[13] Ibid: 196.

[14] Carrillo Cázares, 1988: 53.

[15] Lugares de México. Tarecuato. Se señala en una nota que “La Dacia corresponde a la actual Dinamarca”, de lo que dudo.

[16] Pedro Borges Morán señala que en el siglo XV llegaron 10 misioneros a América, pero en el siglo XVI llegaron 5.418 misioneros, de los cuales 2.782 eran franciscanos (citado en Martínez, 1984: 177).

[17] Rasmussen, 1992: 111.

[18] La información histórica de Dinamarca proviene de la Historia de Dinamarca de Palle Lauring (tomos 5-6).

[19] Rasmussen, 1992: 113. En otro lugar he escrito acerca de un tema relacionado con el presente, acerca de un sacerdote y cronista en su momento católico en la Inglaterra antipapista (o sea, anticatólica) del siglo XVII, “Thomas Gage, el primer antropólogo al servicio del imperialismo anglo-sajón” (Korsbaek, 2011).

[20] Carrasco, 1976: 156.

[21] Wolf, 1967; las citas que siguen acerca de la comunidad campesina son del capítulo X, pp. 181-203.

[22] Korsbaek, comp., 1996: 82. La primera formulación del concepto del típico sistema de cargos fue en una ponencia presentada en San Cristóbal de las Casas en 1982 (posteriormente publicada como Korsbaek, 1987). Parece que Saúl Millán piensa que yo he inventado “el típico sistema de cargos” y me ha nombrado el abogado de este concepto. Es demasiado honor, yo soy solamente el mensajero y el concepto ha sido desgranado, con muy poca imaginación de mi parte, de las monografías señaladas en mi presentación del concepto (Korsbaek, comp., 1996).

[23] Korsbaek, 2009, Tesis Doctoral. De San Francisco Oxtotilpan he publicado un artículo acerca del aspecto político del sistema de cargos (Korsbaek, 2011) y del aspecto legal (Korsbaek, 2003).

[24] El paradigma de cargos se encuentra también en Korsbaek, comp., 1996: 271-292.

[25] Gerhard, 1985.

[26] He publicado ampliamente acerca del sistema de cargos en el Estado de México, el estado parcial donde se encuentra la comunidad de San Francisco Oxottilpan, discutiendo las tres diferencias mencionadas (Korsbaek, 2000, 2002, 2009).

[27] Gluckman, 1959 248.

[28] Lugares de México. Tarecuato.

[29] Los datos son de  las últimas páginas de Broder Jacob (Stangerup, 1991), que hace referencia a Jorgen Nybo Rasmussen.

 

Referencias bibliográficas:

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[div2 class="highlight1"]Cómo citar este artículo:

KORSBAEK, Leif, (2012) “Un danés en la Nueva España: Jacobo Daciano, tal vez el primer antropólogo aplicado”, Pacarina del Sur [En línea], año 3, núm. 12, julio-septiembre, 2012. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 24 de Octubre de 2021.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=484&catid=5[/div2]

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