Pacarina del Sur
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Desarrollo Humano Sustentable y la Equidad en Salud en México

Sustainable Human Development and the Equity Health in Mexico

Sustentável patrimônio de desenvolvimento e saúde humana no México

Esthela Gutiérrez Garza, Esteban Picazzo Palencia y Elizabeth Gálvez Santillán

Artículo recibido: 25-03-2013; aceptado: 01-04-2013

Introducción

La salud es una capacidad y libertad importante y constitutiva del ser humano debido a que una buena salud contribuye directamente al desarrollo y beneficio de las personas, además permite desarrollar sus oportunidades para llevar a cabo sus objetivos y metas. Así, la equidad en las oportunidades de acceso a la salud se constituye con la presencia de la igualdad en las capacidades de las personas, es decir, en las libertades reales de hacer y ser lo que la gente está dispuesta a valorar con su vida (Sen, 2000).

Por lo tanto, la salud es parte esencial del desarrollo humano de las personas y tiene que trascender entre las generaciones presentes y futuras. Es decir, tiene que presentarse en entornos sustentable, equitativos y con justicia social.

Desde esta perspectiva, este documento tiene la intención de analizar en el marco del desarrollo humano sustentable la relación entre este desarrollo con la equidad en salud, para lo cual abordará los antecedentes y progreso de la Teoría del Desarrollo Humano, la convergencia de ésta con la concepción del Desarrollo Sustentable y finalmente conocer como se encuentra la equidad en las oportunidades de acceso a la salud en México.

 

Los antecedentes a la Teoría del Desarrollo Humano

La teoría del desarrollo humano tiene sus raíces en la preocupación que despiertan las críticas al enfoque economicista de los estudios del desarrollo y la búsqueda por integrar en el análisis los aspectos sociales y culturales de la población, que se convierten finalmente, en las necesidades de los destinatarios del desarrollo.

Esta preocupación y análisis crítico de la visión economicista del desarrollo se retoma en el entorno internacional y ocurre simultáneamente en América Latina con los trabajos de la Teoría de la Dependencia y la Teoría de la CEPAL y en Europa, con las propuestas de organizaciones supranacionales en torno al medio ambiente, como la del Club de Roma[1] y la propuesta de Ecodesarrollo que Maurice Strong discurrió en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Así, esta nueva visión del mundo que desplaza la atención del crecimiento y la productividad como centro del quehacer en la sociedad, hacia la noción del desarrollo, sus destinatarios y el medio ambiente, fue significativamente enriquecido con las aportaciones del economista francés Francois Perroux y su propuesta de los costos del hombre[2], los trabajos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la década de los setenta en relación a el enfoque de las necesidades básicas[3] y su política sobre el Empleo Global, la visión del desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la posterior elaboración del Índice de Desarrollo Humano (IDH) a finales de la década de los ochenta y finalmente la visión del desarrollo sustentable (conceptualizado en 1987 en el Informe Brundtland) que engloba el crecimiento económico, la equidad intra e intergeneracional y el cuidado del medio ambiente en beneficio del ser humano.

 

La propuesta de Amartya Sen: La Teoría del Desarrollo Humano.

El pensamiento teórico de Amartya Sen sentó las bases de la teoría del desarrollo humano y propuso una concepción distinta para medir y abordar el desarrollo. Este enfoque superó la visión economicista centrada en el tener -dinero y mercancías-, por una visión holística centrada en el ser y hacer del ser humano -bienestar y capacidades- en el cual la participación de las instituciones juegan un papel determinante para el desarrollo (Sen y Nussbaum 1993).

El enfoque propuesto por Sen, llamado Enfoque de Capacidades, define al desarrollo como un proceso de ampliación de capacidades y opciones para que las personas puedan ser y lograr hacer lo que valoran. Así, esta propuesta coloca en el centro de sus postulados la expansión de las libertades y la superación de las privaciones. Concibiendo al ser humano, como portador de las capacidades, es decir, como fin y medio del desarrollo.

Cabe señalar, que las capacidades de la persona están fuertemente condicionadas por el entorno económico, político, social, cultural y ambiental en el que se desarrollan, por ello, para garantizar la ampliación de las capacidades del ser humano, la definición de las políticas debe de incorporar tanto las necesidades individuales como las potencialidades colectivas en un marco de justicia social. En este sentido, Sen (1992:81) señala que “en la valoración de la justicia basada en las capacidades, las demandas o títulos individuales no tienen que valorarse en términos de los recursos o de los bienes elementales que las personas poseen, respectivamente, sino por las libertades de que realmente disfrutan para elegir las vidas que tienen razones personales para valorar. Es esta la libertad real la que está representada por las capacidades de la persona para conseguir varias combinaciones alternativas de funcionamientos”

De esta manera, la libertad surge como el principal fin y el principal medio para lograr el desarrollo. Consolidándose en un valor constitutivo (fin) e instrumental (medio). Entonces, la libertad de optar por  diferentes tipos de vida se refleja en el conjunto de capacidades reales de las personas (la libertad de bienestar). Así para Amartya Sen en su dimensión integral clasifica las libertades en dos grandes grupos: constitutivas e instrumentales.

Las libertades constitutivas son aquellas que permiten contar con una vida saludable,  tener un nivel de vida digno, de poder leer y adquirir conocimientos y disfrutar de una libertad política que permita participar en la vida de la comunidad a la que se pertenece y expresarse libremente, entre otras. En este sentido Sen (2000:55) expone que “el papel constitutivo de la libertad está relacionado con la importancia de las libertades fundamentales para el enriquecimiento de la vida humana…”

Por otro lado, las libertades instrumentales son aquellas que sirven como medio para el desarrollo, entre las que se encuentran los servicios económicos, las instituciones, las oportunidades sociales, las libertades políticas, las garantías de transparencia y la protección social. Sen (2000:56) argumenta que “el papel instrumental de la libertad se refiere a la forma en que contribuyen los diferentes tipos de derechos y oportunidades a expandir la libertad del hombre en general y, por lo tanto, a fomentar el desarrollo (…) La eficacia de la libertad como instrumento reside en el hecho de que los diferentes tipos de libertad están interrelacionados y un tipo de libertad puede contribuir extraordinariamente a aumentar otros.”

Centrándose en las libertades humanas, Amartya Sen evita la definición estrecha del desarrollo que lo reduce a considerar variables como el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el aumento de los ingresos, la industrialización y el progreso tecnológico, por ejemplo. Si no entiende las libertades humanas como oportunidades determinadas por otras realidades, como lo son las condiciones que facilitan el acceso a la educación, la salud y las libertades cívicas. Consecuentemente, para Sen es importante considerar en el análisis del desarrollo, además del indicador de la expansión económica (PIB), el impacto de la democracia, las instituciones y las libertades públicas sobre la vida y las oportunidades sociales de los individuos, entre las que se encuentran la educación y la salud.

Así, el criterio esencial de la teoría del desarrollo humano propuesta por Amartya Sen, es la libertad de elección y la superación de los obstáculos que impiden el despliegue de las libertades. Como, por ejemplo, la capacidad de vivir muchos años, de ocupar un empleo gratificante, de vivir en un ambiente pacífico y seguro y de gozar de la libertad y que estas se presenten en entornos de equidad y de justica social.

 

El Desarrollo Humano hacia la convergencia de la propuesta del Desarrollo Sustentable

La visión del Desarrollo Humano pone a los individuos en el centro de la reflexión y del  análisis del desarrollo. Esta misma visión, la considera la perspectiva del Desarrollo Sustentable y está plasmada en el primer principio de la Declaración de Río (de Janeiro) sobre el Ambiente y Desarrollo (1992) en donde afirma que “Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sustentable. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza”.

Con la Cumbre de la Tierra (1992) y la Agenda 21 (el programa global de acción sobre el desarrollo sustentable) se plantea un nuevo enfoque para el tratamiento de cuestiones medioambientales y de desarrollo.  En donde el Desarrollo Sustentable (definido en 1987 en el Informe Brundtland) surge como aquel desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Considerando lo anterior, y partiendo de la concepción del Desarrollo Sustentable, éste pasa a ser una tarea de la visión del desarrollo humano, en donde la sustentabilidad de las oportunidades y capacidades humanas dependen de mantener una base de recursos: físico, humano, financiero, social y medioambiental en beneficio del desarrollo.

Sen y Anand (1994) enfatizan que se debe compartir la capacidad de bienestar entre la presente y las futuras generaciones. En donde, el Desarrollo Humano debe de promover la equidad intergeneracional e intrageneracional. Además, debe garantizar a las generaciones futuras oportunidades semejantes y el mismo potencial del que han gozado las generaciones presentes. Por lo tanto, la sustentabilidad implica que no se muestren condiciones de indigencia y pobreza para la generación presente en beneficio de la generación futura. En este orden de ideas, no se puede pensar en equidad intergeneracional sin pensar igualmente y antes en la equidad intrageneracional.

De esta manera, la perspectiva del desarrollo humano permite reconocer que se necesita reforzar los esfuerzos individuales y colectivos para preservar la calidad del entorno ambiental en donde el ser humano actúa y vive. Sin dejar de lado, que para proteger y potencializar las oportunidades de las generaciones futuras no se debe abandonar la supresión de la privación de las capacidades humanas de las generaciones actuales y del medio ambiental donde las potencializa.

En este contexto, Sen y Anand (1994:4) señalan que “la promoción del desarrollo humano en el mundo de hoy debe complementarse con salvaguardas para que sus frutos estén disponibles en el futuro. (…). El valor moral de sostener lo que tenemos ahora depende de la calidad de lo que tengamos. El enfoque de desarrollo sostenible como un todo apunta hacia la dirección del futuro tanto como hacia la dirección del presente. No existe, de hecho, ninguna dificultad básica en ampliar el concepto de desarrollo humano (…) para que se le integren los derechos de las generaciones futuras y la urgencia de la protección del medio ambiente”. Además consideran que “la sostenibilidad es un asunto de equidad distributiva, (…), de compartir la capacidad de bienestar entre la gente de hoy y la gente del futuro...Por ende, el desarrollo humano debería considerarse como una contribución mayor al logro de la sostenibilidad” (Sen y Anand 1994, 16-17).

Por su parte, en 1994 Speth (PNUD-DP/1994/39), en el seno del PNUD, articula una visión integradora del desarrollo, centrada en el ser humano y en el proceso del desarrollo, un proceso que debe ser equitativo, social y medio ambientalmente sustentable, en donde se “reúna el entendimiento y las aspiraciones que se reflejan en los conceptos “desarrollo humano” y “desarrollo sustentable”.”

Por lo anterior, el proceso de convergencia entre la perspectiva del desarrollo humano y el desarrollo sustentable, se presenta como un desarrollo centrado en la gente que promueve el crecimiento y la potencialización de las capacidades y oportunidades del ser humano para un desarrollo equitativo, con integración social, gobernabilidad y justica social. Además, protegiendo y regenerando el medio ambiente y salvaguardando las opciones y oportunidades de las generaciones presentes y futuras (Picazzo et al, 2011).

 

La salud en el desarrollo humano sustentable

El desarrollo humano sustentable desde su concepción, como se mencionó con anterioridad,  considera la expansión de las libertades y la superación de las privaciones que limitan las posibilidades reales de alcanzar el desarrollo tanto de las presentes como futuras generaciones. En este sentido, entre las principales privaciones de esas libertades están los efectos negativos en la salud que tienen las debilidades e inequidades en el acceso a los servicios de salud, así como a otros determinantes sociales de ésta, como son la falta de los servicios públicos, de gestión del derecho a la salud, acceso a la educación, entre otros.

Por lo tanto, una persona con mayores capacidades tiene mayores oportunidades de elegir, asimismo tiene más diversidad de opciones para escoger y, por tanto, tiene mayor libertad. Desde esta concepción, la salud surge y constituye una de las libertades instrumentales necesarias para el desarrollo que debe estar relacionada estrechamente con la cuestión de los derechos y la justicia social, de cuya mano va la noción de equidad (Sen, 2000; Sen, 2002). Entonces, el mejoramiento de la salud, en el contexto del desarrollo humano sustentable requiere de una visión integral y conjunta, colectiva de los problemas y las soluciones, al igual, que el reconocimiento del lazo que une a las libertades con las instituciones sociales y económicas, así como con los derechos políticos y humanos en búsqueda de una equidad inter e intrageneracional.

Por lo tanto, la salud no sólo constituye un instrumento o medio para el desarrollo, sino también como lo alude Sen (1999:8) “la salud es una parte constitutiva del desarrollo”, y “forma parte integrante de un buen desarrollo”. De esta manera, una de las libertades de mayor importancia del que puede gozar el ser humano es la de no estar expuesto a enfermedades y causas de muertes evitables (Sen 1999).

Entonces, un mejor nivel de vida influye en el desarrollo de las capacidades de los individuos y el desarrollo de las capacidades es determinante para la calidad de vida tanto en el presente como en el futuro. En ese contexto, la salud juega una función principal entre calidad de vida y capacidad.  La salud es una pieza clave o una aptitud (Sen y Nussbaum, 1993) para vivir mejor y la falta de ella es una amenaza para el bienestar social y económico. Por eso, tener vida duradera y saludable es uno de los elementos fundamentales del desarrollo humano sustentable.

Así, una vida duradera y saludable supone que los individuos de una sociedad cuentan con las diferentes capacidades que les permitan satisfacer las necesidades básicas y disfrutar de una buena salud física y mental y de una relación social satisfactoria tanto en el presente como en el futuro. Por lo tanto, la salud puede enmarcarse desde dos ámbitos distintos, aunque a la vez complementarios: el primero en el sentido individual y el segundo en lo social. La primera acepción enmarca a la salud como el buen funcionamiento biológico del organismo y la ausencia de enfermedades. La segunda, como plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS 1946), trasciende el aspecto individual para abarcar un estado completo de bienestar físico, mental y social. Ambos ámbitos son complementarios en el sentido de que la salud no se limita a la ausencia de afecciones o enfermedades sino que precisa de condiciones sociales apropiadas para el adecuado desarrollo del ser humano.

De esta manera, en materia de salud, el desarrollo humano sustentable y la potencialización de las capacidades y libertades humanas, plantean el desafío de disminuir las brechas sociales, el rezago epidemiológico acumulado y la mejora en el acceso y la calidad de la atención de los servicios. Por lo tanto, “el mejoramiento de la salud de la población debe aceptarse (…) universalmente como uno de los grandes objetivos del proceso de desarrollo.” (Sen 1999:1).

Por lo tanto, es necesario promover, proteger y restaurar la salud de los seres humanos para brindarles la libertad necesaria para el desarrollo. Con respecto a lo anterior, se puede señalar que se han promulgado diversos documentos y resoluciones en el escenario internacional en donde se promueve la salud como un factor importante para el desarrollo de las libertades, capacidades y derechos en beneficio del desarrollo humano sustentable. Estos documentos y sus consideraciones se presentan en el cuadro 1.

 

Cuadro 1.

Documentos que promueven a la salud como un factor importante para el desarrollo de las libertades, capacidades y los derechos.

Año

Documento

Consideraciones

1946

Constitución de la Organización Mundial de  la Salud (OMS).

La salud es una condición fundamental para lograr la paz y la seguridad.

1977

Declaración de la OMS de 1977.

La salud surge como un derecho fundamental y un objetivo social.

1978

Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, Alma-Ata.

La promoción y protección de la salud es indispensable para un desarrollo económico y social sustentable y contribuye a mejorar la calidad de la vida.

1986

Carta de Ottawa.

La promoción de la salud mejora  la salud y ejerce un mejor control sobre la misma.

1988

Declaración de Liverpool

La comunidad tiene el derecho y el deber de participar a nivel colectivo e individual en todos los proyectos y actividades que afectan a su propia salud, y, en concreto, en la planificación o gestión de la salud comunitaria.

1990

Concepción de los Sistemas Locales de Salud

Promulga la coordinación de las instituciones y recursos que convergen en el sector salud en pro del nivel de la salud de las personas.

1991

Carta Panamericana Sobre Salud y Ambiente en el Desarrollo Humano Sostenible

Promueve la protección y promoción de la salud y defiende el principio de la participación comunitaria.

1992

Conferencia de Río y Agenda 21

En el marco de la conceptualización del Desarrollo Sustentable, las personas tienen derecho a una vida saludable y se incluye la protección y fomento de la salud en el desarrollo sustentable.

1992

Conferencia de Santa Fé de  Bogotá, Colombia

Enfatiza sobre la importancia de la solidaridad y equidad  para la salud y el desarrollo.

1997

Declaración de Yakarta, Rep. de Indonesia.

La salud se contempla como un derecho humano y esencial para el desarrollo social.

1998

Conferencia de Adelaida, Australia

Se definió la política pública saludable como: la que se dirige a crear un ambiente favorable, para que la gente pueda disfrutar de una vida saludable.

2000

La Estrategia Global de Salud para Todos

Procura que la gente de todos los países tenga al menos un nivel de salud que le permita trabajar productivamente y participar activamente en la vida social en la que viven.

2000

La Cumbre del Milenio y Los Objetivos del Desarrollo del Milenio

El mejoramiento de la salud de la población está presente en tres de los ocho objetivos del milenio: Disminuir la tasa de mortalidad infantil, Mejorar la salud maternal y Luchar contra el SIDA, paludismo y otras enfermedades.

2002

Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable: Iniciativa Water, Energy, Health, Agriculture and Biodiversity (Johannesburgo)

La salud es fundamental para erradicar la pobreza y lograr el desarrollo sustentable.

2004

Cumbre Extraordinaria de las Américas en Nuevo León, México

Establece que uno de los pilares del desarrollo humano y el progreso de las naciones es la protección social en materia de salud.

Fuente: Documentos de la OMS, OPS, ONU y Cantú (2007).

 

Así, enmarcar la salud dentro del desarrollo humano sustentable implica ubicarla en términos de una concepción integral con categoría universal y de bien público, con alto grado de justicia social y equidad tanto para las generaciones presentes como futuras. Dejando de lado, la visión economicista y utilitarista del sistema económico, para darle una visión social, en donde se incluya a la salud como una libertad que el ser humano debe tener, cuidar y defender. Por lo tanto, el ser humano debe ser partícipe del cambio y no quedarse sólo como receptor del desarrollo, debido a que “la pasividad y la apatía pueden ser sancionadas con la enfermedad y la muerte” (Sen 1999:9).

 

La equidad en salud en el marco del desarrollo humano sustentable en México.

Es imposible concebir la construcción de un futuro sustentable para el ser humano sin inquietarse por la salud de la población. Debido a que ésta es un elemento que impacta al bienestar de la sociedad, y a su vez, la libertad para el desarrollo de los individuos. En este contexto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que el problema principal enfrentado por la población es la falta de equidad en la salud. La cual es el reflejo de las grandes inequidades y desigualdades sociales de los países de Latinoamérica.

Amartya Sen (2002) señala que en la salud, la equidad emerge como un concepto multidimensional que no radica sólo en la distribución de la atención sanitaria, sino también engloba aspectos relacionados con alcanzar buena salud y el comportamiento justo de los procesos sociales.

Por lo tanto, en el marco del desarrollo humano sustentable, la búsqueda de la equidad en salud trata de reducir las brechas en las condiciones de salud de las personas, en su acceso, utilización y entorno socioeconómico y ambiental entre grupos con niveles sociales y económicos distintos. Así, las desigualdades sociales conllevan a inequidades en las condiciones de vida de las personas, e interactúan entre sí para causar inequidades en el estado de salud de la gente.

Para poder reducir las inequidades y desiguales en salud es necesario emprender acciones y políticas de desarrollo social, en donde se pongan en práctica nuevas formas de organización, distribución y administración de los recursos asignados en materia de salud. Permitiendo así, que se den las condiciones necesarias para que la población pueda accesar a la salud durante los primeros años de vida, desarrollando un entorno de mayor beneficio para el ser humano que potencialice sus capacidades tanto en el presente como en el futuro (Sen 1999). Asimismo, es importante que se considere la situación de acceso a la salud por parte de las mujeres durante el embarazo (o 42 días posteriores a éste por alguna complicación) que les solvente el proceso de gestación de una manera satisfactoria, para preserva su propia vida y generar un entorno social que proteja al infante.

Por consecuente, las muertes ocasionadas en menores de 5 años por falta de alguna intervención médica en diversos padecimientos y enfermedades, así como las muertes de mujeres ocasionadas por problemas relacionados con el embarazo, parto y posparto representan indicadores de una profunda desigualdad, la cual al relacionarla con los niveles de ingreso (o pobreza) o con la accesibilidad a la salud (sobre todo de calidad) estas desigualdades se convierten en grandes brechas de inequidad social debido a que estas muertes podrían ser evitables.

En este contexto, una medida ampliamente utilizada para representar la magnitud de las desigualdades sociales es el coeficiente de Gini, el cual se deriva de la curva de Lorenz. Este índice se ha utilizado sobre todo para estudiar las desigualdades en la distribución de la ingreso, aunque también se utiliza en el estudio de las desigualdades en salud (Wagstaff y Van Doorslaer 1992).

Para cuantificar la desigualdad e inequidad en la salud en México se aplicara la metodología del coeficiente de Gini en variables seleccionadas de la salud y para ello, se selecciono dos indicadores: la tasa de mortalidad de infantes menores de cinco años por cada 1,000 nacidos vivos y la tasa de mortalidad materna por cada 100,000 nacidos vivos.[4] El coeficiente de Gini nos refiere que a medida que se acerque a 1 existe mayor inequidad y falta de penetración para potencializarse las oportunidades de salud en grupos vulnerables y lo contrario si se dirige hacia el 0.

Los resultados promedio de las tasas de mortalidad de infantes menores de cinco años y de la mortalidad materna, y sus respectivos coeficientes de Gini[5], nos refieren que durante el periodo de 1990 al 2010 tanto la tasa de mortalidad de infantes menores de 5 años como la tasa de mortalidad materna mejoraron significativamente en México, ya que la primera pasó de 40.1 muertes de infantes por cada mil nacidos vivos en 1990 a 21.6 para el 2010, por su parte la tasa de mortalidad materna pasó de 71.4 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos en 1990 a 50.3 en el 2010. Sin embargo, durante este mismo periodo se presentó una tendencia opuesta en términos de la inequidad. El coeficiente de Gini en la salud infantil, se movió en un 10% hacia la inequidad a nivel nacional pasando de 0.372 en 1990 a 0.410 para el 2010. En relación al coeficiente de Gini de la salud materna pasó de un 0.341 en 1990 a 0.421 en el 2010, representando un aumento del 23% en la inequidad en el acceso a las oportunidades en la salud materna.

Los anteriores resultados refieren que los logros en materia de salud se están concentrando en los sectores urbanos de ingresos suficientes y, los sectores marginados urbanos y la población rural mantienen los patrones de exclusión que aún prevalecen en el país y sus regiones. En este caso existe una tendencia mayor a la inequidad en el país en el rubro de la salud, la cual se incrementó durante el periodo de 1990 al 2010. Este crecimiento de la desigualdad  significa que muchas de estas muertes infantiles y martes podrían haberse evitado si los entornos económicos, sociales, institucionales y culturales se hubiesen fortalecido durante estos años en las regiones más vulnerables del país y en los municipios y sectores marginados urbanos de las entidades de México.

Estas tendencias tanto para la mortalidad infantil como para la mortalidad materna, muestran un marcado retroceso en la equidad relacionado con la salud, señalando las áreas de oportunidad que pueden abrirse para impulsar la equidad como detonador del desarrollo humano sustentable con políticas y acciones específicas en beneficio de los infantes y de las mujeres embarazadas en grupos y regiones vulnerables de México.

 

Comentarios finales

La teoría del desarrollo humano y la visión del desarrollo sustentable constituyen una plataforma integral básica y convergente, una agenda para la acción, que permite sentar las bases para que la salud sea una piedra angular dentro de los derechos, capacidades y libertades humanas universales en el marco de las oportunidades que la sociedad puede construir en beneficio tanto de las presentes como futuras generaciones, es decir en la conformación de un desarrollo humano sustentable equitativo.

Entonces, en el marco del desarrollo humano sustentable, la salud debe estar integrada por los objetivos económicos, sociales y medioambientales de la sociedad con el fin de optimizar el bienestar humano y la equidad, permitiendo no comprometer el bienestar saludable de las generaciones presentes ni futuras.

Asimismo, es importante señalar que para poder analizar los avances o retrocesos de estos entornos y del logro de las oportunidades sociales es importante utilizar herramientas que nos permitan conocer los avances en la equidad en el acceso en las oportunidades en salud en México, y en cualquier país, que apoyen para la toma de decisiones en beneficio de la aplicación de políticas públicas en materia de salud, y así lograr transitar a un mejor desarrollo humano sustentable.

 



Notas:

[1] El Club de Roma fue creado  por destacados intelectuales que preocupados por el deterioro del medio ambiente derivado del frenético desarrollo de la Época de Oro en Estados Unidos y su influencia en el resto del mundo colocaron en el centro de la discusión en un libro clásico Los límites del desarrollo (Meadows, D. et al, 1972)el modelo civilizatorio prevaleciente.

[2] Para Perroux (1991:192) los costos del hombre los constituyen “los gastos fundamentales del estatuto humano de la vida para cada uno en un grupo determinado” y se refiere a la alimentación, la educación, la recreación, la salud, etc. Así, los costos del hombre son aquellos factores constitutivos que permiten vivir satisfactoriamente.

[3] Las necesidades básicas se refieren a las condiciones elementales que le permiten a todos los seres humanos tener una vida física y mental mínima -empleo, alimentación, vivienda, servicios médicos, seguro profesional, de desempleo-, así como una vida específicamente humana -educación, recreación, cultura- (Gutiérrez y Picazzo, 2009).

[4]Para calcular el coeficiente de Gini a nivel nacional de cada uno de los indicadores propuestos, primero se calcula a nivel municipal cada una de las tasas de mortalidad. Cabe señalar, que la información relacionada a los nacidos vivos se refiere solamente a los registrados al nacer, sin embargo para disminuir la subestimación de estos datos, esta información se complementó y ajustó por las estimaciones de los nacidos vivos del Consejo Nacional de Población (CONAPO) de México.

[5] Para realizar los cálculos de las tasas de mortalidad  y de sus respectivos coeficientes de Gini se utilizó información de las estadísticas vitales, de mortalidad y de los censos de población de México realizados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

 

Bibliografía

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Cómo citar este artículo:

GUTIÉRREZ GARZA, Esthela; PICAZZO PALENCIA, Esteban; GÁLVEZ SANTILLÁN, Elizabeth, (2013) “Desarrollo Humano Sustentable y la Equidad en Salud en México”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 15, abril-junio, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Sábado, 27 de Noviembre de 2021.
. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=675&catid=14

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