Las redes solidarias de los anarquistas y sindicalistas revolucionarios argentinos con el magonismo. Recepción y debate del Partido Liberal Mexicano en el Río de la Plata

Solidarity networks of anarchists and Argentine revolutionary syndicalists with magonismo. Reception and discussion of the Mexican Liberal Party in the Rio de la Plata

Redes de solidariedade de anarquistas e sindicalistas revolucionários argentinos com magonismo. Recepção e discussão do Partido Liberal Mexicano no Rio de la Plata

Javier Gámez Chávez[1]

Recibido: 07-03-2015 Aceptado: 19-03-2015

 

“Cuando el mal se presenta en el mundo los anarquistas debemos combatirlo con energía, y así cuando en el futuro se escriba la verdadera historia de estos tiempos, los buenos historiadores sabrán de un grupo de hombres completamente desinteresados que lucharon siempre contra el mal”

Fernand Ricard

(La Protesta, Buenos Aires, 1914)

 

El apoyo total 1908-1913: las redes políticas entre el anarquismo argentino y el Partido Liberal Mexicano

Las primeras referencias de los anarquistas argentinos en relación con las acciones revolucionarias de los magonistas se encuentran en su semanal La Protesta. En junio de 1908 informaron sobre la segunda insurrección general magonista de ese mes en Coahuila y Chihuahua, de la cual opinaron que podría ser el inicio de una revolución capaz de cambiar el orden social de México.[2]

Un año más tarde (1909), Jaime Vidal García, anarquista español y propagandista del pelemismo, envió desde Estados Unidos una correspondencia a los editores de La Protesta en la primavera de ese año. En la comunicación, Vidal, Yves Salazar, Tornelio Aramburu, C. García y Antonio González solicitaron a los anarquistas argentinos solidarizarse con el movimiento revolucionario mexicano que, ese año, en alianza con los pobladores de la sierra de Chihuahua, se insurreccionaron debido al aumento de los impuestos en la zona. Asimismo, informaron sobre las “reuniones monstruo” de mexicanos en El Paso, Texas, donde se proclamaba la revolución, el comunismo y la expropiación.[3]

No era la primera vez que Jaime Vidal tenía contacto con el movimiento ácrata argentino pues, como parte del exilio internacionalista español, estableció redes con otros miembros de este exilio en América. Por ejemplo, en marzo de 1901, Vidal envió una colaboración desde París para El Rebelde de Buenos Aires. En el texto, hizo una invitación a los ácratas argentinos a sumarse a los esfuerzos para constituir “La Solidaridad Internacional” con el objetivo de organizar una huelga general internacional en los países donde el movimiento anarquista fuera enérgico y a constituir una organización solidaria internacional.[4] El colectivo editor de El Rebelde fue el Grupo Luz, de tendencia anarco-individualista, del cual fueron miembros los destacados anarquistas Manuel y José Reguera, inmigrantes andaluces, y Santiago Locascio, inmigrante italiano. Vidal gozó de la confianza del grupo editor, principalmente de su director Manuel Reguera.

Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la solidaridad de los anarquistas argentinos hacia el pelemismo no se concretó, debido a la represión sistemática del gobierno argentino sobre ellos entre mayo de 1909 y junio de 1911. Algunos autores, entre los que se encuentran Juan Suriano[5] y Pablo Yankelevich,[6] estiman que no fue la represión del Centenario, sino una situación estructural, la que no permitió las solidaridades. Afirman que, a partir de 1910, el movimiento libertario argentino inició su declive y crisis. Sin embargo, esta tesis pasa por alto las investigaciones recientes sobre los libertarios argentinos, las cuales sostienen que hay un significativo cúmulo de fuentes para afirmar que no se trata de una crisis estructural, sino de un reflujo ocasionado por la fuerte represión gubernamental.

La historiadora María Migueláñez refiere que el año de 1910, como marcador de la caída del anarquismo argentino, es un hito historiográfico más que histórico, la idea historiográfica tiene sus deudas con la primera historiografía sobre el movimiento obrero argentino que buscó explicar el peso de este sector en la construcción del peronismo, sin estudiar su conexión con el periodo anterior. Un segundo elemento lo constituyó la historiografía marxista sobre el tema, que negó toda participación del movimiento anarquista en la construcción de la modernidad argentina, debido a que la mayoría de los autores marxistas concibieron al anarquismo como un movimiento premoderno, arcaico, primitivo y “pequeño burgués”, por lo que no podía representar “los intereses históricos del proletariado”.[7]

En este sentido, es necesario explicar que el movimiento anarquista argentino de las tres primeras décadas del siglo XX fue un movimiento heterogéneo, constituido por tres tendencias generales: los grupos anarcosindicalistas que lograron aglutinar los distintos sindicatos y sociedades de resistencia en la Federación Obrera Regional Argentina desde 1901; los diferentes grupos que se reconocían como anarco-individualistas, que privilegiaban la acción directa y la propaganda por el hecho, opuestos a la organización sindical; y un último grupo constituido por los anarquistas expropiadores que militaron en las provincias del sur de la Argentina. En su conjunto, el movimiento ácrata argentino, desde su nacimiento en el último cuarto del Siglo XIX y hasta su consolidación en la primera década del siglo XX, logró conquistar algunas demandas económicas individuales, constituir una cultura subalterna y ser el grupo de oposición más fuerte contra el gobierno y su proyecto de nación.

A partir de 1900, el régimen oligárquico argentino inició una fuerte represión contra los anarquistas debido a las crisis sociales y de legitimidad que provocaron. En 1902 se promovió la Ley de Residencia y en 1910 la Ley de Defensa Social. Los dos instrumentos legitimaron la represión contra los libertarios y permitieron la expulsión de extranjeros “indeseables” que alteraban el “orden” y el sistema político. La segunda ley prohibió explícitamente la entrada de exiliados e inmigrantes anarquistas al país.

La persecución del movimiento anarquista se realizó desde la perspectiva del enemigo interno y con el propósito de preservar la “seguridad nacional”, de acuerdo a las proposiciones del senador Miguel Cané. Para el legislador, existía la necesidad de una reglamentación que diferenciara la “calidad” de la inmigración hacia el país sudamericano porque, de acuerdo a su explicación, la falta de regulación inmigratoria era la raíz del conflicto social.[8]

Las leyes fueron acompañadas con acciones represivas en contra del movimiento anarquista y en general hacia todo el movimiento obrero. La situación represiva llegó a su punto más crítico en la celebración del primero de mayo de 1909. De forma disgregada los trabajadores anarquistas y socialistas organizaron una parada y mitin en Buenos Aires para recordar los sucesos de los mártires de Chicago y protestar contra la desocupación, los bajos salarios y la indeferencia del gobierno ante los problemas sociales de los sectores subalternos. La respuesta del gobierno fue represión directa a la manifestación y la imposición del Estado de excepción.

El resultado inmediato del ciclo represivo fue el debilitamiento del movimiento anarquista. En este contexto, el movimiento libertario argentino no brindó su solidaridad hacia el movimiento revolucionario magonista, aunque estos siguieron los acontecimientos en la presa. De su parte, los magonistas no fueron ajenos a los hechos argentinos que conocieron a través de la prensa estadounidense y ácrata europea. Práxedis G. Guerrero en una carta dirigida a Manuel Sarabia en agosto de 1910, antes de internarse en suelo mexicano para sumarse a las operaciones guerrilleras en Chihuahua, se expresó de la siguiente manera: “En la prensa americana he visto lo que pasó en la Argentina. También he leído algo de ello en los periódicos libres de habla española. Mi comentario es seco, lacónico: ¡Brutos!”.[9]

Imagen 1. <em>Ideas y Figuras</em>. Año 1, No. 2,  20 de mayo de 1909, Buenos Aires.
Imagen 1. Ideas y Figuras. Año 1, No. 2,  20 de mayo de 1909, Buenos Aires.

Si bien La Protesta tuvo serios problemas para editarse y distribuirse en la Argentina y en el exterior, las noticias sobre los sucesos argentinos fueron recibidas a través de semanarios ácratas con amplia circulación en países de habla castellana y en los círculos hispanos en los Estados Unidos. Entre ellos se encontraban Tierra de la Habana y Tierra y Libertad de Barcelona, los cuales recibían los magonistas por canje de Regeneración.

El periódico barcelonés publicó una serie de artículos titulados “Crónica argentina” de la pluma de H. Grau, catalán exiliado en Buenos Aires desde 1906 y colaborador de La Protesta. En su primera entrega, nuestro autor critica la idea extendida de que la Argentina es una república democrática que transita hacia un desarrollo económico en ascenso. En su opinión, el país sudamericano se encontraba en “la oligarquía más desenfrenada y en la más corrupta autocracia”. Afirmó que el estado de sitio aún permanecía (junio de 1911), “que las detenciones, la persecución á la prensa independiente y las disposiciones terroríficas continúan sucediéndose con regularidad”. A la República argentina, dice nuestro autor, la defienden La patota, grupos de presión y represión gubernamental constituidos por estudiantes, jóvenes patrióticos e hijos de altos funcionarios que acompañan a la policía para atacar periódicos obreros, sociedades gremiales, bibliotecas y centros de cultura obrera; pues su función era la de inhibir las nuevas expresiones culturales que criticaron la moral, la política y la ética del nacionalismo y la oligarquía argentina.

En ese mismo sentido, Grau refiere el número creciente de intelectuales que son cooptados por el régimen, como ejemplo cita el caso de Blasco Ibáñez y su obra Argentina y sus grandezas publicada en 1908. Cierra su texto informando que observa visos de una reactivación del “proletariado argentino”, “que con el sostén de la ciencia y la luz del pensamiento avanzan á la conquista del pan y la libertad”. [10] 

En su siguiente entrega H. Grau consideró que la represión del centenario amordazó la prensa revolucionaria y aniquiló todo vínculo cultural y solidario entre la clase obrera, sin embargo, apuntó, que el resurgimiento libertario crecía cada día. De la Federación Obrera Regional Argentina afirmó que sobrevivió con una débil resistencia a través de manifiestos, proclamas y folletos, muchos de ellos manuscritos. De la Confederación Obrera Regional Argentina aseveró que fue el único núcleo que logró la continuidad de su publicación oficial, La Acción Obrera, “a pesar de sus posiciones enérgicas y atrevidas”. Terminó su texto diciendo: “Réstame ahora informaros que la odisea de nuestros compañeros que fueron confinados a la glacial Tierra del Fuego termina… vendrán próximamente á sus hogares gracias á la solidaridad proletaria y anárquica que los acaba de arrancar del desierto helado en que fueron soterrados”.

La situación de los magonistas fue similar a los libertarios argentinos, tras organizar la tercera insurrección general y la toma de Baja California en febrero de 1911, la reacción del gobierno estadounidense y mexicano fue la persecución de los grupos guerrilleros y el arresto de la mayoría de los miembros de la Junta Organizadora del PLM en junio de 1911.

En este contexto, H. Grau envió una carta desde Buenos Aires a la Junta en el mismo mes, la cual fue publicada en Regeneración. En ella informó sobre los esfuerzos solidarios del proletariado argentino hacia las acciones revolucionarias del PLM, “para que sepáis que no es ni puede ser insensible a los vínculos de solidaridad”. En este contexto de recuperación del anarquismo argentino, informó sobre la apertura de listas de suscripción para enviar recursos en apoyo a las actividades revolucionarias y para la continuidad de Regeneración, a través de la constitución del Comité de Solidaridad integrado por diversos colectivos y asociaciones obreras argentinas.[11]

Los anarquistas argentinos, a partir de agosto de 1911, brindaron su apoyo directo a las acciones revolucionarias de los magonistas. Desde su semanal La Protesta ofrecieron noticias y análisis sobre el Partido Liberal Mexicano.

A partir de sus lecturas de Regeneración y de la prensa nacional, los editores de La Protesta insertaron artículos, notas y peticiones de solidaridad. Por ejemplo, ante el arresto de Enrique Flores Magón y Anselmo L. Figueroa, publicaron la petición del PLM para enviar recursos que fueran utilizados en su defensa legal.[12] También identificaron la revolución social mexicana como una revolución agraria a partir de las explicaciones de un artículo de Carlos Basave, publicado en Regeneración, que interpretó al “espíritu” de la revolución social mexicana como económica y no política:

 “…el cambio de personal en el gobierno, solo puede producir pasajeras satisfacciones… Vale la pena dejar consignado en estas notas, que lo que interesa al fin á la masa popular en la revolución, no ha sido una mera aspiración política. Tras ella han percibido los campesinos otra cosa, y es en último resultado su afán de satisfacer una ambición siempre acariciada por ellos: ser propietarios de tierras, volver á serlo los que habían sido despojados por vecinos poderosos y que mas ó menos pudieron cubrir para ese despojo las formas legales”.[13]

De acuerdo a los editores de La Protesta, a finales de septiembre de 1911, la solidaridad de los anarquistas argentinos se concentró en dos objetivos: la canalización de recursos para la continuidad de Regeneración y el apoyo propagandístico de las acciones revolucionarias a través del Comité Pro-Revolucionarios de Méjico.[14] Así, a mediados de octubre, el Comité remitió la cantidad de 142 pesos argentinos, lo equivalente a 60 dólares estadounidenses. El envío fue acompañado de una carta dirigida a la Junta del PLM remitida a través del semanario neoyorquino Cultura Proletaria editado por Pedro Esteve y Jaime Vidal.[15]

El apoyo financiero hacia los magonistas se intensificó en noviembre de 1911. A partir de ese fecha, se insertó en La Protesta un cintillo que fue mantenido en los meses siguientes:

“Revolución Mexicana

El movimiento insurreccional alentado por nuestros compañeros del Partido Liberal Mejicano sigue latente y extendiéndose cada vez más.

El periódico Regeneración, órgano de los revolucionarios, tiene un déficit considerable. Los compañeros que puedan no dejen de prestar su apoyo pecuniario á la revolución mejicana”[16]

El 30 de noviembre, Ricardo Flores Magón escribió una carta a los editores de La Protesta y al Comité Pro Prensa Revolucionaria Española. En la misiva agradeció el envío monetario del pasado octubre:

“Mucho agradecemos ese envío de fondos, porque nos demuestra que en esta lucha contra el Capital, la Autoridad y el Clero, no estamos solos los mexicanos. Con nosotros están todos los hombres y todas las mujeres, que, desprovistos de egoísmos y anhelosos de ver inaugurada la Nueva Sociedad de los libres y de los hermanos, nos tienden la mano poniendo en práctica, la más grande, la más importante de la virtudes que los desheredados debemos fomentar y robustecer si queremos ser libres: la Solidaridad.”[17]

Al tomar el cargo presidencial Francisco I. Madero en noviembre de 1911, la opinión de los anarquistas argentinos fue de rechazo. Consideraron que la estructura social de México no cambiaría y los sectores populares vivirían en el mismo régimen opresivo y tiránico. Denunciaron que en el nuevo gobierno la “persecución de los que no acatan el credo maderista es tan feroz como en la época del tristemente célebre Porfirio Díaz”, reconocieron la existencia de enfrentamientos en el seno del grupo hegemónico por el poder político, entre ellos mencionaron las actividades de Bernardo Reyes. Apuntaron que, en este contexto, el movimiento digno de atención era el del Partido Liberal Mexicano debido a su carácter “antiautoritario y anticapitalista (que) se acentúa más y más”, reconocieron que “uno de los elementos más influyentes de este trascendental movimiento era el compañero Ricardo Flores Magón, convencido anarquista y alineado compañero de la causa del pueblo mexicano”.[18] Para argumentar sus dichos insertaron el artículo “A expropiar”, publicado originalmente en Regeneración el 16 de septiembre. En el texto se pudo ver el pensamiento anarquista de Ricardo Flores Magón que, en el contexto de las elecciones presidenciales donde fue electo Francisco I. Madero, expresó que el derecho de voto otorgado a algunos trabajadores sólo serviría para elegir a “un nuevo tirano”, por lo que hacía el siguiente llamado:

“Compañeros: no dividamos nuestra fuerza. Dejad a los hombres de la burguesía que voten, que al fin y al cabo solo a ellos aprovechan esas farsas; pero no los ayudemos. Luchemos, mejor, contra ellos, convencidos de que la acción política retarda la emancipación económica y social del proletariado… á expropiar para el beneficio de todos y cada uno de los habitantes de México. Enarbolad la Bandera Roja de vuestros hermanos los liberales y gritad ¡Viva Tierra y Libertad!”.[19]

Los libertarios argentinos reconocieron el perfil económico y agrario de la propuesta revolucionaria magonista. Su posicionamiento al respecto sumó a otro actor importante del proceso revolucionario mexicano: las fuerzas zapatitas. Al hacerlo reconocieron que el fenómeno era complejo y que la revolución social mexicana estuvo constituida no sólo por el magonismo, sino también por el zapatismo. En la edición del 28 de noviembre de La Protesta, advirtieron que en la última edición de Regeneración, recibida “entre infinidad de noticias interesantes vienen estas que dejan bien patente el carácter expropiador del movimiento”. La nota informó sobre la superioridad de las fuerzas zapatistas en Morelos, Puebla, Oaxaca y parte de Guerrero, y sobre la reunión del gabinete del presidente Madero ante tal situación. Lo más importante para los anarquistas argentinos es que el cable comunicó cómo las fuerzas zapatistas “comenzaron desde hace varios meses á expropiar las haciendas del Estado de Morelos, siguiendo hacia otros estados”.[20] El origen de la información es una nota aparecida en The Los Angeles Times, con información del diario El Imparcial editado en la capital mexicana.

Para el mes de diciembre de 1911 se notificó en La Protesta que John Creaghe, inmigrante irlandés, fundador y militante del anarquismo argentino, editor de varios periódicos libertarios incluida La Protesta, salió de la Argentina con destino a México, información dada, advierten los editores, ante los insistentes rumores de que el “viejo Creaghe” había claudicado. Este destacado militante fue muy importante para informar sobre los esfuerzos magonistas para promover la revolución social después de la derrota militar en Baja California.[21]

Por su parte, Ricardo Flores Magón, a principios de enero de 1912, realizó un recuento de la represión gubernamental hacia el anarquismo argentino. Desde Regeneración, denunció la situación y criticó las expulsiones y deportaciones masivas de integrantes del movimiento obrero organizado y su encarcelamiento en la prisión patagónica, “donde muchos compañeros han muerto”. Censuró la ilegalización y persecución de la Federación Obrera Regional Argentina, que se vio en la necesidad de imprimir La Protesta en la clandestinidad desde Montevideo, Uruguay. Asimismo, manifestó su preocupación por la misma dirección que el gobierno argentino seguiría en contra de la Confederación Obrera Regional Argentina y su semanario La Acción Obrera.[22] Tres semanas más tarde, Ricardo Flores Magón informó sobre la prohibición de la circulación de Regeneración en España, a partir de las cartas que enviaron los anarquistas españoles a la redacción del semanario, y manifestó que la situación en la Argentina era similar, ante la represión que sufrían los trabajadores de parte del gobierno sudamericano.[23]

A finales de enero de 1912, John Creaghe, recién llegado a Los Ángeles, emitió una excitativa desde Regeneración para los anarquistas de Argentina y Uruguay. El texto encerró la opinión del autor sobre la revolución social mexicana a partir de su viaje desde Luján, Argentina, hacia Los Ángeles, California, con el propósito de contactar a la Junta Organizadora del PLM.

Imagen 2. Logotipo de la FORA. Fuente: Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Rosario.
Imagen 2. Logotipo de la FORA. Fuente: Sociedad de Resistencia de Oficios Varios Rosario.

Creaghe narró en su texto que el objetivo de su periplo incluyó arribar a los Estados Unidos atravesando México para documentar y apreciar los sucesos revolucionarios. A su llegada a México, dudó de las informaciones que brindaba Regeneración sobre “el movimiento económico” pues pensó que sólo existía el movimiento político de los maderistas; sin embargo, a partir de las informaciones recogidas y la lectura atenta de “la prensa burguesa”, reconoció la existencia del movimiento económico (revolución social) como resultado de la agitación hecha por los “compañeros de Regeneración” y encabezada por el movimiento zapatista. Como consecuencia de su viaje hizo el llamado a los anarquistas rioplatenses para otorgar su solidaridad al “movimiento social mexicano” y anunció que “todo lo que veis en Regeneración es solamente un pálido reflejo de la realidad”.[24]

Desde la perspectiva de John Creaghe, la revolución social mexicana fue una revolución económica y agraria derivada del despojo histórico de las tierras indígenas desde el periodo colonial. Afirmó que “el descontento de las comunidades desposeídas, ha dado como resultado que todos los parias estén ahora resueltos á hacerse de la tierra, sin importarles el sacrificio que sea necesario hacer.” Terminó su texto con el llamado solidario:

“Compañeros: nuestro periódico REGENERACIÓN está llevando á cabo una  propaganda verdaderamente necesaria y benéfica para sostener la causa de la Revolución; pero lucha con grandes dificultades como podéis ver por el enorme déficit que pesa sobre él. Tiene muy nobles compañeros que lo dirigen y son dignos de apoyo. Vosotros los ayudaréis haciendo honor á la palabra empeñada de vuestro viejo compañero”[25]

Lo que encerró de fondo el artículo de Creaghe es el análisis que ubica al Partido Liberal Mexicano como una parte constitutiva de la posible revolución social en el proceso revolucionario mexicano. Si bien el movimiento militar pelemista en la Baja California fue derrotado a través de la intervención estadounidense al dar su apoyo al recién gobierno maderista, el papel de los pelemistas es importante porque informa sobre los movimientos revolucionarios y continúa su trabajo de concientización ideológica a través de Regeneración, lo que estimuló al movimiento revolucionario y popular de distintos sectores, entre ellos los zapatistas, que desde su perspectiva es el grupo armado más fuerte que representó la revolución económica y social mexicana.

Un par de semanas más tarde los editores de Regeneración publicaron un manifiesto de la Federación Obrera Regional Argentina del 14 de diciembre de 1911. En la declaración, los anarquistas argentinos asentaron su rechazo a la Ley de Residencia y de Defensa Social por considerar que eran disposiciones contradictorias a las leyes argentinas y al derecho internacional, en particular en lo que se refería a los tratados de extradición. También objetaron las expulsiones por motivos políticos de los destacados libertarios Eduardo Gilimón, Antonio Zamboni y Juana Rouco Buela. Advirtieron que se opondrían a estas leyes por considerarlas contrarias a los derechos de asociación, de expresión e imprenta. Denunciaron la prohibición, por parte de la policía, de la circulación de su semanario La Protesta. Finalmente, el Consejo Federal de la FORA solicitó a los trabajadores argentinos y del mundo luchar en contra de la Ley de Residencia y Defensa Social.[26] La publicación del Manifiesto en Regeneración representó la reciprocidad de los magonistas y su solidaridad ante las leyes autoritarias emitidas por el gobierno Argentino, en el marco de la represión y persecución del movimiento obrero en general y del anarquismo en particular; se mostró así el “internacionalismo proletario” del movimiento pelemista.

Por su parte, John Creaghe publicó una segunda excitativa en Regeneración en febrero de 1912: “A los compañeros de Argentina”, donde expresó sus cuatro impresiones sobre el “gran movimiento revolucionario, agrario y social en México”. Como primer punto, expuso que a partir de la lectura de la prensa estadounidense y mexicana, se puede afirmar que los indígenas mexicanos, acompañados por trabajadores, habían iniciado un proceso de expropiación en distintas regiones del país; segundo, que a partir de su experiencia, de un mes de estadía en Los Ángeles y su viaje por México, “ha llegado a convencerse de que todo lo que dice REGENERACION y todo lo que ha dicho anteriormente, ha sido siempre la pura verdad respecto a la marcha del movimiento”; tercero, que el PLM no es partidario de Zapata “como buenos anarquistas”, pero entiende que Zapata ha desplegado “la bandera por la tierra para el pueblo”, y por ello merece la ayuda de todo revolucionario sincero; y cuarto, que Regeneración cumple el papel estratégico de propagar la necesidad de poner en práctica el comunismo anárquico, que empieza por la expropiación de la tierra. Por lo tanto, Creaghe pidió que se multiplicara la ayuda hacia el Partido Liberal Mexicano de parte de los anarquistas argentinos, teniendo en cuenta que “la revolución social ha empezado en México y los capitalistas de los Estados Unidos están ansiosos de enviar sus legiones para combatirla”.[27]

En mayo de 1912, se publicó en Regeneración un segundo Manifiesto de la Federación Obrero Regional Argentina. El pronunciamiento se dio en el contexto de la sanción de la Ley 8.871 o “Ley Saénz Peña” por el Congreso Nacional, que reformaba la Ley General de Elecciones. En términos generales, la Ley establecía el voto “universal”, secreto y obligatorio para varones de más de 18 años, ciudadanos argentinos por nacimiento o naturalización. La intención política de la ley fue restar apoyo y poder político a los sectores conservadores y oligárquicos que, a través del fraude y del soborno, posibilitaban su permanencia en el poder estatal, así como restar fuerza política al movimiento obrero argentino en general, el cual se integraba básicamente por inmigrados.

La Federación Obrera Regional Argentina rechazó la ley. Desde su perspectiva, la obligatoriedad del voto se constituyó en una violación a las libertades y derechos de los trabajadores. Explicaron que, desde hacía tres años, los trabajadores no ejercían plenamente los derechos de reunión, organización y opinión, debido al estado de sitio. El voto obligatorio se constituiría como el instrumento único de participación política de los trabajadores, ello significaba que la mayoría del pueblo legitimaría y se haría “cómplice” del régimen. Su Consejo Federal estuvo en contra de la participación en las elecciones. Desde su planteamiento teórico, el ejercicio del voto se constituía en una contribución para el mantenimiento del Estado. Finalmente, llamaron a la huelga de electores y estimaron:

“Si mansamente aceptamos esta ley pronto vendrán otras muchas; la del arbitraje obligatorio para los conflictos entre capital y trabajo, y no tendremos siquiera el derecho de protestar por haber con nzuestra obediencia creado este estado de cosas… Fiel al pacto federal, este consejo proclama la necesidad que existe en anular con la abstención obrera, esa ley del voto obligatorio, que tiende en sus fines á envolvernos en los amaños legalitarios, restándonos el derecho de defensa y de crítica, base de nuestra acción de franca rebeldía”.[28]

El Comité Pro Revolucionarios Mejicanos celebró su reunión de coordinación el 30 de junio de 1912 en Buenos Aires, con los objetivos de reforzar el Comité y realizar un acto de apoyo y solidaridad con los revolucionarios mexicanos. Como lo afirmó en su convocatoria, el origen del Comité y su praxis se sustentó en la tesis de la “solidaridad proletaria internacional”. El comité se instituyó como la instancia en la Argentina que coordinó las acciones en apoyo al Partido Liberal Mexicano. Desde su concepción, existía la necesidad de apoyar al pelemismo, pues una derrota de la revolución social en México significaría una derrota propia y del proletariado mundial.[29] Dicho comité, organizado por los núcleos del sindicalismo revolucionario argentino y apoyado por los anarquistas, fue uno de los puentes fundamentales entre la Junta del PLM y los trabajadores argentinos a lo largo de 1911 y 1912.

El apoyo y solidaridad hacia el Partido Liberal Mexicano no fue único del núcleo de La Protesta. También se expresó en otros núcleos del anarquismo argentino, por ejemplo, en julio de 1912, la revista anarquista Ideas y Figuras dedicó su número a “La revolución Social de México” con el objetivo de acrecentar el apoyo de los trabajadores argentinos hacia el PLM. En la editorial, a cargo Alberto Ghiraldo, director de la revista, se concibió a la revolución magonista de la siguiente manera:

“Esta revolución es, sin duda alguna, uno de los hechos más ponderables, que hayan producido los revolucionarios, desde la famosa Comuna de París, hasta los días que corren y quizá de sus resultados finales dependa el futuro giro que tomaran los acontecimientos sociales en los países que están en idénticas condiciones que México.” [30]

En este número se publicaron artículos de la autoría de Alberto Ghiraldo, Pedro Kropotkin, Jaime Vidal y John Creaghe, extraídos de distintas publicaciones anarquistas de Europa y América que en su conjunto conformaron un dossier que expuso una explicación general del fenómeno de la “revolución económica y social mexicana”.

Alberto Ghiraldo informó que, desde 1907, se sabía de la existencia de grupos comunistas anárquicos en la frontera norte de México, “su presencia era lógica”, debido a que “México estuvo en contacto directo por continuidad de territorio y por la perfectibilidad de las comunicaciones con países donde existieron movimientos anarquistas fuertes, como Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico y Panamá”.[31] De acuerdo a Ghiraldo, ello produjo un rico intercambio de ideas y de hombres que realizaron trabajo revolucionario, lo que desencadenó la coordinación de las Cancillerías y policías de esos países con el fin de perseguir tenazmente a estos militantes.[32] Por lo anterior, afirmó que no fue ninguna sorpresa la aparición del Partido Liberal Mexicano como el sector que representaba las ideas libertarias en la revolución mexicana.

El testimonio de Ghiraldo y lo dicho hasta este momento en este apartado, evidencian que el anarquismo argentino no tuvo una visión fragmentada sobre la revolución mexicana, y sí una recepción que logró constituir un debate al interior del movimiento ácrata argentino, no sólo por la red establecida con los magonistas, sino también con otros colectivos ácratas de Europa y América que discutieron el fenómeno de la revolución mexicana a partir de la distribución internacional de sus publicaciones, cartas personales y exilios.

En este sentido, el texto de Pedro Kropotkin debatió sobre el perfil de la revolución mexicana y su defensa ante los ataques del anarquismo europeo y estadounidense, principalmente de los núcleos aglutinados en los semanarios Les Temps Nouveaux y Cronaca Sovversiva. Kropotkin explicó que los libertarios occidentales no entendieron la revolución mexicana porque ellos concibieron a la revolución como un proceso en las ciudades, donde participaban obreros industriales en medio de las barricadas. Kropotkin afirmó en este artículo que la revolución encabezada por el PLM y otros grupos se caracterizó por ser una rebelión en el campo, una revolución campesina por la tierra, de ahí su carácter expropiador y revolucionario.

Jaime Vidal analizó el papel de indígenas y campesinos en la revolución social mexicana y planteó (a contracorriente de nuestra historiografía posrevolucionaria) que los indígenas mexicanos desarrollaron un perfil comunitario a través de un periodo histórico largo, desde la Colonia hasta inicios del siglo XX, peculiaridad que heredaron a los campesinos mexicanos en la revolución. Para explicar el proceso, utilizó como ejemplo la historia de resistencia de los indígenas yaquis, que desde su punto de vista, confirmó que ciertos pueblos indígenas y núcleos campesinos se constituyeron en sujetos políticos que impulsaron la revolución social.[33]

Para cerrar el dossier se insertó la primera excitativa de John Creaghe publicada en Regeneración para que los anarquistas de Argentina y Uruguay brindaran su apoyo a los pelemistas, pues desde la posición de testigo presencial, Creaghe aseguró que para 1912 existía aún un movimiento popular dentro de la revolución mexicana que lo constituían distintas fuerzas, principalmente las fuerzas zapatistas en armas y los magonistas como fuerza ideológica.

La recepción entre los pelemistas y los ácratas argentinos fue recíproca. En el mismo mes de julio en Regeneración se inició la publicación en partes de la novela libertaria “Sobre la ruta de la anarquía” de Pierre Quiroule, entre el número 99 del 20 julio de 1912 y el número 132 del 15 de marzo de 1913, con una periodicidad discontinua.[34] Quiroule fue un anarquista francés que inmigró a la Argentina y contribuyó al nacimiento del movimiento libertario en este país. En su texto debatió sobre los problemas y circunstancias nuevas que se originan después de un cambio radical y planteó, desde su muy particular punto de vista, cuáles deberían ser las acciones para asegurar la organización de una nueva sociedad; cuestión que constituyó uno de los mayores intereses de los magonistas y su propuesta revolucionaria.

En octubre de 1912, la Federación Obrera Regional Argentina envió a los editores de Regeneración su protesta por el encarcelamiento y condena de Ricardo Flores Magón, Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa, miembros de la Junta del PLM:

“La Confederación anarquista de este país, interpretando el sentimiento de colectividad anárquica, protesta contra la prisión injusta de nuestros compañeros Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa, condenados por el capitalismo yankee para impedir su hermosa obra en pro de la Revolución Social en México,

¡Os saludamos, nobles hermanos!

Buenos Aires, Argentina, Octubre de 1912.

EL CONSEJO.[35]

En la misma correspondencia, la FORA anexó una invitación para que los miembros del PLM, los editores de Regeneración y otras agrupaciones anarquistas enviaran colaboraciones, opiniones e informaciones de los movimientos libertarios de su región o país, las cuales serían publicadas en el Boletín mensual de la Federación. La petición tuvo como objetivo encausar e intensificar la propaganda libertaria y las redes de solidaridad e información. Desde la perspectiva de la FORA, fue “importantísimo mantener relaciones internacionales constantes para que los ideales, en su desenvolvimiento y marcha ascendente, sigan lo más paralelamente posible y sin que hayan contradicciones en su forma de desarrollo y aplicación; y la solidaridad pueda ser de práctica verdadera”.[36]

Las solidaridades argentinas hacia el PLM los condujeron a mantener una serie de contactos con distintos grupos anarquistas. A raíz de estas cercanías, el grupo editor de Regeneración publicó documentos, manifiestos y cartas de distintos colectivos anarquistas y sindicalistas de la Argentina. Por ejemplo, divulgó un Manifiesto del “Comité de las Organizaciones Obreras contra las Leyes Sociales y de Residencia”, firmado por Juan Cusmoj en octubre de 1912. Como su nombre lo indica, el Comité coordinó las movilizaciones y acciones por la derogación de la Ley de Residencia y la Ley de Defensa Social en aquel país. En el comunicado, informaron que al interior de la Argentina sus actos y esfuerzos se encontraron con el silencio y el boicot de la “prensa burguesa”. Por lo tanto, solicitaron la organización de un acto público de apoyo a la derogación de estas leyes para el día 5 de enero de 1913, principalmente en España, Brasil, Estados Unidos, Italia, Francia y Uruguay, para así “obtener por vía internacional lo que en el país es imposible, dado el jesuitismo periodístico, y por eso nos dirigimos á vosotros… Nuestra burguesía está sumamente envanecida con su buen nombre, y una protesta disonante sería de mucha influencia sobre su conducta ulterior para con el movimiento proletario.” [37]

Imagen 3. Fuente:  Benson Latin American Collection.
Imagen 3. Fuente:  Benson Latin American Collection.

Para tal propósito se constituyó un comité en la ciudad de Los Ángeles para organizar una parada y mitin. En la manifestación concurrieron distintas organizaciones sindicales y sociales de la ciudad, entre ellas, la Industrial Workers of the World, los distintos grupos Regeneración en el estado de California, los miembros del Centro de Estudios Racionales y otras organizaciones radicales. De acuerdo a los organizadores, el acto fue un éxito, cumplió con los objetivos de denunciar al gobierno argentino y mostrar su solidaridad a los trabajadores sudamericanos. Al finalizar la concentración, la policía de la ciudad arrestó a los organizadores: R. B. Chacón, Jorge A. Browu, O. A. Hargrave y Pedro Coria.[38]

Por su parte, Emilio V. Lantolario, redactor de La Antorcha, órgano de la anarquista Federación Gastronómica Argentina, envió a los editores de Regeneración una colaboración. El texto muestra la concepción de la Federación sobre las actividades revolucionarias de los magonistas. Lantolario afirmó que, desde la revolución francesa, no existía ningún movimiento revolucionario como el mexicano y aseguró que el carácter de la revolución pelemista era expropiador y anticapitalista, resultado de una necesidad ante el autoritarismo y la injusticia del régimen porfirista. De ahí que manifiestara su pertenencia y solidaridad a las actividades magonistas:

“Con vosotros hermanos en sentir y pensar estamos todos los conscientes obreros, con vosotros vamos en el preciso momento en que voláis por desasirse de este régimen perverso que nos agobia y nos deprime, con vosotros en la revolución para conquistar lo nuestro para más tarde disfrutar de lo que nos pertenece, Tierra y Libertad.”[39]

Entre estas solidaridades y correspondencias, Teodoro M. Gaitán, director de Regeneración en este periodo, publicó las cuentas del Comité Pro Revolucionarios Mejicanos de Buenos Aires de los meses de agosto y septiembre de 1912. En éstas se aprecia las distintas individualidades y organizaciones argentinas que donaron fondos para el sostenimiento de las actividades revolucionarias y la defensa legal de la Junta; además de las cuentas por concepto de venta de Regeneración y del folleto Historia de la Revolución Mexicana escrito por Jaime Vidal. La remisión total fue de 100, en moneda oro.[40]

Para incentivar la solidaridad de los trabajadores argentinos hacia los magonistas, La Protesta publicó una epístola de Paola Carmona (compañera de Enrique Flores Magón)  dirigida a Apolinario Barrera, editor de La Protesta, en octubre de 1912. La carta solicitaba al editor que hiciera todo lo necesario para mantener viva la protesta por el encarcelamiento de los miembros de la Junta e incitaba a enviar protestas individuales y colectivas al presidente estadounidense William Taft con dirección de la Casa Blanca en Washington.[41]

Para los editores de La Protesta, la revolución magonista encarnó la rebeldía anarquista y la posibilidad de triunfo de la revolución social, proceso que se constituyó en referente para otros núcleos y organizaciones libertarias en Latinoamérica y el mundo. Este es el sentido del artículo “La Revolución Mexicana” del anarquista puertorriqueño Juan José López[42] publicado en La Protesta el 22 de diciembre de 1912. El texto criticó a los antagonistas del Partido Liberal Mexicano que discreparon sobre la vía insurreccional para trasformar la realidad social; López los cuestionó con la siguiente pregunta: “¿Ha reconocido el Gobierno en alguna parte el derecho que tiene el trabajador de disfrutar del producto íntegro de su trabajo?”, también les recordó que los ideales de igualdad, libertad y fraternidad que muchos patrocinaban, sólo podrían ser reales a través de un proceso revolucionario libertario como el propuesto por los magonistas; de ahí que solicitaba la solidaridad hacia éstos. Para López, el proceso revolucionario mexicano se constituía en ejemplo para miles de libertarios que “querían conquistar la vida, la libertad y el goce en común”. Concluyó su texto animando a los magonistas: “Avanzad, haced triunfar nuestros derechos, dad un ejemplo mexicanos, para que el mundo se levante como vosotros, para que sacuda su marasmo y quietud, para que se convierta en corriente avasalladora y murmurante”.[43]

Ante los sucesos del golpe de Estado en contra del gobierno de Francisco I. Madero en febrero de 1913 los editores de La Protesta expresaron que, si bien “los políticos”, como Félix Díaz y Victoriano Huerta ejecutaron la caída de Madero, el acontecimiento fue el resultado del crecimiento de la revolución social que el régimen no pudo parar. Afirmaron que “la tambaleante situación creada por los comunistas en armas, ha sido el verdadero motivo de la caída del tirano”.[44] En otra editorial, los anarquistas argentinos convocaron a apoyar más que nunca al Partido Liberal Mexicano y a su órgano Regeneración. De acuerdo a sus reflexiones, consideraron que el gobierno estadounidense preparaba una intervención en México para controlar y derrotar a las fuerzas populares. Ante ello, llamaron a multiplicar una vasta y enérgica protesta ante la posibilidad de la intervención, que se constituiría en una amenaza para la región latinoamericana. La editorial exigió en su parte final al Comité pro Revolucionarios Mexicanos de la Argentina para que redoblara sus esfuerzos.[45]

Desde su perspectiva y con la información que llegaba al Río de la Plata, los editores de La Protesta consideraron que la Revolución Social era posible en la nueva coyuntura. Estaban convencidos de la existencia de un movimiento libertario encabezado por el Partido Liberal Mexicano que podría madurar y cambiar los destinos de México con el apoyo de todos los libertarios del mundo. En este sentido, desarrollaron la tesis de que el triunfo de la revolución social en México significaba “el comienzo de la Gran revolución niveladora que habrá de trasformar la fisonomía moral de la tierra entera”.[46]

Desde Bahía Blanca, ciudad portuaria situada al sur de la provincia de Buenos Aires, el militante libertario Pedro D. Giribaldi envió una carta a los editores de La Protesta, la cual fue publicada en marzo de 1913. En ella, Giribaldi pidió a la militancia ácrata y en general a los trabajadores argentinos realizar en todo momento una activa y certera propaganda sobre las acciones revolucionarias del Partido Liberal Mexicano. Entre ellas aconsejo utilizar sus “hojas de combate”, asambleas, conferencias, mítines y “todo espacio posible” que fuera de utilidad para hablar sobre los esfuerzos de los revolucionarios mexicanos por trasformar la revolución mexicana en una revolución social. Terminó su texto con el siguiente llamado:

“La prensa libertaria, la sindicalista y los periódicos gremiales dediquen pues el mayor espacio y atención a la Revolución de Méjico; cooperemos si no podemos con dinero ni con nuestra vida, por lo menos con nuestra prensa al triunfo final de esa lucha, y que el aniversario de la Comuna de París que se aproxima vea en aquella el preludio de la Comuna de Méjico aumentada y corregida”.[47]

En su edición del 13 de abril de ese mismo año, La Protesta insertó el llamado de José Pujal, (anarquista catalán residente en La Habana) “A Los Partidos de la Verdad, de la Razón y de la Justicia de todo el Mundo y en particular de los Anarquistas”, publicado originalmente en el número 128 de Regeneración del 15 de febrero de 1913, donde expresó el imaginario de una parte de los anarquistas del mundo sobre la Revolución Mexicana y la actuación del pelemismo.

Pujal afirmó que los Liberales tenían grupos armados en la mayoría de los estados de la república, por lo que se necesitaba ayuda material; que no bastaba con ser partidario de la causa liberal y del Ideal, lo que se precisaba era un esfuerzo moral y material en apoyo a las acciones revolucionarias en territorio mexicano. Propuso que el apoyo inmediato se concentrara en dos acciones particulares: en el envío de óbolos a la Junta del PLM y una protesta directa al presidente estadounidense William H. Taft para condenar las sentencias impuestas a Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa. Terminó su llamado así:

¡Dichosos los que habrán contribuido con su grano de arena para levantar ese gran edificio!, el más grande e higiénico, en el que tendrán cabida todos los seres humanos con la implantación del comunismo y trabajar todos para todos.

Este es el fin que lleva la Revolución Liberal de México. Y este es el fin porque trabaja para verla realizada un día sin tardar”.[48]

 

Crítica y debate sobre el magonismo: 1913-1916

A pesar de la represión del Centenario, los distintos grupos ácratas argentinos mantuvieron una importante recepción y solidaridad hacia el Partido Liberal Mexicano; sin embargo, a partir de junio de 1913, una parte de las agrupaciones anarquistas retiraron su apoyo y sometieron al Partido Liberal Mexicano a una crítica.

En la edición de La Protesta del 1º de junio de 1913 se insertó una epístola que fue titulada: “La Revolución Mexicana y el engaño de Regeneración”, firmada por Juan Francisco Moncaleano. La carta fue una denuncia de los editores de Regeneración por “explotadores” y “mentirosos”, respecto a los “verdaderos” acontecimientos de la Revolución Mexicana.

Moncaleano, erigiéndose como testigo presencial, afirmó que el Partido Liberal Mexicano no tenía ningún vínculo con los grupos armados libertarios en el campo mexicano. Su dicho lo basó en tres prácticas que, según su testimonio, presenció en el local de Regeneración durante su estancia en Los Ángeles: la presentación del movimiento zapatista como un movimiento libertario por parte del semanario ante la nula relación del PLM con los grupos armados liberales, la invención de noticias o en su caso la integración de noticias publicadas en la prensa nacional o internacional (prensa burguesa) y el falso déficit de Regeneración, que motivó a muchas organizaciones anarquistas en el mundo a remitir apoyos económicos. Terminó su epístola con lo que consideró se debía hacer:

“Los pequeños grupos anárquicos han sido casi desbaratados por la inconciencia del pueblo mexicano, cuyo patriotismo y religiosidad son abrumadores y por el abandono en que se debaten, teniendo que intercalarse en las fuerzas de Zapata para conseguir elementos con que continuar la lucha. El mejor medio de ayudar a estos compañeros es mandar hombres al campo de la acción, a que hagan conciencia entre la multitud ignorante o fundar un periódico clandestino en la ciudad de México, como lo fundé yo y que me costó la expulsión. Pero no alimentar explotadores como los de <Regeneración>, que se contentan con esparcir el periódico por todo el mundo, menos en el campo de acción… podía hacerse, en fin, cualquier cosa, pero no seguir alimentando zánganos con el dinero que envían nuestros hermanos para los Revolucionarios Mexicanos, que no ven nunca ni un número del periódico ni un cartucho de fusil.” [49]

Enseguida de la carta el grupo editor de La Protesta avaló los dichos de Moncaleano:

“N. de la R. —— Lo expuesto por el compañero Moncaleano nos merece entera fe, por cuanto coincide con las apreciaciones de Jean Humblot en Les Temps Nouveaux y además porque habla de comprobaciones personales en el nido de Los Ángeles y en el campamento revolucionario que no podemos poner en duda. El compañero Moncaleano fue expulsado hace poco de Méjico y sufría, como nosotros, la influencia del embaucamiento: era por lo tanto el más indicado para establecer la realidad de tanta belleza, pues iba a Los Ángeles expresamente a buscarla”.[50]

La respuesta a la carta provino del militante anarquista cuyo seudónimo fue Alsupra. En su texto publicado en el siguiente número de La Protesta, aclaró que su intención no era la de defender a los compañeros de Regeneración, pues ellos tendrían que hacer lo propio. Afirmó que las denuncias de Moncaleano pueden ser verdad o mentira; sin embargo, afirmó que Moncaleano “es el menos indicado para hacerlas, y que es el menos indicado, está demostrado en su misma correspondencia.”  Afirmó: “De todas las anormalidades que hemos podido observar en la propaganda de Regeneración, que es lo único que podemos analizar, resulta como anormalidad mayúscula, un artículo de Moncaleano que levantaba a Zapata más alto que las nubes y lo proclamaba un Napoleón aventajado, casi un dios que manejaba su espada milagrosa”.  Y aseveró: “La correspondencia no prueba nada. Pueden ser verdaderamente unos explotadores y también puede ser que Moncaleano no tuviera un sitio preferente en esa explotación y por eso los denuncia, porque eso de hacer quitar un déficit sin más ni más, cuando a los otros les sería fácil comprobar de que verdaderamente existía, es algo que no se comprende.” Y expresó: “No es cierto que Regeneración presentara a Zapata como anarquista, pues siempre ha distinguido entre comunistas y  zapatistas, y de que tome las noticias de los diarios burgueses no tiene nada de nuevo”.[51]

Tras la réplica de Alsupra, la Redacción de La Protesta expresó su posición respecto a las acusaciones hacia los pelemistas y a Regeneración. En una editorial titulada: “Sobre lo de Regeneración y la revolución mejicana”, refirieron que la decisión para publicar la carta de Moncaleano se basó en varios acontecimientos y antecedentes al respecto: en primer lugar, mencionaron que la correspondencia de Moncaleano no fue la primera en llegar a la redacción de La Protesta, anteriormente recibieron correspondencia con las mismas acusaciones de los anarquistas Alfredo L. Palacios y Francisca Mendoza a las que no se les dio cabida. Un segundo antecedente lo constituyó una serie de artículos de Jean Humblot publicados en Les Temps Nouveaux, los cuales, desde su perspectiva, se constituyeron en “un estudio sereno, documentado, de la revolución mexicana y llegaba a las mismas conclusiones que Moncaleano respecto a Regeneración y al sacrificio inútil que representaba enviar dinero para los revolucionarios mejicanos”. Finalmente, mencionaron un tercer elemento: los artículos y opiniones del semanal ácrata El porvenir del Obrero de Mahon, de España, que efectuó un análisis “de algunas de las noticias que aparecen en Regeneración y resultan cosas muy curiosas”.[52]

Todos estos antecedentes, afirmaron los editores de La Protesta, los llevó a publicar la carta de Moncaleano y a posicionarse contrarios a los editores de Regeneración. Consideraron que: “Los anarquistas contribuyeron a Regeneración con artículos y con dinero… [pero] …Cerraron los ojos sobre ciertas incongruencias para no ver sino lo que anhelaban… un movimiento anarquista porque lo queríamos así… Regeneración aprovecho este estado de los anarquistas de todo el mundo. Aumento su tiraje e hizo un llamado para cubrir su déficit”.[53]

Las críticas al magonismo se fortalecieron en la Argentina tras el envío de una serie de artículos escritos por el argentino Rodolfo González Pacheco desde México para los semanarios La Protesta, ¡Tierra¡ de La Habana y Tierra y Liberad de Barcelona. González partió de Buenos Aires como delegado de la Federación Obrera Regional Argentina al Congreso Anarquista Internacional de Londres a celebrarse entre el 29 de agosto al 6 de septiembre de 1914.[54] En su viaje hacia Europa permaneció por breves periodos en México y Cuba, acompañado de Fito M. Foppa delegado también al Congreso Internacional.

En México se quedó los meses de junio a septiembre de 1913, particularmente en el puerto de Veracruz y en la ciudad de México. En su primer artículo, escrito en junio, describió su arribo al puerto de Veracruz, su traslado a la ciudad de México y apuntó el objetivo de su texto: “lo que interesa a los compañeros es noticiarse del Méjico revolucionario”.[55] Aunque no guardo su entusiasmo por recorrer el México de “leyenda”.

Sobre Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y los constitucionalistas escribió:

“… Zapata, de quien los diarios de hoy dicen que esta acampado a pocas horas de aquí, no es precisamente un anarquista… Así y todo, Carranza y sus partidarios, que son los que lo eran de Madero, reconocen en él una beligerancia de hecho y derecho… Aquí Zapata es Zapata, y aún derrotado los triunfadores le solucionaran el problema agrario”.[56]

Respecto al pueblo mexicano, González Pacheco expresó que era un pueblo embrutecido, enfermo, alcoholizado, ignorante y empobrecido debido a 35 años de dominación autoritaria por el régimen de Porfirio Díaz. Para demostrarlo citó al poeta y escritor mexicano Luis G. Urbina:[57] “Las energías populares no son constantes ni filosóficas, son por el contrario, intermitentes, neuróticas, artificiales”, en suma, afirmó González: “Los treinta cinco años de ‘presidencia modelo’ de Porfirio Díaz han culminado esta hazaña”.[58]

En su último artículo, redactado en septiembre 1913, González aclaró que la mayoría de sus entregas tuvieron el objetivo de establecer el ambiente y la historia de México como conocimiento necesario para entender el proceso revolucionario mexicano. Aclaró que sus dichos estaban sustentados y documentados por las consultas que realizó en la Biblioteca Nacional y por los diálogos establecidos con la gente en la calle.

Imagen 4. Fuente:  Benson Latin American Collection.
Imagen 4. Fuente:  Benson Latin American Collection.

También expresó sus conclusiones sobre el proceso revolucionario mexicano. Respecto a los fines que persiguieron los revolucionarios aseguró:

“Peleando contra el gobierno, apenas hay 14 o 15 mil insurgentes que buscan lo que Madero: plantar en forma acabada, un estado democrático en que al menos el derecho de vivir ya no sea un mito… un Estado como tantos, republicano, burgués… En cuanto al pueblo del campo, el que se alzó con Hidalgo, ese tiene desde hace siglos composición del lugar. Desde hace siglos que espera a aquel que ha de soliviarle la carga del feudalismo”.[59]

Sobre el movimiento anarquista mexicano afirmó:

“Quien quiera que estuvo en Méjico, no ya en el campo de acción revolucionario, sino en las principales ciudades debe haberlo constatado, hay muchos centros obreros de propaganda, fielmente clasificados. Y de esos centros surgieron, siguen surgiendo, brazos y cerebros fuertes para la guerra. De ellos surgieron, entre otros, Rivera, los dos hermanos Magón y ese indio Práxedis que murió de pie y peleando.” [60]

González observó la configuración de tres fuerzas revolucionarias en el proceso:

“Porque una es la revolución política de Carranza y compañía, otra la revolución agraria a la que aspiran los indígenas, las dos legales; y muy diferentes de estas la que pueden realizar y que en parte realizan, adentro de una y de otra, los anarquistas.” [61]

Y concluyó:

“Sin embargo, debe decirse realmente, la guerra nuestra es la que menos preocupa a los gobernantes. Como todos, ellos saben que vamos en el turbión de pasiones y apetitos, sobrenadando. Campear por las nuestras, en forma definitiva, cerrada, hasta ahora, no hemos campeado. Consiste el peligro, entonces, en que, llegando el momento de la debacle total por derrota del Gobierno, nuestras tendencias no alcancen a pesar en la conciencia del pueblo… Y en este caso, le habremos prendido el fuego a Carranza para que él cocine cómodo su res constitucional…

Y he aquí, que después de navegar a dos brazos en un río negro, de tinta, llego a la orilla jadeante, arrastrando una verdad que me pesa como un palo: la revolución de México será realmente anarquista cuando la hagamos.

A ver!...” [62]

Aunque González Pacheco afirmó que sus opiniones sobre el proceso revolucionario y el magonismo estaban documentadas, se aprecia en ellas la recepción de la postura que tuvo del movimiento anarcosindicalista mexicano, en particular la visión de la Casa del Obrero Mundial, muy influenciada ya por la campaña de desprestigio hacia los magonistas por parte de Moncaleano y otros.

No sabemos si González y Foppa arribaron a México a consecuencia del nombramiento otorgado por la Casa del Obrero Mundial como sus delegados ante el Congreso Anarquista Internacional o si tenían otros motivos. Lo que sí se aprecia en la carta de su designación es una postura similar frente a la revolución mexicana. El documento fue escrito por Jacinto Huitrón al anarcosindicalista ruso Alexander Schapiro, en ella se expuso un breve análisis sobre el proceso revolucionario entre 1910 a 1913, el cual tiene puntos comunes con el análisis de González Pacheco. Sobre la caracterización del proceso revolucionario Huitrón apuntó:

“La conmoción mexicana es una revolución que tiene mucho de económica, pero no es la revolución social que estamos esperando, y que no podrá producirse todavía por mucho que los queramos, y por muy necesario y justo que sea. El movimiento actual tiene mucho de político pues el pueblo ha sido escarnecido por el gobierno de Porfirio Díaz y cruelmente explotados por todos los privilegiados del mundo, que vienen a oprimir al pobre proletariado mexicano”. [63]

Al referirse a los magonistas y zapatistas afirmó:

“En 1910, no pudiendo soportar tanta miseria y tanta vejación, el pueblo se lanzó a la lucha, acaudillado por Madero; entonces los magonistas hicieron la intentona socialista en Baja California. Triunfó Madero no la Revolución. Continúo porque el pueblo no se mejora gran cosa. Es verdad adquirió alguna libertad política (entonces se empezó a hablarse de socialismo y el anarquismo; el sindicalismo vino después), pero en lo económico quedó lo mismo o poco menos. Entonces, en 1911 surgió la figura de Emiliano Zapata, revolucionario agrarista muy desinteresado, pero ese movimiento (el zapatista), tampoco es anarquista, ni siquiera socialista.” [64]

Su opinión sobre el pueblo mexicano y su papel en el proceso revolucionario se reflejó en los siguientes párrafos:

“El pueblo no entiende, en su mayoría, otro colectivismo que el rudimentario. El peón quiere un pedazo de tierra y nada más. El mismo Zapata me dijo cuando lo visite: ‘Eso de socialismo y anarquismo no lo entiendo’… Esto que decimos es la verdad desnuda, sin mentiras. Los que estamos en contacto con el pueblo y vemos su estado de inconciencia, no podemos menos que aclarar las falsedades y el propósito de continuar engañando a ustedes, diciéndoles que esta es la revolución social con el lema últimamente adoptado de Tierra y Libertad. La revolución que predicamos necesita mucha preparación. ¿Qué vamos hacer aquí donde hay ochenta por ciento de analfabetos? Si Europa, que esta más preparada e ilustrada, no ha podido realizar la revolución social, ¿cómo hemos de efectuarla nosotros, que apenas sabemos leer?...

Vemos el estado intelectual de los trabajadores; hay que educarlos primero y a eso estamos dedicados.” [65]

Finalizó su epístola exponiendo el objetivo de la misma:

“Deseamos el mayor éxito al Congreso, de cuyos resultados nos tendrán al tanto. Las circunstancias pecuniarias en que nos encontramos nos imposibilitan para enviar un delegado. Creemos que los compañeros Foppa y González Pacheco nos han representado. Esto que aquí asentamos es la pura verdad, desnuda y precisa. Esto si, es necesario que lo conozcan en el Congreso para desengañar al mundo ácrata.” [66]

Podemos apreciar las cercanías y pertenencias entre el discurso de Rodolfo González Pacheco y el de Jacinto Huitrón. Los dos plantearon la imposibilidad de una revolución social por carecer de sujeto revolucionario, una dirección y un proyecto preciso. Los dos argumentaron que el movimiento zapatista solo fue un movimiento económico, negándole todo carácter revolucionario. De los magonistas asumieron que no habían hecho lo suficiente para hegemonizar el proceso. Los dos plantearon un periodo previo de educación del pueblo mexicano como requisito para hacer la revolución social.

Por su parte, la Junta del Partido Liberal Mexicano, sabedora de las opiniones contrarias a su movimiento por parte de distintos grupos libertarios en México y en el mundo, envió también una carta a Alexander Schapiro, secretario del Comité Organizador del Congreso Internacional Anarquista. En ella solicitó que el Congreso tomara una actitud definitiva sobre la cuestión de la Revolución Mexicana, en particular sobre el movimiento expropiatorio:

“Al Secretario

del Congreso Internacional Anarquista…

Querido Compañero:

Deseamos por tu conducto invitar oficialmente al próximo Congreso Internacional Anarquista a tomar una actitud DEFINITIVA sobre la cuestión de la revolución mexicana…

Francamente, lo que queremos es vuestra opinión. Creemos que tendréis alguna, porque esta revolución ha estado siendo llevada a cabo desde hace años y actualmente es el asunto del día más extensamente discutido. Si algunos de vuestros miembros están aún ignorantes de sus principales características, no podemos pensar de ellos otra cosa sino que no es su lugar el que ocupen en un Congreso Internacional Anarquista.

Vagas declaraciones con palabras ambiguas serán peores que inútiles, según nuestro criterio, y servirán sólo para desacreditaros. Lo que de vosotros queremos es una declaración concisa, clara, de que el peón mexicano está en lo justo al sostener que la libertad económica puede ser ganada solamente recobrando la posesión de la tierra, de que él está en lo justo al expulsar a los acaparadores de la tierra; de que vosotros urgís a los desheredados de todos los países a imitarlo.”[67]

El posicionamiento y la actitud definitiva a la que emplazaron los pelemistas a los anarquistas del mundo nunca se dieron, el Congreso fue cancelado por los organizadores ante los contratiempos desatados por las acciones bélicas de la Primera Guerra Mundial en Europa. Sin duda, el tema habría desencadenado un debate áspero, pues uno de los organizadores del Congreso fue Vicente García, importante anarquista español que brindó su apoyo a las acciones revolucionarias de los magonistas y que en ese momento se encontraba exiliado en Londres. Por su parte, Errico Malatesta, también miembro del comité organizador, sostenía una postura contraria al magonismo pues se había plegado a las críticas hechas por Luigi Galleani desde 1911 en su semanal Cronaca Sovversiva editado en Vermont, Estados Unidos.

El debate sobre el magonismo entre los anarquistas argentinos, en contra o a favor, fue parte de los conflictos y disidencias internas entre las distintas corrientes que constituyeron el anarquismo rioplatense. Por ejemplo el Nombramiento de González Pacheco y Fito M. Foppa como delegados de la Federación Obrera Regional Argentina al Congreso Sindicalista Internacional de Londres ocasionó en el movimiento anarquista fracturas que serían insalvables, ante la negativa de aceptar a Alberto Ghiraldo como parte de la delegación. Incluso se sucedieron algunos acontecimientos violentos entre las distintas corrientes por conseguir la dirección de La Protesta, tal fue el caso de la Confederación Anarquista que se opuso a que Teodoro Antillí, cercano a las posiciones de González Pacheco y Eduardo Gillimón, ocupara el cargo de redactor. [68]

Las divisiones internas y las posturas encontradas sobre el magonismo, enfriaron por algunos meses las relaciones entre los editores de La Protesta y los de Regeneración. Fue en enero de 1914 cuando La Protesta se ocupó nuevamente de la revolución mexicana a partir de la publicación del artículo “La situación de México”, de Louis Bonafoux. El autor, un viejo conocido de los pelemistas, planteó que en la guerra civil que se libraba en México, después del golpe de estado huertista, no se trataba de “una revuelta cualquiera con objeto exclusivo de cambiar de presidente, sino que es algo más grave y más noble: una revolución social”; apuntó que algunos sectores revolucionarios habían “adoptado el programa de Tierra y Libertad contra cierta reacción de los monopolios, de los privilegios”.[69] La posición de Bonafoux fue contraria a la de González Pacheco. La revolución mexicana encontró nuevamente entrada a las columnas de La Protesta, debido a que la dirección del semanal fue tomada por Alberto Ghiraldo ante la detención y presidio de Teodoro Antillí tras publicar un artículo en defensa de Simón Radowitzky.

Este cambio de dirección estimuló el retorno de los textos de Ricardo Flores Magón en La Protesta, ya fuera por su perspectiva libertaria con la que analizaba los acontecimientos en México, o para brindar su apoyo a Regeneración. Uno de los primeros artículos fue “A los Carracistas”, publicado ante la necesidad de conocimiento sobre uno de los personajes que la prensa “burguesa” argentina destacaba en el escenario revolucionario: Francisco Villa. Bajo este discernimiento creyeron “oportuno insertar en LA PROTESTA, los datos sobre este movimiento (que) nos merezcan más confianza y en ese sentido es apropiado el artículo que trascribimos de Regeneración”.

El texto de Magón fue directo en sus consideraciones sobre Villa: “está demostrado con hechos que no lucha por el bienestar de los pobres, si no para encumbrase él y encumbrar a su amo Venustiano Carranza”, debido, según Magón, a que “el bandido de antes se ha vuelto un celoso defensor de la ley y el orden burgués” y aseguró que “la miseria más espantosa reina en el territorio dominado por él, y eso se debe al respeto que el constitucionalismo tiene al derecho de propiedad individual”. Como solución al caudillismo y a la revolución política constitucionalista, Magón planteó la promoción de la revolución social, en consonancia con las ideas libertarias, principalmente de carácter expropiador y de reorganización social:

“[no será] obra de ningún gobierno, sino el resultado de este hecho único: la toma de posesión de la tierra, de la maquinaria y de los medios de transporte por la clase trabajadora como lo expresamos en nuestro manifiesto de 23 de Septiembre de 1911. Y eso debe hacerse sin pérdida de tiempo, sin consultar a los llamados jefes, antes bien, en contra de su voluntad de ellos y sobre sus cadáveres, como lo hacen los yaquis, como lo efectúan los campesinos de Durango, de Michoacán, de Morelos y Guerrero”.[70]

En la misma ruta los editores de La Protesta insertaron el artículo “Para los que dudan” de Ricardo Flores Magón. El texto cerró el ciclo de alejamiento entre los magonistas y los editores del semanal argentino. El artículo plasmó la perspectiva que tuvo Magón sobre la revolución social en la guerra civil desatada por el golpe de Estado huertista. Desde su punto de vista, existían distintos núcleos revolucionarios en México que desarrollaban la columna vertebral de una revolución social. Como ejemplo, describió las acciones de Rafael Buelna en Tepic, que tras llegar con sus fuerzas revolucionarias a distintos poblados expropió la tierra para repartirla entre los campesinos y los mismos revolucionarios. Este accionar atentaba contra los derechos de propiedad de los hacendados. Sin embargo, el propio Ricardo Flores Magón advertía:

“Que en algunos casos como en el de Buelna, no tenga el hecho una orientación francamente comunista anarquista, eso no quita al movimiento el carácter social que lo distingue de una lucha puramente política, y es deber de todo anarquista de verdad el prestar todo su apoyo, moral y material, al movimiento no solo para que no pierda su carácter social, sino para encausarlo hacia el ideal anarquista”. [71]

El fragmento del artículo permite observar el objetivo concreto del movimiento magonista para 1914: encausar el conflicto armado a una revolución social y de carácter anárquico. Finalmente, Magón expresó su opinión y crítica a los libertarios que dudaron de la revolución social magonista:

“Reflexionad un solo instante anarquistas que “dudáis” y os avergonzaréis de no haber prestado apoyo al movimiento del Partido Liberal Mexicano. Si no hubierais “dudado”, si con vuestra “dudas” no hubierais enfriado los entusiasmos de la clase trabajadora de todo el mundo, ¡qué paso tan gigantesco habría dado ya este movimiento! Pero en lugar de ayudar habéis hecho obra obstruccionista: quitasteis a REGENERACIÓN un apoyo que necesitaba para tirar más ejemplares y distribuirlos por todos los rincones de México, obra necesarísima para la orientación del movimiento: quitasteis a los grupos netamente libertarios que luchan con las armas en la mano, tanto el apoyo moral como el material, dando por resultado que por falta de elementos algunos de esos grupos han caído en poder de la Autoridad, unos en México, otros en territorio americano mientras se preparaban para entrar a la lucha, y otros más exterminados en territorio mexicano, en plena lucha, por falta de elementos”.[72]

Imagen 5. Pierre Quiroule. Fuente: Anacoefemerides. Ateneu Libertari Estel Negre.
Imagen 5. Pierre Quiroule. Fuente: Anacoefemerides. Ateneu Libertari Estel Negre.

Con estas inserciones se expresó nuevamente el apoyo de La Protesta y una parte del anarquismo argentino al Partido Liberal Mexicano y a la causa de la revolución social en México, en particular de su grupo editor. Otro ejemplo de este auxilio y apoyo fue el artículo de Pierre Quiroule: “La revolución mexicana y la intervención”, en el contexto de la toma de varios puertos mexicanos, incluyendo el de Veracruz por parte de la armada estadounidense a partir del 21 de abril 1914.

Quiroule escribió:

“Los acontecimientos que se desarrollan en el norte del continente americano merecen especial atención de todos los libertarios, porque la intervención a Méjico demostrará cual será la actitud de las potencias extranjeras en los grandes conflictos sociales que han de originarse en el futuro, cuando los pueblos intenten expropiar a la clase dominante para socializar el suelo y la hacienda”.[73]

Para Pierre Quiroule, el origen de la intervención no fueron los insultos hacia la bandera estadounidense por parte de tropas huertistas acampadas en Tampico, como lo anunció el presidente estadounidense Thomas W. Wilson. Desde su opinión (que fue la opinión generalizada de muchos analistas de la época), el verdadero motivo fue frenar el impulso de los movimientos revolucionarios populares, entre ellos el zapatista y otros muy pocos estudiados que, de manera fragmentada, atentaron contra la institucionalidad mexicana que aseguraba los intereses de grandes propietarios y capitalistas extranjeros, principalmente estadounidenses, dueños de minas y yacimientos petrolíferos. La intervención, afirmó Quiroule, tuvo el objetivo de aniquilar las guerrillas rebeldes que amenazaron con destruir y expropiar la propiedad privada para beneficio del “pueblo”. Aseguró que el plan para ello se instrumentó a partir de un acuerdo entre el gobierno estadounidense y Venustiano Carranza el cual estableció otorgar apoyo militar a los constitucionalistas para aniquilar a las fuerzas populares y el reconocimiento de Carranza como presidente legítimo a cambio de respetar los bienes e inversiones de los ciudadanos estadounidenses en territorio mexicano.

Para demostrarlo Quieroule aseveró:

 “Carranza traicionando la causa del pueblo mejicano, aceptó estas proposiciones del presidente yanqui. Sus declaraciones y su actitud frente a la invasión norteamericana no dejan lugar a dudas a este respecto. Y la invasión al territorio mejicano demuestra que Wilson cumple su palabra de abrirle el camino que conduce a la capital del país. Wilson es pues el aliado de Carranza… porque espera que Huerta, vencido, no omitirán esfuerzos para sacar el movimiento expropiador de los que luchan al grito de Tierra y Libertad, con la acción conjunta de las fuerzas norteamericanas y mejicanas si fuera necesario. Carranza repudia las expropiaciones que Zapata y las bandas rebeldes verifican diariamente en perjuicio de los detentadores de la riqueza social”[74]

Pierre Quiroule cerró su artículo con la proposición de: “eternizar la lucha, en fin, hasta que la Revolución fuerte, con la incorporación de nuevos elementos de adentro y de afuera, pueda acabar con la existencia del régimen”.[75] Francisco Pineda, en sus investigaciones sobre el zapatismo, ha sostenido que en la derrota de los ejércitos populares, particularmente el zapatista, tuvo un peso significativo la intervención de los Estados Unidos.

Pineda afirma que el Departamento de Estado y de Guerra Estadounidense tuvo desde 1911 un plan de intervención en caso de que los grupos contrarios a sus intereses tomaran el control de México. De acuerdo a sus investigaciones, los zapatistas fueron uno de estos grupos, debido a su programa de expropiación agrícola que afectó el monopolio estadounidense del azúcar, y de reformas sociales en los territorios ocupados. El reconocimiento estadounidense al gobierno de Venustiano Carranza, la entrega de armas al constitucionalismo, el bloqueo al que sometieron a los villistas y zapatistas para la compra de armas a través del blindaje de la frontera sur y norte, el patrullaje de los principales puertos del Golfo de México y el Pacífico y el envió de asesores militares estadounidenses a los constitucionalistas fueron algunas medidas de esta intervención.[76]

No todos los anarquistas argentinos pensaron igual que Pierre Quiroule. Uno de ellos fue Eduardo G. Gilimón, que en el contexto de los debates en Argentina ante la toma del puerto de Veracruz por la marina estadounidense, escribió el artículo: “La intervención en Méjico. El espíritu racista”. En él expresó su desacuerdo con el repertorio de manifestaciones políticas en repudio a la intervención estadounidense en México por parte de distintos sectores sudamericanos, en particular con el arielismo. Desde su opinión, estas expresiones mostraban cierto nacionalismo y latinoamericanismo que no defendía la cuestión social ni la justicia en México:

“Que se niegue el derecho a intervenir simplemente porque lo realizan extranjeros, hombres de otra raza, de otra lengua, es absurdo. Que se niegue porque entrañe en tal o cual caso un abuso, una injusticia, es lógico. Pero estos bullangueros patriotas están inhabilitados para hacer tales distinciones, por cuanto que en sus propios organismos internos [naciones] existe el origen de todo abuso, toda la injusticia”.[77]

Y propuso: “A nosotros anarquistas, tanto nos da que intervenga Wilson en Méjico como que no. A la altura que han llegado los acontecimientos en Méjico, no vale más un Huerta o un Pancho Villa, que un Wilson… Pero unos y otros dejan subsistente el derecho de propiedad” y afirmó “si en México hubo partidas revolucionarias con fines de trasformación del régimen económico y social, ellas han desaparecido absorbidas por los revolucionarios políticos”.[78]

La opinión Gilimón se plegó a la de González Pacheco, asimismo contradijo al grupo editor de La Protesta, entre ellos Alberto Ghiraldo y Pierre Quiroule, lo que abrió un debate en el seno del periódico, entre los que consideraban la existencia de grupos por la revolución social en México, a los que debía ayudarse a crecer y a fortalecerse, y los que negaban que para 1914 existieran grupos revolucionarios que tuvieran el objetivo de realizar una revolución social, entre ellos Eduardo G. Gilimón, Teodoro Antillí y González Pacheco.

En el mismo artículo, Gilimón no dejo de criticar al magonismo y a los anarquistas que los apoyaron, incluyendo a Pedro Kropotkin. En este periodo la postura magonista sostuvo el apoyo total a las partidas armadas que realizaron expropiaciones de tierras, incluyendo al Zapatismo, que si bien no fue un movimiento anarquista, minó en sus territorios el capitalismo desde su agrarismo social y comunitario, así como la defensa de la experiencia de algunos grupos indígenas que constituyeron un proceso de recomunalización y autonomía, como el caso de los yaquis en el estado de Sonora.[79]

En este sentido, Gilimón, desde un posicionamiento racista y positivista, apuntó:

¿Hasta que punto por otra parte el comunismo de los indios, puede equipararse al nuestro? Del comunismo libertario al autoritarismo de las tribus, va una diferencia enorme. Los anarquistas no podríamos vivir en esas comunidades indígenas, que tienen mucho de convento y de cuartel, en las que el principio de autoridad es de una brutalidad sin límites, y en que la jerarquía es una forma de parasitismo mayor que el de los gobiernos y sus administradores... Y es que en México no es por el momento tierra apta para los grandes ideales. Son los caudillos únicamente los que triunfan y tienen éxito popular”.[80]

En realidad, el artículo de Gilimón fue más una respuesta a los dos artículos de Ricardo Flores Magón y Pierre Quiroule publicados con anterioridad en La Protesta. Obviamente, recibió una réplica por parte de otro libertario argentino cuyo seudónimo fue A Men, del cual no fue posible identificar su nombre real. En su texto rechazó las afirmaciones de Gilimón, en particular la idea que tuvo sobre la incapacidad de recepción del pueblo mexicano de las ideas libertarias, A Men apuntó:

“Ahora bien, no podemos, no debemos sentar a priori, un precedente sobre el mayor o menor grado de cultura o preparación para vivir los nuevos ideales que pueda poseer ese pueblo, porque hay que tener en cuenta que la misma situación violenta que le han impuesto sus caudillos en estos últimos años, podría determinarle a aceptar más incondicionalmente la prédica de los nuestros convertida en práctica por la fuerza de las armas de los mismos… Aun suponiendo la extrema decadencia del pueblo mexicano – de que nos habla Gilimón – aún de que los indígenas sean fácil de acaudillar ¿No puede esto ser favorable a la intromisión en sus filas de “caudillos anarquistas” antes que contemplar impasibles el movimiento armado”.[81]

Y defendió el trabajo pasado y presente de los magonistas:

¿Puede, pues, admitirse, con Gilimón, que los anarquistas mexicanos se hayan y nos hayan engañado al encauzar teóricamente y prácticamente el movimiento revolucionario por la vía de la redención social de ese pueblo? Absolutamente no, valdría decir lo mismo de los caídos de Chicago, y de todos los que dieron y dan su vida y su saber en defensa de la libertad… Por estas consideraciones creo que, a pesar de reveses que pudieron haber sufrido los libertarios mexicanos, aún quedan elementos en el campo de lucha que responden a nuestros principios”.[82]

A. Men terminó su artículo con el siguiente llamado: “La FORA, los anarquistas y todos los que simpaticen por la causa de Méjico, deben propiciar en principio un boicot a los productos norteamericanos, en caso de que el ejército yanqui se interne en territorio mejicano, amén de otros medios que obliguen a los invasores a retirarse”.[83]

En el siguiente número de La Protesta se publicó una aclaración de Eduardo Gilimón sobre su artículo anterior, lo que nos habla del intenso debate en el seno del anarquismo argentino sobre el tema. En su nuevo texto planteó que se habían malinterpretado sus palabras, debido a un error tipográfico, pues aclara que al referirse al Partido Liberal Mexicano, nunca dijo que esta agrupación engañó a los anarquistas de varios países, sino que el Partido Liberal Mexicano se engañaba a sí mismo, al pensar que en México se podría desarrollar una revolución social. Además, Gilimón aclaró que su crítica hacia algunos posicionamientos de ciertos grupos fuera del movimiento ácrata en contra de la intervención estadounidense, se dieron desde las ideas de patria y raza, conceptos ligados a los intereses gubernamentales y capitalistas, contrarios a los intereses de emancipación y anarquía. Afirmó que este “patriotismo iberoamericano” encabezado por Manuel Ugarte se debía combatir.

Respecto a la “cuestión mexicana” Gilimón agregó “nuevas consideraciones” en las que, apoyándose en las opiniones de González Pacheco, asumió la incapacidad del pueblo mexicano para las ideas anarquistas:

“…la revolución de Méjico, será anarquista cuando la hagamos los anarquistas. Con Creaghe repito que el movimiento mexicano ha sido absorbido y desvirtuado por los políticos, con algunos compañeros que han vivido en Méjico añado, que en Méjico nunca se pudo hacer propaganda anarquista por lo refractario que los mexicanos han sido a nuestras ideas y por la barbarie dictatorial de Porfirio Díaz que no consintió nunca tal propaganda”.[84]

Por lo que dedujo:

“No habiendo en Méjico anarquistas, salvo que uno que otro compañero, la revolución social es un absurdo. El movimiento agrario de Méjico, es el mismo en la actualidad, que hace un siglo. Tribus que reclaman sus tierras, las tierras de que los despojaron las anteriores autoridades españolas y las criollas. No he de repetir que es el comunismo indígena, porque ya lo dije anteriormente”.[85]

Y terminó, en clara referencia a González Pacheco, influido por Jacinto Huitrón: “Méjico necesita propaganda, una mayor cultura, un poco de libertad”.[86]

En ese mismo sentido, Libra Voluntas escribió su artículo “La cuestión mejicana” donde afirmó que en Méjico no existía un movimiento anarquista organizado. Aún más, alegó que si la “organización obrera internacional” no era fuerte, lo que implicaba una organización simultanea de revoluciones sociales en distintos países, la revolución social era imposible: “La organización se impone como base, para las futuras revoluciones sociales, de lo contrario, cuando se descuida ésta, tenemos que seguir mirando al comunismo como teoría”.[87] Con ello negaba toda existencia del trabajo del Partido Liberal Mexicano.

Teodoro de Antillí, desde prisión, se sumó al debate en apoyo a la línea de González Pacheco y Eduardo Gilimón y firme rechazo a la de Pierre Quiroule. Desde su perspectiva, el asunto del Partido Liberal Mexicano y el intento de concretar una revolución social en México no sólo pasaba por una discusión táctica, sino de una toma de conciencia sobre las características de la sociedad mexicana. El centro del problema para Antillí radicó en la “ilusión” que tuvieron los magonistas para construir el comunismo anárquico en un pueblo que no estaba maduro para tal objetivo. Asumió que tanto en Argentina como en México el pueblo generalmente estuvo bajo las órdenes de un tirano o un político en los distintos procesos de la historia del siglo XIX. Al respecto afirmó:

 “Ya hemos pasado nosotros también por ese período, llamado igualmente de anarquía por los escritores burgueses, o sea de la disquisición de gobierno, y que no hay que confundir con lo que entendemos nosotros por esa palabra; y vemos que el gaucho rebelde e ingobernable, que podía ser citado como hermoso ejemplo de libertad, se hacía el sicario de un tirano, así que en lugar de abajo pudo triunfar la anazorca de Rosas… Puede ser que en Méjico les esté reservado lo mismo a muchos de los que actualmente acogen y glorifican por su hechos los compañeros de Tierra y Libertad”.[88]

Y arremetió contra lo que llamó el “posibilismo” de Quiroule:

De manera que lo que urge es conocer la procedencia de los hechos para hacer su clasificación; no entramos por el terreno de las probabilidades, como quiere, en último extremo, el compañero Quiroule por cariño a la revolución mexicana”.

Imagen 6. Rodolfo González Pacheco. Fuente: Anacoefemerides. Ateneu Libertari Estel Negre.
Imagen 6. Rodolfo González Pacheco. Fuente: Anacoefemerides. Ateneu Libertari Estel Negre.

Dos números más tarde Pierre Quiroule respondió a Eduardo Gilimón. En su texto apuntó que la discusión sobre la cuestión mexicana se centraba fundamentalmente en el carácter o la índole del movimiento impulsado por los magonistas; si Gilimón negaba todo carácter anárquico a los esfuerzos del Partido Liberal Mexicano, él seguía creyendo que a la sombra de la revolución política se desarrollaba, “cada día más vigoroso”, el movimiento expropiador:

Nadie ha afirmado que la revolución mexicana, sea, en su conjunto comunista, Regeneración ha combatido siempre en todos sus números, a los carrancistas, felixistas, orozquistas, maderistas, etc., por políticos, denunciándolos como aventureros ambiciosos que sólo aspiran a la conquista del poder, y en sus columnas leemos incitaciones a los partidarios de aquellos jefes para que se unan a los libertarios y les ayuden a expropiar la riqueza social que a todos pertenece”.[89]

Así mismo, Quiroule afirmó que su apoyo a la revolución magonista y las motivaciones que hicieron que escribiera sobre ella, radicó en que las actividades de los magonistas alentaron diversas prácticas en el movimiento ácrata argentino, entre ellas, la praxis de una solidaridad internacional que no se había visto antes, de la misma forma su recepción desencadenó el análisis del problema agrario en toda Sudamérica. En este sentido afirmó:

“se ha dicho, en una palabra, que era preciso accionar y no considero propio para fomentar el espíritu de rebelión, desvirtuar, combatir o segar los movimientos rebeldes que se desarrollan en otras partes. Circunspección, entonces es lo menos que se pueda pedir a los que dudan”.[90]

Es claro que Pierre Quiroule, respecto al problema agrario y el espíritu de rebelión, se refirió a los sucesos del Grito de Alcorta en junio de 1912, hito histórico sobre la cuestión agraria en Argentina. Desde diciembre de 1911 los arrendatarios o chacareros de la región de Santa Fé, Francisco Bulzani y Francisco Peruzzini, recorrieron la región con la intención de explicar la necesidad de organizar un movimiento de chacareros. El 25 de junio el trabajo del dúo dio frutos, en una asamblea pública en la Sociedad Italiana de Alcorta se declaró la huelga al grito de “menos alquileres, más humanidad”. Muchas colonias se sumaron al movimiento, de ahí saldría la Federación Agraria Argentina.

Por su parte, Fernand Ricard se sumó al apoyo de la revolución social en México. Sostuvo que una gran mayoría creyó que la intervención daría buenos resultados a México, pues se sostenía que al acabarse la era de las revoluciones armadas se abriría un “horizonte de paz propicio al desenvolvimiento y progreso material y moral de los mejicanos”. Sin embargo, a contra corriente, Ricard aseveró:

“la intervención podrá terminar con las luchas sangrientas que preparan y llevan a cabo los militarotes ambiciosos, pero sostengo que esa misma intervención lleva en su seno el germen de otras luchas no menos sangrientas que se librarán en el futuro. Nadie ignora que si Norteamérica llega a dominar en México, el desarrollo de la producción capitalista en el último país, alcanzará un grado muy alto, el régimen burgués se extenderá considerablemente”.[91]

Asimismo, Ricard visualizó los efectos sociales y culturales del proceso de intervención estadounidense:

“Los mexicanos hoy mueren en los combates destrozados por el cañón; mañana cuando la paz reine, irán los pobres a morir enterrados en los pozos de las minas, tendrán que arrancar la riqueza en el seno de la tierra, tendrán que producir, trabajar como bestias, pero ellos no verán, no, jamás, sonreír el sol de la felicidad. (...) El desarrollo del capitalismo en Méjico no sólo traerá un régimen parecido al régimen reinante en otras naciones, sino que también hará desaparecer, quizá por cuanto tiempo, uno de los más grandes y nobles sentimientos humanos: el sentimiento social o de comunidad”.[92]

  Ante este horizonte Ricard, en plena referencia al movimiento social de los yaquis, planteó:

“Los campesinos mexicanos perderán el hábito de vivir en el comunismo sano de la tierra y se convertirán en aves de rapiña; el capitalismo y la burguesía influirá en ellos, les inculcará el amor a la propiedad individual; ya no tendrán liberalidad y desinterés, serán torpes y ruines acaparadores, vivirán desasosegados con la obsesión maldita del centavo, del interés”.[93]

Ricard, a final de su texto, se posicionó:

“los anarquistas no debemos permanecer neutrales ante la intervención norteamericana, la intervención representa el capitalismo y la sociedad burguesa y esto es suficiente para que empuñemos el arma y herir con ella. Si Villa y Carranza, Huerta y Zapata son miserables ambiciosos que destrozan Méjico sin ninguna utilidad positiva para el bienestar de todos los mejicanos, duro con ellos también, luchemos contra ellos, contra todos los tiranos, ya sea del sur o del norte”.[94]

Pierre Quiroule, por su parte, escribió su último artículo sobre el tema para responder al texto de Antillí, en él externó su preocupación sobre la necesidad de que el movimiento anarquista supiera el objetivo real de la intervención estadounidense en México. Desde su perspectiva el objeto de ella fue: 

“… hacer reinar la paz en Méjico, quiere decir sofocar el movimiento libertario, que sin jefes, ni caudillos de ninguna clase va extendiéndose poco a poco por todo el territorio.

La prensa burguesa, conciente o inconscientemente, atribuye a los constitucionalistas todo lo que se relaciona con la revolución. Pero para el que sigue con atención la marcha de los sucesos, no es difícil separar los hechos realizados por los carrancistas de los que son obra de los rebeldes comunistas, y comprender su diferencia.

Ahí tenemos a Zapata… apenas si hablan y se ocupan de él. ¿Por qué? Sencillamente porque Zapata no representa ninguna garantía para la clase que posee. Zapata es el revolucionario enigmático, del que no se sabe a ciencia cierta que fin persigue, y que aterroriza y expropia en provecho de él y des sus hombres”.[95]

Y pregunta:

“Los mejicanos no están maduros para organizarse comunitariamente, dice Antillí con Gilimón, y yo pregunto ¿Cuál es el hombre que está maduro para ensayar el sistema comunista anarquista? … No soy del parecer de Antillí, para combatir, anular el capital y la autoridad en todo el orbe, es necesario atacarlo con las armas en la mano. De ahí la rebelión.”[96]

Consideró Quiroule que si el asunto era una cuestión de táctica, los anarquistas que no apoyaran la acción armada se equivocaban, pues lo juzgó como un grave error de táctica “Porque ¿qué es mejor, atacar, aprovechando el momento histórico en que todo concurre a debilitar las fuerzas del Estado, como es el caso de Méjico, o esperar que el Estado haya recuperado su equilibrio y reconcentrado en sus manos todas la fuerzas conservadoras de la nación. Para llevar al asalto las instituciones burguesas?”[97] Quiroule concluyó: “Méjico es, quizá en la actualidad entre todas las naciones, el punto más propicio para intentar la utópica aventura anarquista.”

Por su parte Antillí publicará su último texto sobre el tema, una negación sobre las críticas que hiciera Quiroule hacia su postura sobre la revolución mexicana, y rechazó haber dicho que el pueblo mexicano no estuviera listo para el anarquismo:

“Yo no he dicho que el pueblo mejicano no esté maduro para la libertad, he dicho que tengamos cuidado… por lo demás, apunté sólo la idea que los anarquistas de Méjico podían hacer como los anarquistas de todas partes, propaganda antimilitarista y antiguerrera, en vez de tomar las armas. Haber desarmado al gobierno y a las revoluciones políticas, también me parece un resultado. Y nada más”.[98]

Con el desarrollo de la Primera Guerra Mundial el interés por la revolución mexicana en La Protesta decayó, el debate se trasladó al análisis de la confrontación europea, el antimilitarismo y el posicionamiento que el movimiento anarquista internacional asumió frente a la guerra.

 

El sindicalismo revolucionario argentino y su solidaridad con el Partido Liberal Mexicano

El sindicalismo revolucionario fue un movimiento trascendental en la historia de clase obrera argentina. Se constituyó en un importante sector que hegemonizó el movimiento obrero en el país sudamericano a mediados de la primera década del siglo XX. Compartió las luchas obreras con el movimiento anarquista y brindó su apoyo a las acciones revolucionarias del Partido Liberal Mexicano.

El sindicalismo revolucionario argentino tuvo una fuerte recepción del pensamiento y la acción del sindicalismo revolucionario francés. Su origen se ubica en las discrepancias internas en el seno del Partido Socialista Argentino, expresadas entre el reformismo socialista y el sindicalismo, los cuales, a partir de 1904, divergieron en sus posiciones estratégicas. El grupo reformista dio prioridad al trabajo electoral y dominó la estructura del Partido Socialista. Por su parte, el grupo sindicalista dio mayor peso al trabajo sindical y a la movilización social, y constituyó una amplia estructura en la Unión General de Trabajadores.

A partir de la elección de Alfredo Palacios como diputado socialista en marzo de 1904, se reforzó la línea parlamentaria en el Partido Socialista. En este sentido, los socialistas reformistas criticaron cada vez más al sector sindicalista por reforzar su trabajo popular, por criticar el parlamentarismo y por hacer alianzas políticas con otros sectores del movimiento obrero, en particular con los grupos anarquistas de la Federación Obrera Regional Argentina. Por ejemplo, al instituir el gobierno argentino el estado de sitio por la sublevación del Partido Radical entre abril de 1904 a febrero de 1905, la FORA y la UGT hicieron causa común para enfrentar la represión. En un manifiesto conjunto llamaron a los trabajadores a declararse en Huelga General si el gobierno no levantaba la ley marcial el 8 de enero de 1905, la proclama no fue muy bien recibida por la dirigencia del Partido Socialista.[99]

La praxis popular de los sindicalistas revolucionarios a través de la UGT entre 1905 y 1908 desencadenó enfrentamientos y desencuentros con el Partido Socialista. Su participación en los acontecimientos de la semana trágica en enero de 1909 derivó en su expulsión del Partido Socialista acusados de desacato por participar en las acciones callejeras de resistencia obrera.

En septiembre de ese mismo año (1909) el núcleo del sindicalismo revolucionario constituyó la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA), cuya plataforma ideológica se expresó en un sindicalismo revolucionario basado en la acción directa, el uso de la violencia revolucionaria, la unidad de los trabajadores y un antiestatismo.[100]

Los primeros dos años de existencia de la CORA fueron difíciles ante la represión del Centenario (1909-1911), a pesar de ello lograron mantener la organización sindical y la movilización de los principales sindicatos obreros argentinos, fundamentalmente entre los trabajadores ferroviarios y marítimos. Ante el estado de sitio impuesto por el gobierno desde enero de 1910, la CORA llamó, a través de su Secretario A. Bianchetti, a todos los sindicatos argentinos a la unidad y a concentrar sus fuerzas para resistir la represión gubernamental.[101] En este sentido la CORA se constituyó en este periodo como la única organización de trabajadores en movimiento y con voz. Su semanario La Acción Obrera fue la única tribuna popular que pudo superar la censura. Al finalizar la primavera de 1911, los sindicalistas revolucionarios emitieron sus primeras opiniones sobre la revolución mexicana y se constituyeron en el único referente sobre el proceso revolucionario mexicano en el país. El movimiento anarquista en este periodo se encontraba en reflujo y en el exilio.

En la coyuntura revolucionaria que llevó a la renuncia de Porfirio Díaz, los sindicalistas se opusieron a la campaña internacional que presentó a México como un país de concordia y paz social. Desde La Acción Obrera se puso en duda que el conflicto revolucionario en México estuviera finiquitado. Desde la visión de uno de sus colaboradores, la movilización del ejército estadounidense hacia la frontera con México evidenció que el conflicto era persistente y que el despliegue de tropas tenía como objetivo: “ayudar al gobierno mexicano a aplastar al movimiento revolucionario que día a día gana extensión”, con el propósito de resguardar al régimen que protegía los intereses privados estadounidenses, ello en el contexto de la experiencia revolucionaria en Baja California.

Asimismo, el autor del artículo planteó, que la movilización de la flota naval estadounidense en el Golfo y el Pacífico mexicano tuvo el objetivo de impedir toda ayuda y la obtención de armas por los grupos revolucionarios. Para argumentar sus dichos nuestro autor ofreció algunas cifras sobre los intereses estadounidenses en riesgo: “No hay que olvidar que casi un tercio de la exportación mexicana (69 millones de pesos sobre un total de 231 en 1908-1909) se efectuaron en la frontera del norte donde los Estados Unidos no pueden temer ninguna competencia”. Puso de ejemplo las inversiones privadas en el ferrocarril para observar el peso de las adquisiciones estadounidenses: “Capital inglés 350, 000, 000; capital norteamericano 2 650, 000, 000; capital mexicano 500, 000, 000”, y aseveró que: “las cifras son elocuentes y explican el movimiento, el gesto del gobierno de Washington”.[102]

Y es que el autor de la nota identificó la preocupación de los inversionistas y banqueros estadounidenses ante el proceso revolucionario magonista:

“Por otra parte, la revolución mexicana reviste cada vez más un carácter social: el fin á que atienden muchos revolucionarios no es, como sucede a menudo en las repúblicas de sud y centro América, voltear una dictadura militar para poner otra en su lugar. No la revolución amenaza los intereses y privilegios de una clase, se esta transformando en una revolución social, como lo indica el lenguaje de su órgano Regeneración”.[103]

Léxico y análisis que compartieron los sindicalistas revolucionarios y anarquistas de la época, y que se ve verificado en la cita de Ricardo Flores Magón que nuestro autor extrae de Regeneración:

“Estoy firmemente convencido de que no hay ni podrá haber un gobierno bueno. Todos son malos, llámense monarquías absolutas ó constitucionales repúblicas. El gobierno es tiranía porque coarta la libre iniciativa de los individuos y sólo sirve para sostener un estado social impropio para el desarrollo integral del ser humano. Los gobiernos son los guardianes de los intereses de las clases ricas y educadas y los verdugos de los santos derechos del proletariado.” [104]

El sindicalismo revolucionario argentino tuvo una recepción de las ideas magonistas y comulgó con ellas. En su edición del 27 de mayo, La Acción Obrera publicó el manifiesto del PLM del 3 de abril de 1911, donde los pelemistas se posicionaron y explicaron “con claridad sus tendencias”:

“El Partido Liberal Mexicano no lucha por derribar al Dictador Porfirio Díaz para poner en su lugar á un nuevo tirano. El Partido Liberal Mexicano toma parte de la actual insurrección con el deliberado y firme propósito de expropiar la tierra y los útiles de trabajo para entregarlos al pueblo, esto es, á todos y cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo. Este paso lo consideramos esencial para abrir las puertas á la emancipación efectiva del pueblo mexicano… Compañeros de todo el mundo: la solución del Problema Social está en las manos de los desheredados de toda la tierra, pues solamente exige la práctica de una gran virtud: la SOLIDARIDAD. Vuestros hermanos de México han tenido el valor de enarbolar la Bandera Roja; pero no para hacer un pueril alarde de ella en inofensivas manifestaciones por calles y plazas que casi siempre terminan con el arresto y las descalabraduras de los manifestantes por los cosacos de los tiranos, sino para sostenerla firmemente en los campos de batalla como un reto gallardo á la vieja sociedad que se trata de aplastar para fundar en terreno sólido la Sociedad Nueva de justicia y de amor”.[105]

En junio de 1911, una editorial de La Acción Obrera dejó ver la recepción que tuvo el proceso revolucionario mexicano y las acciones del Partido Liberal Mexicano en el sindicalismo revolucionario argentino. El texto formó parte de una serie de artículos que tuvieron el objetivo de dar a conocer la dictadura porfirista, las condiciones sociales del proletariado mexicano y el análisis del movimiento magonista. El objetivo de estos textos, afirmaron, fue informar “lo que han callado todos los diarios de Buenos Aires, serviles y vendidos también ellos, por interés de clase conservadora”.

En este sentido, la editorial expresó que una de las características más evidentes del régimen porfirista fue la falta de las más “elementales libertades políticas” entre los 15 millones de habitantes, expresión que se observaba en la bárbara “esclavización y explotación” del proletariado mexicano. La editorial aclaró la dificultad de dar una idea precisa y exacta de las condiciones de la vida social mexicana y de la marcha de la revolución, debido a que el gobierno mexicano y estadounidense hicieron lo posible por ocultar lo que pasaba en México, y con tal objetivo utilizaron a la mayoría de la “prensa conservadora”, no sólo en sus países, sino en el mundo.

Esta percepción da cuenta de que los sindicalistas argentinos dimensionaron el conflicto mexicano en un contexto internacional. Al respecto, asumieron que la vida social en México estaba mediada por la intervención económica de los Estados Unidos a través del control que ejercieron en ciertas ramas estratégicas como fueron el mercado de tierras, la producción de textiles, el monopolio del azúcar, las minas, los ferrocarriles y los campos petrolíferos. Los estadounidenses, afirmó el texto, impusieron bajos salarios y miserables condiciones de trabajo que afectaron directamente la vida del proletariado mexicano y ocasionaron el aumento de sus ganancias. Reconocieron con ello que los monopolios estadounidenses constituyeron un importante poder político-económico en México, personificado por Edward Henry Harriman, Daniel Guggenheim, John Pierpont Morgan, entre otros.

En la editorial se habló también de la cuestión social, de la guerra emprendida por el régimen porfirista contra los yaquis, las masacres y deportaciones hacia Yucatán en “aras del capitalismo”, la represión, persecución y encarcelamiento de los revolucionarios pelemistas. Mencionaron el ejemplo de Juan Sarabia, sentenciado a nueve años en el “Montjuic mexicano”, la prisión de San Juan de Ulúa. También se apuntó la represión contra las distintas huelgas, la de Cananea, Río Blanco y otras, lo que los llevó a afirmar que era “imposible la lucha de clases como se lleva en otro países, con una vida más o menos regular de las asociaciones obreras, con cierta libertad de huelga, de palabra, de reunión”. Ante este contexto histórico, afirmaron, “no quedaba al proletariado más que un solo recurso: el levantamiento armado, a él ha recurrido”.

Sin embargo, para el sindicalismo revolucionario argentino, fue importante distinguir entre dos fuerzas revolucionarias en México; el maderismo que representó la revolución política, encabezada por “un propietario”, y el Partido Liberal Mexicano, con un programa de revolución económica y social que, desde su punto de vista, sostenía en su centro la expropiación a los capitalistas o, por lo menos, la “expropiación de la tierra”. Pero los editores de La Acción Obrera vieron que este programa desencadenaría la reacción del gobierno de los Estados Unidos para proteger los intereses económicos de su clase hegemónica:

“Tan pronto como el Partido Liberal, por el manifiesto que daremos a conocer en el número próximo, anunció el verdadero carácter expropiador de la revolución, el presidente Taft, simple sirviente de los capitalistas norteamericanos, envió a la frontera 30 mil soldados para “guardar la neutralidad” y seis buques de guerra a aguas mexicanas. Por ahora estas fuerzas tratan de impedir el aprovisionamiento de armas y víveres que pudiera facilitarse por la frontera a nuestros compañeros.” [106]

Un par de semanas más tarde, La Acción Obrera denunció en una editorial las actividades de la prensa bonaerense a favor de Porfirio Díaz ante su renuncia y exilio a Francia. De acuerdo al texto, el diario La Nación caracterizó a Díaz como uno de los mejores estadistas de la época, no sólo de su país, sino del mundo. También criticaron el silencio que guardó el diario sobre las actividades revolucionarias del Partido Liberal Mexicano. La editorial acusó a los editores de La Nación de utilizar directamente los cables de Associated Press (AP),[107] enviados desde New York, sin mediar ningún análisis propio, lo que afirmaron era una práctica extendida en la mayoría de los diarios de mayor circulación en la Argentina.  El origen de la crítica se centró en la cercanía política y económica que la agencia informativa estadounidense mantuvo con distintos grupos monopólicos que tuvieron intereses en México, como el caso de J. P. Morgan. En este sentido advirtieron: “Puede darse una idea de la imparcialidad que usarán estas agencias informativas, constituidas por millonarios, ó pagadas y presionadas por ellos.”[108]

Para contrarrestar este tipo de informaciones y prácticas, los editores de La Acción Obrera utilizaron la red política establecida con distintos grupos sindicalistas y ácratas de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica; por ejemplo, de Nueva York recibieron el semanario Cultura Proletaria, editado por Pedro Esteve, el cual utilizaron para neutralizar la información de la prensa argentina, particularmente las acusaciones que pesaban en contra de los grupos revolucionarios de carácter popular. Los diarios La Nación y La Prensa sostuvieron que los grupos revolucionarios solo ocasionaban violencia, desestabilización y barbarie; a partir de los artículos y las fotografías insertadas en Cultura Proletaria pudieron desmentir las notas, y asegurar que la violencia no provenía de los grupos populares sino del ejército federal. La nota cerraba con el llamado a los trabajadores argentinos para que apoyaran a los pelemistas:

“Llamamos vivamente la atención de los trabajadores argentinos sobre la revolución de Méjico. Es preciso ayudarla, compañeros, enviándole dinero á aquellos bravos combatientes antes que la horda burguesa los aplaste. Ya lo hemos dicho: dinero y agitación. Se ha constituido un Comité en Buenos Aires con este objeto que tiene su sede en el local de la sociedad de “Conductores de Carros”.[109]

El esfuerzo que hicieron los editores de La Acción Obrera y la Confederación Obrera Regional Argentina por mantener informados a los trabajadores argentinos sobre la revolución mexicana y el exhorto solidario para con el Partido Liberal Mexicano fue importante en el contexto del ciclo represivo del Centenario, entre noviembre de 1909 y julio de 1911, donde se sucedieron varios estados de sitio y fueron clausurados la mayoría de los locales y semanarios obreros por el gobierno, incluida La Protesta. El sindicalismo revolucionario argentino fue el único capaz de mantener la voz y las reivindicaciones de los trabajadores en este periodo. Muchos de los anarquistas de la Federación Obrera Regional Argentina fueron deportados, encarcelados o se exiliaron en Montevideo.

Entre los meses de junio y julio de 1911 los editores de La Acción Obrera hicieron un resumen de los acontecimientos revolucionarios extraídos de los textos elaborados por Ricardo Flores Magón para Regeneración. El hilo conductor que agrupó los distintos textos fue el carácter expropiador con el que se condujeron distintos grupos armados en México entre los meses de abril y mayo; así como las denuncias contra el movimiento maderista que ahora combatía a los liberales.

Entre las notas destacó la carta que Ricardo Flores Magón envió a Emma Goldman el 13 de marzo de 1911 publicada en Mother Earth. La epístola solicitó a Goldman que utilizara su influencia en el público estadounidense para informarle del carácter expropiador de su lucha, debido a que el “público norteamericano no entiende ni puede ver el panorama de esta espantosa realidad porque está engañado por la voluntaria deformación que hacen aquellos que tienen en juego intereses económicos gigantescos, y que no evitan ningún esfuerzo para engañarlo”[110]

A diferencia de los grupos anarquistas, los sindicalistas revolucionarios mantuvieron su unidad interna en el difícil y complicado periodo represivo del Centenario, ello les permitió sostener la movilización obrera y una capacidad reflexiva sobre los acontecimientos en su país y los de la revolución mexicana. Esta última capacidad se expresó en una conferencia organizada por la Confederación Obrera Regional Argentina en su local de la avenida México 2070 el 22 junio de 1911,[111] el objetivo fue analizar y debatir sobre el Partido Liberal Mexicano y su participación en la Revolución Mexicana.

Entre los conferencistas se contó con la participación de Sebastián Marotta, teórico y uno de los líderes más representativos del sindicalismo revolucionario argentino, su discurso fue una reflexión sobre la naturaleza del Partido Liberal Mexicano, tema muy discutido entre sus contemporáneos y que aún hoy los historiadores debaten. Su posición fue simple, inteligente y acertada, dijo: “… El Partido Liberal Mexicano no es un partido político”, sí es “por experiencia, la organización accidental del proletariado en revolución”.[112]

Otro de los conferencista fue Luis Lotito, segundo secretario de la CORA, en su discurso exhortó a los presentes a brindar su solidaridad a los rebeldes mexicanos y llamó la atención sobre la posible “alianza burguesa” entre México y los Estados Unidos para combatir la revolución social,[113] por lo que se debería estar muy al tanto de los acontecimientos mexicanos.

En la primera semana de julio,  sobresalió una editorial publicada en La Acción Obrera, en ella se argumentó la importancia de difundir las acciones del PLM en Baja California, ante el silencio de la prensa argentina, que sólo públicó lo relativo a la llegada de Profirio Díaz a España y la ascensión de Francisco I. Madero como presidente provisional. Los editores de La Acción Obrera pugnaron porque todos los trabajadores organizados de la Argentina apoyasen la revolución social del PLM, y se comprometieron a informar y agitar a favor de la causa magonista:

“… pués nuestros denodados compañeros del Partido Liberal Mejicano han manifestado que continuaran hasta morir ó conquistar para todos los proletarios de Méjico el pan, la tierra y la libertad. Hermosa actitud la suya, que nos llena de admiración y respeto; por nuestra parte estamos decididos á agitar lo más que nos sea posible el adormecido ambiente obrero de la Argentina para que se les preste toda la solidaridad á que son merecedores por su bravura, por el grandioso ejemplo que dan al mundo obrero, por el triunfo de la causa sublime que los impulsa. Todo lo que calla la gran prensa, tan bien informada cuando quiere y le conviene, lo diremos nosotros”.[114]

En la última semana de julio y la tercera y cuarta de agosto, La Acción Obrera publicó tres textos que trasmitieron la idea de la revolución social magonista, dos de ellos escritos por Ricardo Flores Magón y un tercero firmado por Rosa Méndez. El primero fue una crítica de Magón a las negociaciones entre maderistas y porfiristas en Ciudad Juárez. Desde su concepción, los acuerdos significaban la segunda traición de Madero a la causa revolucionaria, debido a que el régimen continuaría intacto sin triunfo revolucionario. Por lo cuál hizo un llamado para continuar la revolución:

“Mexicanos, aun es tiempo de salvarnos todos. Conquistemos la libertad económica, que esa es la base de todas las libertades. Levantémonos como un solo hombre contra Díaz y contra Madero, representantes netos del capitalismo y del autoritarismo y no depongamos las armas, tengámoslas en nuestros puños hasta que el reinado de la igualdad social sea un hecho, esto es, hasta que hayamos acabado con el llamado derecho de propiedad individual.”[115]

El segundo artículo fue el breve texto “La revolución en Marcha” de la pelemista Rosa Méndez, basado en la información publicada en el diario Los Angeles Herald, donde se informó que los indígenas de Jalisco dieron un ultimátum a todos los propietarios para que desocuparan las tierras que les han arrebatado desde la conquista española hasta la actualidad, y que lo mismo hicieron los indígenas de Sonora, Baja California, Oaxaca, Veracruz, Guerrero, Yucatán y Quinta Roo. Méndez cerró su nota informando que los pelemistas en Coahuila, comandados por Emilio P. Campa, tomaron 11 pueblos, y en Chihuahua, dirigidos por Jesús Maria Rangel, se enfrentaron con éxito a las fuerzas maderistas.[116]

En el tercer artículo, “La revolución social en México”, Ricardo Flores Magón trató la situación revolucionaria en Yucatán, para ello citó las informaciones que dio el diario católico El País, editadoen la ciudad de México, con el objetivo de “que no se siga diciendo que la Revolución Económica solo existe en nuestra cabeza”.[117] El artículo trató los levantamientos, motines y deserciones de los jornaleros y campesinos que trabajaron en las haciendas henequeneras y que estuvieron amotinados, de acuerdo a la información de El País, por: “… las prédicas de ciertos declamadores que titulándose ‘libertarios’ o cosa parecida, como agentes magonistas, enardecen a los infelices jornaleros de campo con promesas de reparto de tierras, gobierno exclusivamente popular, etc., provocando múltiples conflictos que resultan perjudiciales para todos”.[118] En respuesta, los propietarios, organizados en la Cámara Agrícola del estado de Yucatán, propusieron “una EVOLUCIÓN, para lo cual se acordó como puntos salientes: establecer una unidad de precio para los trabajos agrícolas, fundación de escuelas rurales en todas las haciendas… la expedición de leyes adecuadas que normalizaran las relaciones del jornalero con el propietario para el desempeño del trabajo”, entre otras, sin embargo eso no detuvo las revueltas y los actos hostiles, que se generalizaron. Por lo que el autor del artículo citado de El País llegó a la siguiente conclusión: “No se ha querido, pues, la EVOLUCIÓN y se ha saltado á algo peor que una REVOLUCIÓN, porque esas por ahora pequeñas alteraciones más adelante degeneran por la idiosincrasia de los indios mayas, en algo de fatales consecuencias”.

Magón terminó su artículo con la siguiente sentencia: “¿Qué dirán ahora los que piden á los anarquistas, á los socialistas, á los unionistas y los trabajadores conscientes en general que no nos ayuden ni moral ni pecuniariamente? La calumnia se abre paso con facilidad, pero la elocuencia de los hechos es más fuerte que la calumnia… Por el artículo que copiamos quedarán convencidos los ‘incredulos’ de que el pueblo mexicano está apto para el comunismo. Los indios practican el comunismo”.[119]

La actividad militante de la Confederación Obrera Regional Argentina y de La Acción Obrera en pro del pelemismo fue conocida por los revolucionarios mexicanos, Rafael Romero Palacios escribió en Regeneración:

“La Acción Obrera”, de Buenos Aires, República Argentina, inicia su campaña a favor de los revolucionarios mexicanos, haciendo un resumen del movimiento hasta la fecha y reclamando solidaridad del proletariado argentino, manifestando: ‘que la solidaridad internacional de los trabajadores, dará por tierra con todas las tiranías’ ”.[120]

Por su parte Ricardo Flores Magón envió una carta al secretariado de la CORA, en respuesta a la enviada por ellos el 25 de junio. En la epístola, Magón agradeció su adhesión y solidaridad a la causa revolucionaria en México e hizo un resumen de los distintos movimientos expropiadores que se dieron en varios estados:

“Los levantamientos armados surgen día a día, así como huelgas de carácter revolucionario. En Yucatán, los compañeros destruyeron linderos y cercados y unen la tierra. En Coahuila y Durango los compañeros mineros expulsan a los explotadores y toman lo que han producido. En Sonora, nuestros hermanos indios yaquis pelean briosamente por tomar posesión de la tierra… en Jalisco los habitantes del norte del Lago de Chapala envían un ultimátum a los burgueses para que desalojen las haciendas que poseen. En Oaxaca poblaciones enteras se desbordan y se lanzan al campo a cultivar la tierra.

El despotismo armado trata de conformar a los trabajadores prometiéndoles estudiar la cuestión agraria, pero ya están hartos de promesas los desheredados y no se logrará calmarlos”.[121]

Magón solicitó en su carta la ampliación de los esfuerzos para enviar apoyo pecuniario, pues expresó que la falta de recursos hizo que distintos grupos que esperaban entrar a la contienda no lo lograsen a causa de la falta de armas, municiones y demás materiales de guerra.

A mitad de septiembre y ante la campaña de solidaridad desatada en La Acción Obrera, G. Bertuccini envió una carta a la redacción del semanario donde planteó la necesidad de la “formación de expediciones de voluntarios” hacia México, ante lo que llamó el internacionalismo de la burguesía que se ha expresado en varios momentos de la historia “particularmente frente a nosotros”. Sin dejar de pedir apoyo económico a los trabajadores que puedan darlo:

“¡A la obra compañeros! Enviémosles nuestro dinero para que adquieran armas y preparémonos á imitarlos para que, cuando llegue para nosotros esa oportunidad, sepamos dar también nuestra sangre y nuestra vida, ya que se trata de nuestra emancipación.

¡Viva la revolución social![122]

En noviembre de 1911, Manuel Barrera, otro de los principales líderes del sindicalismo revolucionario argentino, escribió el artículo “El Movimiento en México” publicado en La Acción Obrera y en Regeneración en enero de 1912. En este se puede visualizar el debate interno entre el Partido Socialista y el Sindicalismo Revolucionario en Argentina. Barrera expuso en su texto la oposición al trabajo parlamentario y reformista del Partido Socialista debido a que los socialistas sólo apuntalaron un “partido de una clase media que aspira á la clase dominante”, por lo que estarían imposibilitados a transformar la sociedad en beneficio de los objetivos populares de la clase trabajadora. Opuso al Partido Socialista el movimiento del sindicalismo revolucionario como el camino para la liberación de los trabajadores argentinos. Para Barrera, el sindicato es la única organización colectiva que unificaba la fuerza de los trabajadores a partir de objetivos comunes en su propio beneficio, en cambio el Partido Socialista es concebido como un instrumento de un núcleo reducido que sólo quiere acceder al poder estatal. En este sentido, Barrera asemejó a los revolucionarios mexicanos con el movimiento sindicalista revolucionario de su país, pues los primeros: “sin haber cursado las letras y filosofía y demás, exigen estrechas cuentas á sus tiranos. Hombres que quizá no saben tomar una pluma, y trazar en el papel su pensamiento hermoso, en cambio hacen hablar á sus brazos, y con ese lenguaje, el más elocuente de los conocidos, exigen á sus amos libertad”.[123]

El 25 de noviembre de 1911 los redactores de La Acción Obrera informaron sobre los problemas que tuvieron para recibir Regeneración, por ello explicaron que suspenderían las notas sobre la revolución mexicana a la espera del flujo del semanal revolucionario. A pesar de ello, indicaron que no se detendría la suscripción a Regeneración, incluso como una forma de conocer el semanal mexicano, en toda suscripción de La Acción Obrera sería obsequiado.[124]

El 3 de diciembre se publicó una carta de la Junta del Partido Liberal, firmada por Ricardo Flores Magón. En el texto, la junta agradeció las palabras de apoyo y solidaridad de los miembros de la CORA expresadas en su carta del 23 de agosto. Dieron cuenta que para la Junta era de suma importancia contar con estas expresiones que indicaban que no se encontraban solos y aislados, y agradecieron todo su trabajo por informar a los trabajadores argentinos sobre los acontecimientos revolucionarios en México:

“Vemos con simpatía vuestros esfuerzos por recaudar fondos y por llamar la atención de las masas desheredadas hacia la lucha de sus hermanos de Méjico. En Regeneración hemos citado vuestro simpático periódico, entre los que se ocupan en popularizar el movimiento y esperamos que para esta fecha, ya habréis notado que no los hemos olvidado”.[125]

Avisaron también a los editores de La Acción Obrera que todas las semanas enviaban “un buen paquete” de Regeneración y otros periódicos; el “libro de Turner”, no lo pudieron enviar por estar agotado, pero prometieron hacer un esfuerzo por enviarlo. Sobre los asuntos políticos, les comunicaron que todos los grupos, dentro del proceso revolucionario, estaban en su contra. Les informaron que los libertarios eran minoría, pero estaban haciendo todos los esfuerzos para continuar, pues su movimiento ganaba mucha influencia en distintos grupos populares que seguían el camino de la revolución expropiadora.

La epístola terminó enviando un agradecimiento de la Junta:

“Hermanos, agradecemos vuestros esfuerzos. Gracias, gracias por todo no dejéis de ayudaros. Todos los compañeros de la Junta os saludan cariñosamente. De mi parte, recibid un fuerte abrazo. ¡Viva Tierra y Libertad!”

Los editores de La Acción Obrera terminaron el año de 1911 insertando el artículo “El pueblo mexicano es apto para el comunismo”. En este, Ricardo Flores Magón expresó  que el proletariado mexicano no necesitaba “una sociedad de sabios” para resolver el problema del hambre, pues las tomas de tierras y el trabajo en común por parte del pueblo en los estados de Puebla, Morelos, Durango, Michoacán, Jalisco y Yucatán  así lo demostraban. Magón afirmó que no se necesitaron líderes, “amigos” de la clase trabajadora, leyes “sabias”, ni decretos paternalistas. Desde su percepción, veía en estos sucesos la práctica del apoyo mutuo, que los indígenas mexicanos practicaban con más oficio. Terminó su texto invitando a los trabajadores de las ciudades a sumarse a la expropiación:

“Se ve, pues, que el pueblo mexicano es apto para llegar al comunismo, porque lo ha practicado, al menos en parte, desde hace siglos, y eso explica por qué, aún cuando en su mayoría es analfabeto, comprende que mejor que tomar parte en farsas electorales para elevar verdugos, es preferible tomar posesión de la tierra, y la está tomando con grande escándalo de la ladrona burguesía.

Ahora sólo resta que el obrero tome posesión de la fábrica, del taller, de la mina, de la fundición, del ferrocarril, del barco, de todo, en una palabra; que no se reconozcan amos de ninguna clase y ese será el final del presente movimiento.

¡Adelante camaradas!”

Los sindicalistas revolucionarios fueron un actor importante para la difusión y recepción del magonismo en Argentina, principalmente en el periodo donde se silenció a la mayoría de la prensa obrera y crítica en el país sudamericano. Su trabajo significó la continuidad en la recepción del magonismo hasta el inicio de la primera guerra mundial, cuando el anarquismo, en todo el mundo, entró en una etapa de reflujo generalizado ante la represión por mantener y consolidar su postura antimilitarista; así como la división interna, tras el apoyo a los aliados de un sector importante del anarquismo, entre ellos Pedro Kropotkin y Jean Grave.



Notas:

[1] Profesor del Colegio de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México.

[2] “De México”, La Protesta, Buenos Aires, 1 de junio de 1908. p. 3 y “Desde México”, La Protesta, Buenos Aires, 30 de junio de 1908, p. 3.

[3] Jaime Vidal, et. Al., “A los Revolucionarios del Mundo”, La Protesta, Buenos Aires, 13 de julio de 1909. p. 3.

[4] Jaime Vidal, “Crónica Europea”, El Rebelde, Año III, no. 58, 17 de marzo de 1901. Buenos Aires, Argentina, p. 4.

[5] Juan Suriano, Auge y caída del anarquismo. Argentina 1880-1930, Op. Cit.

[6] Pablo Yankelevich, "Los magonistas en La Protesta. Lecturas rioplatenses del anarquismo en México, 1906-1929", Estudios de historia moderna y contemporánea de México, no. 19, IIH-UNAM, México, 1999, pp. 53-83.

[7] María Migueláñez Martínez, “1910 y el declive del anarquismo argentino ¿Hito histórico o hito historiográfico?”, 200 años de Iberoamérica (1810-2010), Congreso Internacional: Actas del XIV Encuentro de latinoamericanistas españoles, Santiago de Compostela, 15-18 de setiembre de 2010, Coord. por Eduardo Rey Tristán y Patricia Calvo González, 2010, pp. 446-450.

[8] Gabriela Coztanzo, Los indeseables: las leyes de residencia y defensa social, Editorial Madreselva, Buenos Aires, 2009, p. 41.

[9] Eugenio Martínez Núñez, La vida heroica de Práxedis G. Guerrero, INEHRM, México, 1960, p. 192.

[10] H. Grau, “Crónica Argentina”, Tierra y Libertad, Año VII, no. 36, 26 de octubre de 1910, Barcelona, pp. 2 y 3.

[11] H. Grau, “El Saludo de la Argentina, A la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano”, Regeneración, no. 48, IV época, sábado 20 de julio de 1911, Los Ángeles, California, p. 3.

[12] Ricardo Flores Magón, “Solidaridad, compañeros, Solidaridad”, La Protesta, XIV, no. 1907, Buenos Aires,  19 de septiembre de 1911, p. 3.

[13] C. Basave, “El aspecto agrario de la Revolución”, Ídem. La Protesta, XIV, no. 1907, Buenos Aires,  19 de septiembre de 1911, p. 4.

[14] “Comité Pro-revolucionarios de Méjico”, La Protesta, Ídem, p. 3.

[15] “La Revolución Mejicana”, La Protesta, año XV, no. 1920, 9 de enero de 1912, Buenos Aires, p. 3.

[16] “Revolución Mejicana”, La Protesta, año XIV, no. 1910, 1 de noviembre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 3.

[17] “La Revolución Mejicana”, La Protesta, año XV, no. 1920, 9 de enero de 1912, Buenos Aires, p. 3.

[18] “Revolución Mexicana”, La Protesta, año XIV, no. 1911, 7 noviembre de 1911, Buenos Aires, p. 3.

[19] “Revolución Mexicana”, Ibídem. Publicado originalmente en: Ricardo Flores Magón, “A Expropiar”, Regeneración,  no. 55, IV época, sábado 6 de septiembre de 1910, Los Ángeles, p. 2.

[20] “Revolución Mexicana”, La Protesta, año XIV, no. 1914, 28 de noviembre de 1911, p. 3.

[21] “Juan Creache”, La Protesta, año XIV, no. 1915, 6 de diciembre de 1911, p. 3.

[22] Ricardo Flores Magón, “España, Argentina y Cuba”, Regeneración, no. 72, IV época, sábado 13 de enero de 1912, Los Ángeles California, primera plana.

[23] “España y Argentina”, Regeneración, no. 75, IV época, sábado 3 de febrero de 1912, Los Ángeles California, primera plana.

[24] John Creaghe, “Excitativa. A los compañeros de la Argentina, Uruguay y de todo el mundo”, Regeneración, no. 74, IV época, sábado 27 de enero de 1912, Los Ángeles, California, primera plana

[25] Ibídem.

[26] “Federación Regional Argentina”, Regeneración, año XV, no. 76, sábado 10 de febrero de 1912, Los Ángeles, California, p. 3.

[27] John Creaghe, “A los compañeros de la Argentina”, Regeneración, no. 77, IV época, sábado 17 de febrero de 1912, Los Ángeles, California, primera plana.

[28] Federación Obrera Regional Argentina, “Al proletariado Argentino”, Regeneración, no. 90, IV época, sábado 18 de mayo de 1912, Los Ángeles, California, p. 3

[29] “Pro Mejicanos”, La Protesta, no. 1937, 22 de junio de 1912, Buenos Aires, p. 3.

[30] “El Comunismo en América. La revolución de México”, Ideas y Figuras, año IV, no. 75, 11 de julio de 1912, Buenos Aires, p. 2.

[31] Ídem.

[32] En clara referencia a las actividades de las agencias de investigación privada contratadas por los empresarios estadounidenses y el gobierno mexicano para vigilar y reprimir a los grupos revolucionarios en los Estados Unidos, entre las que se encontraban la Pinkerton National Detective Agency, Furlong Secret Service Company y Dougherty's Detective Bureau; así como a las actividades de los cónsules en los Estados Unidos como Arturo M. Elías, quien informó sobre las actividades insurreccionarías directamente al Secretario de Relaciones Exteriores de México.

[33] Para una revisión más profunda sobre el tema ver el artículo, Javier Gámez Chávez, “Yaquis y Magonistas, una alianza indígena y popular en la revolución mexicana”, Pacarina del Sur. Revista de Pensamiento Crítico Latinoamericano, no. 3, abril - mayo de 2010, México.

[34] Pierre Quiroule, “Sobre la ruta de la anarquía. Novela libertaria”, Regeneración, no. 99, IV época, sábado 20 de julio de 1912, Los Ángeles, California, p. 3.

[35] “Protesta”, Regeneración, no. 118, IV época, sábado 30 de noviembre de 1912, Los Ángeles, California, p. 3.

[36] “La Confederación Anarquista Argentina”, Regeneración, no. 118, IV época, sábado 30 de noviembre de 1912, Los Ángeles, California, p. 1 y 2.

[37] “Contra la tiranía argentina”, Regeneración, no. 120, IV época, Sábado 14 Diciembre de 1912, Los Ángeles, California, p. 2.

[38] “La manifestación en pro de nuestros hermanos de Argentina”, Regeneración, no. 123, IV época, sábado 11 de enero de 1913, Los Ángeles, California, p. 3.

[39] Emilio V. Lantolario, “A los revolucionarios”, Regeneración, no. 124, IV época, Sábado de 18 de enero de 1913. primera plana.

[40] “El Comité de Buenos Aires”, Ídem., p. 6.

[41] Paola Carmona Magón, “Desde México”, La Protesta, no. 1961, año XV, 15 de diciembre de 1912, Buenos Aires, Argentina, p. 2.

[42] Juan José López fue un importante organizador y constructor del anarquismo en Puerto Rico. Fue miembro del Grupo de Estudios Sociales de Caguas en San Juan de Puerto Rico.

[43] Juan José López, “La revolución mexicana”, La Protesta, no. 1962, año XV, 22 de diciembre de 1912, p. 3

[44] “Revolución mexicana”, La Protesta, año XVI, no. 1970, 16 de febrero de 1913, p. 2.

[45] “Revolución mexicana”, La Protesta, año XVI, no. 1971, 23 de febrero de 1913, p. 2.

[46] “Revolución mexicana”, La Protesta, año XVI, no. 1972, 02 de marzo de 1913, p. 2.

[47] Pedro D. Giribaldi, “La Revolución Social de México”, La Protesta, año XVI, no. 1973, 09 de marzo de 1913, p. 3.

[48] José Pujal, “Revolución mexicana”, La Protesta, año XVI, no. 1978, 13 de abril de 1913, p. 2

[49] Juan Francisco Moncaleano, “La Revolución Mexicana y el engaño de Regeneración”, La Protesta, año XVI, no. 1987, 01 junio de 1913, p. 2.

[50] Ibídem.

[51] Alsupra, “Sobre lo de Regeneración. Apreciaciones erróneas”, La Protesta, no. 1988, domingo 8 de junio de 1913, Buenos Aires, Argentina, p. 2.

[52] “Sobre lo de Regeneración y la revolución mejicana”, La Protesta, no. 1989, domingo 15 de junio de 1913, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[53] Ibídem.

[54] Los organizadores del Congreso Anarquista Internacional suspendieron la reunión debido al inicio de las confrontaciones de la Primera Guerra Mundial. De acuerdo a la orden del día se discutiría los temas referidos a la organización internacional de propaganda anarquista; sobre el movimiento obrero, el sindicalismo revolucionario, el antimilitarismo; y la presentación de los informes detallados sobre el movimiento anarquista de los distintos países que enviarían delegados. “Congreso Anarquista Internacional de Londres. Orden del día”, Tierra y Libertad, época IV, no. 216, 3 de junio de 1914. Barcelona, España, primera plana.

[55] Rodolfo González Pacheco, “Desde Méjico. La obra de un presidente modelo. Carranza, Zapata, Huertas”, ¡Tierra!, no. 526, año XII, 8 de noviembre de 1913, La Habana, Cuba, pp. 3-4.

[56] Ibídem.

[57] Luis G. Urbina, poeta y escritor mexicano, en su obra se vislumbra la transición del romanticismo al modernismo. En 1917 viajo a Buenos Aires para dictar el curso: “Literatura mexicana” en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Producto de las lecciones se publicó en ese mismo año en España la obra “La vida literaria en México”.

[58] Ibídem.

[59] Rodolfo González Pacheco, “Desde México. Atando cabos, políticos, indígenas, anarquistas. A ver!...”, ¡Tierra!, no. 520, año XII, 26 de septiembre de 1913, La Habana, Cuba, p. 2.

[60] Ibídem.

[61] Ibídem.

[62] Ibídem.

[63] Jacinto Huitrón, Orígenes e historia del movimiento obrero en México, Editores Mexicanos Unidos, México, 1976, p. 244. La carta esta incluida en esta obra, fechada el 18 de julio de 1914, puede ser un equivoco editorial o del propio autor, tendría que decir 18 de julio de 1913, González Pacheco estuvo en México entre los meses de junio a septiembre de 1913. De acuerdo a dos testimonios, González Pacheco estuvo en España en una gira de propaganda entre mayo y julio de 1914 tras enterarse de la suspensión del Congreso Anarquista Internacional en Londres. La primera noticia es la reseña de la conferencia de González Pacheco “Socialismo y anarquismo” en el Ateneo de Ferrol, la segunda noticia es la conferencia “Sindicalismo y anarquismo” en el Casino Republicano de la Coruña. “Acto de controversia en el Ferrol”, Tierra y Libertad, época IV, no. 221, 8 de julio de 1914, Barcelona, España. p. 2. y López Bouza, “Sindicalismo y anarquismo”, Tierra y Libertad, época IV, no. 223, 22 de julio de 1914, Barcelona, España, p. 2.

[64] Ibídem.

[65] Ibídem.

[66] Ibídem. p. 245

[67] “A los Anarquistas”, Regeneración, no. 192, época 4, 13 de junio de 1914. Los Ángeles, California. p. 6.

[68] Diego Abad de Santillán, “La Protesta”. Su historia, sus diversas fases y su importancia en el movimiento anarquista en América del Sur”, Certamen internacional de La Protesta, Editorial La Protesta, Buenos Aires Argentina, 1927, pp. 60-61.

[69] Louis Bonafoux, “La Situación de Méjico”, La Protesta, no. 2153, domingo 31 de enero de 1914, Buenos Aires,  Argentina, p. 3.

[70] Ricardo Flores Magón, “La revolución mexicana”, La Protesta,  no. 2201, jueves 2 de abril de 1914. Buenos Aires, Argentina, p. 2. Y Ricardo Flores Magón, “A los Carrancistas”, Regeneración, no. 175, sábado 7 de febrero de 1914, Los Ángeles, California, primera plana.

[71] Ricardo Flores Magón, “La Revolución Mexicana. Para los que dudan”, La Protesta, no. 2204, 5 de abril de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[72] Ibídem.

[73] Pierre Quiroule, “La revolución mexicana y la intervención”, La Protesta, no. 2222, 26 de abril de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[74] Ibídem.

[75] Ibídem.

[76]  Francisco Pineda Gómez, La revolución del sur. Historia de la guerra zapatista. 1912-1914, Ediciones Era, México, 2005, 501 pp; Francisco Pineda Gómez, “La guerra zapatista, 1911-1915”, En Historia de Morelos, tierra, gente, tiempos del sur, Horacio Crespo (Director), Navarro Editores, México, Tomo 7, 2009, pp. 157-200.

[77] Eduardo G. Gilimón. “La intervención en Méjico. El espíritu racista”, La Protesta, no. 2224, 29 de abril de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[78] Ibídem.

[79] Ricardo Flores Magón, “La revolución Social en Sonora”. Regeneración. Semanal revolucionario. 4ª época, no. 177. 21 de febrero de 1914. Los Ángeles, California, primera plana / Ricardo Flores Magón, “La bandera roja en Sonora”. Regeneración. Semanal revolucionario, 4ª época, no. 199, 22 de agosto de 1914. Los Ángeles, California, p. 2;  “La Voz del Yaqui”, Regeneración. Semanal revolucionario, 4ª época, no. 200, 12 de septiembre de 1914, Los Ángeles, California, primera plana.

[80] Eduardo G. Gilimón. “La intervención en Méjico. El espíritu racista”, Op. Cit.

[81] A. Men., “La revolución mejicana”, La Protesta, no. 2229, 6 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana

[82] Ibídem.

[83] Ibídem.

[84] Eduardo G. Gilimón, “La cuestión mejicana. Algunas aclaraciones”, La Protesta, no. 2230, 7 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[85] Ibídem.

[86] Ibídem.

[87] Libra Voluntas, “La cuestión mejicana”, La Protesta, no. 2231,8 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[88] Teodoro de Antillí, “El latinoamericanismo y la intervención en Méjico”, La Protesta, no. 2234, 12 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[89] Pierre Quiroule, “Sobre lo de Méjico. Punto Final”, La Protesta, no. 2236, 14 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[90] Ibídem.

[91] Fernand Ricard, “Méjico”, La Protesta, no. 2237, 15 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[92] Ibídem.

[93] Ibídem.

[94] Ibídem.

[95] Pierre Quiroule, “La discusión sobre Méjico”, La Protesta, no. 2238, 16 de mayo de 1914, Buenos Aires Argentina, primera plana.

[96] Ibídem.

[97] Ibídem.

[98] Teodoro de Antillí, “La discusión sobre Méjico. Dos solas palabras”, La Protesta, no. 2243, 22 de mayo de 1914, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[99] Federación Obrera Regional Argentina – Unión General de Trabajadores, “Trabajadores”, La Acción Socialista, año I, no. 11, 11 de enero de 1905, Buenos Aires, primera plana

[100] Daniel Kersffeld, Georges Sorel: apóstol de la violencia, Ediciones del Signo, Argentina, 2004, P. 97.

[101] “Confederación Obrera Regional Argentina”, La Acción Socialista, año V, no. 111, 12 de febrero de 1910, Buenos Aires, p. 4.

[102] MD, “La revolución en Méjico”, La Acción Obrera, año VI, no. 180, 20 de mayo de 1911, Buenos Aires, Argentina, P. 3.

[103] Ibídem.

[104] Ídem. El artículo original citado es: “Francisco I. Madero es una traidor a la causa de la Libertad” por Ricardo Flores Magón, Regeneración, no. 26, sábado 25 de febrero de 1911, Los Ángeles, California, primera plana.

[105] “Manifiesto a los Trabajadores de todo el Mundo”, La Acción Obrera, Año. VI, No. 181, 27 de mayo de 1911, Buenos Aires, Argentina, P. 3.

[106] “La Revolución en Méjico”, La Acción Obrera”, año VI, no. 182, 3 de junio de 1911, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[107] Agencia de noticias fundada en 1846 con el objetivo de acelerar las noticias de la guerra estadounidense contra México.

[108] “La guerra social en Méjico”, La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 184, 17 junio de 1911, Buenos Aires, Argentina, primera plana.

[109] Ibídem.

[110] Ricardo Flores Magón, “La guerra social en Méjico”, La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 185, 24 junio de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 2

[111] “Gran Conferencia en pro de los revolucionarios mejicanos del Partido Liberal”, La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 184, 17 junio de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 3.

[112] “Movimiento de solidaridad”, Regeneración, Semanal revolucionario, no. 52, IV época, sábado 20 de agosto de 1911, Los Ángeles, California, p. 3.

[113] Ibídem.

[114] “La insurrección proletaria en Méjico”. La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 187, 8 de julio de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 4

[115] “La insurrección proletaria en Méjico. La segunda traición del burgués Madero”. La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 190, 29 de julio de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 2 y 3; Ricardo Flores Magón, “El judas Madero”, Regeneración. Semanal Revolucionario, época IV, no. 36, 6 de mayo de 1911, Los Ángeles, California. p. 2.

[116] “La revolución en marcha”, La Acción Obrera. Año VI, no. 192, 12 agosto de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 2; Rosa Méndez, “La revolución marcha”, Regeneración. Semanal Revolucionario, época IV, no. 42, 16 de junio de 1911, Los Ángeles, California, primera plana.

[117] Ricardo Flores Magón, “La Revolución Social en Méjico”, La Acción. Obrera. Semanario sindicalista revolucionario. Año VI, no. 194. 26 agosto de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 3; Ricardo Flores Magón, La Revolución Social en México”, Regeneración. Semanal Revolucionario, época IV, no. 45, 8 de julio de 1911, Los Ángeles, California, p. 2.

[118] Ibídem.

[119] Ídem.

[120] Alfredo R. Palacios, “Notas de solidaridad”, Regeneración, Semanal revolucionario, no. 50, IV época, sábado 12 de agosto de 1911, Los Ángeles, California, p. 3.

[121] Ricardo Flores Magón, “La insurrección mexicana. La revolución es incontenible. Una carta del comp. Ricardo Flores Magón a la C.O.R.A.”, La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 200, 7 de octubre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 3.

[122] G. Bertuccini, “Por la revolución mexicana”, La Acción Obrera, Semanario sindicalista revolucionario, año VI, no. 197, 16 de septiembre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 2.

[123] Manuel Barrera, “El Movimiento en México”, La Acción Obrera, Semanal sindicalista revolucionario  VI, no. 205, 11 de noviembre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 4 y Regeneración, Semanal revolucionario, no. 73, IV época, sábado 20 de enero de 1912, Los Ángeles California, p. 3.

[124] “A los simpatizantes de la revolución mejicana”, La Acción Obrera, Semanal sindicalista revolucionario  VI, no. 207, 25 de noviembre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 4.

[125] Ricardo Flores Magón, “Una carta de la Junta Liberal”, La Acción Obrera, Semanal sindicalista revolucionario  VI, no. 208, 2 de diciembre de 1911, Buenos Aires, Argentina, p. 3.

 

Cómo citar este artículo:

GÁMEZ CHÁVEZ, Javier, (2015) “Las redes solidarias de los anarquistas y sindicalistas revolucionarios argentinos con el magonismo. Recepción y debate del Partido Liberal Mexicano en el Río de la Plata”, Pacarina del Sur [En línea], año 6, núm. 24, julio-septiembre, 2015. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Viernes, 21 de Junio de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1182&catid=5