Mujeres, obreros y universitarios: la interpelación anarquista en tiempos del peronismo. Argentina, 1946-1952

Women, men and university: anarchist questioning in times of Peronism. Argentina, 1946-1952

Mulheres, trabalhadores e universidade: questionamento anarquista em tempos de peronismo. Argentina, 1946-1952

María Eugenia Bordagaray[1]

RECIBIDO: 18-09-2015 APROBADO: 25-10-2015

 

Introducción

La historia del anarquismo en la Argentina remonta sus orígenes a las últimas dos décadas del Siglo XIX, momento en que aparecen las corrientes de pensamiento europeas que proponen una alternativa al sistema capitalista. Junto al socialismo, las ideas anarquistas serán motivadoras de las primeras formas de organización obrera y tendrán un fuerte protagonismo en las luchas contra la explotación en el mundo del trabajo. Pero también tendrán una influencia definitiva en los círculos culturales e intelectuales sostenidos por escritores, filósofos, docentes y ensayistas que adhieren a la causa ácrata. Sin duda, el paradigma de las ideas y de la organización anarquista es la Federación Obrera Regional de la Argentina (FORA), aunque sea significativa la multiplicidad de orientaciones que tuvo el anarquismo rioplatense. En general y para todas las corrientes libertarias, la apelación a la revuelta social y la propuesta de un “orden nuevo” (anti estatista y opuesto a las estructuras tradicionales de organización social y familiar) les valió rápidamente la persecución policial, la cárcel y la deportación hasta fines de la década de los veinte. Y el golpe militar contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen en 1930 pareció ser el momento exacto en que el anarquismo dio sus últimas batallas. Si bien el golpe militar implicará el desbaratamiento del anarquismo tal como se lo conocía hasta entonces, la creación de la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA) en el año 1935, representa un cambio en las estrategias organizativas del anarquismo en la Argentina. Aparecen allí posturas e ideas relacionadas con lo doctrinario que logran imponerse como hegemónicas en la coyuntura de los treinta. Éstas son aquellas voces que apuestan a ampliar el sujeto al que interpela el anarquismo. Ya no serán solamente el obrero o el pobre, sino que aspira a convertirse en portavoz tanto de aquellos como de intelectuales, profesionales, estudiantes, mujeres y todos quienes que se opongan a la tiranía y al fascismo. (Bordagaray, 2011). A partir de 1940, con posterioridad a la participación de muchos de sus militantes en España, en la FACA se iniciaron los debates en torno a los problemas de organización de cara a la coyuntura nacional. La caracterización del totalitarismo como fuerza hegemónica e inevitable teñirá todas las manifestaciones de la organización, desde los años de la guerra de España hasta bien entrados los cincuenta, permeando incluso sus análisis sobre el peronismo. (Bordagaray, 2014 b; López Trujillo, 2005). El golpe de estado de 1943 no sólo representará la materialización de estos temores. Según su interpretación, la crisis nacional y mundial es consecuencia de la crisis estructural del capitalismo y de las democracias burguesas. Por ello, un “cuartelazo” al estilo nazi-fascista como el del 4 de junio parecía ser la consecuencia esperada en el marco nacional.

El triunfo de Perón representó para la FACA la implantación definitiva del fascismo en el país, pero ya no como fenómeno aislado sostenido por un grupo de militares aduladores del clero —como habían evaluado al gobierno anterior—, sino con un fuerte anclaje y aprobación popular. Sobre este reconocimiento del anclaje popular del peronismo, los anarquistas pensarán la clave para las nuevas estrategias organizativas y los proyectos culturales. Con más ahínco, la militancia libertaria será en clave de propuestas culturales y políticas que tendrán como objetivo el llamamiento a amplios sectores de la población que no adhieren al peronismo, pero que tampoco se definen por una propuesta de izquierda. Reconstruir, parte de estos nuevos repertorios, es una publicación periódica cuyo primer ejemplar aparece en la primera quincena de junio de 1946. Se editan 90 números hasta junio de 1959, momento en el cual cambia de formato y se convierte en revista que se publica hasta marzo de 1976. Más allá de su heterodoxia en cuanto a la línea editorial, los temas presentados (actualidad en los sindicatos, conflictos obreros, las lecturas de los teóricos tradicionales del anarquismo que proponen desde sus páginas, entre otros), nos hace pensar en una continuidad implícita con las diferentes corrientes dentro del fascismo. A ello se le suma la participación de personalidades históricas tanto de la FACA como de otras ramas anarquistas, como colaboradores ocasionales o quienes sostienen el proyecto editorial. Podemos citar a Luis Dannussi, Jacobo Maguid, José Grunfeld, Rafael Grinfeld, Juan Lazarte, Diego Abad de Santillán, Carlos Bianchi, José María Lunazzi, como también a Herminia Brumana, Iris Pavón y Ana Piacenza entre las mujeres.[2]

 

Las mujeres en los repertorios discursivos y organizativos del anarquismo: maternidad y feminismo en clave libertaria.

La organización de las anarquistas durante la década del ‘30, fogueada al calor de acciones tales como la solidaridad con los presos políticos y de la lucha antifascista y gremial, fue quebrada durante el peronismo en una coyuntura que cambió dramáticamente el escenario político-social.[3] Así, las controversias internas acerca del rol de la mujer para el anarquismo en la transformación de la sociedad y las formas de integrarlas al movimiento o de organizarlas, se entrecruza con la llegada del peronismo como movimiento de masas. Frente al nuevo panorama planteado por el peronismo, las mujeres anarquistas intentaron dar continuidad a las formas organizacionales que habían animado en los 30, particularmente en algunos ámbitos locales donde ciertas animadoras resultaron figuras claves para esa organización. Así, puede comprenderse la formación, en 1946, de las agrupaciones mixtas llamadas Uniones Socialistas Libertarias (USL) impulsadas por Herminia Brumana y la de una agrupación exclusivamente de mujeres como la Unión de Mujeres Socialistas Libertarias (UMSL), de la mano de Ana Piacenza. Teniendo en cuenta las características del contexto de movilización política femenina durante el peronismo, las mujeres recobraron un papel crucial como sujetos revolucionarios para el anarquismo. En ese caso, resulta útil indagar cómo para el anarquismo fue necesario construir alocuciones contestatarias al discurso que modelaba el peronismo.

El anarquismo no tuvo matices en sus lecturas respecto de las políticas del peronismo que, en particular respecto de la maternidad, ocuparon buena parte de sus consideraciones durante el período. La ocasión para iniciar la crítica tuvo lugar, precisamente, durante el debate parlamentario acerca de la implantación de un sistema de preconscripción. Por este medio, el Estado asumía la educación de los niños a partir de los 12 años con el fin de formarlos con vistas a ingresar a las filas de los ejércitos del futuro.[4] La posibilidad de que el Estado lo aplicara fue considerada un indicador de la naturaleza totalitaria y fascista del gobierno peronista. Desde el periódico, se asumió que “las madres” que apoyaran esta medida o la aceptaran sin reparos serían aquellas engañadas por el aparato peronista, obnubiladas por la propaganda oficial. (Reconstruir, Nº 2, julio de 1946) Reconstruir generaliza y da por hecho el apoyo de “las madres” a esta medida. Pero a este apoyo, el medio libertario lo entiende como devenido del engaño ejercido por la propaganda estatal, que por medio de la manipulación y la demagogia coloca a las mujeres como: “(…) cómplices, sin saberlo, del futuro sacrificio de sus hijos (…)”. (Reconstruir, Nº 12, febrero de 1947:10)   Por otro lado, si bien las anarquistas admiten que el apoyo al peronismo se da entre las mujeres de las clases populares; apuestan a que ellas, por ser madres, se opondrán definitivamente a tal cuestión cuando conozcan los verdaderos intereses que se esconden tras los proyectos de preconscripción, “(…) admitirían de buena gana que sus hijos fueran material de experimentación del totalitarismo, si supieran que eso es en realidad lo que va a ocurrir”. (Reconstruir, Nº 12, febrero de 1947: 10 )

En esta línea, Iris Pavón plasma en Reconstruir sus opiniones con respecto al peronismo, la mujer y, fundamentalmente, la maternidad como eje para el cambio social. Denuncia la propaganda peronista y los métodos utilizados en relación con la educación y la infancia. Según Pavón, estos métodos coadyudaban a mantener a las mujeres en un lugar conservador y subsidiario, mientras que el Estado se hacía cargo de la educación de los “futuros soldados de la patria”. Según entendía, en el Primer Plan Quinquenal, por medio del control del tiempo libre, de las formas y los contenidos educativos y en la excesiva exhortación al entrenamiento físico de los jóvenes había un intento de militarización de los niños y los jóvenes. La peor consecuencia de esa práctica era que el objetivo sería precisamente la guerra y el mantenimiento del orden totalitario. (Reconstruir, Nº 2, junio de 1946: 11)

Resuenan en estas intervenciones los ecos de otro dilema que se planteó respecto del pacifismo y las formas de intervención del anarquismo, particularmente en la movilización femenina. (Manzoni, 2012) En el contexto del peronismo, esta tesitura continúa. La identificación del peronismo con un modelo de maternidad conservador y funcional al régimen es acompañada por propuestas acerca de cómo revertir esta situación denunciada. Así, para el anarquismo, la clave para el cambio también está en la maternidad. Pavón propone como estrategia de acción una gran “congregación de madres”, pues ellas representan el “corazón de la humanidad”. (Reconstruir, N° 21, octubre de 1947) Para Pavón, es función de las madres evitar que sus hijos formen los ejércitos de los estados belicistas. Para ello se necesitan madres lúcidas y decididas a sostener los ideales de la libertad. La clave sigue siendo el amor maternal, individual y universal, de cada madre por sus hijos y de todas las madres por los hijos de la humanidad. En resumen, para el proyecto anarquista de Pavón, la mujer formaría parte de la nueva sociedad asumiendo el papel de educadora de sus hijos, en su rol revolucionario como madre iluminada e iluminadora, y no a través de su propia participación en la cosa pública.

En relación a la ciudadanía política femenina, y en particular al voto de las mujeres, encontramos en este momento un punto de quiebre con respecto al rechazo que las anarquistas prodigaron a las feministas sufragistas. En efecto, en los primeros años del período peronista y en función de dar una respuesta al sufragismo que propiciaba el gobierno con Evita a la cabeza, esta postura parecería más ecléctica durante el peronismo y marcó diferencias entre feminismo y sufragismo, cuestión en la que las anarquistas de principios de siglo parecían no reparar en detalle. [5]

Herminia Brumana fue quien escribió la primera nota de opinión en Reconstruir cuyo tema central era el voto femenino. Para definir el sujeto femenino y revolucionario del anarquismo, confrontó con lo que consideró su antítesis: la noción de “ciudadanía” que proponía el peronismo al identificarla solamente en el voto de las mujeres (sin apelar a la participación). Brumana apoyaba la importancia del rol educador de las mujeres en detrimento del voto. Realiza una crítica al estado de inmadurez política en que se encontraban la mayoría de las mujeres argentinas. (Reconstruir, Año 1, N° 1, junio de 1946: 14) Señala allí la falta de conciencia crítica de las mujeres en su consecución por los derechos políticos. Brumana pone el foco en el problema de que la adquisición del status normativo en el sistema liberal democrático no garantizaba la verdadera conciencia de la ciudadanía. Este es un punto central para el anarquismo. La ley en sí misma no define la ciudadanía sino el compromiso y la participación. En el mismo artículo, la autora denuncia la condición de atraso e ignorancia en el que las mujeres se habían mantenido desde hacía siglos. Pero la crítica no fue hacia todas las mujeres, sino puntualmente a las de clase media o media alta y su ejercicio de la caridad –el que no era objeto de preocupación de las obreras o de las mujeres pobres.

Por lo descripto hasta aquí, es posible avisorar que el discurso anarquista en estos tiempos no fue unívoco con respecto a las mujeres. Otra de las propuestas anarquistas, frente a este sufragismo de tinte conservador, es actuar desde el “feminismo”. Si bien es novedad que el anarquismo diferencie al sufragismo del feminismo lo será aún más el apoyo de otra militante anarquista a la causa feminista. Ana Piacenza es una de las asiduas colaboradoras de las páginas de Reconstruir. En su primera aparición, propone un análisis acerca de la diferencia entre el sufragismo y el feminismo, y evidencia cómo se perfila ella como anarquista entre estas dos vertientes: “Cada vez que alguna mujer o alguna agrupación femenina agita la propaganda por los derechos políticos vuelve a plantearse el problema del feminismo(…) Sufragismo significa el ejercicio de la función electoral, la práctica del voto”. (Reconstruir, N° 2, junio de 1946:11) Piacenza menciona los elementos positivos del feminismo frente al reduccionismo que significa el sufragismo, particularmente este sufragismo peronista que lo utiliza de manera instrumental. La idea aquí es remarcar la particularidad del feminismo, diferenciándolo del sufragismo, que como idea y movimiento político, parecería tener una participación más esporádica y pragmática; en contraposición a la profundidad y trascendencia de aquel otro: “Feminismo es aquel amplio movimiento de opinión que abarca no solamente a mujeres, sino también a muchos hombres y cuyo fin es la emancipación total de la mujer. No comprende solamente los derechos políticos, sino y principalmente a los civiles, económicos, sociales y sexuales”. (Reconstruir, N° 2, junio de 1946:11)

Por otro lado resulta recurrente –en los artículos analizados– la denuncia de una relación estrecha entre la Iglesia, la educación eclesiástica, los sacerdotes y las monjas, con el mantenimiento de la sujeción de las mujeres en la ignorancia y el engaño, todo en un marco de legalidad y de democracia formal. (Reconstruir, N° 2, junio de 1946:11)

En relación a los repertorios organizacionales propuestos por el movimiento libertario, observamos que entre marzo y junio de 1946, se crean la Unión Socialista Libertaria (USL) de Rosario, la USL de La Plata, USL de Capital Federal, la USL de Santa Fe, la USL de Ramos Mejía, San fernando, Tigre y la USL de San Juán. A pesar de que se presenten como agrupaciones independientes y sin ninguna relación orgánica con la FACA, hemos comprobado que los miembros fundadores de las USL son históricos militantes faquistas: Ana Piacenza y José Grunfeld fundan la de Rosario, Herminia Brumana en la USL de Capital Federal, Jacobo Maguid, David Kraiselburd y José Lunnazzi en la de La Plata. El público era convocado a participar en actividades culturales como charlas u homenajes a artistas universales (como por ejemplo León Felipe en la USL de Capital Federal), salidas de “excursionistas” a lugares como San Fernando, Tigre o Punta Lara o a formar parte en la creación de experimentos teatrales y de educación alternativa en la USL. Al mismo tiempo, editaron numerosas obras políticas, poéticas y ensayísticas, que sostenían económicamente a la organización. La participación de las mujeres en estas organizaciones se limitó a aquellas que por su formación y trayectoria en el campo anarquista, estaban ligadas a los sectores intelectuales y organizativos. Estos son los casos de Herminia Brumana y de Lola Quiroga, quienes sostuvieron la USL de Capital Federal, junto a hombres como Diego Abad de Santillán, Manuel Martín Fernández. (Unión Socialista Libertaria, Folleto, Capital Federal, 1948) Así, en los múltiples actos que la organización realiza entre 1946 y 1951, las encontramos como oradoras y organizadoras de actividades. (“Memoria y Balance”, 1948; USL de Capital Federal; Reconstruir Nª 1, Nº 2, Nº 4).

Podemos inferir que la especificidad de la cuestión femenina no fue un lema que Herminia Brumana sostuviera dentro de esta organización. Sus intervenciones públicas se refieren a temas como el rol de la cultura en la sociedad argentina, la educación libre o los fundamentos del socialismo libertario. De este modo, así como Brumana propone desde Reconstruir la necesidad de comprender las dificultades de las mujeres para lograr el cambio social y sostiene un espacio en ese periódico escrito por mujeres y dirigido a las mujeres, mientras que en el nivel organizativo se opone a esa especificidad. Precisamente a esta estrategia es a la que apuesta Ana Piacenza con la creación de la Unión de Mujeres Socialistas libertarias de Rosario (UMSLR) en 1946. Agrupación exclusivamente formadas por mujeres, la UMSL posee una agenda particularmente centrada en los reclamos históricos de las mismas y, a su vez, reformulando los históricos postulados de las libertarias. La educación de la mujer, maternidad consciente y voluntaria, una ciudadanía radicalizada en el sentido libertario de participación y decisión, derechos diferenciados para mujeres trabajadoras: podemos observar una apelación diferente con respecto a la que hemos observado al analizar las incumbencias de las anarquistas con respecto al voto femenino. En este manifiesto, la UMSL apela al Estado para obtener derechos. (Reconstruir, N° 2, julio de 1946: 8)

En síntesis, una vez descriptos los modos de interpelación y las propuestas organizativas de y para las mujeres, podemos afirmar que las tensiones en los discursos y las apuestas de las anarquistas pueden relacionarse con el hecho de que el anarquismo intenta entrar en la arena política en que se disputa la hegemonía de los sentidos, sobre todo para lograr el acercamiento de las mujeres al anarquismo y, de forma paralela, para hacerlas desistir de sus decisiones pro peronistas influidas por el crecimiento de la propaganda oficial en pos del voto femenino. Sus alianzas tácitas con los sectores de la oposición lo llevarían a diferenciar el sufragismo y el feminismo a los que antes se había opuesto como si se hubiese tratado de conceptos unificados y que, ahora, el sufragismo no feminista del peronismo venía a complejizar.

 

Los obreros en los repertorios discursivos y organizativos del anarquismo: resistencia y organización sindical en clave libertaria

La aparición del peronismo en la escena política y sindical representó para el anarquismo la posibilidad y el desafío de elaborar discursos y estrategias políticas específicas sobre la cuestión obrera y esto adquirirá formas concretas en la redacción de su prensa. Un elemento que caracterizará las apreciaciones libertarias que veremos en Acción Libertaria y en Reconstruir, a partir de 1946, es la mención al peronismo cada vez que refieran al movimiento obrero. Como veremos, la aparición del mismo en la escena política y sindical presenta al anarquismo la posibilidad y el desafío de elaborar discursos y estrategias políticas concretas sobre la cuestión obrera.

Los trabajadores a los que apela el anarquismo, suponen el sujeto revolucionario que lleva adelante la lucha y lo caracterizan con ribetes heroicos: ese héroe que resiste a los embates y la persecución policial, o que permanece en la calle durante días para sostener el reclamo remite claramente al obrero, al masculino. (A.L., Nº 84, marzo de 1945) En cierto sentido, desmerecen los medios por los cuales el peronismo logra el triunfo sobre cuestiones caras de la izquierda, reclamando la autoría y la bandera histórica de esas luchas. Esta búsqueda de una genealogía en la que legitimarse implica también un perfil del sujeto interpelado.

El anarquismo realiza el llamado a los obreros en clave de “resistencia constructiva”, lo que implica firmeza frente a la estatización de sus sindicatos por medio del trabajo ideológico, doctrinario-moral y orgánico:

“Para reconstruir el movimiento obrero hace falta un largo y paciente trabajo de esclarecimiento y de creación militante, partiendo de la base más humilde. Hay que llevar, como hicieron nuestros precursores, el viento de las ideas al taller, a la fábrica, al sindicato obrero, por pequeño e incipiente que él sea. Las hábiles combinaciones burocráticas no dan más que victorias aparentes (…)” (Reconstruir, Nº 1, junio de 1946: 6)

De todas formas, reconocen que la adhesión obrera al peronismo no se da solamente por la coacción, sino por medios demagógicos como son los aumentos de sueldos, las mejoras en las condiciones laborales, pero fundamentalmente por medio de la corrupción de los dirigentes sindicales. (A. L., Nº 98, Mayo de 1947) Los colectivos libertarios no refieren la posibilidad de que la adhesión de los sectores populares al peronismo pueda tener un componente “emocional” o que escape a las acciones dirigidas por parte del Estado para cooptarlos. A partir de nuestras observaciones sobre la forma en que A. L. y Reconstruir conciben los conflictos, intuimos que para los anarquistas la huelga da cuenta de una oposición política al régimen. Esto indica que en la concepción anarquista las huelgas eran pensadas en correlación con una matriz político-ideológica y no solo como un reclamo sobre derechos.[6]

Según los libertarios, la disyuntiva para los obreros es clara: o cambian de conducta y se suman a la organización anarquista (el movimiento obrero se vuelve revolucionario dejando abandonadas las prácticas que lleva delante de la mano del sindicalismo oficialista) o el triunfo del capitalismo-fascismo es inexorable.

En relación a una serie de reclamos llevados adelante por el Sindicato Gráfico de La Plata (en el cual son mayoría los cuadros libertarios faquistas encabezados por Luis Danussi), la cuestión a resaltar es el ejemplo aleccionador que representan estas acciones y destacar cierta “naturaleza revolucionaria” como quintaesencia del obrerismo. (A.L. Nº 112, 1949) También, dan una cuota de confianza para que aquellas organizaciones obreras que se acercaron al peronismo puedan retomar el “buen camino”, el natural de la clase obrera. (A.L. Nº 112, 1949) En este momento, los “triunfos” de las luchas obreras en relación a reclamos puntuales frente al estado no son ajenos al colectivo libertario. Puntualmente, llamarán su atención las huelgas de los obreros panaderos de Capital Federal llevadas adelante entre fines de 1945 y mediados de 1946 y que darán por resultado el reconocimiento de la jornada de trabajo diurna. En este caso, se destaca la acción solidaria entre los sindicatos que ideológica y tácticamente están distanciadas (como los asociados a la Federación Obrera Regional de la Argentina y la Federación Obrera Nacional de la Industria del Pan) y cuyo fin es no solamente lograr mejoras en la vida de los trabajadores, sino también oponerse al régimen peronista. En estos casos, la mirada del anarquismo considera que los resultados obtenidos no dependen de la capacidad “negociadora” de los sindicatos o de la buena predisposición del Estado para resolver los conflictos y dar respuesta a las demandas, sino de la acción militante y solidaria de quienes llevan adelante el reclamo. (Reconstruir, Nº 4, agosto de 1946) El mismo mecanismo aparece cada vez que explican un conflicto obrero gremial: los obreros madereros, los plomeros y cloaquistas, los bancarios, los gráficos, los ferroviarios y los portuarios.

Las Uniones Obreras Locales (UOL), que comienzan a aparecer alrededor de 1940 en algunas ciudades, son impulsadas y sostenidas por los miembros de la FACA, tendrán el apoyo y sostendrán un trabajo mancomunado con las USL a partir de 1946.[7] Se trata de agrupaciones que reúnen a obreros y trabajadores de distintas actividades y ramas industriales, y que fundamentalmente en los años de nuestro estudio, se oponen a al enrolamiento sindical vinculado con el Estado, la CGT y los gremios afines al gobierno. La USL de La Plata propone que dentro de las UOL, es necesario realizar un trabajo no solamente sindical y relacionado con los reclamos obreros, sino también cultural en cuanto espacio de lectura, intercambio y formación política. LA UOL de La Plata, se compone al mismo tiempo de otras organizaciones locales. Por otro lado, el potencial del agenciamiento libertario en Mar del Plata residiría según Reconstruir, en la existencia de una gran cantidad de obreros agremiados, en donde si bien la mayoría no se encuentra ligado a ninguno de los sindicatos de orientación anarquista, las inquietudes que parecen movilizarlos indican la urgencia de la actuación de los libertarios en pos de llenar ese vacío organizativo. Este es uno entre varios ejemplos que presentan las publicaciones analizadas. El primer número de su publicación homónima data del año 1943.[8]

A partir de 1948, se percibe en la prensa libertaria que las mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores (consecuencia de la suba de salarios, nuevos regímenes laborales y reconocimiento por parte del Estado de sus derechos políticos y sociales) han ejercido –según la óptica del anarquismo- un efecto devastador para la agitación obrera, para la independencia sindical y para el movimiento libertario que pretende agitar a los trabajadores. Frente a este panorama, proponen adherir a aquellos sindicatos u organizaciones obreras que simplemente planteen la confrontación con el Estado. Interpretan la vuelta al trabajo de plomeros y cloaquistas (luego de una huelga que duró 50 días en la ciudad de Buenos Aires y que terminó con la negativa a los reclamos de mayores salarios por parte de la patronal y la intervención del gobierno a favor de esta última) como un “triunfo” del movimiento obrero. (A. L. Nº 137, agosto de 1952) De este modo, alcanzaría con enrolar a aquellos que simplemente plantean acciones puntuales, aunque sea de mínima resistencia, pero que planteen algún tipo de reclamo a la patronal o al estado. Y en este sentido entendemos la alianza que a partir de 1953 establecerá con la F.O.R.A. (A.L. Nº 138, febrero de 1953)

 

Los universitarios en los repertorios discursivos y organizativos del anarquismo: autonomía y laicismo en clave libertaria

El triunfo de Perón representó para la FACA la implantación definitiva del fascismo en el país, pero ya no como fenómeno aislado sostenido por un grupo de militares aduladores del clero –como habían evaluado al gobierno anterior-, sino con un fuerte anclaje y aprobación popular.[9] Sobre este reconocimiento del anclaje popular del peronismo, el colectivo libertario pensará la clave para las nuevas estrategias organizativas y los proyectos culturales. Son precisamente esos “otros ámbitos” en los que apreciamos los repertorios organizacionales, editoriales y de acción colectiva entre los libertarios.

La nueva Ley Universitaria (13031/47), aprobada y reglamentada en el año 1947, impide la participación de los estudiantes en los organismos de gobierno universitario. La batalla de los anarquistas, a favor de la autonomía, retomará precisamente la denuncia de esta expulsión. (A. L., Nº 115, 1947) Precisamente, porque las esperanzas del movimiento libertario está puesta en “los estudiantes” y las fuerzas juveniles como grupo históricamente revolucionarios. [10]

Durante el primer año de intervención a las universidades (ordenada por el saliente Farrell antes de entregarle la presidencia a Perón) las publicaciones analizadas dan cuenta del avasallamiento, por vías no democráticas, de la vida universitaria. Reconstruir no ve diferencias entre esta nueva intervención y las sucedidas a partir del año 1943. En relación a la Universidad del Litoral, el periódico establece una permanencia de los sectores católicos y nacionalistas incluso en el nuevo escenario. Estos mismos elementos “reaccionarios” son los que aparecen relacionados con el grupo de militares que lleva adelante el golpe de Estado del año 1943, hermanados con el nacionalismo católico. (Reconstruir, Nº 2, julio1946) En relación a la Universidad Nacional de La Plata, el panorama es similar. Según Reconstruir, al mismo atropello intervencionista, se le suma la creación de grupos estudiantiles que apoyan la acción de los interventores, es el caso de la Federación Universitaria Revolucionaria, proveniente de los sectores católicos juveniles. (Reconstruir, Nº 5, agosto de 1946) Según la Agrupación Estudiantil Anarquista (relacionada con la FORA y no directamente con las agrupaciones como FACA o las USL) el “Plan Figuerola” (es uno de los 28 proyectos de ley que componen el primer plan quinquenal) para la universidad tiene como fin convertirla en un feudo del presidente, en el que se prohíbe la opinión política, los decanos y rectores son electos por el presidente y los docentes pueden ser desplazados de sus cargos según criterio del decano, rector o del mismísimo presidente. Del mismo modo, según la agrupación mencionada, la obligatoriedad en la asistencia para los alumnos no hará más que limitar el acceso de aquellos jóvenes que no puedan dejar sus obligaciones laborales ni familiares con el fin de formarse limitando la institución a un espacio de formación para la oligarquía. (De Pie! Órgano de la Agrupación Estudiantil Anarquista. Noviembre de 1946) Se destaca aquí el modo en que prevalecen algunos reclamos históricos de la FORA como son la preponderancia del obrero como eje vertebrador de la lucha contra el capital y la opresión. Pero también resulta interesante la manera en que se alejan del “reformismo” en la universidad, en cuanto a que ello tampoco representan al pueblo obrero y no proponen ningún programa superador con respecto al de la universidad peronista.[11] Para ese colectivo estudiantil la Universidad tal como estaba antes, resultaba de todos modos un espacio que presentaba dificultades para el acceso de aquellos sectores provenientes del mundo de los trabajadores o sin relación con el mundillo universitario e intelectual. La crítica a la “nueva universidad” no incluye la problemática de clase, en cuanto a si la consideran aún un espacio exclusivo de la burguesía, puesto que según este artículo, sólo sería necesario para acceder a ella, una actitud pasiva y de adulación al nuevo gobierno.

Tanto desde Reconstruir como de Acción Libertaria, la crítica peronismo en relación al rol de la universidad y de los intelectuales no se establecerá partiendo de un debate sobre ideas o concepciones acerca de la cuestión, sino más bien en relación al proceso o los acontecimientos que se sucederán en las instituciones educativas universitarias. Sin embargo, en Revista Americana de Educación (RAE) hay lugar para el debate de ideas. (Bordagaray, 2013) Dirigida por Lunazzi, el director se nutre de una heteróclita y esporádica lista de colaboradores, que en muchos casos no comulgan con ideas libertarias pero si con las reformistas y anticlericales con respecto a la universidad y la educación en general. Aquí encontramos a Marta Samatán, santafesina referente del gremialismo docente y cercana al socialismo junto a Olga Cossettini, referente por su aporte a la pedagogía y la educación. Ligados específicamente al movimiento libertario, son numerosas las intervenciones de Rafael Grinfeld, representado en la revista como ejemplo de científico antifascista y militante de la ciencia por la paz y Floreal Ferrara, en estos tiempos estudiante de medicina en la UNLP y representado por Lunazzi como ejemplo de estudiante comprometido con la reforma y opositor al peronismo. Las notas que componen la Revista Americana de Educación se caracterizan por un análisis menos ligado a la coyuntura, a los sucesos diarios, pero igualmente abocados a la denuncia de las formas en que el peronismo en el estado concibe la educación. Fundamentalmente, acompañan las propuestas de agremiación docente y describen los puntos y manifiestos que han sido resueltos en las mismas. Relacionamos esta cantidad de páginas dedicadas a la agenda de las luchas docentes con el hecho de que Samatán y Cossettini tienen una activa participación en las organizaciones sindicales docentes a nivel local y continental.

Según las publicaciones citadas, otro modo de avasallamiento de la autonomía universitaria, y del sistema educativo en general, es la enseñanza religiosa y la injerencia de la Iglesia Católica. Reconstruir reserva un espacio privilegiado para la denuncia del rol de la Iglesia católica argentina en la educación y en el sistema político democrático. Según entienden, el apoyo eclesiástico a Perón fue fundamental para su triunfo en las elecciones presidenciales. A cambio, Perón habría entregado el sistema educativo a la Iglesia, incluso las universidades. (Reconstruir, Nº 5, 1946) Las denuncias hacia la implementación de la enseñanza religiosa se exacerbaron a partir de 1947, año en el cual se sanciona la ley.

Como ya lo hemos afirmado, desde la mirada de los anarquistas, el peronismo fue visto y homologado a los fascismos europeos y Perón fue identificado con las figuras de aquellos regímenes. La sanción de la obligatoriedad de la enseñanza religiosa, era para las/os libertarios, una de las tantas coincidencias que veían en el peronismo con los regímenes totalitarios europeos. En especial con el régimen franquista, que había dispuesto la enseñanza religiosa en las escuelas primarias en 1945. (Viñao, 2004) Para el anarquismo como para la mayoría de los grupos y partidos políticos opuestos al peronismo (de izquierda y de tendencia liberal), la lucha contra la ley se volvió bandera de la lucha anti- fascista.

En relación a las propuestas organizativas, el movimiento estudiantil, entre quienes encontramos grupos libertarios, será el ejemplo de lucha en primer lugar y de resistencia posteriormente, frente a la implementación de las nuevas políticas universitarias impulsadas por el peronismo. Pero no sólo eso. En un escenario en el que los sujetos que históricamente han perseguido los mismos ideales de la izquierda o al menos de la movilización en pro de la mejora en las condiciones de vida (léase clases obrera o sectores populares) se vuelcan masivamente hacia el peronismo, los colectivos libertarios toman como referentes a aquellos grupo/sujetos/actores que se mantienen al margen o en clara oposición al nuevo movimiento político, ahora con forma de Estado y la legitimidad de las urnas.

Las consideraciones de Reconstruir y Acción Libertaria con respecto al movimiento juvenil/ estudiantil pivoteará entre estas dos consideraciones: por un lado serán reconocidas y publicitadas las acciones llevadas a cabo por el movimiento estudiantil en ocasión de acompañar la “resistencia” de docentes universitarios y contra la reforma en los estatutos y planes de estudio. Por otro lado, la crítica a esas acciones que resuelven problemas en lo inmediato pero que carecen de un trasfondo ideológico que las guíe. (Reconstruir, Nº 7, septiembre de 1946) En relación a los científicos y docentes universitarios, es posible establecer una especie de “mapa” de organizaciones, juntas y agrupaciones profesionales que, identificadas por el periódico, dan cuenta de una acción organizada en grupos de afinidad profesional y que en muchos casos, puede llegar a ser también ideológica. (Reconstruir, agosto de 1946, N° 5) Son constantes las menciones a Rafael Grinfeld y su convocatoria a un Congreso Científico por la Paz Mundial. La apuesta es a una reunión de matemáticos, químicos, ingenieros, y otros profesionales, que puedan establecer acuerdos para la lucha contra la guerra cuyo máximo y peor exponente es la creación de la bomba atómica. Y son los hombres de ciencia, según Grinfeld, quienes deben dar el aporte fundamental para esa resistencia. El fin último es crear un organismo internacional de investigaciones científicas que impongan el deber de no colaborar con la creación de bombas atómicas en sus respectivos países. (R.A.E., 1946, N° 1) Otro ejemplo de agrupaciones científicas o profesionales lo da, según Reconstruir, la Junta de Sanidad en Rosario, seguramente fundada o impulsada por Juan Lazarte. El periódico denuncia de manera similar los sucesos en la universidad, la cesantía de 4 médicos de la ciudad por decreto municipal del entonces intendente Enrique Schmidt. (Reconstruir, Nº 7, septiembre de 1946)

En la generalidad, Lunazzi, Grinfeld y Lazarte con acciones concretas, y Reconstruir y Acción Libertaria como medio de publicitación de las acciones, proponen la organización sindical de las profesiones liberales para recuperar los espacios de los que han sido expulsados (como los médicos del sistema sanitario, los docentes del sistema educativo, los ingenieros, abogados, etc.) y reclama al “movimiento obrero” que haga suya la causa de la ciencia y el arte. Porque el advenimiento de una nueva sociedad no es posible sin un cambio cultural, el que lleva a científicos, artistas y profesionales como sus motores. (R.A.E, Nº 1, 1946) La apuesta no sólo se limita a la denuncia de una situación desfavorable para aquellos sectores expulsados de los organismos estatales por parte del peronismo, sino que también propone esa construcción paralela en conjunto, similar a lo que observamos anteriormente en los tiempos de participación pública en la universidad.

Por último, como hemos descripto en los apartados anteriores, la activación libertaria en las agrupaciones estudiantiles era presupuesta para quienes elaboraban el programa de las U.S.L. de 1946 y para el colectivo que editaba el periódico Reconstruir. Es decir, confiaban en que las acciones de protesta llevadas adelante por organizaciones como la F.U.A o la F.U.L.P derivarían inevitablemente en su embanderamiento por los principios libertarios. Percibían en estas acciones de protesta y de resistencia ante el avance del estado sobre la autonomía universitaria, un núcleo de acción antisistema. Encaminado por aquellos jóvenes con militancia anarquista concreta, se convertirían rápidamente en grupos afines al anarquismo.

 

Consideraciones finales

La apuesta del presente trabajo fue describir estrategias diferenciadas de acción y movilización por parte del colectivo anarquista, visibilizando los modos de enunciación a partir de sus publicaciones periódicas y profundizando en los debates que presenta al discurso hegemónico representado por el peronismo como Estado y como movimiento político.

La interpretación del peronismo como “totalitarismo” permite a los y las anarquistas de Reconstruir elaborar una idea común acerca de cuál es su función frente a tal escenario. Si bien no podemos generalizar, la trayectoria del anarquismo iniciada con el golpe militar de 1930, nos habla de una reorientación y diferenciación en relación con las ideas y acciones “tradicionales del anarquismo” comprendidas entre las primeras décadas del siglo. Precisamente, es el peronismo el que permite nuevamente la puesta en común y la regeneración del ideario libertario, aunque no sin contradicciones y oposiciones.

Si hay algún elemento que pueda relacionar las apuestas libertarias con las de las demás agrupaciones que actúan desde la oposición al peronismo, es que la crítica cultural y situada en los intentos del llamado amplio a sectores heterogéneos permitía una serie de sutilezas y licencias, que precisamente fueron utilizadas también por los intelectuales anarquistas en sus intervenciones en los proyectos editoriales que hemos analizado. Sin embargo, a diferencia de lo analizado en “la cuestión obrera” y “las mujeres”, en donde visibilizamos algunas críticas a otros espacios y/o partidos políticos no peronistas en el afán de disputar sujetos, los anarquistas apelan en el caso de los universitarios a identificarse con todo el arco opositor al peronismo que plantea la “resistencia cultural” frente al totalitarismo y el avasallamiento.

 

Notas:

[1] Universidad Nacional de Lanús, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[2] La reconstrucción biográfica de estos/estas actores ha sido abordada en profundidad en el marco de mi tesis doctoral (Bordagaray, 2014 a)

[3] Acerca de la participación de las mujeres en el anarquismo durante la década del 30, ver Bordagaray (2014 b)

[4] El debate público sobre la incorporación de jóvenes y adolescente en un sistema educativo orientado a formarlos en prácticas pre-militares, centradas en la educación física y los valores de la defensa nacional a través del servicio a la patria, se inicia luego de que la “preconscripción” es mencionada en las Leyes Nº 12911 y Nº 12913 de ratificación de los decretos-leyes del período comprendido entre 1943 y 1946, donde figura como artículo o inciso dentro de un artículo de los Decretos Nº 29.375/44 de la Ley Orgánica del Ejército y el art. 28.603/45 de la Ley Orgánica para el personal militar de aeronáutica. (Cucuzza y Acevedo, 1997)

[5] Según Martínez Prado (2012), la movilización contra la fórmula Perón/Quijano llegó a ser una de las más heterogéneas articulaciones que tuvo el sufragismo de este momento. Agrupaciones como la Federación de Mujeres Universitaria de la Argentina, la Unión de Mujeres Socialistas y la Secretaría Femenina de la Junta Coordinadora de la Unión Democrática apelaron a la memoria histórica para intervenir en el debate sobre el sufragio femenino, reconociendo las luchas feministas por la obtención de derechos y el sufragismo como movimiento que definitivamente instala la temática.

[6] Por ejemplo, en un artículo aparecido en A.L., “El ideario Anarquista señala el camino para la liberación” se traza una genealogía sobre los referentes teóricos históricos del anarquismo (Malatesta, Bakunin, Fabbri, etc.) poniendo énfasis en las citas que refieren a la organización federativa como propuesta positiva del anarco comunismo frente al totalitarismo. (A.L, Nº 98, mayo de 1947)

[7] Sobre el caso el anarquismo en la organización obrera de la industria pesquera para estos años, ver Nieto (2008)

[8] Sólo hemos hallado el número 14 del periódico, correspondiente al año 1946.

[9] Como bien lo ha analizado Fiorucci (2004), los círculos culturales e intelectuales (en su mayoría de izquierda pero también liberales), vieron el triunfo electoral de Juan Domingo Perón como el momento de la instauración del fascismo en Argentina.

[10] “Llamamos particularmente a las fuerzas juveniles para que se sitúen en este momento del mundo. Frente a nosotros todavía perdura un pasado de errores e ignominia: siglos de oscurantismo y de terreno imperio clerical (…); sirviendo (como en Argentina) a la persecución de la escuela laica y del pensamiento libre y al propio afianzamiento dictatorial”. (U.S.L. de Buenos Aires, 1946)

[11] “En tiempos no tan lejanos, las personas que deseaban consagrarse por vocación o cálculo de probabilidades, al profesorado universitario o secundario, debían reunir ciertas condiciones técnicas y, por lo general, para llegar a ser a la cátedra, ser convenientemente recomendadas por alguna figura influyente. Esa es la verdad, digan lo que quieran los defensores a ultranza de la universidad “tal como estaba antes. Pero al menos el recomendado quedaba libre posteriormente, de ataduras oficiales, pudiendo incluso, murmurar y militar políticamente en la oposición. Nadie lo tomaba del cuello para arrojarlo a la calle si opinaba distinto al señor Castillo, por ejemplo.” (De Pie! Órgano de la Agrupación Estudiantil Anarquista. Noviembre de 1946: 2)

 

Bibliografía

  • Bordagaray, María Eugenia (2011). “Anarquismo en la Argentina. Repertorios organizacionales y de acción colectiva en el movimiento libertario, 1935-1955”, en Repertorio Americano, Segunda Nueva Época, volumen 21, Costa Rica, octubre.
  • Bordagaray, María Eugenia (2012). “Anarquismo y movimiento universitario en Argentina, 1935-1950” Revista CS, Nº9. Universidad de Cali.
  • Bordagaray, María Eugenia (2014 a). Controversias libertarias: la interpelación anarquista en tiempos del peronismo. Tesis para optar por elGrado de Doctora en Historia. Disponible en http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/44269. Fecha de última consulta: 6 de junio de 2015
  • Bordagaray, María Eugenia (2014 b) “Luchas antifascistas y trayectorias generizadas en el movimiento libertario argentino (1936-1955)”, en Cuadernos de H Ideas, Nº 7. Disponible en http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/33083. Fecha de última consulta: 6 de junio de 2015
  • Cucuzza, H. R. y Acevedo, C. (1997). Estudios de historia de la educación durante el primer peronismo, 1943-1955. Editorial los libros del riel.
  • Fiorucci, Flavia (2004) “¿Aliados o enemigos? Los intelectuales en los gobiernos de Vargas y Perón”. Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Julio - Diciembre
  • López Trujillo, Fernando (2005). Vidas en Rojo y negro. Una historia del anarquismo en la Década Infame. La Plata, Letra Libre.
  • Manzoni, Gisela (2012) “Madres anarquistas, hijos revolucionarios. La maternidad como estrategia de intervención pública”, ponencia presentada en Congreso Latinoamericano de Historia de las Mujeres, San Juan, Argentina, 20 a 22 de septiembre.
  • Martínez Prado, Natalia (2012). “Mujeres de otra raza”: la irrupción del peronismo en el activismo femenino/feminista”, en Identidades, Núm. 3, Año 2 Diciembre.
  • Nieto, Agustín (2008). “Conflictividad obrera en el puerto de Mar del Plata: del anarquismo al peronismo. El Sindicato Obrero de la Industria del Pescado, 1942-1948”, Revista de Estudios Marítimos y Sociales, Nº 1, 35-44. 189.
  • Viñao, Antonio (2004). Escuela para todos: educación y modernidad en la España del siglo XX. Marcial Pons Historia, Madrid.

 

Cómo citar este artículo:

BORDAGARAY, María Eugenia, (2016) “Mujeres, obreros y universitarios: la interpelación anarquista en tiempos del peronismo. Argentina, 1946-1952”, Pacarina del Sur [En línea], año 7, núm. 26, enero-marzo, 2016. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Jueves, 18 de Abril de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1270&catid=5