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Pacarina del Sur
Historia

Tacubaya: historia, batalla de 1859 y origen del nombre

Tacubaya es uno de esos topónimos que la mayoría de los mexicanos ha escuchado sin saber por qué. Hoy es una estación de metro y un barrio de la alcaldía Miguel Hidalgo en la Ciudad de México; hace dos siglos era el pueblo estratégico desde el que se conspiró contra la Constitución de 1857; hace cinco siglos era un señorío nahua asentado al borde de la barranca. Cada capa de su historia explica el nombre, y el nombre explica el país.

El origen nahua del nombre

La etimología más aceptada por el Diccionario de la Lengua Náhuatl de Rémi Siméon y por Miguel León-Portilla deriva Tacubaya de Atlacuihuayan, formado por las raíces atlatl («lanzadera de dardos»), cui («tomar») y el sufijo locativo yan. El nombre significaría, aproximadamente, «lugar donde se toma la lanzadera» o «donde se fabrican atlatl». La interpretación apunta a la función original del sitio: un punto de armamento ritual para la cacería o la guerra.

Otra lectura, recogida por el cronista del siglo XVI Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, lo traduce como «lugar donde se bebe el agua», apoyándose en la presencia de los manantiales de La Rinconada y del acueducto colonial que abastecería después a la Ciudad de México. Ambas versiones son compatibles: Tacubaya fue a la vez fuente de agua y sitio estratégico antes de la llegada española.

Tacubaya en la época virreinal

Tras la conquista, Tacubaya quedó incluido en el Marquesado del Valle otorgado a Hernán Cortés. Los dominicos levantaron el convento de San Diego y la Candelaria (hoy iglesia de la Candelaria, en la plaza principal del barrio), que funcionó como centro evangelizador de los pueblos de indios de la zona. A lo largo del siglo XVII, la élite criolla de la Ciudad de México descubrió Tacubaya como lugar de descanso: su posición elevada sobre el valle, el clima más fresco y los manantiales la convirtieron en un suburbio de casas de campo.

Durante el siglo XVIII, Tacubaya albergó las quintas de recreo más lujosas del virreinato. El palacio del arzobispo de México —construido a partir de 1737 sobre el llamado Cerro del Ahuehuete— acabaría siendo uno de los inmuebles más codiciados de la República independiente. La caída del sistema virreinal no interrumpió esa vocación: Tacubaya siguió siendo, hasta bien entrado el siglo XX, el lugar donde las familias poderosas iban a respirar mejor que en la capital.

El Plan de Tacubaya (1841)

El primer gran episodio político del pueblo ocurrió el 28 de septiembre de 1841, cuando el general Antonio López de Santa Anna se alojó en la Casa Mata y proclamó el Plan de Tacubaya. El documento desconocía al presidente Anastasio Bustamante, disolvía el Congreso y convocaba a una nueva asamblea constituyente. Santa Anna se proclamó a sí mismo depositario del Poder Ejecutivo.

El Plan de Tacubaya tuvo éxito inmediato: Bustamante renunció, y México entró en una larga etapa de gobiernos santanistas. Para la historia política del siglo XIX, Tacubaya se convirtió desde entonces en sinónimo de golpe militar con fachada civil, un modelo que se repetiría hasta 1867.

La Batalla de Tacubaya, 11 de abril de 1859

Pero el episodio que hizo entrar a Tacubaya en la memoria nacional con mayúsculas fue la batalla librada el 11 de abril de 1859, en pleno fragor de la Guerra de Reforma. El ejército liberal, al mando del general Santos Degollado, intentó un asalto sorpresa sobre la Ciudad de México avanzando desde el poniente: pretendía tomar Chapultepec y, tras él, el Palacio Nacional ocupado por el presidente conservador Miguel Miramón.

La información, sin embargo, fue filtrada. Miramón dejó el gobierno en manos del arzobispo Antonio Pelagio Labastida y salió con el grueso del ejército a interceptar a Degollado. El choque se produjo en las laderas de Tacubaya. Los liberales, en inferioridad numérica y agotados por una marcha nocturna, fueron derrotados en pocas horas.

Lo que ocurrió después convirtió la batalla en matanza. Leonardo Márquez, subordinado de Miramón, recibió el pueblo con órdenes de tomar prisioneros. Las ejecutó por su cuenta: mandó fusilar sin juicio a los oficiales liberales capturados y, lo que cimentó la leyenda negra, a los médicos y estudiantes del Hospital de San Pedro y San Pablo que habían acudido a atender a los heridos de ambos bandos. Entre ellos estaba el joven médico y poeta Juan Díaz Covarrubias, de 22 años.

Los Mártires de Tacubaya

La reacción nacional fue inmediata y catastrófica para la causa conservadora. El presidente Juárez —refugiado en Veracruz— decretó luto nacional, y la prensa liberal bautizó a los civiles asesinados como los Mártires de Tacubaya. La palabra «tacubayazo» entró en el español mexicano como sinónimo de masacre a sangre fría.

Márquez sería desde entonces llamado por sus enemigos el «Tigre de Tacubaya». La designación no era retórica: dos años después, en 1861, el mismo general volvió a demostrar lo que era capaz de hacer con adversarios rendidos cuando ejecutó a Melchor Ocampo, a Santos Degollado y a Leandro Valle. El tacubayazo fue el ensayo general.

El monumento a los Mártires de Tacubaya, erigido en 1909 cerca de la estación del metro Tacubaya sobre Avenida Jalisco, sigue siendo uno de los pocos homenajes civiles del siglo XIX mexicano que mantienen vigencia simbólica. Cada 11 de abril se celebra allí una ceremonia cívica.

El tejido de Tacubaya hoy

Del pueblo colgado sobre la barranca queda poco. La urbanización acelerada del siglo XX devoró quintas, huertas y manantiales. En los años sesenta, la apertura del Viaducto Miguel Alemán y la construcción de la primera línea del Metro (estación Tacubaya, inaugurada en 1969) convirtieron al antiguo pueblo en uno de los nodos de transporte más caóticos del Valle de México: cada día transitan por ahí más de 400.000 personas.

Sobrevive, sin embargo, un corazón histórico. La Parroquia de la Candelaria mantiene el trazado original de su atrio dominico. La Casa Amarilla —alojamiento de embajadas y gobernantes durante todo el siglo XIX— sigue en pie sobre la calle de Parque Lira. Y el Archivo Histórico del Distrito Federal conserva los planos del Acueducto de Santa Fe que bajaban el agua desde Tacubaya hasta el centro de la ciudad virreinal.

En 2024, el gobierno capitalino declaró Zona de Patrimonio Histórico el polígono comprendido entre la Parroquia de la Candelaria, Parque Lira y el Monumento a los Mártires, protegiendo una treintena de inmuebles catalogados. Es un inicio. Tacubaya no es sólo un nudo del metro: es el lugar donde el México del atlatl, el del arzobispo y el del tigre se escribieron uno sobre otro, página tras página.

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