Fray Bartolomé de las Casas es el primer denunciante europeo del genocidio americano. Encomendero en La Española, conquistador en Cuba, renunciante de sus indios y de su hacienda a los cuarenta años, dominico, obispo de Chiapas, adversario vitalicio de los conquistadores en las cortes de Carlos V y Felipe II, autor de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552), texto fundacional de lo que el mundo anglosajón llamaría despectivamente «la leyenda negra». Murió a los 82 años en Madrid, y hoy las iglesias diocesanas de México lo reconocen como «Padre de los indios».
Sevilla y la conversión
Nació en Sevilla el 11 de noviembre de 1484 en una familia de comerciantes conversos. Su padre, Pedro de las Casas, viajó con Colón en el segundo viaje (1493) y regresó con un indio taíno que fue durante años compañero de juegos del joven Bartolomé. En 1502 padre e hijo zarparon juntos rumbo a La Española. Bartolomé tenía 18 años.
Durante los siguientes catorce años fue lo que el Imperio quería que fuera: encomendero en La Española, capellán militar en Cuba al lado de Pánfilo de Narváez, beneficiario de los repartimientos indígenas. En 1510 se ordenó sacerdote —primer sacerdote ordenado en las Indias—, en 1512 tenía su propia encomienda en Cuba.
La conversión de 1514
El 15 de agosto de 1514, preparando un sermón para el día de la Asunción en Sancti Spíritus, Las Casas leyó el Eclesiástico 34:21: «El que ofrece sacrificio del bien de los pobres es como el que degüella al hijo en presencia del padre.» Esa frase —según narra él mismo en la Historia de las Indias— lo conmovió íntimamente. Decidió renunciar a sus indios. El primer domingo de Adviento los liberó públicamente.
Fue el primer caso documentado de reparación voluntaria de un encomendero colonial, y fundó la posición ética que Las Casas defendería los siguientes cincuenta años.
Las cortes de Carlos V
Viajó a España en 1515 y entregó al rey Fernando, a Cisneros y después a Carlos V un programa de colonización pacífica basado en campesinos españoles trabajadores —no en encomenderos— y en la libre cristianización de los pueblos originarios. El programa fracasó varias veces; la ley Burgos-Valladolid de 1512-1513 fue reformada por las Leyes Nuevas de 1542 gracias a su presión.
Las Leyes Nuevas prohibían la esclavitud indígena, restringían las encomiendas y ordenaban la devolución de tierras. La reacción de los encomenderos peruanos fue la guerra de Gonzalo Pizarro; en México, rebelión contra el virrey Antonio de Mendoza. Carlos V tuvo que matizar las Leyes, pero la doctrina se mantuvo.
Obispo de Chiapas
En 1544 Las Casas fue ordenado obispo de Chiapa, en la actual México meridional. Tenía 60 años. Durante un año intentó aplicar en su diócesis las Leyes Nuevas: negó la absolución a los confesados que no liberaran a sus indios. Los encomenderos de Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas) se rebelaron. En 1546 tuvo que regresar a España y renunciar al obispado. La ciudad que lo rechazó lleva ahora su nombre.
La controversia de Valladolid (1550-1551)
En Valladolid, frente al Consejo de Indias, sostuvo durante un año el más famoso debate moral del siglo XVI: la Controversia de Valladolid. Su adversario, Juan Ginés de Sepúlveda, defendía la guerra justa contra los indígenas por su condición de «bárbaros»; Las Casas defendía la plena humanidad y capacidad racional de los pueblos originarios. El debate, filosóficamente, fue empate. Pero moralmente —y para la historia posterior— lo ganó Las Casas: fue la primera vez que un Estado europeo examinó jurídicamente la legitimidad misma de su imperio colonial.
La Brevísima relación
En 1552 publicó la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, texto polémico escrito para conmover a Felipe II. Describía con detalle las matanzas, las mutilaciones, la esclavización masiva y el despoblamiento. Fue traducido inmediatamente al holandés, al inglés, al francés, al alemán, al latín. Durante cuatro siglos ha sido el documento que definió en el mundo anglosajón la llamada «leyenda negra» del colonialismo español —paradójicamente usada por ingleses y holandeses para blanquear su propio colonialismo.
Los últimos años
Vivió sus últimos veinte años en el convento de San Gregorio de Valladolid. Cedió su biblioteca y su archivo a la orden dominicana. Dejó más de seis mil folios de manuscritos, la mayoría aún inéditos en su tiempo: la Historia de las Indias, la Apologética Historia Sumaria (estudio antropológico sistemático de las culturas americanas), los memoriales y las correspondencias.
Murió en Madrid el 18 de julio de 1566, a los 82 años. Sus restos están perdidos: se sabe que fue sepultado en el convento de Nuestra Señora de Atocha, que fue destruido en el siglo XIX.
La rehabilitación contemporánea
Durante cuatro siglos la historiografía oficial española lo trató con ambivalencia: gran moralista, pero exagerado, casi hereje. El Concilio Vaticano II (1962-1965) y la Teología de la Liberación latinoamericana lo redescubrieron como precursor de los derechos humanos. La Conferencia Episcopal Mexicana inició en 1999 su proceso de beatificación; está aún abierto.
En 2024, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador incluyó su nombre en la demanda pública de perdón al rey de España por la Conquista. Los descendientes del obispo pueden reclamarle muchas cosas —sus primeras propuestas proponían reemplazar la mano de obra indígena por esclavos africanos, error del que después se retractó— pero en una cosa la posteridad está de acuerdo: fue el primero. Los derechos humanos modernos tienen, en algún lugar profundo, un fraile dominico sevillano que un día de 1514 leyó al Eclesiástico y decidió que los indios no eran bestias.