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Pacarina del Sur
Caricatura Política

Historia de la caricatura política en América Latina: de la Independencia al siglo XXI

La caricatura política latinoamericana tiene exactamente dos siglos. Nació en 1827 con las primeras hojas sueltas publicadas en la Ciudad de México contra el primer imperio de Iturbide. Llegó a su madurez en el siglo XX con José Guadalupe Posada, Fontanarrosa, Quino y Rius. Sobrevive —transformada— en el meme digital contemporáneo. A lo largo de su recorrido, ha sido simultáneamente termómetro del ánimo popular, herramienta de oposición política y, en periodos oscuros, motivo de exilio y asesinato.

El nacimiento: hojas sueltas 1820-1850

La caricatura política del continente nace de la hoja suelta —impreso barato, de un pliego, que circulaba por manos— justo después de consumada la Independencia. En México, el primer caricaturista identificado fue José María Villasana, con hojas contra el Imperio de Iturbide (1822-1823). En Colombia, José María Espinosa dibujó en las gacetas bogotanas de los años treinta. En Argentina, el género se consolidó durante el rosismo (1829-1852), con caricaturas impresas en Montevideo por exiliados unitarios.

La temática común: la disputa monarquía-república, la figura del caudillo, la crítica al clero. Los dibujos eran técnicamente rudimentarios —litografía manual en hojas de bajo tiraje— pero su circulación era explosiva: una buena hoja podía tirar 2.000 ejemplares en una semana.

La época dorada: 1870-1930

La segunda mitad del siglo XIX trajo la prensa satírica semanal: periódicos de cuatro u ocho páginas, ilustrados, bajo precio, con línea editorial clara. En México, La Orquesta (1861), El Hijo del Ahuizote (1885), El Imparcial. En Argentina, El Mosquito (1863), Don Quijote (1884), Caras y Caretas (1898). En Chile, El Padre Padilla (1884), Topaze (1931, pero con raíces en los ochenta). En Cuba, Don Circunstancias (1878). En Colombia, El Rastaflaquero (1877).

El fenómeno mayor de la época fue José Guadalupe Posada (México, 1852-1913). Grabador de Aguascalientes radicado en la capital, trabajó para el taller de Antonio Vanegas Arroyo, editor de hojas sueltas populares. Posada produjo más de 20.000 grabados en su vida: calaveras satíricas, escenas del Porfiriato, de la Revolución, del inicio del siglo XX. Inventó la figura de La Catrina (1910) —la calavera elegante que se ha convertido en ícono mexicano— como crítica a la burguesía porfirista que imitaba modales europeos. Fue, paradójicamente, redescubierto sólo después de su muerte por los muralistas —Diego Rivera, José Clemente Orozco— que lo reivindicaron como primer artista auténticamente mexicano.

El medio siglo convulso: 1930-1973

Las dictaduras sudamericanas del siglo XX —la militar argentina (1976-1983), la chilena de Pinochet (1973-1990), la brasileña (1964-1985), la uruguaya (1973-1985)— pusieron a los caricaturistas en situación límite. Hermenegildo Sabat (Uruguay-Argentina), Quino (Argentina), Fontanarrosa (Argentina), Guillo Bastías (Chile) y tantos otros trabajaron bajo presión censoria continua. Mafalda —tira de Quino iniciada en 1964 y terminada en 1973— se convirtió en el código secreto de una generación.

En Brasil, Henfil y Ziraldo fundaron el semanario Pasquim (1969), que durante toda la dictadura fue el ejercicio de caricatura política más ingenioso del continente. Varios de sus dibujantes fueron presos o exiliados.

La transición democrática: 1983-2000

Con el retorno democrático, la caricatura latinoamericana vivió una época de consolidación. Eduardo del Río «Rius» (México) publicó durante toda su carrera una serie de libros ilustrados —Marx para principiantes, Cristo de carne y hueso— que vendieron millones de ejemplares en toda América Latina. Rep (Miguel Repiso) en Argentina, Paloma Valdivia en Chile, Calarcá en Colombia, consolidaron el género.

La peculiaridad de esta época: los grandes diarios —Clarín, La Nación, El País de Montevideo, Reforma de México, El Tiempo de Bogotá— consolidaron sus páginas de opinión donde un caricaturista tenía espacio fijo diario. Era el momento de mayor autoridad del género.

La era del meme: 2010-2026

El siglo XXI trajo la digitalización de la caricatura. Twitter, Instagram, TikTok produjeron una nueva generación que no firma en el diario sino en redes. Caricaturistas como Nani (Argentina), Ely Varela «Ely Vilhena» (Brasil), Paulmo (Chile), Chumel Torres (México, mitad comediante mitad caricaturista) alcanzan hoy audiencias que los diarios nunca tuvieron. Pero el poder editorial del caricaturista clásico —ocupar una página del principal periódico— se ha diluido.

El meme político digital —tan ubicuo en las campañas electorales latinoamericanas de 2018, 2022 y 2024— es a la vez heredero y liquidador de la caricatura clásica: mantiene la sátira visual pero pierde el oficio del dibujo, el trazo reconocible, la línea editorial estable.

Los caricaturistas asesinados

No ha sido oficio inofensivo. La lista de caricaturistas latinoamericanos asesinados o desaparecidos durante las dictaduras es larga: Héctor Germán Oesterheld (Argentina, guionista de El Eternauta, desaparecido en 1977), Javier Darío Restrepo (Colombia, amenazado durante la guerra civil), José Couso (España, caricaturista de El Mundo, muerto en Irak 2003). En México, durante la llamada «guerra contra el narco» (2007-2022), al menos siete caricaturistas de periódicos regionales fueron asesinados por cártel o por autoridades corruptas que los veían como amenaza.

Un oficio que persiste

Dos siglos después de las primeras hojas sueltas contra Iturbide, el caricaturista sigue ocupando su rol funcional: traducir visualmente el diagnóstico político de su época. Los instrumentos han cambiado —del grabado a la tableta digital, de la hoja suelta al tweet viral—, pero la función es la misma: condensar en una imagen única lo que el artículo de opinión desarrolla en tres mil palabras. Y en América Latina, donde la palabra escrita compite con el oído popular por la hegemonía narrativa, la caricatura conserva hoy más poder que en cualquier otra región del mundo.

Para explorar ejemplos concretos de los grandes caricaturistas del continente, ver nuestra lista de los 20 caricaturistas latinoamericanos más influyentes.

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