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Pacarina del Sur
Antonio Nariño: precursor de la independencia
Figura Histórica

Antonio Nariño: precursor de la independencia

9 de abril de 1765, Santafé de Bogotá — 13 de diciembre de 1823, Villa de Leyva

Colombia Independencia Traductor de los Derechos del Hombre, precursor de la independencia

“El impresor de Bogotá que tradujo los Derechos del Hombre y pagó con veinte años de prisión”

Antonio Nariño es el precursor intelectual de la independencia neogranadina. En 1794 tradujo al castellano y publicó en su propia imprenta los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa. Por ese acto —consumado en un cuarto cerrado con candado con hoja y tipografía tomadas de la imprenta del propio virreinato— pagó veinte años entre cárceles y exilios. Liberado en 1821, Bolívar lo eligió su vicepresidente; murió dos años más tarde.

El librero ilustrado

Nació el 9 de abril de 1765 en una familia criolla acomodada. Tesorero de Diezmos desde los 19, comerciante, alcalde de Bogotá en 1789, Nariño era uno de los pocos hombres del virreinato con biblioteca personal relevante: más de 6.000 volúmenes, incluyendo obras prohibidas por la Inquisición (Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Raynal). Su casa se convirtió en salón de discusión ilustrada donde la juventud criolla leía en voz alta textos revolucionarios.

La traducción clandestina

En diciembre de 1793 Nariño tomó en préstamo del virrey Ezpeleta un folleto publicado en París: la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen de 1789. La tradujo en una noche. Al día siguiente la imprimió en su imprenta particular en una tirada de apenas cien ejemplares. Los distribuyó entre amigos de confianza.

Un delator —probablemente su cuñado Francisco Carrasco, con quien mantenía una disputa de herencia— informó al virrey. La casa fue allanada el 29 de agosto de 1794. La imprenta fue confiscada. Nariño fue apresado.

El juicio se extendió durante dos años. La acusación: sedición, impresión de doctrinas contrarias a la Iglesia y al Rey. La defensa, escrita por el mismo Nariño desde la celda, es una de las piezas jurídicas más brillantes del período colonial. Perdió: fue condenado a diez años de prisión en Cádiz, pérdida de bienes y confinamiento perpetuo en África tras cumplir la pena.

Las fugas

Nariño protagonizó durante los siguientes 25 años una serie de fugas, exilios y regresos que lo convirtieron en leyenda viva. Escapó desde Cádiz en 1796 vía París y Londres. Volvió a Bogotá disfrazado en 1797 —fue reconocido y reapresado—. Escapó de nuevo en 1803. Fue recluido en el convento de San Francisco, en los calabozos de Cartagena y en la prisión de la Carraca en Cádiz, donde permaneció desde 1814 hasta 1820 en condiciones extremas.

Durante todo ese tiempo, su caso se convirtió en causa célebre del liberalismo criollo. El pleito que él personalmente mantuvo con fiscales coloniales —donde cita a Beccaria, Locke y Filangieri— se enseña todavía en las facultades de Derecho de Colombia.

La Gran Colombia

Liberado en 1820 por la amnistía del Trienio Liberal español, Nariño volvió a América. Bolívar lo recibió en Carúpano en marzo de 1821 con los honores debidos al «primer precursor». Fue elegido vicepresidente interino de Cundinamarca y después senador vitalicio por la constitución de Cúcuta.

Pero su salud, quebrada por seis años de prisión en la Carraca, no le permitió sostener el cargo. Murió en Villa de Leyva el 13 de diciembre de 1823, a los 58 años. Dejó una frase final que los colombianos repiten: «He amado a mi patria: cuánto ha sido ese amor lo dirá la Historia».

La memoria desplazada

Durante el siglo XIX la figura de Nariño fue eclipsada por la de Bolívar. El redescubrimiento vino con la historiografía del siglo XX: Germán Arciniegas (El caballero de El Dorado, 1942) y Alfonso Palacio Rudas rehabilitaron su rol como ideólogo antes que militar del proceso emancipador. Su efigie figura hoy en el billete de 2.000 pesos anterior, en el departamento de Nariño que limita con Ecuador, y en el Día del Idioma Español que se conmemora anualmente en Bogotá en el colegio que lleva su nombre.

El traductor que tradujo cien ejemplares y pagó veinte años: la matemática del riesgo intelectual en la América de fines del siglo XVIII.

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