En el vasto diccionario de la patología médica, pocos términos han caído en tal desuso clínico y, simultáneamente, han ganado tanta vigencia metafórica como la oligofrenia. Si bien la psiquiatría moderna ha abandonado esta etiqueta por considerarla peyorativa e imprecisa, la psicología política encuentra en ella una herramienta conceptual fascinante para diagnosticar un mal endémico en las estructuras de gobierno: la incapacidad funcional de las élites para comprender y procesar la realidad social.
Este ensayo no busca estigmatizar la discapacidad intelectual, sino apropiarse del término etimológico para diseccionar un fenómeno que asola a América Latina: la gestión pública caracterizada por una “poca mente” (o mente pequeña) para resolver problemas complejos.
Oligofrenia: Definición y Etimología de un Término Obsoleto
Para comprender la metáfora, primero debemos abordar la oligofrenia definición en su sentido estricto e histórico. El término proviene del griego oligos (poco, pequeño) y phren (mente, inteligencia). Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, fue la categoría médica utilizada para describir lo que hoy conocemos como discapacidad intelectual o trastornos del desarrollo intelectual.
Clásicamente, la oligofrenia se subdividía en tres grados, términos que hoy sobreviven solo como insultos pero que tuvieron validez científica:
- Idiocia: El grado más profundo, caracterizado por una desconexión casi total con el entorno y falta de lenguaje.
- Imbecilidad: Un grado medio, con cierta capacidad de comunicación pero incapacidad para la abstracción.
- Debilidad mental: El grado más leve, donde el individuo podía realizar tareas rutinarias pero carecía de juicio crítico complejo.
La medicina descartó estos términos por su carga estigmatizante. Sin embargo, al trasladar estos conceptos de la clínica al palacio de gobierno, la clasificación cobra un nuevo y aterrador sentido.
La Oligofrenia Institucional: Cuando el Estado No Piensa
Desde la perspectiva de la psicología política, la oligofrenia no se refiere al coeficiente intelectual de un mandatario individual, sino a la incapacidad cognitiva de una institución o administración para adaptarse, empatizar y prever consecuencias. Es una patología del poder.
¿Cómo se manifiesta la oligofrenia en el poder?
1. La Incompetencia como Estrategia de Supervivencia
A menudo, las estructuras burocráticas y los partidos políticos en crisis promueven a individuos mediocres (la “kakistocracia”, o el gobierno de los peores). Un líder brillante puede ser una amenaza para el status quo; un líder con limitaciones cognitivas o morales es manipulable. Así, la “mente pequeña” se convierte en un requisito para el ascenso político.
2. La Negación de la Realidad (El Síndrome de la Torre de Marfil)
Al igual que en la definición clínica antigua donde el sujeto tenía dificultades para conectar con el entorno, el “oligofrenico político” vive desconectado de la ciudadanía. Gobierna para una realidad estadística que solo existe en sus informes, ignorando el hambre, la inseguridad o el descontento real. No es que no vea la crisis; es que carece de las herramientas intelectuales y emocionales para procesarla.
Crisis en América Latina: Corrupción e Ignorancia
La historia reciente de América Latina ofrece un catálogo doloroso de esta condición. La corrupción, a menudo analizada solo como un problema moral o delictivo, es también una forma de oligofrenia.
El corrupto opera bajo una lógica de “mente pequeña”: sacrifica el bienestar colectivo a largo plazo (del cual él también se beneficiaría indirectamente) por un beneficio individual inmediato. Es una incapacidad para el pensamiento abstracto y sistémico. Saquear un hospital público durante una pandemia, por ejemplo, denota una falta de previsión suicida que va más allá de la maldad; roza la estupidez funcional.
“La verdadera tragedia no es que el poder corrompa, sino que el poder a menudo atrae a quienes carecen de la complejidad mental para ejercerlo con responsabilidad.”
El Efecto Dunning-Kruger en el Liderazgo
La psicología moderna aporta otro concepto clave para este análisis: el efecto Dunning-Kruger. Este sesgo cognitivo explica por qué las personas con baja habilidad en una tarea sobrestiman su capacidad. En política, esto se traduce en líderes que, ignorantes de su propia ignorancia, toman decisiones catastróficas con una confianza inquebrantable.
En el contexto latinoamericano, el caudillismo y el populismo a menudo se alimentan de esta dinámica. El líder ofrece soluciones simplistas (propias de un pensamiento poco complejo) a problemas estructurales profundos. La ciudadanía, agotada por la complejidad, a menudo compra esta “oligofrenia discursiva” porque es fácil de digerir, aunque las consecuencias sean nefastas.
Conclusión: Hacia una Ciudadanía Crítica
Diagnosticar la oligofrenia en el poder no es un insulto, es una necesidad cívica. Reconocer que la incompetencia y la falta de visión son tan destructivas como la malicia deliberada nos obliga a repensar cómo seleccionamos a nuestros líderes.
Superar esta patología política requiere una ciudadanía que exija no solo honestidad, sino capacidad intelectual, preparación técnica y, sobre todo, la empatía necesaria para comprender que el Estado es un organismo complejo que no puede ser dirigido por mentes pequeñas.
