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Pacarina del Sur
Mitos y Leyendas

El Sombrerón: el galán nocturno

En Guatemala y en ciertas zonas del centro de Chile, hay un mito que combina seducción, música y pánico: el Sombrerón. Aparece como un hombre pequeño, elegantemente vestido de charro, con un sombrero tan grande que le cubre los ojos. Lleva una pequeña guitarra y canta con voz irresistible a las muchachas jóvenes. Las enamora. Les trenza el cabello. Las deja sin apetito, sin sueño, y finalmente enfermas. Es el mito centroamericano del encantador anónimo cuya presencia marca para siempre a quien la recibe.

El origen mesoamericano

La leyenda aparece por primera vez documentada en Tradiciones de Guatemala de José Batres Montúfar (1849) y se consolida en la obra del Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que le dedica uno de los cuentos de Leyendas de Guatemala (1930). Asturias identifica tres orígenes posibles: un diablo menor castigado a vagar seduciendo doncellas, el espíritu burlón de un trovador colonial muerto en duelo, o un nahual indígena —el alma animal personal— de un cacique maya convertido en seductor eterno tras la conquista.

En Chile, la figura migra hacia el norte chileno y el valle central con las migraciones laborales del siglo XIX. Allí se conoce también como El Tue-tue o El Negrito del Poncho Colorado, con variantes menores.

Descripción canónica

El Sombrerón mide menos de 1.50 metros. Viste pantalón negro ajustado, camisa blanca con moña, chaleco de botones plateados, botines lustrados. Lleva un sombrero enorme —del tamaño de una rueda de carreta— que le cae sobre la frente hasta oscurecerle completamente los ojos. Monta un caballo mínimo, también negro, o un burro blanco. Toca una pequeña guitarra de nogal y canta en español mezclado con palabras quichés. Sólo se aparece a muchachas de ojos grandes y cabello largo; los cabellos son su fetiche.

La trenza

El rasgo más específico del encantamiento es la trenza. Si la muchacha seducida sale a verlo una noche, el Sombrerón le trenza el cabello —y simultáneamente trenza las crines de los caballos del patio—. Si la familia descubre esa noche las dos trenzas idénticas, es la señal inequívoca de la visita. La cura única es cortarle el cabello a la muchacha: sin cabellera, el Sombrerón pierde interés.

Asturias y la modernidad literaria

El cuento de Asturias —»La Leyenda del Sombrerón»— convirtió la figura en símbolo literario de las Leyendas de Guatemala, libro clave del surrealismo latinoamericano. Fue precisamente al leer ese libro que André Breton y Paul Valéry se interesaron por la literatura centroamericana. En 1967 Asturias recibió el Nobel de Literatura; la figura del Sombrerón quedó desde entonces como emblema de la narrativa mágica guatemalteca.

El Sombrerón hoy

En Antigua Guatemala, el Día del Sombrerón se celebra el segundo sábado de noviembre: representaciones callejeras, una pequeña banda de cuerdas que toca «el corrido del Sombrerón» compuesto en los años veinte, y un concurso de mejor sombrero enorme. En el pueblo chileno de Llay-Llay —zona donde la leyenda migró— los niños todavía evitan los patios nocturnos del 2 de noviembre, el día de la víspera de Todos los Difuntos. La figura sobrevive porque cumple una función dramática: en un continente donde la música y la seducción se mezclan, el Sombrerón es la advertencia sobre los trovadores que llegan de la oscuridad y no vuelven a irse.

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