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Pacarina del Sur
Mitos y Leyendas

La Siguanaba: la belleza traicionera

La Siguanaba es la figura femenina fundadora del miedo centroamericano nocturno. En El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua —donde se la conoce también como Cihuanaba, del náhuatl cihuatl + naualli (mujer bruja)— aparece como una mujer hermosa de largos cabellos oscuros bañándose en los ríos. Se muestra de espaldas a los hombres que pasan tarde por el camino, los seduce con la voz, y cuando se acercan —vuelve la cara. Lo que se ve entonces no es humano.

El fondo pipil-nahua

La leyenda tiene raíces precolombinas. Los pipiles —grupo nahua que emigró desde el centro de México al actual El Salvador entre los siglos VIII y X— veneraban a una diosa femenina del agua, Tlazolteotl, cuya cara podía ser hermosa o terrible según el ángulo y las acciones del observador. Con la evangelización cristiana del siglo XVI, la figura fue recodificada como una aparición demoníaca que castigaba a los hombres adúlteros o borrachos. El fondo indígena quedó incorporado al mito católico colonial.

La historiadora salvadoreña Claudia Lars, en Leyendas salvadoreñas (1953), sostuvo que la Siguanaba es «la memoria genética del agua sagrada pipil convertida en advertencia moral ibérica».

Descripción canónica

Aparece de noche, entre las 10 pm y las 3 am, en los ríos, manantiales o lavaderos de la zona rural. Viste una falda larga blanca o un huipil tradicional, tiene el cabello larguísimo —hasta las rodillas— y se ve inicialmente hermosa. Su rasgo distintivo: siempre está de espaldas, peinándose o lavándose el cabello. Llama al hombre que pasa con una voz suave y femenina. Si el hombre se acerca, ella espera hasta que esté muy cerca y entonces vuelve la cara: revela un rostro equino —en algunas versiones, con cráneo de caballo; en otras, con rostro descompuesto y dientes de yegua—. El hombre cae desmayado, huye enloquecido o enferma con la ira de la Siguanaba durante semanas.

La cura

La tradición oral recoge varios remedios: morder la empuñadura del machete, rezar tres avemarías, pensar fuertemente en la esposa legítima. Las versiones más católicas exigen buscar inmediatamente a un sacerdote para la confesión; las versiones indígenas piden visitar al curandero para un baño de hierbas específicas durante nueve noches consecutivas.

La Siguanaba y la hija

Una rama del mito añade un detalle perturbador: la Siguanaba tiene un hijo, el Cipitío, niño panzón de la misma maldición que la acompaña. El Cipitío tira piedras a los matrimonios felices y persigue a las muchachas jóvenes ofreciendo pimientos o mangos verdes. Madre e hijo forman la pareja espectral más conocida de Centroamérica.

La Siguanaba en la cultura

El ensayista salvadoreño Salarrué incluye a la Siguanaba en sus Cuentos de cipotes (1961). En El Salvador es símbolo nacional: aparece en estampillas, monedas conmemorativas, videojuegos locales. En 2005 la productora salvadoreña Ordet Distribuciones rodó La Leyenda de la Siguanaba, primer largometraje animado centroamericano en alcanzar distribución internacional. En 2018 el Ministerio de Cultura salvadoreño declaró a la Siguanaba «Patrimonio cultural inmaterial de El Salvador».

En los pueblos rurales centroamericanos —Suchitoto, San Vicente, San Pedro Sula— los hombres aún vuelven del cantina antes de la medianoche. La Siguanaba, cuatro siglos después, sigue sin perder su cabello.

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