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Pacarina del Sur
Francisco de Paula Santander: el Hombre de las Leyes
Figura Histórica

Francisco de Paula Santander: el Hombre de las Leyes

2 de abril de 1792, Cúcuta — 6 de mayo de 1840, Bogotá

Colombia Independencia Vicepresidente de la Gran Colombia, presidente de Nueva Granada

“El abogado-general que organizó legalmente la república que Bolívar acababa de liberar”

Francisco de Paula Santander es el institucionalista de la independencia colombiana. Abogado graduado en San Bartolomé, general de veinte años en Boyacá, vicepresidente de la Gran Colombia mientras Bolívar libraba campañas en el sur, presidente de la Nueva Granada tras la disolución grancolombiana. Su apodo —«el Hombre de las Leyes»— define su proyecto: convertir la victoria militar en república constitucional.

Rosario de Cúcuta

Nació el 2 de abril de 1792 en la villa de Rosario de Cúcuta, en una familia criolla de mediana fortuna. Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Santa Fe de Bogotá, donde a los 17 años ya era bachiller en Filosofía y comenzaba Derecho. Lo sorprendió la Revolución del 20 de julio de 1810. Se enroló en las tropas patriotas y nunca volvería a los estudios.

Campañas contra Morillo

Durante la Patria Boba combatió bajo Antonio Nariño y después, tras la Reconquista española de Pablo Morillo (1816), se replegó a los Llanos con las tropas de Páez. Allí se curtió como oficial de caballería y llegó a general de brigada a los 25 años.

Cuando Bolívar llegó a los Llanos a fines de 1818, Santander fue el oficial que organizó la vanguardia de la campaña libertadora. En la batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), dirigió la división que atacó por el puente. Bolívar lo nombró al día siguiente vicepresidente de Nueva Granada.

La Gran Colombia

En el Congreso de Cúcuta (1821), que unió Venezuela y Nueva Granada en la República de Colombia (la «Gran Colombia»), Santander fue electo vicepresidente. Bolívar, presidente titular, pasaría los siguientes años en el sur liberando Ecuador, Perú y el Alto Perú; quien gobernaba de hecho la república era Santander.

Durante los seis años en el cargo (1821-1827) fundó la Universidad Nacional, la Biblioteca Nacional, la Escuela de Minas, el Código Civil basado en el napoleónico, el primer sistema tributario estable, la moneda única, el primer censo nacional (1825). Convirtió la constitución de Cúcuta en administración real. Escribía a Bolívar todos los meses con lo que se llamaba «el partizano del riego de la ley», su pragmatismo jurídico obsesivo.

La ruptura con Bolívar

Bolívar, cada vez más preocupado por la fragmentación, se convenció hacia 1826 de que la Gran Colombia necesitaba mayor autoridad central —dictadura constitucional, en sus términos—. Santander se opuso desde la legalidad: constituyente primero, reformas después. La ruptura política fue irreversible.

Tras el atentado contra Bolívar del 25 de septiembre de 1828 —del que lo salvó Manuela Sáenz—, Santander fue juzgado por presunta complicidad. Condenado a muerte y conmutado a destierro, partió a Europa vía Estados Unidos.

La Nueva Granada

Muerto Bolívar (diciembre 1830), disuelta la Gran Colombia (1831), la convención de Nueva Granada llamó a Santander para que volviera. Regresó en 1832 y asumió la presidencia entre 1832 y 1837. Este segundo gobierno es el que verdaderamente institucionalizó el país: firmó el tratado con la Santa Sede, organizó la deuda externa, impulsó la educación primaria laica, modernizó el ejército.

Murió en Bogotá el 6 de mayo de 1840 de una enfermedad pulmonar, a los 48 años. El Congreso decretó duelo nacional de treinta días.

El legado jurídico

La confrontación con Bolívar ha marcado la historiografía. Para los bolivarianos, Santander es el legalista pequeñoburgués que saboteó el proyecto continental. Para los liberales colombianos es el fundador institucional, el hombre que entendió que ninguna independencia sobrevive sin ley.

Su nombre está en el departamento de Santander, en decenas de escuelas, en la universidad de Bucaramanga y en el billete de 2.000 pesos colombianos. El 6 de mayo es día cívico nacional. Su frase —«Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad»— la repiten todavía los jueces colombianos en la apertura de cada año judicial.

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