Antonio José de Sucre es el militar puro de la independencia hispanoamericana. A los 29 años, el 9 de diciembre de 1824, venció en Ayacucho al último ejército realista de América y firmó la capitulación que terminó tres siglos de dominio español en el continente. Cinco años después, en plena gloria, fue asesinado en la serranía de Berruecos. Bolívar, al recibir la noticia, escribió: «Han asesinado a mi Abel«. Era —y lo sabía todo el mundo— el sucesor natural que la Gran Colombia nunca iba a tener.
Cumaná
Nació el 3 de febrero de 1795 en Cumaná, la actual Venezuela. Hijo del coronel Vicente de Sucre y de María Manuela de Alcalá. Educado en la Escuela de Ingenieros Militares de Caracas —era capitán de ingenieros a los quince años— combatió desde 1810 en las campañas patrióticas. Sobrevivió a la Primera y la Segunda República, combatió bajo Miranda, bajo Mariño y bajo Bolívar.
Pichincha, 1822
A los 27 años, en mayo de 1822, Sucre recibió de Bolívar el mando de la campaña libertadora del sur. El 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, sobre Quito, venció al ejército realista de Melchor Aymerich. La victoria liberó la actual Ecuador e incorporó la Real Audiencia de Quito a la Gran Colombia.
La entrada en Quito fue un episodio memorable: la cuencana Manuela Sáenz le entregó desde un balcón una corona de laurel que Sucre, sin detener la marcha, alcanzó y guardó. Días después Manuela abandonaría a su marido inglés para seguir a Bolívar. Pichincha, en los libros oficiales, es la batalla «de la Bandera Tricolor».
La campaña peruana
En 1823, Bolívar le encargó la reorganización del ejército patriota peruano, desarticulado tras el retiro de San Martín. Sucre pasó meses reconstruyendo una fuerza disciplinada. El 6 de agosto de 1824 venció en Junín —batalla famosa por haberse dado a sable sin un solo disparo de fusil— bajo el mando nominal de Bolívar; cuatro meses después, el 9 de diciembre de 1824, en la pampa de Ayacucho, dirigió por sí mismo la batalla final.
Ayacucho
Ayacucho fue victoria táctica y simbólica. El ejército patriota, de 5.780 hombres, estaba en inferioridad numérica frente a los 9.310 realistas del virrey José de la Serna. Sucre desplegó una maniobra envolvente que en menos de una hora quebró el centro del ejército español. El propio virrey fue capturado herido en el campo. La capitulación, firmada por Sucre y el general Canterac, terminó de un plumazo el dominio español en Sudamérica.
Bolívar, al recibir el parte, lo ascendió a Gran Mariscal de Ayacucho —título inédito— y le envió el sable de oro reservado al vencedor definitivo de España.
La presidencia de Bolivia
Del Alto Perú —liberado en las batallas de Ayacucho y Tumusla— surgió en 1825 la nueva República de Bolivia, así bautizada en honor al Libertador. Sucre fue electo su primer presidente constitucional (1826-1828) y gobernó con rigor republicano poco frecuente: estableció el registro civil, el censo (1826, el primero en Hispanoamérica), la contribución progresiva y la escuela primaria laica.
En 1828, tras un motín militar y una agresión en que fue herido en el brazo derecho —que quedó parcialmente inutilizado para siempre—, renunció y volvió a la Gran Colombia.
La guerra con el Perú y el retiro
En 1829 dirigió la campaña que rechazó la invasión peruana de Tarqui contra Ecuador. Pero la Gran Colombia se desintegraba, y Sucre —a quien Bolívar había designado en secreto como su presumible sucesor en la presidencia— pretendía retirarse a Quito donde vivían su esposa Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, y su hija pequeña Teresita.
Berruecos
El 4 de junio de 1830, viajando de Bogotá a Quito, fue asesinado en la montaña de Berruecos, en la actual Nariño colombiana. Cuatro disparos, emboscada. Los autores intelectuales nunca fueron probados; la historiografía mayoritaria señala al general venezolano José María Obando, rival político. Tenía 35 años.
Bolívar recibió la noticia en Cartagena. Su carta a Manuela Sáenz es una de las cartas políticas más dolidas del idioma: «Una bala cruel, dirigida por el genio maligno que preside los destinos de Colombia, ha terminado la existencia del virtuoso y querido Sucre… Santo Dios, lo ha amortajado el mismo paño que lo había visto victorioso. La sangre del Abel de América no puede caer sobre los crímenes de Caín».
El Mariscal
Sus restos reposan desde 1832 en la Catedral de Quito. Capital de Bolivia se llama Sucre desde 1839. El estado venezolano donde nació se llama Sucre. La máxima condecoración militar de Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia lleva su nombre. Sobre la pared del aula magna de la Universidad de Quito —donde él estudió— está grabada la frase que resume su biografía más exactamente que cualquier mármol: «Los vencedores tenemos el deber de ser justos».


