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Pacarina del Sur
Francisco de Miranda: el Precursor
Figura Histórica

Francisco de Miranda: el Precursor

28 de marzo de 1750, Caracas — 14 de julio de 1816, Cádiz

Venezuela Independencia Precursor de la independencia hispanoamericana

“El general que combatió en cuatro revoluciones y murió en una mazmorra española”

Francisco de Miranda es el primer proyectista continental de la independencia hispanoamericana. Oficial del ejército español en África y en la Guerra de Independencia estadounidense, mariscal de campo de la Revolución Francesa, amigo de Catalina la Grande y de William Pitt, diseñó durante treinta años el plan para la emancipación de un continente que él llamó «Colombia». Murió a los 66 años en una mazmorra de Cádiz, traicionado por sus propios compatriotas.

El oficial del Imperio

Nació el 28 de marzo de 1750 en Caracas, hijo del comerciante canario Sebastián de Mirandas y de Francisca Antonia Rodríguez de Espinosa. La familia era mantuana venida a menos. En 1771 se trasladó a Madrid, compró un cargo de capitán de regimiento y pasó la siguiente década en las fortalezas españolas de África: Melilla, Orán, Ceuta.

En 1780 combatió en Pensacola contra los ingleses como oficial español durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. En los meses que siguieron trabó amistad con George Washington, Thomas Paine y Alexander Hamilton. La experiencia cambió su vida: vio funcionar una república en forma, y entendió que era posible.

El viaje universal

Desertó del ejército español en 1783. Durante once años viajó por Europa: Estados Unidos, Inglaterra, Prusia, Rusia (donde Catalina la Grande lo recibió y le ofreció un grado), Suecia, Italia, Grecia, Turquía. En sus Diarios —36 volúmenes preservados en la Academia Nacional de la Historia de Caracas— describe todo: monumentos, mujeres, libros, comidas, mercados.

En 1790 se estableció en Londres y presentó al primer ministro William Pitt su Plan para la Emancipación de la América Española: independencia de las colonias hispanoamericanas bajo protección naval británica. Pitt no lo aprobó, pero tampoco lo rechazó. Lo dejó en reserva estratégica durante veinte años.

La Revolución Francesa

En 1792, al estallar la guerra entre Francia y las potencias europeas, Miranda aceptó el mando de la Armée du Nord. Fue ascendido a mariscal de campo y combatió con distinción en Valmy y Jemmapes. Tras la derrota de Neerwinden (1793) fue juzgado, absuelto, y juzgado nuevamente por el Comité de Salud Pública. Salvó la cabeza por diferencia de unos pocos votos. Su nombre está inscrito en el Arco del Triunfo de París.

La expedición de 1806

En 1806, con apoyo discreto de Estados Unidos y Gran Bretaña, Miranda organizó en Nueva York la primera expedición libertadora a Venezuela. El buque Leander, con 200 voluntarios —entre ellos el joven futuro almirante Bolívar— partió de Jacmel (Haití) en marzo. Izaron en alta mar, por primera vez, la bandera amarilla-azul-roja que después sería la venezolana.

Los desembarcos en Ocumare y en La Vela de Coro fracasaron. La población criolla local, temerosa del discurso republicano y de las represalias españolas, no respondió. Miranda volvió a Londres.

La Primera República y la entrega

Cuando estalló la Revolución del 19 de abril de 1810, Miranda volvió finalmente a su patria, acompañado por el joven Bolívar que lo había ido a buscar a Londres. El 5 de julio de 1811 el Congreso votó la Declaración de Independencia y Miranda fue nombrado generalísimo de los ejércitos.

El terremoto de Caracas del 26 de marzo de 1812 —que la iglesia colonial interpretó como castigo divino a la república— debilitó la moral patriota. La campaña realista de Monteverde avanzó. En julio de 1812, Miranda firmó en San Mateo una capitulación con los españoles para salvar vidas civiles.

Un grupo de oficiales —entre ellos Bolívar— consideró la capitulación una traición y lo entregaron a los españoles en el puerto de La Guaira el 31 de julio de 1812. Fue uno de los actos más controvertidos de la historia bolivariana.

Cádiz

Miranda pasó los siguientes cuatro años en prisión: primero en Puerto Rico, después en Cádiz. En la celda del arsenal de la Carraca —la misma en la que después padecería Antonio Nariño— sufrió parálisis progresiva y fiebres. Murió el 14 de julio de 1816, a los 66 años, solo, sin papeles, con la biblioteca y los archivos —que después acabarían en Inglaterra— como única herencia.

El panteón vacío

El Panteón Nacional de Venezuela tiene un sarcófago vacío con su nombre. El cuerpo de Miranda nunca fue encontrado: probablemente fue enterrado en una fosa común del cementerio de San Fernando. Ese sarcófago vacío es, quizás, la imagen más exacta de su destino: el proyecto continental que imaginó se cumplió —en 1825, América era libre—, pero el propio proyectista no vivió para verlo.

Bolívar, que lo había entregado, fue toda su vida el custodio inquieto de su memoria. En 1816, al enterarse de la muerte, escribió: «El más ilustre colombiano acaba de morir en prisión». Los Diarios fueron publicados en el siglo XX. La bandera que izó en 1806 es todavía la de Venezuela.

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