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Pacarina del Sur
Guamán Poma de Ayala: la crónica ilustrada del mundo andino
Figura Histórica

Guamán Poma de Ayala: la crónica ilustrada del mundo andino

c. 1534, San Cristóbal de Sondondo — c. 1615, Lima

Perú Colonial Cronista indígena, autor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno

“El cronista indígena que envió a Felipe III una denuncia ilustrada de 1.200 páginas que nadie leyó durante 300 años”

Felipe Guamán Poma de Ayala es el único cronista indígena del Perú colonial del que conservamos una obra monumental. Hacia 1615, después de décadas de litigios y viajes, envió a Felipe III de España un manuscrito de más de 1.200 páginas escrito en una mezcla de quechua y castellano, ilustrado con 398 dibujos a plumilla de su propia mano: la Nueva Corónica y Buen Gobierno. El libro se perdió en los archivos europeos. Fue redescubierto en 1908 en la Biblioteca Real de Copenhague. Hoy es Patrimonio Documental de la Humanidad.

Sondondo: los orígenes

Nació hacia 1534, pocos años después de la caída del Tahuantinsuyo, en San Cristóbal de Sondondo (actual Ayacucho). Miembro de un ayllu minoritario pero con ascendencia noble —los Yarovilcas— reclamaba descender del rey Túpac Inca Yupanqui por vía colateral y de un curaca local llamado Guamán Chaua, quizás apócrifo. Su padre, Martín Guamán Malqui, había sido funcionario colonial menor.

Guamán Poma aprendió castellano trabajando con un hermanastro ilegítimo, el sacerdote mestizo Martín de Ayala, que lo instruyó en la escritura. Desde joven sirvió como intérprete en los procesos coloniales contra los «curacas idólatras» —campañas de extirpación de la religión andina— y vio, desde dentro del aparato colonial, la mecánica de la opresión.

El cronista itinerante

Durante tres décadas viajó por el virreinato —del Cuzco a Huamanga, de Arequipa a Huánuco— como defensor letrado de comunidades indígenas en pleitos por tierras, tributos y abusos. La experiencia le dio una mirada panóptica del sistema colonial: conocía la maquinaria administrativa desde los corregimientos hasta la Audiencia de Lima, los mitayos de las minas de Huancavelica, los reducciones toledanas, los obrajes, las encomiendas.

Hacia 1600 empezó a redactar su obra. La concibió como carta abierta al rey: una denuncia fundamentada con detalle empírico del maltrato sistemático a los indígenas y, simultáneamente, una exposición comparada del «buen gobierno» precolombino frente al mal gobierno colonial.

La Nueva Corónica

El manuscrito que terminó hacia 1615 es una obra desconcertante por su ambición. Las primeras 300 páginas reconstruyen la historia andina desde la creación del mundo —en cuatro edades, según Guamán Poma— hasta el gobierno de los doce Incas. Las siguientes 500 páginas narran la conquista española desde el punto de vista indígena, detallando los abusos de encomenderos, corregidores y doctrineros. Las últimas páginas proponen un programa de reforma: devolución de tierras, limitación del tributo, reforma administrativa, matrimonio cristiano libre para los indígenas.

Los 398 dibujos —figuras en tinta negra con anotaciones en quechua y castellano— son el documento visual más importante del mundo andino colonial. Cada uno funciona como viñeta política: retratos de sapa incas, escenas de agricultura, mapas, imágenes del maltrato de curas y corregidores, diagramas del tawantinsuyo cuatripartito.

La pérdida y el redescubrimiento

El manuscrito fue enviado en 1615 —probablemente en un barco que partía del Callao— y llegó a Madrid. Nunca fue leído por el rey. Desapareció en los archivos europeos y emergió en la Biblioteca Real de Copenhague en 1908, cuando el investigador alemán Richard Pietschmann lo identificó.

La primera edición facsimilar se publicó en París en 1936. La edición crítica de Rolena Adorno, John Murra y Jorge Urioste (1980) es la referencia contemporánea. Desde 2001 la Biblioteca Real de Dinamarca ofrece una digitalización libre del manuscrito original, página a página, accesible en internet. Es probablemente el documento colonial más consultado académicamente del siglo XXI.

La voz recuperada

Durante cuatrocientos años, la historia andina colonial se contó desde los cronistas españoles. Guamán Poma cambió ese mapa: por primera vez tenemos una voz indígena directa, letrada, crítica y, además, ilustrada. La historiografía moderna —Rolena Adorno, Juan Ossio, Mercedes López-Baralt, Carlos Franco— ha mostrado que su texto es tanto obra política como etnografía precoz, y ha rehabilitado figuras y prácticas andinas antes despreciadas.

En el Perú contemporáneo, su nombre lo lleva la Universidad Nacional de Huamanga, su rostro aparece en el billete de 10 soles vigente, y cada 12 de octubre —día en que España llamaba «del descubrimiento»— las organizaciones indígenas peruanas celebran el Día de los Pueblos Originarios convocando ceremonias frente a su estatua en la plaza de Sondondo. La voz que Felipe III nunca escuchó se volvió finalmente audible —cuatrocientos años tarde.

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