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Pacarina del Sur
Benito Juárez: el Benemérito de las Américas
Figura Histórica

Benito Juárez: el Benemérito de las Américas

21 de marzo de 1806, San Pablo Guelatao — 18 de julio de 1872, Ciudad de México

México Siglo XIX Presidente de México, líder de la Reforma y de la República Restaurada

“El zapoteco que pastoreaba ovejas y acabó derrotando a Maximiliano”

Benito Juárez García es el punto fijo de la historia política mexicana del siglo XIX. Pastor zapoteco analfabeto hasta los 12 años, llegó a ser cinco veces presidente de la República, arquitecto de las Leyes de Reforma que separaron Iglesia y Estado, vencedor del Segundo Imperio de Maximiliano, y autor de la frase que sintetiza buena parte de la ética política latinoamericana: «Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz«.

Guelatao, 1806

Nació en el pueblo zapoteco de San Pablo Guelatao (hoy Estado de Oaxaca) el 21 de marzo de 1806. Sus padres, Brígida García y Marcelino Juárez, eran labradores y pastores. Huérfano de ambos a los tres años, creció con los abuelos y después con el tío Bernardino. A los doce años seguía siendo analfabeto y hablaba sólo zapoteco.

Una disputa con un vecino por una oveja extraviada lo empujó a huir a la capital oaxaqueña —a pie, 41 kilómetros— en diciembre de 1818. Allí lo acogió un sacerdote, Antonio Salanueva, que lo puso a aprender castellano y latín. Juárez tardó años en alcanzar a sus compañeros: escribiría en sus memorias que la lengua materna fue siempre, para él, el idioma del pensamiento íntimo.

El liberal oaxaqueño

Estudió leyes en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca —institución liberal en un país todavía clerical— y se tituló en 1834. Simultáneamente hacía carrera política: concejal, diputado local, juez, gobernador de Oaxaca (1847-1852), donde promovió la educación pública e impulsó el primer censo del estado.

Durante la dictadura de Santa Anna fue desterrado (1853). Pasó dos años exiliado en Nueva Orleans trabajando como torcedor de cigarros y enseñando catecismo. Regresó en 1855 con los revolucionarios de Ayutla, que derrocaron a Santa Anna y convocaron el congreso constituyente cuya obra —la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma— marcaría al país para siempre.

Las Leyes de Reforma

Siendo ministro de Justicia en el gobierno de Comonfort, Juárez promulgó la Ley Juárez (1855), que abolía los fueros eclesiástico y militar. Le siguieron la Ley Lerdo (desamortización de bienes corporativos, 1856) y la Ley Iglesias (tasas parroquiales, 1857). Juntas, las Leyes de Reforma separaban por primera vez Iglesia y Estado en la historia mexicana, nacionalizaban los bienes del clero y establecían el registro civil laico.

La respuesta conservadora fue la Guerra de Reforma (1858-1861), una guerra civil de tres años en la que Juárez, refugiado en Veracruz, mantuvo el gobierno legítimo mientras los conservadores controlaban la capital. El triunfo liberal en 1861 consolidó definitivamente el Estado laico.

La República itinerante

La paz duró poco. En 1862, Napoleón III —con el pretexto de una deuda impagada por Juárez— ordenó la invasión francesa de México. La Batalla del 5 de mayo en Puebla, ganada por el general Zaragoza, no detuvo el avance: Maximiliano de Habsburgo fue coronado emperador de México en Chapultepec en 1864.

Juárez emprendió entonces una odisea casi mítica: el gobierno itinerante de la República mexicana, que durante cinco años huyó hacia el norte —Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), Chihuahua, Coahuila— mientras resistía al Imperio. La carroza negra en la que se desplazaba, conservada en el Museo Nacional de Historia de Chapultepec, es el símbolo físico de esa República portátil.

La retirada francesa tras la Guerra Civil estadounidense dejó a Maximiliano sin apoyo. En mayo de 1867 el emperador se rindió en Querétaro. Juárez —contra la presión de Europa entera, incluyendo a Victor Hugo que le escribió pidiendo clemencia— confirmó su fusilamiento en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867. El gesto era terrible pero estratégico: enviaba al mundo un mensaje sobre la soberanía republicana.

La República Restaurada y la muerte

Volvió en triunfo a la Ciudad de México en julio de 1867. Los cinco años siguientes fueron los de la República Restaurada: reorganización administrativa, reducción del ejército, inicio del tendido ferroviario Veracruz-México, consolidación de la educación pública secular.

Fue reelegido en 1871 en elecciones disputadas por Porfirio Díaz —futuro dictador— y Sebastián Lerdo de Tejada. Falleció del corazón en el Palacio Nacional el 18 de julio de 1872, a los 66 años, todavía en funciones. Sus últimas palabras, según Lerdo, fueron: «Usted es Lerdo, el derecho ajeno es la paz.»

El Benemérito

En vida, el Congreso de Colombia le otorgó el título de Benemérito de las Américas (1867), reconocimiento que ninguna otra figura ha recibido de forma tan amplia en el continente. Su rostro está en los billetes mexicanos, en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, en calles de Lima, Buenos Aires, Madrid y Caracas. El 21 de marzo, su cumpleaños, es feriado nacional en México.

Más allá de los monumentos, su relevancia sigue abierta. Para unos es el fundador del Estado laico y el modelo del liberalismo latinoamericano. Para otros, el presidente que endureció el autoritarismo civil y concentró el poder federal. Lo que nadie discute es que, sin él, el México del siglo XIX —y el del XXI— serían irreconocibles.

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