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Pacarina del Sur
Huáscar: el Inca del fratricidio
Figura Histórica

Huáscar: el Inca del fratricidio

c. 1491, Cuzco — 1532, Cajamarca (asesinado)

Perú Conquista Sapa Inca del Cuzco en la guerra civil de 1529-1532

“El hermano mayor que perdió la guerra civil y la vida el día en que Pizarro desembarcaba”

Huáscar es el penúltimo Sapa Inca, el hermano mayor de Atahualpa, el perdedor de la guerra civil que desangró al Tahuantinsuyo en el peor momento posible: precisamente cuando los conquistadores españoles desembarcaban en la costa peruana. Su ejecución, ordenada secretamente por su hermano prisionero en Cajamarca, selló la división del imperio en el instante exacto en que más la necesitaba para sobrevivir.

Hijo del Cuzco

Nació hacia 1491 en el Cuzco, hijo del Sapa Inca Huayna Cápac y de la coya (reina) Rahua Ocllo, hermana-esposa oficial del soberano. Esta filiación lo hacía, según la tradición cuzqueña, heredero legítimo del imperio: en la lógica patrilineal imperial, el hijo con mayor derecho era el nacido de la coya principal, no de una concubina quiteña. Atahualpa, nacido en Quito de otra esposa de Huayna Cápac, quedaba en posición ambigua.

Huáscar fue educado en el Coricancha, según los rituales que correspondían a un futuro Inca: ayunos de iniciación, corte del huara (loincloth adulto), matrimonio ceremonial con su hermana Chuqui Huipa. Hacia 1527, a los 36 años, asumió la borla imperial tras la muerte súbita de su padre.

La herencia partida

Huayna Cápac murió durante una expedición al norte, probablemente de una enfermedad europea introducida por los primeros contactos costeros —viruela, sarampión— que llegaba al Tahuantinsuyo antes que los propios españoles. En el lecho de muerte, según el cronista Juan de Betanzos, habría dividido el imperio: al mayor Ninan Cuyuchi —que murió de la misma epidemia— el Cuzco, al joven Atahualpa el norte con capital en Quito, y a Huáscar un papel intermedio.

La muerte de Ninan reconfiguró todo. El Cuzco llamó a Huáscar al trono. Atahualpa mantuvo el control del norte con el ejército de su padre. Durante dos años coexistieron, pero el conflicto era estructural: el Tahuantinsuyo no admitía dos soles.

La guerra civil, 1529-1532

Hacia 1529 estalló la guerra. Atahualpa contaba con las mejores tropas veteranas —los ejércitos de Quito, que habían combatido recientemente y estaban dirigidos por los generales Chalcuchímac, Quisquis y Rumiñahui—; Huáscar, con el prestigio del Cuzco y los reclutamientos masivos del sur.

La guerra duró tres años. La frontera se desplazó continuamente entre el Ecuador, Cajamarca y el Cuzco. Huáscar perdió progresivamente terreno. Hacia 1532 el ejército quiteño dirigido por Quisquis derrotó al cuzqueño en Quipaipán, cerca del Cuzco, capturó a Huáscar y lo humilló públicamente: lo hicieron beber chicha en las cabezas de sus propios parientes asesinados.

La captura y el asesinato

Quisquis lo envió prisionero hacia el norte para presentarlo ante Atahualpa, que ya era Inca único y se dirigía al Cuzco para consagrar su victoria. Pero Atahualpa fue capturado antes por Pizarro en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532.

Desde su propia prisión, Atahualpa comprendió rápidamente que los españoles podían usar a Huáscar como pieza negociadora: la mitad sur del imperio todavía estaba dispuesta a recibirlo como legítimo. Entonces ordenó secretamente, mediante mensajeros enviados al norte, que Huáscar fuera ejecutado en el camino.

La orden se cumplió hacia enero de 1533, probablemente cerca de Andamarca. Los guardias ahogaron a Huáscar en un río, en un episodio mínimo comparado con la catástrofe que se acercaba. Cuando Pizarro lo supo, dos meses más tarde, uno de los cargos que se acumularían contra Atahualpa sería precisamente el fratricidio.

La memoria andina

La figura de Huáscar ha vivido siempre bajo la sombra literaria de su hermano. Atahualpa, el que murió frente a los conquistadores, se convirtió en el mártir fundacional del mundo andino colonial y republicano. Huáscar, el derrotado en la guerra civil, quedó como advertencia moral: el hermano legítimo que no supo mantener la unidad. La literatura colonial lo trató con un punto de desprecio por haber perdido antes de ver al enemigo verdadero.

La historiografía moderna —especialmente el trabajo de María Rostworowski en Historia del Tahuantinsuyu (1988)— ha rehabilitado parcialmente su figura, señalando que la guerra civil era inevitable tras la división testamentaria de Huayna Cápac, y que la posición cuzqueña de Huáscar representaba una continuidad institucional que probablemente habría dado al imperio una defensa más coordinada contra los españoles.

El buque insignia de la Marina peruana, el monitor Huáscar (hoy conservado como museo flotante en la bahía de Talcahuano, Chile), lleva su nombre. La ironía geopolítica es que fue capturado por Chile durante la Guerra del Pacífico (1879), precisamente en el combate en que murió Miguel Grau. Como tantos símbolos del Perú, Huáscar sigue siendo disputado.

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