Mama Ocllo —Mama Uqllu, en ortografía quechua moderna— es, en la mitología andina, la hermana y esposa de Manco Cápac. Junto a él emerge de las aguas del lago Titicaca enviada por el dios Sol para civilizar a los pueblos andinos. Funda el Cuzco, inaugura la dinastía imperial inca y —según el cronista Garcilaso de la Vega— enseña a las mujeres andinas las tres artes fundamentales: el hilado, el tejido y la crianza de los hijos.
La leyenda fundacional
La versión más difundida la recoge el Inca Garcilaso en sus Comentarios reales (1609). Inti, el dios sol, conmovido por el estado primitivo en que vivían los hombres de la tierra, envía a dos de sus hijos —Manco Cápac y Mama Ocllo— para civilizarlos. Les entrega un bastón de oro macizo y les ordena caminar hasta encontrar el lugar donde la vara se hunda íntegra en el suelo: ése será el umbilicus mundi, el ombligo del mundo.
Tras emerger de las aguas de Titicaca, caminan por el altiplano. El bastón se hunde finalmente en el cerro Huanacauri, cerca del valle de Cuzco. Allí fundan la capital imperial.
El reparto del trabajo civilizatorio
La división del trabajo entre los dos hermanos funda la estructura de género del mundo andino según Garcilaso. Manco Cápac enseña a los varones a arar la tierra, abrir canales de riego y edificar; Mama Ocllo enseña a las mujeres a hilar el algodón y la lana, a tejer telas con patrones geométricos, a cocinar los alimentos sagrados —la chicha, el maíz molido, la quinua— y a criar los hijos con respeto al orden cósmico.
El tejido, en la cosmovisión andina, no es sólo técnica: es forma de pensamiento. La producción textil incaica alcanzó niveles de refinamiento sin equivalente en la América precolombina. Mama Ocllo es la patrona mítica de esa tecnología. Los aqllakuna o aclla —las «vírgenes del Sol» que elaboraban las telas sagradas del imperio— veían en ella su origen mítico.
El culto de la madre fundadora
Mama Ocllo no fue una figura solo narrativa: tuvo un culto activo en el Cuzco imperial. Su momia —o la que así era identificada— se conservó en el Coricancha hasta la llegada española. El cronista Pedro Pizarro, primo del conquistador, describe haberla visto en 1533: envuelta en un fardo funerario elaboradísimo, rodeada de ofrendas de chicha y de miniaturas de oro. Fue enviada a Lima por orden del virrey Toledo en 1559, junto con las otras momias imperiales, y se perdió tras un incendio del hospital de San Andrés en el siglo XVII.
Del mito al símbolo
Como toda figura fundacional, Mama Ocllo ha sufrido múltiples reescrituras. La colonial, que la presenta como madre modélica cuya domesticidad corrige el «salvajismo» anterior. La indigenista del siglo XX, que la reivindica como madre originaria de los Andes. El feminismo andino contemporáneo, que explora su imagen como primer sujeto femenino político de la historia del continente, pues la leyenda le atribuye poder civilizatorio equivalente al de su hermano-esposo, no subordinado.
Su nombre lo llevan desde el Lago Mama Ocllo en Puno hasta el buque escuela de la Marina del Perú. En el Valle Sagrado, cada solsticio de junio, las comunidades queswa realizan todavía el ritual de ofrenda a Pachamama invocando implícitamente el nombre de la mujer que —según el mito— caminó desde el Titicaca con un bastón de oro y enseñó a las mujeres a tejer un imperio.



