«Duérmete niño, duérmete ya, que viene el Coco y te comerá«. La nana más inquietante del español peninsular y americano ha dormido a varias generaciones con la amenaza del Coco: una criatura sin forma fija que se lleva a los niños desobedientes en un saco. Nacida probablemente en la península ibérica del siglo XVII, la leyenda cruzó el Atlántico con los colonos y se diversificó en cada rincón del continente americano, donde el Coco cambió de piel, de voz y de geografía, pero nunca de función: encarnar el miedo infantil al desconocido.
El origen ibérico
La etimología más aceptada, propuesta por el filólogo Pedro Henríquez Ureña, relaciona coco con el portugués côco (calabaza) y, por extensión metafórica, con la cabeza humana vacía usada como máscara ritual en fiestas populares del sur de España y Portugal. La primera referencia escrita aparece en 1554 en la Silva de varia lección de Pedro Mexía. En el siglo XVIII, Francisco de Goya la inmortalizó en su grabado «Que viene el Coco» (1799), ocho líneas en aguafuerte que muestran a una madre retirándose asustada frente a una figura encapuchada que se inclina sobre sus hijos.
La llegada a América
La leyenda cruzó con los primeros colonos del siglo XVI. En cada región americana mutó siguiendo el ambiente local: en el Caribe se confundió con el jombi africano, en la Amazonía adoptó rasgos de los espíritus de la selva, en el Altiplano se asoció con el diablo minero. Lo que se conservó intacto fue su función pedagógica: herramienta adulta para imponer obediencia nocturna.
Variantes regionales
En México el Coco es el coco o el cucuy, figura alta y oscura con ojos rojos. En Centroamérica se fusionó con el cadejo negro. En Perú es el cucufo, hombre del saco andino con sombrero oscuro. En Chile, el viejo del saco, que circula aún hoy en las canciones populares rurales.
Las nanas del Coco
La tradición musical de las nanas del Coco es una de las más ricas del español: más de treinta variantes registradas en el corpus del Cancionero Popular Español de Kurt Schindler, publicado en 1941. Todas comparten la estructura imperativa («duérmete / calla / si no duermes») + amenaza concreta («vendrá el Coco / te llevará / te comerá»). La psicoanalista argentina Marie Langer sostuvo que la función de la nana no es asustar al niño: es permitirle simbolizar el miedo a la oscuridad en una figura nombrada, y por tanto, contenible.
El Coco hoy
En 2017, la película animada de Pixar Coco —rodada en gran parte en México— rehabilitó paradójicamente la figura: el Coco de la nana se transformó en la tradición del Día de Muertos. El cambio es etimológico y simbólico: de amenaza anónima a ritual de amor filial. Pero las abuelas mexicanas siguen, cuando un nieto no se quiere dormir, usando la vieja fórmula. El Coco ibérico, cuatrocientos años después, sigue haciendo su trabajo.


