En el noreste argentino y en gran parte del Paraguay, hay una regla popular inquebrantable: no se silba de noche en el monte. Si se lo hace, viene el Pombero —también llamado Pyragué, «pies peludos» en guaraní—, un duende de baja estatura, cuerpo recubierto de pelo oscuro, sombrero enorme y oídos finísimos. Puede ayudar al que le deja ofrendas —tabaco, miel, un poco de caña— o puede hacerle la vida imposible al que lo ignora. Todo campesino paraguayo sabe que el Pombero existe; casi ninguno lo ha visto, pero todos conocen a alguien que sí.
El fondo guaraní
El Pombero pertenece al ciclo mítico guaraní, sistema de creencias que los pueblos de la cuenca del Plata y del Paraná desarrollaron durante siglos antes de la llegada española. En el panteón guaraní original, la figura corresponde al Karaí Pyhare, «el señor de la noche», protector de los animales del monte y castigo de los cazadores codiciosos. Las reducciones jesuitas del siglo XVII —fundadas entre 1609 y 1767 a lo largo del Paraná y del Uruguay— no consiguieron erradicar la creencia: los padres misioneros describen en sus cartas el temor reverencial de los indios guaraníes a «un duendecillo que sale de noche y roba gallinas».
Descripción y hábitos
Mide entre uno y uno veinte metros. Piel oscura, cuerpo cubierto de pelo. Usa sombrero de paja enorme que le cubre los ojos y pantalón corto. Fuma tabaco negro constantemente. Se desplaza silencioso por la noche, trepa a los techos de paja, abre las puertas sin ruido, robando huevos, miel, frutas. Si alguien lo trata con respeto y le deja ofrendas (el «trato con el Pombero«), protege las cosechas. Si se le ofende o se lo silba, atormenta al ofensor trenzando las crines de sus caballos, cortando las leches de las vacas, enfermando a los niños.
El Pombero en la literatura
La figura cruzó al mundo letrado por vía del costumbrismo paraguayo del siglo XIX: Natalicio Talavera, Juan Silvano Godoy y, sobre todo, Augusto Roa Bastos, que lo introduce en la gran novela Hijo de hombre (1960) como figura sincrética de la resistencia guaraní. En las Leyendas del Paraná (1961) de Felisberto Hernández y en los cuentos de Horacio Quiroga aparece con nombres alternos —el Yasí Yateré, el Karaí Pyhare— que corresponden probablemente a espíritus menores del mismo linaje mítico.
El pacto
En las comunidades rurales del norte argentino y de Itapúa (Paraguay), el «pacto con el Pombero» es una ceremonia específica: se le deja en una encrucijada del monte, antes de la luna nueva, un atado de hojas de tabaco, miel de abeja silvestre y un vaso de caña. Si el Pombero acepta, la ofrenda desaparece la noche siguiente y la chacra prospera. Si la rechaza, queda intacta pero empieza la racha de pequeños infortunios.
El Pombero hoy
En 2011 el gobierno paraguayo declaró al Pombero «tesoro vivo del patrimonio inmaterial paraguayo». Cada agosto, la municipalidad de Areguá celebra el Día del Pombero con narración oral a la luz de fogatas. Para las comunidades rurales, el Pombero no es folklore curioso: es regla práctica. Los troncos caídos en el monte siguen sin cortarse después del atardecer. Las botellas de caña siguen abriéndose junto a la ventana. El silbido sigue prohibido después de oscurecer.


