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Pacarina del Sur
Mitos y Leyendas

El Trauco: el seductor de Chiloé

En el archipiélago chileno de Chiloé —cuarenta islas de bosque templado lluvioso al sur del país, donde la tradición oral española y la mitología mapuche-williche se fundieron en una cosmogonía única—, hay un duende pequeño, deforme y poderoso: el Trauco. No es una criatura común. Es la explicación que, durante siglos, ha usado la sociedad chilota para los embarazos fuera del matrimonio. «Fue el Trauco» es la respuesta tradicional.

El linaje chilote

Chiloé se colonizó en 1567 y permaneció aislado geográficamente del resto de Chile por dos siglos. Durante ese aislamiento, la cultura española del sur peninsular —andaluza, gallega, canaria— se mezcló con la cosmovisión mapuche-williche local. La mitología chilota que resulta es una de las más ricas y particulares del continente: la Pincoya, el Caleuche, la Fiura, el Invunche, y el Trauco.

La antropóloga chilena Sonia Montecino, en Mitos de Chile (2003), identifica el Trauco como síntesis de dos figuras: el duende gallego tradicional y el espíritu del bosque williche Ngen-mawida.

Descripción canónica

El Trauco mide menos de un metro. Cuerpo torcido y arqueado, cabeza grande, cara llena de arrugas. Viste un traje de quilineja —fibra vegetal chilota—, un sombrero cónico hecho de la misma planta, un hacha de piedra en la mano. Habita los bosques interiores de la isla grande de Chiloé y de las islas menores. Su poder principal es la mirada: cuando encuentra a una mujer joven virgen en el bosque, la paraliza, la duerme bajo su influjo hipnótico, y de ese encuentro nace un embarazo del que nadie vio al padre humano.

La función social

El Trauco tiene una función social muy precisa. Hasta bien entrado el siglo XX, en las comunidades rurales chilotas —sociedad católica, moral estricta, escasez de varones porque muchos migraban a trabajar a la Patagonia— los embarazos de jóvenes solteras eran escándalo social grave. El Trauco cumple el papel de coartada mítica: la comunidad acepta el embarazo sin culpar a la joven, porque «fue el Trauco». El marido que regresa de Patagonia acepta al hijo como legítimo, porque «fue el Trauco». La funcionalidad del mito como amortiguador social explica su persistencia.

La escritora chilena Isabel Allende dedica en La casa de los espíritus (1982) un capítulo a este dispositivo mítico: «El Trauco es la ficción más democrática de Chiloé: salva a todos los involucrados«.

El diálogo con la Fiura

El Trauco tiene esposa en la mitología chilota: la Fiura, mujer pequeña y fea que vive en los mismos bosques. Mientras el Trauco seduce muchachas, la Fiura —celosa— atrapa hombres solitarios y los deja con parálisis facial. La pareja mítica —el uno persiguiendo mujeres, la otra persiguiendo hombres— configura una estructura de prohibición sexual cruzada que atraviesa toda la tradición chilota.

El Trauco hoy

En 1995 el gobierno chileno declaró la mitología chilota Patrimonio Cultural de la Humanidad. La figura del Trauco aparece en los festivales Mitos y Leyendas de Chiloé que Castro organiza cada febrero, en la artesanía de madera chilota —los tallados del Trauco son souvenir típico— y en la literatura de Francisco Coloane. El escritor chileno Gonzalo Contreras publicó en 2009 La ciudad anterior, novela donde el protagonista persigue un supuesto Trauco por las islas. La leyenda, que nació como coartada moral, sobrevive hoy como emblema turístico, sin perder su vieja función simbólica.

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