Reintegración laboral de migrantes peruanos retornantes desde Japón. Trayectorias migratorias, vínculos de soporte y experiencias previas (2000-2014)

Labor Reintegration of Returning Peruvian Migrants from Japan: Migratory Trajectories, Support Links, and Previous Experiences (2000-2014)

Reinserção laboral de migrantes peruanos que retornaram do Japão. Trajetórias migratórias, vínculos de apoio e experiências anteriores (2000-2014)

Tomoko Kurotsu[i]

Pontificia Universidad Católica del Perú

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Recibido: 31-07-2021
Aceptado: 19-08-2022

 

 

Introducción

El retorno al Perú de peruanos con experiencia migratoria en Japón, a quienes en lo sucesivo se denominará como retornantes, está relacionada con la larga historia de intercambios migratorios entre Perú y Japón. Esta historia a la fecha supera los 124 años, y al respecto se pueden leer los trabajos de Morimoto (1991) y Fukumoto (1997), entre otras fuentes.

La primera llegada de los inmigrantes japoneses contratados al Perú fue en el año 1899. Actualmente, de acuerdo al informe publicado en Japón (MOFA, 2018), residen unos 100 mil descendientes japoneses en el Perú. Sus ancestros fueron los inmigrantes japoneses llegados al Perú entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Casi cien años después de la primera llegada de japoneses al Perú, los descendientes de estos migrantes a su vez migraron a Japón como “dekasegui” atraídos por la demanda de trabajo en el sector manufacturero de dicho país. 

La palabra dekasegui es un término japonés que significa “trabajar saliendo de su terruño temporalmente”. Si bien su escritura original es “dekasegi”, desde hace varios años entre los migrantes se ha optado por su castellanización.

Este estudio se enfoca principalmente en el caso de peruanos con ascendencia japonesa residentes en Lima que migraron a Japón a partir del 1989 para dedicarse a trabajos “no-calificados” y, que retornaron al Perú después del 2000. Este grupo de población muestra algunos aspectos comunes. Primero, fueron impactados por la situación económica crítica del Perú durante las décadas de 1980 y 1990. Murakami se refiere a la hiperinflación, la depresión económica, el desempleo, el incremento de la pobreza, el aumento del déficit fiscal, el incremento de la deuda externa, el conflicto armado interno, el agravamiento del tráfico de drogas y la corrupción (Murakami, 2012, p. 116). Mismos que provocaron un tiempo difícil. La aguda crisis suscitada en esos años fue un impulso para que numerosos peruanos migraran al extranjero. Tan solo de 1980 a 1992 “la población peruana en el extranjero se triplicó en comparación a 1981” (Altamirano, 2000, p. 26). En el caso de los descendientes japoneses en el Perú estos flujos se orientaron hacia Japón debido a que hubo cierta facilidad de ingreso para los descendientes por el cambio de la ley migratoria en Japón en 1990.

La migración de peruanos a Japón significó para estos migrantes una alternativa a la crisis económica del Perú, pero también una “pérdida” del estatus social como clase media limeña que tenían antes de migrar. Este estatus económico se había logrado con mucho esfuerzo a lo largo de varias generaciones, desde los primeros inmigrantes japoneses en el Perú quienes en su mayoría se dedicaron al trabajo agrícola, mientras que la segunda y tercera generación de sus descendientes se dedicaron al comercio y otros sectores de servicios.

En Japón la inserción laboral de los peruanos fue principalmente hacia el sector industrial no calificado, es decir, como obreros de fábrica ya que el gobierno japonés abrió sus puertas para que los trabajadores “extranjeros” se dedicaran a ese sector. En Japón se considera a los descendientes japoneses como “extranjeros” ya que tienen la nacionalidad peruana, aunque tienen un estatus migratorio especial por la relación étnica que tienen con Japón. Algunos de estos migrantes después de haber trabajado por unos años en Japón regresaron a vivir en Perú y se convirtieron en retornantes.

El contexto antes descrito permite situar la problemática general que se abordará en este artículo. La pregunta que guiará la discusión será analizar cómo los retornantes logran la reintegración laboral al mercado laboral peruano después de una larga ausencia.

De acuerdo a autores como Papail (2002), y Montoya et al. (2011), la capacidad económica de los migrantes retornantes es decisiva para su inserción laboral en el Perú. Una de las metas migratorias es el ahorro de capital para el retorno al país de origen. Sin embargo, los estudios antes mencionados también consideran que el capital económico no es la única variable para la reintegración social y laboral al país de origen, también se requiere procesos de reconversión del capital social y capital humano.

El capital social hace referencia a las redes sociales que cuentan los individuos, y que en contextos migratorios son vitales para emprender y sostener una aventura migratoria (Durand, 2004, p. 110); por otro lado, el capital humano, son los recursos formativos de los sujetos y representan un elemento importante para lograr la movilidad e inclusión social (Cuenca, 2012, p. 109).

A fin de conocer la experiencia de los retornantes de Japón a Perú se realizaron 19 entrevistas a sujetos que compartían los siguientes elementos biográficos.

 

 

Tabla 1. Indicadores para la selección de entrevistados

1

Ser peruano de la nacionalidad y residente actual de dicho país

2

Se fue a Japón después del 1989 para dedicarse al trabajo manufacturero.

3

En Japón, mínimo un año se dedicaba en esa industria.

4

Regresó al Perú después del 2000.

5

Se pasó mínimo un año después del retorno en el momento de la entrevista.

Fuente: Elaboración propia.

 

Los entrevistados fueron contados a través de la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y de artículos publicados en el periódico nikkei Perú Shimpo. Las entrevistas realizadas en este artículo indagaron sobre las trayectorias migratorias familiares de los retornantes, desde el vínculo histórico que los une con Japón, es decir, la llegada a Perú de sus antepasados japoneses hasta la vida actual de los retornantes en el Perú. Este recuento biográfico de largo aliento permitió analizar la función de los capitales (humano y social) a lo largo del todo el proceso migratorio familiar: la migración de Japón a Perú, las dinámicas de inserción de los descendientes nacidos en Perú, la remigración de éstos a Japón, y el retorno a Perú después de una experiencia de vida en Japón.

 

Movimiento migratorio entre Perú y Japón. Los japoneses y sus descendientes en el Perú contemporáneo

La población que tiene ascendencia japonesa en el Perú desciende principalmente de las migraciones japonesas del siglo XIX a la Segunda Guerra Mundial. Una característica de las migraciones japonesas de preguerra y las que sucedieron en los primeros años de la postguerra es que tuvieron como meta ahorrar dinero y regresar a Japón. Sin embargo, muchos migrantes japoneses extendieron sus actividades económicas en el Perú por mucho más tiempo. Posteriormente, la Segunda Guerra Mundial y la derrota de Japón canceló la posibilidad de retorno para muchos de ellos.

A finales de la década de 1990 había al menos 80 mil personas de origen japonés en el Perú, el 50% eran de tercera generación (nietos de japoneses), un tercio es la segunda generación (hijos de japoneses), y el 5% de primera generación (japoneses inmigrados) (Fukumoto, 1997). Estas cifras sitúan el perfil generacional durante la primera década de la migración de peruanos con ascendencia japonesa a Japón. Cifras actuales mencionan que la población de origen japonés en Perú es de 45 mil a 100 mil personas. Las diferencias numéricas en las cifras de población se deben a los criterios que se usaron en cada registro; pero una definición básica de población es “tener ancestro(s) japonés(es)” (Yanagida, 1997, p. 311). Esta definición no necesariamente significa la posesión de la nacionalidad japonesa o de un apellido japonés.

A los descendientes de japoneses nacidos en el extranjero también se les denomina como nikkei. El término nikkei, que proviene del idioma japonés, significa descendiente japonés. La autora Melgar (2015) presenta una definición en la XI Convención Panamericana Nikkei (COPANI) de 2001: “nikkei eran aquellas personas que tenían uno o más ancestros de origen japonés y que se autoidentificaran como nikkei”. Esta referencia a la “autodefinición” muestra una propuesta que apunta a abarcar a los nikkei más allá de la relación consanguínea. Así, puede concebirse que la definición y la población nikkei son flexibles.

Una característica a resaltar sobre la población de origen japonés en el Perú es su nivel de educación escolarizada, ya que se considera que más del 60% terminó la educación secundaria (preparatoria) o superior (Morimoto, 1991, p. 107; Yanagida, 1997, p. 289). Para autores como Yanagida la educación superior de esta población es una de las claves de su movilidad social (Yanagida, 1997, p. 288). Sin embargo, el 43% de la población económicamente activa (PEA) de origen japonés en Perú trabaja por cuenta propia en algún negocio propio o familiar, el 23% es empleado de un negocio de terceros y el 30% es empleado de negocios familiares (Morimoto, 1991, p. 132).

Otra característica de la población de origen japonés en el Perú es su fuerte cohesión social, aún si no se han establecido en “guetos” residenciales. Algunas instituciones filo japonesas como los colegios peruano-japoneses (Colegio La Unión, Colegio Peruano Japonés La Victoria), las cooperativas de la colectividad (Cooperativa Pacífico, Cooperativa Ábaco), la Asociación Peruano Japonesa, entre otras instituciones se fundaron con el objetivo de generar confianza por la identificación étnica. No obstante, no necesariamente todos los descendientes de japoneses en el Perú participan en las instituciones o actividades de la colectividad peruano-japonesa, de hecho se considera que “sólo el 32% de la población de origen japonés participa activa y cotidianamente de las actividades de la colectividad a través de sus instituciones” (Morimoto, 1991, p. 177).

El anterior ejemplo permite resaltar que si bien los peruanos de origen japonés comparten la ascendencia japonesa y ciertas características socieconómicas, también hay matices y elecciones personales sobre cómo se experimentan de manera privada, familiar o institucional los lazos emocionales basados en el origen étnico.

 

Las décadas de 1980 y 1990: el Perú en crisis y la apertura de “back door” en Japón

La década de 1980 en el Perú estuvo marcada por una aguda inestabilidad política y económica en la cual la hiperinflación, la depresión económica y el desempleo eran notables.

En 1990, fue elegido presidente de la república, Alberto Fujimori, e implementó una serie de medidas de reajuste de los precios y liberalización del mercado conocidas como el “Fuji-shock” las cuales “chocaron a los descendientes japoneses de la clase media” (Tamaki y Sueyoshi, 2015, p. 16). Este grupo de la población se vio amenazado con perder su estatus socioeconómico de clase media.

A continuación se citan algunos fragmentos de entrevistas realizadas para este artículo y que permiten apreciar los factores económicos o políticos que motivaron la inmigración de peruanos de origen japonés a Japón a finales de las décadas de 1980-1990.

 

(Nombre y ocupación antes de migración)

  • (Akio, estudiante universitario). Estudiaba y ayudaba [en el] negocio de mi papá; [él] tenía bodega. Dije a [la] familia que me voy a Japón para pagar la deuda rápido. [En ] esa época de Alan García no [nos] fue bien. Tampoco [durante ] la primera época de Fujimori; era bastante difícil. Entonces, el negocio no fue muy bien.
  • (Akemi, vendedora ambulante). Vendía la comida con mi mamá. Preparábamos la comida y llevábamos a paradero de bus. La inflación afectaba la subida de precio de ingredientes.
  • (Mauricio, empleado en oficina privada). El trabajo me gustaba, pero me fui por el Fuji-shock. Antes mi señora compraba [un kilo de limones] en [el] mercado por 20 soles, pero al día siguiente compraba un limón en 50 soles. Pero el sueldo no cambiaba; cambiaba un poco. Eso fue una razón negativa para que uno se vaya.
  • (Jorge, agricultor). Mi hermano me dijo: “¿Quieres ir?, ¡anda!, sino yo voy”, así me dijo. Ya no alcanzaba para todo por la situación económica [y los] gastos diarios.
  • (Sandra, ama de casa). Solamente pensábamos [irnos a Japón] un año para hacer dinero, venir [a Perú] y poner un negocio.
  • (Andrés, empleado en comercio). Trabajé en una ferretería como empleado. Por eso me fui a Japón, porque en ese tiempo el sueldo era bajo. No podía vivir [de] nada acá.
  • (Ana, alumna de secundaria). Fui [a Japón ] para apoyar [a] mi mamá. [El] dinero de allá era para mi mamá, [y] mi papá aquí. Yo siempre apoyaba a mi familia.
  • (José, empleado en oficina privada). Me fui porque no podía ver el futuro del Perú. No podía tener la esperanza para seguir avanzando.

 

Sobre los testimonios anteriores hay que señalar que todos los entrevistados tenían familiares en Japón, quienes habían inmigrado antes de ellos. Incluso, en el caso de dos peruanos que no tenían cónyuge descendiente japonés, contaban con familiares en Japón.

 

(Nombre y ocupación antes de migración)

  • (Sayuri, estudiante). Mi mamá estaba en Japón desde 1990. Me mandaba dinero para mis estudios, para comprar ropa, comida. Me fui después de dos años de terminar el colegio.

 

En la misma época (finales de la década de 1980 y principios de 1990) en la que los peruanos migraban al extranjero debido a la inestabilidad económica y política en el Perú, del otro lado del mundo, en Japón, se experimentaba un alza económica y un vacío laboral en determinados nichos de producción que requerían de mano de obra considerada “no-calificada”.

Japón es una sociedad urbana y de clase media donde muy poco de sus jóvenes desean realizar trabajos considerados de “baja categoría” (Requena, 2003, p. 265). Esta situación fomentó un vacío laboral en los trabajos llamados “3K” (kitanai, sucio; kiken, peligroso; kitsui, agotador) que ya no eran aceptados por la mayoría de los trabajadores japoneses. Frente a esta carencia de mano de obra en el país, especialmente en las industrias de manufactura, construcción, ensamblaje y alimentación, en 1990 se impulsó una ley inmigratoria (Ley de control de inmigración y reconocimiento de los refugiados) que permitió que los descendientes japoneses de segunda y tercera generación (hijos y nietos) pudieran residir y trabajar legalmente en Japón.

Los trabajos ofrecidos para los migrantes peruanos en Japón, al igual que para otros dekasegui, son en sectores “no-formales”, por lo que el trabajo en fábricas no les permite adquirir el capital humano para romper con el trabajo manual. Asimismo, como los migrantes principalmente provienen de contextos de clase media en Perú consideran que el trabajo en fábricas en Japón es algo provisional.

En las ofertas de trabajo para estos migrantes no se consideró relevante si tenían un título universitario o si habían sido empleados profesionales en el Perú, todos se dedicarían al trabajo “no-calificado” en Japón. Según el estudio de Requena, “el 85.9% de población peruana [en Japón] es obrero, [y] en el caso de hombres asciende a 93.5%” (Requena, 2003, p. 299).

A su vez, los migrantes peruanos en Japón generalmente no dominan el idioma japonés. Tampoco los empresarios japoneses intentaron darles a los trabajadores extranjeros alguna capacitación, por lo que las oportunidades de ascenso en su trabajo son sumamente escasas.

Esta inserción laboral implicó una movilidad social descendente, como Takenaka (2005) señala, “los peruanos japoneses que pertenecen predominante a la clase media” y en Japón debían sufrir el descenso de su estatus social. Ser descendiente japonés no les ayudaba a conseguir mejores oportunidades de empleo. Sus conocimientos básicos del idioma japonés, los cuales utilizaban frecuentemente para las interacciones cotidianas en el Perú, tampoco les facilitaba la comunicación con los “japoneses”. Esta desilusión llevó a que los peruanos de origen japonés que migraron a Japón reivindicaran el sentimiento de pertenencia a Perú. El siguiente fragmento de una entrevista realizada para esta investigación permite apreciar esta problemática:

(Héctor). En mi casa, siempre ha habido cosas de Japón. Yo soy mitad japonés y mitad peruano; es algo orgulloso. Pero llegando a Japón, me encuentro que soy menos de nihonjin (japonés).

 

Retorno al Perú

Las continuas fluctuaciones en el mercado laboral japonés y las facilidades o restricciones –según cada caso– para la obtención de la residencia migratoria son motivos que inciden sobre las decisiones de retorno al Perú.

El año 2008 comenzó a ser visible la disminución de la población peruana en Japón. La crisis económica mundial de ese año impactó de manera negativa en sus oportunidades y condiciones de trabajo. “Gradualmente los descendientes japoneses perdían su posición en el mercado laboral japonés debido al cambio del sistema de empleo y el mercado laboral” (Aoki, 2011). Sin embargo, desde antes de la crisis de 2008, ellos ya estaban en una condición desfavorable debido a los contratos inestables bajo los cuales eran empleados, pues su principal fuente de empleo se concentra en una industria cuya productividad era alta, pero fluctuante a la demanda de los mercados. Así, la crisis económica del 2008 acrecentó la vulnerabilidad laboral de estos migrantes. En contraparte, en el Perú se experimentó una notable recuperación económica que dejaba atrás las crisis que marcaron a las décadas de 1980 y 1990 en las que migraron la mayoría de los peruanos a Japón.

El retorno al Perú de los migrantes peruanos de origen japonés con experiencia migratoria en Japón permite analizar distintas situaciones que dificultan su reinserción social, económica y laboral. Por un lado, el contexto social, político y económico del Perú es distinto al que se vivía cuando se produjo el auge dekasegui, alrededor del año 1990. Por otro lado, la experiencia de trabajo de los dekasegui en Japón como obreros no es aprovechada de manera directa en su retorno al Perú, pues los retornantes en la mayoría de los casos desean desempeñar otro tipo de labores. A su vez, la existencia de cohesión entre los descendientes japoneses en el Perú y el uso del capital étnico, como dice Melgar (2015), facilitaron la inmigración a Japón, así como las condiciones de vida y trabajo en Japón. Sin embargo, para reintegrarse al mercado laboral peruano, es necesario que los retornantes también generen conexiones fuera de la comunidad peruana de origen japonés.

 

Categorías de análisis y antecedentes para un estudio sobre las migraciones de retorno y la reintegración laboral en la trayectoria migratoria

Gmelch (1980) define la migración de retorno como “el movimiento de emigrantes que regresan a su terruño para establecerse” (Gmelch, 1980, p. 136). Esta idea condensa el uso convencional del término de retorno y lo que se considera es su principal propósito: volver al país de origen con el fin de quedarse permanentemente. A la vez, sugiere que el retorno “finaliza el ciclo migratorio”. Sin embargo, diversas circunstancias alrededor de la vida de los retornantes pueden forzarlos a inmigrar nuevamente. Para Durand (2004) “son las circunstancias, de aquí o de allá, las que impiden el retorno definitivo” (Durand, 2004, p. 107); por lo tanto, se puede decir que no hay un retorno definitivo, más bien, el retorno es un fenómeno flexible. Asimismo explicar las razones que llevan a los migrantes a regresar a sus países de origen y a migrar nuevamente van más allá de una idea de fracaso o de éxito pues las personas que inmigran y retornan, van y vienen no solo se desplazan en la búsqueda de obtener capitales, sino que ellos mismos son portadores de recursos y capitales.

Entre los estudios se han dedicado a analizar las migraciones de retorno, se pueden destacar los estudios de Papail (2002) y de Montoya et al. (2011). Papail se enfoca en la reintegración laboral de 5,532 retornantes mexicanos que fueron escogidos por “haber trabajado por lo menos un año en los Estados Unidos entre 1999 y el 2001, y haber regresado definitivamente a vivir en México por lo menos seis meses antes de la fecha de la encuesta” (Papail, 2002, pp. 81-82). En su estudio, Papail señala que ha cambiado el sector de trabajo al que se dedican los retornantes antes y después del retorno; para este autor, “sin duda, el efecto más importante de la migración internacional es la transformación del estatus (o posición en el trabajo) que ocurre en el primer desplazamiento hacia Estados Unidos y la reinstalación en México” (Papail, 2002, p. 91). Además, la mayoría de los retornantes que trabajan por cuenta propia en México (86.2%) emprendieron negocios que “fueron financiados únicamente con el ahorro de los migrantes” (Papail, 2002, p. 96). La experiencia migratoria en los Estados Unidos le permitió a los retornantes obtener el capital económico necesario para financiar un negocio propio, por lo tanto, el retorno les garantizó una movilidad socioeconómica ascendente.

El estudio de Montoya et al. (2011) se enfoca en el análisis de retornantes en el Estado de México quienes trabajaron como carpinteros, agricultores, albañiles o panaderos en los Estados Unidos. Para estos autores, los retornantes pudieron utilizar los conocimientos adquiridos en los Estados Unidos de manera ventajosa, “ahora saben hacer cosas que antes no, tienen más confianza en lo que hacen, se dan cuenta de qué tipo de herramienta, maquinaria, medio productivo o proyecto en específico requieren para determinada tarea” (Montoya et al., 2011, p. 174).

No obstante, la reintegración laboral de los retornantes en el país de origen no siempre es una historia exitosa. Gmelch (1980) analiza el caso de los retornantes argelinos con experiencia migratoria en Europa, quienes adquirieron capacidades que no se pueden aprovechar en el país de origen debido a las diferencias económicas y la demanda de determinados nichos de trabajo en un contexto y en el otro. En Europa “casi dos tercios de trabajadores argelinos se dedicaban a la industria de la construcción. Pero por la actividad limitada en este sector en Argelia, muchos trabajadores que regresaron a su país resultaron en desempleo” (Gmelch, 1980, p. 147). Otro ejemplo es el de la experiencia de los campesinos mexicanos que migraron temporalmente a Estados Unidos a través del Programa Bracero (1942-1964) quienes adquirieron conocimientos de explotación agrícola a gran escala, pero que en México no pudieron replicarla pues los medios y tecnologías que contaban para el trabajo agrícola en sus localidades de origen solo le permitía la agricultura a pequeña escala.

Los estudios de caso antes mencionados permiten resaltar que si bien las experiencias laborales, el ahorro y las remesas permiten (en potencia) a los migrantes obtener capitales para su movilidad social en sus países de origen, los retornantes no necesariamente pueden aplicar los conocimientos que obtuvieron en sus experiencias laborales en el extranjero.

Si bien el capital económico es importante en los proyectos de retorno para que los retornantes puedan establecerse nuevamente, no soluciona por sí mismo las dificultades de la reintegración. Las formas de capital intangibles como el social y el humano son igual o más importantes en ese proceso; pues a través de ellas los migrantes pueden obtener informaciones importantes para emprender un negocio, buscar un empleo o tener acceso a una red de clientes.

A modo de problematización de los conceptos capital social y capital humano es importante destacar que las relaciones sociales comprenden diferentes elementos: la confianza mutua, la reciprocidad, las normas efectivas, entre otras, las cuales son fundamentales para construir las relaciones con otras personas o grupos. De allí que los “vínculos sociales” influyen o facilitan la reintegración laboral del migrante retornante.Putnam (2000) se enfoca en el rol que tiene la reciprocidad en los tipos de redes sociales. Cuando esta reciprocidad está dirigida hacia fuera de un grupo, permite ampliar los vínculos. Para este autor, la “reciprocidad inclusiva” significa que los sujetos tienen vínculos de reciprocidad construidos fuera de su grupo. Esto les facilita obtener más contactos y expandir su red social. Sin embargo, también hay una “reciprocidad exclusiva” que funciona hacia dentro de un grupo. En los grupos en los que hay una fuerte conexión la reciprocidad exclusiva ayuda a que los miembros del grupo creen vínculos más fuertes. Dos ejemplos de reciprocidad exclusiva pueden ser una comunidad de origen étnico o la familia cuyo apoyo mutuo se considera como uno de los componentes ideales.

Tanto en la reciprocidad inclusiva, como en la exclusiva, la reciprocidad está basada en la confiabilidad que permite que las dinámicas sociales funcionen mejor; sin embargo, cada forma de reciprocidad se sustenta en capitales distintos. En la “reciprocidad inclusiva” el vínculo social es débil pues no está basado en un compromiso emocional entre los miembros del grupo; por ejemplo, se encuentra en una relación de mercado en la cual la reciprocidad es asimétrica y se fundamenta en el intercambio de dinero. Ahora bien, el vínculo fuerte que funciona en la “reciprocidad exclusiva” conlleva a una reciprocidad simétrica y exclusiva. Éste es el caso de los grupos que están fuertemente conectados por una confianza mutua y en la que sus miembros se ayudan voluntariamente (aunque a veces lo hacen por la presión de los demás).

En suma, el vínculo fuerte es generalmente familiar y el grupo donde funciona este vínculo hay una conexión más emocional. En cambio, el vínculo débil es más comercial. Portes (1998) también argumenta que las “redes sociales no solamente provienen de la familia, sino de más allá de la familia” (Portes, 1998, p. 12); en ese sentido, el vínculo débil es un recurso potencial de los sujetos para vincularse fuera de su grupo.

Para Granovetter (1973) las personas que tienen más vínculos débiles, probablemente pueden obtener más ventajas de encontrar empleo que quienes sólo tienen un vínculo fuerte. Esto se debe a que los miembros del vínculo fuerte comparten la misma información sobre los puestos de trabajo; mientras que las personas que poseen vínculos débiles fuera de su grupo pueden intercambiar diferentes informaciones, lo cual les permite tener más ventajas. El rol de personas “puente” es el que permite que los individuos se relacionen con diferentes grupos.

El capital humano son “los activos que una persona posee como consecuencia de las características propias de su condición humana: conocimiento, salud, destrezas, tiempo, y otras” (Bebbington, 2005, p. 25), y tiene un rol importante en la vida laboral de los sujetos. En contextos de migración internacional se generan dificultades para la revalidación y reconocimiento del capital humano de los migrantes. Ya sea debido a la falta de un buen nivel de idioma del país receptor, por no haber obtenido o revalidado sus conocimientos obtenidos en el país receptor, o por estar en un contexto en el cual sus conocimientos no son o no pueden ser aprovechados. “Los inmigrantes cuya transferibilidad [de capital humano entre el país de origen y el receptor] es menor, tendrán un descenso en su status ocupacional, menos sueldo, y más probabilidad de desempleo” (Chiswick, 2005, p. 4).

El capital social y el capital humano están interrelacionados y están condicionados por dinámicas situacionales. Ambos pueden ser obtenidos de distintas maneras y contextos; por ejemplo, a través de la educación escolarizada o de los grupos de amigos. Hay capitales que pueden transferirse y funcionar en la mayor parte del mundo (por ejemplo, lazos familiares o las costumbres); pero otros dependen de un contexto específico y no pueden transferirse, o su transferencia está condicionada a adquirir otros capitales. Un ejemplo de esto último puede ser la búsqueda de trabajo en un país del cual no se domina el idioma y a consecuencia de esto, el desarrollo o transferencia de capital humano con el que ya se contaba antes de migrar requerirá, entre otros factores, de aprender con fluidez el idioma del país receptor y expandir las relaciones sociales. Por ello, poseer y desarrollar nuevos capitales sociales y humanos son vitales en los movimientos migratorios ya sea de inmigración o de retorno.

 

La trayectoria migratoria de retornantes peruanos desde Japón

Los migrantes peruanos que han retornado al Perú después de una experiencia migratoria de varios años en Japón han enfrentado diversas dificultades en su proceso de reintegración social, laboral y económico. En los años que estuvieron fuera del Perú, el país se transformó, las dinámicas económicas ya no eran iguales a aquellas que conocieron en las décadas de 1980 o 1990. A su vez, se enfrentaron a la dificultad de que su trabajo como obreros en Japón no les permitió acumular capital humano (conocimientos sobre rubros de trabajo) necesario para reinsertarse laboralmente en sectores de trabajo considerados de clase media. Sin embargo, la mayoría de los retornantes entrevistados le daban alguna importancia a su experiencia de haber trabajado en Japón ya sea por haber adquirido cierta disciplina o ética de trabajo, o aprender a entablar negociaciones con los jefes o las contrapartes comerciales. Además, los retornantes consideran su experiencia de vida en otro país como un valor adicional.

 

(Nombre y ocupación actual)

  • (José, empresario). (¿Cómo hace la negociación?) Por lo que uno aprende en Japón, como un contratista hace. Así como un contratista va a fábrica y negocia, cuando me dice[n que] no, vamos a ir a karaoke por la noche, así es la dinámica.

 

Aunque estos conocimientos no ayudan directamente a los retornantes a tener negocio propio, son valores adicionales para ellos.

El ahorro de capital económico es un factor clave para su reinserción de los retornantes al Perú.

A continuación, se citan fragmentos de testimonios de retornantes peruanos con experiencia migratoria en Japón y el papel que jugó el ahorro en su reinserción laboral en el Perú.

 

(Nombre y ocupación actual)

  • (Carla, dueña de cafetería). Solamente con nuestro ahorro abrimos este local.
  • (Takashi, dueño de pastelería). Ahora tengo mi negocio, tenemos una fábrica y tres tiendas. En Japón, juntaba plata, entonces podía hacerlo.
  • (Gonzalo, empleado en oficina privada). Decidí ahorrar para estudiar. En vez de dar dinero para mis padres, di un poco para la casa; lo demás guardé para venir [a Perú] y estudiar.
  • (Sayuri, profesora en escuela privada). Siempre yo quise ser profesora desde niña, pero mi papá me desanimaba. Me fui a Japón, y ahorré mi dinero. Dije, ¡ahora yo voy a pagar! y ¡yo voy a ser profesora!
  • (Akio, empleado en oficina privada). Estando en Japón, comienza[n a] salir nuevas metas. Una vez que hice [todas las metas], ya me regresé [a Perú], pero sin plata.
  • (Ana, dueña de restaurante). La verdad, yo no junté mucho dinero [en Japón], porque yo era chibola, pasar con dinero que no tenía acá en el Perú, tener dinero es un cambio.

 

Para los retornantes contar el capital económico (ahorro) es un factor importante para emprender un negocio o financiar la adquisición de capitales humanos que les permitan mayor movilidad laboral en el Perú. Sin embargo, también hay retornantes que lo lograron sin dinero ahorrado en Japón.

Los siguientes fragmentos de entrevistas muestran algunos casos de cómo los retornantes usaron sus capitales sociales y humanos en el proceso de reintegración laboral en el Perú. Estos casos sólo documentan trabajos por cuenta propia en sectores profesionales, en otros rubros de producción o de servicios.

 

(Nombre y ocupación actual)

  • (Mauricio, dueño de consultorio). Me animé a hacer consultorio, y visité a unos amigos colegas [que tenían consultorio] para ver cómo [era el] movimiento en ese momento. Poco a poco, fui recordando todo lo que había estudiado; aparte me compré [un] libro para actualizarme.
  • (José, empresario). Yo he puesto mi negocio con capital humano nomás, sin dinero. Mientras estaba en Japón, una vez volví acá para concluir mi estudio. Ahora también estoy estudiando.
  • (Marco, empresario). Yo ganaba allá [en Japón], y mandaba todo. Mi hermano empezó esta empresa [en Perú] y ha crecido; por eso, no podía manejar[la] él solo. Regresé y ahora soy gerente.
  • (Carla, dueña de cafetería). Queríamos hacer algo, porque ¿de qué íba[mos] a vivir? Yo no sabía trabajar. Solamente trabajaba en Japón. Pero, conversando con mis hermanos [que tenían cafetería], saliendo a la calle a ver qué cosa la gente busca [o] le gusta. También mi papá, mis tíos, hermanas de mi mamá, todos tienen su restaurante.

 

Los fragmentos de entrevista anteriores permiten ver por ejemplo; en el caso del entrevistado identificado como Mauricio que el retornante tenía conocimientos especializados en veterinaria, y que para emprender un consultorio propio solo tenía que actualizarse y recuperar la práctica de su especialidad interrumpida por la migración a Japón.

En el caso del entrevistado identificado como Marco, su hermano ya había empezado una empresa en el Perú a la que Marco apoyaba con las remesas que enviaba desde Japón. En el caso de la entrevistada identificada como Carla, su familia ya tenía restaurante en el Perú así que le ayudaron a que ella empezara su negocio; pero también solicitó la ayuda de un profesional, así que utilizó los dos vínculos (fuerte y débil) señalados por Putman (2000).

Otros entrevistados pudieron iniciar un negocio propio en el sector de gastronomía después de algún estudio o de haber tenido una experiencia laboral previa en ese campo que les permitiera conocer el tipo de negocio y posteriormente abrir uno propio.

 

(Nombre y ocupación actual)

  • (Masaki, dueño de restaurante). En Japón, aprendía a comer comida japonesa, cómo es comida japonesa […]. Mi familia está involucrada en tema de restaurante desde los años [19] Dicen que mi papá cocinaba mejor. Yo aprendí bastante de él […]. Regresé [a Perú] y estuve en una escuela de cocina. De ahí trabajé en varios restaurantes, varias especialidades, hasta abrimos nuestro restaurante. Luego, me fui a Japón para aprender más.
  • (Akemi, dueña de cafetería). Primero tenía que invertir a la educación. Comencé a estudiar, hice práctica. A ver [la] otra vida [que tenía en Japón], la vida de obrera, ya no. Cuando terminé de estudiar, tenía que hacer práctica. Hasta tuve la oportunidad de viajar al extranjero, como chef privado. Luego, con mi tía que tiene panadería trabajé.
  • (Takashi, dueño de pastelería). Me asocié con un amigo, hacíamos dulces. Yo miraba cómo hacer torta cuando trabajaba ahí, aprendí para abrir pastelería. Mi mamá también hacía torta; por ella, estaba aprendiendo […]. Las empresas que yo vendo tortas, se contactó yendo a buscar.

 

A continuación se documentan siete casos en cuales los retornantes entrevistados consiguieron su actual puesto de trabajo en un sector calificado a través de un vínculo débil. Los entrevistados ahora trabajan como empleados en oficinas privadas; tres de ellos, empezaron a trabajar inmediatamente después de su retorno al Perú. Todos fueron recomendados a su trabajo actual a través de un vínculo débil.

 

(Nombre y ocupación actual)

(Akio, empleado en oficina privada). No tenía la idea de qué hacer. Lo que pensaba era continuar [el] negocio de mi papá. Pero felizmente tuve suerte de que aquí trabajaba [como] administrador un amigo. Me dijo que [si] quería trabajar al venir acá.

–¿Ese amigo era nikkei?

 Nikkei, sí. Yo lo conozco desde que tenía 15.

–Mientras estaba en Japón, ¿había comunicación entre ambos?

–Casi nunca.

 

  • (Andrés, empleado como periodista). Conseguí el trabajo por mi amigo. Yo cuando trabajaba en Japón, trabajaba también en una agencia de prensa, porque era algo que yo he estudiado en el Perú, y podía ejercerlo [aquí en Perú].
  • (Rosa, empleada en clínica). Una amiga nikkei que trabaja ahí me presentó, la conocí en AELU. Al AELU iba de vez en cuando, pero ahora no tanto.

 

Los retornantes entrevistados consiguieron su puesto de trabajo en sectores calificados a través de la presentación de otros amigos nikkei; sin embargo, aunque se tratan de miembros de la comunidad pueden considerarse como vínculos débiles porque los entrevistados no se comunicaban ellos cuando estaban en Japón. La experiencia laboral que poseían los retornantes antes de migrar a Japón también fue significativa para conseguir su reinserción laboral. Por ejemplo, el entrevistado identificado como Akio estudiaba administración en el Perú antes de migrar a Japón, aunque no concluyó sus estudios, porque se fue a Japón. Luego de retornar al Perú pudo conseguir trabajo en administración, porque un amigo en Perú sabía que él contaba con conocimientos de administración. A su vez, en el caso del entrevistado identificado como Andrés, antes de migrar a Japón trabajaba en prensa, y por lo tanto, ya había ejercido como periodista y en Japón, aunque trabajaba en fábrica, también se dedicaba a labores de periodismo.

Otro aspecto significativo en la reinserción laboral de los retornantes que desean trabajar en sectores calificados implica adquirir nuevos capitales humanos. De los siete entrevistados que trabajan en el sector privado, cuatro una vez retornaron al Perú iniciaron cursos de actualización o especialización sobre las carreras que cursaron antes de migrar, o bien, emprendieron nuevos estudios en otras áreas. Esta educación les permitió trabajar en sectores especializados de su interés.

 

(Nombre y ocupación actual)

  • (Raúl, profesor en colegio particular). Tuve que hacer mis trámites para reingresar a la universidad. Necesitaba licenciatura para poder trabajar con mejor condición.
  • (Héctor, empleado en oficina privada). Justo antes de terminar la carrera, empecé a trabajar [en una empresa a través de] prácticas [profesionales]. Fue por mi amigo, un amigo [que] me presentó. Después me cambié [de] empresa; ahí me llamaron [a la] empresa […] donde trabajo ahora; el dueño es mi amigo [y …] lo conocí donde yo trabajaba antes.
  • (Sayuri, profesora en escuela privada). Preparé y postulé a la universidad. En la universidad yo me sentía que no me enseñaba[n] muy bien, entonces mi amiga me [recomendó] pasa[rme] a un instituto. Luego [comencé a] trabajaba[r] en un colegio. Después, me pasa la voz una prima que conocía [un] colega […] donde trabajo ahora.

 

Para los retornantes que tienen un negocio propio los vínculos fuertes y el capital económico fueron significativos para su inserción económica y laboral en el Perú; mientras que, para quienes buscaron trabajar en el sector privado, los vínculos débiles y el capital humano formal fueron más importantes.

Tres de los diecinueve entrevistados para este artículo, no contaban con trabajo remunerado al momento de la entrevista; ya sea porque tienen otras fuentes de ingreso económico o porque otro miembro de la familia provee su sustento. Los tres entrevistados manifiestan haber retornado al Perú para quedarse definitivamente y tener interés de trabajar, aunque hay motivos familiares o vinculados a los cambios en el país de origen no han podido.

 

(Yutaka). El Perú ha cambiado mucho. Ahora [hay] internet [y] mucha tecnología. Ya viejo, ya no puede trabajar.

(Andrea). En Japón, pueden ir los hijos al nido, y [las mamás] pueden comenzar a trabajar en medio tiempo. Aquí [en Perú] es un poco difícil hacer eso. Hay que buscar una buena guardería, y también trabajo que permita tener horario flexible.

–Antes de regresar, ¿ya tenía alguna idea de qué hacer?

 (Jorge). No, porque fue casi provisional. Todavía estoy mirando la situación [en Perú].

 

Otro aspecto significativo a comentar es que la experiencia en Japón influye en algunos retornantes sobre sus lazos identitarios y forma de participación en la comunidad nikkei. A pesar de que, antes de migrar a Japón, solo la mitad de los entrevistados se involucraban en alguna entidad o actividad japonesa en Lima, al regresar al Perú empezaron a participar en esas actividades, o incluso abrieron un negocio propio vinculado con Japón (por ejemplo, restaurante).

 

Conclusiones

El estudio del papel del capital humano y social en una trayectoria migratoria requiere analizar la movilidad en todas las fases migratorias: la salida del Perú, la residencia en Japón y el retorno al Perú, así como la influencia de la historia colectiva y de la identidad (cultural o étnica). En todas las etapas de la migración se puede observar que la migración no es un fenómeno estático, sino dinámico, y que las decisiones que toman los migrantes y sus posibilidades de trabajo en el país receptor y el de origen al momento del retorno dependen tanto de aspectos estructurales como de aspectos individuales.

Por lo que, a manera de síntesis, se concluye que, las migraciones de peruanos de origen japonés a Japón fueron una decisión frente a la crisis económica del Perú y la hiperinflación del país durante las décadas de 1980 y 1990. Esta situación económica vulneró el estatus de clase media que muchos de los descendientes japoneses tenían antes de migrar a Japón. A su vez, la debacle económica en Perú coincidió con la creciente demanda de mano de obra “no-calificada” en Japón por lo que incrementaron las migraciones de nikkei peruanos hacia el lugar el país de origen de sus ancestros. Aunque desde mediados de la década de 1980 este flujo ya había empezado (Tamaki y Sueyoshi, 2015, p. 155).

Las migraciones de peruanos con y sin ascendencia japonesa a Japón estuvieron basadas en vínculos familiares, pues los migrantes entrevistados generalmente tenían otros familiares que habían migrado antes que ellos a Japón. La meta de la inmigración a Japón fue trabajar unos años, ahorrar y volver a emprender un negocio propio, o estudiar en el Perú. Pocos migrantes imaginaron que se iban a quedar a vivir en Japón más de una década.

Si bien algunos nikkei migrantes en Japón crecieron con simpatía hacia Japón, por ser la tierra de sus ancestros, al migrar a este país se enfrentaron a diversas dificultades. En Japón los dekasegui pudieron incrementar su capital económico, pero la sociedad japonesa no era la que imaginaban, y el sistema de trabajo japonés les imponían límites sobre los tipos de trabajos que podían desempeñar. Las oportunidades de trabajo y ascenso laboral para los dekasegui son limitadas debido a la falta de conocimiento del idioma japonés y a la estructura laboral japonesa. Pocos migrantes peruanos en Japón aprenden el japonés; por un lado, porque el trabajo como obreros industriales no requiere del conocimiento de este idioma, y por el otro, porque la demanda de trabajo de este sector les deja poco tiempo libre para aprenderlo.

Aunque los dekasegui peruanos tengan títulos universitarios del Perú trabajan como obreros en Japón, pues los trabajadores extranjeros en el sistema de trabajo japonés son pensados como obreros a través de los cuales se regula la economía frente a las caídas de producción y las crisis económicas.

Entre los entrevistados poder ejercer en trabajos acordes a su capital social y capital humano, así como recuperar un estilo de vida de clase media fueron motivos que impulsaron su retorno al Perú. Aunque también pesaron factores estructurales como la mala situación económica de Japón en la crisis del 2008 y el crecimiento económico del Perú después del 2000.

Los diversos casos analizados a lo largo de este artículo permiten ver que tanto el capital social como el humano combinados son los que les permiten a los retornantes insertarse laboral y económica con mejores oportunidades en el Perú.

La trayectoria migratoria de los retornantes desde Japón se caracteriza por la movilidad social flexible. Por ejemplo, antes de migrar a Japón la mayoría de los peruanos de origen japonés entrevistados pertenecía a la clase media, y experimentaron un descenso económico por la caída económica de las décadas de 1980-1990. Ante esta debacle los entrevistados decidieron a migrar a Japón; algunos dejaron sus estudios o trabajo profesional. En Japón, se dedicaron al trabajo obrero, el cual no requería de conocimientos especializados ni dominio del idioma. Algunos entrevistados se propusieron a ahorrar dinero para retornar al Perú y desempeñarse en rubros que realmente querían hacer. Entre los entrevistados prevalece el reconocimiento que en el Perú es el país donde podrían ejercer sus capacidades, adquirir nuevos capitales humanos y ejercerlos. Los retornantes entrevistados expresan satisfacción de poder trabajar con más autoridad o en puestos de trabajo donde se considera lo que han aprendido.

Asimismo, es importante considerar el papel que juega la historia de la movilidad laboral colectiva entre los peruanos de origen japonés, y de la reivindicación identitaria al respecto. Como indica Degregori (1994), el espíritu “pionero” y los resultados producidos por ese esfuerzo son una memoria colectiva entre los migrantes y sus descendientes. Diecisiete de los diecinueve retornantes entrevistados eran de tercera o cuarta generación (nietos o bisnietos), así que sus abuelos o bisabuelos vinieron al Perú desde Japón. En las narraciones de los entrevistados se podía observar una historia de movilidad económica y laboral compartidas. Muchos inmigrantes japoneses en Lima habían logrado abrir un negocio propio “bodega, cafetería, o peluquería (Yanagida, 1995, p. 49)”. Doce de los diecinueve entrevistados sus padres o abuelos tenían o habían tenido un negocio propio. Asimismo, la educación es otro medio de desarrollar la vida. Como indica Requena (2003), la prioridad a la educación como un medio de ascenso social es una idea que se puede observar en personas de clase media. Los inmigrantes japoneses también resaltaban la importancia de la educación escolar de sus hijos, y en la segunda generación (hijos de japoneses) comenzó a verse el ingreso a las universidades como medio de movilidad social a sectores calificados. Por lo tanto, la idea de tener un negocio propio o un trabajo vinculado con una carrera profesional son elementos importantes en la historia de reconocimiento a los esfuerzos colectivos. Mantener un estilo de vida y ascender en la clase social se vuelven una memoria compartida entre los peruanos de origen japonés.

Otro elemento a destacar es que el retorno al Perú después de una estancia migratoria prolongada en Japón ocurrió en un contexto económico diferente al de inicio de la migración dekasegui a Japón. No solo porque el Perú vivía un ciclo de crecimiento económico excepcional en su historia y en el que se han creado oportunidades nuevas de trabajo y comercio; sino porque este crecimiento incentivó a los retornantes a buscar movilidad económica y laboral con el capital social y el capital humano que ya contaban antes de migrar, pero sobre todo a adquirir nuevos capitales para lograr sus metas.

El desaprovechamiento en Japón de los capitales humanos con los cuentan los dekasegui es un factor que genera arraigo al Perú como un país en el cual sí pueden ejercer trabajos de acuerdo a sus capacidades. Sin embargo, la estancia migratoria en Japón es vista como un paso para ahorrar capital económico y regresar al Perú con el recurso económico necesario para retomar sus actividades económicas socialmente mejor posicionadas, y mantener un estilo de vida de clase media. El retorno al Perú es visto como satisfactorio entre los entrevistados; más de la mitad tienen un negocio propio y los demás trabajan en el sector privado, pero ya no son obreros. Esta conciencia de la satisfacción sobre el trabajo desempeñado no necesariamente implica una buena situación económica ya que no todos tienen una economía estable, algunos otros recién han empezado su negocio o están mirando la situación económica en el Perú para decidir en qué trabajar. No obstante, prevalece un sentimiento de satisfacción de poder trabajar en empleos donde ellos tienen más autoridad o en los que pueden trabajar en sectores acordes a lo que estudiaron o sus capacidades.

Para la reintegración laboral de los retornantes en el Perú no era suficiente contar con experiencia laboral en Japón. Tampoco bastaban los conocimientos académicos adquiridos antes de la inmigración, ya que el contexto laboral del Perú en la década del 2000 no era el mismo que el de Japón, ni del Perú, antes de migrar.

Cada tipo de capital (social y humano) adquiridos de manera formal o informal y cada tipo de vínculo de reciprocidad (fuerte o débil) expresados a través de la ayuda familiar o de la reconstrucción y ampliación de las redes sociales, le facilita a los retornantes realizar los trabajos que querían hacer en el Perú y que en Japón no podían desempeñar. Por ejemplo, algunos retornantes pusieron su restaurante con el capital humano formal adquirido en instituto de cocina después del retorno al Perú y con la ayuda financiera proveniente de su vínculo fuerte, su familia o amigos. Otros, utilizaban su capital humano formal adquirido antes de inmigrar y ampliaban el vínculo débil a través de colegas que ya conocían antes de migrar a Japón. Por lo tanto, la reintegración laboral de los retornantes requiere no solamente de la diversificación del capital social y el capital humano, sino también de la capacidad de interrelacionar estos capitales.

A su vez, hay una creciente inserción económica de los retornantes en el sector gastronómico. La demanda de restaurantes de comida japonesa en Lima ya no es exclusivamente para consumo de los japoneses o de los nikkei, pues hay una alta demanda entre peruanos sin ascendencia japonesa. También entre los retornantes ha emergido una cocina japonesa fusión con elementos peruanos. Dos entrevistados tienen su propio restaurante de comida japonesa, y dicen que su restaurante es aceptado por todos.

(Masaki). En verdad, vienen varios tipos de gente. Acá viene bastante ex-dekasegui, bastante nikkei que no han ido a Japón, japoneses que viven acá, bastante peruanos que están involucrados a mundos de otaku (fanático sobre todo al anime y al manga) y bastante peruanos que tienen ganas de probar otras cosas.

 

Los retornantes que han abierto restaurantes japoneses en el Perú ofrecen comida japonesa típica que conocieron durante su experiencia migratoria en Japón. Uno de los entrevistados comentó que a su retorno decidió estudiar gastronomía en el Perú y se capacitó en cocina japonesa en Japón, pues el entorno de los restaurantes es cada vez más competitivo por el auge gastronómico que vive el país. Para este retornante la esta experiencia de tener un restaurante propio también es significada a partir de la historia de su padre, a quien la cocina le permitió su desarrollo económico en el Perú.

Finalmente, puede concluirse que los retornantes entrevistados toman decisiones sobre su inserción económica y laboral en el Perú de acuerdo a su posesión de sus capitales sociales y capitales humanos y la manera en que estos son considerados frente a la situación estructural actual en el país. Al momento de la entrevista tanto los retornantes expresaron su satisfacción por poder trabajar con lo que realmente querían, y su intención de seguir viviendo en el Perú. Sin embargo, podría suponerse que esta decisión puede cambiar dependiendo de la situación estructural en Perú y Japón, dado que la migración y el retorno siempre son flexibles.

 

Notas:

[i] Graduada en 2014 de Yokohama City University en Japón y en 2017 de la Pontificia Universidad Católica del Perú en donde cursó la maestría en Sociología. Ha trabajado en apoyo escolar de niños peruanos en Japón. Actualmente trabajo en SCM Minera Lumina Copper Chile. Correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Cómo citar este artículo:

KUROTSU, Tomoko, (2022) “Reintegración laboral de migrantes peruanos retornantes desde Japón. Trayectorias migratorias, vínculos de soporte y experiencias previas (2000-2014)”, Pacarina del Sur [En línea], año 14, núm. 49, julio-diciembre, 2022. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 20 de Mayo de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2079&catid=13