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Pacarina del Sur
Ignacio Allende: el militar de la independencia
Figura Histórica

Ignacio Allende: el militar de la independencia

21 de enero de 1769, San Miguel el Grande — 26 de junio de 1811, Chihuahua

México Independencia Capitán general y estratega militar de la insurgencia

“El capitán realista que organizó la conspiración, se enfrentó a Hidalgo por la estrategia y murió fusilado como él”

Ignacio José de Allende y Unzaga es el militar profesional de la insurgencia mexicana. Capitán del Regimiento de Dragones de la Reina Provincial, criollo acomodado de San Miguel, organizó junto con la Corregidora y los hermanos Aldama la conspiración de Querétaro que dio origen al Grito de Dolores. Acompañó a Hidalgo en todas las campañas de 1810-1811, se enfrentó a él por desacuerdos estratégicos —particularmente tras la masacre de Guanajuato y la retirada del Monte de las Cruces— y murió fusilado junto a él en Chihuahua el 26 de junio de 1811. Su cabeza colgó diez años en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas.

San Miguel el Grande

Nació el 21 de enero de 1769 en San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende) en una familia criolla acomodada: su padre Domingo Narciso de Allende era comerciante y hacendado; sus abuelos habían sido capitanes de las milicias coloniales. La casa familiar —hoy Museo Histórico de la Casa de Allende, en la plaza principal de San Miguel— es uno de los edificios virreinales mejor conservados del Bajío.

A los 26 años ingresó como teniente al Regimiento Provincial de Dragones de la Reina, institución militar criolla que proliferó en la Nueva España tras las reformas borbónicas: ejércitos regionales financiados y dotados por la élite local, con disciplina europea. En el Regimiento de Dragones hizo amistad con otros dos jóvenes oficiales criollos: Juan Aldama y Mariano Abasolo. Los cuatro formarían el núcleo militar de la conspiración.

La conspiración de Querétaro

Las reuniones empezaron en 1809 en distintas casas del Bajío: la de Hidalgo en Dolores, la de Allende en San Miguel, la del corregidor Domínguez en Querétaro donde la esposa Josefa Ortiz hacía de anfitriona. La red se extendió en meses a Guadalajara, Valladolid, San Luis Potosí y Zacatecas.

El proyecto original era esencialmente militar: un pronunciamiento coordinado de los regimientos criollos para el 1 de diciembre de 1810, aprovechando una feria ganadera en San Juan de los Lagos donde se podría concentrar tropa sin despertar sospechas. Allende, por formación, pensaba la insurgencia en clave napoleónica: ejército regular, disciplina, dirección centralizada.

La delación del 13 de septiembre —por parte del capitán realista Juan Garrido— forzó anticipar la acción. La Corregidora alertó a Allende y a Aldama. Ellos se desplazaron esa misma noche a Dolores para avisar a Hidalgo. El 16 de septiembre al amanecer, el grito inició la revolución. Pero con ello, Allende perdió el control del formato.

Hidalgo vs Allende: la fractura estratégica

Allende había imaginado un ejército disciplinado con oficiales regulares; Hidalgo puso en marcha una masa de campesinos armados de machetes y palos. El contraste entre los dos hombres —el militar profesional y el cura popular— era estructural. Cada victoria campesina reforzaba la autoridad de Hidalgo sobre la de Allende.

Las fricciones estallaron en Guanajuato (28 de septiembre de 1810). Hidalgo permitió el saqueo de la ciudad y la masacre de los españoles refugiados en la Alhóndiga. Allende se opuso: intentó detener a la turba a espadazos montado a caballo. «No son ejércitos, son chusmas», escribiría después. Fue inútil.

En el Monte de las Cruces (30 de octubre de 1810), el ejército insurgente venció a las tropas realistas y quedó a las puertas de la Ciudad de México. Allende propuso avanzar inmediatamente y tomar el palacio virreinal. Hidalgo vaciló, ordenó la retirada y dio así tiempo a que el virrey Venegas reorganizara la defensa con refuerzos frescos. En Puente de Calderón (17 de enero de 1811), el general Félix María Calleja derrotó al ejército insurgente. Fue el comienzo del fin.

La destitución y la huida

Tras Calderón, Allende logró que la junta insurgente destituyera a Hidalgo del mando militar —mantuvo el liderazgo religioso y moral— y asumió él mismo la capitanía general. La decisión llegaba tarde. El ejército se había desintegrado. Allende, Hidalgo, Aldama y Abasolo emprendieron la retirada hacia el norte, intentando llegar a Estados Unidos para buscar apoyo.

En Acatita de Baján (Coahuila), el 21 de marzo de 1811, fueron emboscados por Ignacio Elizondo, ex aliado convertido en delator. La captura fue masiva: los cuatro jefes más todos los oficiales de su escolta.

Chihuahua: el juicio y el fusilamiento

Los juicios se desarrollaron en Chihuahua durante tres meses. Allende fue juzgado por el tribunal militar que presidía el gobernador interino Nemesio Salcedo. La defensa fue simbólica. El 26 de junio de 1811, Allende fue ejecutado por la espalda en el patio del Hospital Real de Chihuahua —por traidor, a los oficiales se les fusilaba de espaldas— junto con Aldama y Jiménez. Tenía 42 años. Hidalgo, como clérigo, fue degradado canónicamente primero y fusilado el 30 de julio.

Las cuatro cabezas —de Allende, Hidalgo, Aldama y Jiménez— fueron enviadas a Guanajuato y colgadas en jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas. Allí permanecieron diez años, hasta 1821.

La memoria del estratega

Durante todo el siglo XIX, la historiografía oficial mexicana —fuertemente hidalguista— relegó a Allende al segundo plano. El «padre de la Patria» era Hidalgo; Allende, el oficial frustrado que traicionó al cura en el último momento.

El redescubrimiento vino con la historiografía del siglo XX: Luis González y González, Enrique Krauze y Alfonso Toro mostraron que la visión militar de Allende —ejército regular, disciplina, centralización— era probablemente la única que podía haber ganado la guerra de independencia. La de Hidalgo —masa popular sin disciplina— produjo victorias rápidas y derrotas catastróficas.

En 1826, la ciudad de San Miguel el Grande fue rebautizada San Miguel de Allende. Sus restos fueron trasladados a la Columna de la Independencia de la Ciudad de México en 1925. La Universidad Militar del Estado Mayor, la ciudad de Allende (Coahuila), el puerto pesquero de Allende (Nuevo León) y la casa-museo en su ciudad natal mantienen vivos su nombre y su figura. El 21 de enero, feriado estatal en Guanajuato, se celebra su cumpleaños. La frase que mejor lo resume es suya: «Si hubiéramos tenido un ejército como Dios manda, la Independencia habría costado menos sangre».

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