Arturo Prat es el héroe naval por antonomasia de Chile. Su muerte el 21 de mayo de 1879, al frente de la corbeta Esmeralda durante el Combate Naval de Iquique —siete horas de resistencia desigual contra el monitor peruano Huáscar—, definió el modo en que Chile se mira a sí mismo: disciplinado, tenaz, dispuesto a cumplir el deber aunque el cálculo racional dicte lo contrario. Cada 21 de mayo es feriado nacional chileno en su memoria.
Ninhue y la Escuela Naval
Nació el 3 de abril de 1848 en el fundo San Agustín del Puñual, cerca de Ninhue (actual Ñuble), en una familia de pequeña aristocracia rural en decadencia. Ingresó a la Escuela Naval de Valparaíso con apenas diez años —cosa habitual en la época— y egresó como guardiamarina a los catorce.
Su carrera combinó el servicio naval con estudios de Derecho en la Universidad de Chile: se recibió de abogado en 1876 con una tesis pionera —Observaciones a la lei electoral vijente— que criticaba la concentración del voto en los terratenientes. Era una vocación civil en un cuerpo militar.
La Guerra del Pacífico
Cuando estalló la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia (1879), Prat era capitán de fragata con 31 años. La armada chilena concentró sus dos buques más antiguos —las corbetas de madera Esmeralda y Covadonga— en la rada de Iquique, bloqueando el puerto peruano, mientras el grueso de la escuadra perseguía a los buques peruanos principales.
El 21 de mayo, los monitores acorazados peruanos Huáscar e Independencia —que habían salido del Callao al amparo de la niebla— irrumpieron en Iquique. La batalla fue completamente desigual: el Huáscar estaba blindado, la Esmeralda no; el Huáscar disparaba granadas de 250 kg, la Esmeralda sólo proyectiles ligeros.
Siete horas frente al Huáscar
Durante siete horas, Prat maniobró la Esmeralda entre bajíos y baterías costeras peruanas para esquivar los impactos. Respondió al fuego enemigo sabiendo que no tenía manera de dañar el casco acorazado. A las once de la mañana, el comandante del Huáscar, Miguel Grau, decidió acabar con el cerco embistiendo.
En el primer espolonazo, Prat saltó al abordaje. La fuente es unánime: al momento del choque, Prat ordenó «al abordaje, muchachos» y saltó él solo al puente del Huáscar con el sable en una mano. Fue acompañado apenas por el sargento Juan de Dios Aldea y uno o dos marineros. Los demás no alcanzaron a saltar: el Huáscar se separó inmediatamente. Prat, solo en el puente enemigo, fue abatido por una descarga y rematado por un golpe de sable en la cabeza. Tenía 31 años.
En el segundo espolonazo —una hora y media después— la Esmeralda fue finalmente hundida. El comandante accidental, el segundo Luis Uribe, se hundió con el buque.
El gesto de Grau
Al recuperar el cuerpo de Prat, Grau mandó envolverlo en la bandera chilena, mantuvo una guardia de honor en su camarote y escribió a la esposa de Prat, Carmela Carvajal, una carta que es uno de los documentos morales más citados de la guerra:
«Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y tengo el honor de acompañarle una maleta, la cual, según las declaraciones de los prisioneros, contiene alhajas de uso de su difunto esposo, el ejemplar y valiente capitán de navío don Arturo Prat… Vuestro esposo ha sido víctima de su exagerada temeridad, pero también de la defensa que hizo de su destacamento con un valor heroico.»
La caballerosidad del comandante peruano —a quien Miguel Grau encarnaba el mismo ideal aristocrático de la guerra— añadió al episodio una nobleza que los chilenos no olvidaron. Cuando Grau murió semanas después en el combate de Angamos, Chile mismo lo lloró.
La consagración
La derrota de Iquique —técnicamente una victoria peruana, el bloqueo se rompió y la Esmeralda se hundió— se convirtió en la piedra fundadora de la identidad nacional chilena. El parte de Prat saltando al abordaje se enseña desde entonces en todas las escuelas. El 21 de mayo, Día de las Glorias Navales, el presidente inaugura cada año en el Congreso el año legislativo frente al monumento a Prat de Valparaíso.
Sus restos reposan desde 1888 en la cripta del Monumento a los Héroes de Iquique, sobre el malecón porteño. Su frase —»muchachos, la contienda es desigual. Nuestra bandera no ha sido arriada jamás en presencia del enemigo y espero que no sea ésta la ocasión en que lo sea«— la recita en voz alta el presidente cada 21 de mayo. Ninguna figura chilena, ni O’Higgins, goza de memoria tan intacta.



