Tres hombres. Tres rutas. Tres imperios. Entre 1519 y 1537, las expediciones de Hernán Cortés, Francisco Pizarro y Diego de Almagro definieron la geografía colonial española de América. Las cifras comparativas —kilómetros recorridos, soldados iniciales, víctimas, tiempo— dibujan un cuadro que ningún libro de historia suele mostrar junto.
Cortés: 500 soldados, 1.200 km, 2 años
Hernán Cortés desembarcó en Veracruz en abril de 1519 con 500 soldados, 16 caballos, 14 piezas de artillería ligera. En dos años, esa fuerza —combinada con los ejércitos aliados tlaxcaltecas y totonacas que sumaron hasta 150.000 hombres— cruzó la sierra a Tenochtitlán (1.200 km en línea recta, ~2.000 km en ruta real), instaló a Cortés como huésped de Moctezuma, fue expulsado en la Noche Triste, regresó, sitió Tenochtitlán durante 75 días y la destruyó en agosto de 1521. Las víctimas indígenas del sitio final: entre 100.000 y 240.000 muertos por combate, hambre y epidemias de viruela combinadas. Es el colapso más violento en la historia de una capital indígena americana.
Pizarro: 168 soldados, 1.800 km, 18 meses
Francisco Pizarro llegó a Tumbes en 1532 con 168 soldados y 62 caballos. Era el más pequeño de los tres ejércitos conquistadores. Y sin embargo fue el que consumó la captura imperial más rápida: en noviembre de 1532 capturó a Atahualpa en Cajamarca; en noviembre de 1533 entró en Cuzco; para 1535 había fundado Lima. La ventaja estructural: el Tahuantinsuyo estaba exhausto por la guerra civil entre Atahualpa y Huáscar. Pizarro no derrotó al imperio: lo cosechó a mitad de su autodestrucción.
La asimetría es vertiginosa. 168 soldados capturaron a un emperador rodeado de 80.000 guerreros en Cajamarca. El factor explicativo clave: las armas de fuego, los caballos y los mastines de guerra produjeron pánico total en ejércitos indígenas que no los habían visto nunca. Y, sobre todo, las alianzas indígenas —con los huancas, los cañaris, los chachapoyas— multiplicaron por 100 la fuerza efectiva del conquistador.
Almagro: 500 soldados, 5.200 km, 27 meses
Diego de Almagro partió de Cuzco en 1535 hacia el sur con el mismo número de soldados que Cortés había llevado al centro de México. Su expedición fue la más larga y desastrosa de las tres. Llegaron hasta Copiapó en el norte de Chile atravesando la cordillera andina por el paso de San Francisco. La ruta de ida cobró muertes atroces en la alta montaña: miles de indígenas yanaconas —esclavos de los españoles— murieron congelados o por falta de alimento. Al llegar, Chile no ofrecía el oro esperado. Almagro emprendió el retorno en 1537 por el paso de Atacama. La expedición volvió a Cuzco diezmada y moralmente quebrada.
La conquista efectiva de Chile no la logró Almagro sino Pedro de Valdivia, que partió de Cuzco en 1540 siguiendo la misma ruta con 150 hombres mejor preparados. Valdivia fundó Santiago en 1541 y controló el valle central. Pero nunca pudo vencer a los mapuches al sur del Biobío. La Guerra de Arauco —que inició Lautaro en 1553 y que no terminaría hasta la anexión chilena de la Araucanía en 1883— se originó precisamente en la frontera donde la ruta de Almagro se había detenido.
Lo que los tres comparten
A pesar de las diferencias de escala, las tres rutas comparten elementos estructurales idénticos:
- Alianzas indígenas: ningún conquistador actúa solo. Cortés con los tlaxcaltecas, Pizarro con los huancas y cañaris, Almagro con los yanaconas. Los conquistadores no son «europeos contra americanos»: son ejércitos indígenas liderados por europeos.
- Viruela: las tres rutas llegan a población ya azotada por la epidemia. Las bajas por enfermedad superan a las bajas por espada en proporción 9:1.
- Oro y plata como objetivo central. No estamos ante misiones evangelizadoras con derivas económicas: estamos ante expediciones comerciales con fachada ideológica.
La lección del mapa
Las tres líneas que cruzan el mapa de América en el siglo XVI —Cortés norte-centro, Pizarro norte-sur costero, Almagro sur cordillerano— son las mismas que hoy delimitan tres de las cuatro grandes regiones económicas de América Latina: México-Golfo, costa peruana-chilena y cordillera andina. Dibujadas con tinta de polvo de caballo y pólvora, siguen marcando 500 años después la geografía humana del continente. Las infografías son frías. Las consecuencias, aún calientes.


