Del 13 al 30 de julio de 1930, Uruguay organizó la primera Copa del Mundo de la FIFA. Fue un torneo improvisado, sin sistema de clasificación, con apenas 13 selecciones participantes —4 europeas y 9 americanas— y un estadio construido específicamente para la ocasión. Noventa y cinco años después, aquel mundial inaugural sigue siendo referencia en la memoria del fútbol global: fundó la tradición que hoy sigue existiendo.
El contexto: centenario de Uruguay
En 1930 Uruguay celebraba los cien años de su Independencia (1830-1930). El gobierno de José Luis Batlle Berres aprovechó el aniversario para organizar eventos internacionales: exposición universal, conferencias académicas y —el más ambicioso— una Copa del Mundo de fútbol. La Celeste era bicampeona olímpica (1924 y 1928) y la inversión simbólica era clara: mostrar al mundo un pequeño país sudamericano capaz de organizar un evento global.
La FIFA de Jules Rimet
La FIFA, fundada en 1904, llevaba 26 años sin un torneo mundial propio. Su presidente, el francés Jules Rimet, había propuesto la idea en 1928 durante los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. En el Congreso FIFA de Barcelona (mayo de 1929), Uruguay ganó la votación para organizarlo: ofreció pagar los gastos de viaje de todos los equipos europeos y construir un estadio de 100.000 personas desde cero. Era una oferta irresistible.
Las 13 selecciones
La mayoría de países europeos rehusaron viajar: dos semanas en barco a Sudamérica en plena Gran Depresión era inversión imposible para federaciones sin recursos. Finalmente, solo cuatro selecciones europeas aceptaron: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia. Viajaron juntas en el vapor italiano Conte Verde, que salió de Génova el 21 de junio con una escala en Brasil.
Las nueve selecciones americanas fueron: Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Bolivia, Estados Unidos, México. Total: 13 equipos, 18 partidos.
El Estadio Centenario
Uruguay necesitaba un estadio para el evento. El arquitecto Juan Antonio Scasso diseñó el Estadio Centenario en Montevideo, con capacidad para 100.000 espectadores, torre mirador de 100 metros de altura y cuatro tribunas con nombres patrióticos: Olímpica, Ámsterdam, Colombes, América. Empezó a construirse en septiembre de 1929. Se inauguró el 18 de julio de 1930 —cinco días después de iniciado el Mundial— porque las lluvias del invierno austral retrasaron las obras.
El Centenario fue declarado por la FIFA en 1983 «Monumento Histórico del Fútbol Mundial», el único estadio del mundo con esa distinción. Sigue en funcionamiento 95 años después.
Los partidos inaugurales
El primer partido oficial del primer Mundial se jugó el 13 de julio de 1930: Francia 4 – México 1, en el Estadio Pocitos (Montevideo). El primer gol de la historia mundialista lo marcó el francés Lucien Laurent a los 19 minutos. Laurent —que trabajaba como torneador en una fábrica Peugeot— siguió jugando fútbol amateur hasta 1946 y falleció a los 97 años en 2005 como el último superviviente del torneo.
La semifinal Argentina-USA
Estados Unidos —equipo formado casi enteramente por escoceses inmigrados— fue la sorpresa del torneo. Llegó a semifinales tras derrotar a Bélgica 3-0 y a Paraguay 3-0. En semifinal perdió 6-1 contra Argentina: una humillación que el periodismo norteamericano tardó décadas en superar. El seleccionador estadounidense, Robert Millar, escribió: «No estábamos preparados para el ritmo del juego sudamericano«.
La final: Uruguay-Argentina, 30 de julio de 1930
La final fue la confrontación simbólica esperada: los dos vecinos rioplatenses, ambos finalistas, separados por el río de la Plata. Uruguay 4, Argentina 2 ante 68.346 espectadores —asistencia limitada por la construcción inacabada del Centenario—. Los goles uruguayos fueron de Pablo Dorado, Pedro Cea, Santos Iriarte y Héctor Castro «El Divino Manco», jugador que había perdido un brazo en un accidente de trabajo pero que jugaba con tal destreza que le llamaban «el divino». Para Argentina anotaron Peucelle y Stabile.
Jules Rimet entregó el trofeo —que después llevaría su nombre— al capitán uruguayo José Nasazzi. El periodismo europeo, que había despreciado el viaje, tuvo que reconocer que el torneo había sido éxito espectacular.
El trofeo Jules Rimet
El trofeo original —pequeña copa de 35 centímetros de alto, de plata y malaquita— llevó el nombre de Rimet en 1946. Uruguay lo retuvo hasta 1934. Italia lo ganó en 1934 y 1938. Después Uruguay lo recuperó en 1950, Alemania en 1954, Brasil en 1958, 1962 y 1970 (tres títulos que, según reglamento, le daban la posesión definitiva). Brasil lo custodió hasta 1983, cuando fue robado de la sede de la CBF en Río de Janeiro y nunca se recuperó.
Desde 1974, el torneo usa el trofeo diseñado por el italiano Silvio Gazzaniga: una copa de oro macizo de 36 centímetros. Ese es el que hoy compiten las selecciones mundiales.
El legado
El Mundial de 1930 inauguró la tradición: cada cuatro años —con pausa por la Segunda Guerra Mundial entre 1942 y 1946—, las mejores selecciones del mundo se reúnen para disputar el torneo. En 2026 se celebrará el número 23, organizado por Estados Unidos, Canadá y México.
La frase que resume mejor el espíritu del Mundial inaugural la pronunció Jules Rimet en el discurso de cierre el 30 de julio de 1930: «Hemos hecho posible lo imposible«. El imposible era reunir a tres continentes y trece banderas en un estadio de Montevideo. El posible es que casi un siglo después sigue repitiéndose.


