La Lotería General de la Nueva España —antecesora directa de la actual Lotería Nacional mexicana— nació por Real Cédula de Carlos III el 19 de octubre de 1769. El primer sorteo se celebró el 13 de mayo de 1771 en la Ciudad de México. El premio mayor fue de 20.000 pesos; el billete costaba 3 pesos. Los fondos recaudados se destinaban al Hospicio de Pobres de la Ciudad de México. Fue la primera lotería pública con fines de beneficencia estatal del continente americano. Doscientos cincuenta y cinco años después, la misma institución sigue emitiendo billetes los viernes.
Los antecedentes europeos
La lotería moderna europea nació en Génova en 1576: un sorteo semestral de cinco números entre los 90 que formaban el Senado de la República de Génova, con apuestas populares sobre qué cinco nombres saldrían elegidos. La fórmula se popularizó por toda Italia y en 1757 Madrid adoptó su versión —la Lotería de Números—, primero como recaudador extraordinario y después como ingreso fiscal ordinario.
Carlos III, ilustrado y reformador, consolidó las loterías peninsulares y en 1763 creó la Lotería Nacional Española —que aún existe— con el propósito de «sacar al pueblo de la miseria por medio del arte del cálculo, sin acudir a nuevos impuestos«. Seis años después, extendió el sistema al virreinato de la Nueva España.
La Real Cédula de 1769
El 19 de octubre de 1769, Carlos III firmó en Madrid la Real Cédula instaurando la Lotería General del Reino de la Nueva España. El documento —conservado en el Archivo General de la Nación de México— establecía:
- La dirección general estaría a cargo del virrey.
- El sorteo se celebraría públicamente cada dos meses en la Ciudad de México.
- Los fondos recaudados, después de premios y gastos administrativos, se destinarían al Hospicio de Pobres fundado por el arzobispo Francisco Antonio de Lorenzana.
- El monopolio era total: cualquier lotería privada o de otra procedencia quedaba prohibida bajo pena de confiscación de bienes.
El sorteo del 13 de mayo de 1771
Tras un año y medio de organización, el primer sorteo se celebró el 13 de mayo de 1771 en el Palacio Virreinal. La ceremonia fue espectacular: asistieron el virrey Marqués de Croix, el arzobispo Lorenzana, los miembros de la Real Audiencia, representantes del cabildo y varios centenares de espectadores. Se contrataron dos niños expósitos del Hospicio para extraer las bolas de un tambor de plata —tradición que la Lotería Nacional mexicana mantiene hasta hoy, aunque ya no se usan niños del hospicio—. El premio mayor fue 20.000 pesos, equivalente aproximado a 40 millones de pesos actuales.
El billete ganador —número 1.728— fue vendido en el puesto de billetes de la Calle de Plateros (hoy Madero), propiedad de doña María Josefa Gómez Mascarúa. El comprador, un zapatero de Tacuba llamado Pedro Antonio de Lara, pagó sus deudas, compró una pequeña propiedad rural y se convirtió en figura frecuente de las crónicas sociales del siglo XVIII.
El destino de los fondos
Durante sus primeros treinta años, la Lotería destinó el 60% de los fondos netos al Hospicio de Pobres, institución que recibía a mendigos, niños expósitos, inválidos y ancianos sin familia. Otro 20% fue al Hospital de Naturales y otro 20% al Colegio de las Vizcaínas (el mismo donde estudió Josefa Ortiz de Domínguez). El modelo era explícitamente redistributivo: gravar el placer voluntario del juego para financiar instituciones asistenciales.
El historiador Juan Javier Pescador, en Crónica del monte Pío (2003), ha mostrado que entre 1771 y 1820 la Lotería generó unos 4,5 millones de pesos netos para el sistema de beneficencia novohispana —suma comparable a la que el Estado moderno mexicano destinaría, en relación a PIB, a programas sociales durante el siglo XIX.
El «Monte Pío» vs la Lotería
Coetáneo a la Lotería y complementario en su función social fue el Monte Pío —institución de crédito prendario fundada también por Carlos III— que ofrecía préstamos a bajo interés contra prendas a las clases populares. Lotería y Monte Pío se concibieron como par institucional: la primera redistribuía hacia arriba (el pobre podía ganar) y el Monte Pío redistribuía hacia abajo (el rico prestaba al pobre a interés limitado). Juntos eran el dispositivo ilustrado de protección social borbónica.
Independencia y continuidad
Consumada la Independencia en 1821, el Estado mexicano mantuvo la institución. En 1825 el presidente Guadalupe Victoria decretó la Lotería de la Beneficencia Pública, que cambió nombres varias veces durante el siglo XIX. En 1920, tras la Revolución, el presidente Venustiano Carranza estableció formalmente la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, institución que hasta 2024 sigue operando. Los billetes se venden los viernes; los sorteos se transmiten por radio y televisión; los fondos siguen destinándose al sistema de asistencia pública federal.
Curiosidades y colecciones
La Lotería Nacional mexicana conserva uno de los archivos de billetes más antiguos del mundo: más de 15.000 billetes entre 1771 y 2024 están digitalizados y disponibles en el archivo de la institución. El billete del sorteo inaugural —número 1.728, año 1771— se exhibe en el vestíbulo del edificio sede en la avenida Paseo de la Reforma.
Cada 13 de mayo, la Lotería Nacional celebra el Día del Billetero en memoria del primer sorteo. Los vendedores de billetes de calle —profesión que tiene aún más de 50.000 personas en todo el país— reciben homenaje oficial. Es la única tradición que une, casi sin interrupción, la institución del virreinato borbónico con el México del siglo XXI.


