En los bosques del interior colombiano, hay una leyenda que los arrieros, madereros y campesinos repiten con fe variable pero con alarma consistente: la Patasola. Mujer hermosa en apariencia inicial, con una sola pierna que termina en pezuña o en muñón, que atrae a los cazadores solitarios y los devora. El mito, nacido en las cordilleras colombianas del siglo XIX, se ha extendido a Venezuela, Ecuador, Panamá y partes del noroccidente peruano.
Los orígenes del mito
El folklorista colombiano Javier Ocampo López, en Mitos y leyendas colombianas (1984), identifica el origen de la Patasola en las zonas montañosas de Antioquia y Caldas durante los siglos XVIII y XIX, cuando la explotación minera y maderera llevaba a poblados masculinos a trabajar durante meses en campamentos selváticos. La leyenda combina dos miedos convergentes: el miedo al bosque (que devora al que se aleja del camarada) y el miedo a la sexualidad ilícita (el castigo contra el adulterio).
La versión origen más difundida narra a una mujer casada adúltera descubierta por su marido, que en el castigo le cortó una pierna con el hacha y la abandonó en el bosque. Condenada a vagar por el monte, la mujer se convirtió en espíritu voraz. Otras versiones la identifican con una bruja castigada por Dios, o con el alma de una indígena asesinada por un hacendado.
Descripción canónica
La Patasola se aparece inicialmente como mujer joven y hermosa, sentada sobre una roca o en la base de un árbol, aparentemente extraviada. Habla con voz dulce y llama al cazador por su nombre. Cuando el hombre se acerca, ella se levanta: se revela entonces la pierna única, que termina en una pezuña de bovino o en un muñón con uñas alargadas. El rostro se transforma: ojos llameantes, boca abierta con colmillos, greñas. Lanza un rugido y persigue al hombre por el bosque. Si lo alcanza, lo devora; si el hombre invoca a la Virgen, a veces puede escapar.
La pierna como estigma
El rasgo anatómico —una sola pierna— tiene paralelos en otras mitologías. El Supay quechua cojea. El Tió boliviano de las minas tiene a veces una pata de macho cabrío. La investigadora Pilar Álvarez sostiene que la pierna única es un rasgo de «criatura del más allá» común a toda la mitología del diablo ibérico y sus adaptaciones americanas.
La Patasola en la cultura colombiana
En 1985, el compositor colombiano Jorge Velosa grabó la canción humorística «La Patasola» que entró en el cancionero popular. En 2006, la película animada colombiana La leyenda de la Llorona incluyó una versión infantil del mito. La ciudad de Ibagué —en pleno corazón cafetero, donde la leyenda es especialmente fuerte— organiza cada agosto el Festival Folklórico Colombiano, donde los danzantes representan la aparición, la seducción y la transformación.
La lectura feminista
La crítica literaria contemporánea —Adelaida Caro en Cuerpos narrativos (2015), Patricia Trujillo en Género y folklore— ha cuestionado la dimensión patriarcal del mito original: una mujer cuya única pierna es castigo explícito por su sexualidad fuera del matrimonio. Las lecturas contemporáneas proponen una resignificación: la Patasola como mujer marcada que el paisaje social ha mutilado, pero que en la oscuridad del bosque sobrevive y castiga al cazador. Es la misma figura mítica leída desde ángulos opuestos.


