Entre el 16 de septiembre de 1810 —Grito de Dolores de Hidalgo— y el 9 de diciembre de 1824 —batalla de Ayacucho ganada por Sucre—, el Imperio Español en América se desintegró. En 20 años, 15 nuevas repúblicas (y un imperio, el de Brasil) emergieron del mapa continental. Es probablemente el ciclo de independencias más concentrado de la historia mundial.
Los dos polos del ciclo
El ciclo tiene dos polos geográficos claros. El polo norte: México, Centroamérica, Venezuela, Nueva Granada, Ecuador. Lo lidera Simón Bolívar, con apoyos de Sucre, Nariño, Miranda, Páez y otros. Las batallas decisivas son Boyacá (1819), Carabobo (1821), Pichincha (1822). El polo sur: Argentina, Chile, Alto Perú, Perú. Lo lidera San Martín, con apoyos de O’Higgins, Belgrano, Azurduy. Batallas: Chacabuco (1817), Maipú (1818), desembarco en Paracas (1820).
Los dos polos se encuentran en 1822 en la Entrevista de Guayaquil. Es el punto de bisagra cronológico.
La aceleración 1820–1824
La cronología muestra una notable aceleración entre 1820 y 1824. Del ritmo lento de la primera década —Hidalgo en 1810, Paraguay en 1811, pocas declaraciones formales más— se pasa a un estallido simultáneo: Perú proclama su independencia en julio de 1821, Centroamérica en septiembre de 1821, México en agosto de 1821, Brasil en septiembre de 1822, Ecuador en mayo de 1822. La razón: el Trienio Liberal español (1820-1823) había debilitado fatalmente a la monarquía metropolitana. Cuando Fernando VII quiso reimponer el absolutismo, ya era tarde. América se había marchado.
La anomalía brasileña
Brasil rompe el patrón. No es una república sino un imperio: el 7 de septiembre de 1822, don Pedro I —hijo del rey portugués Juan VI— proclama la independencia en el llamado «Grito do Ipiranga» y se constituye emperador del nuevo país. La transición es pacífica —cabe decir, con pocas bajas respecto a la mayoría de los casos hispanoamericanos— y preserva la continuidad dinástica borbónica hasta 1889, cuando la república finalmente se proclama.
Los rezagados: Uruguay, Paraguay y los casos dudosos
Algunos territorios tardaron más en consolidar su independencia como estado propio. Uruguay no se separó definitivamente del Imperio de Brasil hasta 1828, tras la Guerra del Brasil. Bolivia se constituyó en república independiente en 1825, gracias a Sucre y la Asamblea de Chuquisaca. Panamá permaneció dentro de la Gran Colombia hasta 1903. Cuba y Puerto Rico nunca se independizaron del Imperio español en el ciclo 1810-1830 y tuvieron que esperar hasta 1898.
Lo que el mapa esconde
Cada uno de estos puntos sobre la línea del tiempo oculta años de guerra brutal, millones de muertes (directas e indirectas), generaciones de traiciones políticas y lealtades inquebrantables. El mapa, que parece limpio, no muestra los suplicios —Tupac Amaru II en Cuzco 1781, Morelos en Ecatepec 1815—, no muestra los incendios —Caracas en 1812—, no muestra los caballos reventados que cruzaron los Andes con San Martín. Muestra apenas que, cuando el primer puño golpeó la mesa del cura Hidalgo en septiembre de 1810, nadie podía saber cuántos se vaciarían en los veinte años siguientes. América Latina nace en este lapso: y todo lo que es, lo es desde entonces.


