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Pacarina del Sur
Juana Azurduy: la generala de la independencia altoperuana
Figura Histórica

Juana Azurduy: la generala de la independencia altoperuana

12 de julio de 1780, Toroca — 25 de mayo de 1862, Sucre

Argentina Independencia Teniente coronela de los ejércitos independentistas del Alto Perú

“La guerrillera mestiza que sitió Chuquisaca con un ejército propio y murió olvidada en la miseria”

Juana Azurduy es probablemente la guerrera más exitosa del ciclo de independencia hispanoamericano. Entre 1809 y 1816 comandó personalmente 16 combates, ascendió al grado de Teniente Coronela otorgado por Manuel Belgrano, sitió tres veces Chuquisaca, llevó a cabo sus campañas embarazada o recién parida, y perdió a cuatro de sus cinco hijos en el curso de la guerra. Cuando todo terminó, el Estado que ayudó a fundar —Bolivia— la dejó morir en la pobreza.

Toroca, 1780

Nació el 12 de julio de 1780 en Toroca, al sur del actual departamento de Chuquisaca (Bolivia). Su padre, Matías Azurduy, era hacendado criollo; su madre, Eulalia Bermudes, era mestiza quechua. La niña Juana hablaba quechua, aymara y castellano. A los siete años quedó huérfana y fue criada por sus tíos. Un intento de meterla en un convento de monjas de Santa Teresa de Chuquisaca duró dos años: fue expulsada por «indisciplinada».

A los 25 años se casó con Manuel Ascencio Padilla, también hacendado y militante criollo. Durante la revuelta de Chuquisaca de 1809 —la «Primera Grita de América»— ambos se sumaron al bando patriota. Fue el comienzo de una década de guerra.

Las campañas con Padilla

Entre 1810 y 1816, Juana combatió junto a su esposo en las republiquetas, guerrillas rurales del Alto Perú que resistieron durante seis años a cuatro ejércitos virreinales sucesivos. Sus bases de operaciones fueron la Laguna y El Villar. Los Padilla organizaron una columna de más de 10.000 combatientes —hombres y mujeres indígenas, mestizos y criollos pobres— que controlaba gran parte del actual Chuquisaca y Potosí.

Juana no era una acompañante: era jefa militar con tropa propia. En la batalla del Pari (1816) dirigió personalmente una carga de caballería, mató al oficial realista Francisco Javier Aguilera y le arrebató la bandera. Combatió embarazada de su quinto hijo, que parió escondida en el monte días después. En cinco años enterró a cuatro hijos muertos por epidemias y privaciones.

Belgrano: la teniente coronela

En reconocimiento a sus servicios, el general Belgrano le envió personalmente su sable en 1816 con una carta en que le otorgaba el grado de Teniente Coronel de las Milicias Decididas de la Patria, rango oficial inédito para una mujer en toda América. Es el primer despacho militar concedido a una mujer en la historia militar del continente.

La muerte de Padilla y el último asalto

El 14 de septiembre de 1816, Manuel Ascencio Padilla cayó en la batalla del Villar. Los realistas le cortaron la cabeza y la exhibieron clavada en una pica en la plaza de La Laguna. Juana la recuperó seis meses después durante un asalto relámpago con veinte jinetes, y la enterró junto a los restos de su esposo.

Con la causa altoperuana prácticamente derrotada, se replegó al norte argentino bajo el mando de Martín Miguel de Güemes. Participó en las campañas salteñas hasta el fin de la guerra en 1825.

La miseria de la victoria

La independencia del Alto Perú —convertida en la República de Bolivia por decisión de Sucre— no le reconoció una pensión digna. Juana regresó a Chuquisaca (renombrada Sucre en 1839). Vivió cuarenta años más en la miseria, olvidada por los gobiernos republicanos que ella había ayudado a nacer. Pedía limosna, según el testimonio del general colombiano O’Leary que la conoció en 1835.

Murió el 25 de mayo de 1862 en Sucre, a los 81 años. Fue enterrada en una fosa común. Su cuerpo no tuvo tumba hasta 1880, cuando el historiador boliviano Agustín Iturricha localizó sus restos y los trasladó al panteón nacional.

El rescate contemporáneo

Durante más de un siglo, Juana Azurduy fue una figura local. El redescubrimiento latinoamericano comenzó en los años setenta con la Canción a Juana Azurduy de Félix Luna y Ariel Ramírez, inmortalizada en la voz de Mercedes Sosa. En 2009, los presidentes Evo Morales y Cristina Kirchner la ascendieron póstumamente a Generala del Ejército Argentino, grado que no existía para mujeres en su época. Desde 2015, una estatua suya sustituye en la Casa Rosada a la de Cristóbal Colón.

Su frase —»he dejado la falda por el mosquetón»— es hoy consigna feminista en seis países. El Estado boliviano le rindió tardía reparación con un mausoleo en la Casa de la Libertad de Sucre. Para Argentina y Bolivia, Juana Azurduy se ha convertido en la única figura militar femenina de la Independencia con estatus oficial. La cantaba Mercedes Sosa así: «flor del Alto Perú, flor del Alto Perú / no hay otro capitán más valiente que tú.»

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