La Generación del Bicentenario en el Perú

The Bicentennial Generation in Peru

A geração bicentenária no Peru

Renzo Esteban Martínez Laya[1]

Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú

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Recibido: 04-12-2020
Aceptado: 30-05-2021

 

 

Aproximaciones teóricas al concepto de generación

El tema de la generación retorna cada cierto tiempo, siempre en relación con el protagonismo de una generación en relación con los acontecimientos sociopolíticos. Este protagonismo juvenil en acto encarna un malestar que los otros actores sociales no pudieron llevar a acto o, simplemente, no les correspondía activar. No se retomará, sino más adelante este protagonismo en relación directa con la tensión sociopolítica en el Perú, en el que se describirá las trayectorias de activación subjetivo-política en el marco de un contexto social y político que se ha ido desplazando en función de ciertos discursos y acontecimientos locales y globales. Antes bien, se precisa enmarcar las nociones que se tratan, especialmente el concepto de generación, para evitar caer en un uso de habla común, considerando que se trata de cuestiones vinculadas a tensiones políticas, sociales y afectivas. No deben ser estos usos los que orienten los enunciados y discursos de las Ciencias Sociales. Aun así, se está lejos de afirmar una pretensión total de objetividad en el análisis social, una aprehensión de todo lo que se viene construyendo y performando a nivel social y cultural ya que aún los cientistas sociales están tocados por las tensiones sociopolíticas en marcha, imbricados de cierta inquietud y expectativa con los aconteceres.

Se puede partir de la idea de generación más común y más vinculada al tiempo biográfico. En tanto, se sucede o reproduce un circuito, entendido como una situación estructurada (a nivel de las relaciones de dominación a nivel social e ideológico), ocurre también la sucesión de generaciones. En este sentido, las generaciones son caracterizadas de manera orgánica en relación con la cultura de su tiempo. De este modo, lo que definiría a la generación sería la unidad del tiempo biográfico y el tiempo histórico. Este circuito sería un continuum de continuidades generacionales a partir de la herencia del testimonio de los padres de acuerdo al carácter normativo y de la socialización en los ideales e idearios del tiempo histórico. Situándonos en la situación de la sociedad actual en la que predomina un imperativo al goce hedonista y narcisista, los adultos, jóvenes y niños asimilan dichos imperativos como expresión del progreso de las sociedades o, si se quiere, de la distopía societal irremediable.

Las llamadas generaciones del milenio[2] son caracterizadas en función de ciertos rasgos de sociabilidad, los cuales tienen base en la evolución socioeconómica de las últimas décadas, tales como las condiciones de precarización social que retarda la salida del joven del entorno familiar, aquellas condiciones materiales de comodidad forjadas con mucho esfuerzo en situaciones de crisis por los padres y que no son experimentadas por los hijos; como en el contexto cultural en relación con los imperativos al consumo o los ideales en torno a los espejismos del orden del imaginario.[3] La noción de “generación de cristal”[4] da cuenta de esa situación de fragilidad de la nueva generación o la manera en que los jóvenes quedan “rotos” cuando sus “pequeños” sueños se frustran. La metáfora del cristal tendría que ver con unas experiencias de castración no forjadas en las y los jóvenes de hoy ya que nacen con todas las facilidades y comodidades.

Evidentemente, estas representaciones vienen con la carga de la tipificación imaginaria que, como tal, tiene como función sostener algún tipo de circuito de poder. Rasgos cualitativos adjudicados a las generaciones nacidas desde los ochenta o a mediados de los noventa del siglo XX como el narcisismo (“la generación del yo-yo-yo”),[5] la hipersensiblidad, el fenómeno de los eternos adolescentes (“adulescentes”), la incapacidad de constituir vínculos sólidos, etcétera, sostienen ciertos circuitos de poder tales como el circuito adultocéntrico. Incluso la revaloración en el medio social de ciertos rasgos como la flexibilidad y la capacidad de adaptación tienen que ver con la constitución de cuerpos jóvenes maleables y dóciles en torno a la adaptación a las condiciones del mercado laboral y a lo que Byung-Chul Han (2012) denomina “sujeto como proyecto”.[6] Además, habría que señalar que estas representaciones son generalizaciones de ciertos rasgos de sociabilidad de determinados estratos socioeconómicos (clases medias), si bien podría sostenerse que la subjetivización en el orden del tardocapitalismo se hace extensiva a todos los estratos y entornos socioculturales y que la experiencia de la generación se ha tornado global (Beck-G. y Beck, 2008). Claro está, todos estos rasgos de sociabilidad que son productos culturales y no implican necesariamente la asimilación al Otro simbólico, ya que éstos resuenan de manera particular en cada sujeto y son recreados por éstos en sus entornos. Incluso estas recreaciones pueden conducir a quebrar y romper cristales.

Evidentemente, cuando se habla de generación no se hace referencia a la coexistencia e interacción de un grupo etario en un tiempo y un espacio geográfico y social determinado, el cual es a su vez expresión de una temporalidad más amplia basada en la trayectoria de la sucesión de generaciones en donde nada acontece. Queda claro, que la unidad del tiempo histórico y el tiempo biográfico conducen a planteamientos organicistas, ya que desde esta perspectiva únicamente se concibe la sucesión de generaciones que se adaptan plenamente a la evolución de las sociedades. Para una elaboración teórica que permita dar cuenta del concepto de generación en la dinámica social, habría que empezar por un esbozo al respecto de cómo operan las temporalidades en las sociedades. Max Hernández (2000) señala en relación a los ritmos en los cambios sociales que existe un retraso de las estructurales mentales e inconscientes con respecto a las estructuras socioeconómicas y un retraso de éstas con respecto a las estructuras políticas. De este modo, se descarta por completo la asimilación plena a los circuitos sociales, como también se plantea que cada estructura tiene sus propios ritmos y dinámicas, si bien los sujetos comparten las mismas experiencias en torno a problemas históricos concretos.

En este sentido, los estudios de las dinámicas históricas y sociales se podrían releer en relación con los modos de responder a esos desfases y brechas y con las pretensiones de equivalencias siempre infructuosas entre la estructura y la función. En este sentido, la experiencia generacional puede definirse en relación con la experiencia compartida en torno a problemas históricos concretos, tal como lo define Mannheim (1993). Una definición de generación no se puede ceñir solo a las unidades generaciones constituidas y consolidadas, ya que la plena socialización y subjetivización resultan siempre imposibles; sino que debe plantearse qué estrategias vitales emplean estas unidades generacionales contingentes en relación con ese mundo que les es impuesto. Se trata de cómo afrontan estos problemas concretos y esta situación histórica que les toca no solo en relación con eso que ha sido socializado, sino con eso otro que es producto de las “experiencias de brecha”. Hasta este punto se ha delimitado de manera pronta una noción de generación buscando una desvinculación con los planteamientos organicistas y positivistas. Aún queda por abordar de modo concreto esos modos de saber-hacer de las generaciones en relación con la temporalidad para posteriormente situarnos en nuestra temporalidad.

Dilthey (1949) pone énfasis en las experiencias situadas históricamente como constitutivas de una generación. Se trataría de la acumulación de acontecimientos, vivencias, habitus o emociones en un cuerpo social. De este modo, la vida humana es temporalidad, pero se trata de un tiempo articulado en relación con los significados o con el modo en que el lenguaje estructura al universo simbólico. El psicoanalista Jacques Lacan señala que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” (1964, pág. 28); es decir, las estructuras se constituyen en relación con las operatorias del lenguaje ya trabajadas por Freud: la condensación y el desplazamiento.[7] El tiempo y el espacio de un circuito social se definen en relación con la condensación de significantes o fijación del sentido en torno a determinada metáfora o narrativa. De este modo, las personas se autodefinen y definen al mundo en relación con las imágenes y los códigos simbólicos que se encuentran disponibles. En tanto, el desplazamiento da cuenta de lo que no puede ser socializado, de que algo siempre queda fuera y de cómo el objeto de deseo se mueve constantemente.

La relación entre los significados y repertorios del mundo con la identidad es desarrollada por Abrams (1982), la cual resulta muy útil para el dispositivo sociológico, al relacionar tiempo individual y tiempo social. Las nuevas generaciones crean nuevas identidades y nuevas posibilidades de acción en relación con los problemas históricos que afrontan. Las generaciones no se siguen las unas a las otras sobre la base de una cadencia temporal cuantificable en una temporalidad lineal, biográfica o biológica. Abrams refiere que una generación puede durar varios siglos tal como sucedió con las sociedades premodernas o estamentales; es decir, puede comprender una pluralidad de generaciones biográficas. Lo que delimita a una generación puesta en relación con otra son los acontecimientos históricos, los cuales vacían de sentido el universo sociosimbólico previo y des-afectivizan las vivencias que se le asociaban. De este modo, las generaciones pueden considerarse como resultado de las discontinuidades históricas y del cambio social.

Los acontecimientos histórico-sociales vienen a romper la continuidad histórica y marcan un antes y un después en la vida sociocultural. Se trata de construir otras formas de saber-hacer a nivel subjetivo e intersubjetivo (de generar nuevos vínculos sociales) a partir de un acto instituyente.[8] La dimensión instituyente o acontecimental como modo de trascender la idea de temporalidad biografía en cuanto a su construcción debe pensarse en función de una genealogía (vínculos, conciencias generacionales) que la han hecho posible existir en la vida social. Los acontecimientos advienen en relación con una dinámica entre la continuidad y la discontinuidad en proceso que opera en la sociedad y en base a esta dinámica de tensión se vacían los sentidos, se tornan inconsistentes los circuitos sociosimbólicos instituidos previos, resignifican los malestares sociales y se generan nuevos vínculos y conciencias. La genealogía de vínculos y conciencias generacionales es lo que toca dar cuenta cuando se analiza un determinado acontecer.

Flores Galindo (1987, pág. 218) refiere que las generaciones aparecen cuando se produce el encuentro entre determinados acontecimientos y vivencias, y proyectos y actitudes que cohesionan un grupo de coetáneos. Las acciones de las generaciones se hermanan y trascienden las coordenadas instituidas cuando comparten una “sensibilidad vital”, como refería Ortega y Gasset (2003). Solo de este modo se convierten en movimiento en relación con una “misión histórica”, señalaba José Carlos Mariátegui (1928). Entonces, se trata de entender la noción de generación en términos de ruptura y de creación. Esta ruptura no se da tanto en relación a las generaciones anteriores en sí, sino en relación a la forma de estructurar el vínculo social el cual sostiene los circuitos sociales (de dominación). Como refiere Bell (1999) se pueden reestructurar los vínculos intergeneracionales entre las mujeres (las hijas con sus madres y sus abuelas) en relación con una temporalidad más amplia que la temporalidad biográfica en la que ha operado una fenomenología de amo y esclavo, en este caso, en relación a la dominación masculina.

La reivindicación de la “identidad juvenil” en relación con el mundo que les toca vivir, con los circuitos adultocéntricos, patriarcales, autoritarios y represivos, etcétera está vinculada a la construcción de un movimiento que afirma la discontinuidad del circuito y que lleva al acto la ruptura del cristal. De esta forma, la noción de generación está vinculada a los acontecimientos sociopolíticos y a la construcción de sentido identitario y societal, la cual crea movimiento e identidad colectiva con potencial instituyente. Y esto es precisamente a lo que se aboca el presente artículo en relación con la “generación del Bicentenario” y con los acontecimientos sociopolíticos en marcha en el Perú.

 

“Se metieron con la generación equivocada”

Con esta consigna, las y los protestantes juveniles otorgan sentido a su acción de protesta contra el usurpador Manuel Merino (“no es mi presidente” señalan los carteles de los manifestantes),[9] generan vínculos y solidaridades, se indignan, emocionan o apasionan al percatarse de su potencial colectivo. Estas acciones colectivas de estas generaciones que responde transgresoramente a la autoridad del Otro (del campo político), recurre a diversos repertorios para poner de manifiesto dicha consigna. Estos repertorios van desde los performances artísticos hasta el enfrentamiento directo con la policía. Si se habla de vínculos y de sus formas de socializar, estas generaciones del milenio dominan las nuevas tecnologías y han construido lazos a través de las redes sociales en torno a estas causas colectivas emergentes empleando esos aprendizajes. ¿Cómo explicar que hayan sido las generaciones jóvenes las que fueron protagonistas, en tanto propiciaron y desplegaron la protesta? Para empezar, no se trata un movimiento que ha nacido repentinamente, sino en un proceso complejo, en una genealogía que es preciso describir para dar cuenta de la conveniencia de la noción de generación en el marco del Bicentenario.

La participación de jóvenes estudiantes universitarios, amigos de barrio, hinchas de fútbol, adolescentes que nunca antes habían asistido a una protesta acompañados por sus padres, grupos de artistas, etcétera, independientemente de la clase, la “raza”, el sexo expresa un malestar acumulado en la historia reciente que les ha tocado vivenciar y padecer. En sus carteles hacen referencia a distintas denuncias y rechazos que pueden interpretarse en relación a demandas históricas ubicadas en una temporalidad, en relación a sentimientos como el hartazgo y el rechazo a la situación, como a ciertos personajes políticos que encarnan y perpetúan dicha situación. Las y los jóvenes construyen colectivamente un deseo: seguirán marchando hasta que las cosas cambien, hasta que se termine ese circuito que sigue favoreciendo a los corruptos de siempre que sostienen un circuito que nada tiene que ver con ellos. Entonces, toman la calle. Se trata entonces, de cómo se concibe ese cambio de cosas, cómo se satisface algo de la demanda (la renuncia de Merino y una democracia real en la que tengan lugar) y de esos afectos instalados de rechazo y malestar acumulados en estos años.

Marcha del 12 de noviembre de 2020, Samantha Hare
Imagen 1. Marcha del 12 de noviembre de 2020, Samantha Hare.
https://www.flickr.com/photos/90225356@N04/50607206092/ (Licencia CC BY 2.0)

La generación implica el reconocimiento mutuo en elementos simbólicos y afectivos en una determinada temporalidad. En el Perú esta cultura juvenil en construcción se inscribe en los marcos históricos de la posdictadura (fujimorista), el proceso de la crisis de la tradición política y el consenso neoliberal. En América Latina, diversos movimientos sociales han propiciado rupturas con dicho consenso ideológico-político generando vacíos de sentido que han favorecido la problematización en la sociedad en torno a la forma de sociedad o de Estado que se desea y, de este modo, se han incrementado los marcos de la democracia. El caso más reciente y cercano es el del movimiento estudiantil en Chile, cuya actuación colectiva ha conducido a abrir un proceso constituyente.

En el Perú estas discontinuidades se generan en torno a las estructuras políticas y no han avanzado a procesos más amplios como sí ha sucedido en otros países de la región, como el caso chileno o con los gobiernos del giro a la izquierda. En el Perú de hace 20 años acontecieron manifestaciones masivas que tuvieron como pico culminante la Marcha de los 4 suyos, las cuales produjeron el fin del fujimorato. Sin embargo, esta la acción colectiva quedó allí, en la operación de destitución. Solo hubo un recambio político en el circuito político. Hubo un desplazamiento a nivel de las estructuras políticas, no a nivel de las estructuras sociales y simbólicas. Sin embargo, esas disposiciones subjetivas se han ido desplazando en relación con los aconteceres políticos y con otro tipo de aconteceres, sobre todo en las generaciones jóvenes.

Hoy el circuito neoliberal se pone en cuestión en relación con la crisis socioeconómica y la crisis sanitaria producto de la pandemia del coronavirus, como de la gestión gubernamental que se ha tenido de ésta, pero fundamentalmente en relación con la insostenibilidad y el fracaso de la gobernanza política en el contexto de la posdictadura, la cual se traduce en la actuación de todos los expresidentes los cuales están condenados, imputados por o prófugos de la justicia o incluso se han suicidado para no verse confrontados por el sistema judicial. Se puede plantear que ¿El Perú es un país inviable para el ejercicio democrático? No se trata de eso, pues en la sociedad ha operado una brecha entre la política y la sociedad. La democracia no va a provenir de los circuitos de poder instituidos, sino de la eliminación de esa brecha, es decir de la activación del deseo político en la sociedad y eso es, de cierta forma, lo viene aconteciendo hoy en el país. Se trata de dar cuenta de la genealogía del deseo político en la sociedad.

En este marco posdictadura se ha consolidado un pathos democrático en torno a una narrativa anti-corrupción y anti-autoritaria que, en primera instancia, se expresa como reacciones colectivas de carácter negativo (de rechazo al Estado y a la política), sin llegar a problematizar la coalición de la democracia mínima y el consenso neoliberal. Este movimiento de resistencias implica un proceso de "retorno" de los ideales e idearios colectivos a partir de la acumulación de una serie de problemáticas y malestares sociales que se han agudizado y hecho patente en el marco de la pandemia (precarización social, brechas de clase en relación con el acceso a la educación y a la salud, desempleo, etcétera) que supera la anti-política, y lleva a la constitución de nuevas identidades colectivas. Los colectivos feministas, los colectivos anti-corrupción o los colectivos anti-fujimoristas son expresión de estas pequeñas torsiones constitutivas de nuevas identidades colectivas de carácter juvenil. Ya no ha se trata solo la apatía e indiferencia pasiva y cómplice asimilada al sistema simbólico, sino de activaciones colectivas que han motivado solidaridades y vínculos en torno a narrativas cada vez más comprometidas, reflexivas y críticas.

Generación Bicentenario, 15 de noviembre de 2020
Imagen 2. Generación Bicentenario, 15 de noviembre de 2020.
Fuente: Canal N, https://canaln.pe/actualidad/lista-manifestantes-desaparecidos-marcha-nacional-n427590 (Licencia CC BY-SA 4.0)

Estas activaciones juveniles colectivas han tenido su expresión cumbre en las protestas que se realizaron de manera multitudinaria en todo el país a raíz de la declaratoria de vacancia de la presidencia del expresidente Vizcarra y del rechazo a la asunción presidencial por parte del expresidente del congreso Merino (actos que fueron considerados anticonstitucionales o como golpe de Estado.[10] En el marco de la tensión y escalamiento conflictual se han desplazados las narrativas que han dado sentido, fuerza y efervescencia a la acción colectiva propiciada por las generaciones jóvenes. Primero, se trataba de la lucha en contra de la corrupción, de la “clase política” encarnada en el usurpador Merino. El enfrentamiento entre generaciones se hizo patente con la designación de un gabinete profundamente conservador y “adultocéntrico” plagado de veteranos exministros y personajes allegados a la vieja “clase política, incapaces de entender la efervescencia juvenil.[11] Los actos y declaraciones oficiales ninguneando o minimizando la protesta,[12] señalando que el movimiento era propiciado por azuzadores[13] o el respaldo del Premier a la brutal represión después de la I Marcha,[14] como si se tratase del respaldo un general a sus tropas tras una batalla, motivaron naturalmente la escala de los ánimos y de las tensiones.

El discurso en contra de Merino, mudó hacia un discurso en contra de los políticos en general, (el "que se vayan todos"), el cual era ya parte del imaginario, pero en el sujeto pasivo; es decir, no fue antes un discurso estructurante de un actor colectivo en un sentido afirmativo, en este caso, de las generaciones jóvenes encarnando el sentir de la sociedad. Este discurso adquiere eficacia simbólica ya que está comprendido en la necesidad de una toma de distancia al respecto de ciertas pretensiones que buscan vincular el movimiento a los juegos parapolíticos del circuito de poder (señalar que éstos son “vizcarristas” que quieren que retorne Vizcarra) y para afirmarse como una entidad colectiva independiente que rechaza, pero también que desea y afirma algo nuevo. Si bien es cierto, no está claro qué es eso que se desea, se trata de un deseo político en construcción, de una misión histórica que no se ha constituido aún. El deseo de justicia es otro de las narrativas que se introducen como parte de estos elementos simbólicos y afectivos compartidos por las y los jóvenes, tras la muerte de los dos jóvenes en las protestas, los cuales se convierten en emblemas y mártires.[15] En menor medida, se ha introducido la narrativa en torno a cambiar las reglas que gobiernan no solo la estructura política, sino que ya toca a la estructura económico-social a través de un proceso constituyente, lo que ya implica la introducción del discurso propiamente político. Estos elementos simbólicos y afectivos en juego y construcción representan todos los indicios de una generación en ciernes que está propiciando un acontecimiento, pero de lo que se trata también es, antes de llevarnos por el entusiasmo, problematizar qué es aquello que se propone instituir esta generación en términos de una misión o promesa histórica tras 200 años de vida republicana.

 

A modo de conclusión

Efectivamente, lo de hoy es una activación ciudadana y política en una sociedad que parecía adaptada a los marcos mínimos de la democracia. Un espíritu democrático y anti-autoritario se ha forjado en la temporalidad posdictadura. Se suele decir que el Perú no tiene una tradición democrática; sin embargo, ese espíritu expresado en las experiencias colectivas de las nuevas generaciones de hoy ponen en cuestión dicho razonamiento, que parece más del orden intelectual. Más bien es en la dimensión de la experiencia que se ha transmitido esa sensibilidad vital, ese deseo político. Ya en el pasado la acción colectiva de las nuevas generaciones ha destituido gobiernos. Sin embargo, la activación político-subjetiva fue capitalizada por otros. Solo hubo un desplazamiento en las formas y las élites, manteniendo intactos los códigos y circuitos de poder subyacentes. En este sentido, la “generación del Bicentenario” no puede ser la generación que pierda su vitalidad, una vez que un Otro decida otra vez los destinos de futuro; sino la generación en tanto prosigue como movimiento en relación con la construcción de una misión histórica instituyente de nuevos sentidos e imágenes de una segunda promesa republicana, que se construya en relación con los procesos sociales en marcha y los sujetos políticos que se constituyen en todo el país. Esta “generación del Bicentenario” no es una generación ya consolidada, sino es una generación en construcción, cuya condición para que perdure es su vitalidad frente a los intentos de frenarla y fijarla a ciertos códigos.

 

Notas:

[1] Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, egresado de la Maestría de Sociología con mención en Estudios Políticos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente trabaja en el área administrativa de Secretaría General de la misma universidad. Con estudios en Psicoanálisis en la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y perteneciente al grupo de estudios “Psicoanálisis, Sociedad y Política”. 

[2] La teoría generacional (1991) fue creada por William Strauss y Neil Howe. Estos autores describen una teoría de los relevos y ciclos de generaciones en la historia (caracterizadas en torno a ciertos arquetipos) que abarcan desde el fin del medioevo hasta nuestros días enfocados en los Estados Unidos y ampliados a las realidades de otros países.

[3] Los ideales de un individuo en relación a una imagen especular son denominados como yo ideal por Lacan. De modo general, hacen referencia a la identificación imaginaria del individuo con el Otro, a la ilusión infantil y pre-edípica de la de síntesis y la omnipotencia.

[4] “Generación de cristal” es un término que desarrollan Monserrat Nebrera, Jonathan Haidt, José Luis Córdova, entre otros enfocado en la generación del 2000 para dar cuenta de su poca tolerancia a la crítica, al rechazo y a la frustración, como su “falta” de identidad en relación con la naturaleza efímera de sus vínculos.

[5] La revista Time en el año 2014 calificó a la generación del milenio como la generación “yo-yo-yo”.

[6] Byung-Chul Han (2012) señala que en las actuales sociedades del rendimiento ya no hay una entidad externa que oprima y explote a los sujetos, sino que es éste mismo quien, en tanto proyecto, ejerce violencia contra sí para estar a la altura de las exigencias de dicha sociedad.

[7] Metonimia y metáfora son las operatorias del lenguaje desarrolladas por la Lingüística Estructural que Lacan acoge en relación con las operatorias de la estructura del inconsciente que Freud denominó condensación y desplazamiento. Lacan adhiriendo al giro lingüístico señala que el inconsciente se estructura con las mismas operatorias del lenguaje; es decir, el sentido o la cadena significante se fija de manera contingente por medio de la operación de la metáfora, la cual tiene efectos de significación en un momento determinado (sincronía); pero esta cadena de sentido siempre se desplaza (metonimia) en el tiempo (diacronía), ya que siempre opera una resistencia a la significación.

[8] Castoriadis (2007) desarrolla la noción de lo instituyente en relación con la posibilidad de lo nuevo, desde su idea de dimensión imaginaria. El imaginario social instituyente sería esa potencia de crear instituciones levantando los sistemas de tabúes y alienaciones que se estructuran a través de las instituciones sociales. Se recupera así el sentido de auto-institución, de auto-creación de la sociedad para producir cambios y configurar su propio futuro.

[9] Bastaron 105 votos de congresistas para la destitución de Vizcarra y la asunción de Merino. Asimismo, Merino solo obtuvo 5000 votos para su elección al Congreso, en Tumbes. La legitimidad social fue uno de los factores más importantes en juego en las luchas sociales en contra de la presidencia interina de Merino.

[10] Estas protestas empezaron el día 9 de noviembre y tuvo en los días 12 (I Marcha Nacional) y 14 (II Marcha Nacional) los momentos de mayor escala y tensión.

[11] En las trincheras de resistencia, ya sea en las calles o en las redes sociales, las y los jóvenes llamaban “dinosaurios” o “viejos lesbianos” al equipo ejecutivo designado por Merino en alusión a su decrepitud notoria.

[12] El legislador Omar Chehade, del partido “Alianza Para el Progreso”, uno de los principales promotores de la vacancia presidencial, minimizó las manifestaciones sociales, manifestando: "Ayer hemos visto a 500 o 300 personas". Fuente: https://larepublica.pe/politica/2020/11/10/chehade-minimiza-marchas-contra-golpe-de-estado-son-pocos/

[13] El ministro de Educación, Alessandro D’Alessio designado por Merino declaró: “Esa marcha está organizada por el Movadef. Piensan incendiar edificios". Fuente: https://larepublica.pe/politica/2020/11/12/alessandro-dalessio-miente-y-asegura-que-las-marchas-son-organizadas-por-movadef/

[14] Premier Ántero Flores-Aráoz agradeció a la Policía por su labor en medio de las manifestaciones pese a las denuncias de la represión policial por el uso excesivo de bombas lacrimógenas y el impacto de perdigones que dejó mal herido a varios ciudadanos en la I Marcha Nacional. Fuente: https://uci.pe/2020/11/13/el-premier-antero-flores-araoz-agradecio-a-la-policia-por-su-labor-en-medio-de-las-manifestaciones/

[15] El día 14 de noviembre en el marco de la II Marcha Nacional se registró una severa represión por parte de la policía que terminó con dos fallecidos (Jack Brian Pintado Sánchez de 22 años y Jordan Inti Sotelo Camargo de 24 años) y numerosos lesionados por heridas por el uso armamento policial (bombas lacrimógenas y perdigones).

 

Referencias bibliográficas:

  • Abrams, P. (1982). Historical Sociology. Cornell University Press.
  • Beck-G., E. y Beck, U. (2008). Generación global. Paidós.
  • Bell, V. (1999). Feminist Imagination. Genealogies in Feminist Theory. Sage Publications.
  • Castoriadis, C. (2007). La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets Editores.
  • Dilthey, W. (1949). Introducción a las ciencias del espíritu en la que se trata de fundamentar el estudio de la sociedad y de la historia. Fondo de Cultura Económica.
  • Flores Galindo, A. (1987). Generación del 68: Ilusión y realidad. En Obras completas, vol. VI (págs. 215-238). Sur, Casa de Estudios del Socialismo.
  • Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
  • Hernández, M. (2000). ¿Es Otro el Rostro del Perú? Identidad, diversidad y cambio. Agenda.
  • Lacan, J. (1964). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.
  • Mannheim, K. (1993). El problema de las generaciones. Revista Española de Investigaciones Sociológicas(62), 193-242. Obtenido de https://reis.cis.es//REIS/PDF/REIS_062_12.pdf
  • Mariátegui, J. C. (1928). Aniversario y balance. Amauta, III(17), 1. Obtenido de https://www.marxists.org/espanol/mariateg/1928/sep/aniv.htm
  • Ortega y Gasset, J. (2003). El tema de nuestro tiempo. Austral.

 

Cómo citar este artículo:

MARTÍNEZ LAYA, Renzo Esteban, (2022) “La Generación del Bicentenario en el Perú”, Pacarina del Sur [En línea], año 13, núm. 48, enero-junio, 2022. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Miércoles, 30 de Noviembre de 2022.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2037&catid=14