Jaime Nevarez y la fundación del movimiento comunista y antiimperialista en Puerto Rico

Lazar Jeifets[1] y Víctor Jeifets[2]

Recibido: 31-08-2014 Aceptado: 15-09-2014

 

La formación del gran movimiento antiimperialista continental era para los comunistas latinoamericanos uno de los retos primordiales durante la segunda parte de la década de 1920. Los partidarios de la Comintern apostaban por extender al máximo posible la cantidad de sus aliados, atrayendo a sus proyectos políticos no solamente a los sindicatos, sino también al campesinado y a los intelectuales sin partido, militantes de izquierda no comunista o nacionalistas revolucionarios.

La historia de la Liga Mundial Contra el Imperialismo y la Opresión Colonial y de su ‘sucursal’ en América Latina, la Liga Antiimperialista de las Américas (la LADLA), no es en absoluto una laguna historiográfica. Durante décadas ha sido objeto de estudios de varios investigadores a escala mundial;[3] no hace mucho tiempo, una contribución enorme al análisis de los pormenores de su desarrollo fue realizado por Daniel Kersffeld en una grandiosa obra.[4] Sin embargo, la mayoría de las investigaciones sobre la LADLA se centran en los estudios de sus actividades antiimperialistas en México, Argentina y Cuba, los tres países donde había alcanzado mayor importancia,[5] dejando de lado el desarrollo de las secciones de la Liga en otras naciones del continente. Sin embargo, la LADLA logró tener un rápido eco en el movimiento obrero y popular en varias partes del continente, haciendo posible realizar un enfrentamiento tenaz contra el imperio yanqui.

La Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA), fundada en 1925 bajo los auspicios del Partido Comunista de México fue la herramienta principal de la política ‘frentista’ de la Comintern. A pesar de los primeros tropiezos en el desarrollo del continentalismo antiimperialista, los organizadores de la Liga esperaban un futuro brillante. Los ‘padres fundadores’ de la LADLA (entre ellos estaba también el representante plenipotenciario de la URSS y el emisario de la Comintern en México, Stanislav Pestkovsky) la consideraban como un modo de construir un movimiento todopoderoso que «sería imposible crear usando otros caminos» y deseaban ansiosamente aprovechar la Liga como una base para formar partidos comunistas en algunos países o convertir los ya existentes grupos cominternistas en organizaciones de masas. Se hacía notar especialmente que los enlaces entre la Liga y la III Internacional no deberían estar a la vista y los documentos de la LADLA no podrían ser de «índole comunista»,[6] para no llevar al fracaso la idea de la Liga como un frente amplio antiimperialista.

El primer paso para aprovechar las secciones de la LADLA en la expansión de las actividades comunistas fue dado por el Partido Comunista de México en el vecino país de Cuba. El 29 de marzo de 1925, el Grupo Comunista de la Habana que estaba organizando el congreso constituyente del PCC de Cuba respondió al mensaje de Úrsulo Galván (líder de los campesinos veracruzanos, quien era al mismo tiempo director de la revista del Comité Continental de la LA  DLA, El Libertador) nombrando al comunista cubano Alejandro Barreiro como responsable de los vínculos con la LADLA; él fue encomendado –junto con Francisco Pérez Escudero– a organizar las negociaciones sobre los pormenores de formación de la Liga en Cuba.[7] En mayo de 1925 El Libertador publica la carta firmada por Julio Antonio Mella; en el documento, el joven dirigente estudiantil comunista garantizaba que la Liga estaría fundada dentro de un breve plazo, basándose en el trabajo ya iniciado en la Universidad de La Habana y en el acuerdo con Carlos Baliño. Mella subrayaba, además, que el Grupo Comunista de la Habana prestaría al movimiento antiimperialista todo el apoyo necesario. El 21 de junio, Carlos Baliño, Julio Antonio Mella y el exiliado revolucionario venezolano Salvador de la Plaza, anunciaron la decisión de fundar la sección cubana de la LADLA. Oficialmente fue organizada el 27 de junio, y su dirigencia fue constituida el 17 de julio, compuesta de Mella, Baliño y Barreiro.[8]

Otro paso importante era el viaje del miembro del CC del PCM Enrique Flores Magón a Cuba en calidad de « consejero técnico de la comisión para organizar el Primer Congreso Nacional de grupos comunistas ».[9] De hecho, tras la fundación del PCC la necesidad de formar una organización comunista unificada sobre la base de Liga Antiimperialista cubana perdió su actualidad. Al mismo tiempo, la sección cubana de la LADLA siguió la actividad eficiente en la isla en contacto estrecho y bajo control del PCC.

Sin embargo, la metas marcadas por los dirigentes de la Comintern y del PCM no habían desaparecido y la línea estratégica del movimiento tampoco. Pronto –aunque de manera temporal– vino el éxito importante: la formación de la Liga Comunista de Puerto Rico, realizada por el comunista estadounidense James Hartfield (Jaime Nevárez Sager).[10]


Imagen 1. www.taimaboffil.wordpress.com

Era uno de los personajes más misteriosos del movimiento comunista latinoamericano. Hay varias referencias a él en la literatura científica; sin embargo, ningún autor revela detalles claves de su biografía. De repente, Hartfield apareció en los documentos del Partido Obrero (Comunista) de América como un Deus ex machine. Se hablaba de que estaba llevando varias misiones y cumpliendo encomiendas internacionales importantes, por órdenes e instrucciones dadas por el Secretario Ejecutivo del partido estadounidense, Charles E. Ruthenberg. Según se desprende de la abundante correspondencia entre Hartfield y el Comité Político de la sección americana de la III Internacional, la activa labor del emisario comunista estadounidense durante cinco años en varios países de Latinoamérica, dio sus frutos. Hartfield tuvo mucho que ver con la creación de dos partidos y grupos comunistas (en Puerto Rico y Colombia) y en ambos casos ocupaba cargos de responsabilidad.[11] Su nombre fue mencionado por primera vez durante la formación de la Liga Comunista puertorriqueña.

No obstante, luego el enviado del Partido Obrero (Comunista) desapareció de vista tan rápido como inició y nunca más volvió a actuar, dejando la sensación de una fantasma o un espejismo. Las búsquedas en el Archivo de la Comintern resguardado en Moscú durante muchos años no han llevado al esclarecimiento de detalles personales sobre quien era Hartfield. Y esto a pesar de que la colección de los documentos del PC estadounidense es mucho más completa, comparada con la de otros países. Desafortunadamente, no existe un expediente personal de Nevárez (Hartfield) en el Departamento de Cuadros de la Comintern, ni siquiera un documento biográfico corto. No sabemos su nombre y apellido verdaderos, tampoco su edad y lugar de nacimiento. Solamente hace poco, en la valiosa antología documental sobre la historia del comunismo en Colombia, apareció una fotografía de un grupo de comunistas donde figura también Nevarez-Hartfield.[12]

Hasta hoy día no se sabe si fue realmente enviado a América Latina por el Partido Obrero (Comunista) o fue por iniciativa propia del militante, que ya se encontraba fuera de los Estados Unidos y desde el extranjero se comunicó con Ruthenberg, proponiéndose para realizar algunas encomiendas partidarias. Tampoco hay claridad acerca de las cuestiones financieras de su actividad. No cabe duda que los comunistas estadounidenses no la financiaban o le enviaban tan poco dinero que Hartfield tuvo finalmente que dejar sus intentos de organizar el movimiento comunista puertorriqueño. Tras perder el empleo por un conflicto con el dueño de la empresa se mudó a San Juan. Allá tampoco encuentró trabajo y vivía en estado de extrema pobreza y hambre. En aquel entonces los obreros puertorriqueños sufrían de despidos masivos y no había muchas oportunidades de ser contratado. Nevarez finalmente regresó a Nueva York y jamás volvió a la isla a pesar de tanta labor realizada.[13] Los dirigentes comunistas estadounidenses no reaccionaron a las cartas dramáticas de su emisario y no le propusieron siquiera una pequeña ayuda financiera a pesar del riesgo de que todo el proceso de formación de la recién creada organización se frenara. De hecho, la situación personal de Nevarez-Hertfield era un reflejo de un gran problema de la Liga Comunista de Puerto Rico –muchos militantes, así como los supuestos simpatizantes planeaban salir de la isla para buscar un empleo.


Imagen 2. Louis Fraina www.marxists.org

Volviendo al inicio de la labor del emisario del PO(C)A, cabe notar que el Comité Ejecutivo de la III Internacional exigía de su sección estadounidense el despliegue de una labor acorde con las decisiones del VI Pleno Ampliado del CEIC. Durante ese evento América Latina fue calificada como un punto clave y base del movimiento libertador contra el imperialismo de los EE.UU., mientras las naciones latinoamericanas eran referidas como « las naciones oprimidas que tarde o temprano se meterían en la lucha contra el imperialismo de los Estados Unidos ». Partiendo de tal actitud, el Pleno Ampliado instruía al PO(C)A a « convertirse en un partido que sepa plantear las cuestiones sobre hegemonía proletaria en todo el movimiento libertador en contra de los imperialistas » y dejar de ser « un partido de intereses locales ». El CEIC planteó ante los comunistas estadounidenses el reto de establecer enlaces fuertes con el movimiento obrero en Cuba, Filipinas, etc. y apoyarlo en la lucha antiimperialista. El CC del PO(C)A recibió una instrucción de « nombrar un grupo serio de trabajadores los cuales, estableciendo acuerdos con el Presídium del Ejecutivo de la Comintern, deberían participar en el trabajo permanente realizado en Sudamérica ».[14] Se trataba de realizar uno de los postulados de los Estatutos de la Comintern sobre la necesidad de mantener los lazos de organización e información, llevando una representación mutual en las conferencias y congresos, intercambiarse cuadros dirigentes (especialmente, eso tenía que ver con las relaciones entre los partidos de los países vecinos o los partidos de metrópolis y colonias). Obviamente, la mayor responsabilidad caía sobre los hombros de los partidos comunistas con mayor experiencia o los que disponían de posibilidades de usar recursos financieros desplegando el trabajo propagandístico. Eran « partidos – hermanos mayores » de los novatos del movimiento comunista. Para el PC estadounidense las relaciones con sus correligionarios latinoamericanos eran de relevancia especial. Ya en 1920, en el Segundo Congreso de la Comintern, el secretario del PC de América, Louis Fraina, planteó la necesidad de una cooperación estrecha de los comunistas de Sud- y Norteamérica. Sus propuestas eran la base del llamamiento del CEIC en La revolución americana, escrito por Fraina. Una circunstancia importante era la presencia del diáspora hispanoparlante en los EE.UU., cuyos miembros participaban activamente en el movimiento obrero y antiimperialista. Cabe notar, sin embargo, que la mayoría de los demás comunistas de los EE.UU. no ponían mucho empeño para organizar tal trabajo. Esto tenía que ver con las dificultades internas del comunismo estadounidense, sus rupturas y condiciones de ilegalidad. De hecho, en aquel entonces Hartfield era figura clave y única del arriba mencionado « grupo serio de trabajadores » del PO(C)A destinado a ayudar al movimiento revolucionario de Sudamérica. Tras recibir instrucciones de Moscú acerca de la organización del movimiento comunista en otras regiones, los dirigentes estadounidenses no pudieron rechazar la iniciativa de Hartfield, quien resultó ser la persona adecuada en el lugar necesario.

Arribó a Puerto Rico en 1925. Enviaba sus informes regularmente a Manuel Gómez (su nombre verdadero era Charles Phillips), secretario general de la sección estadounidense de la  LADLA y personalmente al dirigente del PO(C)A Ch. E. Ruthenberg. Tal vez, solamente ellos dos estaban al tanto de la misión encomendada a Nevarez. Al expresar sus condolencias sobre la muerte de Ruthenberg, el secretario general de la Liga Comunista de Puerto Rico Diego Boscana hizo notar que la Liga fue fundada por su iniciativa [cursivas nuestras] y con los esfuerzos de J. Nevarez Sager quien « trabajaba como un titán para alcanzar el reto ».[15] Mientras tanto, el mismo emisario de los comunistas estadounidenses escribía al sucesor de Ruthenberg, Jay Lovestone: « Con la pérdida del camarada Ruthenberg quien apoyaba nuestros trabajos para construir el movimiento nuestro aquí, en Puerto Rico, estamos dirigiéndonos a Usted como organizador prominente para  explicarle la situación puertorriqueña, así que Ud. pudiera prestarnos –como lo hacía cam. Ruthenberg– su ayuda en resolver los problemas ».[16]

Una gran parte de la correspondencia de Nevarez aparece en papel membretado de la sección puertorriqueña de la LADLA con referencias a las demás secciones de la Liga. No cabe menor duda que Nevarez-Hartfield tenía que dirigir sus actividades hacia dos metas: el desarrollo del movimiento antiimperialista isleño y la fundación de una filial de la LADLA (el trabajo abierto) y del comunismo local (la parte oculta de su encomienda).


Imagen 3. www.marxisthistory.org

La condiciones para desarrollar el trabajo comunista en Puerto Rico diferían drásticamente de las latinoamericanas, la isla estaba controlada por las autoridades de los EE.UU., por no decir que en realidad era una colonia. Puerto Rico estuvo bajo mando militar y no tenía en ese momento un gobierno propio; al mismo tiempo, estaba experimentando cambios socioeconómicos muy importantes. Tras liberarse del dominio español, la isla había pasado a manos de los Estados Unidos, una potencia industrializada y desarrollada tecnológicamente. Puerto Rico sufrió una segunda conquista; esta vez, los conquistadores tenían la faceta de capitalistas anglo-sajones. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, los EE.UU. invirtieron $120 millones de dólares en la isla americanizando rápidamente su economía. Tras recibir el comercio libre con la nueva metrópoli, Puerto Rico se enlazó fuertemente a los mercados estadounidenses intensificando el carácter de monocultivo y agro-exportador de su economía. La industria de la aguja creció notablemente aumentando la cantidad de obreros en Puerto Rico.[17] La isla (igual que Cuba) vio la expansión del cultivo del azúcar, dirigida por varias corporaciones estadounidenses, mientras que el café entró en una crisis profunda. Puerto Rico empezó a producir mucha riqueza, pero ésta no tocaba a la mayoría de la población. Los trabajadores azucareros apenas sobrevivían y eran víctimas de las compañías azucareras. La mayoría de estos ganaba entre 75 centavos y un dólar diario trabajando doce horas por el día; dependían de las tiendas de las centrales azuc  areras y su deuda era reducida de su sueldo, vivían bajo la amenaza perpetua del despido, de la pérdida de su vivienda, etc. Miles de puertorriqueños no tenían ningún empleo, sufriendo de miseria. Los pobladores más pobres de la isla, eran víctimas de la disentería, la anemia, la tuberculosis y la tosferina. Aunque las autoridades iniciaron varios programas para mejorar la salud pública e higiene, invirtiendo cantidades notables de dinero en ello, las condiciones de pobreza y pésima calidad de vida no permitieron su éxito. Además, el aumento de cultivos de azúcar dejaba sin tierra a los campesinos, aumentando los sentimientos de enojo y el nacionalismo. Los Estados Unidos intentaban americanizar a los puertorriqueños, haciendo el idioma inglés obligatorio en las escuelas públicas, sin embargo, tropezaron con la negativa de los nativos a aprenderlo. En 1922, se fundó el Partido Nacionalista bajo el liderazgo de Pedro Albizu Campos y rápidamente se convirtió en un instrumento de resistencia de los puertorriqueños a los gringos.[18]

Mientras el gobierno colonial español limitaba los derechos laborales prohibiendo formar sindicatos y uniones gremiales y rechazando el derecho a la huelga, el cambio de status de Puerto Rico tras la guerra hispano-americana generaba circunstancias más favorables para el desarrollo del movimiento obrero isleño. La Federación Libre de Trabajadores (FLT), el primer sindicato puertorriqueño, creado por los linotipistas, carpinteros y tabaqueros, prontamente se enlazó con la influyente Federación Americana del Trabajo (AFL). Posteriormente, la FLT aumentó la cantidad de militantes, atrayendo a sus filas a los trabajadores agrícolas. Sin embargo, la central sindical reformista no era un cuerpo político y solamente buscaba mejoras económicas en la vida de los obreros. Otro competidor para el futuro Partido Comunista eran los socialistas que habían formado su partido en 1915, proponiendo transformaciones profundas de la vida y criticando severamente al capitalismo y a los partidos locales, «cómplices en la explotación de los trabajadores».[19]

Uno de los dirigentes del PS era el español Santiago Iglesias Pantín, que no solamente se convirtió en uno de los líderes laborales clave en la historia de Puerto Rico, sino en uno de los personajes más influyentes dentro de la AFL. En 1903 fue designado organizador general de la AFL para Puerto Rico y Cuba y uno de los fundadores de la FLT. Bajo el liderazgo de Iglesias, el PSPR creció rápidamente y se convirtió en el secretario de la Panamerican Federation of Labour (PAFL) en 1927. Los socialistas, que controlaban desde 1917 seis municipios de la isla, en 1920 obtuvieron casi un cuarto de los votos y ganaron en 8 municipios.

Los dirigentes de la reformista Federación Americana del Trabajo estaban dispuestos de convertir el movimiento obrero isleño en uno de los pillares de la PAFL y lograron hacer mucho en este aspecto. Según mismo Nevarez, el aparato sindical burocrático del entonces « secretario español » de la PAFT (él se refería a Santiago Iglesias) era una fuerza dominante en el movimiento obrero organizado de Puerto Rico.[20] No es de sorprender, consecuentemente, que Hartfield prefiriera empezar de la formación de grupos antiimperialistas y que lograra hacerlo rápidamente.

Durante la estancia del enviado comunista estadounidense en la isla, la recién creada Liga Antiimperialista era activa y reaccionaba con declaraciones, telegramas y manifestaciones a todos los acontecimientos importantes en Puerto Rico. El secretario nacional de la Liga (el mismo Nevarez-Hartfield) logró establecer varios enlaces con el Partido Nacionalista. Después de una serie de pláticas, el comunista convenció al vice-presidente de este partido, Pedro Albizu Campos de que no había que temer las relaciones estrechas con la Liga Antiimperialista y los comun  istas. Sin embargo, expresando su sentimiento de tolerancia personal hacia el comunismo y a la participación de los comunistas en la Liga Antiimperialista, Albizu Campos estaba preocupado sobre el eventual control de la Comintern sobre la Liga Antiimperialista puertorriqueña. La contradicción clave entre los nacionalistas y comunistas de Puerto Rico consistía en que los primeros exigían la independencia completa e inmediata de la isla, dejando de lad  o los demás problemas o subordinándolos al reto de soberanía. Albizu Campos no quería que las actividades de la LADLA en la isla disminuyeran  la influencia de su partido, no obstante, estaba dispuesto apoyar a la Liga Antiimperialista en la escala internacional.[21]


Imagen 4. C.E. Ruthenberg, ca. 1924.
www.marxists.org

La prensa local puertorriqueña también tenía actitud favorable hacia la LADLA y escribía sobre sus actividades extensamente, según le parecía a los comunistas.[22] No cabe duda de que la opinión pública no daba cuenta sobre el grado de influencia de la oficina de la LADLA en Chicago sobre la sección antiimperialista en la isla. Efectivamente, toda la actividad antiimperialista de los comunistas locales estaba controlada por Manuel Gómez, quien consideraba necesario intervenir en cualquier aspecto del trabajo.[23]

Apoyándose sobre los militantes de la sección antiimperialista y usándolos como una cobertura oficial, Hartfield inicia la fundación de la Liga Comunista. Tal forma de organización se debía a las instrucciones del PO(C)A. Según cuenta el historiador del movimiento comunista estadounidense (quien era en el pasado uno de los dirigentes del PC) Theodore Draper, « en Puerto Rico u otros lugares la llamada Liga Antiimperialista preparó el terreno para surgimiento de los partidos comunistas locales. En 1926 Gómez recibió primera solicitud desde Puerto Rico para permitir fundar una sucursal del partido [comunista] de los EE.UU – hasta que el movimiento en Puerto Rico creciera suficientemente para organizar su propio partido. Sin embargo, los norteamericanos decidieron recomendar a sus correligionarios puertorriqueños fundar ‘un círcul  o comunista’ dirigido desde los EE.UU. ‘hasta el momento de que se madurara y funcionara por sí solo’ ».[24]

Hartfield-Nevarez logró crear dos grupos de simpatizantes a las ideas cominternistas en Ponce y San Juan. Tampoco quería acelerar e intensificar sus labores en este campo, siendo muy cuidadoso en atraer a los que « todavía no se habían demostrado como los elementos comunistas ». Todos los militantes de ambos grupos eran obreros, en su mayoría trabajaban en la industria tabacalera. Los dos grupos nombraron a sus secretarios respectivos quienes estaban en contacto con Hartfield, el secretario general y organizador de la Liga Comunista. A esto le siguieron los esfuerzos para convocar una reunión de los delegados de ambas agrupaciones para formar el Comité Ejecutivo provisional de la Liga Comunista de Puerto Rico, aprobar su declaración propuesta por el partido comunista estadounidense y, en fin, para componer el plan de propaganda comunista con el objeto de atraer « elementos valiosos en otros lugares de la isla trazando así el camino para una conferencia comunista pan-isleña ».[25]


Imagen 5. Jay Lovestone
www.nrk.no

Oficialmente la Liga Comunista fue constituida en una reunión el 6 de marzo de 1927 en Ponce,[26] tras escuchar el informe de Hartfield sobre la situación de clase obrera y las ideas de Marx y Lenin. Los neófitos comunistas declararon su afiliación inmediata a la III Internacional. La LCPR anunció estar completamente de acuerdo con los principios y tácticas de la Comintern, expresando su convicción de que la actividad comunista en la isla sólo podría ser exitosa en caso de obedecer a la disciplina e instrucciones de la III Internacional, siendo parte de las « fuerzas revolucionarias internacionales ».[27] El puesto del Secretario General del Comité Ejecutivo de la LCPR fue ocupado por Diego Boscana Torres, mientras Hartfield fue nombrado « Organizador General » (de hecho, era el mayor dirigente de la nueva agrupación). La LCPR resolvió, además, designar varios organizadores para diferentes partes de la isla, al agente (corresponsal) del periódico El Machete (órgano oficial del Partido Comunista de México y de la Liga Nacional Campesina) y al delegado ante la Liga Antiimperialista de las Américas.[28] La LCPR decidió afiliarse con la Liga Antiimperialista de las Américas como miembro colectivo, unificando los esfuerzos para luchar por « la soberanía, defensa de campesinos, estudiantes e intelectuales contra ‘el capitalismo voraz internacional’ ».

La declaración constituyente de la LCPR acentuaba la crisis existente en el movimiento obrero y campesino de la isla y condenaba a los socialistas y a los dirigentes del Partido de la Unión, liderados por Barcelo que « estaban cooperando vilmente con los enemigos de obreros, con las autoridades del gobierno imperialista, así como con las autoridades coloniales, demostrando abiertamente la falta de entendimiento del carácter clasista de la lucha de clases y su ineptitud para llevar a los trabajadores a la lucha ». Insistía en que solamente el partido comunista podría unificar a los elementos revolucionarios del proletariado « para realizar su misión histórica ». La Liga, según el documento, sería solamente un paso previo hacia la formación del tal partido en Puerto Rico.[29]

La célula de la LCPR en San Juan era motivo de orgullo para Hartfield, ya que contaba con tres puertorriqueños que prestaban servicio militar en el 65º regimiento de infantería del ejército estadounidense. Se han afiliado por el enojo causado por la discriminación y las medidas estrictas de seguridad en la isla causadas, según Hartfield, por la presencia americana en Puerto Rico. Sin embargo, los militantes comunistas en el ejército no eran solo un logro, sino también generaron un problema adicional: queriendo guardar su estado de incógnito para los militantes civiles, insistían en limitar sus propias actividades al territorio del cuartel. Esto, obviamente, contradecía a la esencia de la labor partidaria, pero Hartfield inventa un compromiso. Propone considerar a los tres comunistas militantes en el ejército como una célula militar del Partido Obrero (Comunista) de América con los carnets respectivos y ponerlos bajo jurisdicción del Comité Ejecutivo del Partido Comunista en los EE.UU. Hartfield estaba lleno de optimismo acerca de las perspectivas de la Liga, considerando la situación política reinante en Puerto Rico « una posibilidad espléndida para los comunistas de atraer a los obreros a su lado y ganar el apoyo de masas ».[30] Pero sus estimaciones sobre la Liga Comunista como « una fuerza importante dentro de breves meses » se volvían pura palabrería. La nueva organización no logró establecer contactos serios con algunas agrupaciones importantes desde el punto de penetración a las masas, por ejemplo, no es  taba cooperando con la Liga Femínea Puertorriqueña, fundada en 1917, que buscaba el derecho al voto para las mujeres alfabetas y la Liga Social Sufragista (creada en 1921) que peleaba por el voto universal sin restricciones; aparentemente, tampoco se comunicaba con la Asociación Puertorriqueña de Mujeres Sufragistas que tuvo presencia notable en el sector educativo de la isla. La LCPR no disponía ni siquiera simples medios de propaganda y al organizador del movimiento comunista isleño solo le quedaban las esperanzas de que el PO (C)A publicara algunas ediciones en castellano. Pero entonces las fantasías de nuevo dominaron su mente: según los cálculos de Hartfield, era posible de vender la cantidad suficiente de ejemplares y hasta recibir alguna ganancia.[31] La ayuda prometida a Hartfield por los dirigentes del PO(C)A nunca fue recibida, ni siquiera en el etapa inicial. Tal vez, fue causado por la enfermedad de Ruthenberg quien estaba detrás del « proyecto comunista puertorriqueño ». Pero, al parecer, esto reflejaba la situación general dentro de la Comintern. No era la primera vez que la III Internacional dejaba sus secciones y sus emisarios a sus propios destinos, en los casos cuando su labor no fue aceptada previamente por la alta dirigencia del partido comunista mundial.


Imagen 6. Pedro Albizu Campos
www.puertoricoentresiglos.wordpress.com

Mientras tanto, las condiciones personales de Hartfield eran difíciles. Trabajaba en una plantación en Mayagues seis días por semana con un sueldo bajísimo y no tenía posibilidad de viajar por la isla con el objeto de establecer contactos. Intentaba poco a poco acumular dinero para faltar una semana a su trabajo y aprovecharlo para visitar San Juan buscando un empleo allá, esperando que fuera más fácil desplegar su labor comunista en aquel lugar. Sin ver la ayuda necesaria de parte del PO(C)A, empezó buscar otros caminos para asegurar el desarrollo de su proyecto puertorriqueño. Esperaba contar con el miembro del PCM, L. Cabrera que estaba en ese momento en España, pero iba a regresar a Latinoamérica a inicios del otoño de 1926. Cabrera era profesor universitario, y, según los cálculos de Hartfield, podría contribuir mucho a las actividades de la Liga Antiimperialista y la labor de la LCPR.[32]

Solamente en julio de 1926 el Partido Comunista de los Estados Unidos, al parecer, se interesó de lo que Nevarez-Hartfield estaba haciendo en Puerto Rico: Jay Loveston exigió que Hartfield presentara datos completos sobre resultados de la labor suya para organizar la LCPR. Es probable que el informe pormenorizado fuese preparado por Hartfield en Nueva York, a donde el ex-«Organizador General» de la Liga regresó desde Puerto Rico en 1927. La fecha exacta de la salida de J. Nevarez de Puerto Rico no se pudo averiguar. El último documento accesible que testimonia su presencia en la isla (el telegrama de la LCPR firmada por D. Boscana y Nevarez con motivo del fallecimiento de Ruthenberg) estaba fechado el 30 de marzo de 1927.[33] Sin embargo, el ‘peregrino rojo’ no tardó en salir para otro viaje; fue a Colombia, a la zona bananera donde se estalló una huelga en contra de la compañía estadounidense United Fruit Co. La nueva encomienda de Nevarez, al parecer, arruinó los resultados de su labor en Puerto Rico. Durante su ausencia el PCEU abandona casi por completo a sus correligionarios en la isla caribeña.

Solamente con el inicio de labores del Secretariado del Caribe de la Comintern en Puerto Rico de nuevo entra en el campo de actividades del comunismo internacional. Pocos años después, el Partido Comunista de Puerto Rico se refunda. Sin embargo, la historiografía emergida del PCPR considera el 23 de septiembre de 1934 como la fecha de la primera fundación del Partido Comunista en la isla.[34] Al mismo tiempo, la historia oficial de la Comintern confirmaba que el PCPR fue creado sobre la base de los grupos comunistas existentes antes. En este punto la historiografía del propio PCPR difiere de la versión anterior dada por Moscú y sólo se refiere a los grupos organizados entre 1931 y 1932. Lo mismo se puede observar consultando el relato sobre la historia del PCPR en Wikipedia: « El PCPR fue formado en 1934 por los miembros disidentes de la Federación Libre de Trabajadores, la herramienta sindical del Partido Socialista ».[35] De ese modo, un período importante de cinco años del desarrollo del movimiento revolucionario, gracias a la intensa labor de James Hartfield (Jaime Nevarez Sager) quedó excluido de historia partidaria.

El episodio colombiano de la actividad del peregrino rojo en mucho sentido reproduce la historia de su viaje a Puerto Rico. Hasta hoy día en los archivos no logramos descubrir ningún documento sobre alguna tarea precisa encargada a Hartfield por los dirigentes del PCEU. Al mismo tiempo, el tamaño de la correspondencia intercambiada por él, los líderes del partido, los trabajadores de la Comintern y la Internacional Sindical Roja son testimonios de su interés en este viaje y de sus conocimientos sobre los pormenores de las actividades del estadounidense en Sudamérica. La estancia de Hartfield-Nevarez y del otro emisario de la Comintern, el francés Octave Rabate, contribuyeron enormemente al desarrollo y transformación del Partido Socialista Revolucionario y de su enlace con Moscú. Al mismo tiempo, la actuación de ambos agentes comunistas era bastante contradictoria y a veces agravaba seriamente la situación existente en el movimiento obrero colombiano durante la famosa huelga bananera. Ambos cominternistas intervinieron activamente en procesos complicados dentro de los sindicatos y del PSRC, tomando posición en uno u otro bando. Finalmente, la palabra final fue dicha por Moscú, que envió una delegación para transformar el PSR en Partido Comunista y a bolchevizarlo.[36] Obviamente, la misión colombiana de Hartfield tuvo más implicaciones políticas que su epopeya puertorriqueña. Sin embargo, los pormenores de este viaje del estadounidense quedan para otra investigación.



Notas:

[1] Lazar Jeifets – Dr. titular en Historia Universal, profesor catedrático de la Universidad Estatal de San Petersburgo, representante del Instituto de América Latina en San Petersburgo.

[2] Víctor Jeifets – Dr. titular en Historia Universal. profesor catedrático de la Universidad Estatal de San Petersburgo, Director del Centro de Estudios Iberoamericanos.

[3] Véase, para ejemplo: Die Liga gegen Imperialismus und für nationale Unabhängigkeit: 1927-1937. Leipzig: Karl-Marx-Universität, 1987 ; Hargreaves, John D. « The Comintern and Anti-Colonialism: New Research Opportunities » // African Affairs, 1993, vol. 92, N. 367, PP. 255–61; Petersson, Fredrik. Willi Münzenberg, The League Against Imperialism, and the Comintern, 1925-1933. 2 Vols. Edwin Mellen Press, 2014; Jones, Jean. « The League Against Imperialism » // Socialist History Society Occasional Pamphlet Series. 1996. No. 4. Preston: Lancashire Community Press, 1996; Stevens, Margarete. « ‘Hands Off Haiti!’: Self-determination, Anti-imperialism, and the Communist Movement in the United States, 1925-1929 » // Black Scholar. 2008. Vol. 37. No.4.

[4] Kersffeld D. Contra el Imperio. Historia de la Liga Antiimperialista de las Américas (México: Siglo Veintiuno Editores, 2012.

[5] Melgar Bao R. « The Anti-Imperialist League of the Americas between the East and Latin America  » // Latin American Perspectives. March 2008. Vol. 35. No. 2. PP.  9-24; Kersffeld D. « Tensiones y conflictos en los orígenes del comunismo latinoamericano: las secciones de la Liga Antiimperialista de las Américas » // EIAL. 2007. Vol. 18. N. 2. – http://www1.tau.ac.il/eial/images/v18n2/kersfeld-v18n2.pdf; Kersffeld, Daniel, « La Liga Antiimperialista de las Américas: una construcción política entre el marxismo y el latinoamericanismo», en: Crespo, Horacio et al. El comunismo. Otras miradas desde América Latina (México: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM/Editorial Siglo Veintiuno. 2007.

[6] Gomez M. Report on CP of Mexico and its Third annual Congress April 7-13, 1925. A 23 de abril de 1925 г. – Archivo Ruso de Historia Social y Política (RGASPI, en sus siglas rusas), fondo 515, inv. 1, exp. 539, fs. 65, 70.

[7] Jeifets L., Jeifets V., Huber P. La Internacional Comunista y América Latina. Diccionario Biográfico. Moscú-Ginebra, Instituto de Latinoamérica de  la ACR- Institute peur Recherches du Communisme, 2004.

[8] El Libertador (México). Mayo de 1925. – Citado en: J. A. Mella. Documentos y Artículos. La Habana: 1975. P. 173; Algunos acontecimientos importantes de la historia del movimiento comunista de Cuba // El militante comunista (La Habana). Edición Especial. Agosto de 1985. P. 117; Duchesne C. Las agrupaciones comunistas de Cuba y su primer congreso nacional // Bohemía (La Habana). 1975. N. 28. P. 91.

[9] Serviat P. 40 aniversario de la Fundación del Partido Comunista. La Habana: 1965. P. 104, 118.

[10] Hasta hoy día el tema – por falta de documentos – sigue siendo poco analizado. Cabe notar, sin embargo, que últimamente una investigadora puertorriqueña, Sandra Pujals, está realizando un estudio de las actividades de  la filial de la LADLA en la isla y de sus enlaces con el movimiento nacionalista.

[11] En la obra valiosa de Juan A. Silén, Apuntes para la historia del movimiento obrero puertoriqueno (Rio Piedras, Editorial Cultural, 1978) este episodio no fue abordado, desgraciadamente.

[12] Liquidando el pasado. La izquierda colombiana en los archivos de la Unión Soviética. Compiladores Klaus Meschkat y José María Rojas. Bogotá, Ed. Taurus, 2009. P. 817.

[13] J. Nevarez Sager [J. Hartfield] a Jay Lovestone (Departamento de Organización del Partido Obrero (Comunista), a 16 de marzo de 1927. – RGASPI, fondo 515, inv. 1, exp. 1011, f. 20; James N. Sager [Hartfield] a Ch. Ruthenberg, Secretario General del Partido Obrero (Comunista) de América. San Juan, Puerto Rico, a 15 de junio de 1926. – Ibid., exp. 717, f. 18.

[14] Véase : Shestoi raschirennyi plenum Ispolkoma Kominterna (17 fevralia – 15 marta 1926 g.). Stenograficheskii otchet. Moscú-Leningrado, 1927, PP. 14, 698; Shestoi raschirennyi plenum Ispolkoma Kominterna (17 fevralia – 15 marta 1926 g.). Tezisy “Ocherednye zadachi mezhdunarodnogo kommunisticheskogo dvizheniia”. – Kommunisticheskii Internatsional v dokumentaj 1919-1932. Resheniia, tezisy i vozzvaniia kongressov Kominterna i plenumov IKKI. Moscú, 1933. PP. 51, 537.

[15] Secretario General de la Liga Comunista de Puerto Rico D. Boscana Torres al Consejo Ejecutivo de la Liga Comunista de los Estados Unidos. Ponce, Puerto Rico, a 15 de marzo de 1927. – RGASPI, f. 515, inv. 1, exp. 1011, f. 17.

[16] J. Nevarez Sager [J. Hartfield] a Jay Lovestone…, f. 20.

[17] González García, Lydia Milagros. Una puntada en el tiempo. La industria de la aguja en Puerto Rico (1900-1920). Santo Domingo, CEREP, CIPAF, 1990.

[18] Fernández, Ronald. The Disenchanted Island: Puerto Rico and the United States in the Twentieth Century (2nd ed.). Praeger Paperback, 1996; Jiménez de Wagenheim, Olga. The Puerto Ricans: A Documentary History. Markus Wiener Publishers, 2002; Van Middledyk, R.A. The History of Puerto Rico. IndyPublish.com, 2004.

[19] García, Gervasio L. y A. G. Quintero Rivera. Desafío y solidaridad: breve historia del movimiento obrero puertorriqueño. Río Piedras, Ediciones Huracán, 1986, p. 81.

[20] Ibídem.

[21] James N. Sager [J. Hartfield] a Manuel Gómez, secretario de la Liga Antiimperialista de las Américas. Puerto Rico, a 2 de febrero de 1926. – RGASPI, f. 515, inv. 1, exp. 917, f. 2.

[22] J. N. Sager [J. Hartfield] a Ch.E.Ruthenberg, secretario general del Partido Comunista (Obrero). San Juan, Puerto Rico, a 24 de agosto de 1926. – Ibid., exp. 717, fs. 27-28.

[23] Así, para ejemplo, Manuel Gómez ordena en uno de sus telegramas a Nevarez de enviar inmediatamente un cablegrama al presidente de México P. E. Calles expresándole el apoyo de la sección en la lucha del gobierno mexicano contra la iglesia. – M. Gómez a J. Nevarez Sager, a 4 de agosto de 1926. – Ibíd., exp. 917, f. 15.

[24] Draper Th. The American Communism and Soviet Russia. New York: 1960. Р. 178.

[25] J. N. Sager [J. Hartfield] a Ch.E.Ruthenberg, secretario general del Partido Comunista (Obrero). San Juan, Puerto Rico, a 24 de agosto de 1926. – Ibíd., exp. 717, f. 28.

[26] 16 personas asistieron a la reunión constituyente. - J. Nevarez [J. Hartfield] a Jay Lovestone. La lista de camaradas que han constituido la Liga Comunista de Puerto Rico. A 16 de marzo de 1927. – Ibíd., exp. 1011, f. 19.

[27] Statement by the Communist League of Porto Rico. – Ibid., f. 22.

[28] Información sobre la constitución de la Liga Comunista de Puerto Rico. Ponce, Puerto Rico, a 6 de marzo de 1926. – Ibíd., f. 11.

[29]  Statement by the Communist League of Porto Rico. – Ibid., f. 22.

[30] Ibídem.

[31] Ibídem.

[32] James N. Sager [J. Hartfield] a Ch. Ruthenberg, Secretario General del Partido Obrero (Comunista) de América. San Juan, Puerto Rico, a 15 de junio de 1926. – Ibíd., exp. 717, f. 18.

[33] Telegrama del Secretario General a Sager [J. Hartfield]. A 1 de julio de 1926. – Ibíd., f. 22; J. N. Sager [J. Hartfield] a Jay Lovestone. Nueva York. – Ibíd., exp. 1011, f. 59; Porto Rico Workers Mourn the Death of Ch. E. Ruthenberg. // Daily Worker (Chicago), 30.3. 1927. Véase también: New York Public Library. Bertram Wolfe Collection. Box 2. Letter from the Liga Anti-Imperialista de las Américas (Sección de Puerto Rico) to the Daily Worker on the death of C. E. Ruthenberg.

[34] Kommunisty mira o svoiij partiiaj. Praga: 1976. P. 190.

[35] Kommunisticheskii Internatsional pered VII Vsemirnym kongressom. (Materialy). Moscú: 1935. P. 422; Politicheskiie partii stran Latinskoi Ameriki. Moscú: Nauka, 1965. P. 305; The Puerto Rican Communist Party. - http://en.wikipedia.org/wiki/Puerto_Rican_Communist_Party [consultado el 20 de agosto de 2014]. Lo mismo dice el sitio-web del mismo PCPR. – Refundación Comunista de Puerto Rico. De los archivos de Refundación Comunista (Puerto Rico). Marzo 8, 2012. - http://abayarderojo.org/index.php/de-los-archivos-de-refundacion-comunista-puerto-rico/ Cabe notar que por lo menos dos de los 14 delegados de la Asamblea Constitutiva del PCPR de 1934, José Lanause Rolón y Miguel Bahamonde (ambos de Ponce) eran militantes desde 1925 y colaboraban con el periódico de sentimientos comunistas, La Tribuna. Lo más probable sea que conocieron a Jaime Nevarez.

[36] Credencial de la delegación de la I.C. al Partido Socialista Revolucionario de Colombia. 25 de noviembre de 1929. – RGASPI. Fond 495. Opis’ 104. Delo 27. Foja 7.

 

Cómo citar este artículo:

JEIFETS, Víctor L.; JEIFETS, Lazar S., (2014) “Jaime Nevarez y la fundación del movimiento comunista y antiimperialista en Puerto Rico”, Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 21, octubre-diciembre, 2014. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Lunes, 20 de Mayo de 2024.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=1037&catid=5