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Pacarina del Sur
Miguel Grau: el Caballero de los Mares
Figura Histórica

Miguel Grau: el Caballero de los Mares

27 de julio de 1834, Piura — 8 de octubre de 1879, Angamos

Perú Siglo XIX Contralmirante de la Marina de Guerra del Perú

“El marino que hundió buques chilenos y devolvió con honores los restos del capitán enemigo”

Miguel María Grau Seminario es la contraparte peruana de Arturo Prat: el marino que durante cinco meses, al mando del monitor Huáscar, dominó el Pacífico Sur y puso en jaque a toda la escuadra chilena. Cuando murió el 8 de octubre de 1879 en el combate de Angamos, su caballería naval —tratar a los cadáveres de los oficiales enemigos con honores, escribir a las viudas— había convertido la rivalidad peruano-chilena en una de las pocas guerras del siglo XIX donde ambos bandos reconocieron en el adversario a un caballero.

Piura y el mar

Nació el 27 de julio de 1834 en Piura, hijo del militar colombiano Juan Manuel Grau y Berrio —veterano de las campañas bolivarianas— y de Luisa Seminario. A los nueve años embarcó como grumete en el buque mercante «Tescua», de Panamá. A los trece, después de un naufragio cerca de Centroamérica, volvió al Perú endurecido por la experiencia.

Ingresó a la Marina de Guerra del Perú en 1854 como guardiamarina. En los siguientes 25 años combinó carrera militar y civil: diputado por Piura, comandante de la Escuela Naval, presidente del Club de la Unión, coronel del regimiento de artillería. Era un oficial raro en la Armada peruana del siglo XIX: culto, angloparlante, admirado por sus pares navales británicos, reservado en la vida privada.

El Huáscar y la Guerra del Pacífico

Cuando estalló la Guerra del Pacífico en abril de 1879, Grau era comandante del monitor Huáscar, el buque blindado más moderno y rápido de la Marina peruana (1.130 toneladas, cañones de 10 pulgadas). La flota chilena, más numerosa y con los acorazados Blanco Encalada y Cochrane, intentó imponer el bloqueo del puerto peruano del Callao.

Grau tomó la iniciativa. Entre mayo y octubre de 1879, con sólo dos buques bajo su mando —el Huáscar y la corbeta Unión—, ejecutó lo que la historiografía naval llama la Campaña del Huáscar: cinco meses de incursiones que aterraron los puertos chilenos.

Iquique, 21 de mayo de 1879

En la bahía de Iquique, el Huáscar hundió a la corbeta de madera Esmeralda tras siete horas de combate desigual. Al capitán enemigo Arturo Prat, muerto en un intento de abordaje, Grau lo hizo envolver en la bandera peruana, le dio guardia de honor en su camarote y escribió a la viuda Carmela Carvajal la carta que se convertiría en uno de los documentos morales más citados del siglo XIX:

«Ayer he presenciado, señora mía, en el combate de Iquique, un nuevo acto de heroísmo de vuestro esposo… Impulsado por un sentimiento de superior condición militar, vuestro esposo trató el último recurso de pelear a sable contra los atacantes abordando mi nave… Vuestro esposo ha sido víctima de su exagerada temeridad, pero también de la defensa que hizo de su destacamento con un valor heroico.»

El acompañaba el envío con el sable de Prat, la correspondencia personal del capitán y sus papeles. El gesto fue sin precedentes en una guerra activa. Los marinos chilenos, al conocerlo, nunca lo olvidaron: cuando Grau cayó en Angamos, la Armada chilena dio órdenes expresas de recuperar con dignidad sus restos.

Angamos, 8 de octubre de 1879

La escuadra chilena, reorganizada bajo mando del almirante Galvarino Riveros, le tendió una emboscada al Huáscar en la Punta de Angamos, al norte de Mejillones. Tres acorazados —Cochrane, Blanco Encalada y Covadonga— cerraron al Huáscar por popa y proa. El combate duró 90 minutos.

Una granada de 250 kg impactó el puente de mando y mató instantáneamente a Grau y al teniente Diego Ferré. El cuerpo quedó prácticamente pulverizado; se recuperaron sólo una pierna y fragmentos de uniforme. El Huáscar, con sus oficiales mayores muertos, bajó bandera tras 90 minutos más de combate. Fue capturado y llevado a Valparaíso.

El monumento a un enemigo

La Armada chilena, manteniendo la línea de honor caballeresca que Grau había impuesto, tomó medidas excepcionales: las partes recuperadas del cuerpo fueron embalsamadas y conservadas en el Hospital Naval de Valparaíso, y en 1958 —casi ochenta años después— devueltas al Perú por decisión del gobierno del general Ibáñez del Campo. Hoy descansan en el Panteón de los Próceres de Lima.

En el Perú, Grau es figura mayor del panteón nacional. Su rostro aparece en el billete de 100 soles. El 8 de octubre es Día de la Acción Naval de Angamos y feriado nacional. La plaza Grau de Lima lo honra con una estatua monumental. El buque insignia de la Marina Peruana actual lleva su nombre.

En Chile, curiosamente, el respeto por Grau se ha mantenido inalterado. El Huáscar, conservado hoy como buque-museo en la bahía de Talcahuano, incluye en sus salas expositivas una vitrina dedicada específicamente a él. La carta a Carmela Carvajal se reproduce en facsímil. Es una de las pocas reliquias bélicas del mundo cuyo valor simbólico es compartido por las dos naciones que combatieron.

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