Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu es, al mismo tiempo, el consumador de la independencia mexicana y su primer emperador. Pasó diez años combatiendo como oficial realista a Hidalgo, Morelos y los insurgentes. Entre febrero y septiembre de 1821 firmó con Guerrero el Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el Acta de Independencia. Nueve meses después coronó a sí mismo emperador como Agustín I. En mayo de 1823 abdicó; en julio de 1824, de vuelta al país tras un exilio europeo, fue fusilado sin juicio en Padilla. Tenía 40 años.
Valladolid y el oficial realista
Nació el 27 de septiembre de 1783 en Valladolid (hoy Morelia) en una familia criolla acomodada de origen vasco-navarro. Estudió en el Seminario de Valladolid hasta los 14 años y después ingresó como teniente al Regimiento de Infantería Provincial.
Cuando estalló la rebelión de Hidalgo en 1810, Iturbide —a los 27 años— combatió contra los insurgentes desde el primer momento. Su carrera fue meteórica: participó en 22 batallas, fue ascendido a coronel en 1813, se distinguió por su dureza con los prisioneros y por la eficacia militar de sus tropas. En 1814 derrotó personalmente a un lugarteniente de Morelos en la batalla de Puruarán; Morelos fue capturado meses después por otro oficial pero en gran parte gracias a la disposición territorial que Iturbide había organizado.
Tras la derrota de Morelos en 1815 y la consolidación del virreinato, Iturbide mantuvo mando militar. En 1820, el virrey Apodaca le encargó precisamente perseguir al único líder insurgente superviviente: Vicente Guerrero, que mantenía una guerrilla en la sierra sur.
El giro del Plan de Iguala
En ese momento ocurrió el giro que transformaría su vida. En 1820, el Trienio Liberal español había restaurado la Constitución de Cádiz, que amenazaba los privilegios de la Iglesia y de la nobleza colonial mexicana. Los sectores conservadores de la Nueva España —incluyendo al alto clero y a parte del ejército— buscaron frenéticamente una salida.
Iturbide entendió la oportunidad. En lugar de perseguir a Guerrero, lo invitó a una entrevista en Iguala. El 24 de febrero de 1821 firmaron el Plan de Iguala, programa conservador de independencia basado en las llamadas Tres Garantías: Religión (católica exclusiva), Independencia (monarquía constitucional) y Unión (de todos los habitantes sin distinción de casta). La bandera tricolor verde-blanco-rojo apareció entonces por primera vez.
La consumación
Durante los siete meses siguientes, el Ejército Trigarante formado por Iturbide y Guerrero recorrió el país sin apenas resistencia. El último virrey, Juan O’Donojú, llegó en agosto de 1821 a Veracruz y firmó con Iturbide los Tratados de Córdoba (24 de agosto), que reconocían la independencia. El 27 de septiembre —en su cumpleaños número 38— Iturbide entró triunfalmente en la Ciudad de México al frente del Ejército Trigarante. El 28 se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.
Había consumado en siete meses lo que once años de guerra insurgente no habían podido: la independencia.
Agustín I
El Plan de Iguala contemplaba ofrecer la Corona mexicana a Fernando VII o a un príncipe Borbón. La monarquía española rechazó rotundamente la propuesta. Iturbide aprovechó el vacío: la noche del 18 de mayo de 1822, una manifestación del Regimiento de Celaya frente a su casa aclamó su nombre. Al día siguiente, un Congreso presionado lo proclamó Emperador Agustín I.
El imperio duró nueve meses y once días. Falta de recursos, presión liberal en el Congreso, rechazo de Estados Unidos y oposición de los antiguos insurgentes —Guerrero, Victoria, Santa Anna— lo debilitaron rápidamente. El 19 de marzo de 1823, Iturbide abdicó.
Padilla, 1824
Exiliado con su familia en Liorna (Italia), después en Londres, Iturbide escribió desde allí tres memoriales al Congreso mexicano ofreciendo sus servicios para defender al país de un rumor de reconquista española. El Congreso reaccionó con pánico: en abril de 1824 decretó que cualquier retorno suyo al territorio mexicano sería considerado traición penada con muerte.
Iturbide no recibió a tiempo la notificación. Desembarcó disfrazado el 14 de julio de 1824 en Soto la Marina (Tamaulipas). Fue reconocido inmediatamente, capturado, juzgado sumariamente y fusilado sin posibilidad de apelación el 19 de julio. Tenía 40 años. Sus últimas palabras, según Lorenzo de Zavala: «Mexicanos, muero por venir a ayudaros. Muero gustoso porque muero por vosotros».
El veredicto dividido
La historiografía mexicana oscila perpetuamente sobre Iturbide. Para los liberales decimonónicos fue un traidor oportunista; para los conservadores, el padre legítimo de la Patria que el liberalismo masónico había asesinado. En 1838, Anastasio Bustamante trasladó sus restos a la Catedral de México y los depositó en la Capilla de San Felipe de Jesús, donde reposan. La bandera que él creó sigue siendo la de México; las Tres Garantías siguen siendo un eje del debate nacionalista; el Ejército Trigarante es uno de los cuerpos fundacionales que se citan en cada 16 de septiembre.
En definitiva: pocos personajes americanos son tan difícilmente clasificables. Consumó la Independencia, la traicionó, la salvó y murió por ella. Tal vez por eso el propio himno nacional mexicano —en el verso que dice «de Iguala la enseña querida«— lo recuerda sin nombrarlo.



